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Noticias de donald trump

08-10-2018 | Fuente: abc.es
La lucha contra la corrupción y la defensa de la seguridad, las grandes bazas de Bolsonaro
Brasil enfila el camino de la derecha a imagen y semejanza de su vecino de América del Norte. Los parecidos entre Jair Bolsonaro (63) y Donald Trump (72) no son pocos. En lo negativo coinciden en su racismo, desprecio a las mujeres y comentarios homófobos. En lo positivo, ambos hombres, abanderados del ordeno y mando, conquistaron a buena parte de su electorado con mensajes implacables de lucha contra la corrupción, defensa de la seguridad y promesas de un futuro mejor para la economía de Brasil y de sus ciudadanos. El excapitán Bolsonaro, entusiasta, al menos de boquilla, de la dictadura brasileña, está a un paso (unos cuatro puntos) de convertirse en presidente del país que podría formar, por sí mismo, un continente. Las elecciones, como los partidos de fútbol, hay que jugarlas pero resulta muy difícil imaginar un escenario, dentro de tres semanas, con Fernando Haddad victorioso y Bolsonaro hundido. El escrutinio final de la primera vuelta arrojó un saldo de 46 por ciento de los votos para el primero y de poco más del 29 por ciento para el elegido de Luiz Inacio Lula Da Silva. El balotaje del 28 de octubre parece que apuntaría a confirmar la debacle del Partido de los Trabajadores (PT). La caída del movimiento que logró mantenerse en el poder, cerca de quince años consecutivos, fue tan dura que hasta se cobró la cabeza de la expresidenta Dilma Rousseff, incapaz de lograr un escaño de senadora en Minas Gerais, su territorio. La monumental corrupción destapada con el escándalo Lava Jato, el deficit económico y el récord de asesinatos en el 2017 (más de 64.000) sumado a la sombra de Lula y su estrategia de manotazos de ahogado desde prisión, no ayudaron a levantar en las urnas a un hombre tratado, por lo suyos, primero como un pelele y al final, a la desesperada, como su último recurso. El atentado contra Bolsonaro, como era previsible, logró el efecto contrario al propuesto. Su imagen se disparó y los sondeos, una vez más, no lograron registrar hasta donde llegaría la nueva estrella de la política brasileña. Evo Morales, imprudente histórico a la hora de opinar en las elecciones de los países que tiene más cerca (de los otros también), supo en esta ocasión guardar la ropa y manifestarse con una diplomacia sin precedente. Anticipó para la segunda vuelta, «la victoria del pueblo brasileño» y omitió pronunciar una palabra en contra de Haddad. El presidente de Bolivia sabe que corren nuevos vientos y con Bolsonaro en Brasil las cosas serán ?si las urnas no lo remedian- muy distintas de cómo fueron con Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, Lula y Dilma Rousseff en Brasil, Michel Bachelet en Chile, Rafael Correa en Ecuador y el matrimonio Kirchner en Argentina, sin olvidar a José «Pepe» Mujica en el pequeño y armonioso Uruguay. Todos ellos formaron un equipo dispuesto a cerrar los ojos o hacerse los distraídos ante los abusos de unos y otros, fueran estos en Caracas, Buenos Aires, Quito o Brasilia. La nueva Sudamérica tiene ya otros protagonistas de la historia. La Argentina de Mauricio Macri, la Colombia de Iván Duque, el Chile de Sebastián Piñera, el Paraguay de Mario Abdo o el Ecuador de Lenin Moreno y el Uruguay de Tabaré Vázquez, están lejos de ese modo de entender la democracia que tanto daño hizo a buena parte del continente. Aunque sus parecidos con Jair Bolsonaro no sean los de Trump, su llegada al Palacio de Planalto, en el fondo, no sería tan mala noticia.
07-10-2018 | Fuente: abc.es
Un día en primera línea de la crisis migratoria en EE.UU.
Una nube de polvo se levanta cuando Rubén García da un portazo desde dentro de su ranchera, en otra calurosa mañana en El Paso, Texas. Con una mano en el volante, enseña un SMS que le acaba de mandar la Policía de Aduanas y Fronteras (ICE, en sus siglas en inglés), la «migra», como la conocen los hispanos. El mensaje informa de la puesta en libertad de más de 150 inmigrantes indocumentados, adultos y menores, pertenecientes a unas 75 familias, arrestados por la Patrulla de Fronteras tras cruzar el Río Grande y que han pasado varios días en centros de detención. «Díganos cómo proceder», cierra la misiva. «¿No es de locos?», suelta García. La «migra» le pregunta a él, el director de un centro de apoyo al inmigrante, Annunciation House, qué hacer con esas personas. El mensaje es solo un ejemplo de la crisis migratoria en la frontera Sur de EE.UU., con una política agresiva contra los inmigrantes que las propias autoridades no pueden acometer, azuzada desde Washington, que deja un rastro de drama humano y que es imposible saber a quién beneficia. «Es una situación desbordada», dice, mientras ataca una bolsa de cacahuetes y teclea las instrucciones a la «migra»: veinte familias a esta parroquia, treinta familias a aquella residencia de ancianos, otros veinte a esa otra iglesia? Después del escándalo de la aplicación de la política de «tolerancia cero» a familias de inmigrantes, ordenada por Donald Trump y que implicaba la separación entre adultos y menores, el presidente de EE.UU. tuvo que dar marcha atrás. Pero los arrestos en la frontera continúan y ahora los centros de detención de familias de El Paso están saturados y, de manera transitoria, se ven obligados a soltarlos mientras esperan su procesamiento por parte de un juzgado de inmigración. Rubén García, en otro de los espacios del centro de apoyo al inmigrante, Annunciation House - J.A. «Nos los mandan a nosotros porque no tienen lugar. La «migra» no quiere soltar gente a la calle», explica García, que lleva dedicado a apoyar a inmigrantes en situación difícil desde 1978, pero nunca se había enfrentado a una crisis como la que se vive en los últimos cinco años y, sobre todo, la que se desató a comienzos de verano con la aplicación de la «tolerancia cero» de Trump. En el caso de un adulto, puede estar detenido de forma indefinida hasta que le toque el turno de ver al juez de inmigración. Pero no es así para familias con menores, para los que la ley establece estándares más exigentes. «Hay gente incluso que pasa directamente andando el puente entre El Paso y Ciudad Juárez», dice en referencia la ciudad mexicana al otro lado del Río del Grande, mucho mayor que su hermana tejana y uno de los lugares más peligrosos del mundo, donde se mezclan narcos, traficantes de personas y vendedores de souvenirs. Los puentes entre ambas ciudades son el segundo paso fronterizo terrestre más transitado de EE.UU., después del que une a Tijuana y San Diego, en California. «Se entregan en el puente porque saben que la ?migra? no tiene ahora dónde encerrarlos», explica, y pone la ranchera rumbo a una de las parroquias donde llegarán por la tarde los inmigrantes. Centros abarrotados El abarrotamiento de los centros para familias es solo un ejemplo de la crisis migratoria. A poco más de media hora de El Paso, las autoridades federales han levantado un centro de detención de menores con casi 4.000 camas. Conocido como Tornillo, por la localidad fronteriza en la que se encuentra, se ha convertido en un infame campo de concentración de niños, que en las últimas semanas han sido enviados hasta aquí de forma masiva, por la noche y en autobuses después de viajes de varios días desde todos los puntos de EE.UU. «Anoche llegaron trescientos», cuenta García. Se supone que estos son centros transitorios, por los que pasan los menores hasta que encuentran un sponsor -un familiar o un amigo de la familia- que se haga cargo de ellos hasta que tengan su citación con el juez. Pero las autoridades ya reconocen que pasan detenidos de media casi dos meses y para muchos se puede alargar más. Un reciente informe oficial, elaborado por el Inspector General del Departamento de Seguridad Interior, reconocía que la Administración Trump no estaba preparada para implementar la «tolerancia cero». El ansia por mostrar «mano dura» fue contraproducente: no paró la llegada de indocumentados, solo empeoró sus condiciones de detención y forzó a las autoridades a incumplir la normativa de detención de menores. García insiste en que es imposible separar el clima político de EE.UU. de la situación que se vive hoy en la frontera. Trump ha azuzado el racismo latente en la sociedad estadounidense para auparse al poder, con el inmigrante no blanco como cabeza de turco. «Él no puede decir que no los quiere porque tienen la piel color café. Así que dice que son narcos, criminales o violadores». Hoy, sin embargo, la preocupación de García no está en los problemas estructurales de la crisis migratoria: su objetivo inmediato es preparar alojamiento y víveres para dos o tres días para los inmigrantes soltados por el ICE mientras consiguen que un familiar o amigo les pague un billete de autobús para quedarse de forma transitoria con ellos. Jueces muy duros «Se busca que se marchen de El Paso con un familiar. Este no es un buen sitio para los procesos de inmigración», dice Brinkley Johnson, una voluntaria llegada desde California. «En El Paso los jueces son muy duros». Lo confirma Linda Rivas, una abogada que da servicios legales a inmigrantes desde el centro Las Américas. «El porcentaje de personas que consigue el asilo en El Paso es muy bajo. Menos del 7% gana su caso aquí. Muchas veces no tienen la oportunidad de salir a otro sitio. En el último año, no han concedido ni una sola libertad provisional», explica. «Es una farsa del debido procedimiento legal», dice un abogado criminalista de El Paso, que prefiere mantenerse en el anonimato, sobre el tratamiento judicial a los inmigrantes indocumentados ante las violaciones de los derechos de estas personas, a las que se somete a juicios rápidos, sin posibilidad de articular una defensa. «Con la llegada del fiscal general Jeff Sessions, se está minando la independencia de los jueces en los casos migratorios», añade Rivas. «Se impone cuotas a los jueces, se les rebajan los tiempos procesales, se les quita potestad de cerrar casos». Nadie tiene la solución de un problema complejo, que va más allá de las fronteras de EE.UU. y en el se mezclan la violencia, la desigualdad, el ansia de supervivencia, la xenofobia y los intereses políticos. Pero García, mientras se afana por convencer a la dueña de un motel que aloje a treinta familias un par de noches, tiene claras tres cosas: cuando las autoridades eran más laxas, «los inmigrantes se iban al interior y ni nos enterábamos, se ponían a trabajar y se convertían en miembros productivos de la sociedad»; el inmigrante «no le quita trabajo a nadie», porque los estadounidenses no quieren partirse el espinazo recogiendo fresa en California; y si hay una víctima de todo esto son las personas que él trata de ayudar cada día, maltratadas por traficantes de personas antes de cruzar la frontera y por las autoridades después.
07-10-2018 | Fuente: abc.es
Brasil busca este domingo un camino que puede reflotarlo o socavar aún más la profunda crisis económica y política en que se ha sumergido en los últimos cuatro años, tras el estallido de un gigantesco escándalo de corrupción, que derribó a la última presidenta electa, Dilma Rousseff, y llevó a la prisión al mayor líder político del país, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva. Con un país dividido entre los que detestan a Lula y su Partido de los Trabajadores (PT), los que le tienen verdadera pasión y los están en el medio de esa tormenta, más de 147 millones de brasileños votarán en 5.570 municipios de 27 estados, en uno de los comicios más dramáticos desde 1990, cuando realizó su primera elección directa después de tres décadas de dictadura. Los brasileños elegirán no sólo al presidente, sino también gobernadores, senadores y diputados, representantes de 27 estados. Serán 556.000 urnas electrónicas en Brasil y en 171 localidades en el resto del mundo, en la que representa una de las mayores elecciones globales y de las más modernas, donde la última novedad es que más de 87 millones votarán biometricamente, identificados por la impresión digital, y usando una aplicación en el móvil sin necesidad de documento de papel. En un escenario muy imprevisible, los dos favoritos a ir a una segunda vuelta el 28 de octubre son el ultraderechista Jair Bolsonaro, con un 35% en los sondeos, y el filósofo petista, Fernando Haddad, con un 22%. El empuje con el que ha crecido en el último mes, después de un atentado que casi le quitó la vida, puede impulsar a Bolsonaro a llevarse la elección en una primera vuelta, como buscan sus militantes, tratando de anular el fuerte rechazo del 45%, fomentado principalmente por mujeres y la campaña #EleNão (Él no). Para vencer en primera ronda son necesarios más del 50% de los votos. Polarización El exmilitar y Haddad son los representantes de una polarización concentrada en la imagen de Lula y su partido, que gobernó el país durante 13 años, dejando el recuerdo de una euforia con una economía pujante e importantes conquistas sociales que situaron a Brasil en un inusual puesto de vanguardia internacional. El colofón de esos tiempos, protagonizados por Rousseff, dejó también la marca de un país emergente que dejó de lado sus prioridades para despilfarrar fondos en los estadios del Mundial de Fútbol 2014 y en la organización de la Olimpiada Río 2016, una ilusión que se desbarató con los escándalos de la estatal Petrobras y un cartel de constructoras, salidos a la luz hace cuatro años. «Independientemente del resultado, el vencedor de esta elección ya es Bolsonaro, porque fue quien pautó el debate. El eje de la discusión se dislocó hacia la derecha, inflamando aún más el debate estructural», explica Fabio Luis Barbosa dos Santos, doctor en Historia Económica de la Universidad de São Paulo (USP). En tercer lugar en las encuestas está el laborista Ciro Gomes, soñando con un viraje que a estas alturas, con un 11%, sería espectacular. Gomes es exministro de Lula y uno de los economistas que detuvo la hiperinflación en la década de 90, depende de una unión de los electores de centro, por un «voto útil», que abandonarían en el camino a otros dos prestigiosos políticos, el socialdemócrata, Geraldo Alckmin, con el 10%, y la ambientalista Marina Silva, que se ha desplomado en un mes, del 16% al 4%. Puede sorprender por ser el único capaz de vencer a Bolsonaro en los sondeos de segunda vuelta. Operación Lavacoches La corrupción revelada por la Operación Lavacoches, encabezada por una red de jueces, fiscales y la Policía Federal, salpicó a políticos de los partidos más importantes: el PT, un viejo abanderado de la ética, el socialdemócrata PSDB y el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), del actual presidente, Michel Temer, el más impopular de la historia, con un 4%. Las investigaciones llevaron a la cárcel en abril de este año a Lula, que pese a las condenas y acusaciones por corrupción y blanqueo de fondos, era el favorito para vencer en los comicios con un 39% de los votos, que registraba hasta el mes pasado, cuando la Corte Electoral (TSE) le prohibió definitivamente su candidatura. En medio de esas frustraciones surgió el candidato alternativo Bolsonaro, un excapitán del Ejército, por el diminuto Partido Social Liberal (PSL), que con un discurso machista, homofóbico y racista, ha conquistado una importante base de electores que no quieren al PT de vuelta. «Bolsonaro es la respuesta de una sociedad asustada. Quien está sin trabajo tiene miedo del hambre, y quien trabaja, tiene miedo del desempleo. Todos tienen miedo de la violencia y también, miedo de la policía», escribe Luis Barbosa. Una guerra sucia El líder nacionalista, autoritario y que llegó a ser entusiasta del chavismo, de la estatalización y se ha convertido en un liberal de última hora, ha crecido exponencialmente en la ruina brasileña, que en los últimos cuatro años ha visto resurgir el desempleo, la recesión económica y ha perdido el orgullo de ser brasileño, ante la repercusión internacional de los escándalos de corrupción, que dejaron huellas por el mundo. La violencia es otro de los grandes problemas del país. Con más de 62 mil asesinatos en el último índice de seguridad pública, el discurso de Bolsonaro, favorable a la liberación de las licencias de armas y la reducción de la edad mínima penal, ha encontrado eco entre electores que buscan salidas simples para problemas más complejos, como deficiencias educacionales, en la sanidad, en el transporte y en la falta de viviendas dignas, con más de 100 millones de brasileños sin acceso a saneamiento básico. Para Barbosa, Bolsonaro promete el orden por la truculencia, en un contexto de desprestigio de los movimientos sociales y de la política tradicional, así como ocurrió con Donald Trump en EE.UU., con Recep Tayyip Erdogan, en Turquía, o con el recrudecimiento del fascismo en Italia. Con una campaña que ha salido de la tradicional propaganda de televisión para crecer en redes sin control, especialmente en WhatsApp, la distribución de noticias falsas se ha alimentado ferozmente, llevando a incidentes violentos, especialmente entre los electores de Bolsonaro. El incidente más grave fue la puñalada contra Bolsonaro, el pasado 6 de septiembre, dada por un albañil aparentemente desequilibrado. Días antes, Bolsonaro pedía a sus correligionarios que «acribillasen a petistas». Lo cierto es que Brasil está en una encrucijada entre el petismo y el antipetismo. «Cualquier gobierno que venga será inestable, como fue (Fernando) Collor», compara Barbosa, recordando al independiente electo en 1990, que cayó tras solo dos años en el poder por una investigación del Congreso.
07-10-2018 | Fuente: abc.es
Kavanaugh: una incontestable victoria de Trump que divide más a EE.UU.
«Ganar, y ganar, y ganar, y volver a ganar, y ganar, y ganar?».La legendaria explicación de qué es el fútbol de Luis Aragonés se la aplicaría sin pestañear Donald Trump para su corta pero frenética carrera política. Este sábado ha sido un día señalado para una de sus grandes victorias: el de la confirmación de su nominado, Brett Kavanaugh, como nuevo juez del Tribunal Supremo de EE.UU. No hubo sorpresa y el Senado, el órgano que da luz verde al candidato elegido por el presidente de EE.UU., ungió a Kavanaugh como nuevo miembro de la más alta instancia judicial del país, con poder de decisión sobre los aspectos fundamentales de su democracia. Los senadores, como se esperaba, confirmaron al candidato de Trump con una mayoría escasa pero suficiente: 50 a 48. Los cuatro senadores indecisos habían adelanto en la víspera cuál sería su voto. Los republicanos moderados Susan Collins y Jeff Flake y el demócrata Joe Manchin confirmaron que votarían a favor. Solo la republicana Lisa Murkowski dijo que votaría en contra. Al final decidió abstenerse ante la ausencia de un senador republicano -era la boda de su hija- y por la imposibilidad de que su voto cambiara el resultado. La decisión de los senadores ponía fin a varias semanas de batalla política, mediática y social por la confirmación de Kavanaugh, al que varias mujeres acusaron de agresiones sexuales y del que se cuestionó su temperamento, su partidismo y sus hábitos con el alcohol. En un EE.UU polarizado, la confirmación de Kavanaugh sirvió para asomarse a la brecha que divide el país y comprobar que es más profunda que nunca. Para una parte de la sociedad, la investigación de las acusaciones por parte de Christine Blasey Ford -que se ofreció a testificar delante de la Comisión Judicial del Senado- y de Deborah Ramírez fueron una pantomima: solo se entrevistó a nueve personas y apenas duró cinco días. Muchos de los testigos que ofrecieron las acusadoras no formaron parte de la investigación. Kavanaugh, además, demostró ser un juez que se deja llevar por las emociones -sollozó y lloró en su intervención ante el Senado- y tuvo un arrebato partidista poco habitual para alguien que debe ser apolítico e imparcial: calificó las acusaciones de agresiones sexuales de «golpe político calculado y orquestado» y de «venganza en nombre de los Clinton con millones de dólares de grupos opositores de izquierda», en referencia a Hillary Clinton, la candidata que perdió por sorpresa las presidenciales de 2016 frente a Trump. En el bando contrario, los ataques son un intento partidista de descarrilar la nominación de un juez ejemplar, al que se ha tratado de acorralar sin pruebas, para minar la presidencia de Trump. «Todo el mundo es inocente hasta que no se demuestra su culpabilidad», insisten los líderes republicanos. El presidente de EE.UU., lejos de mantenerse aislado del proceso de confirmación, se metió en él hasta el cuello. Defendió en todo momento la inocencia de Kavanaugh, también antes de que el FBI lo investigara, tildó el asunto de persecución política de los demócratas y convirtió el asunto en un nueva guerra identitaria en EE.UU.: en un mitin esta misma semana, se mofó de que Ford no se acordaba de algunos detalles de su acusación para desacreditarla, y advirtió que, ante la oleada de alegaciones sobre abusos sexuales, «este es un momento alarmante para los hombres de EE.UU». Cuando se cumple un año del inicio de la campaña ?MeToo?, desatada tras las revelaciones de los abusos sexuales sistemáticos del productor de Hollywood Harvey Weinstein y otros personajes poderosos de la política, la empresa y los medios, Trump agitaba el debate para galvanizar a sus bases conservadoras. Tras semanas de revelaciones periodísticas, ataques cruzados entre partidos y protestas en la calle, EE.UU. amanece hoy más dividido que ayer. Trump y los republicanos se apuntan un tanto inapelable: en menos de dos años ha colocado a dos jueces en el Supremo, lo que cementa la mayoría conservadora en la decisiva corte, con cinco magistrados de claro corte conservador por cuatro liberales. Eso a pesar de que Trump obtuvo tres millones de votos menos que Clinton en las elecciones, de que los senadores republicanos representan menos de la mitad de la población de EE.UU. y de que las encuestas muestran que la mayoría del país está en contra de Kavanaugh (47% frente a 36%, según un estudio de este mes de NPR y PBS). La polarización en la confirmación deja una sensación de que el Tribunal Supremo es un órgano más ideologizado y partidista que nunca. A corto plazo, sin embargo, el gran impacto de la confirmación de Kavanaugh podría ser político. Se ha producido a un mes de las elecciones legislativas de noviembre. La tensión del proceso ha electrizado a los electorados de ambos partidos. En los últimos días, Trump alardeó de que la persecución a Kavanaugh le beneficiaría en las urnas y provocaría la ?marea roja? de la que tanto ha hablado en los últimos meses. La confirmación definitiva de su candidato podría tener el efecto contrario. De momento, lo que las encuestas muestran es que los demócratas ganan posiciones en la Cámara de Representantes, donde podrían recuperar la mayoría, mientras que el Senado podría consolidarse como republicano: buena parte del tercio de escaños que están en juego son en estados de fuerte implantación conservadora. «Es un gran día para América», celebró este sábado Trump desde Twitter.
06-10-2018 | Fuente: elpais.com
La semana ?anti MeToo? de Donald Trump
Desde la burla a una presunta víctima de acoso sexual hasta el diagnóstico de que corren tiempos ?aterradores? para los hombres
05-10-2018 | Fuente: abc.es
Premios dignos
Han elegido este año dos premiados muy dignos para el Nobel de la Paz y eso siempre es un alivio. El ginecólogo congoleño Denis Mukwege, incansable luchador contra los efectos y la impunidad de violaciones colectivas en el Congo y la activista yazidí Nadia Murad, esclava sexual vendida por el Estado Islámico que mató a toda su familia y activista contra violaciones y esclavitud sexual, ya habían recibido el Premio Sajarov del Parlamento Europeo. El Comité Noruego ha concedido el galardón por su labor en la lucha contra la violencia sexual. Estamos ante un caso en el que claramente los premiados mejoran al premio. Porque hay que buscar hoy en día mucho para encontrar premios más desprestigiados que el Nobel de la Paz. Solo se me ocurren los Goya, los Ondas y algún que otro premio periodístico de la misma secta ideológica, cuyos miembros se premian entre sí. El obsceno abuso del sectarismo en la elección de los premiados induce a veces a la risa y al sarcasmo. Se tocaba casi fondo cuando se le dio el Nobel de la Paz a Barack Obama nada más ganar las elecciones, sin haber hecho nada. Hicieron bien en apresurarse. Porque el santo laico de la izquierda europea provocó después todo un rosario de conflictos bélicos y desastres de seguridad. Hubo alguno peor como el otorgado al presidente colombiano Juan Manuel Santos por su acuerdo tramposo de paz, organizado por la dictadura comunista de Cuba, que abría las puertas al poder a la banda narcoterrorista de las FARC. El pueblo se levantó con éxito contra el mismo. Ese Nobel se otorgó bajo grave sospecha de sobornos. Solo podía empeorarse dándoselo ya a Tirofijo o a Nicolás Maduro y su cómplice español Zapatero, por ejemplo. Hubiera sido muy digno el premio también para el fascinante proceso de paz en Corea. Pero todos saben que, junto a los dos presidentes, el que habría tenido que recibirlo con más merecimiento que nadie habría sido el gran artífice del proceso, que se llama Donald Trump. Eso habría sido demasiada dignidad y honradez intelectual como para digerirse en delicados estómagos progresistas como los del Comité Noruego.
05-10-2018 | Fuente: abc.es
El juez Kavanaugh supera un primer trámite para la votación mañana en el Senado
El juez Brett Kavanaugh, propuesto para el Tribunal Supremo por el presidente de EE.UU., Donald Trump, superó hoy un trámite previo a que el Senado se pronuncie sobre su candidatura este sábado en medio de las acusaciones de abusos. Con 51 votos a favor y 49 en contra, la Cámara Alta aceptó votar mañana sobre si confirmar o no a Kavanaugh, quien ha sido acusado públicamente de abusos sexuales por tres mujeres, entre ellas Christine Blasey Ford, quien la semana pasada acudió al Senado para dar su versión de los hechos, supuestamente ocurridos en 1982. La sesión de hoy logró aprobarse a pesar del voto contrario de una senadora republicana, Lisa Murkowski, que fue contrarrestado por el voto a favor de un demócrata, Joe Manchin. El presidente de EE.UU. se pronunció rápidamente y alabó a los legisladores: «¡Muy orgulloso del Senado de EE.UU. por votar 'Sí' para avanzar en la nominación del juez Brett Kavanaugh!», dijo en su cuenta de Twitter. Very proud of the U.S. Senate for voting ?YES? to advance the nomination of Judge Brett Kavanaugh!? Donald J. Trump (@realDonaldTrump) 5 de octubre de 2018La decisión de llevar a cabo la votación final el sábado llega una semana después de que la presión de los senadores provocara que Trump ordenara al FBI realizar una investigación exprés sobre las alegaciones. Los resultados de estas pesquisas fueron entregados a los senadores este jueves. Tras leer el informe del FBI, los líderes republicanos concluyeron que las acusaciones no habían sido corroboradas y que debía procederse con la votación. Por su parte, los demócratas opinaron lo contrario al sugerir que las averiguaciones aportaban indicios de «mala conducta» por parte de Kavanaugh y denunciaron que se trataba de una investigación incompleta y cuyo alcance fue limitado por la Casa Blanca. Kavanaugh podría ser confirmado mañana en la Cámara si los republicanos, con una escasa mayoría -51 de cien escaños-, consiguen al menos medio centenar de votos, el mínimo necesario para que un candidato sea confirmado. Aún existe la duda de en qué sentido se pronunciarán cuatro senadores moderados, tres republicanos y uno demócrata, que podrían determinar el futuro del juez. Una senadora republicana clave, Lisa Murkowksi, se opuso a la confirmación del magistrado, en esta votación preliminar que solo da una indicación sobre la votación final que debería ocurrir el sábado. Otros dos republicanos moderados, Susan Collins y Jeff Flake, votaron a favor de Kavanaugh, así como el senador demócrata Joe Manchin.
05-10-2018 | Fuente: abc.es
Kavanaugh se convierte en virtual nuevo juez del Tribunal Supremo
El juez Brett Kavanaugh, el elegido por Donald Trump para ocupar un puesto en el Tribunal Supremo, está a un paso de llegar a la más alta instancia judicial de EE.UU. El Senado, que tiene la potestad de confirmar los nominados por el presidente de EE.UU. para este cargo, se posicionó hoy a favor de Kavanaugh en una votación procesal previa a la definitiva que apunta a que el polémico candidato será finalmente confirmado. La votación se produjo en un momento de alta tensión política y en la opinión pública. Las acusaciones de ataque sexual contra Kavanaugh por parte de varias mujeres, sus hábitos de consumo de alcohol, su temperamento y su controvertida comparecencia ante el Comité Judicial del Senado han dividido al país. La oposición demócrata, empeñada en impedir su confirmación, ha intentado obstaculizar el proceso al máximo, con retrasos en la confirmación y con la exigencia de una investigación por parte del FBI sobre las acusaciones. Investigación limitada Los demócratas y los abogados de Christine Ford y de Deborah Ramirez, las dos principales acusadoras contra Kavanaugh, criticaron que la investigación del FBI, que la Casa Blanca permitió con restricciones, fue muy limitada y que claramente buscaba no entrar en el fondo de las alegaciones. Las tribunas de los periódicos estadounidenses se llenaban hoy con llamamientos a los senadores a votar en uno u otro sentido ?en su mayoría, en contra de Kavanaugh?, una carta en contra del candidato firmada por profesores de Derecho sumaba más de 1.200 adhesiones y el propio nominado defendía su caso en una tribuna en «The Wall Street Journal». Aseguraba que sería un juez «independiente e imparcial» y reconocía que había mostrado «demasiadas emociones» y había dicho «cosas que no debía decir» en su comparecencia ante el Senado de la semana pasada, en la que lloró, gritó y se exasperó ante las preguntas de los legisladores. A pesar de todo, con las conclusiones del FBI encima de la mesa esta semana, el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, decidió el miércoles que ya era hora de votar y fijó la fecha para hoy viernes. El resultado fue ajustado, 51-49, pero suficiente para impulsar la confirmación de Kavanaugh. La gran duda sobre la votación era qué posición tomarían tres senadores republicanos moderados y dos senadores demócratas que se juegan su escaño este noviembre en estados donde Trump ganó en 2016. Dos de los republicanos ?Susan Collins y Jeff Flake? y un demócrata ?Joe Manchin? dieron el voto positivo a Kavanaugh. Lisa Murkowski fue la única defección en las filas republicanas. La votación definitiva se producirá este sábado y todo apunta a que estos «senadores bisagra» no cambiarían su posición. Tanto Flake como Collins reconocieron ayer que su voto no cambiaría de signo, lo que coloca a Kavanaugh virtualmente como nuevo juez del Supremo.
05-10-2018 | Fuente: abc.es
Kim Jong-un y Trump son los grandes favoritos de las casas de apuestas para ganar el premio Nobel de la paz
El ganador del premio Nobel de la paz de este año se anunciará este viernes en Oslo, y aunque el comité no hace públicos a los nominados, ha habido muchas especulaciones sobre quién podría ganar el prestigioso premio. Todo lo que se sabe es que hay 331 nominados, 216 individuos y 115 grupos, según el comité del Nobel. El proceso de selección es muy secreto, pero aquí hay una lista de posibles ganadores basados en las casas de apuestas, que incluye figuras controvertidas como Kim Jong-un y Donald Trump. Kim y el presidente surcoreano Los líderes de las dos Coreas reanudaron las conversaciones a principios de este año, lo que llevó a que las tensiones en la región cayeran a su nivel más bajo en décadas. Este hecho fue particularmente notable debido a que solo un año antes Corea del Norte y Donald Trump habían amenazado con iniciar una guerra. Los dos hombres celebraron tres cumbres históricas este año, después de una década de política surcoreana que fue hostil al Norte. La pareja es actualmente la favorita en Ladbrokes, la casa de apuestas británica, pero aún está por verse si el comité noruego del Nobel otorgaría el premio a Kim, quien dirige uno de los regímenes más opresivos del mundo y una red de gulags notoriamente severos. Donald Trump El presidente de EE.UU. ha tomado el crédito en repetidas ocasiones por la atmósfera positiva que generó en la Península coreana y se convirtió en el primer presidente americano en estrechar la mano al líder de Corea del Norte cuando se reunió con Kim en Singapur en junio. Un grupo de 18 legisladores republicanos escribió al comité del Nobel en mayo, nominando a Trump «en reconocimiento a su labor para poner fin a la Guerra de Corea, desnuclearizar la península de Corea y llevar la paz a la región». Angela Merkel La canciller alemana dio la bienvenida a cientos de miles de refugiados sirios en el país ante la guerra que ha durado más de siete años. Merkel, ya ha sido galardonada con el premio «Lámpara de la Paz» que otorga la Orden de San Francisco de Asís, después sobresalir en el trabajo de reconciliación y la convivencia pacífica entre los pueblos. Otros favoritos Denis Mukwege, un médico ginecólogo congoleño que ha hecho campaña contra la violencia sexual, es otro candidato al premio de la paz. Al igual que Raif Badawi, un blogger saudí encarcelado, que sigue tras las rejas por «insultar al Islam a través de las redes sociales» a pesar del intento del nuevo rey de Arabia Saudita de presentarse como una fuerza liberalizadora. La ACLU, la organización legal que ha estado a la vanguardia de desafiar las políticas de Trump, como la infame prohibición de viajar a EE.UU. o la separación de familias inmigrantes, también está en la carrera. Los corredores de apuestas también han dado buenas probabilidades al exlíder catalán Carles Puigdemont, quien huyó a Bélgica después de un fallido referéndum de independencia el año pasado. Jeremy Corbyn y Theresa May están empatados en Ladbrokes con probabilidades de 100-1.
05-10-2018 | Fuente: elpais.com
MeToo año 1: cómo las mujeres perdieron el miedo
El gran cambio social en torno al abuso sexual amenaza la propia mayoría republicana de Donald Trump
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