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Noticias de correos

26-09-2018 | Fuente: elpais.com
Botín y Orcel: la extraña pareja
El italiano ha sido asesor de cabecera de Ana y Emiilio Botín durante 20 años Los directivos deben prepararse para correos de medianoche y llamadas de madrugada
22-09-2018 | Fuente: as.com
El Barcelona no falló en el derbi ante el Espanyol
Las azulgranas se llevaron el duelo barcelonés ante un correoso conjunto perico. Inés en propia puerta, Andonova y Mariona marcaron los goles.
22-09-2018 | Fuente: as.com
Ya está aquí el Mundial: España inicia hoy su 'sueño compartido'
La número 13 del ránking mundial, correoso rival para el inicio de las de Mondelo. España le ha ganado tres veces en la preparación.
21-09-2018 | Fuente: elpais.com
¿Cómo vender en EE UU o China a golpe de clic?
Comandia, una de las soluciones de Correos para empresas, ayuda a que tus productos lleguen a la puerta de tus clientes en cualquier parte del mundo
20-09-2018 | Fuente: elpais.com
Las asociaciones de jueces rechazan el ataque de Torra tras la filtración de correos de magistrados
Los colectivos recuerdan que las comunicaciones de los magistrados contra el procés eran privadas
20-09-2018 | Fuente: elpais.com
La innovación se llama ?Lehnica?
Correos pone en marcha un programa de aceleración para cinco startups con el que impulsar la digitalización, el impacto social y la experiencia logística
19-09-2018 | Fuente: elpais.com
La innovación se llama ?Lehnica?
Correos pone en marcha un programa de aceleración para cinco startups con el que impulsar la digitalización, el impacto social y la experiencia logística
16-09-2018 | Fuente: abc.es
La América que quiere a Trump
Sólo 475 kilómetros separan la capital de Estados Unidos del pequeño condado de Buchanan, en el suroeste del estado de Virginia, pero bien podría mediar entre ambos un abismo. Mientras en Washington en las elecciones de 2016 Donald Trump obtuvo un magro 4% de los votos, en este enclave minero rozó el 80%. Ambos son las dos caras de un país donde una parte se niega ni siquiera a reconocer la existencia de la otra, una América que se acerca dividida a las elecciones legislativas del 6 de noviembre, en las que los demócratas esperan recuperar una mayoría en la Cámara de Representantes que les permitiría iniciar un proceso de «impeachment» o recusación por, como marca la ley, «traición, soborno o graves delitos y faltas». El viaje de Washington a las faldas de los Apalaches es un estudio en incomunicación política. A lo largo de la autopista interestatal 81 van quedando atrás los suburbios de una capital marcadamente globalista, que ha decidido vivir ajena al actual inquilino de la Casa Blanca, y los centros de población se van haciendo más escasos, más rurales y más pobres. Hasta llegar al que en los días de apogeo del carbón fue uno de los mayores centros mineros de la costa este del país. Se trata de una región que acusó intensamente las regulaciones medioambientales de Barack Obama, que cuando Trump llegó al poder tenía un desempleo del 12,5% y cuya población ha envejecido y se ha reducido a la mitad, de 40.000 a 20.000 habitantes, en los pasados 40 años. Seguidores de Trump en la América interior le muestran su apoyo - Reuters A los habitantes de Grundy, la principal población del condado, los escándalos de Trump que están en boca de todo el mundo les importan más bien poco. Se toman, es cierto, la molestia de aclarar que no les gusta nada su estilo personal y que ven con malos ojos los excesos de su carácter. «Pero eso es su vida privada», asegura Bobby May, hijo y padre de mineros y que hasta hace unas semanas presidía la oficina regional del Partido Republicano. «Trump ni siquiera era mi primera opción en las primarias, pero cuando al final todo quedó entre él o Hillary Clinton, no dudé. Y he de admitir que ha superado todas mis expectativas», añade. Los logros que citan May y otros vecinos son principalmente económicos, sobre todo la reapertura de cinco explotaciones en la zona y la creación de 5.000 puestos de trabajo en la minería de carbón de EE.UU. en los pasados dos años. Dirk Hall vive en una finca de 10 hectáreas al lado de las vías por las que unos ennegrecidos vagones siguen transportando el carbón a diario. «Hace tres años, al anochecer, había días en que ni siquiera veías un solo tren. Era muy deprimente. Hoy hay días en que contamos cinco y seis, cargados de carbón hasta los topes. Trump ha ayudado muchísimo a esta comunidad», cuenta. Hall presenta cada mañana un programa de radio en una cadena local en el que mezcla llamadas de vecinos del condado con música country. La totalidad de los mensajes, cuando tratan de política, son para defender a Trump y a los republicanos que le apoyan en Washington. La fuerza del voto rural La parte del país que representa este condado, rural y conservadora, pierde población a marchas forzadas. El reparto territorial, sin embargo, les da a estos votantes una fuerza desmedida comparada con la de los habitantes de las grandes metrópolis de ambas costas del país, que favorecen de forma mayoritaria a los demócratas. La prueba es que Trump ganó las elecciones a pesar de obtener casi tres millones de papeletas menos que Clinton. Los datos económicos son sin duda buenos: el desempleo en agosto cayó al 3,9%; el índice de pobreza ha descendido del 12,7 al 12,3% en apenas dos años; la tasa de inflación se acerca al 2% que se marcó como objetivo la Reserva Federal, y la media de ingresos familiares por año está de nuevo en 61.400 dólares (52.700 euros), nivel previo a la crisis económica que comenzó en 2008. Trump, que tiende a exagerar, proclamó el lunes que «la tasa de crecimiento del PIB (4,2%) es mayor que la de desempleo (3,9%) por primera vez en 100 años». Y aunque sus cifras eran correctas, una situación así, que es sintomática de la robustez de la economía, en realidad se dio por última vez en 2006. Da igual: la gran recesión quedó atrás y Wall Street rebosa de optimismo. Estos números son indiferentes en Washington, que vive ignorando a Trump activamente. El presidente y su familia son invitados no deseados en una capital que, no sin una buena dosis de ironía, se ha convertido en un centro de resistencia política. A diario hay charlas, coloquios, debates, eventos y protestas pequeñas y grandes en contra del presidente y de lo que representa para las élites liberales: la mayor profanación de la santidad del Despacho Oval desde que Elvis Presley fuera recibido con todos los honores por Richard Nixon en 1970. No es de extrañar que a apenas un kilómetro de la Casa Blanca las cafeterías, salones y terrazas del hotel Trump, abierto en la antigua sede nacional de correos en 2016, languidezcan vacías la mayor parte de los días. «Somos pocos», admite en una de las barras del hotel Stephanie Jones, una abogada mercantil que en 2016 votó a Trump en el Distrito de Columbia. Aunque lo niegue, en su expresión se nota cierta aprensión cuando se le recuerdan los escándalos de Trump: los comentarios denigrantes sobre las mujeres, los supuestos pagos de campaña a una actriz porno, la sospecha de la injerencia rusa. «Ningún ruso me hizo votar a Trump. Y si hablamos de respeto a las mujeres, entonces comencemos por Bill Clinton», dice. El bufete le va bien, cada vez tiene más clientes y al menos en el sector empresarial nota un optimismo que no se deja ver en público. Esa reserva es en realidad la razón de la gran sorpresa que dio Trump al ganar en 2016, la razón por la cual las encuestas fallaron de forma tan estrepitosa y por la cual es prudente no dar al actual presidente por amortizado. Donald Trump, durante un mitin en Virginia Occidental el pasado 22 de agosto - Efe Popularidad a prueba Las encuestas prevén una holgada ventaja demócrata en las legislativas de noviembre: un 8,3% más de votos que los republicanos y una mayoría en la Cámara de Representantes de la que no gozan desde 2010. Esta se renueva íntegramente, junto con un tercio del Senado, más dividido. Las primarias acabaron el jueves y en ellas Trump ha demostrado gozar de buena salud política al menos en su partido, impulsando a aquellos candidatos a los que ha apoyado, como Katie Arrington en Carolina del Sur o Jeff Johnson en Minnesota. «Ha demostrado claramente que sabe cómo ganar y hacer ganar elecciones», según Eric Beach, presidente de la organización Great Again. Trump ha logrado confirmar como candidatos a ocho de los diez políticos a los que ha respaldado. Con ellos no sólo se decide la composición del Capitolio, sino la popularidad real del presidente a los dos años de su victoria.
10-09-2018 | Fuente: as.com
Correos pone en circulación un sello en homenaje a Quini
Tiene un valor de 0,55 céntimos y se han editado más de mil ejemplares. La Casa de la Moneda responde así a la solicitud realizada por el Sporting días después del fallecimiento.
09-09-2018 | Fuente: abc.es
La inmigración y la inseguridad dan alas a la extrema derecha sueca
«No sé qué más hace falta para que el Gobierno se dé cuenta de que este país se va a la mierda», declaraba un jubilado a la televisión local de Malmö la semana pasada, después de que un joven de 20 años muriese en un tiroteo en la calle, a plena luz del día, en el suburbio sureño de Hermodsdal. La ciudad portuaria de Malmö, en el sur de Suecia, que reconvirtió sus astilleros en centros de alta tecnología y se conectó a principios de este siglo por puente con Dinamarca, era percibida hasta hace poco como el paradigma de multiculturalidad postmoderna que tan feliz se muestra en el catálogo de Ikea. Pero el partido Demócratas de Suecia (DS) ha logrado hacer de la inseguridad el principal asunto de campaña ante las generales de este domingo, en las que algunas encuestas dan a este partido de extrema derecha incluso el puesto de formación más votada. El paradigma de igualdad y bienestar social ha sido derribado por el discurso de su líder, Jimmie Akesson, que culpa del aumento de la delincuencia en Malmö a su componente demográfico extranjero. Aproximadamente el 31% de la población de esta ciudad ha nacido en un país extranjero, el 11% son suecos de padres extranjeros y en el padrón municipal aparecen registradas 179 nacionalidades. «La gente es tiroteada hasta la muerte en pizzerías. Esta es la nueva Suecia, el nuevo, excitante, dinámico y multicultural paraíso que muchos aquí en la asamblea han creado a lo largo de los últimos años», ha dicho Akesson en sede parlamentaria. Carismático y buen orador, este político de 39 años repite en sus mítines que «un país en el que uno de cada cuatro ciudadanos es extranjero es imposible de gobernar» Según las estadísticas, la tasa de criminalidad en Suecia es relativamente baja. El país nórdico, donde residen 10 millones de personas, registró 106 homicidios el último año, pero la televisión ha informado sobre más de 300 tiroteos, en su mayoría por disputas entre bandas vinculadas a redes de narcotráfico o prostitución, una situación que el pasado mes de enero llevó al primer ministro socialista, Kjell Stefan Löfven, a amenazar con sacar los tanques a la calle. «No sería mi primera opción sacar al Ejército, pero estoy preparado para hacer lo que sea necesario para garantizar la eliminación del crimen organizado», dijo después de que la Oficina nacional para la Prevención del Crimen publicase un significativo aumento del número de suecos que desconfía de la Policía y la acción de la Justicia a la hora de frenar la creciente violencia en el país. Su gobierno ha inyectado 7.100 millones de coronas, más de 720 millones de euros, al presupuesto de la Policía, además de endurecer los castigos para delitos cometidos con armas y una mayor libertad a las fuerzas de seguridad para poder vigilar llamadas y correos electrónicos. Más delincuencia «Es cierto que se ha registrado un aumento de la delincuencia violenta en áreas específicas de Malmö y Estocolmo», reconoce Christian Christensen, profesor de la Universidad de Estocolmo, «pero la realidad no se corresponde con imágenes interesadas como las difundidas por Nigel Farage, que ha dicho textualmente que Malmö es la capital de las violaciones de Europa. Se trata de una faz de la realidad de la inmigración que está viviendo Europa y que es poliédrica, no tan simplista como la tratan de presentar algunos». Christensen señala que ese discurso simplista ha multiplicado su efecto por dos factores: los 160.000 refugiados que llegaron al país en 2015 y el auge que gracias a las redes sociales han alcanzado líderes nacionalista como Daniel Friberg, empresario activo en los 90 en grupos neonazis y autor del libro «El regreso de la verdadera derecha, un manual para la auténtica oposición», además de admirador de Richard Spencer, impulsor del movimiento «alt-right» de Estados Unidos. Friberg alimenta a su vez el auge político de SD, a los que las encuestas pronostican para hoy resultados de hasta el 28,5% de los votos. Vínculos nazis Hasta las elecciones de 2010, SD era solamente una minoría ruidosa sin peso político. Ese año entró en el parlamento sueco con un 5,7%, que multiplicó hasta el 12,9% en los comicios de 2014. Fundado en 1988 con claros vínculos neonazis, se beneficia ahora, además, de la decadencia política de los partidos tradicionales y muy especialmente del Partido Socialista, que obtendrá alrededor de un 23% de los votos y confía en poder formar una coalición con varios partidos de izquierda que superen en conjunto a la derecha por apenas cuatro puntos. El actual líder conservador, Ulf Kristersson, ha adelantado que está dispuesto a pactar con DS si eso posibilita ocupar el gobierno a una alianza de derechas. Jimmi Akesson, el rostro de la «nueva derecha» Con solo 39 años de edad y procedente del partido conservador sueco, el líder de DS se ha distanciado públicamente de los neonazis de la formación, llevando a cabo una política de expulsiones desde 2012, aunque muchos lo consideran maquillaje electoral y limpieza de enemigos internos. Carismático, hiperactivo y buen orador, se ha convertido en el rostro de la «nueva derecha». Nunca terminó sus estudios de CC Políticas en la Universidad de Lund, trabajó como diseñador de páginas web y abandonó el Partido Moderado porque no estaba de acuerdo con el apoyo a la UE. No tiene programa más allá del asunto de la inmigración y no especifica qué hará con el 12% de la población, que es extranjera.
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