Infortelecom

Noticias de conflictos

22-04-2020 | Fuente: abc.es
Al menos 52 muertos en un ataque yihadista en el norte de Mozambique
La Policía de Mozambique confirmó la muerte de 52 personas en la provincia nororiental de Cabo Delgado tras un ataque del grupo yihadista Al Shabab, que no guarda relación con la organización homónima somalí, informaron los medios estatales. La masacre se produjo el pasado 7 de abril y terminó con la vida de forma «cruel y diabólica» de 52 jóvenes en la aldea de Xitaxi (distrito de Muidumbe), detalló a última hora del lunes el portavoz de la Policía, Orlando Modumane, en una rueda de prensa en Maputo en la que sólo se permitió la asistencia de la prensa estatal. Al Shabab «ha tratado recientemente de reclutar a jóvenes para que se unan a sus filas, sin embargo, estos se resistieron y ello desató la ira de los atacantes que los dispararon y mataron», dijo Modumane, citado por el diario oficial Noticias. «A raíz de los últimos hechos delictivos registrados en algunos distritos del norte de la provincia de Cabo Delgado, las Fuerzas de Defensa y Seguridad han intensificado sus acciones operativas de combate y persecución», agregó el portavoz policial. El atentado podría ser una represalia ante las últimas derrotas de Al Shabab a manos de excombatientes de la Guerra de Liberación de Mozambique (1964-1974) de etnia makonde -mayoritaria en Cabo Delgado-, que se unieron al Gobierno contra ese grupo y han causado la muerte de al menos 30 yihadistas, revelaron fuentes conocedoras del conflicto al semanario independiente "Savana". Se trata de uno de los peores ataques perpetrados por este grupo yihadista desde octubre 2017, cuando comenzó sus acciones violentas en esta región rica en piedras preciosas (rubíes) y yacimientos de gas natural de los que participan grandes multinacionales como la italiana ENI o la estadounidense Anadarko. El pasado 23 de marzo, la organización yihadista Estado Islámico (EI) se atribuyó la autoría de un supuesto ataque de Al Shabab en el pueblo de Mocimboa da Praia, localizado también en Cabo Delgado a unos 60 kilómetros al sur de varios proyectos de extracción de gas, si bien no está claro que existan vínculos entre ambos grupos. Según datos de Amnistía Internacional, al menos 350 personas han sido asesinadas desde 2017 en Cabo Delgado a manos de grupos armados; cifra que el Proyecto de Datos de Ubicación y Eventos de Conflictos Armados (ACLED, en sus siglas inglesas) aumenta a 910.
22-04-2020 | Fuente: abc.es
La ONU calcula que 265 millones de personas se enfrentan a hambrunas severas para 2020
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha calculado que el impacto económico de la pandemia del nuevo coronavirus durante 2020 expondrá a la inseguridad alimentaria severa a 265 millones de personas, casi el doble de los registros del año anterior, cuando se contabilizaron 135 millones. Ante este espectacular aumento, esta agencia humanitaria de Naciones Unidas ha declarado fundamental mantener los programas de asistencia alimentaria, entre ellos los de esta organización, que alcanzan a casi 100 millones de personas vulnerables de todo el mundo. El director ejecutivo del PMA, David Beasley, ha advertido de que «no sólo nos enfrentamos a una pandemia de salud a nivel global, sino también a una catástrofe humanitaria mundial». En ese sentido, Beasley ha insistido en que si no se aborda esta situación cuanto antes, amplias capas de la población mundial podría hacer frente «a múltiples hambrunas de proporciones bíblicas en unos pocos meses», ya que, tal y como ha recordado, antes de la crisis sanitaria del Covid-19 «821 millones de personas se van a la cama con hambre cada noche en todo el mundo». El informe presentado por la Red Mundial contra las Crisis Alimentarias de la PAM ha cifrado en 135 millones las personas que en 2019 tuvieron que hacer frente a severas crisis de hambruna en hasta 55 países diferentes, la cifra más alta desde que esta oficina comenzó a elaborar, junto a organismos internacionales, este tipo de estudios en 2017. El texto ha destacado que en estos casi 100 países donde se produjo esta situación, 75 millones de niños sufrieron retraso en el crecimiento y 17 millones de ellos sufrieron delgadez excesiva. Los principales factores que provocaron estas cifra fueron los conflictos y las guerras internas, que empujaron a 77 millones de personas -la mayoría en Sudán del Sur o en la República Democrática del Congo- a abandonar sus tierras y hogares; los fenómenos meteorológicos, que afectaron a 43 millones de personas; o las crisis económicas, las cuales golpearon a 24 millones de personas en países tan dispares como Guatemala, Haití, Pakistán, Zambia y Zimbabue. África, los más afectados Más de la mitad de las 135 personas que padecieron hambre severa en 2019, unos 73 millones, viven en África; en países como República Democrática del Congo, Etiopía, Sudán del Sur, Sudán y Nigeria. En el caso de Sudán del Sur, el 61 por ciento de toda su población se encontraba en estado de crisis alimentaria, mientras que al menos el 35 por ciento de los habitantes de República Centroafricana y Zimbabue se encontraban en una situación similar. Otros 43 millones han padecido episodios de hambruna severa en Oriente Próximo, sobre todo en Yemen, Siria y Afganistán, y Asia, mientras que el resto, 18,5 millones, habitan en América Latina y el Caribe. Es en Sudamérica donde se halla el cuarto país más afectado por la crisis alimentaria global, Venezuela, con 9,3 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria aguda y necesitadas de asistencia urgente, según este informe, que firma Naciones Unidas y sus distintos organismos, así como otras ONG e instituciones gubernamentales En los países de Centroamérica -El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua- la sequía ha dejado a 3,2 millones de personas pasando hambre, mientras que en Haití, la perenne crisis política y socioeconómica continúa afectando a casi 4 millones de personas.
22-04-2020 | Fuente: as.com
El BAT expone directrices para ayudar a mediar en conflictos laborales por el coronavirus
El Tribunal Arbitral de Baloncesto ha publicado un conjunto de directrices para dar mayor seguridad jurídica a jugadores, agentes y entrenadores.
21-04-2020 | Fuente: as.com
El BAT expone directrices para ayudar a mediar en conflictos laborales por el coronavirus
El Tribunal Arbitral de Baloncesto ha publicado un conjunto de directrices para dar mayor seguridad jurídica a jugadores, agentes y entrenadores.
17-04-2020 | Fuente: as.com
Los clubes de la Premier no ponen fecha para acabar la temporada
Los clubes y ejecutivos se reunieron este viernes para tratar posibles soluciones. Se buscaba evitar potenciales conflictos por ir más allá de la finalización de contratos.
16-04-2020 | Fuente: as.com
La Premier League valorará este viernes poner el 30 de junio como límite a la temporada
Los clubes y ejecutivos se reunirán este viernes con el futuro de la competición sobre la mesa. Se busca evitar potenciales conflictos por ir más allá de la finalización de contratos.
14-04-2020 | Fuente: abc.es
Choque entre Trump y los gobernadores sobre los tiempos para la reapertura de EE.UU.
El presidente de estadounidense, Donald Trump, intentó zanjar este lunes cualquier polémica sobre una «reapertura» del país al indicar que esta será una decisión suya y no de los gobernadores, mientras Estados Unidos sigue encabezando las estadísticas mundiales de contagiados y fallecidos por COVID-19. Estados Unidos, con 558.999 casos confirmados y 22.154 muertes, es el epicentro de la pandemia, que suma a nivel mundial 1.897.373 enfermos y 118.304 decesos, según los registros de la Universidad Johns Hopkins. «Con el propósito de crear conflictos y confusión, algunos medios de noticias falsas están diciendo que es decisión de los gobernadores abrir los estados no del presidente de Estados Unidos y del Gobierno federal», escribió Trump en su cuenta de Twitter. «Que se entienda completamente que esto es incorrecto -sentenció-. Es la decisión del presidente y por muchas buenas razones». Pese a estas palabras, el gobernante matizó su mensaje y destacó que su Administración está trabajando «estrechamente» con los gobernadores, situación que -anticipó- «continuará». «Una decisión mía, en conjunto con los gobernadores y el aporte de otros, se tomará en breve», remató sin mayores detalles. Unión de los demócratas de la Costa Este Las palabras de Trump coincidieron con la iniciativa de varios gobernadores demócratas que, sin esperar directrices del Gobierno federal, se han unido este lunes de costa a costa para elaborar planes conjuntos que les permitan retomar la actividad económica con el menor riesgo para la salud y de contagios. En la costa este, Nueva York y otros cinco estados anunciaron que elaborarán un plan conjunto para retomar la vida social y reactivar la economía de manera segura, gradual y coordinada para evitar un repunte de infecciones por el COVID-19. Se trata de Nueva Jersey, Connecticut, Pensilvania, Delaware, Rhode Island y Nueva York, seis estados que, como subrayaron sus gobernadores en una rueda de prensa telemática, son vecinos y se encuentran estrechamente conectados. En este sentido, el gobernador de Connecticut, Ned Lamont, hizo mención al «corredor» de transporte que conecta especialmente Nueva York, Nueva Jersey y su región, y explicó que los principales focos de expansión del virus están vinculados con las vías de comunicación que unen los tres estados. En «el corredor formado por la carretera Interestatal 95 y el tren (Metro North) tenemos cientos de miles de personas que continuamente vienen y van entre Nueva York y Connecticut. Es un corredor de comunicación pero también es el corredor del COVID-19 y es por eso por lo que es tan importante que trabajemos juntos en esto», dijo. «Al virus no le importan las fronteras estatales y a nosotros tampoco», declaró por su parte la gobernadora de Rhode Island, Gina Raimondo, que como el resto de responsables políticos, todos ellos del Partido Demócrata, alabaron el «liderazgo» de su homólogo de Nueva York, Andrew Cuomo, por consolidar esta iniciativa. También de la Costa Oeste Mientras en la costa oeste de Estados Unidos, los gobernadores de California, Oregón y Washington informaron de un acuerdo similar para trabajar de forma compartida la estrategia de lucha contra COVID-19 y buscar fórmulas para reabrir la economía de la región, indicó la oficina del responsable californiano, Gavin Newsom. Los tres estados se comprometieron en actuar en «estrecha coordinación y colaboración» para garantizar que el virus no se «propague de manera salvaje» en la zona y tener enfoque compartido para reabrir sus economías. «Necesitamos ver una disminución en la tasa de propagación del virus antes de la reapertura a gran escala, y trabajaremos en coordinación para identificar las mejores métricas para guiar esto», explicaron. Trump había vaticinado a finales de marzo que el país podría volver a la normalidad el 12 de abril, fecha que coincidió este año con el Domingo de Pascua, pero tuvo que posponer esta decisión y prorrogar hasta el 30 de este mes las medidas para combatir el coronavirus, ante su propagación y la opinión contraria de los expertos. Una economía herida Con buena parte del país confinado, la economía estadounidense -cuyas buenas cifras eran exhibidas por Trump como el principal logro de su Administración- ha sufrido un gran impacto por esta crisis sanitaria. En apenas 21 días, casi 17 millones de trabajadores se han quedado sin su puesto de trabajo. De cifras de cercanas al pleno empleo, la tasa de desocupación en Estados Unidos escaló a 4,4 % en marzo, la mayor desde 2017 en el país. La economía estadounidense perdió igualmente en marzo pasado un total de 701.000 puestos de trabajo. Y mientras Trump, que en noviembre se jugará su reelección, cuenta los días para retomar la normalidad, el mensaje de las autoridades sanitarias es de un «cauto optimismo», dijo el domingo el director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas (NIAID, en inglés), Anthony Fauci. En una entrevista este domingo, Fauci estimó que la cuarentena podría levantarse parcialmente «quizá el próximo mes», sin comprometerse con una fecha exacta.
14-04-2020 | Fuente: abc.es
El coronavirus frena las «revoluciones de octubre» de Irak y Líbano
El coronavirus ha obligado a abrir un paréntesis en las protestas de Líbano e Irak, dos países que desde hace seis meses viven unas movilizaciones que exigen profundos cambios políticos y el final de la corrupción. La conocida como «Primavera árabe» de 2011, que acabó con las dictaduras de Túnez, Libia, Yemen y Egipto y abrió una guerra que sigue abierta en Siria, no afectó de forma tan directa a libaneses e iraquíes que, nueve años después, salen a las calles y desafían a las fuerzas de seguridad. Los manifestantes en la plaza de Tahrir de Bagdad o la de los Mártires, en Beirut, comparten el hartazgo con sistemas políticos basados en cuotas de poder, que reparten los puestos clave en función a las sectas y confesiones de cada país. La corrupción, el desempleo y la fuerte injerencia de Irán en las políticas domésticas son otros denominadores comunes ante los que se revela una población que pide a gritos el cambio de sistema. Una población que, en el caso iraquí, ha pagado un precio de más de 700 muertos y 28.000 heridos en los choques con las fuerzas de seguridad. Irak: no hay cambio sin sangre El coronavirus y el toque de queda decretado por las autoridades empujó a los manifestantes a abandonar la plaza de Tahrir hace una semana y lo mismo ocurrió en las principales ciudades del centro y sur del país, en las nueve provincias a las que extendieron las movilizaciones. El periodista iraquí Hamid Al Sayyid explicó en su cuenta de Twitter que «no supone una vergüenza revisar las formas de manifestarse ya que todos tenemos interés en reducir los ambientes favorables para la propagación del virus». Ante las preguntas de sus seguidores sobre si esto no significa «olvidar la sangre de los 700 mártires», Al Sayyid respondió que «volved a casa y estad a salvo del coronavirus junto a los vuestros, en lugar de arriesgaros a un contagio que acabe con vuestra vida y la de ellos, entonces no seréis más que un número más a añadir a esos 700». Si algo han aprendido los iraquíes desde 2003 es que no hay cambio sin sangre. Ese año comenzó la invasión de Estados Unidos que acabó con el régimen de Sadam Husein y abrió las puertas a una terrible guerra sectaria que partió el país entre suníes y chiíes, la secta mayoritaria, como ocurre en el vecino Irán. La invasión fue el caldo del cultivo para la posterior aparición del Califato instaurado por el grupo yihadista Estado Islámico (EI). Con este panorama bélico de fondo, el sistema político del país se desarrolló en base a la división entre etnias y confesiones. El presidente es kurdo, el primer ministro chií y el jefe del parlamento, suní. La cámara la dominan los partidos chiíes porque es la secta mayoritaria. El final de la guerra contra el EI y la posterior llegada al poder del primer ministro Adel Abdul Mahdi abrieron una puerta a la esperanza después de décadas de conflictos, pero pasaron los meses y las cosas no cambiaban. La seguridad mejoró, pero el desempleo y los servicios mínimos, como la electricidad, seguían siendo cuestiones que el nuevo Gobierno no era capaz de resolver pese a que la producción y el precio del petróleo estaban a niveles históricos. Los jóvenes explotaron. «¡Ni políticos, ni religiosos!», era uno de los eslóganes que se escuchaban en los primeros días en Bagdad, pero también en Nasiriya o Basora, ciudades del sur de mayoría chií donde las protestas fueron adquiriendo fuerza de manera progresiva. El enemigo ya no una era una secta, tampoco el EI o las fuerzas estadounidenses. Las calles de Irak clamaban contra la corrupción y el desempleo y lo hacían pese a la brutal represión. Irak no vivió un proceso como el de la «Primavera árabe» de 2011, pero son habituales las protestas y en mayo de 2016 un grupo de manifestantes llegó incluso a asaltar el Parlamento, situado en la Zona Verde, en señal de protesta por los mismos motivos que en octubre les llevaron a las barricadas. En este último caso, la chispa que encendió el enfado popular fue la destitución del general Abdul Wahab Al Saadi, considerado uno de los hombres clave en la derrota del califato, que fue relevado de su cargo al frente de las unidades antiterroristas de manera sorpresiva. Al Saadi es chií, pero no está alineado con ninguno de los grandes partidos de esta secta y su destitución fue interpretada como una medida ordenada por Irán, que le vería como un oficial cercano a Estados Unidos. En estos seis meses, la presión de las calles obligó a dimitir al primer ministro Abdel Mahdi y centró su enfado en Irán, cuyos consulados en Nayaf y Karbala fueron atacados. Enero fue un mes clave para unas movilizaciones que quedaron eclipsadas por el asesinato del general iraní Qassem Suleimani en Bagdad por parte de Estados Unidos, que provocó la respuesta de las milicias chiíes con marchas de protesta ante la Embajada estadounidense en la Zona Verde. Fue entonces también cuando el clérigo Muqtada Al Sader, responsable de la principal fuerza en el parlamento, ordenó la retirada de sus hombres de las acampadas. Los mismos milicianos que protegieron durante semanas la protesta, se convirtieron en amenaza para los manifestantes. «El futuro próximo dependerá del impacto que tenga el coronavirus, pero a largo plazo está claro que las protestas no remitirán hasta que haya un cambio real. A diferencia de anteriores movilizaciones, la ?revolución de octubre? se ha convertido en un movimiento», considera Abbas Kadhim, director de Iraq Initiative. Líbano: prisioneros del pasado El Covid-19 ha silenciado también la plaza de los Mártires, en el centro de Beirut. El lugar donde se gestaron las revueltas de 2005, contra la presencia militar de Siria en el país, y 2007, contra el gobierno de Hizbolá, se llenó hace seis meses de voces que pedían un cambio integral en el sistema político libanés. La chispa que hizo estallar la paciencia de los libaneses, uno de los países más endeudados del mundo, con alrededor de 86.000 millones de dólares de deuda, fue el anuncio del Gobierno de su intención de aplicar una tasa a las llamadas por servicios de mensajería en internet como WhatsApp, medida que se vio obligado a retirar de forma inmediata. Miles de personas, de todas las edades y sectas comenzaron a manifestarse cada día en el centro de Beirut, pero también en Trípoli, Nabatieh o Tiro, en un pulso a las autoridades sin precedentes en la historia del pequeño país mediterráneo. El acuerdo de Taif, firmado en 1989 por las principales fuerzas libanesas para poner fin a 30 años de guerra civil, ha servido para que las armas permanezcan calladas desde entonces, pero ha generado un sistema disfuncional contra el que se alzaron los libaneses. «La protesta ha logrado avances como hacer dimitir a Hariri y evitar que volviera a la oficina como planeaba. Pese a que el actual Gobierno sigue sirviendo al status quo, tuvo que ser formado y presentado de tal forma que apaciguara a los manifestantes, aunque sea mínimamente», opina Kareem Chehayeb, analista político y responsable de «The Public Source». Saad Hariri dejó su lugar al frente del gobierno después de dos semanas de protestas y dijo que «los puestos no son permanentes, lo importante es la dignidad y la seguridad del país». Este adiós fue recibido con alegría entre los manifestantes, pero pronto se dieron cuenta que, debido al sistema de cuotas que rige un país dividido en 18 sectas religiosas reconocidas, el cambio radical que pedían necesitaría más tiempo. A diferencia de Irak, la revuelta en Líbano no ha sido sangrienta, esa parece que ha sido una línea roja que nadie ha querido cruzar. Seguidores de partidos chiíes como Amal y Hizbolá, contrarios al cambio de sistema, han atacado en varias ocasiones las acampadas y también se han producido choques con las fuerzas de seguridad en los que ha habido cientos de heridos, pero sin provocar el baño de sangre iraquí. Los manifestantes piden la formación de un gobierno integrado exclusivamente por tecnócratas, la aprobación de una nueva ley electoral que no se base en criterios confesionales y la convocatoria de elecciones para renovar el Parlamento por completo? pero seis meses después se tienen que conformar con un Ejecutivo liderado por el independiente Hasán Diab, profesor de la Universidad Americana de Beirut y anterior ministro de Educación. Además del descontento popular y el coronavirus, Diab se enfrenta a una crisis económica que le ha obligado a suspender por primera vez el pago de la deuda externa. «Lo que vemos después de este tiempo no es el florecimiento de partido alternativo, sino de un clima de alternativa política capaz de retar al sistema actual. Si continúan en la línea de crear entidades políticas en lugar de operar como grupos de activistas podemos encontrar en el futuro una alternativa al status-quo», considera Chehayeb, para quien «pese a todas las diferencias entre los dos países, Irak y Líbano compartimos la petición de justicia económica, transparencia y unos líderes que nos representen y nos sirvan mejor». Ignacio Álvarez-Ossorio, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid considera que «el sistema libanés ha demostrado una vez más su capacidad de resiliencia. Las élites han vuelto a unirse para mantener el status-quo que les permita mantener sus privilegios» y, en la línea apuntada por Chehayeb, piensa que la calle «plantea denuncias, pero sin alternativas políticas claras que puedan reemplazar al sistema».
10-04-2020 | Fuente: as.com
World Athletics reserva el 8 y 9 de agosto para los campeonatos nacionales
A través de un comunicado, el organismo afirmó que ha elegido estas fechas para que "los atletas compitan en los campeonatos nacionales sin conflictos de programación".
02-04-2020 | Fuente: abc.es
Entre el cielo y el infierno
Al segundo y malogrado secretario general de Naciones Unidas, el sueco Dag Hammarskjöld, se le atribuye una de las mejores definiciones de la institución estrenada en San Francisco a finales de octubre de 1945: «Fue creada no para llevar a la humanidad hasta el cielo sino para salvarla del infierno». En 1945, la tragedia de la Segunda Guerra Mundial había conseguido entreabrir las puertas del infierno: genocidio, armas de destrucción masiva y la horrorosa confirmación de que el coste humano de los conflictos bélicos tiende a ser cada vez más indiscriminado. A los 75 años de historia, y encasillada desde hace tiempo como grupo de riesgo por los renegados del orden internacional liberal, la ONU ha vuelto a recurrir al contexto de lo apocalíptico para recordar que la pandemia de coronavirus plantea la mayor amenaza para la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial. Es decir, que las puertas del infierno se están volviendo a abrir o como decía un irreverente cómico, «Dios ha pedido la cuenta». Conforme el Covid-19 se ha propagado literalmente por todo el mundo, la primera inclinación de muchas naciones ha sido retirarse dentro de sus fronteras, aplicar restricciones de todo tipo, desentenderse de sus vecinos e intentar hacer frente a este reto a través de respuestas estrictamente nacionales. Esta respuesta tan ensimismada recuerda a todos los fracasos en cadena acumulados en los años treinta. Sin olvidar la importancia del esfuerzo de rectificación del nuevo orden construido a partir de las cenizas de 1945: desde Naciones Unidas hasta las instituciones de Bretton Woods, pasando por el proyecto de integración de Europa. En estos momentos tan difíciles, muchos gobiernos se han lavado bastante bien las manos con respecto al multilateralismo solidario. Y demasiados se han olvidado de que una lucha global como el coronavirus requiere también de soluciones globales. Sobre todo si se quiere evitar que este infierno biológico se convierta también en un infierno político, económico y social para todo el mundo.