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Noticias de elecciones europeas

23-09-2018 | Fuente: abc.es
Manfred Weber: «En Europa está creciendo el nacionalismo y el egoísmo»
Cuando anunció su candidatura a la presidencia de la Comisión Europea a la vuelta de las vacaciones, Manfred Weber produjo un pequeño terremoto en Bruselas. El líder del principal grupo político europeo ha sido durante esos años un dirigente tan activo como discreto, siempe alejado de las gesticulaciones pero en la primera línea de las discusiones en la UE. Si lo logra, será el primer alemán que llega a dirigir el Ejecutivo comunitario y también el primero que lo hace sin haber sido primer ministro. Él niega ser una especie de heredero europeo de la canciller Angela Merkel y reivindica su propio bagaje político de más de una década trabajando en Bruselas, La entrevista tuvo lugar en Salzburgo, donde participaba en la reunión de líderes populares paralela a la cumbre informal de jefes de Estado y de Gobierno. Un escenario perfecto, al lado de su querida Baviera, que es su región de origen y a donde regresa a la menor ocasión. Tal vez en las elecciones que se celebran allí en octubre le van a dejar un sabor agridulce teniendo en cuenta que su partido (la Union Cristiano Social CSU) puede perder la mayoría absoluta a costa de los nacional populistas de Alternativa para Alemania (AfD). Como en Baviera, la emigración será una de las cuestiones de la campaña europea, lo que plantea un panorama complejo para el PPE teniendo en cuenta que es la primera vez que su hegemonía está siendo amenazada en el campo de la derecha por fuerzas radicales, populistas anti europeas y anti inmigración. Es verdad que es un momento histórico para la UE. Estamos siendo amenazados desde el exterior, ya ve lo que sucede con Putin o incluso con Donald Trump. No son iguales ideológicamente hablando, pero ambos desean debilitar a la UE. Y desde el interior, tenemos el extremismo y el populismo. Por eso creo que se necesita abrir un nuevo capítulo en Europa. Las elecciones europeas deben servir para mostrar a la gente en qué creemos, darles seguridad, defender lo que yo llamo el modo de vida europeo. Este es el marco en el que nos movemos. No podemos continuar como hasta ahora, necesitamos un debate democrático sobre el futuro de Europa. Y por eso me he presentado como posible candidato del PPE a la presidencia de la Comisión Europea, quiero presentar las ideas del PPE hablar con los líderes, recolectar ideas y democratizar a la UE, abrir la caja negra de Bruselas, llevarla más cerca de la gente y así estoy seguro de que Europa sobrevivirá. En realidad, vivimos el mayor periodo de paz en toda la historia. Seguimos siendo el espacio más próspero, socialmente inclusivo, etc..¿por qué cree que prosperan las fuerzas que quieren destruir el sistema? La gente sabe que estamos ante un periodo de incertidumbre. En el pasado las cosas se hicieron bien, pero es verdad que no hemos sabido aplacar esta incertidumbre. Imagínese un camionero que va por la autopista y escucha por la radio noticias sobre el desarrollo de los vehículos sin conductor ¿qué cree que va a pensar? La realidad es que tenemos ante nosotros una auténtica revolución del mundo globalizado y digitalizado y la gente no sabe qué va a suponer para ellos y nosotros no sabemos decirles si podremos mantener la vieja promesa del mundo occidental de que sus hijos vivirán mejor que ellos. Por eso creo que el centro de la campaña debe ser dar la seguridad a la gente de que Europa tiene un futuro y que puede proponer un nuevo contrato social. Debemos volver a dar certezas a la sociedad, especialmente a la clase media, y decirles que la UE puede estabilizar la situación y ofrecer la perspectiva de un futuro mejor y pare ello debemos saber ser creativos también. Necesitamos un debate democrático sobre el futuro de Europa Creo que ante una situación como la actual, en otra época probablemente habríamos tenido una guerra en Europa. La sociedad parece haber perdido esa referencia tan terrible y las promesas sin fin de los políticos les hacen creer que todo debe mejorar sin cesar y constantemente, cuando no siempre es posible. La cuestión esencial es definir qué significa mejorar, porque si lo definimos solo en términos económicos no siempre es así. En nuestras sociedades debemos pensar en otros conceptos como la capacidad de cooperar, de ser solidarios, de que la gente participe, porque lo que está creciendo es precisamente el egoísmo, el nacionalismo. Dentro de las sociedades pero también en algunos dirigentes. La idea de Europa es precisamente que cada cual puede tener una posición firme, pero podemos sentarnos juntos y llegar a un compromiso. Y uno de los desafíos más importantes para Europa es precisamente cómo ayudar a África, porque si no les podemos ayudar a tener un futuro a ellos, nuestros problemas también crecerán. No es la primera vez que hay esta incertidumbre sobre el futuro. Antes del cambio de siglo también se vivió un tiempo en el que se pensaba que podía pasar cualquier cosa. Pero los europeos no eran tan pesimistas. La diferencia es la tecnología y sobre todo la velocidad. Antes era solo un fenómeno, la industrialización, ahora son varios a la vez, la globalización, el cambio climático, los desarrollos demográficos etc y evolucionan a toda velocidad. Los políticos probablemente deberíamos ser más rápidos a la hora de tomar decisiones y en Europa sobre todo. Pero lo que no deben varían son los principios, en eso, en el modo de respetar la igualdad y la solidaridad. Hay fuerzas políticas extremistas como Orban que tienen más éxito que los partidos tradicionales a la hora de dar esa certeza a los ciudadanos. ¿Cómo vive ese debate como lñider del PPE? En el PPE no hay ningún trato especial para nadie cuando se trata de los principios esenciales. Creemos que la sociedad moderna necesita a la sociedad civil. En el caso de Hungría, ya que lo menciona, el primer ministro Viktor Orban no mostró ninguna disposición al compromiso en el debate que hubo en Estrasburgo hace diez días y por eso la mayoría de diputados del PEE votaron en su contra, después de una discusión muy seria en el seno del grupo parlamentario. Rajoy hizo un gran trabajo por España y la Zona Euro Me refería también fuera del PPE. A casos como el de AfD en Alemania y tantos otros que están ocupando el escenario electoral en muchos paises. No necesitamos clarificar nada en este sentido. Como partidos de una base democrstiana, como los grandes fundadores de Europa, nosotros creemos en Europa. Hay un debate sobre la inmigración, por supuesto, pero no seremos nosotros los que hagamos campaña con los miedos de la sociedad. Lo que queremos es, al revés, ofrecer soluciones. Nosotros tenemos claro que hay que reforzar el control de las fronteras europeas, no me gusta que haya una valla en la frontera entre Bulgaria y Turquía, pero lo apoyo porque necesitamos controlar las fronteras. Igual que en Ceuta y Melilla. Pero cuando hemos tenido que afrontar la crisis en Siria también teníamos una responsabilidad como europeos. Decir que lo que estaba pasando con esa gente no nos importaba no es propio de los principios europeos. En este sentido me siento muy próximo al Papa Francisco. Y poner juntas estas dos cosas es lo que representa el PPE. Y es lo que espero que nos permitirá tener éxito en las elecciones, porque tratamos buscar una solución sin abandonar nuestros principios. Pasó igual en las pasadas elecciones en las que el tema era la política de austeridad y la crisis. El PPE se comprometió a salvar la economía y con gentes como Mariano Rajoy o Enda Kenny (el ex primer minsitro de Irlanda) y otros lo hicimos. Tenemos la economía creciendo al 2%, prácticamente todos los países con déficit por debajo del 3%, se han creado 13 millones de empleos y el BCE está pensando en cambiar ya la política de tipos de interés. Eso demuestra que la gente puede confiar en nosotros. Da la impresión de que su candidatura podría ser como una especie de prolongación europea de la herencia de Angela Merkel, ahora que teniendo en cuenta la situación en Alemania, su época puede estar en la recta final. Para nada. Yo soy Manfred Weber, el líder del grupo popular europeo y lo que ofrezco es mi propia experiencia europea para dirigir la Comisión. Y además, para mí es clave empezar una nueva era, insisto en que no podemos seguir igual, debemos abrir un nuevo capítulo en Europa. La canciller Merkel es también una mujer de consenso, siempre escucha las posiciones de los otros y apoya mi candidatura, por supuesto. ¿Qué le parece Pablo Casado, el sustituto de Mariano Rajoy en el PP español? Son generaciones diferentes. Admiro a Rajoy porque hizo un gran trabajo por España y por la Zona Euro. En la historia de España quedará como un capítulo muy positivo. Pablo Casado es otra generación, tiene otra manera de hacer política. Hay también algo en común entre los jóvenes dirigentes del PPE, como Casado, como el canciller Kurtz en Austria, Kiriakos en Grecia, que son activos y están abiertos a escuchar a la gente y darles respuestas claras. No se trata de cambiar nuestros fundamentos, pero sí de imprimirles un nuevo estilo más moderno para un mundo más moderno. ¿Le preocupa España ahora? Nos preocupa el presupuesto, la estabilidad política y la inmigración. Rajoy hizo un buen trabajo y pensamos que debería mantenerse el mismo rumbo en los próximos presupuestos. En la cuestión catalana, creo que en el conjunto de las fuerzas políticas en Madrid no hay ninguna duda de que España debe permanecer unida, como así lo pensamos nosotros. Yo estoy muy orgulloso de ser bávaro, lo que no es contradictorio con ser alemán y ser europeo. Es un error dejar ese debate a los nacionalistas como Le Pen o a los extremistas, populistas y egoístas.
21-09-2018 | Fuente: abc.es
Brexit en el alero
La cumbre informal de Salzburgo revela dos visiones contrapuestas de la Unión. La primera es la de aquellos que defienden la Europa organizada y los valores de las democracias liberales. A su cabeza, Angela Merkel y Emmanuel Macron, una pareja todavía poco hecha. Ambos entienden el proceso de integración recorrido como un camino exitoso, inspirado en un ideal de civilización cosmopolita. Es la lección aprendida después de bajar a los infiernos en las dos guerras mundiales. Enfrente se han situado los gobiernos que desentierran el nacionalismo y la xenofobia, como ocurre en el caso de Hungría, Polonia e Italia. Los dos primeros además se alejan de las exigencias básicas de respeto al Estado de Derecho en los Estados miembros, al debilitar la independencia judicial o atacar la libertad de expresión. Este choque entre socios hace inútil plantear grandes acuerdos a nueve meses de las elecciones europeas. Las cuestiones pendientes en las que la Unión se juega su futuro, como el gobierno del euro, la seguridad o la inmigración tendrán que esperar. En Salzburgo solo se atisban las bases de un posible pacto sobre el Brexit, un caso de desintegración que reclama una solución pragmática. Pero la partitura ensayada en la ciudad de Mozart es lo más opuesto a su música clara y redonda y aún no suma a todos. Con el fin de evitar una frontera en el Mar del Norte, se podría ensayar una fórmula ambigua e intermedia para garantizar la libre circulación de mercancías dentro de la isla de Irlanda. En el fondo es una manera de aparcar el problema y resolverlo con los británicos fuera, protegidos por un período transitorio. Los negociadores esperarán a la conferencia del partido conservador a principios de octubre antes de intentar cualquier transacción. Si lo consiguen, Theresa May sería reconocida entre los suyos por la tenacidad con la que ha doblegado tanto a los tories euroescépticos como a los europeístas. Sería una naufraga que toca tierra, aferrada al doble argumento de cumplir el mandato del referéndum e impedir la llegada al poder de un laborismo muy escorado a la izquierda.
17-09-2018 | Fuente: as.com
Grecia, Alemania y Chequia ya tienen billete para el Mundial
Son las tres primeras selecciones europeas en clasificarse para China. Además del país anfitrión, Nigeria y Túnez también están ya clasificadas.
16-09-2018 | Fuente: abc.es
Marie Le Pen afirma que «el regreso de las naciones» es imparable «en todo el mundo»
La líder de la ultraderecha de Francia, Marine Le Pen, se ha alegrado este domingo de que sus ideas ultranacionalistas y antiinmigración ya estén «en el poder» en Hungría, Polonia, Austria e Italia y ha asegurado que «el regreso a las naciones» es imparable en «todo el mundo». La presidenta de Agrupación Nacional (RN, por su siglas en francés) pronunció un discurso en la localidad de Fréjus, ciudad del sur de Francia controlada por su partido, donde también criticó al presidente del país, Emmanuel Macron, a ocho meses de que se celebren las elecciones europeas de mayo de 2019. Le Pen abordó dos de los temas clásicos de la ultraderecha: el peligro de la inmigración y la inseguridad. «Hungría, Polonia, Austria e Italia, nuestras ideas ya están en el poder», dijo la eurodiputada, quien recordó los buenos resultados de la ultraderecha en las legislativas de Suecia de la semana pasada. Elogió especialmente a la ultraderechista Liga, que gobierna Italia en coalición con el populista Movimiento Cinco Estrellas. «El número de demandantes de asilo en Italia, desde que Matteo Salvini llegó al poder ha bajado el 65 %. Hay que llevar a cabo una política que disuada a la inmigración», dijó Le Pen, quien aseguró que, con ella en el poder, el barco humanitario Aquarius no habría desembarcado en costas francesas. La presidenta del antiguo Frente Nacional acusó al Gobierno de Macron de dar dinero para integrar a la inmigración en detrimento de las necesidades de los franceses. Asimismo, cuestionó los motivos que llevan a los inmigrantes a marcharse a Europa y aseveró que muchos de los refugiados «pasan vacaciones» en los países de origen de los que habían huido. Puso como ejemplo un centro de acogida de inmigrantes abierto en la pequeña localidad de Châteaudouble, en el sur de Francia. «Châteaudouble muestra a los franceses que los desembarcos salvajes en las playas, la ida y venida de barcos de las ONG y los asaltos en (las ciudades españolas) Ceuta y Melilla no es una historia televisada que vemos de lejos. Es más bien una realidad», opinó. Le Pen censuró a la Unión Europea (UE) por considerarla pro-inmigración, aunque evitó hablar de una salida de la moneda única, una de las propuestas que lastraron su carrera presidencial ante Macron en 2017. En opinión de la ultraderechista, «el regreso a las naciones» es imparable «en todo el mundo», a la vez que señaló que esa corriente comenzó con el voto en favor el Reino Unido para abandonar la UE y con la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. De acuerdo con las últimas encuestas de cara a la celebración de las elecciones al Parlamento Europeo en mayo de 2019, la Agrupación Nacional de Le Pen está en empate técnico con La República en Marcha (LREM) de Macron, con cerca de un quinto de los votos en Francia.
16-09-2018 | Fuente: abc.es
Marine Le Pen afirma que «el regreso de las naciones» es imparable «en todo el mundo»
La líder de la ultraderecha de Francia, Marine Le Pen, se ha alegrado este domingo de que sus ideas ultranacionalistas y antiinmigración ya estén «en el poder» en Hungría, Polonia, Austria e Italia y ha asegurado que «el regreso a las naciones» es imparable en «todo el mundo». La presidenta de Agrupación Nacional (RN, por su siglas en francés) pronunció un discurso en la localidad de Fréjus, ciudad del sur de Francia controlada por su partido, donde también criticó al presidente del país, Emmanuel Macron, a ocho meses de que se celebren las elecciones europeas de mayo de 2019. Le Pen abordó dos de los temas clásicos de la ultraderecha: el peligro de la inmigración y la inseguridad. «Hungría, Polonia, Austria e Italia, nuestras ideas ya están en el poder», dijo la eurodiputada, quien recordó los buenos resultados de la ultraderecha en las legislativas de Suecia de la semana pasada. Elogió especialmente a la ultraderechista Liga, que gobierna Italia en coalición con el populista Movimiento Cinco Estrellas. «El número de demandantes de asilo en Italia, desde que Matteo Salvini llegó al poder ha bajado el 65 %. Hay que llevar a cabo una política que disuada a la inmigración», dijó Le Pen, quien aseguró que, con ella en el poder, el barco humanitario Aquarius no habría desembarcado en costas francesas. La presidenta del antiguo Frente Nacional acusó al Gobierno de Macron de dar dinero para integrar a la inmigración en detrimento de las necesidades de los franceses. Asimismo, cuestionó los motivos que llevan a los inmigrantes a marcharse a Europa y aseveró que muchos de los refugiados «pasan vacaciones» en los países de origen de los que habían huido. Puso como ejemplo un centro de acogida de inmigrantes abierto en la pequeña localidad de Châteaudouble, en el sur de Francia. «Châteaudouble muestra a los franceses que los desembarcos salvajes en las playas, la ida y venida de barcos de las ONG y los asaltos en (las ciudades españolas) Ceuta y Melilla no es una historia televisada que vemos de lejos. Es más bien una realidad», opinó. Le Pen censuró a la Unión Europea (UE) por considerarla pro-inmigración, aunque evitó hablar de una salida de la moneda única, una de las propuestas que lastraron su carrera presidencial ante Macron en 2017. En opinión de la ultraderechista, «el regreso a las naciones» es imparable «en todo el mundo», a la vez que señaló que esa corriente comenzó con el voto en favor el Reino Unido para abandonar la UE y con la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. De acuerdo con las últimas encuestas de cara a la celebración de las elecciones al Parlamento Europeo en mayo de 2019, la Agrupación Nacional de Le Pen está en empate técnico con La República en Marcha (LREM) de Macron, con cerca de un quinto de los votos en Francia.
16-09-2018 | Fuente: abc.es
La inmigración da alas a la derecha radical y pone en jaque a la vieja Europa
La crisis de la inmigración es sin duda el problema más importante para la Unión Europea. El Parlamento Europeo ha puesto en marcha por primera vez el mecanismo de sanciones, concentrado en el artículo 7 de los Tratados, contra un país como Hungría por negarse a recibir refugiados; los ministros de Luxemburgo e Italia se han llegado a insultar a viva voz en una reunión del Consejo y los sondeos prevén que en las elecciones europeas los partidos radicales de derecha recogerán los votos de una parte cada vez más relevante de las sociedades europeas que contempla con inquietud el futuro. La cuestión choca con los principios básicos de la fundación de Europa, o tal vez con la interpretación acumulativa que se ha hecho de los mismos a lo largo de los últimos setenta años. De una manera o de otra, la cuestión se ha puesto sobre la mesa y va a decidir a corto plazo el futuro de Europa. Es difícil identificar el auge de este tipo de partidos ni con la historia de cada país ni con la situación más o menos afectada por la violenta crisis económica. En Grecia, el país donde tal vez más severas han sido las consecuencias del hundimiento de la economía, no ha habido problemas sensibles con los refugiados. Sin embargo, en Alemania, una economía que ha atravesado con holgura el periodo en el que la mayoría de sus socios se tenían que apretar el cinturón, la emergencia de «Alternativa para Alemania» (AfD) se percibe como la principal amenaza para un panorama político que duraba desde el fin de la guerra. En Francia, país central y fundador de la UE, el antiguo Frente Nacional flirtea con su salida de la UE. En fin, hasta en los apacibles países nórdicos, paraíso acaudalado de la socialdemocracia, emergen fuerzas que desafían al centro derecha tradicional. La situación que se ha visto en muchos países, como Holanda o Austria, donde ha sido necesario contar con estas formaciones para lograr un Gobierno estable, puede darse en las elecciones europeas de mayo del año que viene. Actualmente, los eurodiputados que pueden encuadrarse en movimientos claramente nacionalistas o radicales de derecha sumarían cerca de 170 escaños, bastante cerca de los 191 de los socialistas. Muchos se preguntan ahora qué pasaría si además un partido como el del húngaro Viktor Orban, Fidesz, decidiera dar el paso y abandonar el grupo Popular, como le ha sugerido Christian Strache, vicecanciller austriaco y líder del Partido Liberal (FPÖ). Elecciones en Baviera La clave en este proceso puede empezar a entreverse en las elecciones de este 14 octubre en el estado Libre de Baviera, donde un partido como la Unión Cristianodemócrata (CSU) ha ganado siempre por mayoría absoluta desde hace más de cincuenta años y ahora espera ganar pero con un escueto -para sus registros habituales- 35%, para beneficio de AfD, que no tenía ninguna influencia en esta región. Y en este caso, si algo se le reprocha al líder saliente de la CSU y actual ministro del Interior federal, Horst Seehofer, ha sido precisamente haber sido más radical, incluso «políticamente incorrecto» en sus críticas a la política de puertas abiertas en materia de inmigración. El resultado en Baviera tendrá sin duda repercusiones en la política alemana, porque obligará seguramente a los democristianos a tener que pactar también en Munich con los socialdemócratas, para no tener que hacerlo con AfD, lo que contaminaría la política a escala federal. El voto del pasado pleno de Estrasburgo en el que se aprobó la puesta en marcha del artículo 7 para sancionar a Hungría puede considerarse también como un primer pulso entre las instituciones europeas y los Estados nacionales, cuya prevalencia absoluta defienden estas fuerzas de derecha radical. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, quiso distinguir en su discurso sobre el estado de la Unión entre nacionalismo y patriotismo, el primero excluyente y pernicioso, «que detesta al diferente, que solo buscan culpables en vez de buscar soluciones que nos permitan vivir mejor juntos», mientras alababa «un patriotismo ilustrado nacional y europeo, que no se excluyen uno a otro». Naturalmente, el discurso de Orban, pronunciado la víspera y que concluía con una apelación al patriotismo de una Hungría «que seguirá defendiendo sus fronteras».
14-09-2018 | Fuente: abc.es
Los franceses quieren un nuevo duelo entre Macron y Le Pen
Los franceses parecen desear un nuevo duelo a primera sangre política entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen, condenando al resto de las fuerzas políticas a un espectacular ostracismo. Según los primeros sondeos, La República En Marcha (LREM, el partido de Macron) y Agrupación Nacional (AN, ex Frente Nacional), de Marine Le Pen, están prácticamente empatados en intenciones de voto para las próximas elecciones europeas (mayo 2019). Según el último sondeo del matutino conservador Le Figaro, LREM tiene hoy un 21,5% de intenciones de voto y AN tiene 21%. Empate técnico, provisional, que parece anunciar un nuevo duelo nacional entre partidarios de la sociedad abierta (Macron) y los partidarios del búnker nacional / nacionalista (Le Pen). El resto de las fuerzas políticas tradicionales parecen caídas en un hoyo insondable. Según el sondeo de Le Figaro, la tercera fuerza política francesa puede ser el partido de Los Republicanos (LR, derecha tradicional), el partido refundado por Nicolas Sarkozy, todavía «huérfano» de su liderazgo, que tiene un 14% de intenciones de voto. Se trata de un capital político respetable, pero modesto, si se recuerda que LR es el partido heredero de las derechas históricas de Francia. La Francia Insumisa (LFI, extrema izquierda populista) de Jean-Luc Mélenchon, se cotiza como cuarto partido político nacional, con un 12,5 % de intenciones de voto. Capital político relativamente modesto, pero significativo, relegando a la izquierda tradicional, socialista y comunista, a humillantes posiciones que rozan la insignificancia. El Partido Socialista (PS), el partido refundado por François Mitterrand, el partido que fue la columna vertebral de la izquierda, entre 1978 y 2012, apenas tiene hoy un 4,5% de intenciones de voto. Hundimiento histórico, crisis catastrófica, de un partido sin militante, sin líderes, sin proyecto conocido. El Partido Comunista Francés (PCF), el partido mayoritario de las izquierdas francesas, entre 1945 y 1978, apenas tiene hoy un 1,5% de intenciones de voto. Un hundimiento sin paliativos, condenando al comunismo francés a una posición muy marginal en la vida cívica. Muchos especialistas piensan que las antiguas divisiones de «izquierda» y «derecha», en Francia, han comenzado a ser suplantadas por una división y enfrentamiento de nuevo cuño, entre partidarios de Europa y la sociedad abierta y los adversarios de Europa, partidarios del búnker nacional / nacionalista.
12-09-2018 | Fuente: abc.es
La decisión contra Hungría divide a las familias políticas de la Eurocámara
El Parlamento Europeo aprobó ayer por 448 votos a favor y 197 en contra, un informe en el que se pide que se ponga en marcha el procedimiento sancionador contra Hungría previsto en el artículo 7 por violación grave de los principios democráticos. Esta es la primera vez que una medida de este tipo se utiliza en la historia de la UE a iniciativa del Parlamento y supone la profundización de las divisiones entre las distintas familias políticas y geográficas en Europa. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, había advertido ayer, con una vehemencia que probablemente no le ayudó en nada, que este voto no cambiaría su política, considerada como demasiado autoritaria y poco respetuosa con las minorías y ayer sus portavoces indicaron que buscarán fórmulas legales para contestar esta decisión. La votación sobre Hungría empañó el discurso sobre el estado de la Unión que pronunció el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, probablemente el último de este tipo que dirigirá al Parlamento, en el que pidió precisamente que la UE mantenga su unidad para atraer a los ciudadanos, tradicionalmente reticentes a participar en la política comunitaria. «De aquí a las elecciones europeas debemos demostrar que estamos juntos, norte-sur, este-oeste, y que podemos conseguir una Europa más soberana» dijo. La Comisión no ha querido ser la institución que iniciase el proceso contra las autoridades húngaras, pero Juncker hizo varias menciones a que «el artículo 7 debe ser utilizado cuando los principios europeos estén en peligro» a lo que sumó críticas contra el «nacionalismo malsano» en una alusión a las bases ideológicas de Orban, y de elogio a «un patriotismo ilustrado nacional y europeo, que no se excluyen uno a otro». El proceso sancionador podría desembocar en la retirada del derecho de voto a Hungría en el Consejo Europeo, aunque este extremo debe ser aprobado por los demás países miembros, en un primer momento por cuatro quintos de los países, lo que quiere decir que Orban necesitaría que le apoyen al menos cuatro gobiernos. El Grupo Popular Europeo, al que Orban pertenece, se dividió en la votación, aunque menos de lo que se preveía. Su líder, Manfred Weber, había dado libertad de voto a los diputados, pero también anunció que él mismo votaría a favor del informe. El resultado deja abierta la posibilidad de que se abra una crisis entre el grupo parlamentario popular y Fidesz, el partido de Orban, que es uno de sus miembros. «Venganza mezquina» El Gobierno de Budapest reaccionó diciendo que Hungría dijo que buscaría maneras legales de desafiar el voto que describió como «una venganza mezquina» que se ha producido porque muchos de sus aliados en el partido popular no le han apoyado como en anteriores ocasiones. Orban está en el poder desde 2010 y ha sido el partido más votado con gran diferencia en toda la UE. Sin embargo, sus adversarios le acusan de usar su mayoría parlamentaria para presionar a los tribunales, medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales de modo que algunos consideran que viola los principios democráticos europeos. La gota que ha colmado el vaso ha sido su oposición frontal a la acogida de refugiados procedentes de los países musulmanes, en contra de los acuerdos que había aceptado en el Consejo Europeo. Lo paradójico es que en su discurso de ayer, el propio Juncker le dio la razón en parte al proponer que se aumente en 10.000 agentes el personal de la Agencia Europea de Fronteras (Frontex) precisamente para cerrar las fronteras exteriores de la UE a la inmigración y al mismo tiempo abrir los canales ordinarios para recibir trabajadores cualificados que el mercado europeo necesita. El ministro húngaro de Asuntos Exteriores, Peter Szijjarto, denunció en Budapest que «la decisión se tomó de manera fraudulenta y contraria a las normas pertinentes de los tratados europeos», porque se decidió que las abstenciones no se contarían como votos, lo que ha propiciado que los partidarios de sancionar a Orban alcanzasen más fácilmente los dos tercios necesarios. Es muy posible que este detalle acabe en los tribunales. Polonia, que está sometida a un procedimiento similar de sanciones, en este caso lanzado por la Comisión desde 2017, será el principal aliado de Orban en esta batalla, aunque no son los únicos. Rumanía se discutirá en el siguiente pleno del Parlamento y la autora del informe, la ecologista holandesa Judith Sargentini ha mencionado también a Eslovaquia y Malta como países que pueden estar en una situación crítica en este sentido. Según Sargentini, «el Gobierno de Viktor Orban ha encabezado la violación de los valores europeos silenciando a los medios independientes, reemplazando a los jueces críticos. Las personas cercanas al gobierno se han estado enriqueciendo a expensas de los contribuyentes húngaros y europeos. Los húngaros merecen algo mejor» a pesar de que reiteradamente, elección tras elección y con una mayoría aplastante, le otorgan una confianza clarísima a Fidesz, el partido de Orban.
11-09-2018 | Fuente: abc.es
El debate sobre las sanciones a Orban profundiza la fractura política en Europa
El pleno de ayer del Parlamento Europeo fue el relato de cómo una acción aparentemente benéfica, la defensa de los principios de la democracia liberal en Hungría, ha acabado ampliando la tremenda división que se está fraguando en Europa. Y la primera víctima va a ser el Partido Popular Europeo, obligado a definirse en la votación prevista para hoy sobre si se debe poner en marcha el mecanismo del artículo 7 del Tratado, que podría desembocar en sanciones contra este país. Por primera vez, se habló también abiertamente en la cámara de Estrasburgo de la hipótesis de que este país salga de la Unión Europea. En el escaño que ayer ocupó el primer ministro húngaro se focalizaron todas las tensiones que se han acumulado en Europa en el debate sobre la inmigración y sobre el futuro de los Estados que forman la UE. La votación va a definir la relación entre las fuerzas esenciales que intentan definir el futuro, a menos de un año de las elecciones europeas de mayo. Orban, desafiante Durante más de dos horas, los oradores se dedicaron a cavar en esta fractura entre los que creen que los principios democráticos esenciales deben ser considerados en peligro con la acción de determinado gobierno, incluso cuando bastante más de la mitad de la población lo apoya. Orban respondió envolviéndose precisamente en la bandera húngara y contestó que con esta iniciativa «no están juzgando a un Gobierno, sino que están condenando a un país». El primer ministro habló incluso de «chantaje» contra Hungría por su política explícita de no acoger extranjeros. «Hoy, por primera vez en la historia de la UE, una comunidad quiere condenar a sus propios guardafronteras. Hablemos con claridad, se quiere condenar a Hungría porque los húngaros decidieron que nuestra patria no iba a ser un país de inmigrantes». Desafiante, el primer ministro dijo que la votación no cambiará su política sea cual sea el resultado porque «es una cuestión de honor que hiere a Hungría y al pueblo húngaro». Y para rematar señaló que «en Hungría las decisiones las toman los húngaros en las urnas y son ustedes los que les están diciendo que no saben lo que hacen». La Comisión Europea, que lleva años discutiendo con Orban sobre los asuntos concretos que cree que no se corresponden con los principios esenciales de la Unión o porque se niega a cumplir con los acuerdos, como por ejemplo en el caso del reparto de refugiados, no quiere pronunciarse sobre el artículo 7, porque en este caso primero tiene que votarse en el Parlamento, por una mayoría de dos tercios, y porque si sigue sin haber acuerdo prefiere que sean los jueces de Luxemburgo quienes decidan. «La Comisión se atiene al tratado. No puedes usar el argumento de la democracia para saltarse las reglas. Seguiremos dialogando con ustedes y los llevaremos a los tribunales si pensamos que han violado las reglas», dijo el vicepresidente Frans Timmermans, pero sin responder a los argumentos nacionalistas de Orban. La presidencia austriaca aceptó participar en el debate, puesto que si se aprueba el informe le corresponderá intervenir al Consejo, y a pesar de sus propias divisiones internas «actuará con honestidad, prestará atención a todas las opiniones expresadas aquí, pero no tendrá miramientos con el respeto a los derechos fundamentales». Sin embargo, en el Consejo Europeo es poco probable que prospere cualquier tipo de debate sobre las sanciones a Hungría. Sobre todo después de que la autora del informe contra Orban, la ecologista holandesa Judith Sargentini, dijera para apoyar su trabajo que ya han pedido que se inicien otros sobre la situación en Rumanía, Malta y Eslovaquia. Por no mencionar el expediente que ya tiene abierto Polonia. Los mismos gobiernos que tienen que aprobar las críticas a Hungría deberían empezar a poner sus barbas a remojar. Aliados euroescépticos El portavoz del Partido Popular Europeo, el alemán Manfred Weber, tiene que gestionar la inevitable fractura del grupo parlamentario. Además de los diputados húngaros e italianos que ya han dicho que votarán a favor de Orban, una parte de los de los demás países, sobre todo los del este de Europa, van a seguirles y los demás grupos políticos van a reprocharle en la campaña electoral el haber respaldado a un dirigente de mala reputación a ojos de lo políticamente correcto. Los socialistas, liberales y verdes, así como los grupos de la Izquierda Unitaria, votarán a favor de poner en marcha el mecanismo de sanciones. Los euroescépticos y populistas de derecha votarán junto a los nacionalistas y antieuropeos en contra. El demagogo británico Nigel Farage llegó incluso a ofrecer a Orban su apoyo para que «se venga con nostros al campo del Brexit, donde se lo pasará muy bien». La cuestión se ha convertido en el elemento más divisivo en la UE.
11-09-2018 | Fuente: abc.es
La Unión Europea se prepara para una campaña feroz de los nacional-populistas
La Comisión Europea dijo ayer que «confía que el Gobierno que salga de los mecanismos constitucionales mantenga el sólido compromiso de Suecia con la Unión Europea». Esta ha sido la escueta opinión del ejecutivo comunitario. Hubiera podido tal vez felicitar al ganador, si lo hubiera habido, pero por debajo de este comentario lo único que puede hacer Bruselas es poner una nueva señal de alarma ante lo que se espera que serán las elecciones europeas más complicadas de la historia. Históricamente, la UE ha sido gobernada por una coalición entre populares y socialistas o excepcionalmente entre populares y liberales. Ningún grupo solo podía tener una mayoría, pero entre las fuerzas del sistema sumaban una mayoría abrumadora frente a los que se definían como euroescépticos. Un dirigente político de cuyo compromiso europeista no se puede dudar, el popular alemán Manfred Weber, suele recordar que en la actual legislatura, la candidatura de Jean-Claude Juncker, fue aprobada en el Parlamento Europeo apenas por una diferencia de cuarenta votos. En una cámara que tiene 750 escaños, ese margen constituye una diferencia realmente frágil que anticipa la posibilidad de que el año que viene, los resultados de las elecciones europeas de mayo puedan dejar las cosas bloqueadas a cuanta de nacional-populistas y antieuropeos, como ha pasado en Suecia. En ausencia del Partido Conservador británico, que encabezaba un grupo político numeroso donde agrupaba a los sectores más moderados del euroescepticismo, es decir, lo que aún querían estar separados de los abiertamente antieuropeos, en la próxima legislatura se prevé una brecha clarísima entre defensores de la idea europea y los que quieren destruirla abiertamente. Las instituciones europeas se van a volcar en esas elecciones de mayo próximo precisamente por todo lo que está en juego: la política europea hace tiempo que está dando pasos para acercarse a los ciudadanos con la misma velocidad con la que se desarrollan en las sociedades de los países miembros las nuevas formaciones nacionalistas y demagógicas, fervientes euroescépticas. El Parlamento Europeo, el organismo más directamente implicado en la organización de la campaña, ha desplegado una batería de medidas, sobre todo en los países miembros, destinadas precisamente a explicar a los ciudadanos los beneficios que obtienen de su pertenencia a la UE, tratando de luchar contra los movimientos antieuropeos. El mismo Weber, que puede ser el próximo presidente de la Comisión si su candidatura acaba siendo confirmada por el Partido Popular Europeo, es de los que también se propone luchar para intentar cambiar esta situación. «Toda mi vida -dice- he vivido siendo ciudadano europeo, creo que hay que acabar con esta discusión de UE si o UE no y superar este debate cuanto antes». El problema es que hay un porcentaje cada vez mayor de personas que afrontan la incertidumbre a la que les somete el futuro con un gesto reflejo de volver hacia las certezas más próximas votando a los partidos nacionalistas. El fenómeno no distingue ni al norte ni al sur de Europa. La Comisión ha vuelto a reafirmar su apoyo al proceso de elección del sustituto de Juncker a través del proceso de los «supercandidatos» («spitzenkandidat» en alemán), que es la fórmula que se ha desarrollado haciendo una lectura amable de los tratados y que debería ser el camino precisamente para que los votantes europeos sintieran que son ellos los que deciden quien va a ser el principal dirigente del ejecutivo comunitario. Sin embargo, algo que desde ese punto de vista parecía hasta ahora positivo para el desarrollo democrático de la UE se ha convertido ahora en una fuente de temores, hasta el punto de que los jefes de Estado y de Gobierno han dicho que a pesar de todo, se reservan la potestad de ser ellos quienes decidirán en última instancia. Y el principal argumento que ponen sobre la mesa -aún en privado- es precisamente la incertidumbre que se desprende de las encuestas y de un posible panorama electoral en el que los antieuropeos de todo signo puedan tener mayoría de bloqueo. En ese caso, tendrían que ignorar al candidato propuesto por el partido más votado, y sustituirlo por una figura que fuera capaz de suscitar el apoyo de todos los partidos proeuroeos, aun a costa de disgustar a los electores.
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