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Noticias de dictadura argentina

09-07-2019 | Fuente: abc.es
El expresidente argentino Fernando De la Rúa, ingresado en estado «muy delicado»
El expresidente de Argentina Fernando de la Rúa (1999-2001), de 81 años, fue hospitalizado y se encuentra «en estado muy delicado», según allegados al político, quien este año ya había sido internado de gravedad por problemas cardiorrespiratorios. De la Rúa, que en diciembre de 2001 se vio forzado a dimitir como presidente durante la peor crisis económica, política y social de la historia contemporánea de Argentina, está alojado en el instituto Fleni de la localidad bonaerense de Escobar, según dijeron familiares del exmandatario a la agencia estatal de noticias Télam. El expresidente fue ya internado a comienzos de enero pasado en el Hospital Universitario Austral de Pilar por una infección respiratoria que agravó dolencias cardiovasculares previas, lo que obligó a practicarle una angioplastia coronaria y permanecer en el área de cuidados críticos. También fue sometido a una traqueotomía para facilitar la tarea de desvincularlo de la asistencia ventilatoria mecánica. Casi un mes después fue dado de alta y derivado al Fleni, un centro de tratamiento y rehabilitación de patologías neurológicas. En mayo trascendió que debió ser hospitalizado de nuevo por problemas renales. Los problemas cardiacos del exmandatario vienen de lejos, ya que en 2018 fue sometido a una angioplastia tras un infarto de miocardio y en 2014 a otra por obstrucciones arteriales. En 2016 fue operado de un pólipo en la vejiga con resultado favorable y su historial registra también problemas pulmonares. De la Rúa nació en Córdoba el 15 de septiembre de 1937 y a los 21 años se licenció en Derecho. Vinculado a la Unión Cívica Radical (UCR) y tras asumir el cargo de senador en 1973, De la Rúa fue candidato ese año a la vicepresidencia de la República, formando tándem con Ricardo Balbín, quién había ganado a Raúl Alfonsín en las elecciones internas de los radicales, pero fue derrotado por Juan Domingo Perón. Legislador hasta 1976, cuando los militares dieron el golpe de Estado que desencadenó la última dictadura argentina, que se extendió hasta 1983, De La Rúa desarrolló ya de nuevo en democracia una intensa carrera política como diputado, senador y alcalde de Buenos Aires. Su carrera llegó a lo más alto el 10 de diciembre de 1999, al ser elegido presidente del país y sucedió al peronista Carlos Menem (1989-1999) para un mandato de cuatro años. Sin embargo, a finales de 2001, en medio de la grave crisis en la que estaba sumergido el país, el «corralito bancario» y trágicas revueltas en las calles, De la Rúa acabó renunciando y abandonando la Casa de Gobierno en helicóptero, una imagen que dio la vuelta al mundo.
10-06-2019 | Fuente: abc.es
Hacía tiempo que palabras como autoamnistía no se pronunciaban. El término se hizo fuerte, en los años 80, con esa especia de indulto previo que se dio a sí misma la última dictadura argentina (1976-83). La cuarta Junta Militar que presidió el general Reynaldo Bignone, creyó que el pasado no tendría futuro con un perdón general a todos los que participaron de aquel plan sistemático de secuestros, torturas y asesinatos de miles de personas que, en su mayoría, se convirtieron en detenidos desaparecidos. El expresidente de la transición, Raúl Alfonsin, les demostraría que estaban equivocados al sentarlos en el banquillo de los acusados en el histórico juicio a las Juntas (1985). Ahora, parecería que el régimen de Daniel Ortega, versión Centroamérica de «Yo, el Supremo», se quiere también perdonar para evitar un futuro entre rejas. La ruta de la impunidad elegida por un Gobierno, convertido en banda criminal, es un proyecto de ley que, salvo error de memoria, no tiene precedente en la historia universal. En su primer artículo libera de toda culpa judicial a, «las personas que han participado en los sucesos acaecidos en todo el territorio nacional a partir del 18 de abril de 2018». Dicho de otro modo, a los policías, militares, paramilitares y mercenarios responsables de las masacres del mes de abril del pasado año que dejaron no menos de 325 muertos, decenas de desaparecidos, sesenta mil exiliados y cientos de presos políticos (de verdad) que sufren todo tipo de suplicios físicos y psicológicos. No satisfecho con esto Ortega y Rosario Murillo, dueños del circo negro en el que se ha convertido Nicaragua, se ocuparon de que la Asamblea Nacional incorporara el párrafo más insólito que una pudiera imaginar y es la «amplia amnistía» a aquellos «que no han sido investigados, que se encuentran en procesos de investigación o en procesos penales y en cumplimiento de ejecución de sentencias». Es decir, que se da carpetazo a las investigaciones en curso, que se prohíbe que haya otras y que los procesos judiciales y sus sentencias sobre «los hechos acaecidos» desde abril del año pasado (incluidas los delitos comunes de robo etc) son ya papel mojado y los culpables trasformados en inocentes. El expresidente Carlos Menem, borró con la mano del indulto las sentencias del Tribunal (hasta de cadena perpetua) a los gerifaltes de la dictadura. La condena social les persiguió años pero hasta Rafael Videla volvió -y murió en prisión - tras anularse aquellos indultos. Daniel Ortega y Rosario Murillo podrán triunfar con su «autoamnistía» pero los delitos de lesa humanidad y así están tificados los del régimen nicaragüense, no prescriben. Más tarde o más temprano, ese siniestro matrimonio terminará dando cuentas a la justicia y como Videla, pasará sus últimos días en una celda. Su única aliada, previa a esa escena, sólo podrá ser la muerte y eso, no se desea ni al peor enemigo.
09-06-2019 | Fuente: elpais.com
La niña que sobrevivió a las torturas de la dictadura argentina
En 1977, los militares que asesinaron a la madre de Marcela Quiroga la capturaron para usarla como fuente de información
25-05-2019 | Fuente: elpais.com
?Tucumantes?: relatos contra el silencio impuesto por la dictadura argentina
La periodista Sibila Camps narra la represión en la provincia de Tucumán a partir de un ex guerrillero que robó y escondió documentos de los militares
03-04-2019 | Fuente: elpais.com
Voces recuperadas de la dictadura argentina
Familiares y allegados de víctimas del régimen militar narran en primera persona las últimas horas con vida de sus seres queridos
29-03-2019 | Fuente: elpais.com
Los manuscritos que traspasaron los muros de las prisiones de la dictadura argentina
La autora, ex presa política, recupera 42 años después un texto minúsculo redactado por las detenidas con detalles del terrorismo de Estado
18-02-2019 | Fuente: abc.es
Hay herencias envenenadas, otras que cambian (para mejor) el destino de las personas y aquellas que, hagas lo que hagas, no puedes desprenderte de ellas. La genética, para bien o para mal, es una de estas. Los cinco hijos de Augusto Pinochet, con sus diferentes personalidades, la llevan grabada en el cuerpo. También los siete de Jorge Rafael Videla, incluido el fallecido Alejandro, que nació con un trastorno mental y estuvo al cuidado de Léonie Duquet, la monja francesa que la dictadura argentina (1976-83) de su padre hizo después desaparecer. Algo similar sucede con la descendencia del general José Efraín Ríos Montt, exembajador de Guatemala en España y dictador cruel, en especial con los indígenas, entre marzo de 1982 y agosto de 1983. Enrique, Homero y Zury Ríos conservan un parecido razonable con su padre pero es esta última la que, a diferencia del dictador, busca alcanzar el poder por los votos y no por las botas. Diputada en cuatro legislaturas, Zury, abogada con otros tantos matrimonios a cuestas, ha tenido que superar una carrera de obstáculos para poder presentarse a las elecciones presidenciales del próximo 16 de junio. El impedimento mayor que se le atravesó en el camino fue una ley que prohíbe a los familiares, (hasta el cuarto grado de consanguinidad), de golpistas y dictadores aspirar a la Jefatura del Estado. La única hija de Ríos Montt recurrió a la Corte Suprema y, una vez más (le pasó lo mismo en el 2015), los magistrados, de forma cautelar, le dieron la razón y la inscribieron con su compañero de «fórmula», Roberto Molina, en la carrera a la Presidencia bajo las siglas de su partido, Valor. Acisco Valladares, embajador de Guatemala en el Reino Unido, observó: «La bisnieta de Zury Ríos no podrá ser Presidenta si se sostiene la canallesca prohibición. Así, un ser humano que ni siquiera ha nacido y que nacerá, tal vez, en la segunda mitad de este siglo, vivirá con este estigma, condenado por acciones de su tatarabuelo». Lo dicho, hay herencias irrenunciables pero otras, como las que impone esa ley, convierten en papel mojado una verdad histórica: los hijos -y su descendencia-, no son responsables de los actos de sus padres.
25-10-2018 | Fuente: abc.es
Furia en el Congreso argentino para aprobar los presupuestos: dos diputados casi acaban a puñetazos
La escalada de violencia, dentro y fuera del Congreso argentino, se repite. En el hemiciclo, Daniel Filmus, exministro de Cultura de la viuda de Néstor Kirchner y Nicolás Massot, la joven promesa de Cambiemos, la coalición oficialista de Mauricio Macri, estuvieron a un paso de llegar a las manos. La oportuna intervención de otros diputados evitó una escena que prometía hacer la competencia a la última película de Sylvester Stallone. En simultáneo, en los alrededores del palacio legislativo, la turba protagonizaba horas de furia y arrasaba, -como en diciembre del año pasado durante la reforma de las pensiones-, con todo lo que encontraba a su paso. Trabucos caseros, pedruscos, pedazos de zócalos o cualquier elemento a su alcance le servía como arma arrojadiza. Se llaman a Massot y a Filmus para q no vayan a las manos. pic.twitter.com/kPZJzO7eVN? Jazmín (@jaz_bullorini) 24 de octubre de 2018El balance de los disturbios en la conocida como Plaza de los dos Congresos, se tradujo en una decena de agentes de seguridad trasladados al hospital y una veintena de manifestantes detenidos. De puertas adentro, en la Cámara Baja, donde, por cierto, se debatían en sesión eterna (cerca de 20 horas) los presupuestos 2019, el saldo fue una sobredosis de gritos, forcejeos, roces y fricciones con amagos de desenfundar los puños. Algunos diputados, como el kirchnerista Andrés, alias «el cuervo», Larroque alternaron el paso entre los manifestantes y el Congreso para mostrarse con restos de sangre en el rostro por «la represión» en el exterior. La secuencia, transmitida en directo por las cámaras de TV y diarios on line, vino acompañada de la invasión del espacio del presidente del Congreso, Emilio Monzó, por parte de varios legisladores empeñados en provocarle un dolor de oídos. Monzó terminaría ordenando un cuarto intermedio para que se calmaran unos ánimos más que caldeados. Daniel Filmus calificó posteriormente en un tuit la situación vivida. «Una vergüenza incompatible con la democracia. El diputado Massot le grita al diputado Moreau que s alga afuera del recinto para pelear». Massot, joven de 34 años que nació en democracia, había reaccionado a la acusación de Moreau de complicidad con la última dictadura argentina (1976-83). «Mi honor (y sobre todo el de mi familia) no tiene precio como el de Moreau, el mío tiene valor y es infinito. Siempre lo defenderé, de la forma que lo amerite. La hombría, al igual que la cobardía de Moreau, son ambas democráticas. Sólo diferentes», le respondió en otro tuit. Moreau, excandidato presidencial de la Unión Cívica Radical (UCR de Raúl Afonsín) se pasó en la recta final del «cristinismo» a las filas del kirchnerismo. Atento al acercamiento a su escaño de Massot, se hizo el distraído en su escaño después de acusarle mientras éste le desafiaba. En ese escenario intervino Filmus con gestos provocadores y estalló la secuencia descrita. Finalmente, la sangre entre los diputados no llegó al río pero el espectáculo quedó servido con escenas de violencia implícita que amenazó con ser explícita en varias ocasiones. En ese contexto y con los diputados de la oposición parapetados en sus escaños detrás de carteles con la leyenda, «No al presupuesto», (también hubo fotografías tamaño real de Christine Legrand que luego retiraron) la sesión que terminó, al menos en los números, con victoria para el Gobierno de Macri al lograr que los presupuestos fueran aprobados.
12-09-2018 | Fuente: abc.es
Bonafini, sangre, drama, violencia y negocios de una activista de las Madres de Plaza de Mayo
La historia de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo está atravesada por la tragedia de la última dictadura argentina (1976-83) y el drama del desprestigio, en democracia, causado por Hebe de Bonafini. El nacimiento de esta organización se produjo con un fin necesario y doloroso: encontrar a los hijos, o lo que quedase de estos, secuestrados por un régimen que, en apenas siete años, borró de la faz de la tierra a miles de argentinos, en buena medida guerrilleros o vinculados a algunas de las organizaciones armadas de los años 70. El régimen militar renunció a la justicia, eligió el terrorismo de Estado para gobernar y se negó a entregar los cadáveres o facilitar el destino de los desaparecidos en algunos de los campos de exterminio que identifico posteriormente la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas (CONADEP). Las «madres» reclamaron por sus seres queridos y muchas de ellas, como su fundadora, Azuzena Villaflor, lo pagaron con la vida. Parte de aquellas mujeres y su causa dejaron de ser lo que eran y con los años se convirtieron en piezas de un engranaje de retórica violenta y politizada del que la abanderado mayor es Hebe María Pastor, viuda de Bonafini, de 89 años. Dos hijos le arrebató la dictadura a la mujer que no dudó en aplaudir a las FARC, dar refugio a etarras como Lariz Iriondo, hacer apología del terrorismo, amadrinar a dos parricidas condenados como Sergio y Pablo Schoklender, celebrar los atentados en las Torres Gemelas, rodearse de los corruptos del kirchnerismo y hacer de los derechos humanos un negocio lucrativo, sin escrúpulos y fraudulento. Las primeras que descubrieron el verdadero rostro de «Hebe», a secas, como se la conoce en Argentina, fueron sus compañeras de desgracia. Las otras madres sufrieron el despotismo y abuso de poder de una «compañera» que les prohibió llevar bordado el nombre de sus hijos en el pañuelo que, en forma de pañal, ha pasado a la historia. «Las otras», hoy ancianas y muchas muertas, como Chela Mignone o Laura Bonaparte, descubrieron una mañana que la cerradura de la sede se había cambiado, que las cuentas bancarias de la fundación (durante años recibió enormes sumas de Europa) estaban en su poder y que se habían quedado sin lugar de reunión. Fue entonces cuando las expulsadas formaron la Línea Fundadora de las Madres de Plaza de Mayo donde cada una era ?y es- libre de usar el pañuelo como quiera, insistir en la exhumación de los restos hallados de sus seres queridos o aceptar la reparación económica que Hebe les prohibía, «porque no se negocia con la sangre de los hijos», repetía. Los «negocios» de Hebe, dueña y señora de la organización, se destaparon con la llegada de Néstor y Cristina Kirchner al poder (mayo de 2003-diciembre 2015). La larga década «K» le permitió convertir su escuelita de adoctrinamiento en universidad, recibir subvenciones infinitas y montar su propia línea de obra pública con la fundación que, ironías de la historia, bautizó como «Sueños compartidos», un pozo sin fondo de dinero público sin control para, en teoría, construir casas para los pobres. Desfalco o estafa monumental al Estado fueron las causas que provocaron su procesamiento hace un par de años. El intento de detención se convirtió en un espectáculo mediático y callejero que impidió su arresto. Atrincherada y protegida por un escudo de militantes «K» que gritaba «Macri, basura, vos sos la dictadura», terminó escoltada por las cámaras de televisión y huyendo del juez federal, Marcelo Martínez de Giorgi. Con el poder de la calle logró doblegar al magistrado que, cosas de Argentina, renunció a interrogarla en su despacho y aceptó hacerlo en la cocina de la sede de la asociación, después de que ella volviera de pasar unos días en el balneario de Mar del Plata. La «universidad de las madres» terminó estatizada en el 2013, como favor de Cristina Fernández para asumir las deudas de una entidad sin datos de personal, con pagos de salarios sin recibos, gastos sin justificar y una lista eterna de irregularidades. Pero, aquellas serían apenas un botón de muestra de lo que se destaparía en Sueños Compartidos. Los «Cuadernos de la corrupción» o el diario profesional de Óscar Centeno, uno de los chóferes del poder, volvió esta semana a colocar a Hebe de Bonafini y a los suyos, en la mira de la justicia. Las declaraciones del «financista» Ernesto Clarens, donde confiesa que parte de los sobornos iban a parar a manos de su fundación echan una pala más de miseria y mezquindad sobre una anciana a la que el mundo, en otro siglo, admiró por su coraje y defensa de los derechos humanos. Esos mismos que, hace demasiado tiempo, enterró en el olvidó.
12-09-2018 | Fuente: abc.es
Hebe de Bonafini, sangre, drama, violencia y negocios de una activista de las Madres de Plaza de Mayo
La historia de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo está atravesada por la tragedia de la última dictadura argentina (1976-83) y el drama del desprestigio, en democracia, causado por Hebe de Bonafini. El nacimiento de esta organización se produjo con un fin necesario y doloroso: encontrar a los hijos secuestrados por un régimen que, en apenas siete años, borró de la faz de la tierra a miles de argentinos, en buena medida guerrilleros o vinculados a algunas de las organizaciones armadas de los años 70. El régimen militar renunció a la justicia, eligió el terrorismo de Estado para gobernar y se negó a entregar los cadáveres o facilitar el destino de los desaparecidos en algunos de los campos de exterminio que identifico posteriormente la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas (CONADEP) de Argentina. Las «madres» reclamaron por sus seres queridos y muchas de ellas, como su fundadora, Azuzena Villaflor, lo pagaron con la vida. Parte de aquellas mujeres y su causa dejaron de ser lo que eran y con los años se convirtieron en piezas de un engranaje de retórica violenta y politizada del que la abanderado mayor es Hebe María Pastor, viuda de Bonafini, de 89 años. Dos hijos le arrebató la dictadura a la mujer que no dudó en aplaudir a las FARC, dar refugio a etarras como Lariz Iriondo, hacer apología del terrorismo, amadrinar a dos parricidas condenados como Sergio y Pablo Schoklender, celebrar los atentados en las Torres Gemelas, rodearse de los corruptos del kirchnerismo y hacer de los derechos humanos un negocio lucrativo, sin escrúpulos y fraudulento. Las primeras que descubrieron el verdadero rostro de «Hebe», a secas, como se la conoce en Argentina, fueron sus compañeras de desgracia. Las otras madres sufrieron el despotismo y abuso de poder de una «compañera» que les prohibió llevar bordado el nombre de sus hijos en el pañuelo blanco que, en forma de pañal, ha pasado a la historia como su símbolo. «Las otras», hoy ancianas y muchas muertas, como Chela Mignone o Laura Bonaparte, descubrieron una mañana que la cerradura de la sede se había cambiado, que las cuentas bancarias de la fundación (durante años recibió enormes sumas de Europa) estaban en poder de Hebe y que se habían quedado sin lugar de reunión. Fue entonces cuando las expulsadas formaron la Línea Fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, donde cada una era ?y es- libre de usar el pañuelo como quiera, insistir en la exhumación de los restos hallados de sus seres queridos o aceptar la reparación económica que Hebe les prohibía, «porque no se negocia con la sangre de los hijos», repetía. Los «negocios» de Hebe, dueña y señora de la organización, se destaparon con la llegada de Néstor y Cristina Kirchner al poder (mayo de 2003-diciembre 2015). La larga década «K» le permitió convertir su escuelita de adoctrinamiento en universidad, recibir subvenciones infinitas y montar su propia línea de obra pública con la fundación que, ironías de la historia, bautizó como «Sueños compartidos», un pozo sin fondo de dinero público sin control para, en teoría, construir casas para los pobres. Desfalco o estafa monumental al Estado fueron las causas que provocaron su procesamiento hace un par de años. El intento de detención se convirtió en un espectáculo mediático y callejero que impidió su arresto. Atrincherada y protegida por un escudo de militantes «K» que gritaba «Macri, basura, vos sos la dictadura», terminó escoltada por las cámaras de televisión y huyendo del juez federal, Marcelo Martínez de Giorgi. Con el poder de la calle logró doblegar al magistrado que, cosas de Argentina, renunció a interrogarla en su despacho y aceptó hacerlo en la cocina de la sede de la asociación, después de que ella volviera de pasar unos días en el balneario de Mar del Plata. La «universidad de las madres» terminó estatizada en el 2013, como favor de Cristina Fernández para asumir las deudas de una entidad sin datos de personal, con pagos de salarios sin recibos , gastos sin justificar y una lista eterna de irregularidades. Pero, aquellas serían apenas un botón de muestra de lo que se destaparía en Sueños Compartidos. Los «Cuadernos de la corrupción» o el diario profesional de Óscar Centeno, uno de los chóferes del poder, volvió esta semana a colocar a Hebe de Bonafini y a los suyos, en la mira de la justicia. Las declaraciones del «financista» Ernesto Clarens, donde confiesa que parte de los sobornos iban a parar a manos de la fundación de Hebe, echan una pala más de miseria y mezquindad sobre una anciana a la que el mundo, en otro siglo, admiró por su coraje y defensa de los derechos humanos. Esos mismos que, hace demasiado tiempo, enterró en el olvidó.
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