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Noticias de combustibles

09-12-2019 | Fuente: as.com
La F1 reducirá a cero su huella de CO2 en 2030
Combinando motores híbridos, biocombustibles y GGPP sostenibles esperan ser una competición más verde.
09-12-2019 | Fuente: elpais.com
Otra forma de vivir es necesaria
La lucha contra el cambio climático no se puede limitar a la sustitución de los combustibles fósiles por las energías renovables
06-12-2019 | Fuente: elpais.com
El ?brazo armado? de Europa contra la crisis climática
El Banco Europeo de Inversiones veta los combustibles fósiles y aspira a movilizar un billón de euros para la transición verde en la próxima década
05-12-2019 | Fuente: as.com
Rendimiento óptimo: ¿Por qué no todos los combustibles son iguales?
El nivel de calidad de la gasolina y el gasóleo que se comercializan está fuera de toda duda. Pero no todos los carburantes son iguales ni todas las estaciones de servicio venden los mismos productos.
04-12-2019 | Fuente: elpais.com
Crisis climática: 2019 marcará máximos históricos de emisiones de CO2 y temperaturas
El dióxido de carbono del sector de los combustibles fósiles crecerá un 0,6% y aleja al mundo del objetivo más ambicioso del Acuerdo de París
29-11-2019 | Fuente: abc.es
El extractivismo salvaje de Maduro
El capítulo venezolano de la destrucción de la Amazonia es, probablemente, el más brutal y salvaje de todos. Mientras a escala internacional los incendios ocurridos en Brasil o el avance de la deforestación en países como Perú y Colombia, no deja de reportarse de forma constante, la región sur de Venezuela, solo entra en las pautas de los noticieros cuando se producen masacres de gran magnitud, como la que acaba de ocurrir en Ikabarú, pequeño poblado minero a escasos 6 kilómetros de Brasil. El 22 de noviembre fueron asesinadas 6 personas y un número indeterminado de heridos que, con sus cuerpos abaleados, cruzaron la frontera buscando salvar sus vidas. Lo primero que hay que advertir es que no se trata de un hecho excepcional. Desde el año 2000, se ha producido una intensificación de la violencia alrededor de la minería. Una revisión somera de las hemerotecas arroja un número sorprendente: al menos 43 casos, donde el número de fallecidos supera a las dos personas. Hablo aquí de hechos divulgados. Porque, de acuerdo a los testimonios de habitantes de la región, se han producido otras masacres, que no han sido registradas por los medios de comunicación. Hay testimonios de familias enteras que han desaparecido, que vivían en localidades muy apartadas, cuyo destino es desconocido. Dirigentes sociales de la región sospechan que fueron secuestrados, conducidos a otros lugares y ejecutados. Forma parte de las prácticas instauradas en la región: o eliminas a los competidores o arrasas con toda una comunidad, para despejar el territorio y crear las condiciones para dar inicio a una explotación minera. Que toda la región sur de Venezuela, especialmente la Gran Sabana -que tiene estatuto de Parque Nacional, lo que significa que debería estar especialmente protegido- y la Amazonia venezolana -cuya extensión es superior a los 450 mil kilómetros cuadrados y se distribuye en los territorios de los estados Bolívar, Amazonas y Delta Amacuro- sea una especie de zona invisible y opaca para la una amplia mayoría de la sociedad venezolana se debe, entre otras muchas razones, a que es una región precaria en muchos sentidos: su vialidad es irregular y riesgosa, su infraestructura incipiente o ruinosa, sus servicios públicos inexistentes, esporádicos o simplemente pésimos. Lo fundamental, es que se trata de uno de los territorios más peligrosos del mundo, repartidos en pedazos. La franja más periférica está a cargo de funcionarios militares, cuya función primera es impedir la libre circulación, evitar el ingreso de reporteros gráficos, equipos de televisión, periodistas, investigadores de distinta especialidad, académicos, parlamentarios, miembros de oenegés y otros. Su tarea consiste en garantizar que ese espacio sea un campo ilimitado de extracción de minerales, bajo las técnicas más brutales, sin reparar en las consecuencias de esa actividad que avanza sin controles. Dentro de ese territorio operan, como ya sido denunciado, grupos de narco terroristas del Ejército de Liberación Nacional -ELN- de Colombia; bandas que ejercen la minería ilegal, sostenidas por grupos armados que operan con un arsenal de extraordinaria potencia; mafias integradas por civiles y militares, que controlan la distribución de alimentos, combustibles, medicamentos y otros bienes de primera necesidad. Periodistas brasileros que se desempeñan en medios de comunicación del norte de ese país, y que han logrado recorrer algunos de estos poblados, se refieren a la ?sobrepoblación? de armas, menudeo de drogas, prostíbulos, venta ilegal de alcohol, casas de juego y otras presencias, que muestran como la violencia y grupos que la ejercen de forma sistemática, tienen el control de casi la totalidad del territorio. La destrucción sobrepasa las peores expectativas. Imágenes satelitales muestran terrenos devastados y lagunas contaminadas de mercurio. La llegada de las lluvias se constituye en un factor nefasto: conduce las aguas contaminadas hasta los ríos y los pequeños sembradíos. Todo esto desemboca, producto de la pesca artesanal o la cosecha de vegetales, en el consumo de alimentos contaminados. Se están desforestando las cuencas de los ríos, con el impacto que ello tiene en el clima y en el ciclo de las aguas. Los expertos han advertido que la cantidad de sedimento que se está depositando en los ríos continuará produciendo inundaciones cada vez más letales. La sistemática destrucción de la cuenca del río Caroní terminará afectando a todo el país, porque su capacidad de alimentar al Guri está en declive. La debacle ambiental venezolana -que no ocupará el lugar que merece en la agenda de la Cumbre del Clima que arranca mañana en Madrid- es la más grave de toda América Latina, casi comparable con las de China y Rusia: sistemas de aguas potables infectados; acumulación de desechos tóxicos en todas las operaciones petroleras y mineras del país; cantidades de basuras inmanejables en las empresas del Estado; sistemas de recolección de desechos colapsados; ciudades, pueblos y pequeñas poblaciones carcomidos por las aguas negras, los roedores y los malos olores. De la multimillonaria operación del Arco Minero solo puede decirse que sus resultados están a la vista: ni han mejorado las condiciones sociales y económicas de los habitantes de la región, ni han practicado la promesa de «minería ecológica» (enunciado falaz en sí mismo), ni han generado bienestar alguno a la economía venezolana. El Arco Minero es la expresión más pura y extrema del extractivismo salvaje, asesino, violento y empobrecedor que es el sello de la dictadura de Nicolás Maduro.
17-11-2019 | Fuente: abc.es
El polvorín latinoamericano
Algunos han bautizado el fenómeno como la «primavera latinoamericana». Otros, se esfuerzan en identificar los elementos en común de un polvorín que estalló, en cadena, en Haití, Ecuador y Perú pero mantiene en vilo a Bolivia y Chile. El desafío, ahora, es descifrar qué país está primero en la lista de espera de las revueltas o si llegó la etapa final de las sacudidas en Latinoamérica. Ecuador y Perú «resolvieron» sus crisis en lo que ahora se considera tiempo récord. La primera, desatada por la subida de combustibles y la última por la disolución irregular del Parlamento, del presidente, Martín Vizcarra y la convocatoria de elecciones. En Haití, tan lejos y tan cerca del continente, las revueltas de los últimos dos meses se calmaron pero todavía tienen en la cuerda floja a Jovenel Moïse, su Presidente. La escasez de gasolina sacó a relucir todos los males de esa mitad de la isla: desigualdades sociales, corrupción e inseguridad. En Venezuela, Juan Guaidó ayer sábado trataba de recuperar fuerzas al desafiar en la calle al régimen de Maduro para lograr el «Cese de la usurpación». En Chile, el anuncio de una convención constituyente confía en devolver las aguas al cauce de la tranquilidad después de un mes trágico. Y en Bolivia, las fuerzas leales al ex residente Evo Morales permanecen con el hacha de guerra desenterrada pese a la huida del bolivariano a México. COLOMBIA: Anticiparse y evitar el efecto contagio Arden los Andes y tiembla el resto de la región donde es difícil encontrar un país que no se pregunte: ¿El próximo seré yo? El interrogante recorre también Colombia donde hay convocada una huelga general el jueves. La apoyan sindicatos, estudiantes y simpatizan con ella sectores de la Iglesia. «Reconocemos que si hay alguien que tiene inconformidad, lo exprese. Es el deber nuestro, de los gobernantes, analizarlo, procesarlo, corregir muchas cosas si es el caso pero no podemos dejarnos llevar a la destrucción», declaró Iván Duque. Con la popularidad a la baja, forzado a remplazar a su ministro de Defensa por Carlos Holmes Trujillo, hasta hace unos días Canciller, el presidente procura anticiparse y evitar el efecto contagio de sus vecinos. BOLIVIA: El pacificador que alimenta la hoguera Los caso irresueltos que más preocupan son los de los vecinos Chile y Bolivia. Éste último no se zanjó con la presidenta interina, Jeanine Áñez, que no logra restablecer el orden. Los últimos días los enfrentamientos se recrudecen en los enclaves donde el MAS (movimiento Al Socialismo) tiene más fuerza como Cochabamba y el Chaparé, zona cocalera donde los cultivos se multiplicaron durante los casi catorce años de presidencia de Evo Morales. También en El Alto, localidad a más de cuatro mil metros de altura, en algo parecido a un cráter que bordea La Paz, las columnas masistas y las milicias indígenas de los «Ponchos rojos» intentan hacerse fuertes con «dinamita, hondas, palos con clavos, fierros, escopetas y bazucas artesanales», según informes oficiales. Ahora, sí, el Ejército y la Policía intervienen. Una veintena de muertos es el saldo junto a centenares de heridos de, prácticamente, un mes de disturbios desatados tras el pucherazo de Evo Morales. El expresidente de Bolivia arruinó su carrera política cegado por la ambición eterna de poder. La imagen de «el Evo» en el avión que le llevó a México, junto a su vicepresidente Álvaro García Linera y sus familiares, pasará a la historia de la ignominia de aquellos que llegaron con la promesa de hacer justicia social con los indígenas (36 pueblos originarios), sin olvidar el respeto a las libertades y la defensa de los derechos de todos los bolivianos. «No me arrepiento de haber querido un cuarto mandato», confesó Morales al diario «El Universal» de México. Seguro bajo el paraguas de protección de Andrés Manuel López Obrador, el expresidente atiza desde la distancia la llama de la discordia, se presenta como una víctima de algo parecido a un contra golpe y hasta se ofrece a volver a la Bolivia que dejó en llamas para pacificarla. Su fuga a Norteamericana recordó, salvando las distancias, a la de Gonzalo Sánchez de Lozada en el 2003 cuando estalló la llamada guerra del gas que terminó de convertir a Evo Morales en el líder que no tardaría en llegar a la Presidencia. El primer indígena en ser presidente, eligió el exilio mexicano mientras el avión de «Goni», más conocido entre el pueble como «el gringo», aterrizó en EE.UU. de donde no regresaría. La retirada de Evo Morales, acosado por las revueltas populares, descubierto el fraude electoral por la fiscalización de la OEA y con las FF.AA. y la Policía «soltándole la mano», estuvo calculada para dejar un escenario caótico institucional. La sucesión presidencial quedó vacante con la dimisión última (luego arrepentida) de la hasta entonces vicepresidenta del Senado del Estado Plurinacional. El laberinto para cubrir el vacío de poder estaba servido y la transición arrancaba con la promesa ?de momento incumplida? de convocar de inmediato elecciones. Pero el cambio se percibió de inmediato. La Casa Grande del Pueblo, una torre de veinte pisos con helipuerto, donde Evo Morales tenía una lujosa planta propia, hasta con gimnasio, quedo desierta. La sede del Ejecutivo volvió al Palacio Quemado del siglo XVI, la cruz y la Biblia recuperaron su espacio, la bandera nacional se alzó junto a la wipala (arco iris) y a la del Oriente con la flor patujú. El Gobierno rompió relaciones de inmediato con el régimen de Maduro, expulsó a 725 cubanos, se salió del ALBA, le dio el portazo a lo que quedaba de Unasur y anunció que estrecharía relaciones con EE.UU. y Chile. Dicho de otro modo, se desprendió de cualquier vestigio bolivariano mientras el ex vicepresidente Cáceres pedía asiló a Nicaragua. Abril es el mes que se baraja para convocar nuevas elecciones. La segunda vuelta que anticipaba un triunfo de Carlos Mesa no será posible y el expresidente y candidato analiza ceder su lugar a alguien más joven al interpretar que estos nuevos tiempos lo demandan. CHILE: Una nueva constitución para calmar las aguas Abril será también el mes del referéndum en Chile. Los chilenos deberán votar qué modalidad quieren para redactar una nueva Constitución que entierre a la actual, demonizada, pese a doscientas reformas, por tener su origen en la dictadura de Pinochet. Las opciones son una Convención Constituyente con elegidos en exclusividad para esa misión o un equipo mixto con diputados. Los plazos, de nueve meses para terminarla con una posible prórroga, le dan un respiro a Sebastián Piñera que confía en «patear» el problema de los disturbios que le han tenido entre las cuerdas, prácticamente, las mismas semanas que a Bolivia. Piñera corría el riesgo de convertirse en la cabeza de turco de una crisis que podía haberle estallado a cualquier de sus antecesores. Una veintena larga de muertos (en buena medida en incendios en locales que saqueaban), acusaciones de abuso desproporcionado de la fuerza, peticiones de comisiones de derechos humanos y de la ONU para revisar los actos de violencia, parecían colocar en un callejón sin salida a un Gobierno con la masa como interlocutor para negociar. Una reunión en el Palacio de la Moneda con los expresidentes Eduardo Frei y Ricardo Lagos (Bachelet en conferencia) ayudó a entender la dimensión histórica del conflicto. La clase política y los partidos, finalmente, cerraron filas en torno a la salida pacífica de una crisis que, a excepción del Partido Comunista, empezaron ?con matices? a entender que es responsabilidad compartida. El «Acuerdo por la paz y una nueva Constitución» demostrará en los próximos días si el escenario, como parece, mantiene la calma o la turba desatada vuelve a poner a Chile al borde del abismo. Sólo las pérdidas estimadas, en dinero, rondan los cinco mil millones de dólares. Las otras, son incalculables. URUGUAY Y ARGENTINA: Cambio de tono en las relaciones bilaterales El balotaje del 24 de este mes, salvo error de los sondeos, anticipa un triunfo de Luis Lacalle Pou (Partido Nacional). De materializarse, el ciclo de quince años consecutivos de Frente Amplio (coalición de izquierda) habría llegado a su fin. El presidente electo de Argentina, el kirchnerista Alberto Fernández, cruzó el rio de La Plata para almorzar y fundirse en un abrazo con Daniel Martínez, el adversario del Frente Amplio. Su «visita», si Lacalle Pou se convierte en presidente, es probable que le pase factura en el tono de las relaciones bilaterales, aunque no será tan dura como la que pretende cobrarle el Brasil de Jair Bolsonaro. El «oasis» de paz que hasta hace un mes fue Chile lo conserva Uruguay pero no son pocos los que se preguntan, ¿hasta cuándo? Detrás de las revueltas de Ecuador y Chile asomó la mano confesa de Venezuela con su «brisa» bolivariana y muda de Cuba. ¿Llegará tan lejos?
16-11-2019 | Fuente: abc.es
Vandalismo en el aniversario de los «chalecos amarillos» en París
Francia ha «conmemorado» este sábado el primer aniversario del estallido de la crisis nacional de los «chalecos amarillos» con el despliegue de millares de anti disturbios en París y una docena de capitales de provincias, donde ayer se multiplicaron los incendios, los incidentes de violencia incontrolada, sofocada con cañones de agua y gases lacrimógenos. En París, más de cuatro mil gendarmes y CRS (Compañías Republicanas de Seguridad, anti disturbios), habían tomado toda la geografía estratégica: Arco del Triunfo, Campos Elíseos, Plaza de la Concorde, Tuillerías, Louvre, Asamblea Nacional, Grandes Bulevares, todas las grandes arterias comerciales. Una veintena de estaciones de metro fueron cerradas preventivamente. Líneas de autobuses cortadas, avenidas controladas por los CRS. Ante tal manifestación de fuerza «preventiva», millares de «chalecos amarillos», de extrema izquierda o nihihilistas, en su inmensa mayoría, montaron sucesivas batallas campales en la capital: en la Puerta de Champerret, en la Plaza de Italia? cuyos bulevares adyacentes fueron el escenario de varias batallas de «posiciones»: incendio de coches, destrucción de oficinas bancarias, efímeras barricadas ardiendo? antes que los cañones de agua de los CRS y el uso de gases lacrimógenos rompiese el «frente» amarillo, que volvía a «rehacerse» unas calles más arriba o más abajo. A media tarde de este sábado, en la Plaza de Italia, la Avenida del Hospital y la calle Boblillot, los bares se abrían y cerraban para acoger a «chalecos amarillos» y personal del barrio que huía de los anti disturbios, enzarzados unos y otros en interminables «tertulias», despotricando a tumba abierta contra el Gobierno de Emmanuel Macron. A la caída de la tarde, bandas minoritarias de «chalecos amarillos» dispersados por la fuerza, en Plaza de Italia y la Puerta de Champerret, iniciaron un oscuro vagabundeo errante por otros barrios, dando gritos, apedreando bancos, incendiando algún coche. «Batallas» de la misma índole se sucedieron en Burdeos, Toulouse, Montpellier, Nantes, Lyon y Marsella. «Batallas» de la misma índole se sucedieron en Burdeos, Toulouse, Montpellier, Nantes, Lyon y Marsella A última hora de la tarde, el ministerio del Interior anunció más de un centenar de detenciones, numerosos heridos y un número imprecisos de coches incendiados, con destrozos materiales mal evaluados. El 17 de noviembre de 2018, más de 280.000 «chalecos amarillos» se manifestaron pacíficamente en toda Francia. En el movimiento participaron, entonces, izquierdas «tradicionales», pequeños patronos que denunciaban la presión fiscal, pequeña burguesía de provincias que temía y teme la precariedad creciente. Estalló entonces un movimiento que pronto se transformó en una franquicia usada por la extrema izquierda y la extrema derecha con objetivos muy diversos. Concesiones de Macron Emmanuel Macron hizo concesiones presupuestarias por un montante de 26.000 millones de euros: ayudas fiscales, precio de los combustibles, nuevos servicios en la Francia «periférica». Esas concesiones entre mediados de diciembre del 2018 y mediados de enero de este año no terminaron de satisfacer a nadie. Pequeños empresarios, pequeña burguesía precaria, se retiraron del movimiento, que se transformó definitivamente, a lo largo de este año, en una franquicia de todo tipo de protestas radicales y ultraradicales. El primer movimiento pacífico terminó transformándose, a partir del 1 de mayo pasado, en un movimiento tentacular donde todo cabe: de la «convergencia de luchas» de la izquierda nada parlamentaria al «patriotismo radical» (ultra conservador), pasando por los grupúsculos nihilistas sin otro objetivo conocido que la violencia urbana incontrolada. Macron teme que la «cólera amarilla» termine infiltrándose en un inflamable rosario de movimientos sociales: sindicatos que protestan contra la empantanada reforma del sistema nacional de pensiones, estudiantes que denuncian la precariedad gremial, médicos, enfermeras y personal hospitalario que denuncian el hundimiento del modelo hospitalario nacional. Macron teme que la «cólera amarilla» termine infiltrándose en un inflamable rosario de movimientos sociales Macron intentan responder en todos los frentes, afirmando comprender la inquietud y la angustia. La conmemoración del estallido de la crisis de los «chalecos amarillos» parece sugerir, sin embargo, que Francia es víctima de ataques de angustia social incontrolada e inflamable. Los partidos políticos tradicionales están hundidos y nadie cree en ellos. Los sindicatos viven una histórica crisis de pérdida de influencia. Un 52% de los franceses dicen «comprender» las protestas amarillas. El 48 % de los electores de extrema derecha y el 44 % de los electores de extrema izquierda se dicen «representados» por una cólera social de contornos culturales y políticos más definidos pero inquietantes.
16-11-2019 | Fuente: elpais.com
El BEI dejará de financiar proyectos vinculados a combustibles fósiles en 2021
El banco de la Unión Europea aprueba movilizar un billón de euros para luchar contra el cambio climático hasta 2030
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