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Noticias de comercio

12-06-2018 | Fuente: abc.es
El circo de la cumbre: «selfies», cócteles y Denis Rodman llorando
Los ojos de todo el mundo se han puesto esta semana en Singapur. La ciudad-Estado asiática ha visto alterado su ritmo habitual y se ha convertido en el centro de atención mediática internacional. Una ocasión que muchos han aprovechado para hacer negocio con la cumbre entre Trump y Kim Jong-un. El «selfie» que regaló al mundo el dictador norcoreano, Kim Jong-un, en uno de los principales atractivos turísticos de Singapur la noche previa a su cita con Trump, asombró a la mayoría. Y no es la única sorpresa que nos ha dejado esta cumbre. La imagen de Singapur se ha visto exponencialmente proyectada al resto del mundo y muchos negocios han sabido sacarle partido. Cada uno a su manera. #Jalanjalan #guesswhwere? pic.twitter.com/oVOk8UuqlC? Vivian Balakrishnan (@VivianBala) 11 de junio de 2018Cómo hacer negocio con la cumbre Los obvios ganadores, los hoteles escenario de la reunión, el Shangri-La, donde se ha alojado el presidente estadounidense; el St. Regis, sede de la delegación norcoreana; y el Capella, en la isla de Sentosa, marco de la reunión. Junto a ellos, compañías de seguridad, taxis, comercios y establecimientos de restauración, que han tenido que hacer frente a la afluencia de periodistas y curiosos que se han paseado estos días por Singapur. Algunos de ellos se han mimetizado tanto con la cumbre que hasta han creado platos y bebidas propias, como el cóctel «Bromance», elaborado para la ocasión por un bar de tapas cercano al distrito comercial de Singapur. Lleva un poco de tequila, cerverza, «soju» (la bebida nacional de los coreanos) y Coca-Cola Light, en honor a Trump. O el «nesi lemak», un plato típico de Singapur versionado con ternera seca y «kimchi», dos productos típicos de Corea. «La cumbre nos va a poner en el mapa», aseguraba Ryan Sathirian, chef de Shiraz Kebabs, un establecimiento popular en Singapur desde hace diez años. Igualmente se expresaba uno de los encargados del restaurante Jaime Oliver en plena calle Orchard, la principal arteria comercial de la ciudad. «Si muchos no conocían Singapur, ahora la van a conocer, sin duda». Periodistas bien alimentados Los vendedores del Starbucks situado junto al St. Regis, donde pernoctaba Kim Jong-un, han hecho también su agosto. Si los negocios del centro comercial vecino veían caer sus ventas estos días, ellos, en cambio, se han beneficiado de los cientos de turistas y medios de comunicación que se apostaban a las afueras del hotel. «Los periodistas necesitan mucho café, son muchas horas esperando para sacar la foto», contaba a ABC uno de los camareros. No en vano son más de 2.500 los periodistas que han venido de todos los rincones del globo para cubrir esta cita histórica. Y de ellos también se ha ocupado el Gobierno de Singapur. «No hay razón para que, en medio de las intensas horas que tienen que trabajar, los reporteros apurados no disfruten de los sabores auténticos de Singapur», afirmaba Wong Peck Lin, directora de una de las empresas proveedoras de comida en el Centro de Prensa Internacional. Falsos Trump-Kim y el «chico malo» de la NBA Y es que la cumbre es una plataforma única para promocionar la imagen de Singapur, que ha sabido cumplir con su fama de eficaz y organizada. Aunque también ha sorprendido con episodios de humor inusuales para sus habitantes, como la réplica de unos falsos Trump y Kim Jong-un que se han paseado, saludando a diestro y siniestro, por varias de las calles más concurridas de la ciudad-Estado, provocando risas y, también, mucha cofunsión entre algunos viandantes, que creían estar viendo a los personajes reales. Mayor revuelo causó la leyenda de la NBA, Dennis Rodman, a su llegada al aeropuerto de Singapur el lunes por la noche. El exjugador de Chicago Bulls, considerado en su día uno de los más controvertidos en la cancha y fuera de ella, es amigo personal de Kim Jong-un y de Trump y ha viajado en varias ocasiones a Corea del Norte. Para darle bombo a su presencia en la cumbre, se presentó ataviado con una camiseta promocional de una empresa de criptomonedas usadas para comprar marihuana, que financia su viaje a Singapur y también pagó el que hizo a Corea del Norte en 2017. En una entrevista televisada, lloraba cuando contaba que había recibido amenazas en Estados Unidos por su apoyo a Kim Jong-un y se mostraba «feliz» por el encuentro con Trump. Una cumbre en la que, desde luego, no ha faltado de nada. Habrá que ver en las próximas semanas si los esfuerzos han merecido la pena.
12-06-2018 | Fuente: abc.es
EE.UU. ve con suspicacia la presencia de China en el Canal de Panamá
La creciente presencia de China en el entorno del Canal de Panamá, donde empresas chinas operan o están próximas a operar terminales portuarias en las dos bocas de la vía transoceánica, es vista con suspicacia por Estados Unidos. En su más reciente comparecencia ante el Senado estadounidense, en el mes de febrero, el jefe del Comando Sur (la estructura del Pentágono que se ocupa de la seguridad del flaco sur de EE.UU.) ya alertó sobre esa penetración en lugar tan estratégico para Washington. El almirante Kurt W. Tidd indicó que el deseo de Pekín de extender su proyecto de Nueva Ruta de la Seda a Latinoamérica, así como su política de créditos a las naciones de la región, «dan una amplia oportunidad a China para expandir su influencia sobre socios regionales clave y promover negocios y prácticas laborales que son improcedentes». Pero además de esa rivalidad económica, igualmente alertada desde el Departamento de Estado, que ha criticado que China esté poniendo «un pie en Latinoamérica», Pekín también plantea un reto de seguridad para Estados Unidos con su presencia en el Canal de Panamá. Según Tidd, «el mayor alcance a puntos de acceso global cruciales como Panamá crea vulnerabilidades comerciales y de seguridad para Estados Unidos». Esa parte del discurso de Tidd fue editada por el Comando Sur con una fotografía de los ejercicios PANAMAX, que la IV Flota de EE.UU. mantiene con fuerzas navales de naciones vecinas y que están orientados a la seguridad del paso transoceánico. El tratado Carter-Torrijos de devolución del canal garantiza el libre tránsito internacional y reserva a Washington el derecho a intervenir si esa libertad se ve amenazada. La vía es fundamental para las comunicaciones y el comercio entre las dos costas de EE.UU. La posibilidad de que las terminales portuarias gestionadas por empresas chinas adyacentes al Canal de Panamá, el cual está administrado únicamente por las autoridades panameñas, pasen a integrarse en el llamado «collar de perlas» chino (puertos operados por China en rutas estratégicas para facilitar escalas de su flota) acaba de ser apuntada también desde el Wall Street Journal. Terminales portuarias China ?el segundo usuario del Canal, aunque a distancia del primero, Estados Unidos? es el principal proveedor de mercancías de la Zona Libre de Colón, la zona franca más grande de América y la segunda del mundo. En esa área, junto a la entrada norte del Canal, en el Atlántico, la compañía CCCC (China Communications Construction Company), una de las mayores empresas de construcción y diseño de puertos del país asiático, ya ha realizado el 30% del nuevo Panamá Colón Container Port, una nueva terminal que contará con tres muelles, adecuados a las nuevas dimensiones del canal ampliado, y naves multiuso. Las instalaciones incluirán una estación para la recepción de gas licuado. Por su parte, la empresa Hutchinson Wampoa, de Hong Kong, gestiona desde hace dos años una de las terminales portuarias en la boca sur del Canal, en el Pacífico. En Amador, en ese mismo litoral, la china CHEC participa en un consorcio para un nuevo puerto de cruceros, con dos diques que podrán acoger a dos buques de 10.000 pasajeros cada uno. Aunque algunos de esos proyectos es anterior, los compromisos de inversión china en Panamá se han multiplicado tras el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre ambos países en junio de 2017. Tradicionalmente, Centroamérica ha sido socio de Taiwán, pero los últimos años, varios países de la región han pasado a reconocer a Pekín: Costa Rica (2007), Panamá (2017) y República Dominicana (2018). Una muestra más de la consolidación del interés de China por Latinoamérica es que este año asistió por primera vez a la Cumbre de las Américas, celebrada en Lima en abril, y que en 2019 Pekín acogerá el encuentro anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a pesar de aportar solo el 0,004% del capital (frente al 30% de las acciones de EE.UU.), como subraya el congresista estadounidense Paul Cook. Panamá está jugando la carta de centro logístico para las potencias asiáticas que expandir su comercio con Latinoamérica o la costa Este de EE.UU. En mayo recibió la visita del vicepresidente de India, Muppavarapu Venkaiah Naidu, que constituyó el primer viaje de alto nivel de una autoridad india a Panamá. No en Nicaragua La apuesta china por el Canal de Panamá debiera acabar con las recurrentes informaciones que aseguran que los chinos están construyendo un canal en Nicaragua. Esta última iniciativa involucraba únicamente a un empresario de China, no a las grandes empresas estatales de ese país, y todo indica que fue un intento de negocio de la familia Ortega que, aunque no se desarrollara, al menos podía conseguir un beneficio electoral. A pesar de lo mucho que se ha escrito sobre esa vía alternativa a la de Panamá, la conexión bioceánica de Nicaragua nunca comenzó a construirse y hace tiempo que ya ha sido archivada por el propio Gobierno nicaragüense.
10-06-2018 | Fuente: elpais.com
La brecha entre Trump y los países del G7 se agrava tras una cumbre crispada por el comercio
El presidente de EE UU se desmarca del comunicado en el último momento enfadado por las críticas de Trudeau. ?Somos la hucha de la que todo el mundo roba?, afirma el neoyorquino
09-06-2018 | Fuente: abc.es
Trump avisa a sus socios: «EE.UU. no será más la hucha de la que todos roban»
«Presidente, tiene que llegar a su vuelo», le dijo ayer a Trump su asesor Larry Kudlow, para cortar una rueda de prensa en la cumbre del G-7 en la que su jefe acababa de amenazar a sus socios estratégicos con dejar de comerciar con ellos. El presidente de EE.UU. no iba a perder ningún avión ?el Air Force One presidencial no va a ningún lado sin él?, pero sí corría el riesgo de echar todavía más gasolina al encuentro con otros líderes. En las dos jornadas que ha durado la cumbre en La Malbaie (Canadá), Donald Trump ha querido escenificar dos cosas. Primero, que va por su cuenta: llegó tarde la primera jornada ?lo que le hizo perderse una reunión con el presidente francés, Emmanuel Macron?, llegó tarde al desayuno de la segunda ?dedicado a la igualdad de género?, dio una rueda de prensa en solitario y se marchó antes de tiempo, dejando plantados al resto de líderes, camino de Singapur, donde la semana que viene celebra la histórica cumbre con Kim Jong-un, el dictador norcoreano. Segundo, que sigue fiel a la idea de «EE.UU. primero» y que no le importa aislarse de sus aliados para conseguir ventajas comerciales. Tras haber confirmado nuevos aranceles al acero y al aluminio contra Canadá, México y la Unión Europea a comienzos de mes, ayer volvió a criticar que el mundo se haya aprovechado durante décadas de EE.UU. con políticas comerciales «ridículas e inaceptables». Sin barreras «Tiene que acabar», dijo en rueda de prensa sobre los aranceles y el superávit comercial que otros países mantienen con EE.UU. «O dejaremos de comerciar con ellos», amenazó antes de criticar que «somos como la hucha cerdito de la que todo el mundo roba, y eso se va a acabar». Trump presentó una propuesta inesperada: que todos los países acaben con los aranceles, barreras comerciales y subsidios, y EE.UU. también lo hará. De lo contrario, seguirá con el látigo de aplicar castigos comerciales donde crea que los intereses de EE.UU. no se respetan, una táctica en la que su país siempre saldrá victorioso por su potencia económica. «Esa guerra la ganamos mil veces de mil», proclamó. Trump aseguró a su vez que las relaciones con el resto de líderes del G-7 ?Francia, Alemania, Reino Unido, Canadá, Japón e Italia? «son de diez» y que las conversaciones de los dos últimos días habían producido progresos. La sensación es, sin embargo, la contraria: el desarrollo de la cumbre no ha rebajado las tensiones con las que se inició ni ha significado avances o compromisos para reconducir la guerra comercial desatada por Trump. «La Unión Europea es cruel con EE.UU., y lo saben», dijo Trump, que aseguró que cuando plantea la injusticia comercial que sufre su país a sus homólogos del Viejo Continente, lo que obtiene es «una sonrisa». Durante las reuniones, Trump leyó la cartilla a sus socios europeos con una letanía de quejas sobre aranceles y barreras a sus productos y trató de buscar divisiones en el bloque comunitario ofreciendo condiciones diferentes a los países. Los miembros de la UE han mantenido una posición unitaria respecto a los ataques de Trump y el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, se ofreció a viajar a Washington para acercar posturas y apaciguar la guerra comercial. «Si toman represalias, será un error», dijo Trump ante la posibilidad de que la Unión Europea u otros miembros del G-7 respondan con más tarifas. Presión sobre Canadá Sobre Canadá, el anfitrión, Trump aseguró que buscan renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con este país y México de una forma que contente a EE.UU. «De lo contrario, firmaremos acuerdos separados con cada país», dijo el presidente estadounidense. Al cierre de esta edición no estaba claro que los siete países firmaran un comunicado conjunto, como es tradicional, al final del encuentro. Era algo con lo que se había especulado desde antes de que comenzara la cumbre, con EE.UU. una vez más en el papel díscolo. Los negociadores estadounidenses se negaban a incluir en el texto un lenguaje contundente sobre su compromiso en la lucha contra el cambio climático, una prioridad para algunos de los socios occidentales, especialmente Francia. Trump tampoco quiso acercar posturas sobre su polémica defensa de que Rusia vuelva al G-7. «El G-8 tiene más importancia que el G-7», defendió, y no quiso responder sobre si la anexión de Crimea ?la razón por la que se expulsó a Rusia? no es motivo para que Moscú no forme parte del grupo. La canciller alemana, Angela Merkel, insistió en la cumbre en que Rusia no debería volver hasta que no cambia su política en Ucrania. «Lo que queremos es la paz en el mundo ?reaccionó Trump?. No juegos».
09-06-2018 | Fuente: abc.es
China «contraprograma» al G-7 reuniendo a las potencias orientales
Mientras las tensiones comerciales por los aranceles de Trump empañan la cumbre en Canadá del G-7, que congrega a los países occidentales más industrializados, la parte oriental del mundo hace piña bajo el liderazgo de China. Durante este fin de semana, se reúnen en la ciudad china de Qingdao las potencias emergentes de la Organización de Shanghái para la Cooperación (OSC), que incluye a China, Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán y, como nuevos miembros tras su ampliación el año pasado, a la India y Pakistán. En total, estos ocho países cubren el 60 por ciento de Eurasia, representan casi la mitad de la población mundial y suman el 20% del PIB global. Frente a la división que reina en el G-7 por los aranceles lanzados por Estados Unidos, los países de la OSC tienen previsto firmar una docena de acuerdos comerciales y de seguridad, lo que da buena cuenta de las distintas frecuencias que emiten Occidente y Oriente. Al frente de la iniciativa se halla el autoritario régimen de Pekín, que alumbró este foro allá por 2001 para aglutinar a los países de Asia Central y lo está expandiendo por el resto del continente. Buena prueba de ello es la reciente incorporación de dos Estados tan antagónicos como India y Pakistán, enfrentados por su rivalidad histórica, y la presencia como observador de Irán, cuya admisión como miembro de pleno derecho está paralizada por las sanciones de la ONU y la pugna nuclear con EE.UU., reabierta por Trump tras retirarse del acuerdo alcanzado por Obama en 2015. Las Nuevas Rutas de la Seda Demostrando de nuevo su auge como superpotencia mundial, China está utilizando este foro para fomentar las Nuevas Rutas de la Seda. Con dicha iniciativa, bautizada oficialmente como La Franja y la Ruta, Pekín intenta expandir sus redes comerciales por todo el mundo y, al mismo tiempo, efectuar inversiones multimillonarias en infraestructuras a cargo de sus bancos y empresas. A cambio, persigue aprovechar los recursos naturales y materias primas de los países por donde discurre este proyecto, lanzado en 2013 por el presidente Xi Jinping. Con la asistencia del presidente de Rusia, Vladimir Putin, y del primer ministro indio, Narendra Modi, Xi vuelve a lucirse como anfitrión de grandes eventos tras su participación en abril en el Foro de Boao, donde anunció una serie de reformas para seguir abriendo la economía china. En honor de los mandatorios presentes, el presidente chino ofreció este sábado un banquete de bienvenida donde destacó los proyectos comunes que unen a los países de la OSC. A esta cumbre de Qingdao seguirán este año el Foro de Cooperación África-China, para extender las Nuevas Rutas de la Seda por ese continente, y la Feria Internacional de Importación y Exportación, con la que Pekín quiere seguir expandiendo su comercio por todo el mundo.
09-06-2018 | Fuente: elpais.com
Las imágenes de la cumbre del G7
Los países participantes, los más ricos e industrializados del mundo, comenzaron su cumbre en la localidad canadiense de La Malbaie en medio del pesimismo sobre su resultado dadas las profundas diferencias en comercio y política exterior entre Estados Unidos y sus aliados
08-06-2018 | Fuente: elpais.com
Las imágenes de la cumbre del G-7
Los países participantes, los más ricos e industrializados del mundo, comenzaron su cumbre en la localidad canadiense de La Malbaie en medio del pesimismo sobre su resultado dadas las profundas diferencias en comercio y política exterior entre Estados Unidos y sus aliados
08-06-2018 | Fuente: abc.es
Trump propone que Rusia vuelva como invitada a las cumbres del G-7 y amplía la brecha con sus socios
Donald Trump tiene previsto abandonar este sábado la cumbre del G-7 en Canadá varias horas antes de que concluya y poner rumbo a Singapur, donde celebrará la semana que viene su histórico encuentro con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. El plantón del presidente de EE.UU. al resto de líderes de las grandes potencias occidentales, un cambio de agenda anunciado a última hora por sorpresa, es una señal más de la brecha entre Trump y los que hasta ahora han sido los grandes socios de EE.UU. La cumbre arrancó este viernes, calentada por la escalada dialéctica entre Trump y otros líderes y por propuestas polémicas del presidente estadounidense. Tras la adopción de tarifas a principios de mes por parte de Washington contra el acero y el aluminio de Canadá, la Unión Europea y México, el comercio está en el centro de la batalla. El anfitrión y primer ministro canadiense, Justin Trudeau, calificó hace unos días de «insultante» que Trump justificara los nuevos aranceles por seguridad nacional. Ambos mantuvieron una tensa llamada telefónica la semana pasada y los ánimos no parecían apaciguados en la víspera de la cumbre. «Nosotros, como aliados, no podemos declararnos la guerra comercial los unos a los otros. Nuestros soldados pelean hombro con hombro para defender nuestros valores», escribió el presidente francés, Emmanuel Macron, en Twitter. On ne peut pas se faire la guerre commerciale entre alliés. Nos soldats se battent côte à côte pour défendre nos valeurs.? Emmanuel Macron (@EmmanuelMacron) June 7, 2018Trump respondió con el látigo, en la misma red social. «Por favor, decidle al primer ministro Trudeau y al presidente Macron que ellos imponen a EE.UU. tarifas masivas», dijo en un mensaje. «Acabad con vuestros aranceles y barreras comerciales o haremos algo más que igualarlos», amenazó en otro. Please tell Prime Minister Trudeau and President Macron that they are charging the U.S. massive tariffs and create non-monetary barriers. The EU trade surplus with the U.S. is $151 Billion, and Canada keeps our farmers and others out. Look forward to seeing them tomorrow.? Donald J. Trump (@realDonaldTrump) June 7, 2018Este viernes, en Washington, antes de subir al Air Force One rumbo al vecino del norte, dejaba claro su ánimo de confrontación: «Vamos a ocuparnos de políticas comerciales injustas. Lo vamos a cambiar, y ellos van a comprender que va a ocurrir», dijo sobre sus socios occidentales a los reporteros, a quienes también aseguró su intención de acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que le une a México y Canadá si no logra un mejor acuerdo. Por si las turbulencias comerciales no fueran suficientes, Trump agitó la cumbre con una petición inesperada: «Rusia debería estar en esta reunión», dijo todavía en suelo estadounidense. «Te guste o no, y esto quizá no es políticamente correcto, pero tenemos un mundo que liderar. Deberían dejar que Rusia regresara», añadió. Rusia fue expulsada del grupo de las grandes potencias occidentales tras la anexión de Crimea en 2014. Donald Trump, Justin Trudeau y Emmanuel Macron - Efe El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, no tardó en rechazar la propuesta: «Dejemos el G-7 como está ahora. El siete es un número de la suerte, al menos en nuestra cultura», bromeó. Pero la idea de Trump abrió una grieta en el bloque europeo. El nuevo primer ministro italiano, Giuseppe Conte, se mostró partidario de readmitir al Gobierno de Vladimir Putin. La propuesta de Trump se antojaba incluso más inoportuna cuando uno de los puntos de la cumbre del G-7 es cómo proteger a las democracias de interferencias extranjeras en sus procesos políticos. Precisamente, la interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales que llevaron a Trump a la Casa Blanca, probada por la inteligencia de EE.UU. y las comisiones legislativas, ha marcado el primer año y medio de su presidencia, con una investigación que afecta a su propia campaña. En EE.UU., representantes de los dos grandes partidos reaccionaron con críticas a la idea de invitar a Rusia a este foro. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, aseguró que el presidente «está convirtiendo nuestra política exterior en un chiste internacional». En la bancada republicana de la cámara alta, John McCain aseguró que «Putin ha hecho que Rusia no merezca estar en el G-8» y Ben Sasse también lo rechazó: «Putin no es nuestro amigo y no es el colega del presidente». El encuentro en Canadá, un polvorín La batalla comercial y la aparición de Rusia convirtieron el encuentro entre líderes en un polvorín. «Las tensiones aumentan por todos lados. Este G-7 será muy exigente», advertía Macron antes del comienzo. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, anticipaba la cumbre «más difícil» en años y aseguraba que Europa no cedería ante Trump. Con la llegada de los mandatarios a La Malbaie, la pequeña localidad que acoge la cumbre, los gestos fueron afables, pero los roces no se podían ocultar. La reunión bilateral prevista entre Macron y Trump se suspendió. La versión oficial fue que el presidente de EE.UU. salió de Washington con una hora de retraso. Poco después, Macron publicaba un vídeo charlando con Trump de forma amistosa, sentados en un sofá. «Manteniendo el diálogo abierto», aseguraba. La primera ministra de Reino Unido, Theresa May, trataba de no echar más leña al fuego sobre los aranceles de Trump, pero los calificaba de «injustificados». Las diferencias entre EE.UU. y el resto de socios podrían materializarse este sábado en un gesto simbólico, pero de gran significado: Trump podría no firmar el comunicado con el que tradicionalmente se cierra la cumbre. Sería la primera vez que ocurre en la historia de estos encuentros y Macron lo tomaba el jueves por la noche como una posibilidad cierta. «La voluntad de tener un texto firmado por los siete países no debe ser más fuerte que el contenido de ese texto. Por principios, no debemos descartar un acuerdo 6+1», aseguró. Sería la materialización más clara del aislamiento de EE.UU. de sus socios tradicionales, alimentado por otras señales: mientras Trump da la batalla comercial con las potencias occidentales, permite al gigante tecnológico chino ZTE ?considerado una amenaza a la seguridad nacional por los legisladores estadounidenses? volver a operar en EE.UU. con el pago de una multa de mil millones de dólares, lo que se entiende como una contraprestación en sus negociaciones comerciales con Pekín; y mientras exige que regrese Rusia, da plantón a sus socios cuando toca hablar de asuntos clave para otros países, como el cambio climático. Si los gestos no lo arreglan, el G-7 saldrá de esta cumbre con su principal miembro en rebeldía.
08-06-2018 | Fuente: abc.es
Putin anima a los empresarios rusos a regresar a su país
El presidente ruso, Vladímir Putin, continúa inamovible en sus políticas frente a Ucrania y Occidente, e incansable en su afán de estar siempre muy visible y en primera línea ante su ciudadanía. Ayer participó en la decimosexta edición de su ya tradicional «Línea directa con el presidente», una comparecencia televisiva de gran cobertura en la que respondió a casi un centenar de preguntas de los telespectadores. Duró cuatro horas y 23 minutos. Junto a él y a los dos entrevistadores, había decenas de jóvenes voluntarios procesando desde sus ordenadores las preguntas que llegaban por teléfono, sms o redes sociales. La emisión fue retransmitida por los principales canales de televisión públicos y varias cadenas de radio. A una pregunta sobre las dificultades para prolongar el visado en el Reino Unido del magnate ruso, Román Abramóvich, que ha optado por instalarse en Israel, Putin respondió que «los empresarios rusos están siendo objeto de persecución en países como Gran Bretaña y estarían mejor en Rusia junto con sus activos». Al mismo tiempo, el máximo dirigente ruso se jactó del hecho de que algunos países de la Unión Europea «llaman abiertamente a normalizar las relaciones con Rusia y levantar las sanciones, sobre todo ahora en medio de la guerra comercial con Estados Unidos». El nuevo Gobierno italiano se ha pronunciado en esa dirección y hay por lo menos otros cinco países de la UE, entre ellos Austria, país que Putin acaba de visitar, que también están por levantar las sanciones a Moscú. Advertencia a Ucrania Estas medidas fueron adoptadas por la UE en 2014 por la anexión de Crimea y la ayuda rusa a la sublevación secesionista en dos regiones del este de Ucrania. Pero ayer, Putin dijo de forma taxativa que seguirá «ayudando a la República Popular de Donetsk y a la República Popular de Lugansk», esos dos enclaves rebeldes que, junto con Crimea, han dinamitado la integridad territorial de Ucrania. A este respecto, advirtió a Kiev que no intente recuperar por la fuerza el control sobre Donetsk y Lugansk aprovechando el Mundial de Fútbol. «Confío en que no llegue a producirse tal tipo de provocación y, si eso ocurriera, creo que entrañaría consecuencias muy graves para la existencia de Ucrania como estado», declaró el jefe del Kremlin. Tales amenazas tienen lugar la víspera de una reunión de ministros de Exteriores del Cuarteto de Normandía (Rusia, Ucrania Alemania y Francia) el día 11 en Berlín. En el seno de este grupo se negociaron y firmaron los acuerdos de Minsk, en febrero de 2015, para establecer la hoja de ruta que conduzca a la paz en Donetsk y Lugansk. Pero las tensiones actuales, a juicio de Putin, «demuestran la incapacidad de Kiev de resolver el problema». Contestando a una pregunta sobre la confrontación entre Rusia y Occidente, las sanciones y el aislamiento, el mandatario ruso repitió su ya manoseado argumento de que EE.UU. y la UE desean «contener a Rusia, acusarla de todos los males con la intención de obstaculizar nuestro desarrollo económico. Tratan de eliminarnos como competidor, las sanciones no son por Ucrania, son una forma de guerra comercial». «Pero seguiremos defendiendo nuestros intereses nacionales», añadió. Vladímir Putin instó una vez más a los países de Occidente a «sentarse a la mesa de la negociación y elaborar unas reglas del juego que nos permitan desarrollar las relaciones económicas». Lo que no quiso admitir es que lo que ha llevado a la actual situación de enfrentamiento fue precisamente la vulneración por su parte de normas elementales del Derecho Internacional cuando atentó contra la soberanía de Ucrania o, más concretamente en el plano económico, incumpliendo normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
07-06-2018 | Fuente: abc.es
Estados Unidos califica la guerra comercial con la UE de mera «disputa familiar»
Hoy está previsto que Donald Trump llegue a Charlevoix, en Canadá, para asistir a la cumbre del G-7. Él preferiría estar en otro lugar. Sin duda, en Washington o Mar-a-Lago, su residencia en Florida. No solo porque el presidente de EE.UU. odia dormir fuera de casa. También porque, para Trump, el encuentro con el resto de líderes occidentales es un incordio y una distracción. La semana que viene estará en Singapur para la cumbre con Kim Jong-un, el dictador de Corea del Norte, con quien busca alcanzar un acuerdo para la desnuclearización del régimen comunista. Será una ocasión histórica, un encuentro repleto de pompa y circunstancia, al gusto de Trump, donde tendrá una oportunidad para realzar su éxito: él consigue lo que a otros se les resiste. En cambio, en Canadá no se le festejará ni se le dedicarán homenajes. Al contrario: en medio de fuertes tensiones comerciales y diplomáticas, sus socios le leerán la cartilla. Se ha llegado a especular con que Trump no acudiría a la cumbre y enviaría a su vicepresidente, Mike Pence. Ya lo hizo en abril en la Cumbre de las Américas de Lima. Esa opción ahora parece descartada y su presencia podría ser explosiva. Con la imprevisibilidad que caracteriza al multimillonario estadounidense, hay incluso temor en su equipo a que se niegue a firmar el comunicado conjunto final del G-7, según ha revelado «The Washington Post». La principal fuente de problemas es la guerra de tarifas que Trump ha emprendido con muchos de sus principales socios. Después de idas y venidas, la semana pasada impuso aranceles a las importaciones de acero y aluminio, del 25% y del 10%, respectivamente. Las víctimas: Canadá, México y la UE. «Decepción unánime» La reacción ha sido furibunda. México ha respondido con tarifas a productos estadounidenses ?cerdo, manzanas, patatas y bourbon, entre otros? y los países occidentales se han conjurado para meter presión a Washington. El ensayo de lo que pasará Trump se vio la semana pasada en una reunión de ministros de finanzas del G-7 en Whistler (Canadá). Los seis países que comparten el grupo con EE.UU. mostraron al secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin, su «preocupación y decepción unánime» ante la política comercial de Trump y se alistaron para tomar una «acción decidida». En Washington se ve de otra forma. «Puede haber desacuerdos. No veo guerra comercial, yo lo veo más bien como una pelea familiar», aseguró Larry Kudlow, asesor económico principal de la Casa Blanca. Será difícil que cualquier presión sobre Trump en este ámbito consiga resultados. El presidente de EE.UU. ha demostrado, antes y después de llegar a la Casa Blanca, que cree en las tarifas como forma de obtener ventajas comerciales para su país, del que considera han abusado en el pasado con balanzas negativas. El comercio, sin embargo, no será el único punto de roce. Trump no goza de afinidad personal con la canciller alemana, Angela Merkel, ni la «premier» británica, Theresa May, a pesar de que esta no tardó en visitarle en la Casa Blanca poco después de su investidura. Quienes han tratado de cortejar al presidente estadounidense tampoco han sacado mucho a cambio. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha buscado la química con Trump, le ha regalado una espectacular marcha militar en París y el presidente de EE.UU. le ha bañado en elogios. Sin embargo, sus presiones para que no rompiera el acuerdo nuclear con Irán o regresara al acuerdo de París sobre cambio climático han sido infructuosas. La misma suerte ha corrido Shinzo Abe, primer ministro de Japón. Fue el primero en visitar a Trump en Nueva York, con la victoria electoral fresca. Ha volado con él en el Air Force One, han compartido hoyos de golf, cenado juntos en Mar-a-Lago? Pero eso no ha hecho cambiar de opinión a Trump sobre la oportunidad de una cumbre con Corea del Norte ?Japón está en contra? o su agresividad comercial. El forcejeo más duro hasta el momento sobre la guerra comercial ha sido con su vecino del Norte y hoy anfitrión. Su homólogo canadiense, Justin Trudeau, mantuvo una llamada telefónica con Trump esta semana, después de que el primero calificara de «ridículo» que EE.UU. justificara las tarifas por una cuestión de «una amenaza a la seguridad nacional». El presidente estadounidense reaccionó de manera sorprendente: «¿Y vosotros no quemasteis la Casa Blanca?», le espetó, en relación a un episodio de la guerra de 1812. Da igual que la referencia histórica fuera errónea ?Canadá era entonces colonia de Reino Unido?. La respuesta deja claro que no rehuirá la pelea en el G-7.