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Noticias de comercio exterior

02-10-2016 | Fuente: abc.es
Theresa May afronta a los 60 años su primer gran examen
Theresa May, la premier de más edad desde Thatcher, cumplió ayer 60 años. Hubo, por supuesto, cena con su marido Philip, de 59, un jovial y avezado banquero de inversiones en la City, su principal consejero, el que la animó en 2002 a denunciar que los tories se habían convertido en un «nasty party». Él le ha dado también su apellido, pues en realidad la primera ministra se llama Theresa Mary Brasier. Pero el grueso de un cumpleaños tan señalado se lo pasó trabajando. Hoy se enfrenta a su primer gran examen tras tres meses en el poder: su discurso inaugural en la conferencia del Partido Conservador, que reunirá a once mil asistentes en Birmingham, la segunda ciudad del país. Tanto los cameronistas, purgados sin contemplaciones por ella, como los hooligans del Brexit de su gabinete la apremian para que aclare sin más dilación la duda que atenaza al país: ¿Camina el Reino Unido hacia un Brexit duro o un Brexit blando? Nada se sabe todavía, pues se ha limitado a salmodiar un mantra vacío: «Brexit significa Brexit». El debate se va volviendo acuciante. La firma japonesa Nissan, el mayor fabricante de coches del país, ha puesto en cuarentena esta semana sus inversiones en su gigantesca planta de Sunderland mientras el Gobierno no defina si continuará habiendo acceso sin aranceles al mercado europeo. Europa, trampa letal para los mandatarios tories, es el campo de minas que dinamitó el liderazgo de los tres últimos: Thatcher, Major y Cameron. Los analistas políticos creen que May podría estar prestando oídos a una ruptura drástica, la que propugna el llamado Trío del Brexit: Boris Johnson, Liam Fox (ministro de Comercio Exterior) y David Davies (ministro de Salida de la UE). Los tres detestan a los posibilistas, que quieren seguir en el mercado único, y a su vez se detestan entre sí. Matices al Brexit El contrapeso realista y moderado lo representa el pausado Philip Hammond, también de 60 años, el nuevo ministro de Economía. Dicen que no influye en May como Osborne influía en Cameron, con quien de hecho cogobernaba, pero su voz será escuchada y pide cautela: «Los controles de inmigración no deberían hacer sufrir a la economía. La gente que apoyó el Brexit no quiere ver un castigo económico ni un empeoramiento de su nivel de vida», advirtió en su primera entrevista, concedida al eurófobo «Telegraph». Hammond quiere salvar a toda costa el pasaporte europeo de los bancos de la City, la primera industria del país, la milla cuadrada que constituye el mayor polo financiero del mundo. El Brexit no es lo único que preocupa a las grandes empresas. «Quiero un país que funcione para todos, no solo los privilegiados», esa es la otra gran máxima programática de May, cuyo conservadurismo es una apelación a las enormes clases medias suburbiales y campestres (con sarcasmo divertido, los cameronistas, de cuna patricia y ADN liberal, lo tachan de «conservadurismo vintage»). La primera ministra cuenta con su particular Rasputín, el influyente asesor Nick Timothy, prototipo de los nuevos tories de origen proletario -de cuello azul-, que han ascendido tras la purga del llamado Clan de Notting Hill de Cameron. Timothy la ha animado a recuperar las viejas escuelas selectivas y a tomar una medida que ha chirriado en las empresas: la inclusión por ley de trabajadores en sus consejos de administración. Toque proletario La agenda social será la otra línea estelar de May en el congreso de Birmingham (casualmente se ha elegido la ciudad de Timothy). Como aperitivo de la cita, el Gobierno ha anunciado la creación de un organismo independiente que velará por la calidad de los derechos laborales de los británicos y revisará las condiciones de autónomos y empleados temporales. Es revelador que al frente haya situado a Matthew Taylor, en su día relevante asesor de Tony Blair. También promete clases de informática gratis para todos los adultos británicos, para acabar con lo que llaman «el analfabetismo digital». Cuentan que en las salas de poder del Número 10 de Downing Street se ha acabado las reuniones de sofá, el tono relajado, los chistes desengrasantes y las botellas de vino en la nevera. También la obsesión por los medios. Adiós al aire distendido del cameronismo y su presencia compulsiva ante las cámaras. May ha impuesto que todas las reuniones se celebran ante una mesa y con tiempo tasado. Además, los asistentes deben entregar en la víspera una memoria de trabajo. Tal y como se esperaba, la hija del reverendo hace gala de sus tics de control-freak: dirige los comités sobre Europa, reformas sociales, política industrial y la seguridad nacional. Poco antes de dejar el poder, Cameron concedió honores de Estado a la asesora de vestuario de su mujer, Samantha (dos años antes había hecho caballero a su peluquero italiano, Lino Carbosiero por sus «servicios a la peluquería»). May, de misa dominical en la Iglesia de Inglaterra, es de otra pasta. Ya no hay asesores de estilo en el Número 10. Ella misma se peina y maquilla y hace unos días apareció con un guardaespaldas de compras en Regent Street y volvió a su residencia con bolsas de Vivienne Westwood, quien de joven uniformó a los Sex Pistols, y de Russell & Bromley, donde compra los zapatos llamativos que son su marca. Mientras, en la campiña más linajuda, Cameron, libre ya de fingir que era un tipo de clase media, ha vuelto a practicar la caza a caballo.
29-09-2016 | Fuente: abc.es
Ministros de Cameron cargan contra May por su falta de estrategia en el Brexit
Han pasado ya tres meses desde el referéndum del pasado 23 de junio, donde el Brexit se impuso por casi cuatro puntos, y lo único que ha dicho claramente Theresa May sobre la ruta de salida de la UE es esta frase, que comienza a convertirse en un mantra hueco: «Brexit es Brexit y vamos a convertirlo en un éxito». Pero las semanas pasan y ni siquiera se sabe cuándo activará el artículo 50 que inicia el proceso de salida. Ese silencio ha desatado las primeras críticas de algunos europeístas que formaron parte del Gobierno de Cameron. Nicky Morgan, ex ministra de Educación, y Ken Clarke, un histórico de 76 años que fue ministro con John Major y con Cameron, han criticado abiertamente la falta de estrategia de May. Se trata del ataque más explícito hasta ahora, que se suma a las advertencias de George Osborne contra un «Brexit duro». Las quejas llegan cuando falta una semana para el congreso del Partido Conservador, que se celebrará en Birmingham. Clarke es una figura a la que se escucha, fue el ministro de Economía de Major y titular de Justicia de Cameron durante dos años, quien luego lo mantuvo como ministro sin cartera. En una entrevista a la revista laborista «New Statesman» reprocha a May que «no tiene ninguna política en el Brexit, nadie en el Gobierno tiene un plan para salir de la UE». Clarke, que asegura que votará contra el Brexit en los Comunes, advierte también que los tres ministros a los que May ha puesto a llevar el asunto «son incapaces de trabajar juntos». La primera ministra decidió a su llegada dividir en tres la cartera de Exteriores, tal vez como una manera de controlar al siempre florido Boris Johnson. Se crearon los nuevos ministerios de Salida de la UE, con David Davis al frente, y de Comercio Exterior, a cargo de Liam Fox, ambos dos fervientes eurófobos. Johnson fue nombrado ministro de Exteriores, en lo que en realidad es una versión menguada de esa cartera. Clarke cree que May «tiene un problema inmenso para lograr que los tres "brexiters" se pongan de acuerdo». Nicky Morgan, de solo 43 años, era la ministra de Educación de Cameron y una de las figuras emergentes del partido, con un cierto aire renovador. May la echó nada más llegar, al igual que a Osborne, amigo íntimo de Cameron y arquitecto de la recuperación económica del país tras la crisis del 2008. Como ocurre siempre en política, los muertos que quedan detrás medio vivos pronto comienzan a hablar y conspirar. Osborne, catorce años más joven que May, ya se ha ofrecido como campeón de lo que llama «la corriente liberal mayoritaria» y se dedica a enlazar conferencias en las que advierte de los riesgos del Brexit duro, el que aboga por abandonar por completo el mercado único europeo y cerrar las puertas a cal y canto a la inmigración comunitaria. Susurros contra May Tanto Osborne como Nicky Morgan se han quedado en la Cámara de los Comunes, donde también sigue Clarke, y allí animan los susurros de pasillos contra May. Los cameronistas se sienten heridos con la primera ministra, a la que acusan no solo de purgarlos, sino de haber corregido el programa de modernización de Cameron sin haber sido refrendada por las urnas. En una entrevista a BBC Radio 4, Morgan ha demandado a May que aclare su plan para el Brexit y considera «un peligro» el hecho de que no exista una estrategia clara. A sus críticas se ha sumado la fundación Instituto para el Gobierno, dedicada a mejorar la eficacia de la administración. Denuncian que existe una falta de claridad en los papeles de cada uno de los tres ministros que deben gestionar el Brexit y creen que las negociaciones obligarán a contratar a 500 funcionarios más. El sueño de una noche de verano de los ingleses tras el referéndum era seguir gozando de las ventajas del mercado único y el pasaporte europeo para la City, pero prohibiendo la libre circulación de inmigrantes comunitarios y dejando de aportar dinero a la UE. Pero los líderes europeos van diciendo uno tras otro que eso no es posible. El último ha sido el italiano Matteo Renzi: «Será imposible dar al Reino Unido más derechos a que a los países que están fuera de la UE», advierte. No hace más que repetir la postura oficial europea: no puede haber mercado único sin libre circulación de los ciudadanos comunitarios. Renzi también ha acusado a Cameron de convocar el referéndum para intentar solventar los problemas internos de su partido. Aunque el triunfo del Brexit en el referéndum no ha provocado hasta ahora la debacle económica inmediata que anticipaban Osborne y los organismos internacionales, lo cierto es que ya ha obligado a una actuación de urgencia del Banco de Inglaterra, con bajada de tipos, prácticas de expansión cuantitativa para estimular el dinamismo y créditos para las empresas. Además, la libra está frente al euro a 1,15, cuando en agosto de 2015 rozaba el 1,44. Las materias primas son hoy más caras para los británicos y también sus vacaciones en el extranjero, uno de los deportes nacionales.
25-09-2016 | Fuente: elpais.com
El triunfo de los fabricantes españoles de componentes para automóviles
El sector cuenta con un quinteto dominante y un millar de pymes muy orientadas hacia el comercio exterior
10-09-2016 | Fuente: abc.es
Graban a un ministro pro Brexit diciendo que su país se ha vuelto «vago y gordo»
El Brexit, y el equipo que ha organizado para gestionarlo, comienzan a darle grandes quebraderos de cabeza a Theresa May, que ha tenido una mala semana. En primer revés llegó en la cumbre del G20 en China, su primera gran cita internacional, donde Obama y las autoridades japonesas vertieron sendos jarros de agua fría sobre sus planes de futuro en relación a Europa. Dos días después, se vio forzada a desautorizar a su ministro para la Salida de la UE, el eurófobo David Davis, por haber dado por hecho en el Parlamento que el Reino Unido tendrá que dejar el mercado único europeo. Pero no hay dos sin tres: la semana se ha cerrado con una gran polémica al destapar «The Times» un grabación en la que otro duro del Brexit, el ministro de Comercio Exterior, Liam Fox, califica a Gran Bretaña de «nación gorda y vaga» y acusa a sus empresarios de dedicarse a jugar al golf, en vez de buscar acuerdos comerciales. Fox, de 54 años, situado en el ala derecha del Partido Conservador, fue uno de los aspirantes a la sucesión de Cameron, a pesar de sus turbios antecedentes. En 2010 fue nombrado ministro de Defensa y solo duró un año. Cameron se vio forzado a apartarlo al revelarse que había otorgado pleno acceso al ministerio a un amigo suyo, un lobista al que incluso invitaba a los viajes oficiales. Aun así, May lo nombró ministro, como un modo de lavar la cara ante los votantes del Brexit, toda vez que ella se había situado a favor de la permanencia. El ministro fue grabado el jueves en una reunión en los Comunes con militantes conservadores de una asociación thacherista, Conservative Way Forward. Mientras tomaban unas bebidas, el titular de Comercio Exterior se soltó y arremetió contra el Reino Unido y contra su empresariado: «Este país no es la nación comercial que fue. Se ha vuelto demasiado vaga y gorda debido al éxito de las generaciones precedentes. Las empresas podrían contribuir a la prosperidad nacional, pero han elegido no hacerlo, porque es difícil, porque lleva tiempo o porque no pueden jugar al golf el viernes a la tarde». Fox ha sido desautorizado por el Número 10. El Gobierno se ha desmarcado de sus opiniones diciendo que «expresaba claramente puntos de vista privados». La oposición laborista califica sus declaraciones de «completo error» y le reclama que se disculpe ante los empresarios, sobre todo porque se trata de un ministro encargado de apoyarlos. La asociación de pequeñas empresas se ha sumado a las críticas y también un emprendedor de éxito, Richard Reed, el fundador de las bebidas Innocent, un europeísta que fue vicepresidente de la campaña del Remain. «Lo que ha dicho es absolutamente enojoso. Además, él no ha hecho un negocio en su vida», le reprochó Reed. Los portavoces de Fox se han limitado a recalcar su compromiso con las compañías británicas y que tratará de apoyarlas ante «las oportunidades que ofrece el Brexit». La cuestión europea ha comenzado a suscitar disensiones en el seno del Gobierno de May. El ministro de Economía, Philip Hammond, un moderado que hizo campaña por el Remain, aboga claramente por mantenerse en el mercado único. Esta semana incluso ha llegado a anticipar que si se endurecen los controles de inmigración los banqueros y ejecutivos europeos quedarán exentos de ellos. Hammond quiere salvar a toda costa el pasaporte europeo de la City de Londres. Un punto de vista que choca frontalmente con el Fox y David Davis, que propugnan una salida brusca y completa de Europa. Pero es que además los ministros brexiters tampoco se llevan bien entre sí. Esta semana se ha filtrado una carta de Fox en la que acusa a Boris Johnson, el titular de asuntos Exteriores, que fue cara estelar de la campaña del Leave, de estar «más preocupado por la cartografía que por los negocios». Achaca a Boris que atienda más a la diplomacia clásica con otros países que a buscar oportunidades comerciales. Como decía la canción de The Beatles, a May le aguarda un «largo y tortuoso camino» hasta dejar la UE. Si es que al final realmente la dejan?
09-09-2016 | Fuente: abc.es
El Reino Unido excluirá a los banqueros europeos de sus controles de inmigración
El ministro de Economía británico, Philip Hammond, un moderado que hizo campaña por la permanencia en la UE, ha revelado por vez primera que el Reino Unido dejará a banqueros y altos ejecutivos europeos al margen de los controles de inmigración más estrictos que llegarán tras el Brexit. Ese tratamiento preferente invita además a pensar que el Reino Unido también hará excepciones con otros profesionales comunitarios cualificados. El anuncio de Hammond es un intento de defender la continuidad de la City de Londres como centro de referencia bancario europeo. Hollande criticó ayer con dureza el hecho de que los británicos intenten que siga conservando ese estatus tras dejar la UE. Según datos de la propia City, en la actualidad el gran centro financiero londinense mueve el 78% del negocio de divisas de Europa, el 85% del capital de los fondos de inversión y el 74% del mercado de derivados del continente. Esas cifras convierten en la City en la primera industria del Reino Unido de largo, su locomotora. Pero Hollande, ya en precampaña para intentar ser de nuevo candidato a la presidencia de la República francesa a pesar de su enorme impopularidad, ha lanzado este jueves en París un duro ataque a sus vecinos: «Tenemos un centro financiero en un país que no es, o no quiere ser ya, parte de Europa, pero que quiere seguir siendo su cabeza bancaria. Pues bien: No. Europa no es solo un espacio financiero, es también una zona de valores comunes, de principios que todos compartimos». Hammond le replicó diciendo que intentar debilitar a la City «por unas ventajas nacionales muy estrechas e hipotéticas» representa «un enorme error». A su juicio, «el mercado de servicios financieros de Londres sustenta la economía real en toda Europa, no solo en el Reino Unido, su estructura es muy compleja y puede que no se consiga replicarla». Pero París, Fráncfort y Madrid han empezado ya a moverse para tratar de sustituir a Londres como gran base financiera europea. La ciudad alemana es la favorita, debido a que allí se ubica la sede del BCE. En el Reino Unido viven actualmente más de tres millones de ciudadanos nacidos en otros países de la UE. En los últimos cinco años, la tasa de inmigrantes comunitarios creció un 51%, coincidiendo con una mejoría de la economía británica a la par de la crisis de la zona euro. Mientras, la inmigración llegada del resto del mundo cayó un 8%. Las críticas a los inmigrantes fueron la baza estelar de la campaña del Brexit, que al final se impuso en la consulta. Philip Hammond mantiene una batalla, sorda y suave por ahora, contra los ministros más brexiters del ejecutivo de May, que son Boris Johnson (Exteriores), David Davis (Salida de la UE) y Liam Fox (Comercio Exterior). El ministro de Economía sabe que la City peligra con sus posturas extremistas de ruptura radical de la UE. El llamado «Trío del Brexit» exige el abandono inmediato de su mercado único para acabar con la libre circulación de trabajadores. Frente a ellos, Hammond intenta a toda costa que el centro financiero londinense conserve su pasaporte europeo. Aunque no dice mucho, May parece escuchar a su ministro de Economía, porque esta misma semana un portavoz del Número 10 desautorizó al eurófobo David Davis , después de que afirmase en los Comunes que es imposible controlar la inmigración permaneciendo en el mercado único europeo.
24-07-2016 | Fuente: abc.es
Tres tenores para un Brexit
Boris Johnson, de 52 años, cultivado ex alumno de Eton y Oxford, comparte apodo con Madonna: «La ambición rubia». Bajo su equívoca apariencia de iconoclasta jovial, siempre ambicionó lo más alto. Nunca soportó que Cameron, más joven que él y al que tenía por mediocre, hubiese llegado a líder tory. Boris se subió al carro del Brexit buscando el Número 10, animado por el sinuoso Michael Gove, que luego lo traicionó en uno de los facazos más sonados en las maquiavélicas ciénagas de Westminster. Pero Theresa May ha hecho justicia poética y ha otorgado a Boris la vistosa cartera de Exteriores, el Foreign Office. Nada más conocerse el nombramiento, un manifestante europeísta se plantó ante la casa de Boris en el Norte de Londres con una pancarta de una sola frase: «Sorry world». Sus pares de París y Berlín acogieron la designación con enojo indisimulado. Todavía escocían sus frases comparando a la UE con Napoleón y Hitler. Su biografía bocazas no constituía el aval propio de un diplomático. En su día llamó a Hilary Clinton «enfermera histérica en un psiquiátrico» y en la campaña del referéndum afeó a Obama sus ancestros africanos, lo que le valió ser tachado de racista. Theresa May, que se está revelando larga y astuta, se ha asegurado de tener atado al florido Boris. Aprovecha su innegable tirón popular , pero lo ha neutralizado dividiendo la cartera de Exteriores en tres, con dos nuevos ministerios: Comercio Exterior, a cargo del derechista escocés Liam Fox, de 54 años; y Salida de la UE, donde ha situado al liberal David Davis, un peculiar libertario de 67 años. Aparentemente, May, una euroescéptica que apoyó la permanencia en la UE sin mojarse, deja así las relaciones internacionales en manos de tres eurófobos («tres pirados del Brexit», en expresión de la prensa londinense más ácida). Pero en el siempre irónico mundo inglés nada es lo que parece. Puede que los tres tenores del Brexit, que se detestan educadamente, acaben pintando poco. May, obsesa del control, llevará de su mano la negociación con Europa. Ya lo ha dejado ver con sus visitas de esta semana a Merkel y Hollande. Los sacrificios de Johnson El premio del ministerio masajea el ego de Boris, pero castiga su bolsillo. Es cierto que como diputado raso ganaba 90.000 euros al cambio y como ministro pasará a 167.000. Pero el cargo lo ha obligado a suspender su colaboración de dos décadas con el «Daily Telegraph», donde recibía 328.000 euros al año por una columna semanal. Periodista de profesión, llegó al «Telegraph» tras ser despedido por su rival, «The Times», por inventarse citas. En los últimos cuatro años, ha cobrado 560.000 euros por royalties de sus libros, como su ?floja- biografía de Churchill. La editorial Hodder & Stoughton le había adelantado 108.000 euros por su nueva obra, «Shakespeare, el enigma del genio», que debería salir en otoño y ahora se aplaza. Perdido el dinero, quedaba el prestigio del cargo. Y su pompa. Pero May, que hila fino, también ahí le ha recortado las alas. Tradicionalmente, el ministro de Exteriores venía disfrutando del palacio campestre de Chevening, maravilloso edificio neoclásico de 1620, con 1.400 hectáreas de jardines y bosques, situado en Kent, al Sureste del Gran Londres. Un lugar idílico, que el Príncipe Carlos sopesó convertir en su residencia en los años setenta. May ha obligado a Boris a compartir Chevening con los otros dos tenores del Brexit, Fox y Davis. Cierto que en sus 115 habitaciones bien caben. Pero supone la metáfora de que el chisposo Boris será un ministro de Exteriores light. Chevening se utiliza para recibir a mandatarios extranjeros, amén de para el descanso. En el Número 10 explican que el ministro de Comercio Internacional y el de Salida de la UE también necesitan la propiedad. No es la primera vez que el premier obliga a compartirla. Cameron permitió que su vicepresidente en la coalición con los liberales, Clegg la utilizase a la par que el ministro de Exteriores. Los Tres Brexiters comparten punto extravagante e ideología liberal, pero son muy diferentes. Mientras Boris es de clase patricia, Fox se crió en una vivienda de protección pública, lo mismo que Davis, hijo de madre soltera. Además, Johnson es un brexiter más oportunista y menos obcecado. Tras el referéndum escribió un sonado artículo abogando por que sigan operativos el mercado único y la libre circulación. Fox y Davis son mucho más radicales. May cardará la lana. Haciéndolos ministros se ha cuidado de lanzar un guiño a la mayoría social que votó por el Leave, enjugando así que ella estaba en el bando derrotado. Pero lo tendrá muy difícil. Su mantra de «Brexit es Brexit» empieza a sonar a eslogan vacuo. Todavía no sabe cómo salir del laberinto en que Cameron ha metido al país.
13-07-2016 | Fuente: abc.es
May debuta con un discurso muy social y un ministerio del Brexit
Una de las muchas curiosidades de esa estupenda nonagenaria que es Isabel II es que deambula por el interior de Buckingham siempre con su bolso negro del ganchete. En una recepción, el actor Roger Moore le preguntó por qué lo portaba incluso dentro de su propia residencia: «Bueno, esta es una casa muy grande, ¿sabe?», le respondió la irónica soberana. Isabel II, muy sonriente y con un vestido claro y floral, llevaba por supuesto su bolsito cuando ayer tarde recibió a Theresa May, a la que propuso ser la decimotercera primera ministra de su reinado de duración récord. May, de 59 años, la primera ministra más veterana desde 1976, aceptó la encomienda y besó protocolariamente las manos de su Reina. Pero la sorpresa del día no estaba guardada en el bolso de Isabel II, sino en la mente de la primera ministra, con un gobierno que revoluciona la escena tory y un primer discurso con cargas de profundidad para la era Cameron. May recupera a Boris Johnson, el rostro visible de la campaña del Brexit, que cuando apuntaba a primer ministro se vio arrollado por la zafia traición de Michael Gove. El carismático exalcalde de Londres la gozará en la vistosa cartera de Exteriores. Hay todavía más peso para el Out en el nuevo gabinete. David Davis, apasionado eurófobo, será el primer titular del nuevo ministerio de Brexit. El nombre de la naciente cartera no deja lugar a dudas sobre los planes: «Secretaría de Estado [ministerio] para la Salida de la UE». También incorpora a su Gobierno a otro duro del Out, el derechista Liam Fox, al que Cameron tuvo que apartar en su día de Defensa por favores a un lobista amigo. Fox será el responsable del Ministerio de Comercio Exterior, otra cartera claramente orientada a paliar las heridas de la ruptura. Para compensar, Amber Rudd, que hizo una enérgica campaña por la permanencia, mofándose incluso de Boris en un sonado debate, pasa a sustituir a la propia May en Interior. El canciller de May, el hombre que llevará las cuentas, será el parsimonioso Philip Hammond, de 60 años, hasta ahora ministro de Defensa. Hombre templado y fiable. Primer discurso en Downing Street Desde Palacio, la nueva primera ministra se dirigió en el Jaguar gris oficial rumbo a Downing Street, con sus verjas abiertas y rodeada de público expectante, entre ellos media docena de manifestantes pro Brexit. Allí, en el mismo atril callejero donde se acababa de despedir Cameron junto a su mujer y sus tres hijos, May ofreció su primer discurso. Corto, enérgico y sorprendente: un canto a la justicia social, que en realidad ?aunque ella se cuidó de expresar lo contrario- venía a voltear lo que ha sido en los últimos seis años la política económica de George Osborne, significativamente caído en desgracia y expulsado del Gobierno. Hace solo seis meses, parecía el sucesor natural de Cameron, era todopoderoso. May enfatizó que trabajará «por un Reino Unido que funcione para todo el mundo, y no solo para unos pocos privilegiados». Arrancó elogiando a Cameron, «un gran primer ministro moderno», del que dijo que estabilizó la economía, redujo el déficit y aumentó el empleo. «Pero su verdadero alegado es la justicia social», añadió. Sin embargo no debe ser tanta esa justicia, pues acto seguido su sucesora dibujó un país de acusadísimas diferencias sociales, «donde si naces pobre te mueres nueve años antes que otros; si eres negro, el sistema de justicia criminal te trata más duramente que a un blanco; y si eres un blanco de clase baja, eres el que tiene las menores posibilidades de ir a la universidad». Frente a ese panorama clasista, May prometió pelear contra la desigualdad: «El Gobierno que dirigiré no estará dominado por los intereses de unos pocos privilegiados. Haré todo lo que pueda para daros el control de vuestras vidas». Un nuevo rol en el mundo El otro asunto que quiso alzaprimar en su discurso no fue el Brexit, como cabría esperar, sino el problema del separatismo. Pasó por la ruptura con Europa de puntillas, tal vez porque el Gobierno que ha conformado ya lo dice todo al respecto. Señaló simplemente que buscarán «un nuevo rol positivo en el mundo al tiempo que dejamos la UE». En cambio hizo gran hincapié en «los lazos preciosos de unión entre las naciones que conforman el Reino Unido» y quiso recordar que «mi partido se llama en realidad Partido Conservador y Unionista». Un aviso a los independentistas. La que será su mayor dolor de cabeza, la primera ministra separatista de Escocia, Nicola Sturgeon, la felicitó de inmediato con un tuit. Lo hizo con las correctas formas institucionales de los nacionalistas escoceses, muy distintas a las de sus pares catalanes: «Enhorabuena para la primera ministra Theresa May. A pesar de nuestras diferencias, espero que podamos construir una relación positiva de trabajo». A las 18.07 de la tarde (una hora más en España), la puerta del Número 10 de Downing Street se cerró a las espaldas de Theresa y su marido Philip, un simpático alto ejecutivo de la City, que parece llevar con buen humor su rol de segundón a lo Denis Thatcher. Antes de irse, la nube de fotógrafos les había pedido que se besasen ante la puerta de la residencia oficial. Una solicitud así es no conocer de qué madera está hecha la hija del vicario, que por supuesto se negó, recibiendo su primer abucheo de la prensa. May, dama que cuida su apariencia, vestía de negro, pero con unos curiosos bajos de chaqueta amarillos y chillones. Calzaba sus mocasines de las grandes ocasiones, de estampado de leopardo. Los zapatos llamativos son su marca de imagen. El tiempo dirá cómo pisa esta conservadora sólida, que llega alardeando de justiciera social.
25-06-2016 | Fuente: abc.es
Putin busca aumentar relación con China y mostrar que Rusia no está aislada
Los presidentes de China y Rusia, Xi Jinping y Vladimir Putin, buscan potenciar la relación política y económica bilateral en la reunión que mantendrán este sábado en Pekín. Así, el mandatario ruso quiere demostrar que su país no está aislado. Esta es la cuarta visita oficial de Putin a China en tres años, y los analistas la interpretan como un intento del Kremlin de continuar el giro hacia Pekín en medio de los crecientes problemas económicos rusos. La reunión llega con Rusia en su peor recesión en dos décadas, afectada por la caída de precios del petróleo y el gas y por las sanciones de Occidente debido al conflicto ucraniano. Mientras tanto, China está en su crecimiento más bajo en un cuarto de siglo, aunque con cifras todavía saludables en incremento del producto interior bruto y comercio exterior. «Es una visita muy importante», ha afirmado este viernes en rueda de prensa una portavoz del Ministerio chino de Exteriores, Hua Chunying, quien ha recalcado el alto nivel de la cooperación entre Pekín y Moscú y ha considerado normal el elevado ritmo de visitas del mandatario ruso. De hecho, Putin y Xi ya se han reunido este jueves en Taskent, la capital de Uzbekistán, con motivo de la cumbre de líderes de la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO), otro elemento que apunta a que la visita a Pekín del mandatario ruso tiene una parte de simbólica. El Kremlin avanzó el pasado miércoles que Putin y Xi firmarán o presidirán la firma de 50 acuerdos de cooperación entre Gobiernos y empresas, entre ellos para el desarrollo de aviones de gran tamaño y un helicóptero civil. Un proceso lento Pero, a pesar de los acuerdos marco multimillonarios en 2013 y 2014 para la venta de grandes cantidades de petróleo y gas rusos a China, el desarrollo de esos planes ha avanzado muy lentamente. De hecho, el comercio bilateral cayó en 2015 un 28 %, hasta los 65.000 millones de dólares, debido al hundimiento del precio de los hidrocarburos, que constituyen la base de las exportaciones rusas a China. Mientras tanto, la inversión china en Rusia sigue siendo muy limitada. Para Alexander Gabuev, director del Programa Rusia y Asia-Pacífico en el Centro Carnegie de Moscú, Putin busca enviar el mensaje a Occidente de que «no se puede aislar a Rusia». Sin embargo, explica que las empresas chinas, especialmente los grandes bancos, son muy reticentes a invertir en territorio ruso. Mercados poco abiertos, gran intervencionismo estatal o la posibilidad de sufrir sanciones en EEUU son los principales factores. «Ningún banco chino se arriesgará a poner en peligro sus operaciones en Estados Unidos por Rusia, un mercado pequeño y cerrado», explicó Gabuev en una reciente conversación con corresponsales extranjeros en Pekín. Putin y Xi también discutirán sobre el aumento de la cooperación económica de ambos países a través de las repúblicas ex soviéticas de Asia Central como punto intermedio. Se trata de una zona en la que China intenta ganar influencia económica a través de la recreación de la Ruta de la Seda, y de la que Rusia es el principal garante de su seguridad.
12-05-2016 | Fuente: abc.es
El gobierno de austeridad del sucesor interino de Rousseff
Dispuesto a marcar diferencias, además del cambio de los retratos de familia sobre la mesa, el nuevo gobierno llega con nuevas medidas bien recibidas por los empresarios, pero que son una pesadilla para los movimientos sociales, que amenazan con hacer la vida imposible a Michel Temer. La izquierda, liderada por el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, se está organizando a través de sus principales movimientos sociales para hacer campaña contra el nuevo Ejecutivo y a favor de un plebiscito que abra la puerta a nuevas elecciones Las medidas económicas de Michel Temer serán duras -con recortes presupuestarios y fiscales- y la promesa de un gobierno de austeridad no suele tener buena acogida entre los electores. Parece que Temer está dispuesto a «quemarse» durante estos seis meses. El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) ya propuso el año pasado a Rousseff su programa de gestión «Un puente para el futuro». Entonces, el PMDB y el PT eran aliados de gobierno, una coalición que se había prolongado durante trece años, pero que ha tenido un dramático desenlace. Las medidas Entre las medidas económicas urgentes que Temer debe poner en marcha para sacar al país de la recesión figuran un techo en el gasto público, la reforma de la seguridad social y de las pensiones y la racionalización del sistema tributario. También se esperan cambios en las leyes laborales y de jubilación, con un aumento de la edad mínima para la misma, lo que previsiblemente generará protestas en la calle. Brasil vive su peor momento económico, con aumento dela inflación, desempleo y camino de tres años de recesión Brasil vive su peor momento económico y ya se habla de una década perdida, con aumento de la inflación, del desempleo y dos años de recesión que van camino de un tercero. Una de las principales críticas a la gestión de Rousseff es que no ha sabido llevar a buen puerto las conquistas de los años de bonanza de Lula. Una situación de crisis en la que la mandataria rápidamente comenzó a perder popularidad y el anterior respaldo ganado por su imagen de honestidad. Temer tenía la intención de reducir drásticamente el número de ministerios en su Gabinete. Al principio cedió a las presiones de partidos aliados que le pedían que solo eliminara tres carteras. Pero finalmente decidió eliminar diez de los actuales 32 ministerios tras las críticas lanzadas por la prensa y la continua baja de su popularidad en las encuestas. Futuro equipo Entre los nombres de su futuro equipo destaca el de Henrique Meirelles, expresidente del Banco Central durante el gobierno de Lula da Silva, que asumirá el ministerio de Economía y será el tecnócrata de su Gobierno. Los demás titulares, en su mayoría, son resultado de los acuerdos y negociaciones desarrollados para impulsar el juicio político de Rousseff. De su propio partido se espera que elija a los exministros Fernando Henrique Cardoso y Eliseu Padilha. Del antiguo Ejecutivo de Lula contará con Gedel Vieira Lima, que asumirá como secretario general de la Presidencia. Y del Gobierno de Rousseff se quedará con Wellington Moreira Franco, que será su «secretario especial», en el «núcleo duro» del nuevo gobierno. El senador Romero Jucá, que fue líder en el Congreso de los gobiernos de Cardoso, Lula y Rousseff, se espera que sea el nuevo ministro de Planificación. Temer prevé asimismo fundir las carteras de Desarrollo Agrario y Desarrollo Social en un solo ministerio, responsable de programas como el de «Bolsa Familia» y de los subsidios de agricultura familiar, que fueron algunos de los instrumentos sociales más poderosos del PT. El principal grupo de oposición a Rousseff, el Partido de la Socialdemocracia Brasileña será uno de los principales aliados de Temer El principal grupo de oposición a Rousseff, el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), será uno de los principales aliados de Temer. A esta formación le ha reservado el Ministerio de Desarrollo Urbano, que asumirá el diputado Bruno Araujo; y el Ministerio de Exteriores, que se espera que asuma José Serra, un histórico del PSDB. Serra, que fue ministro de Salud, y de Planificación de Cardoso, será un hombre clave en el equipo de Temer para diseñar una nueva estrategia internacional que tenga muy en cuenta las prioridades económicas y de comercio exterior. No obstante, «el PSDB será más importante en el Senado que en los ministerios, ya que intentará jugar a fondo la carta del parlamentarismo», señala el analista Rodolfo Amstalden, de la consultora Empiricus en São Paulo, quien fue de los primeros en anunciar la ineluctable caída de Rousseff al comienzo de su segundo mandato. «El mercado y la sociedad tendrán que aprender a vigilar al Legislativo más de cerca», comenta. El Partido Progresista (PP), el último aliado que abandonó a Rousseff, también tendrá ministros, como el de Agricultura, que dirigirá el «rey de la soja», Blairo Maggi, y el de Salud, para a Ricardo Barros.
13-04-2016 | Fuente: elpais.com
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