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Noticias de conflictos

10-04-2020 | Fuente: as.com
World Athletics reserva el 8 y 9 de agosto para los campeonatos nacionales
A través de un comunicado, el organismo afirmó que ha elegido estas fechas para que "los atletas compitan en los campeonatos nacionales sin conflictos de programación".
02-04-2020 | Fuente: abc.es
Entre el cielo y el infierno
Al segundo y malogrado secretario general de Naciones Unidas, el sueco Dag Hammarskjöld, se le atribuye una de las mejores definiciones de la institución estrenada en San Francisco a finales de octubre de 1945: «Fue creada no para llevar a la humanidad hasta el cielo sino para salvarla del infierno». En 1945, la tragedia de la Segunda Guerra Mundial había conseguido entreabrir las puertas del infierno: genocidio, armas de destrucción masiva y la horrorosa confirmación de que el coste humano de los conflictos bélicos tiende a ser cada vez más indiscriminado. A los 75 años de historia, y encasillada desde hace tiempo como grupo de riesgo por los renegados del orden internacional liberal, la ONU ha vuelto a recurrir al contexto de lo apocalíptico para recordar que la pandemia de coronavirus plantea la mayor amenaza para la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial. Es decir, que las puertas del infierno se están volviendo a abrir o como decía un irreverente cómico, «Dios ha pedido la cuenta». Conforme el Covid-19 se ha propagado literalmente por todo el mundo, la primera inclinación de muchas naciones ha sido retirarse dentro de sus fronteras, aplicar restricciones de todo tipo, desentenderse de sus vecinos e intentar hacer frente a este reto a través de respuestas estrictamente nacionales. Esta respuesta tan ensimismada recuerda a todos los fracasos en cadena acumulados en los años treinta. Sin olvidar la importancia del esfuerzo de rectificación del nuevo orden construido a partir de las cenizas de 1945: desde Naciones Unidas hasta las instituciones de Bretton Woods, pasando por el proyecto de integración de Europa. En estos momentos tan difíciles, muchos gobiernos se han lavado bastante bien las manos con respecto al multilateralismo solidario. Y demasiados se han olvidado de que una lucha global como el coronavirus requiere también de soluciones globales. Sobre todo si se quiere evitar que este infierno biológico se convierta también en un infierno político, económico y social para todo el mundo.
23-03-2020 | Fuente: as.com
El milagro de los Juegos de Melbourne
La cita olímpica de 1956 salió adelante pese a muchos obstáculos por los conflictos internacionales y las guerras internas.
13-03-2020 | Fuente: elpais.com
La guerra alcanza la literatura ucraniana
Los conflictos con Rusia fortalecen el ucraniano y potencian la creación literaria en ese idioma. Los autores marcados por la experiencia de la guerra proliferan en Ucrania.
11-03-2020 | Fuente: abc.es
La violencia se abre paso en el día a día de la política alemana
Anoche quemaron el cooche del presidente en funciones del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) en Berlín, Nicolaus Fest. Le prendieron fuego al Skoda a las dos de la mañana en el céntrico barrio de Charlottenburg, en plena calle, y salieron corriendo. La policía investiga el asunto como un delito de motivación política. Podría considerarse un hecho aislado si no fuera porque la semana pasada ardió también el coche del copresidente de AfD, Tino Chrupalla, en un incidente similar, por el que el político además tuvo que ser trasladado al hospital al resultar levemente intoxicado mientras trataba de sofocar el incendio. Al igual que el automóvil de Fuest, el Volkswagen Caddy de Chrupalla, aparcado en el exterior de su domicilio, resultó completamente calcinado. El grupo parlamentario de AfD condena los incendios y responsabiliza al resto de los partidos. «Los autores están sentados en las trastiendas donde los partidos tradicionales diseñan sus estrategias e idean cada día nuevas campañas de odio contra la AfD», se ha quejado el presidente del grupo parlamentario, Georg Pazderski. «Los partidos tradicionales, con sus campañas de difamación, han creado un clima en el que los extremistas se sienten legitimados para actual con violencia contra los políticos de AfD», interpreta por su parte Beatrix vonb Storch. Pero el hecho es que la violencia, que aumenta significativamente su presencia en el día a día de la política alemana, no se dirige exclusivamente contra este partido. En una de cada cinco ciudades de Alemania, hay empleados de la administración que han sido víctimas de violencia física. D os de cada tres alcaldes en el país admiten haber recibido amenazas violentas o haber sido víctimas de actos violentos, según una encuesta realizada por Forsa para la revista «Kommunal» (Municipal) que registra una tendencia alarmante: el número de ataques violentos ha aumentado más del doble en solo un año. En 2018, el 9% de todos los municipios informaron sobre funcionarios atacados. En 2019 el porcentaje alcanza el 20%. Los alcaldes, principales víctimas Los alcaldes resultan particularmente afectados. El 9% de los 2.494 entrevistados ha sufrido ataques físicos (escupidos o golpeados). En ciudades con más de 100.000 habitantes, el 32% reporta este tipo de ataques. Siete de cada diez del total ha enfrentado insultos personales y amenazas verbales, según el editor en jefe de la revista Christian Erhardt, que apunta como «incontables» los correos o mensajes de odio, abusos verbales en las redes sociales y cartas con amenazas. El 59% reconoce haber recibido insultos o asaltos en eventos públicos, el 57% en la oficina. «Esta hostilidad afecta no solamente a los políticos, sino también a sus familias y la consecuencia es que cada vez más alcaldes no quieren continuar en su cargo», explica Erhardt. El 29% de los alcaldes entrevistados reconocieron que ya no quieren volver a presentarse en las próximas elecciones. El 5% citó amenazas específicas como la razón de esta decisión. Otro 9% se refirió a «la forma básica de tratar el uno con el otro y la cultura brutal de discusión en la vida cotidiana». Existe el riesgo de un «colapso generalizado en el voluntariado político», advierte Erhardt. Andreas Zick, jefe del Instituto de Investigación Interdisciplinaria de Conflictos y Violencia de la Universidad de Bielefeld, ha dicho sobre este informe: «Vemos un elemento dramático: la violencia está saliendo de Internet. En los años pasados comprobábamos alarmados cómo en las redes se hacía más violenta la comunicación sobre política, pero las palabras han pasado ya a los hechos». Lo extraña, por ese motivo, ver en las noticias que alcaldes como el de la ciudad de Kamp-Lintfort, en la zona del Ruhr, el socialdemócrata Christoph Landscheidt, ha solicidtado autorización expresa para llevar un arma de fuego encima, porque se siente amenazado por extremistas de derecha que le acosan a él y a su familia. La presidenta de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer, también ha exigido una protección adecuada para los políticos locales, en vista de los crecientes ataques, aunque ha dejado claro que está en contra de que los alcaldes vayan armados por la calle. «Alemania tiene un gran problema con el odio y la violencia», ha reconocido el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, «hay un clima de desinhibición, degradación y agitación que ha llegado a los ayuntamientos y los parlamentos, así como a los patios escolares y foros de internet». Durante un evento en Zwickau, Sajonia, ciudad en la que varios políticos locales han hecho públicas las amenazas recibidas, el presidente de Alemania se refirió al asesinato del presidente del gobierno de Kassel, Walter Lübcke, a principios de junio de 2019, el ataque a la sinagoga en Halle en octubre y el ataque racista en Hanau en febrero, y llamó a la sociedad a tomar medidas decisivas contra cualquier «forma de brutalización». «Nadie debería decir "eso no me concierne". Y nadie debería guardar silencio. Hay una mayoría silenciosa en el país que quiere vivir en paz y condenar la violencia, pero que ha estado en silencio durante demasiado tiempo», dijo, «es exactamente esta mayoría la que debe escucharse ahora».
09-03-2020 | Fuente: abc.es
Por qué el socialismo ha fracasado (hasta ahora) en Estados Unidos
Estados Unidos asiste en las últimas semanas al hecho insólito de que un político que se define como «socialista», Bernie Sanders , se sitúe como un serio aspirante a disputar a Donald Trump la Casa Blanca. Al contrario que en Europa, donde forma parte del paisaje político, ese término despierta tradicionalmente recelos en gran parte de la población. Sin embargo, no es ajeno a la historia estadounidense y llegó a haber un movimiento obrero mucho más importante de lo que hoy día se podría pensar. E incluso emergió un partido socialista de relativo éxito. Pese al bipartidismo imperante, EE.UU. no siempre ha estado dividido entre demócratas y republicanos, sino que la realidad es mucho más rica. En las primeras décadas de la joven nación surgida de la guerra de la independencia contra los británicos (1775-1783), el pulso por el poder era entre el llamado Partido Federalista de Alexander Hamilton, que abogaba de unas instituciones centrales fuertes, y el Partido Demócrata-Republicano de Thomas Jefferson, defensor de los derechos de los estados. De este último acabaría surgiendo el actual Partido Demócrata en 1826, que durante mucho tiempo encarnó el ideario conservador y tuvo su feudo en los estados sureños. Enfrente se situaba el Partido Whig, del que a su vez saldría en 1854 el Partido Republicano, abanderado de la abolición de la esclavitud y con el presidente Abraham Lincoln como figura emblemática. «Los partidos de masas fueron muy tempranos ?explica a ABC la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia Aurora Bosch? y como tales ampliaron su composición conforme se extendía el voto y tenían una organización y una acción política dirigida a captar el voto de las nuevas mayorías. Eran y son grandes coaliciones, que incorporan en sí mismo distintas fracciones». «Estos partidos de masas tempranos eran los que gestionaban un estado federal muy débil y daban un sentido nacional», explica Aurora Bosch «En el caso del Partido Demócrata, ya en 1826 fue capaz de incorporar las demandas de los primeros partidos de los trabajadores de las principales ciudades del este» y «a la vez representaba los intereses de los inmigrantes irlandeses de Nueva York, de los plantadores en el sur, de los agricultores familiares del oeste?», destaca Bosch, autora de «Historia de Estados Unidos 1776-1945)» (Crítica, 2005). Además, explica, «estos partidos de masas tempranos eran los que gestionaban un estado federal muy débil y daban un sentido nacional», por los que «se les llamaba partidos constituyentes». Tras la guerra civil (1861-1865), la industrialización, el desarrollo económico y la explosión demográfica se extendieron por todo el país a lomos del capitalismo y el libre mercado. Era la «edad dorada» de las grandes corporaciones y multimillonarios magnates como John D. Rockefeller, Andrew Carnegie o J. P. Morgan. Pero también la época de la avalancha migratoria y los conflictos sociales. Ya en la década de 1860 se desató en las minas de carbón de Pensilvania una ola de palizas, asaltos y asesinatos de los que se acusó a los llamados Molly Maguires, sociedad secreta de inmigrantes de origen irlandés que se sentían discriminados frente a los nativos. En unos juicios de dudosa limpieza, los culpables fueron condenados y diez de ellos ejecutados en 1877, lo que marcó el fin de esa organización. Pero ese mismo año una gran huelga ferroviaria convocada por los recortes de salarios fue secundada por 100.000 trabajadores y paralizó buena parte del tráfico de mercancías del país. Visto por muchos como el principio de una insurrección comunista, el paro fue duramente reprimido por tropas federales, milicias estatales y ejércitos privados de las empresas, y se saldó con un centenar de muertos. En 1876, justo un siglo después de la Declaración de Independencia, se había formado el Partido de los Trabajadores de Estados Unidos (WPUS, por sus siglas en inglés), el primero de corte marxista en el mundo tras el SPD alemán, según apunta Aurora Bosch en su obra sobre la historia estadounidense. Al calor de la huelga ferroviaria, creció su activismo y se rebautizó como Partido de Trabajadores Socialistas (SLP). El auge de los Caballeros del Trabajo Pero la organización que más aprovechó este auge del movimiento obrero fue la noble y sagrada Orden de los Caballeros del Trabajo, o Knights of Labor, que en la década de 1880 llegó a superar los 700.000 miembros, en torno a la décima parte de la fuerza laboral de EE.UU. Tenía «una ideología de republicanismo de clase obrera, adaptado a las condiciones de 1880 e impregnado de socialismo», sostiene la profesora Bosch. «Aunque seguían creyendo que el trabajo asalariado era una amenaza para la república porque se creaba una serie de ciudadanos dependientes ?señala en el libro?, no trataban de volver a la época de los pequeños productores independientes, sino de extender la democracia al lugar de trabajo, como la única forma de mantener la república como régimen de gobierno, a través de la garantía de los derechos de los trabajadores y de su participación en los beneficios». Sin embargo, el fracaso en marzo de 1886 de la tercera huelga de los Knights contra el magnate ferroviario Jay Gould, que «el mago de Wall Street» reventó gracias a los detectives de la siniestra Agencia Pinkerton, marcó el comienzo del declive de la Orden. A ello se añadieron los sucesos del 1 de mayo de ese año en Haymarket Square, en Chicago. Aquel día los anarquistas protestaban contra la muerte de cuatro huelguistas por la Policía y en medio de un mitin se lanzó una bomba contra los agentes, siete de los cuales murieron, entre otras víctimas. El miedo a la revuelta comunista se disparó y el respaldo a los Caballeros del Trabajo cayó en picado. En memoria de los trágicos episodios de Haymarket se instituyó el 1 de mayo como Día Internacional de los Trabajadores, que aún hoy sigue celebrándose en buena parte del mundo, aunque, curiosamente, no en Estados Unidos. Aquel mismo 1886 se fundó la Federación Americana del Trabajo (AFL), que encarnaba un nuevo sindicalismo de trabajadores cualificados más pragmático, conservador y alejado de la ideología y la acción política. El socialismo y el radicalismo revolucionario pasaban a percibirse como propios de extranjeros, ajeno al espíritu estadounidense. Con todo, en la década de 1890 no desapareció la tensión social. En esos años EE.UU. sufrió la peor crisis económica de su historia hasta entonces y en 1894 se organizó una huelga nacional del ferrocarril de la que emergió la figura de Eugene Debs, llamado a liderar lo que sería el Partido Socialista Americano, fundado en 1901. Este partido, que buscaba entroncar con la tradición política emanada de la revolución de 1775, logró superar los 900.000 votos en 1912, el 6% del total, en las elecciones persdienciales. Pero ese fue su techo, porque la mayoría de los ciudadanos seguían acudiendo a los partidos tradicionales en busca de la respuesta a sus demandas. Además, llegaron la I Guerra Mundial y la Revolución bolchevique de 1917, lo que trastocó el panorama y desató el miedo a la «amenaza roja», lo que acabó por condenar al Partido Socialista Americano. En 1919 se formó el Partido Comunista, aunque solo a partir de la depresión de los años 30 conoció cierto relieve. En todo caso, el conservadurismo de la AFL y, más aún, las guerras mundiales reforzaron el sentimiento patriótico y capitalista, de modo que ni socialistas ni comunistas lograron cuajar como en Europa. En el fracaso de los socialistas influye, según Aurora Bosch, «por un lado la hegemonía ideológica del liberalismo con la que es difícil luchar» en el país, y por otro la tendencia, «desde la aparición del movimiento obrero más másivo», de «identificar socialismo como extranjerismo y por tanto considerarlo antiamericano». En su opinión, «esto es clave, aunque hubiera un socialismo como el de Debs que entroncaba la tradición política radical americana -es decir profundamente democrático mucho más que los europeos- con la lucha de clases». En relación a esto, Bosch destaca también «la fortaleza de la respuesta empresarial, judicial y estatal y federal contra el primer conato de organización del movimiento obrero ya en el siglo XIX». La exclusión de la minoría negra A todo ello añade que «el sector más oprimido y pobre de la población, la minoría negra, quedaba generalmente excluido de esta lucha, por su propia opresión en el sur, por el racismo de los sindicatos en el norte, hasta los años treinta, en que si se incorporaron al sindicalismo del CIO y el para el Partido Comunista fue un objetivo principal de acción». «Pero entonces ya se integraron en la Coalición Roosevelt del Partido Demócrata», anota. En la actualidad, reflexiona la especialista, «la asociación de socialismo y radicalismo en general con antiamericanismo puede aún ser utilizada como sabe subliminal o burdamente por la campaña del Partido Republicano y seguro que seguirá siendo eficiente, en parte también por cómo los estadounidenses se ven a sí mismos», señala en referencia a «la importancia de la no intromisión del estado federal y la convicción de que nadie defenderá sus intereses mejor que ellos mismos, así como el tema de la responsabilidad individual en un sentido amplio, incluido labrar su propia suerte». Sin embargo, sí percibe un cambio en la percepción del termino socialista en la sociedad estadounidense, ya que «estamos en un nuevo escenario político tras la recesión». «Lo hemos visto con el Partido Republicano y Trump -explica-. Lo vimos en la campaña de 2016 con Sanders y lo estamos viendo en esta campaña. En efecto, parece que para muchos votantes demócratas, tras la desigualdad con que se ha resuelto la gran recesión, medidas características de un socialismo democrático -más moderadas incluso que las europeas- no les parecen desde luego antiamericanas». Howie Hawkins, candidato del Partido Verde y del Partido Socialista de EE.UU. - ABC Howie Hawkins, candidato del Partido Socialista de EE.UU.: «Sanders logrado abrir la conversación» El candidato del minoritario Partido Socialista de EE.UU. -también del Partido Verde-, asegura que Bernie Sanders ha logrado que en EE.UU. se hable de socialismo, algo antes proscrito. A juicio de Howie Hawkins, el senador por Vermonthace campaña por un «liberalismo de New Deal a la antigua», no «un programa socialista tradicional de propiedad social y la gestión democrática de los medios de producción». Sin embargo, reconoce que ha logrado que se hable del socialismo y que ha beneficiado a su partido. El socialismo de Sanders, señala, se identifica con sus programas sociales exitosos. «Hasta Sanders, el socialismo era un obstáculo para la conversación. Ahora sirve para iniciarla», asegura a ABC. En este sentido, destaca que «millones de estadounidenses hablan de qué significa socialismo democrático, ha abierto el debate». Según explica, las élites empresariales y políticas de EE.UU. han «denigrado» históricamente a los socialistas democráticos, sobre todo en la represión del Temor Rojo tras las guerras mundiales. «Su propaganda los equiparó con estados represivos de partido único», apunta. El programa del Partido Socialista -heredero del de Eugene Debs del siglo XX- incluye «tres cuestiones de vida o muerte», destaca: un nuevo acuerdo verde ecosocialista para evitar una catástrofe climática, un proyecto de ley con garantías de empleo, ingresos por encima del umbral de pobreza, vivienda asequible, sanidad para todos, educación gratuita, jubilación, y desarme nuclear. En cuanto a regímenes como los de Cuba o Venezuela, defiende que EE.UU. levante las sanciones y los esfuerzos para cambiar su régimen. Su pueblo debe decidir su gobierno.
08-03-2020 | Fuente: abc.es
Erdogan se queda solo en su pulso militar con Putin en los conflictos de Siria y Libia
Están en bandos opuestos en el conflicto sirio, pero tienen intereses comunes en otros ámbitos. Por eso, sabiendo que las fricciones pueden arruinar unos vínculos que ambos quieren preservar, Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan volvieron a reunirse el pasado día 5 para limar asperezas y actualizar su acuerdo. Un pacto que, desde el establecido en Sochi (septiembre de 2018), se había erosionado significativamente a favor de Moscú y Damasco (sin que el Gobierno sirio haya tenido que participar ni siquiera en estos encuentros). Turquía ha visto cómo su territorio se ha seguido llenando de personas que huyen de la violencia (hasta llegar ya a los cuatro millones), cómo las milicias kurdas sirias siguen activas en la zona fronteriza y cómo sus puestos militares de observación en la provincia de Idlib han quedado neutralizados por las tropas sirias. Rusia, en cambio, se ha convertido sin discusión en el factótum diplomático y militar, colocando al régimen sirio bajo su manto protector, sustituyendo el proceso de Ginebra (auspiciado por la ONU) por el de Astana (en el que también figura Irán, junto a Turquía) y respaldando, sobre todo con fuego artillero y apoyo aéreo, a las fuerzas leales a Damasco en su intento por recuperar el control sobre todo el territorio. Erdogan ha calculado mal sus fuerzas. Si primero optó infructuosamente por el derribo del régimen de Bashar al Assad, abriendo sus puertas al tránsito de yihadistas de todo pelaje y apoyando a milicias contrarias a Damasco, a partir de 2016 pasó a centrarse en el triple objetivo de evitar que su territorio fuera contaminado por la violencia de su vecino, cerrar el paso a nuevos refugiados (con cuya vida juegan vergonzosamente unos y otros) e impedir que los kurdos sirios puedan consolidar una entidad propia en sus inmediaciones. A la vista está que los resultados no son muy satisfactorios y el lanzamiento de la actual operación Escudo de Primavera tampoco augura algo muy distinto. Es cierto que Erdogan está destruyendo algunos activos militares sirios?sobre todo con fuego artillero y drones armados? pero, como acaba de demostrar el endeble acuerdo logrado en Moscú, no puede derrotar a Al Assad mientras este siga contando con la cobertura aérea rusa. El juego de Moscú Al haber extendido demasiado sus líneas (llegando hasta Libia) y al haber acumulado gestos inamistosos con sus principales socios y aliados ?sea con la Unión Europea, perturbando los planes de explotación del gas localizado en el Mediterráneo oriental y ahora con su decisión de dejar salir a los desesperados que se agolpan ante la frontera griega, o con Estados Unidos, con la compra de sistemas antiaéreos rusos S-400 y la amenaza de no prestar sus bases a las fuerzas estadounidenses?, Erdogan se ha quedado solo (ahí está la falta de respuesta aliada a su petición de despliegue de baterías de Patriot) y sometido a un Putin interesado por igual en la fragmentación de la OTAN y en cortejar a Ankara con la oferta de negocios de explotación conjunta del gas (sirva el gasoducto Turkstream como ejemplo). Y todo eso mientras su posición interna se va erosionando, con una población cada vez más crítica con su deriva autoritaria, más reacia a soportar la carga que suponen los refugiados y el aventurerismo militar, más descontenta con su gestión económica y, por tanto, más dispuesta a escuchar lo que planteen, incluso en las propias filas del islamismo político, sus opositores. Eso le ha permitido a Putin convertirse en interlocutor imprescindible en cualquier intento de buscar una solución al conflicto sirio (mientras EE.UU. pierde peso a ojos vista y la Unión Europea nunca ha logrado ser tenida en cuenta). Por un lado, se permite apoyar a Al Assad ?aumentando el peso de su presencia militar en la base naval de Tartús y en la aérea de Hmeimim? y, por otro, cuenta con una baza más con la que poder negociar un posible alivio a las sanciones que pesan sobre Moscú por su implicación en Ucrania. Además, logra imponer su criterio ante Teherán y Ankara, sin perder de vista el acercamiento a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, en un intento por sumar posibles financiadores de la futura reconstrucción siria. Y aunque Erdogan trate de vender el acuerdo como un éxito y haya logrado evitar la ruptura de relaciones con una Rusia con la que necesita seguir entendiéndose, la realidad es que su influencia en Siria disminuye. Y así se explica que la nueva línea que demarca el frente tras el acuerdo ruso-turco suponga admitir que Ankara pierde terreno o, lo que es lo mismo, que Damasco sigue avanzando sus peones y ya controla la importante autovía M-4 (que une el puerto de Latakia con Alepo). Esa cesión de territorio en Idlib, a manos de las fuerzas sirias, hace que sus posiciones militares (y las de sus aliados locales) se hagan insostenibles en cuanto las fuerzas de Damasco reemprendan la ofensiva. Jesús A. Núñez Villaverde es Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH)
25-02-2020 | Fuente: elpais.com
Diálogo para resolver los conflictos culturales
La Corte Iberoamericana de Arbitraje y Mediación de las Industrias Creativas busca ofrecer al sector una alternativa a los procesos judiciales
18-02-2020 | Fuente: abc.es
En vídeo: Un padre sirio enseña a su hija a reírse cada vez que cae una bomba
Un padre sirio ha enseñado a su hija pequeña a reírse cada vez que una bomba pone su vida en peligro en la provincia de Idlib, la región del país donde la guerra continúa, y donde las tropas del régimen y las turcas siguen dirimiendo sus diferencias, en una guerra que parece no tener fin. Para lograr las carcajadas de la niña, de un año, su padre le ha explicado que el ruido de las bombas no está causado por armas reales, sino por otras de juguete, inofensivas. Ambos residen en la ciudad de Sarmada, situada en la provincia de Idlib, en el noroeste de Siria.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">Cada vez que escucha una bomba, esta niña siria de 4 años se ríe porque piensa que es un juego. Familias atrapadas en conflictos que tienen que hacer magia para crear refugios para sus hijos/as. <a href="https://t.co/l7mdTgVF2B">pic.twitter.com/l7mdTgVF2B</a></p>&mdash; CEAR (@CEARefugio) <a href="https://twitter.com/CEARefugio/status/1229420588491563008?ref_src=twsrc%5Etfw">February 17, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Las imágenes fueron publicadas en Twitter por Mehmet Algan, un exdiputado del partido Justicia y Desarrollo, el mismo del presidente de Turquía, Recep Tayip Erdogan. El vídeo, dado a conocer en España por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), muestra a padre e hija a carcajadas. Evitar el trauma Según han explicado varios medios que se han hecho eco de estas imágenes, el objetivo del padre es evitar que la niña viva como un evento traumático la caída de las bombas, intentando que piense que se trate de un juego que puede sacarle alguna carcajada. «He decidido enseñar a Selva este juego para evitar el colapso de su estado psicológico, para evitar las enfermedades vinculadas con el miedo», ha afirmado el padre, Abdullah Al-Mohammad, a Sky News: «Es una niña que no entiende qué es la guerra». El vídeo, muy comentado en las redes sociales, ha sido comparado por los usuarios con «La vida es bella» (Roberto Benigni, 1997), una película ambientada en la Segunda Guerra Mundial donde un padre hace creer a su hijo que el conflicto es un juego.
16-02-2020 | Fuente: abc.es
Borrell insta a que Europa actúe en crisis internacionales sin unanimidad entre sus miembros
Es hora de que Europa asuma su responsabilidad en los conflictos internacionales. Eso es al menos lo que piensa Josep Borrell, que en la Conferencia de Múnich ha defendido hoy que los gobiernos de la Unión Europea tienen que estar dispuestos a intervenir en las crisis para evitar la parálisis en política exterior. El Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea ha puesto de manifiesto el desequilibrio entre el poder económico de Europa y su insignificancia en términos diplomáticos. Ha puesto como ejemplos los problemas en Libia y en Venezuela para ilustrar la necesidad de actuación. «Debemos ser capaces de actuar, no limitarnos a hacer diariamente comentarios, expresando preocupación», ha dicho. «Europa tiene que desarrollar un apetito por la influencia, que no sólo significa poder militar», ha agregado. Borrell llama así a reforzar el nuevo liderazgo en Bruselas, que se ha lanzado a una carrera diplomática desde enero, particularmente en Oriente Próximo, pero topándose con la división de los países miembros sobre cómo reaccionar a la propuesta de paz de Trump para los palestinos e Israel. Los esfuerzos por revivir una misión marítima frente a Libia para mantener un embargo de armas de la ONU han encontrado dificultades y Borrell sugiere ahora que «cuando no haya unanimidad, la mayoría restante tiene que actuar». Borrell ha aprovechado su presencia en Múnich para reunirse con el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, para hablar sobre el proceso de paz en Oriente Próximo y el acuerdo nuclear con Irán. Tras esa conversación, el diplomático europeo ha tuiteado que «las discusiones incluyeron el proceso de paz y el PAIC», y que sigue comprometido con «escuchar a todas las partes y mantener vivo el acuerdo nuclear». Al cierre de la Conferencia de Seguridad de Múnich, representantes de doce países, junto a la ONU, la Unión Africana, la Unión Europea y la Liga Árabe, han apoyado el acuerdo al que llegaron las partes implicadas en Libia durante la Conferencia de Berlín, del mes pasado, que sin embargo podría quedar en papel mojado por varios incumplimientos. «Las violaciones de un embargo de armas en Libia se han convertido en una broma y es imperativo que aquellos que lo violan rindan cuentas», ha señalado una alta funcionaria de la ONU. «Todos tenemos que dar un paso adelante», dijo la representante especial adjunta de la ONU en Libia, Stephanie Williams, «es complicado porque hay violaciones por tierra, mar y aire, pero hay que vigilarlo y hay que exigir responsabilidades». Tras una reunión presidida por el ministro alemán de Exteriores, Heiko Maas, los participantes han emitido un comunicado en el que respaldan la Conferencia de Berlín y sus acuerdos, al tiempo que lamentan «las deplorables violaciones al embargo de armas» y solicitan una renovación de los compromisos. Los ministros participantes, además, apelaron a las partes en conflicto a acelerar las negociaciones para alcanzar un alto el fuego permanente. Maas considera necesario que la UE se comprometa más en la búsqueda de una solución en Libia, pues de lo contrario, dijo, se corre el riesgo de que el conflicto se haga endémico, como en Siria. Y en este sentido asentía a las palabras de Borrell, pidiendo más iniciativa a la UE y más decisión a la hora de intervenir. También Armin Laschet, presidente regional de uno de los Bundesländer alemanes de más peso, Renania del Norte- Westfalia, y uno de los candidatos a suceder a Merkel con más posibilidades, ha suscrito esa idea. Para muchos de los asistentes a esta última jornada de la Conferencia de Seguridad, especialmente los europeos pero también entre la delegación americana, sus palabras han supuesto todo un alivio. Laschet se ha permitido criticar abiertamente la política europea de Merkel y su falta de iniciativa. «Hoy el presidente francés hace sugerencias, y nos toma demasiado tiempo reaccionar», ha lamentado, señalando que Alemania debe desarrollar nuevamente iniciativas importantes para Europa y asumir más responsabilidad financiera. En su opinión, en los últimos años, a Alemania «a menudo le ha faltado coraje y ritmo» y en la próxima Presidencia alemana del Consejo de la UE, a partir del verano, Berlín debería recuperar la energía de los tiempos de Helmut Kohl. Cuando se le preguntó si se refería a Merkel con sus críticas, Laschet dijo que le hubiera gustado una respuesta comprometida a Macron en septiembre de 2017, «más rápido y también en discusión con él». La última gran coalición, ha recordado, suscribió su acuerdo de gobierno sobre el título «Un nuevo comienzo para Europa». «Hasta ahora, sin embargo, no se ha notado mucho», ha dicho, justificando tardanzas con la crisis de la deuda y de los refugiados, y después el Brexit. «Quizás no era el momento de grandes visiones europeas pero ahora si ha llegado ya el momento».
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