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Noticias de delincuentes

14-09-2018 | Fuente: abc.es
Mentira, poder y odio en Venezuela
Mentira y poder se han fusionado en Venezuela, a unos extremos que sobrepasan cualquier previsión. La mentira y el ejercicio del poder se han vuelto indisociables en nuestro país. Mentir equivale a respirar: es uno de los dos mecanismos -el otro es reprimir-, que permite al régimen seguir con vida. Mentir ya no tiene un carácter instrumental, es decir, Maduro y su Gobierno no mienten de forma esporádica o en unas determinadas ocasiones. Tampoco mienten de forma parcial, sacando provecho a medias verdades. No exagero cuando digo que mienten sin límite de tiempo y espacio: el poder venezolano es una fábrica de falsedades que trabaja los 365 días del año, las 24 horas. Mienten en todas partes. No se detiene nunca. Mienten ante las pequeñas cosas y, también, ante las más evidentes e inocultables realidades. El poder venezolano ha escenificado la vieja premisa de que la mentira tiene una capacidad de mutar que no se agota nunca. Mienten con tanta recurrencia e intensidad, que la mentira se ha vuelto constitutiva. Se ha convertido en la naturaleza del régimen. Mentir es su modo de pensar, su lenguaje, su modo de relacionarse entre ellos y con los demás. Mentir es su modo de percibir y entender el mundo real. Y, como ya sugerí antes, es uno de sus dos modos primordiales de actuar: u ordenan reprimir -insultar, amenazar, golpear, gasear, detener, secuestrar, torturar, herir, enjuiciar o matar-, o lanzan y repiten mentiras, de forma específica o bajo la modalidad de campañas. Veamos. Algunas de los usos más reiterados de la mentira son los siguientes. Uno: mienten sobre sus objetivos. Quizás el más emblemático ejemplo sea el de «Ahora Pdvsa es de todos», que generó una cantidad incalculable de discursos que ocultaban lo que debe ser el más cuantioso robo de los recursos de una corporación, que se haya producido en la historia mundial de las empresas. Dos: Estas prácticas demagógicas, de eslóganes y campañas sistemáticas se han prodigado en la totalidad de las áreas y las organizaciones del Estado: en las empresas básicas, en la salud, en la educación, en puertos y aeropuertos, en el Saime, en el Seniat, en las instituciones culturales, en la FANB y donde se quiera. Todo ese palabrerío conquistó las expectativas y la necesidad de creer, durante algún tiempo, de una parte de la sociedad venezolana. Hasta que, una a una, todas las mentiras cayeron aplastadas por el poderío de los hechos, por lo incontestable del fracaso y de la destrucción. Tres: Sistemáticas han sido las mentiras sobre los resultados de la gestión. El poder venezolano no logró nunca resolver los dramas sociales, no logró mejorar la productividad de Pdvsa, no logró operar los servicios públicos -hoy, inoperantes, en ruinas o a punto de colapso-, no logró ni un solo beneficio de las fincas y empresas que expropió -hoy devenidas en tierras y galpones sin valor-, no logró cambiar el destino de las familias pobres de Venezuela, ni bajar los índices de la delincuencia, ni reducir las tasas de mortalidad y morbilidad, ni mejorar la calidad de la educación, ni mucho menos proteger las fronteras venezolanas, ya que escogió aliarse con grupos narco guerrilleros y bandas de delincuentes que controlan la frontera. Cuatro: Una de las especialidades -práctica que tiene en Stalin y en Mao sus dos figuras más inspiradoras- ha sido y es la de inventar expedientes, conspiraciones y supuestos planes en contra del Gobierno o de sus jefes. Estas acusaciones son, en sí mismas, temerarias: no les importa que carezcan de lógica, de viabilidad, de sentido o de conexión alguna con la realidad. Se formulan, aunque su credibilidad sea igual a cero, para así abrir el cauce a las acciones represivas de entidades como el Sebin, Dgcim, FAES y otras. Cinco: Asociada a lo anterior, otra de las corrientes predilectas del régimen: culpar a terceros -a los escuálidos, a la burguesía, al imperialismo, a Álvaro Uribe, a Mariano Rajoy, a Donald Trump, a los medios de comunicación, a Julio Borges, a los dirigentes opositores, a Luis Almagro, a la Iglesia, a Fedecámaras, a Cáritas, a las universidades o a quien sea, de sus errores y omisiones, de la absoluta e indiscutible responsabilidad que tienen en el diseño y ejecución de la inmensa crisis que vive Venezuela. Seis: Que mentir es un sistema, que se opera con lineamientos y métodos de propaganda, lo revela el que el régimen no reconoce la realidad. Habla, con desparpajo inconmovible, para negar los hechos, para negar las más terribles y dolorosas realidades del país. Dicen: no hay un éxodo masivo, no hay presos políticos, no hay torturados, no hay hambre, no hay epidemias, no hay una catástrofe sanitaria, no hay represión, no hay contrabando de gasolina, no hay escasez de alimentos, no hay impunidad, no hubo fraude electoral, la ANC es legítima, etcétera. Todos son inventos de los enemigos de la revolución, como los listados en el punto 5. Podría seguir añadiendo más y más variantes de los modos de mentir de Maduro, Cabello y demás jerarcas del régimen (una variante que merece un estudio es la de ?hacerse el loco? con respecto a lo que ocurre en el país, que es la modalidad preferida de Padrino López: mientras el país se hunde en la miseria, él publica tuits dedicados a las más inútiles efemérides patrioteras). Pero antes de cerrar este artículo quiero referirme a una cuestión de fondo: la mentira como método para encubrir el verdadero vínculo que el poder venezolano tiene con la sociedad. Sostengo lo siguiente: la vastedad, la recurrencia y la diversidad del sistema de mentiras que Gobierna a Venezuela, tiene un propósito fundamental: ocultar en qué consiste el sentimiento, la visión que el poder tiene de la sociedad venezolana. Lo medular es que Maduro y su banda odian al país, odian a los venezolanos, odian a las familias, odian a las instituciones, odian a las leyes. En síntesis: odian la vida. Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez, Delsy Rodríguez, Mario Silva, Pedro Carreño y tantos otros voceros del odio, no son excepcionales: son la medida, el promedio, la expresión neta de un poder que, mientras más arrinconado está, más odia. A medida que se van quedando solos -son miles y miles los funcionarios y supuestos dirigentes del PSUV que han huido del país en los últimos meses-, a medida que crece el consenso mundial de que el régimen debe acabarse, a medida que los expedientes crecen y las denuncias se multiplican, el odio crece. Porque, al igual que ocurre con las personas, de tanto y tanto mentir, en el régimen no queda sino esa materia oscura e insaciable que es el odio. Ese es el odio que no se detiene en la destrucción del país, es el odio que los venezolanos estamos en la obligación política y moral de vencer lo más pronto que sea posible.
07-09-2018 | Fuente: abc.es
Los múltiples impactos de la huida de los venezolanos
Un primer impacto, del que apenas se habla, nos remite a las dramáticas realidades que tienen lugar puertas adentro entre millones de familias: los más jóvenes huyen, dejando a sus padres y a otros familiares en Venezuela. Cuando esto ocurre, se rompe una ley de vida: los mayores necesitan de la asistencia y el apoyo de sus hijos y nietos. Tal como se ha documentado tantas veces en países en los que se desatan guerras, son los mayores los que alientan a sus hijos a marcharse. El sacrificio no es solo para los que se marchan, también para los que se quedan. Otro factor, al que me he referido en varios de mis artículos de los últimos meses, es el de descapitalización de la nación venezolana. Pasa lo mismo que en las familias, pero en una escala mayor: hacen falta las energías, los talentos, las iniciativas y emprendimientos, los cuestionamientos e innovaciones, que constituyen el aporte sustantivo que las nuevas generaciones hacen al desenvolvimiento de las sociedades. Sin la inyección de lo nuevo, los procesos se debilitan o se estancan. Las sociedades funcionan bajo un procedimiento que es natural y cultural: la sucesión de las generaciones. Que casi 4 millones de venezolanos hayan huido no pasa sin consecuencias. Cuando llegue el momento de reconstruir al país, esto se pondrá en evidencia. Los sistemas sociales y productivos, las instituciones y las empresas, la acción social y comunitaria sentirán la ausencia de esos jóvenes que, estabilizados en otros países, difícilmente regresarán. La huida de los venezolanos no es episódica. Se ha convertido en pocos meses, en la más relevante problemática de América Latina, y en una realidad que ocupa el centro de las preocupaciones y debates en los gobiernos de decenas de países, en los organismos multilaterales y entre las oenegés que se especializan en el apoyo a personas cuya condición, más allá de si se les califica o no, es de refugiados. La complejidad del fenómeno obliga a una comprensión amplia de todos los factores en juego. En primer lugar, hay que entender que los gobiernos de la región no estaban preparados -ni tenían por qué estarlo- para recibir tal avalancha humana. La respuesta, en términos generales, ha sido generosa y dominada por la solidaridad. Es inevitable que las autoridades, ante el crecimiento desmesurado de quienes ingresan en sus fronteras, se hayan planteado establecer algunos controles. A los venezolanos nos corresponde entender que, además del deseo inmediato de prestarnos apoyo, hay factores económicos, laborales, sociales, culturales y políticos que son variables con peso real, que cada país debe gestionar. Era previsible que, ante la magnitud del caudal, se produjesen una serie de situaciones indeseables. Una de ellas, es la exportación de delincuentes, algunos de ellos extremadamente peligrosos, que se han instalado en Colombia, Ecuador y Perú -hasta donde se sabe-, y que ya han delinquido. Esto, por supuesto, ha generado reacciones chovinistas y xenófobas, pero también la firme respuesta de ciudadanos, de expertos, de periodistas y de autoridades. Los ataques verbales o físicos que se han producido en algunos lugares han sido contestados por ciudadanos o por las autoridades de esos países. Esto, sea o no consciente, es una forma de reconocer la tradición de hospitalidad con los extranjeros que ha sido un signo de la cultura venezolana por más de un siglo y medio. En las secciones de sucesos de la prensa de América Latina, los venezolanos nos hemos convertido en una presencia constante como víctimas o victimarios. Las informaciones que señalan que miembros de paramilitares y narco guerrillas están dedicados a reclutar a jóvenes venezolanos que acaban de cruzar la frontera, es una legítima causa de alarma. Que mafias de proxenetas estén actuando para prostituir a mujeres venezolanas, es otra de las tragedias causadas por los criminales que detentan el poder en nuestro país. Así como a diario escuchamos cada vez más relatos de personas que han logrado establecerse, estudiar, trabajar y hasta poner en funcionamiento pequeños negocios, y han logrado, en corto tiempo, crear condiciones básicas de seguridad personal -derecho negado en Venezuela-, hay también historias de personas o familias que están en situación de sobrevivencia, y que dependen de las ayudas que reciben, y que difícilmente puede sostenerse más allá de unos días o semanas. En medio de este maremágnum de hechos y casos de mucha complejidad, personales, familiares y de comunidades enteras que claman por ayuda, la reacción del gobierno de Maduro no es más que un patético sainete, inmoral y bufo. Enviar a funcionarios del régimen a Ecuador, para que una vez allá, declaren que desean regresar a Venezuela, y que el gobierno les envíe un avión para fines de burda propaganda, es un montaje simplemente estúpido, que desconoce la enormidad de la crisis humanitaria que viven los venezolanos, dentro y fuera del país, y también el aspecto esencial que impulsa la huida: el deseo profundo, a menudo desesperado, de escapar a las humillaciones y los riesgos de toda índole -como el de terminar en una prisión solo por protestar-, que es la cotidianidad creada por el régimen, para así encontrar fuera de Venezuela, un lugar donde el derecho a la vida cuente con las garantías básicas al que aspira cualquier venezolano y cualquier ciudadano del mundo.
07-09-2018 | Fuente: elpais.com
Un usuario de Instagram difunde la vida de lujo de los narcos en Cádiz
El delator, que actuó por venganza, difundió durante horas las fotos íntimas de los delincuentes que operan en la comarca de la provincia de Cádiz
07-09-2018 | Fuente: elpais.com
Un usuario anónimo difunde en Instagram las caras, viajes y amantes de los narcos del Campo de Gibraltar
El delator, que actuó por venganza, difundió durante horas las fotos íntimas de los delincuentes que operan en la comarca de la provincia de Cádiz
30-07-2018 | Fuente: abc.es
Vía libre en EE.UU. a construirse su propio rifle en casa
¿Tiene una impresora 3-D en casa? ¿Le gustaría tener un arma pero sus antecedentes le impiden comprar una? No se preocupe, a partir del 1 de agosto tan solo deberá seguir unas sencillas instrucciones, que podrá descargar sin problemas desde una web de internet, y construir en casa su propia arma, incluido el AR-15, el rifle favorito de las masacres en Estados Unidos. Es bien sabido que las leyes suelen ir con la lengua fuera detrás de la evolución tecnológica, pero es más inusual que los legisladores le pongan alfombra roja sin acotar antes los riesgos asociados a casi todo avance. Con discreción, la administración Trump ha llegado a un acuerdo con Defense Distributed, empresa de Cody Wilson, estadounidense de treinta años, nacido en Arizona, residente en Texas, anarcocapitalista, amante de las armas y autor de un tutorial para fabricarlas mediante tecnología 3-D. La batalla legal empezó con Obama en la presidencia. En 2013, Wilson colgó en internet el primer manual sobre cómo montar tu propia pistola con tecnología 3-D. Se trata de la que bautizó como «The Liberator» (El Libertador). El Departamento de Estado le amenazó con multas y cárcel si no retiraba de la web un documento que, consideraba, violaba las leyes de exportación, al tratarse de tecnología y material militar sensible. Wilson lo retiró, pero en el tiempo en que estuvo a disposición del público se contabilizaron más de cien mil descargas. En 2015, y con el apoyo de una organización pro-armas con sede en Washington DC, Wilson demandó al Departamento de Estado al considerar que la obligación de retirar el manual de la web violaba la Primera Enmienda, la referida a la libertad de expresión. A pesar de que fue acumulando varias derrotas judiciales, y de que el Tribunal Supremo se negó a atender su caso, el Departamento de Estado, ahora con Trump de presidente, ha llegado a un acuerdo con Wilson por el que, no solo le permitirá volver a hacer público el material, sino que incluso le ha indemnizado con 40.000 dólares por las costas legales. En la web de la empresa ya se anuncia que a partir del 1 de agosto «comienza formalmente la era de las pistolas descargables». De plástico El material con el que se fabrican estas armas mediante impresoras 3-D, que se pueden adquirir a partir de 5000 dólares, es plástico, por lo que eluden los detectores de metales. Cualquiera, con independencia de sus antecedentes, y sin necesidad de licencia, puede fabricarse una. Además carecen de número de serie, lo que imposibilita detectar su rastro. Un problema, este último, parecido al que provocan las llamadas «pistolas fantasma», que se pueden ensamblar de manera doméstica. Cody Wilson explica que financió su defensa legal con maquinaria que ayuda a diseñarlas y que vende a través de su página web. «Imagina un mundo en el que cualquiera -incluidos terroristas, delincuentes convictos y abusadores domésticos- tienen acceso inmediato a armas no rastreables», escribía el sheriff Paul Penzone en ?The Washington Post?. Como advierten otras voces, el alto coste de las mejores impresoras en 3-D hará que sean organizaciones criminales con alta financiación las que se beneficien de esta barra libre armamentística aprobada por la administración Trump. La decisión va en consonancia con la voluntad de Trump de desregular el acceso a las armas. Irónicamente, este acuerdo con Wilson se produce en un año en el que una parte de la sociedad se ha movilizado masivamente en varias ocasiones para forzar al Gobierno a lograr una mayor regulación y control de los antecedentes de las personas que acceden a ellas, especialmente después del tiroteo de febrero en una escuela secundaria de Parkland, en Florida, que dejó 17 muertos. Este mismo año, el Gobierno ha propuesto un cambio normativo que haría más sencilla la exportación y difusión de detalles técnicos de las pistolas. Si se aprueba, determinados productos pasarían a estar controlados por el Departamento de Comercio, y no por el de Estado, cuyas licencias a la exportación conllevan requisitos más estrictos. Un cambio largamente ansiado por las empresas armamentísticas.
26-07-2018 | Fuente: abc.es
Un político kirchnerista dice que a Macri «habría que fusilarlo» ante toda Argentina
El político y dirigente social argentino Luis D'Elía, afín al kirchnerismo, aseguró que al presidente, Mauricio Macri, «habría que fusilarlo» delante de «todo el pueblo» en la plaza de Mayo de Buenos Aires, donde está la sede de Gobierno. «A Macri habría que fusilarlo en la Plaza de Mayo delante de todo el pueblo. Es un hijo de re mil putas», consideró D'Elía en una entrevista en Canal 22 con el periodista Santiago Cuneo, quien asentía con la cabeza a las expresiones de su invitado. Para el político, que fue subsecretario de Tierras para el Hábitat Social durante el Gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) y es actual dirigente del partido Miles, «está comprobado que los mismos tipos» que gobiernan ahora el país «mandaron 50.000 millones de dólares al extranjero, a cuentas off shore de ellos». «Son unos ladrones. Macri y todo el Gabinete son unos mafiosos y delincuentes», sentenció en su participación televisiva, emitida en la noche de este miércoles. Antes de desear la muerte del mandatario, D'Elía insistió en que no se trata de un «exabrupto», ya que asumió que algunos dirán que D'Elía «es un destemplado y dice boludeces». «No muchachos.. el que hace eso.. San Martín (libertador de Argentina), en la campaña libertadora, ¿a cuánto traidor fusiló? Belgrano, en la expedición del Norte, ¿a cuántos? Ninguno de los dos dio bola y ordenaban con mano firme», comparó. El dirigente social cuestionó duramente la política económica de Macri, marcada por la fuerte devaluación del peso de los últimos meses y el préstamo de 50.000 millones de dólares solicitado al Fondo Monetario Internacional. «Es una crisis autoinflingida. Generada a los efectos de instalar un modelo de saqueo. Vinieron a saquear la Argentina. Para mí, Macri es representante de una élite mundial que sueña con un planeta gobernado por las corporaciones, donde desaparezca no solo la democracia sino los estados-nación», opinó el político. D'Elía, de 61 años y fuerte defensor de la expresidenta y actual senadora Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), fue condenado en noviembre pasado por la toma de una comisaría de Buenos Aires en 2004. Además, el 24 de marzo de este año fue liberado tras estar tres meses en prisión preventiva acusado, entre otros imputados -como la propia Fernández- del encubrimiento de los iraníes señalados como responsables del atentado a la mutua judía de Buenos Aires (AMIA) en 1994, que dejó 85 muertos y sigue impune.
23-07-2018 | Fuente: abc.es
La catedral de Managua abre sus puertas a las madres de los detenidos
Hacía días que los paramilitares «rafagueaban» por las noches a las mujeres que velaban la suerte de sus hijos y esposos a las puertas del tenebroso centro de detenciones El Chipote, decididos a hacerlas desistir de su búsqueda. Ellas aguantaron firmes bajo el sol, la lluvia y las balas hasta que el sábado llegó la noticia de que el Frente Sandinista había convocado a sus turbas para sacarlas a palos. Fue entonces cuando se abrió el cielo, o al menos las puertas de la catedral. El modus operandi ya lo conocían: la Policía rodea la zona para que nadie pueda salir y las turbas entran armadas con bates, piedras y cadenas. La encerrona es salvaje, de eso dieron fe las cabezas abiertas de los estudiantes que hasta perdieron ojos en los primeros días de las protestas. Esta vez cuando llegaron sólo se encontraron con unas cuantas familias que se habían negado a marcharse. El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) aprovechó la cobertura mañanera del camión de basura para llegar hasta las mujeres y convencerlas de que salieran con ellos para evitar la paliza. Recogieron las sillas plegables y las colchonetas en las que algunas llevaban varias semanas durmiendo a la intemperie y aceptaron, como los revolucionarios de hace 39 años, que una retirada a tiempo es una victoria. Pasar de la cárcel a la casa de Dios ayudó a suavizar la amargura. «Lo que intenta el Gobierno es crear una única verdad, la de que todos los que están ahí presos son delincuentes y terroristas», explicaba Tamara Dávila, que coordinó este repliegue de madres. «Su presencia delataba que no lo son», indicaba. En las calles los manifestantes desafiaron la represión del régimen para salir a protestar, mofándose de las etiquetas gubernamentales con la zalamería nicaragüense. «¿Miedo nosotros? ¡Si somos terroristas, cómo vamos a tener miedo?», se reía Esther López. «¡Vivan los vandálicos!». A medida que ha crecido su fuerza ha subido también la intensidad de las acusaciones gubernamentales. Primero eran «los minúsculos» que iban «inventando muertes», dijo el 20 de abril la vicepresidenta Rosario Murillo, esposa de Daniel Ortega. Cuando empezó el diálogo se refirió a ellos como «las plagas» y fue subiendo el tono: «Vandálicos», «delincuentes», «terroristas», «golpistas» y, lo último, «satánicos», tal como les llamó el jueves el comandante durante el aniversario de la revolución. Al ritmo de las marimbas Con una maraca, Raúl Hernández pretendía exorcizar entre risas a sus compañeros manifestantes para sacarles «los demonios» a los que se refería Ortega, mientras «los golpistas» a los que dice haber vencido Ortega bailaban al ritmo de las marimbas por la carretera de Masaya, con una marea de banderas nicaragüenses. Más en serio, Roberto Courtney, director ejecutivo de la fundación Ética y Transparencia, que vela por la limpieza electoral, señalaba las grotescas contradicciones del discurso de Ortega. «Pedir elecciones limpias nunca puede calificarse de golpe de Estado. Es tan absurdo como creerse más cercano a Cristo que los obispos. Igual que si viniera a decir que sabe más de la teoría de la relatividad que Einstein», critica. El dúo que forma en la cama y en el poder la pareja Ortega-Murillo no ha abandonado su particular discurso del «cristianismo socialista y solidario» con el que ha capturado el fervor del pueblo en la última década. Tras perder las elecciones dos veces a principios de los 90, el comandante de la revolución pasó de ser un ateo confeso a casarse con Murillo por la Iglesia, con las bendiciones del cardenal Miguel Obando y Bravo, al que el cielo y la historia castigaron el mes pasado con un funeral sin pena ni gloria al que no acudieron ni el pueblo ni el jefe de Estado al que legitimó. Su gobierno parecía entonces vivir los últimos estertores, pero una vez más le ganó la mano al cardenal retirado. Obando y Bravo, un crítico acérrimo del Frente Sandinista durante los 80, «pudo haber muerto como un héroe», lamentó el sacerdote jesuita José Alberto Idiáquez, rector de la Universidad Centroamericana (UCA). «Fue una lástima que terminase así, vendido a la pareja. Le utilizaron y sacaron todo el provecho que pudieron a la religión». Ortega creyó que podría repetir la jugada con su sucesor, el cardenal Leopoldo Brenes, al que pidió que hiciera de mediador en el Diálogo Nacional, que le dio una pausa para organizar la represión. Pero esta vez la Conferencia Episcopal decidió actuar como un todo y mantenerse al lado del pueblo. «Seguimos la orientación del Papa Francisco, que nos ha dicho que los pastores tenemos que tener olor a oveja», dijo el arzobispo a ABC. Sus ovejas pastaban este domingo bajo los porches de la catedral en los que están refugiadas ahora las madres de El Chipote. Más que olor a oveja, la Iglesia nicaragüense rezuma estos días olor a sangre.
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Venezuela y Nicaragua: gobiernos asesinos
Cuando creíamos que América Latina no podría sufrir escenas más dolorosas que las provocadas por la represión en Venezuela; cuando habíamos supuesto equivocadamente, que el caso venezolano era excepcional, y que en ninguna otra parte del continente era posible reproducir hechos de violencia tan desproporcionada; cuando los analistas habían estimado que, luego de las matanzas en las calles de las ciudades venezolanas, ya no sería posible que eso volviese a ocurrir en esta parte del mundo, henos aquí abofeteados por lo que viene sucediendo en Nicaragua desde el pasado 18 de abril. Al momento de escribir este artículo, la información proveniente de los últimos hechos, es todavía confusa. No se cuenta con datos firmes. Lo que sí sabemos es que los muertos sobrepasan el escandaloso número de 300 y que los heridos se cuentan por miles. También sabemos que la destrucción de infraestructura causada por los grupos paramilitares, agrega una táctica devastadora, en un país cuyo signo esencial es la pobreza de la mayoría. A la devastación de la pobreza se ha agregado ahora la devastación de la violencia política. Como en Venezuela, el gobierno ha respondido con las mismas estrategias: por una parte, simular, no más que unos días, su interés en un posible acuerdo producto del diálogo. Por otra parte, ha sacado a las calles grupos de paramilitares con una instrucción que no deja lugar a dudas: matar. Matar y matar, haciendo uso de una fuerza desproporcionada, que incluye armas de guerra, francotiradores, cuerpos policiales y participación constante de delincuentes comunes. En todas las ciudades donde se han producido estos terribles eventos, se ha seguido un patrón que pone en evidencia los perversos intercambios en curso entre los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela. No voy a repetir aquí lo que ya se ha dicho bastante: hay evidentes semejanzas en los métodos paramilitares y represivos utilizados por ambas dictaduras. Una y otra han diseñado estrategias, planes y han hecho inversiones para mantener muy bien aceitadas estructuras cuya capacidad principal consiste en matar: matar a quien se oponga al objetivo de la pareja Ortega, que es permanecer en el poder de forma ilimitada. Es lo mismo que ocurre con los Maduro en Venezuela: la meta de permanecer en el poder por tiempo ilimitado debe ejecutarse al costo que sea: violentando la Constitución vigente a cada minuto; inventando un circo llamado Asamblea Nacional Constituyente; cerrando medios de comunicación; sometiendo a la sociedad a condiciones extremas de hambre, enfermedad e hiperinflación; destruyendo a Petróleos de Venezuela, porque se aspiraba a que ella fuese, no una industria productiva, sino la caja chica del populismo y la corrupción galopante. Venezuela fue siempre un país muy distinto a Nicaragua. El brutal empobrecimiento venezolano, nos ha aproximado en muchos sentidos. En ambos, el robo de los dineros públicos ocurre a manos llenas y sin controles. En ambos, los familiares de la pareja presidencial controlan negocios, contratos, prebendas y ejercen una nefasta influencia corruptora en las instituciones del Estado. En ambos, unas cortes de aduladores, funcionarios y agentes cubanos, les repiten que todo está bien, que ellos son unas víctimas del imperialismo y que no hay alternativa a la de disparar y matar a quienes se les opongan. En medio de todo este horror, hay cuestiones a las que debe hacerse seguimiento. Por ejemplo, la posible presencia de paramilitares venezolanos en Nicaragua. Hay algo verdaderamente siniestro en la política exterior de Cuba, que actúa en la trastienda y alienta a los gobiernos de ambos países a desconocer las leyes, los derechos humanos y las más básicas necesidades de los pueblos respectivos. A lo anterior hay que sumar las complicidades internacionales. A menudo, esas complicidades están basadas en la negación de los hechos. En el desconocimiento de la realidad. Que todavía haya medios de comunicación que repiten que lo ocurrido en Nicaragua es responsabilidad de los estudiantes que salieron a protestar, es un dato que nos dice que la lucha que los demócratas tenemos por delante está plagada de exigencias y campos de batalla en la política, la comunicación y los tribunales internacionales especializados en crímenes de lesa humanidad.
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Un alemán de origen iraní acuchilla a los pasajeros de un autobús en Alemania
El pasaje del autobús de la línea 30, que cubre el trayecto desde Lübeck a Travemünde, estaba fudamentalmente compuesto por familias que acudían al festival portuario «Travemünder Woche», una cita popular de larga tradición en el norte de Alemania. A las 13:47 horas, el conductor observó que uno de los pasajeros se había levantado y estaba manipulando una mochila en el pasillo central entre las dos filas de asientos. Le pareció que de la mochila salía humo. Siguiendo el protocolo de protección antiterrorista, estacionó el autobús lentamente y se levantó, dirigiéndose hacia el sospechoso para preguntarle qué hacía. Apenas llegó hasta él, el ciudadano alemán de 34 años, residente en Lübeck y procedente de una familia iraní le propinó un puñetazo en la cara. Fue entonces cuando, ante un pasaje paralizado por la escena, el atacante arrojó la mochila la suelo, sacó un cuchillo de cocina de entre su ropa y comenzó a agredir aleatoriamente a los pasajeros. Al cierre de esta edición la policía confirmaba un herido grave por arma blanca y otros seis leves. Los dos restantes resultaron heridos cuando el conductor, apenas reaccionó tras el puñetazo, volvió al cuadro de mandos del vehículo y abrió las puertas, por las que todo el pasaje abandonó precipitadamente el autobús en medio de gritos de pánico y atropellos. Los aproximadamente 30 testigos que fueron interrogados después por la policía confirmaron que fueron varios de los pasajeros los que redujeron al atacante y que una patrulla policial que se encontraba en las inmediaciones y que acudió casualmente al ver el autobús irregularmente estacionado realizó la detención. Sin indicios terrorista Una vez acordonada la zona, la policía procedió a registrar el autobús en busca de explosivos, que no aparecieron, y a analizar el contenido de la mochila del atacante, en la que sí apareció un detonador y, según informaban anoche medios locales, un recipiento con alcohol inflamable. A pesar de ello, la fiscal encargada del caso, Ulla Hingst, estableció que no era prueba suficiente para hablar de trasfondo terrorista e informó que hasta el momento no había encontrado indicios de radicalización política o religiosa. El responsable regional de Interior, Hans Joachim Gröte, confirmó por su parte que, según los interrogatorios a los testigos, el atacante no profirió palabra o frase alguna que pudiera relacionar los acuchillamientos con un trasfondo terrorista, aunque la policía seguía sin descartarlo completamente al cierre de esta edición. La percepción de la opinión pública, sin embargo, tiende a asociar este tipo de delitos con la llegada de refugiados. Los delitos violentos aumentaron un 10% en 2015 y 2016. El 90% fueron atribuidos a refugiados que habían llegado al país en estos mismos dos años, según un estudio del gobierno de Baja Sajonia publicado en diciembre pasado. Christian Pfeiffer, uno de los investigadores que participaron en ese estudio, explicó que los autores suelen ser hombres extranjeros de entre 14 y 30 años y de nacionalidades a las que es improbable que se les conceda asilo en Alemania. «Hay una fuerte fijación en los delincuentes que no son alemanes. Lo que muchos pierden de vista es el efecto que esa fijación tiene sobre las personas convertidas injustamente en sospechosas», defiende la jurista Doris Liebscher, de la Universidad Humboldt de Berlín, «desde hace unos años, la opinión pública se ha vuelto más y más tolerante de cara a las conjeturas basadas en creencias racistas y por eso es necesario ser escrupuloso con los datos». Daniela Hunold, de la Escuela Superior de la Policía, asegura que «desde una perspectiva criminológica, el origen de una persona no ofrece valor agregado alguno. El hecho de que un criminal sea criminal no tiene nada que ver con su origen; eso no explica sus actos delictivos. El hecho de que una persona haya pasado por experiencias de guerra traumáticas puede influir sobre su psique, pero no es inevitable que así sea». Uno de los motivos que alienta estas precauciones es la serie de asesinatos de la célula terrorista neonazi alemana NSU, que en su día fueron asumidos como ajustes de cuentas entre extranjeros y que se prolongaron durante diez años sin que las fuerzas del orden reaccionasen debidamente. El juicio, que ha finalizado este mismo mes de julio, ha dejado en evidencia que el prejuicio hacia el extranjero impide una perspectiva sana de la investigación.
18-07-2018 | Fuente: elpais.com
El fracaso de Peña Nieto contra los delincuentes más buscados en su Gobierno
Las autoridades se fijaron detener a 122 criminales prioritarios, pero más de cinco años después sólo han logrado sentencias definitivas en cuatro casos
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