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Noticias de discriminacion

09-06-2020 | Fuente: abc.es
Johnson asegura que el Reino Unido «no es racista» y advierte que no tolerará las protestas violentas
El pasado fin de semana estuvo marcado en el Reino Unido por las protestas contra el racismo y como homenaje a George Floyd, el ciudadano afroamericano asesinado en Estados Unidos el pasado 25 de mayo. Miles de personas llenaron las calles de varias ciudades bajo el llamado del Black Lives Matter pese a las restricciones vigentes para evitar la propagación del coronavirus, y aunque todo transcurrió en general de forma pacífica, también se produjeron algunos disturbios y varias estatuas fueron vandalizadas, como la del ex primer ministro, Winston Churchill, en Londres, y la del comerciante de esclavos Edward Colston en Bristol. En un vídeo colgado en su cuenta de Twitter el lunes por la noche, el primer ministro Boris Johnson manifestó que «en este país y en todo el mundo, sus últimas palabras, ?no puedo respirar?, han despertado un enojo y un sentimiento de injusticia generalizado, incontrovertible e innegable, un sentimiento de que las personas de grupos étnicos negros y minoritarios enfrentan discriminación: en la educación, en el empleo, en la aplicación de la ley penal», señaló, y añadió que «los que lideramos y gobernamos simplemente no podemos ignorar esos sentimientos porque, en demasiados casos, me temo, están basados en la fría realidad». Sin embargo, llamó a la población a Jtrabajar pacíficamente, legalmente, para derrotar el racismo» y advirtió que «toda la fuerza de la ley» caerá sobre «los violentos». Cerca de 40 policías resultaron heridos en la capital británica y 135 personas fueron detenidas en todo el Reino Unido durante las protestas. Riesgo de nuevos contagios «No apoyaré a aquellos que ignoran las reglas sobre el distanciamiento social, por la obvia razón de que corremos el riesgo de una nueva infección en un momento crítico, justo cuando hemos hecho un gran progreso», aseveró, y añadió que «debo decir claramente que quienes atacan la propiedad pública o a la policía, o que hieren a los agentes de policía que intentan mantenernos a salvo? Esas personas enfrentarán toda la fuerza de la ley, no solo por el daño que causan, sino también por el daño que están causando a la causa que dicen representar». En declaraciones a ITV, el alcalde de Bristol, Marvin Rees, el primer alcalde negro elegido directamente en el Reino Unido, dijo que la estatua en el centro de Bristol fue una «afrenta personal» para él mientras crecía en la ciudad, pero explicó que «no puede tolerar el daño». «No lo tolero, pero hay que entenderlo, y hay una diferencia sutil pero significativa entre entender y tolerar, y eso es algo que el gobierno nacional haría bien en tener en cuenta», manifestó. Un portavoz de Downing street explicó el lunes que Johnson no cree que Gran Bretaña sea un país racista. «El primer ministro no duda de que sigue habiendo discriminación y racismo, pero no está de acuerdo en que este sea un país racista», detalló, y agregó que «hemos logrado un progreso muy significativo en este tema, pero aún queda mucho por hacer y no seremos complacientes en nuestros esfuerzos para erradicar el racismo y la discriminación».
09-06-2020 | Fuente: abc.es
Los socialdemócratas alemanes quieren investigar el racismo en la policía germana
El pasado fin de semana, ignorando la distancia social, 15.000 manifestantes se concentraron en Berlín Alexanderplatz para sumarse a las protestas estadounidenses. Aprovechando el evidente interés de la opinión pública alemana, la líder del Partido Socialdemócrata (SPD) Saskia Esken se pronunció ayer a favor de investigar también el racismo y la violencia policial en la policía germana. Una «investigación independiente» debería analizar las «denuncias existentes» sobre violencia policial, dijo al grupo de medios de comunicación Funke, que justificó la medida en la «desconfianza de una parte de la población al proceder policial». «No investigar», advirtió, «implicaría dejar crecer la impresión de que se da más valor al cuerpo policial que a los derechos de los ciudadanos». El SPD se suma así a la iniciativa del gobierno regional de la ciudad-estado de Berlín, gobernada por una coalición que forman el SPD y el partido de izquierda radical Die Linke, que reúne a una vieja escisión de los socialdemócratas y a los excomunistas de la RDA que se reciclaron a la democracia tras la caída del Muro de Berlín. El pasado 5 de junio, ya en plena movilización en EE.UU. por la muerte de George Floyd, el Senado de Berlín aprobó una ley que establece que los 3,8 millones de habitantes de la capital alemana no podrán ser objeto de discriminación por parte de los agentes públicos debido a su sexo, origen étnico, religión, convicciones políticas, discapacidad, edad, identidad sexual o estatus social. La igualdad de trato en todos estos supuestos estaba ya ampliamente garantizada por las leyes alemanas, pero esta normativa introduce un controvertido punto: los policías tendrán que probar su inocencia. En caso de acusación, los agentes deberán poder probar que no son culpables de haber incurrido en ningún trato discriminatorio, mientras que hasta ahora era la presunta víctima la que debía demostrar que fue injustamente indiscriminada. En caso de que las pruebas a favor de los agentes de la ley no sean suficientes, el Senado establece indemnizaciones mínimas de entre 300 y 1.000 euros, que aumentan en caso de daños. Otra novedad es que los colectivos y asociaciones podrán emprender acciones en nombre de las víctimas, por lo que un vídeo en internet, por ejemplo, puede dar lugar a un proceso sin intervenir siquiera la persona involucrada. El ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, reconoció en Twitter: «en Alemania viven 30.000 ultraderechistas, hay ataques racistas, los negros sufren discriminación, se arranca la kippa de la cabeza a los judíos. Tenemos que mirar lo que ocurre en nuestra propia casa. El racismo no solo mata en EE.UU».
06-06-2020 | Fuente: abc.es
Racismo, la lacra que pervive en «la tierra de los libres»
«I can?t breathe». «No puedo respirar». Es un grito que se ha repetido en las calles de Estados Unidos en las últimas dos semanas. Fue la súplica de George Floyd, un hombre negro, al policía Derek Chauvin, que le apretó con la rodilla contra el cuello durante casi nueve minutos, con la víctima esposada, tumbada contra el suelo y sujeta por otros dos agentes. En Mineápolis, a plena luz del día. El vídeo que grabó la escena conmovió a EE.UU. El paso de los minutos mientras Floyd se asfixia, con los viandantes rogando al agente que lo suelten, la imagen de la víctima desvanecida sin que el policía deje de apretar, componen un retrato de impunidad policial en los abusos hacia la minoría negra. Pero «No puedo respirar» fue un grito en las protestas contra la discriminación racial de la policía antes de que muriera Floyd. Salió varias veces de la boca de Eric Garner, otro hombre negro, ahogado por un policía en Staten Island, en Nueva York, tras ser detenido por vender cigarrillos en la calle. Los de Garner y Floyd son algunos de los nombres que se repiten como una letanía en las manifestaciones de estos días. Como los de Trayvon Martin, Michael Brown, Tamir Rice, Philando Castile, Amadou Diallo? Son negros desarmados que mueren en encuentros con la policía. Son tragedias de las últimas dos décadas. Causan escándalo, levantan manifestaciones y protestas, producen promesas de reforma que se diluyen hasta la próxima tragedia. Eric Garner murió a manos de la Policía en Staten Island (Nueva York) en 2014 - ABC Con cada ciclo, emerge la discriminación en el tratamiento policial a la minoría negra que, a su vez, es para algunos solo la pieza más llamativa del puzle del racismo estructural de EE.UU. La muerte de Floyd ha vuelto a destapar esa brecha y recupera una pregunta existencial a la que en EE.UU. se responde, casi siempre, mirando a otro lado: por qué en la democracia más longeva del mundo, en «the land of the free» ?la tierra de los libres que recuerda su himno nacional?, pervive con obstinación la desigualdad racial. «Va a ser necesario que este país se siente y tenga una conversación honesta sobre su pasado, sobre quién debe rendir cuentas y sobre cómo ir hacia delante», aseguraba a este periódico Gifted, uno de los miles de manifestantes que marchaban por las calles de Brooklyn. «Es una conversación profunda y que va a ser incómoda». Lucha inacabada «Nunca podremos estar satisfechos mientras los negros sean víctimas de horrores inexplicables por la brutalidad policial». Es una frase que podría servir para reaccionar ante la muerte de Floyd. Pero es de 1963. Forma parte de «I have a dream» ?«Tengo un sueño»? el célebre discurso de Martin Luther King, el gran líder del movimiento de los derechos civiles en los 60. Su vigencia más de medio siglo después muestra que el racismo no acabó con la consecución de derechos civiles y la igualdad legal. «Mucha gente aprendió lo que es el racismo con el movimiento de los derechos civiles de aquella época», explica por teléfono Carlton Waterhouse, profesor de Derecho de Howard University, una de las universidades negras históricas. «Si se define el racismo por las actuaciones de Bull Connor [el comisario de seguridad pública de Alabama que fue uno de los opositores acérrimos a la igualdad legal) o el Ku Klux Klan, es un concepto muy limitado». «Creímos que el viaje se había acabado en 1968», se escuchaba a otro manifestante, en un discurso improvisado, en otra protesta en Brooklyn, en referencia al año en que se aprobó el segundo gran paquete de leyes de derechos civiles para la igualdad racial. «Y aquí seguimos». Para el profesor Waterhouse, que ultima un libro sobre el papel del Tribunal Supremo, el problema es que «el racismo estructural nunca ha formado parte del discurso general sobre políticas en EE.UU. Las leyes sobre derechos civiles se diseñaron para enfrentar comportamientos individuales que se consideraban inapropiados». Desde impedir que un negro bebiera en la misma fuente que un blanco a poder manifestarse. «Pero eso no acababa la cuestión completa de la población afroamericana. No trataba el abuso policial, la discriminación inmobiliaria, la desigualdad educativa o la situación laboral, que han permanecido como una norma social. La discriminación racial y la supremacía blanca se convirtieron en la forma en la que EE.UU. existe». Martin Luther King, en el Lincoln Memorial tras la Marcha a Washington de 1963 - AFP «No es verdad que no haya habido progresos desde la década de 1960», asegura desde Harlem Frank Guridy, historiador de la Universidad de Columbia. «Pero conseguir la libertad ha sido una lucha constante para la población afroamericana. El movimiento de los derechos civiles consiguió cambios radicales, pero fue una revolución que no se terminó». Esa lucha inacabada tiene más de cuatro siglos. En 1619 llegó a las costas de Virginia el «White Lion», el primer barco con esclavos, robados a una flota portuguesa que iba camino de Veracruz. La cuestión racial dividió al país desde la redacción de su Constitución en 1787, lo llevó a una guerra civil, provocó matanzas y linchamientos masivos a comienzos del siglo XX y lo agitó en la década de 1960 para conseguir la ansiada equiparación legal. Para buena parte del país, en especial la que no vive de cerca la experiencia de ser negro en EE.UU., tanto republicanos como demócratas, el racismo acabó con las conquistas de King. Que los negros sufran mayor índice de pobreza, que les cueste más conseguir un crédito del banco, que tarden más en encontrar un apartamento en un barrio donde no son mayoría, que sus colegios estén peor financiados, que estén sobrerrepresentados en las cárceles, que tengan peor acceso a la sanidad, que la mortalidad infantil sea mucho mayor o que el coronavirus se haya cebado con ellos mucho más que con los blancos es un problema socioeconómico que no tiene que ver con la raza. Imagen del vídeo en el que se ve a un agonizante George Floyd bajo la rodilla del agente Derek Chauvin en Mineápolis - AFP «Los abusos de la Policía prueban que el racismo es independiente del nivel socioeconómico», defiende Waterhouse. «No saben el dinero que tienes. Te matan porque te ven como una amenaza. O te denuncian», añade en referencia a un episodio reciente, en el que una mujer blanca llamó a la Policía asegurando que un hombre negro la atacaba en Central Park, en Nueva York. El hombre, un aficionado a la observación de pájaros de clase media-alta que grabó todo en vídeo, solo le había dicho que no estaba permitido tener a su perro suelto. El documento arrojó luz sobre la predisposición a denunciar a los negros por verlos como una amenaza. «Momento sin precedentes» «La gente está cansada», dice Guridy sobre la brecha que EE.UU. es incapaz de cerrar y sobre el volumen de protestas ?desconocidas desde la década de 1960? tras la muerte de Floyd. «Es un momento sin precedentes. La cuestión es ver si esa energía se concretará en cambios significativos». «EE.UU. necesita un proceso de reconciliación, que mire también a la cuestión de las reparaciones. No se necesita solo reforma policial, es necesaria una reforma social, arrancar de raíz las desigualdades», defiende Waterhouse. Para ello, debe «aprender» qué es racismo. En las protestas de estos días, muchos jóvenes blancos aseguran que quieren escuchar, aprender. Es una enseñanza vieja de James Baldwin, el escritor y activista negro: «No todo lo que se enfrenta se puede cambiar; pero nada se puede cambiar hasta que se enfrenta».
06-06-2020 | Fuente: elpais.com
Diez libros para entender las protestas en EE UU por la muerte de George Floyd
Desde Martin Luther King y Malcom X a Toni Morrison o Chimamanda Ngozi Adichie, activistas y escritores han tratado la discriminación racial en sus libros
04-06-2020 | Fuente: as.com
Ronaldo se moja contra el racismo en Instagram
El presidente del Real Valladolid en su papel de Leyenda de la FIFA ha colgado un mensaje en contra del racismo y la discriminación con más de 200.000 visitas en dos horas.
03-06-2020 | Fuente: as.com
El Cádiz se une contra el racismo
Los jugadores cadistas, cuerpo técnico y presidente posaron en las gradas del estadio Ramón de Carranza para posicionarse en contra de las discriminaciones raciales.
03-06-2020 | Fuente: abc.es
Los 21 segundos de silencio de Trudeau antes de responder a una pregunta sobre Trump
El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, necesitó 21 segundos de silencio antes de responder a una pregunta sobre sus pensamientos ante la amenaza del presidente estadounidense, Donald Trump, de utilizar al Ejército contra las protestas que se desarrollan en EE.UU. Durante esos 21 segundos, retransmitidos en directo por las principales cadenas de televisión del país, Trudeau intentó en varias ocasiones responder a la cuestión, en varios momentos con la mandíbula desencajada, hasta que finalmente y mirando fijamente a la cámara expresó su «horror y estupefacción». «Todos miramos en horror y estupefacción lo que está pasando en Estados Unidos. Es un momento para unificar a la gente, pero es un momento para escuchar, para aprender que la injusticia continúa, a pesar de los avances en los últimos años y décadas», respondió Trudeau. El vídeo se ha viralizado en todo el mundo, con miles de reproducciones.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">WATCH: Canadian PM Trudeau takes a long pause when asked about President Trump&#39;s response to protests in America over George Floyd&#39;s death. <a href="https://t.co/za2986H6VN">pic.twitter.com/za2986H6VN</a></p>&mdash; NBC News (@NBCNews) <a href="https://twitter.com/NBCNews/status/1267905235953074177?ref_src=twsrc%5Etfw">June 2, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> «Y es un momento para que los canadienses reconozcamos que nosotros también tenemos problemas. Que los canadienses negros, que los canadienses de minorías se enfrentan cada día a discriminación. Hay una discriminación sistémica en Canadá», añadió el primer ministro canadiense. Cuando el periodista insistió en que sus palabras no respondían a la pregunta sobre las acciones de Trump, Trudeau señaló que su labor es proteger a los canadienses. Desde la llegada al poder de Trump, Trudeau ha intentado no inmiscuirse en la política de EE.UU. A pesar de ello, los dos dirigentes han tenido encontronazos , como al final de la Cumbre del G7 celebrada en 2018 en Canadá, que Trump abandonó abruptamente después de que Trudeau criticase la decisión de Washington de aducir razones de seguridad nacional para imponer tarifas al acero y aluminio canadiense. A finales de 2019, un vídeo mostraba a Boris Johnson, Emmanuel Macron y Justin Trudeau bromeando sobre Donald Trump en el inicio de la cumbre de la OTAN. El presidente estadounidense llamó «falso» al dirigente canadiense. «Bueno, creo que es hipócrita», dijo Trump.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
China busca refugio en sus aliados de África tras el Covid-19
La crisis del coronavirus ha generado crecientes enfrentamientos entre China, origen de la pandemia, y Occidente por la gestión del brote y la falta de transparencia del gobierno de Pekín. Esto ha provocado que el gigante asiático se refugie en sus aliados de África, cuyos líderes no han criticado abiertamente a Pekín pero sí han firmado la resolución de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que haya una investigación independiente. A principios de esta semana, el líder chino Xi Jinping utilizó su discurso de apertura en la Asamblea Mundial de la Salud para hacer hincapié en la preservación de los lazos diplomáticos con África y prometió aportar 2.000 millones de dólares a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en los próximos dos años para ayudar a las economías en desarrollo. También prometió que la vacuna llegará a África en cuanto la encuentren. El gigante asiático ha realizado en los últimos dos meses generosas donaciones para tratar de contener la propagación del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 y la enfermedad que provoca Covid-19 por todo el mundo. África ha sido de las regiones más beneficiados. «China está utilizando la actual crisis como una oportunidad para apuntalar su papel de liderazgo global y su poder blando, compartiendo sus experiencias en la lucha contra el Covid-19 y a través de sus donaciones de equipos médicos, por ejemplo, a través de la fundación Ma», explica a ABC la doctora Leaza Jernberg, doctorada en Relaciones Internacionales por la Universidad de Witwatersrand. Un revés reciente La analista política sudafricana Sithembile Mbete destaca la «generosidad» del país asiático con África a raíz de la llegada del coronavirus: «China ha proporcionado mucha más ayuda al continente que Occidente hasta el momento, con alguna excepción en territorios concretos como Sudáfrica que, además, ha recibido la ayuda de los alemanes; o Nigeria, que ha tenido el apoyo de los Estados Unidos». La intervención de Donald Trump señalando a la OMS como «culpable» de la crisis por apoyar a China, a quien acusa, entre otras cosas, de esconder la gravedad de la epidemia, ha hecho que China encuentre su mejor apoyo en el continente africano. «África apoya al director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, oriundo de Etiopía, y China se beneficiará de esa protección», destaca Mbete. Los lazos diplomáticos de China con las naciones africanas se remontan a mediados del siglo XX, cuando Pekín se acercó a nuevos países independientes al tratar de posicionarse como líder mundial en desarrollo y contrarrestar la influencia de Estados Unidos y la URSS durante la era de la Guerra Fría. Recientemente, esta relación ha sufrido un pequeño revés. A finales de abril, se produjeron graves episodios de discriminación contra africanos en algunas ciudades chinas que despertaron tensiones diplomáticas entre el gigante asiático y diversos países africanos. «Los actos discriminatorios contra los africanos en Guangzhou han afectado a la imagen de China en África, especialmente para los nigerianos y los africanos de países más occidentales», explica a ABC la analista política Sithembile Mbete, quien destaca los esfuerzos de China para revertir la situación en las últimas semanas. A pesar de que el racismo y la desconfianza ha tenido inevitablemente consecuencias negativas para la relación entre ambos, las dos partes se necesitan en sus relaciones comerciales. No es un secreto que los intereses de China pasan por las materias primas africanas y sus recursos agrícolas. Para la potencia asiática, hoy África es un aliado importante para materializar sus ambiciones geoestratégicas y su agenda política exterior; mientras que para el continente africano el gigante asiático se ha convertido en un socio vital para su desarrollo. Por delante de todos En los últimos años China ha desbancado a las antiguas potencias coloniales y a Estados Unidos como principal socio comercial de los países africanos. Su desembarco en África se ha traducido en una nutrida cantidad de inversiones y préstamos que contribuyen a la realización de importantes proyectos en el continente. «China ha sido un mejor socio para los gobiernos africanos que Occidente, invirtiendo en aquello que los africanos necesitan, como en infraestructuras», explica Mbete. Según la experta sudafricana, África y China han acercado posturas y buscan una relación más igualitaria. «En los últimos veinte años, el trato de China ha sido diferente con respecto a otras potencias mundiales en cuanto su cooperación con África, que se ha basado en ayudas puntuales pero sobre todo en el comercio y la inversión, sin el tipo de condicionalidad que tradicionalmente ha venido asociada con los países e instituciones occidentales», explica Mbete, quien no cree que África y China tengan una relación neocolonialista.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
La pandemia golpea los centros para ilegales en California
Una ola de contagios por coronavirus se expande por los centros de detención de inmigrantes de Estados Unidos, donde cientos de extranjeros indocumentados enferman mientras esperan resolver su situación legal. Más de 1.200 detenidos han dado positivo por Covid-19 estando bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, lo que representa el 50% de los 2.394 que han sido testeados por sospecha de Covid-19. EE.UU. alberga en sus prisiones cerca 26.000 indocumentados, pero sólo un 10% ha sido testeado. El centro de inmigrantes con más contagiados es el de Otay Mesa, una comunidad al sur de San Diego que hace frontera con la ciudad mexicana de Tijuana. A finales de mayo había 233 detenidos infectados, además de 29 empleados de CoreCivic, la empresa privada que administra el centro. Asimismo, Otay Mesa fue donde falleció el primer inmigrante infectado por Covid-19 bajo custodia del gobierno federal. Se trataba de Carlos Ernesto Escobar Mejía, un salvadoreño de 58 años que intentó entrar en EE.UU. para reunirse con sus familiares. «No han dado máscara a todos los detenidos, tampoco cumplen los requisitos de distancia mínima y no proveen la asistencia sanitaria necesaria», dice Enrique Morones, director de Gente Unida, una ONG ubicada en San Diego. Muchos de los detenidos de Otay Mesa son refugiados o solicitantes de asilo que están en prisión a la espera de que llegue su cita judicial. Sin embargo, la crisis sanitaria ha ralentizado los procesos judiciales en Estados Unidos, lo que provoca que miles de peticiones de asilo se acumulen en los juzgados. Esta situación hace que los inmigrantes tengan que pasar más tiempo encerrados en unos centros donde el coronavirus se expande como un incendio en la sequía. «Una demora en el proceso judicial es ya una condena, porque están continuamente expuestos al virus», comenta Morones a ABC. «Aquí en Otay Mesa hay muchos que están ya enfermos. Nadie viene a explicarnos lo que está pasando allá afuera en el mundo. Tenemos mala alimentación. No somos animales», dicen algunos de los inmigrantes de este centro de detención en una serie de audios divulgados en abril por Pueblos Sin Fronteras, una ONG enfocada en la defensa de los derechos humanos. Organizaciones no gubernamentales como Pueblos Sin Fronteras y el Comité de Amigos Americanos han pedido al gobernador de California que investigue la situación y haga responsable a CoreCivic de los posibles daños de salud que puedan sufrir los inmigrantes. Menores de edad Muchos de los detenidos son menores de edad que intentan adentrase en Estados Unidos sin compañía de sus padres, asegura Morones. «Van al norte para escapar de la violencia, pero luego las autoridades los regresan a sus países donde vuelven a ser víctimas de las bandas criminales», dice el activista. Al menos 1.000 niños migrantes no acompañados han sido devueltos a sus países desde EE.UU. a México y Centroamérica desde inicios de marzo, según Unicef. «Unicef alerta de que se están perpetrando actos de violencia y discriminación contra los repatriados, a los que se percibe como infectados por la enfermedad», señaló la organización en un comunicado. Según Unicef, que forma parte de Naciones Unidas, hay zonas de Honduras y Guatemala donde se prohíbe la entrada a los deportados para tratar de frenar la expansión de la enfermedad. Antes de la pandemia, se calculaba que unas 500.000 personas cada año salían de Centroamérica rumbo al norte. La razón principal por la que las personas emigran de El Salvador, Honduras y Guatemala son sus altos niveles de violencia, que se encuentran entre los más elevados del mundo. EE.UU. es el país con la población carcelaria más grande del mundo. Al menos 29.251 presos han dado positivo por Covid-19, es decir, aproximadamente un 1,4% de las 2,2 millones de personas encarceladas en las prisiones estadounidenses. Hasta el momento, 1,7 millones de personas en EE.UU. han contraído la enfermedad, mientras que alrededor de 104.500 han fallecido.
29-05-2020 | Fuente: abc.es
El régimen de Maduro tacha de «armas biológicas» a los emigrantes retornados y les amenaza con la cárcel
El retorno de miles de refugiados a Venezuela por el coronavirus y la expulsión de la que han sido víctimas en los países de acogida tiene un sabor amargo, debido a la discriminación y al cruel trato inhumano con que son recibidos por el régimen chavista. Linda García, de 27 años, se sienta en el suelo frío de un albergue en San Cristóbal, capital del fronterizo estado Táchira, a esperar que se termine el confinamiento de 15 días al que fue sometida junto a otras 600 personas más. «No me esperaba encontrar este infierno aquí en mi propia tierra y mucho menos ser humillada como portadora de un arma biológica llamada coronavirus», escribe a ABC en su teléfono móvil. El aislamiento físico en los albergues sin contacto con el exterior no impide la comunicación telefónica discreta con sus familiares y clandestina con los medios de comunicación. A más de 50.000 emigrantes venezolanos registrados que han retornado a su país en las últimas semanas el régimen de Nicolás Maduro les ha prohibido, entre otras cosas, denunciar a la prensa su situación. La joven García, natural de Maracaibo, estado Zulia, peluquera profesional, se fue a Pamplona, en el departamento colombiano de Norte de Santander, siguiendo a su marido porque tenía trabajo en una construcción hace año y medio. Pero por la pandemia y la falta de dinero fueron expulsados de su vivienda. Ella y su pareja no presentan síntomas del virus, pero de todas formas tienen que guardar la cuarentena. En Maracaibo, la capital petrolera del país venida a menos por la destrucción de su principal industria nacional, Linda García dejó a sus dos hijos pequeños con la abuela a los que espera ver tan pronto termine el encierre en el refugio tachirense. Lo que no esperaba es que el secretario de la gobernación del Zulia, Lisandro Cabello, fuera el primero en aplicar el «apartheid» impuesto por Nicolás Maduro sobre los retornados: «Toda persona que viole el sistema migratorio e ingrese en el país será considerada arma biológica y encarcelada». Así mismo señaló que «hay una operación para contaminar a Venezuela desde Colombia». Maduro acusó este miércoles al presidente de Colombia, Iván Duque, de estar tras un plan para infectar con Covid-19 a los venezolanos que están regresando desde ese país. Asegura que los colombianos han contagiado de manera intencionada a los venezolanos que regresan. «No me esperaba encontrar este infierno aquí en mi propia tierra», afirma Linda García, una joven peluquera de Maracaibo que regresa desde Colombia La cifra de casos de contagiados escaló a 1.327 personas con solo once fallecidos. La diáspora también subió a cinco millones de emigrantes, de los cuales ha retornado menos del 1%, la mayoría de venezolanos trabajadores que han perdido su empleo y vivienda por la crisis económica causada por la pandemia, por lo que se han visto forzados a volver a su país. «De un momento a otro los montaron en vehículos, autobuses, les dieron bolsitas con pancitos. Ellos dicen que estaban sanos en las ciudades de Cali y Medellín, que no habían tenido contacto con contagiados y presumen que los contaminaron en los autobuses», dice Maduro. «Yo le digo esto al pueblo para que vean la maldad a la que nos enfrentamos. Los infectaron, por eso declaré la emergencia sanitaria en los pasos fronterizos». Según el diputado Carlos Valero, «queremos rechazar enérgicamente las irresponsables declaraciones de Nicolás Maduro, quien ha dicho que nuestros hermanos que han regresado al país por efecto de la pandemia, son una especie de arma biológica de gobiernos extranjeros. Culpar a personas que están atravesando una enfermedad de ser armas biológicas y de propagar un virus, es inhumano. Buscan criminalizar a los migrantes venezolanos y evadir la responsabilidad del régimen en el tratamiento de la pandemia». Desde Chile, Colombia, Bolivia, Ecuador y Perú, la mayoría de los emigrantes hacen largos recorridos a pie para volver a sus hogares pero se encuentran en el Puente Internacional Simón Bolívar en Ureña, Táchira, con un tapón o embudo en donde quedan represados, esperando con sus maletas a la intemperie para poder cruzar la frontera y llegar a su destino. Las autoridades sanitarias y migratorias del Táchira los dejan volver a cuentagotas, previamente los registran y desinfectan, les hacen pruebas PCR y los confinan en refugios como instituciones, centros educativos y hoteles. «Nos dan comida podrida para gusanos» En los refugios nacionales los emigrantes comienzan a vivir otro calvario. Linda García se queja de que no hay colchonetas para dormir, ni baños, ni agua, ni luz, ni telefonía, ni internet, ni comida ni atención médica. «Nos han dado comida podrida con gusanos», dijo. Javier Tarazona, director de la ONG Fundaredes, dijo a ABC que etiquetar a los emigrantes como arma biológica es una irresponsabilidad del régimen de Maduro. «El trato que se les da a los retornados en los albergues es cruel e inhumano. Los someten a condiciones de indigentes». El padre Baltazar Porras denunció en las redes sociales que en los refugios del Táchira se ofrece comida descompuesta a los migrantes al llamar a los tachirenses a llevar alimentos a los necesitados. Otro caso de intoxicación por comida descompuesta ocurrió con los retornados en Barquisimeto, estado Lara. José Pastor Ortíz denunció a la prensa regional que su bebé de 1 año murió por deshidratación en el hospital pediátrico Dr. Agustín Zubillaga el 8 de mayo. «Nosotros nos venimos de Bogotá el 29 de abril y ya el 30 estábamos en Guasdualito, estado Apure. Allí fuimos encerrados en una escuela durante ocho días. Aunque la comida era poca, el personal encargado tenía la posibilidad de comprar comida cruda, que cocinábamos con leña», contó Ortiz. Pero en Barquisimeto la familia Ortiz fue confinada en la Villa Bolivariana de la gobernación de Lara, donde estuvieron encerrados encerrados más de ocho días. «Anoche nos dieron arepas (tortillas de maíz) con mortadela descompuesta. Nosotros no la comimos toda pero mi hijo que es un glotón se la comió toda. Todo el grupo de 12 personas se intoxicó y tuvo que ser hospitalizado pero mi hijo murió porque no aguantó la espera por el médico», dijo entre lágrimas José Ortiz. Rocío San Miguel, directora de la ONG Control Ciudadano también deplora que un arma biológica alienta la discriminación, la vejación y la exclusión en contra de los retornados. «Una acusación tan grave, obliga a Maduro, quien debe llevar las pruebas al Sistema de Naciones Unidas, de acuerdo a la Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y tóxicas y sobre su destrucción».