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Noticias de donald trump

08-06-2018 | Fuente: abc.es
Trump recibirá a Kim Jong-un en la Casa Blanca si la cumbre «va bien»
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado este jueves que tiene previsto invitar a Washington al líder norcoreano, Kim Jong-un, si todo «va bien» durante la cumbre que ambos celebrarán el próximo 12 de junio en Singapur. «La respuesta es sí, si es que va bien la cumbre», contestó Trump al ser preguntado por una posible visita de Kim a Estados Unidos durante una rueda de prensa que ofreció junto al primer ministro de Japón, Shinzo Abe, quien está en Washington ultimando los detalles del encuentro. Asimism, Trump ha asegurado que el encuentro será «mucho más que una foto», aunque advirtió de que será el primer paso de «un proceso» que requerirá de otros encuentros. «Va a ser mucho más que una foto. Es un proceso, como ya he dicho muchas veces. Creo que no va a ser un acuerdo de un solo encuentro», sostuvo Trump.
08-06-2018 | Fuente: abc.es
La reunión del G-7 que empieza hoy a la orilla del río San Lorenzo en Quebec se anuncia tormentosa por el rechazo de europeos y canadienses a las medidas proteccionistas e ilegales sobre el aluminio y el acero adoptadas por Donald Trump. Al presidente norteamericano parece que le causa especial placer viajar por el mundo deshaciendo uno a uno los acuerdos firmados por sus predecesores, sean republicanos o demócratas. Le importa muy poco el deterioro de las relaciones económicas multilaterales o de la garantía de la defensa atlántica, la amenaza del cambio climático o el retroceso en la desnuclearización de Irán. No valora que el sistema multilateral de instituciones y reglas puesto en pie después de la Segunda Guerra Mundial, con todos sus problemas y necesidad de reformas, en el fondo favorece una visión del mundo inspirada en valores occidentales. Su prioridad es otra. Saltando de charco en charco en la escena internacional, Trump mantiene movilizada a su base electoral, con una sencilla narrativa de luchar contra los enemigos externos. Es una manera cómoda de explicar por qué su parte de su población pierde con la globalización y no hacer nada al respecto. A pesar de que los europeos ocupan cuatro sillas en el G-7, no siempre hablan con una única voz y solo de vez en cuando defienden intereses comunes y proyectan valores. Esta debería ser una de esas ocasiones en las que la alta capacidad destructiva de Donald Trump sirve de pegamento para unir a los dos líderes europeos principales. Además de exhibir firmeza y tratar de negociar desde la desarrollada capacidad de la UE en temas comerciales, Angela Merkel y Emmanuel Macron tienen la oportunidad de hacer Europa desde el G-7. Es muy posible que en la cumbre de final de junio para reforzar el gobierno del euro no encuentren mucho terreno común y pacten solo pequeños pasos, claramente insuficientes. Pero en la esfera internacional, Estados Unidos ha abandonado el liderazgo por los mercados abiertos y las reglas del juego justas y se abre una oportunidad para que la pareja franco-alemana ocupe este espacio.
08-06-2018 | Fuente: abc.es
PESCO, el gran proyecto europeo de Defensa que marca el camino de Margarita Robles
La «bella durmiente» de los tratados -según la llamó el propio presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker- se va levantando poco a poco de su lecho. La Política de Seguridad y Defensa europea ha despegado por fin mediante la firma de la Coordinación Estructurada Permanente de Defensa (PESCO, por sus siglas en inglés) impulsada por la victoria en Estados Unidos de Donald Trump, la amenaza del «oso ruso» y especialmente por la próxima consumación del Brexit. De momento, PESCO ha lanzado 17 proyectos para mejorar la Defensa común europea sin revelar muchos detalles. Pese a los avances hacia una mayor cooperación en una materia tan peliaguda y apegada a la soberanía nacional, de los veinticinco países firmantes, algunos como Polonia no parecen muy interesados en que el proyecto funcione. Según sus críticos, más que contribuir al impulso liderado por Alemania, Francia, Italia y España, Varsovia está boicoteando su futuro éxito desde dentro. La victoria en Francia de Emmanuel Macron, con un profundo afán de liderazgo europeísta, y la continuidad de la canciller Angela Merkel en otra gran coalición alemana abonan un terreno propicio como hace tiempo que no se daba para acelerar en la integración en Defensa, según viene recogido en el Tratado de Lisboa. En esta construcción rivalizan dos modelos: el francés, del «pequeño club de vanguardia» y quizá motivado por la idea francesa de enrolarse en operaciones ofensivas en el extranjero, y el alemán, más integrador para no crear un muro invisible con respecto al «rebelde» y nacionalista este de Europa, también teniendo en cuenta las propias limitaciones de su Ejército y de sus complejos por cuestiones de sensibilidad histórica. «Creo que una demostración de que PESCO no va a volar como se planteaba al principio es que se habla ya de PESCO Plus: más avanzada y reducida para unos cuantos Estados. Pasa como con la «ampliación», que se hizo deprisa y corriendo y luego se han visto los problemas de hacerlo así», señala Andrés Ortega, investigador asociado sobre Europa del ?think tank? Real Instituto Elcano. Según los datos que arroja el Eurobarómetro, el país donde hay mayor oposición popular hacia una política de seguridad y defensa común en la UE es Austria, donde los ultraderechistas de la FPÖ (Partido de la Libertad de Austria) sostienen al conservador canciller Sebastian Kurz. En tercer lugar se encuentra Italia, donde dos formaciones populistas como el Movimiento 5 Estrellas y sobre todo la xenófoba Liga Norte han generado una profunda desconfianza inicial en las Instituciones comunitarias. «En estos momentos, con Italia en esta situación, se pueden dificultar los avances no solo en PESCO, sino en todo lo que se refiere a la integración europea. De todas formas PESCO en Defensa es un proceso que va a tardar, que ha empezado, pero que no dejará frutos pasado el año 2025. Hay tiempo para gestionarlo», agrega Ortega. Con PESCO, la Unión busca prepararse mejor para las nuevas amenazas -híbridas, cibernéticas, yihadistas, etc- pero también avanzar hacia una mayor operatividad de sus fuerzas y la convergencia de las industrias en Defensa. «Europa gasta en Defensa más que China y Rusia juntas, pero no tiene ejército. Qué sentido tiene tener 13 tipos de tanque cuando EE.UU. solo tiene uno», dijo en una entrevista a este periódico César Molinas, economista y coautor del libro ?La crisis existencial de Europa?. Para Ortega, los europeos gastamos la mitad de lo que gasta EE UU pero en operatividad solo tenemos un 15% de la de EE UU en soldados y unidades. «En Alemania todo el debate de Defensa europea empezó cuando se dieron cuenta que la mitad de la fuerza aérea estaba inoperativa porque no funcionaba. Necesitamos arreglarlo y de manera urgente», incide. ¿Repetirá la coordinación en Defensa los errores de la Eurozona? «La Eurozona ha abolido su propia moneda y los países se han unido financieramente, PESCO van a un proyecto juntos pero no consiste en desarmar al Ejército francés o alemán. Solo sería comparable si Europa disolviese los ejércitos nacionales para implantar un Ejército europeo, pero estamos muy lejos de eso», considera Ulrike Esther Franke, investigadora del think tank European Council on Foreign Relations (ECFR). «PESCO nace un poco cojo» Los más escépticos como Polonia, cuyo gobierno del ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS) ha dado un volantazo a las políticas europeístas del anterior Ejecutivo, creen que los peces grandes se comerán a los pequeños y finalmente serán las gigantes del sector, como Airbus y Thales, entre otras, quienes se lleven la mayor parte del pastel. Con la amenaza rusa cada vez más imponente, el Gobierno polaco ha aumentado de media un 4,6% su gasto en Defensa los últimos años hasta convertir a su Ejército en uno de los más poderosos del Este, «Lo que piensa Polonia no es del todo falso. PESCO va a favorecer las capacidades industriales que existen ya, sobre todo en Francia, Alemania o en España . Si tus compañías no son tan buenas como otras perderán la licitación, es la realidad económica y PESCO no puede escapar de esto», incide la investigadora alemana del ECFR. Fiel a la retórica «trumpiana», la embajadora estadounidense en la OTAN, Kay Bailey Hutchison, advirtió de que Washington no quería que PESCO y el Fondo Europeo de Defensa sirvieran de vehículos proteccionistas de la UE en alusión a los intereses europeos de compañías como Lockheed Martin, pese a que desde Europa se insiste que ambas estructuras serán perfectamente compatibles. «Han sido varios gobiernos de EE UU los que han llamado a los europeos a gastar más en defensa y a asumir más responsabilidad por su seguridad. PESCO y EDF (Fondo Europeo de Defensa) son una respuesta europea a esta convocatoria», señala Daniel Fiott, analista de Defensa del Instituto de Estudios de Seguridad de la UE. Como señala un informe de Bruegel, la industria de defensa europea emplea a alrededor de 500.000 personas directa y genera indirectamente 1.200.000 puestos de trabajo (en 2014). Mientras que Francia lidera la venta de armas, Alemania, recelosa de todo militarismo desde la Segunda Guerra Mundial, no tiene tan desarrollada su industria y aspira a que sus compañías y ejércitos se beneficien del éxito de PESCO. «No va a fracasar porque ya ha despertado, pero nace un poco cojo. Le falta concretar el fondo para la defensa europea, un concepto compartido de cuáles son las amenazas, riesgos y necesidades que debe afrontar la defensa europea. PESCO nace sin ese concepto de amenazas compartido», concluye el investigador de Elcano. La UE solo avanza en la integración cuando se acerca al abismo. «Nunca desperdicie una buena crisis, como dice el refrán», señala Fiott. Crisis que van desde las turbulencias en los países del sur y del este hasta el Brexit y las dudas sobre la nueva relación de las instituciones europeas con los EE.UU. de Trump que han dado a los Estados miembros aún más razones para planificar su defensa juntos. España liderará uno de los 17 proyectos De los primeros 17 proyectos de PESCO de formación, desarrollo de capacidades y preparación para el despliegue operativo, España participará en doce y liderará el destinado a mejorar la capacidad de mando y control en las operaciones y misiones de Política de Defensa y Seguridad de la UE, acompañado por Alemania Italia y Portugal, recoge Europa Press de la lista definitiva de proyectos y países participantes. Los Veintiocho han propuesto contribuir 500 millones en 2019 y 2020 para cofinanciar prototipos industriales a través del Fondo Europeo de Defensa y 1.000 millones al año a partir de 2021,así como otros 90 millones para investigación en los próximos tres años y 500 millones anuales a partir de 2021.
07-06-2018 | Fuente: abc.es
Estados Unidos califica la guerra comercial con la UE de mera «disputa familiar»
Hoy está previsto que Donald Trump llegue a Charlevoix, en Canadá, para asistir a la cumbre del G-7. Él preferiría estar en otro lugar. Sin duda, en Washington o Mar-a-Lago, su residencia en Florida. No solo porque el presidente de EE.UU. odia dormir fuera de casa. También porque, para Trump, el encuentro con el resto de líderes occidentales es un incordio y una distracción. La semana que viene estará en Singapur para la cumbre con Kim Jong-un, el dictador de Corea del Norte, con quien busca alcanzar un acuerdo para la desnuclearización del régimen comunista. Será una ocasión histórica, un encuentro repleto de pompa y circunstancia, al gusto de Trump, donde tendrá una oportunidad para realzar su éxito: él consigue lo que a otros se les resiste. En cambio, en Canadá no se le festejará ni se le dedicarán homenajes. Al contrario: en medio de fuertes tensiones comerciales y diplomáticas, sus socios le leerán la cartilla. Se ha llegado a especular con que Trump no acudiría a la cumbre y enviaría a su vicepresidente, Mike Pence. Ya lo hizo en abril en la Cumbre de las Américas de Lima. Esa opción ahora parece descartada y su presencia podría ser explosiva. Con la imprevisibilidad que caracteriza al multimillonario estadounidense, hay incluso temor en su equipo a que se niegue a firmar el comunicado conjunto final del G-7, según ha revelado «The Washington Post». La principal fuente de problemas es la guerra de tarifas que Trump ha emprendido con muchos de sus principales socios. Después de idas y venidas, la semana pasada impuso aranceles a las importaciones de acero y aluminio, del 25% y del 10%, respectivamente. Las víctimas: Canadá, México y la UE. «Decepción unánime» La reacción ha sido furibunda. México ha respondido con tarifas a productos estadounidenses ?cerdo, manzanas, patatas y bourbon, entre otros? y los países occidentales se han conjurado para meter presión a Washington. El ensayo de lo que pasará Trump se vio la semana pasada en una reunión de ministros de finanzas del G-7 en Whistler (Canadá). Los seis países que comparten el grupo con EE.UU. mostraron al secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin, su «preocupación y decepción unánime» ante la política comercial de Trump y se alistaron para tomar una «acción decidida». En Washington se ve de otra forma. «Puede haber desacuerdos. No veo guerra comercial, yo lo veo más bien como una pelea familiar», aseguró Larry Kudlow, asesor económico principal de la Casa Blanca. Será difícil que cualquier presión sobre Trump en este ámbito consiga resultados. El presidente de EE.UU. ha demostrado, antes y después de llegar a la Casa Blanca, que cree en las tarifas como forma de obtener ventajas comerciales para su país, del que considera han abusado en el pasado con balanzas negativas. El comercio, sin embargo, no será el único punto de roce. Trump no goza de afinidad personal con la canciller alemana, Angela Merkel, ni la «premier» británica, Theresa May, a pesar de que esta no tardó en visitarle en la Casa Blanca poco después de su investidura. Quienes han tratado de cortejar al presidente estadounidense tampoco han sacado mucho a cambio. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha buscado la química con Trump, le ha regalado una espectacular marcha militar en París y el presidente de EE.UU. le ha bañado en elogios. Sin embargo, sus presiones para que no rompiera el acuerdo nuclear con Irán o regresara al acuerdo de París sobre cambio climático han sido infructuosas. La misma suerte ha corrido Shinzo Abe, primer ministro de Japón. Fue el primero en visitar a Trump en Nueva York, con la victoria electoral fresca. Ha volado con él en el Air Force One, han compartido hoyos de golf, cenado juntos en Mar-a-Lago? Pero eso no ha hecho cambiar de opinión a Trump sobre la oportunidad de una cumbre con Corea del Norte ?Japón está en contra? o su agresividad comercial. El forcejeo más duro hasta el momento sobre la guerra comercial ha sido con su vecino del Norte y hoy anfitrión. Su homólogo canadiense, Justin Trudeau, mantuvo una llamada telefónica con Trump esta semana, después de que el primero calificara de «ridículo» que EE.UU. justificara las tarifas por una cuestión de «una amenaza a la seguridad nacional». El presidente estadounidense reaccionó de manera sorprendente: «¿Y vosotros no quemasteis la Casa Blanca?», le espetó, en relación a un episodio de la guerra de 1812. Da igual que la referencia histórica fuera errónea ?Canadá era entonces colonia de Reino Unido?. La respuesta deja claro que no rehuirá la pelea en el G-7.
07-06-2018 | Fuente: abc.es
Estados Unidos llega a la cumbre del G-7 en plena guerra comercial con Europa y Canadá
Hoy está previsto que Donald Trump llegue a Charlevoix, en Canadá, para asistir a la cumbre del G-7. Él preferiría estar en otro lugar. Sin duda, en Washington o Mar-a-Lago, su residencia en Florida. No solo porque el presidente de EE.UU. odia dormir fuera de casa. También porque, para Trump, el encuentro con el resto de líderes occidentales es un incordio y una distracción. La semana que viene estará en Singapur para la cumbre con Kim Jong-un, el dictador de Corea del Norte, con quien busca alcanzar un acuerdo para la desnuclearización del régimen comunista. Será una ocasión histórica, un encuentro repleto de pompa y circunstancia, al gusto de Trump, donde tendrá una oportunidad para realzar su éxito: él consigue lo que a otros se les resiste. En cambio, en Canadá no se le festejará ni se le dedicarán homenajes. Al contrario: en medio de fuertes tensiones comerciales y diplomáticas, sus socios le leerán la cartilla. Se ha llegado a especular con que Trump no acudiría a la cumbre y enviaría a su vicepresidente, Mike Pence. Ya lo hizo en abril en la Cumbre de las Américas de Lima. Esa opción ahora parece descartada y su presencia podría ser explosiva. Con la imprevisibilidad que caracteriza al multimillonario estadounidense, hay incluso temor en su equipo a que se niegue a firmar el comunicado conjunto final del G-7, según ha revelado «The Washington Post». La principal fuente de problemas es la guerra de tarifas que Trump ha emprendido con muchos de sus principales socios. Después de idas y venidas, la semana pasada impuso aranceles a las importaciones de acero y aluminio, del 25% y del 10%, respectivamente. Las víctimas: Canadá, México y la UE. «Decepción unánime» La reacción ha sido furibunda. México ha respondido con tarifas a productos estadounidenses ?cerdo, manzanas, patatas y bourbon, entre otros? y los países occidentales se han conjurado para meter presión a Washington. El ensayo de lo que pasará Trump se vio la semana pasada en una reunión de ministros de finanzas del G-7 en Whistler (Canadá). Los seis países que comparten el grupo con EE.UU. mostraron al secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin, su «preocupación y decepción unánime» ante la política comercial de Trump y se alistaron para tomar una «acción decidida». En Washington se ve de otra forma. «Puede haber desacuerdos. No veo guerra comercial, yo lo veo más bien como una pelea familiar», aseguró Larry Kudlow, asesor económico principal de la Casa Blanca. Será difícil que cualquier presión sobre Trump en este ámbito consiga resultados. El presidente de EE.UU. ha demostrado, antes y después de llegar a la Casa Blanca, que cree en las tarifas como forma de obtener ventajas comerciales para su país, del que considera han abusado en el pasado con balanzas negativas. El comercio, sin embargo, no será el único punto de roce. Trump no goza de afinidad personal con la canciller alemana, Angela Merkel, ni la «premier» británica, Theresa May, a pesar de que esta no tardó en visitarle en la Casa Blanca poco después de su investidura. Quienes han tratado de cortejar al presidente estadounidense tampoco han sacado mucho a cambio. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha buscado la química con Trump, le ha regalado una espectacular marcha militar en París y el presidente de EE.UU. le ha bañado en elogios. Sin embargo, sus presiones para que no rompiera el acuerdo nuclear con Irán o regresara al acuerdo de París sobre cambio climático han sido infructuosas. La misma suerte ha corrido Shinzo Abe, primer ministro de Japón. Fue el primero en visitar a Trump en Nueva York, con la victoria electoral fresca. Ha volado con él en el Air Force One, han compartido hoyos de golf, cenado juntos en Mar-a-Lago? Pero eso no ha hecho cambiar de opinión a Trump sobre la oportunidad de una cumbre con Corea del Norte ?Japón está en contra? o su agresividad comercial. El forcejeo más duro hasta el momento sobre la guerra comercial ha sido con su vecino del Norte y hoy anfitrión. Su homólogo canadiense, Justin Trudeau, mantuvo una llamada telefónica con Trump esta semana, después de que el primero calificara de «ridículo» que EE.UU. justificara las tarifas por una cuestión de «una amenaza a la seguridad nacional». El presidente estadounidense reaccionó de manera sorprendente: «¿Y vosotros no quemasteis la Casa Blanca?», le espetó, en relación a un episodio de la guerra de 1812. Da igual que la referencia histórica fuera errónea ?Canadá era entonces colonia de Reino Unido?. La respuesta deja claro que no rehuirá la pelea en el G-7.
07-06-2018 | Fuente: abc.es
Trump atribuye por error a Canadá el incendio de la Casa Blanca en 1814
Donald Trump sacó a relucir la Guerra de 1812 entre Estados Unidos y Gran Bretaña en una conversación telefónica, cargada de tensión, con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. «¿Acaso no incendiasteis vosotros la Casa Blanca, tíos?», espetó el presidente estadounidense a su interlocutor en el diálogo que mantuvieron el pasado 25 de mayo a propósito de la guerra comercial abierta por la imposición de aranceles, según ha revelado la CNN. El conflicto que estalló en 1812 entre unos Estados Unidos aún jóvenes (había logrado su independencia en 1783) y su antigua metrópoli, el Reino Unido, se conoce a menudo como una segunda guerra de la independencia y uno de los motivos que la desencadenó fue, precisamente, por las trabas comerciales que imponían los británicos a los productos estadounidenses, en concreto al imponer un bloqueo en los intercambios con Francia. El incendio de la Casa Blanca al que se refirió Trump en su conversación con Trudeau se produjo efectivamente en el transcurso de aquella guerra, concretamente el 24 de agosto de 1814. Pero no fueron exactamente los canadienses sus autores, sino tropas de Gran Bretaña, que era el país contra el que EE.UU. estaba enfrentado. En aquella época Canadá era todavía una colonia británica. Durante el incendio de la capital estadounidense, la entonces primera dama, Dolley Madison, rescató un retrato de George Washington antes de salir huyendo de la residencia presidencial. Durante el conflicto, los estadounidenses intentaron invadir el territorio canadiense, algo que, a pesar de algunas victorias parciales, no llegaron a conseguir. En este sentido, el incendio de la Casa Blanca habría sido en represalia por el ataque estadounidense a York, la actual Toronto. El incendio de la Casa Blanca en 1814, por Tom Freeman - White House Historical Association Aunque la Guerra de 1812 no es tan conocida por el gran público como otras en las que ha participado EE.UU., en ella hubo miles de muertos y en su momento permitió al nuevo país consolidarse como nación independiente, a pesar de que más bien concluyó en un empate. De ese enfrentamiento surgió uno de los grandes símbolos patrióticos de EE.UU.: su himno nacional. Francis Scott Key, autor de la letra de la «Star Spangled Banner» (Bandera tachonada de estrellas) que los estadounidenses siguen cantando con fervor en la actualidad, se inspiró en el ataque británico al fuerte McHenry a la entrada del puerto de Baltimore, al observar emocionado cómo ondeaba la enseña nacional tras un implacable bombardeo. Incluso los orígenes de la figura del Tío Sam, con la que se identifica a Estados Unidos, se sitúa también en esta guerra. Por otra parte, uno de los presidentes más admirados por Trump, Andrew Jackson, protagonizó al final de este conflicto, en 1815, la defensa de Nueva Orleáns frente a los británicos, una de sus gestas más recordadas y con la que se convirtió en héroe nacional. «El impacto de los aranceles no es asunto de risa» Según las fuentes citadas por la CNN, Trudeau conminó a Trump para que le explicara cómo podía justificar los nuevos aranceles para las importaciones del acero y el aluminio canadienses en una cuestión de «seguridad nacional». La respuesta de Trump fue la alusión señalada a la Guerra de 1812: «¿Acaso no incendiasteis vosotros la Casa Blanca?». Al preguntar si el comentario fue recibido como una broma, una de las fuentes sobre la llamada responde: «Hasta el grado en que uno puede tomar lo que se dice como una broma. El impacto en Canadá, y en último término en los trabajadores de EE.UU., no será un asunto de risa». La Casa Blanca ha declinado hacer comentarios y el Consejo de Seguridad Nacional no respondió de forma inmediata la solicitud de la CNN de dar su versión.
07-06-2018 | Fuente: elpais.com
Melania se deja ver tras 27 días de recuperación
La primera dama participa en un acto con Donald Trump en medio de rumores sobre su salud o una posible separación
07-06-2018 | Fuente: abc.es
La apertura de Rusia a Italia puede romper el equilibrio de la Unión Europea
Con su apertura a la Rusia de Putin, el nuevo gobierno populista italiano puede crear un terremoto en las relaciones exteriores, no solo de Italia, sino también en la europeas. Para todos los analistas extranjeros y las cancillerías europeas, la parte más significativa del primer discurso del jefe del gobierno italiano, Giuseppe Conte, en el Parlamento, ha sido su neta apertura a Rusia. Una apertura que conlleva la idea de levantar las sanciones económicas que en el 2014 la Unión Europa impuso, con el apoyo de Estados Unidos, a Moscú después de la ocupación militar rusa de Crimea, lo que supuso un atentado a la soberanía e integridad territorial de Ucrania. Fue muy pobre la explicación del profesor Giuseppe Conte sobre política exterior, sin explicar con precisión la colocación internacional de Italia. Como no podía ser menos, mostró su adhesión a la Alianza Atlántica, pero dedicó más espacio y con más énfasis a precisar que Italia está también con Rusia: «Tenemos la intención de reiterar la convencida pertenencia de nuestro país a la Alianza Atlántica, con los Estados Unidos de América como aliado privilegiado», dijo. A continuación, añadió un párrafo importante para confirmar con fundamento una línea pro-rusa de Italia que nunca fue tan clara y explícita: «Seremos autores de una apertura a Rusia, que ha consolidado en los últimos años su papel internacional en varias crisis geopolíticas. Nos haremos promotores de una revisión del sistema de sanciones, a partir de las que corren el riesgo de mortificar a la sociedad civil rusa». Italia se distancia de sus aliados Obviamente, con este nuevo enfoque en la política exterior, el nuevo gobierno populista italiano se separa de la línea de una acción común europea frente a la Rusia de Putin. Nadie considera que es un tema baladí, porque Italia es la tercera economía de la eurozona y juega un papel fundamental en el Mediterráneo por su posición estratégica. El gran inspirador de este cambio es el ministro del Interior, Matteo Salvini, en su condición de secretario de la Liga Norte, de extrema derecha. Se sabe que el profesor Conte actúa como portavoz del programa de gobierno ?él mismo se definió «garante del contrato»? firmado por el líder del antisistema Movimiento 5 Estrellas (M5E) y el propio Salvini, ambos vicepresidentes del gobierno. Factor ruso El factor Rusia está desde hace tiempo en la política interna italiana, con la mirada de Moscú puesta en los movimientos antisistema y populistas. Ante las elecciones italianas del 4 de marzo, Europa y Estados Unidos tenían interés en una victoria de los partidos tradicionales, ya fueran de izquierda o de derecha, mientras sentían gran temor por que ganaran los populistas y antisistema. La posición de Moscú era diametralmente opuesta: ansiaba la victoria de la Liga Norte de Matteo Salvini y del M5E. Ya durante la campaña, actores rusos ejercitaron influencia a través de las redes sociales para favorecer un resultado que creara un terremoto político e inestabilidad interna y externa. Esa «influencia perversa» rusa en la web se evidenció en las elecciones presidenciales de Estados Unidos y de Francia, en los comicios generales de Alemania e incluso en el Brexit de Reino Unido. Cabe añadir otro factor decisivo para explicar el interés y la presencia de Rusia en la política italiana: La Liga Norte tiene una especial relación con el partido Rusia Unida, el principal partido político ruso del que es líder indiscutible Vladímir Putin. Esa relación de la Liga y Rusia Unida se concretó con la firma de un acuerdo en Moscú entre Salvini y el partido de Putin el 6 de marzo 2017. Salvini se comprometió entonces a «facilitar» la cooperación multilateral entre la Federación Rusa y la República italiana con un «acuerdo histórico». No puede sorprender ahora el discurso del nuevo primer ministro italiano, a la luz de lo que revela ese acuerdo entre la Liga y Rusia Unida: «Se consultarán y se intercambiarán informaciones sobre temas de actualidad, sobre las relaciones internacionales y desarrollo económico». Fue un acuerdo suscrito con la esperanza de convertirse en poco tiempo en «una relación entre dos fuerzas políticas de gobierno», sobre la base del común denominador de todos los movimientos nacional-populistas: «La soberanía estatal». Salvini precisó entonces en su página de Facebook los temas que trató con sus interlocutores rusos en Moscú: «Lucha a la inmigración clandestina y al terrorismo islámico, pacificación de Libia y final de las sanciones contra Rusia, que han costado a Italia 5.000 millones de euros y miles de puestos de trabajo perdidos». Precisamente, este punto, el levantamiento de las sanciones, es clave y central para el gobierno ruso, hasta el punto de constituir una cuestión fundamental en todos los encuentros que Rusia Unida ha tenido con todos los partidos populistas europeos. No pasó desapercibido aquel acuerdo Liga-Rusia Unida para algunos medios, en particular para el prestigioso diario «Financial Times»: «Ese acuerdo es un tentativo más del Kremlin para desarrollar relaciones formales con grupos populistas con vistas a las elecciones que se desarrollarán en los próximos meses y en las que los grupos de extrema derecha aumentarán su consenso». Hasta entonces, solo el Partido de la Libertad austriaco de Heinz-Cristian Strache, con un pasado de neonazi, actualmente vicecanciller, había hecho algo parecido, llegando incluso a «hermanarse» con Moscú en el 2016. El aliado de Putin en Viena Seguramente no fue casual que, en coincidencia con el discurso de Giuseppe Conte en el parlamento italiano, apareciera en Viena Vladimir Putin. El presidente ruso se entrevistó con el canciller Sebastian Kurz, desde siempre muy partidario de la necesidad de aproximarse a Rusia, como su vicecanciller, el populista Heinz-Christian Strache, de extrema derecha. Oficialmente, Putin visitó Viena en coincidencia con el 50º aniversario del acuerdo todavía en vigor entre Austria y la entonces Unión Soviética sobre suministro de gas natural. Esto solo era una justificación. El verdadero motivo del viaje de Putin a Viena residió en que Austria inicia el próximo mes el semestre de presidencia de la Unión Europea. Austria, al contrario que la mayor parte de los gobiernos europeos y occidentales que han decidido distanciarse de Moscú, prefiere estar abierta al diálogo con el Kremlin. El canciller Kurz ha subrayado que Viena quiere ser «un puente entre este y oeste». Pero Vladimir Putin va más allá: abre dos puertas en la Unión Europea con dos gobiernos filorusos, pero sobre todo su interés está en Italia, un aliado estratégico en el Mediterráneo. Plan desestabilizador «Por su parte, el gobierno de Roma tiene a alguien que le cubre las espaldas en su confrontación/choque que se perfila con la Unión Europea», escribe el diario «La República», preguntándose si Matteo Salvini es consciente de «cuánto puede ser desestabilizador su modo de proceder, aunque quizás sea el resultado que pretende Salvini». El líder de la Liga cuenta además con las simpatías de los países nacionalistas del Grupo de Visogrado (Hungría, polonia, la República Checha y Eslovaquia). Preocupa la nueva orientación del gobierno italiano, que podría liderar el grupo de países pro-rusos, en un contexto de tensión internacional y de guerra comercial que podría agravarse. La Comisión Europea aprobó ayer aranceles aduaneros a una lista de productos estadounidenses, en represalia por los aranceles del presidente Donald Trump al aluminio y el acero europeos. La inminente cumbre del G7 y la próxima de la OTAN, a mitad de julio en Bruselas, despiertan hoy la atención mundial. Y los ojos de los líderes presentes observarán sobre todo a Italia.
07-06-2018 | Fuente: abc.es
Merkel gana el «Pasapalabra» parlamentario
Vivimos en un tiempo en que no parece haber concepto político o decisión judicial que no pueda ser comunicada en 280 caracteres, por lo que los discursos escritos y leídos durante veinte minutos ante el pleno del parlamento se alejan a gran velocidad de los hábitos comunicativos del electorado. Merkel estrenó el jueves un nuevo formato se sesión de control en el Bundestag que placa ese alejamiento. El resultado es incluso más atractivo que el de las tertulias políticas televisivas y guarda cierta semejanza con los concursos del estilo de Pasapalabra, aunque en lugar de tener en frente a Christian Gálvez, la canciller alemana ha de vérselas con las preguntas de todos los diputados alemanes que pidan intervención, por estricto orden de registro. Arranca el cronómetro. Merkel dispone de cinco minutos para resumir las posiciones que Alemania mantendrá en la cumbre del G7 que comienza el viernes en Canadá, tras lo cual se abre el turno de preguntas. Los diputados comienzan el bombardeo. Son cuestiones que no han sido comunicadas previamente y no siguen un orden temático, de manera que se van alternando los más diversos asuntos, que deben ser planteados en no más de treinta segundos por los inquisidores y respondidos en no más de un minuto por la examinada. ¿Estuvo usted el 7 de marzo de 2016 en la representación turca en Bruselas y firmó allí un pacto oculto sobre refugiados como ha publicado la prensa turca? ¿Qué está haciendo su gobierno para reducir la cantidad de plástico en los océanos que amenaza con llegar a nuestro sistema digestivo? ¿Puede precisar hasta qué punto pondrá en riesgo los intereses comerciales alemanes en sus desencuentros con el presidente de EE.UU.? La canciller alemana, uniendo las yemas de sus dedos en la posición ya mundialmente conocida como «el rombo de Merkel», va respondiendo al pim pam pum con soltura, dispuesta a completar el rosco. El presidente del Bundestag, Wolfgang Schäuble, repite la escueta expresión «siguiente pregunta» hasta 52 veces. En la tribuna de prensa, los periodistas piden tiempo muerto, no hay forma de buscar un titular a todo esto, aunque en medio del juego van apareciendo entrecomillados muy significativos, como cuando Merkel garantiza que no accederá a consensuar una declaración final en Canadá si ello significa «diluir los resultados alcanzados el año pasado en lo que respecta, por ejemplo, al compromiso fundamental por un comercio justo y multilateral y a distanciarse de las políticas de proteccionismo», o cuando reconoce las «enormes diferencias» con el gobierno de Donald Trump. Algunas de las respuestas las trae aprendidas de memoria, como cuando responde a cuestiones sobre gestión e refugiados recordando que lo ocurrido en 2015, cuando llegaron al país aproximadamente 900.000 refugiados, se trató de una «situación excepcional humanitaria» y que su Gobierno actuó de manera «totalmente responsable» y respaldada posteriormente por el Tribunal Europeo. «Las decisiones políticas fueron correctas». Otras le salen del corazón, como cuando jura y perjura que no cederá ante Macron y que cualquier préstamo a Estados europeos en apuros seguirá sujeto a una estricta condicionalidad. Si bien desde fuera la presión de las preguntas cronometradas sugiere cierto agobio, a ella se la ve tan fresca. En el fondo sigue siendo la alumna empollona que se lo ha estudiado todo e incluso disfruta pudiendo lucirse en el examen. Este formato inédito, consensuado por conservadores y socialdemócratas durante las largas y complicadas negociaciones de su acuerdo de gran coalición, tendrá lugar a partir de ahora tres veces al año. Hasta ahora las preguntas debían ser entregadas de antemano y a menudo eran los secretarios de Estado de los respectivos ministerios los encargados de responderlas. Pero el nuevo modelo, impuesto por los socialdemócratas para tratar de ejercer de oposición al mismo tiempo que participan en el gobierno, parece haber pinchado en hueso. Con la M, política alemana a la que le gusta el reto intelectual, que se lee los papeles y que se sabe los temas aunque solo sea porque lleva trabajando en ellos desde 2005.
06-06-2018 | Fuente: elpais.com
Melania se deja ver tras 27 días de recuperación
La primera dama participa en un acto con Donald Trump en medio de rumores sobre su salud o una posible separación