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Noticias de combustibles

31-07-2020 | Fuente: abc.es
Covid-19: la derrota de los generales venezolanos
Dice un memorándum del 23 de julio, emitido por la Dirección de los Servicios Para el Mantenimiento del Orden Interno de la Guardia Nacional Bolivariana ?publicado por Tamara Suju en su cuenta de Twitter?, que a los funcionarios que se contagien de Covid-19 se les abrirá un expediente y sancionará «severamente», puesto que el incremento de los casos «podría estar sucediendo por la falta de aplicación de las medidas preventivas». En otras palabras: la promesa militar consiste en que a los enfermos se les castigará por enfermarse. A comienzos de la semana pasada, solo en la Gran Caracas, el régimen de los generales anunció la instalación de 430 «barreras de contención», que impiden la circulación peatonal y de vehículos. Esta medida no es otra cosa que el agravamiento, que la intensificación extrema de la repetida e ineficaz solución que el militarismo en el poder está tomando para perder «la guerra» contra la pandemia. Porque de eso se trata: de una flagrante derrota: mientras todo esto ocurre, la propagación del Covid-19 continúa imparable y en ascenso, el número de contagiados y fallecidos crece a diario, los centros hospitalarios marchan, «a paso de vencedores», hacia un peligroso colapso. La fallida política de paralizar el funcionamiento de la sociedad con puntos de control, alcabalas y las mencionadas barreras, no ha sido la única. Los generales han creado caóticos regímenes de horarios de circulación, que vulneran las más elementales necesidades de las familias pobres del país ?hablo de más de 90% de la población? que deben salir a diario de sus casas a buscar alimentos y algo de dinero para paliar sus necesidades básicas, porque no tienen los recursos mínimos suficientes para disponer de un almacén ni siquiera para un período de dos o tres días. Han cerrado las operaciones de las oficinas públicas, suspendiendo así la obligación que tiene todo Estado de responder a las consultas de los ciudadanos y de tramitar las diligencias administrativas o de otra índole exigidas por la ley. Simultáneamente, han montado un lucrativo negocio en dólares, basado en una múltiple operación de robo, venta fuera de registro y reventa de gasolina y diésel, en las que están implicados centenares de militares, funcionarios operadores de la distribución de combustibles, autoridades locales y nacionales. El resultado es obvio: cientos de miles de familias que no tienen cómo movilizar sus vehículos, porque no están enchufados a la dolarización de la economía. La otra política que el régimen ha puesto en marcha ha sido la de vulnerar el imprescindible derecho de las personas a conocer las realidades de la pandemia. Por una parte, han puesto en práctica un plan que falsea los hechos y minimiza las cifras de lo que realmente está ocurriendo. Quien haya seguido, día a día, los partes de los voceros, las declaraciones de otros funcionarios, los informes de las autoridades de los hospitales y los responsables de las áreas de salud, y confronte esa quincalla de datos con los testimonios de médicos, paramédicos, enfermos y trabajadores de los centros de salud, puede concluir por sí mismo: han montado un gigantesco programa de mentiras, monstruo de mil cabezas en el que nadie cree, ni siquiera los propios miembros del PSUV. Han logrado que los datos sean risibles o simplemente carentes de cualquier utilidad. La otra política ha sido y es la de perseguir a quienes informan: se detiene a periodistas, médicos, paramédicos o a simples ciudadanos solo por informar de la pandemia o por compartir testimonio de experiencias propias o de familiares. El expediente de casos es cada día más abultado. Aunque la enfermedad afecta o amenaza las vidas de todas las personas sin excepción, el militarismo pretende que no se hable de ella en público, que la pandemia del Covid-19 sea envuelta en una pandemia de silencio. Pero, insisto, todo esto es vano: no solo se sigue hablando e informando sobre el virus, sino que los casos y sus víctimas continúan aumentando de forma irremediable. Las declaraciones de médicos y expertos virólogos, el documento de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales ?entidad que recibió amenazas por parte del teniente Cabello?, las proyecciones que han hecho investigadores de las universidades nacionales, los reportes del equipo de salud de Juan Guaidó, no se han equivocado. De hecho, en la mayoría de los casos, las peores estimaciones han sido sobrepasadas: el virus campea a sus anchas y ya alcanza a los propios autores de las prohibiciones. Las políticas de los generales para afrontar el Covid-19 ?prohibir, paralizar, ocultar, inmovilizar, desinformar, detener, reprimir? no han producido resultado alguno, porque violan derechos humanos fundamentales y porque carecen de sustento en la realidad: llevan consigo la pretensión de imponer un orden ajeno a los hechos y ajenos a las necesidades de las personas. No funcionarán las medidas porque no hay un sistema sanitario que lo respalde. No hay hospitales con agua y con los mínimos recursos necesarios. No hay garantías de que habrá suministro eléctrico mientras los pacientes reciben atención en las escasas unidades de cuidados intensivos. No hay mascarillas, ni guantes, ni batas y gorros desechables, como tampoco desinfectantes, limpiadores y geles, ni mucho menos medicamentos que suministrar a los contagiados que logran ingresar. Tampoco hay ese bien esencial, el que debería ser el más primordial de todos, que es el propósito en la alta jerarquía del régimen militarista, de salvar vidas al costo que sea: no hay solidaridad, ni empatía con el sufrimiento de las familias, ni les importa la situación de hambre creciente, ni mucho menos entienden por qué padres y madres están obligados a salir de sus casas todos los días en búsqueda de algo de comida. Todo eso está fuera de su campo de intereses. Por eso instruyen a los cuerpos armados a que paralicen y silencien el país, para así obtener la tranquilidad necesaria que les permita seguir robando, sin que nada perturbe el objetivo de engordar el botín.
25-06-2020 | Fuente: abc.es
La liquidación de las industrias en Venezuela
Desde hace veinte años, a menudo sin haber recibido la atención que estos hechos merecían y merecen, se ha venido produciendo la destrucción sistemática y despiadada de la estructura industrial venezolana. Los esfuerzos que empresarios, inversionistas, trabajadores, profesionales de distintas especialidades, entidades crediticias y numerosas instituciones del Estado venían haciendo desde finales de la década de los 30?s del siglo XX ?recordemos que el finalmente fallido Banco Industrial de Venezuela fue creado en 1937? y que hizo posible en las décadas siguientes y con muchas dificultades, crear un tejido industrial básico para el beneficio de Venezuela, comenzó a ser arrasado desde el momento en que Chávez se hizo con el poder. Basta una somera revisión de lo ocurrido, para que no haya duda alguna de que la destrucción ha sido deliberada. Lo primero: desde el primer día de su mandato, Chávez puso a circular un discurso que alentó las tensiones entre empresarios y trabajadores. Malversando las leyes, creó las condiciones para convertir los centros de trabajo en zonas de permanente conflictividad laboral y social; azuzó a los trabajadores a desconocer sus propias responsabilidades; convirtió a las inspectorías del trabajo en enemigos de los empresarios; más adelante acabó con el recurso imprescindible del contrato laboral, al establecer la inamovilidad laboral. El resultado, como sabemos, ha sido predecible: las tasas de productividad no han cesado de caer, los costos de producción se han hecho cada vez más elevados, la competitividad del sector industrial venezolano ha desaparecido. No solo se dislocó, en algunos casos de forma irremediable, la convivencia: también se puso en marcha un paulatino y cada vez más feroz cerco a las industrias. Les crearon, como a todas las empresas, obligaciones parafiscales. Se decretaron leyes que obligaron a nuevos desembolsos y que aumentaron los costos de producción. Se establecieron controles de precios, en su gran mayoría, simplemente absurdos, que hacían inviable la producción. Una de las consecuencias del control de cambio, solo una, es que comenzaron a escasear las materias primas y, de inmediato, comenzó la caída de productos terminados. A los industriales se les ha sometido a un perverso ahogamiento: impedidos de producir, porque no les aprobaban las divisas para importar materias primas, tampoco se les permitía reducir de sus nóminas aquellos trabajadores que no cumplían ninguna función. Pero el asedio a las empresas todavía no ha terminado: se han creado organismos ?comisarías? para hacerles la vida imposible. Se ha autorizado a grupos de ignorantes, cuadrillas de milicianos y otras formas del llamado Poder Popular, dirigidas por fanáticos ajenos a la comprensión del hecho productivo, para que fiscalicen y amedrenten a trabajadores, profesionales y propietarios de las empresas. ¿Es posible que se hayan cometido todavía más desmanes en su contra? Sí. Se les ha decomisado mercancías de forma ilegal, se les han abierto expedientes por delitos que no han cometido, se les ha convertido en objeto permanente de extorsión y chantajes de diverso orden. A todo lo anterior, hay que sumar el largo y nefasto expediente de las expropiaciones. Un estudio de CEDICE muestra que el régimen de Chávez y Maduro ha expropiado más de cinco mil empresas. Una parte de ellas han sido industrias, cuyo destino es conocido en el mundo entero: o han sido arruinadas o han dejado de producir o fueron saqueadas y desmanteladas o simplemente fueron cerradas. No hay una, entre miles, que haya producido algún resultado positivo. Ni una. ¿Qué explica semejante devastación? Que fueron instauradas una serie de prácticas, cuyo destino no podía ser otro que el desastre y la quiebra. Se designaron autoridades y directivos a los que se pagaban sueltos y dietas estrambóticas, sin ninguna experticia en la materia industrial. Se destruyeron maquinarias y equipos por impericia y desconocimiento de sus requisitos técnicos. Se perdieron licencias fundamentales para operar, por falta de pago. Se dejó de producir por incumplimiento de las exigencias de planificación y de mantenimiento de equipos y maquinarias. Se engordaron las nóminas, de forma simultánea a la caída de la producción. En una frase: empujaron a las industrias a su total desaparición. Un balance de esta política del régimen de Chávez y Maduro arroja una conclusión indiscutible: han logrado la destrucción que se proponían. De las casi 17.000 industrias que existían en 1999, donde más de 70% eran pequeñas y medianas empresas, solo han logrado sobrevivir alrededor de 2.600: menos del 16%. De ellas, menos de 1% son pymes. A ese pequeño grupo de industrias que ha sobrevivido, perseguidas por la hostilidad del gobierno, la adversidad del entorno ?operan castigadas por las fallas en el servicio eléctrico, sin agua, sin combustibles, con suministros de materias primas inciertos y en condiciones de inseguridad extremas? le corresponde afrontar el empeoramiento de las realidades, producto de la conjunción de las políticas gubernamentales y las amenazas de la pandemia. Quien lea las cuarenta láminas que sintetiza la Encuesta de Coyuntura de Conindustria correspondiente al primer trimestre de 2020 ?está disponible en su web? está obligado a pulsar el botón de alarma: la baja en stocks de materia prima, la caída de la demanda, las dificultades para producir, el derrumbe de las exportaciones, la creciente paralización (la utilización de la capacidad instalada en Venezuela es de apenas el 18%), así como otros factores de análisis, alcanzan esta proyección: el 60% de las industrias que quedan podrían cerrar en el lapso de un año, es decir, antes de abril de 2021. Esto significaría que alrededor de otras 1.560 cerrarían, y que solo unas mil lograrían sobrevivir. A esto nos encaminamos: a un país sin empresas, sin empleo privado, sin producción y sin ningún potencial económico.
12-04-2020 | Fuente: abc.es
México desafía las sanciones de EE.UU. al permitir el envío de combustibles a Maduro
Tan grave es la escasez de combustible en Venezuela que el régimen de Nicolás Maduro firmó el 17 de marzo un contrato para entregarle cinco millones de barriles de petróleo crudo a una empresa mexicana a cambio de una cantidad de litros de gasolina que se decidirá a futuro. Según un contrato al que ha tenido acceso ABC, la empresa mexicana Jomadi, desconocida en el sector y de la que apenas hay registros, recibirá esos cinco millones de barriles de petróleo entre el 25 de marzo y el 25 de julio en puertos de Turquía. Tras aprobar varias rondas de sanciones contra la petrolera estatal del régimen venezolano, Pdvsa, desde finales del año pasado el Gobierno de EE.UU. ha presionado a las últimas empresas energéticas internacionales que todavía canjeaban combustible ya refinado por crudo venezolano para que dejaran de hacerlo. Según ha sabido ABC, a al menos dos de esas empresas se las advirtió de sanciones secundarias, las que se dirigen contra personas o empresas extranjeras si entablan relación comercial con aquellos que han sido sancionados, como es el caso del régimen venezolano. De aquellas empresas internacionales a las que advirtió EE.UU., la rusa Rosneft se ha retirado completamente del mercado venezolano después de que dos de sus filiales hayan sido sancionadas por el Tesoro estadounidense. La italiana Eni envió en marzo dos cargamentos de diésel a Venezuela y la española Repsol, uno. En principio, EE.UU. había tolerado esos canjes porque se enmarcan dentro del programa de pago de deuda del régimen. Pero la Administración Trump ha advertido a esas compañías, además de a la india Reliance, de que deben cortar totalmente el suministro de combustibles al régimen. La compañía mexicana La empresa mexicana que ahora toma su lugar es Grupo Jomadi Logistics & Cargo S.A. de C.V., de la que apenas hay entradas en los registros internacionales de transacciones petrolíferas. Fue fundada en 2012, y la dirige José Refugio Ruiz. Su sede social está en Guadalajara, en el estado de Jalisco. En 2016 recibió el Gobierno mexicano el permiso oficial de comercializacion de petroliferos. En 2018 declaró haber importado al menos mil millones de litros de turbosina, combustible de aviación destilado del proceso de refinación del petróleo crudo, y 18 millones de gasolina de diverso octanaje. Entre 2017 y 2018 declaró haber importado nueve millones de litros de diésel, según registros oficiales mexicanos. Según Carlos Vecchio, embajador de Venezuela a EE.UU. y veterano opositor al régimen chavista, «como se ve, ya surgen los ?enchufados? de la gasolina, más corrupción, más sufrimiento para la gente, más pérdidas para el estado, y un magnífico negocio para otros. Nada de esto tiene como fin resolver el problema de fondo sino seguir saqueando el país. Es insólito que un país con las mayores reservas de petróleo del mundo, con cinco refinerías dentro el país, que antes de la llegada de Hugo Chávez al poder producía todo el combustible que consumía su mercado interno, se haya quedado sin gasolina». El régimen de Maduro padece una grave carencia de combustibles refinados, a pesar de que controla el país con las mayores reservas de crudo del mundo. Las sanciones le impiden importar los materiales necesarios para el proceso de refinamiento, tras el cual producía conbustibles para su mercado nacional y para exportar. Varias refinerías, como Paraguaná y El Palito, están cerradas. En teoría el régimen dispone de las instalaciones necesarias para poder refinar 1,3 millones de barriles diarios de crudo, pero sólo logra refinar algo más de 100.000 por jornada. Sin diésel, Venezuela carece de combustible para generadores y para el transporte de mercancías, incluidos alimentos. También hay carestía de gasolina, que sirve para el transporte personal. Según otro recibo al que ha tenido acceso ABC, Jomadi adquirió en febrero 114.000 litros de químicos líquidos para la destilación y mezcla de la gasolina a la empresa estadounidense Murex LLC, con sede en Tejas. ABC contactó con Ruiz, el director de Jomadi, para pedirle detalles del origen de la gasolina que entrega a Maduro, pero este no respondió. El origen de la gasolina Fuentes del sector privado petrolero en EE.UU. consultadas por ABC explican que la gran duda es de dónde obtiene Jomadi la gasolina de 95 octanos que se compromete a descargar en buques cisterna del régimen en aguas venezolanas. «No es un cargamento menor el que se deberá entregar por cinco millones de barriles, por muy barato que el régimen de Maduro ofrezca el petróleo», dicen esas fuentes. «Tan grandes cantidades deben ser declaradas al gobierno mexicano, que debe tener constancia de su procedencia», añaden esas fuentes. ABC reveló la semana pasada que el Gobierno de Donald Trump investiga un reciente acuerdo entre otras dos empresas mexicanas, Libre Abordo y Schlager, con Pdvsa por si le está sirviendo a Maduro para sortear el duro régimen de sanciones aprobado el año pasado. En virtud de ese acuerdo alcanzado a finales del año pasado, esas dos compañías, sin apenas experiencia en el sector petrolífero, van a adquirir un total de 15 millones de toneladas de crudo de Pdvsa a cambio de 210.000 toneladas de maíz y 1.000 tanques de agua potable.
03-04-2020 | Fuente: abc.es
Cuba se enfrenta al coronavirus con escasez de medicamentos y brotes de dengue y escabiosis
A doce días de haberse declarado la emergencia nacional, ante la expansión del Covid-19 en la Isla, los habaneros coincidieron en que Cuba «vive una pandemia dentro de otra pandemia», en referencias que señalan el colapso de una política de gobierno sustentada por un régimen empeñado, a toda costa, en «administrar» los derechos y las libertades. Reportes anteriores al anuncio sobre el primer caso de contagio de Covid-19 habían indicado que en el país existía un brote de dengue y de escabiosis en medio de un déficit de medicamentos, agravado por la crisis financiera y económica que el régimen cubano ha insistido en catalogar de «situación coyuntural». Fuentes en las direcciones provinciales de Salud Pública habían asegurado que la cifra de medicamentos en déficit sobrepasaría los cientocincuenta en los próximos tres meses. Junto al azote del Covid-19, el dengue se expande en provincias como Camagüey donde las autoridades sanitarias confirmaron decenas de diagnósticos, pero no estaban hospitalizando «para reservar las camas hospitalarias para las personas con coronavirus». Brote alarmante El pasado año el brote por dengue en la Isla alcanzó niveles alarmantes, ante lo cual el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí organizó el curso internacional sobre esta enfermedad, el zika y otros arbovirus emergentes. Por su parte, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) urgió a tomar medidas para minimizar las consecuencias del dengue, señalándola como la peor epidemia en la historia del continente. Con un sistema de salud sostenido más sobre el discurso político del régimen que en la eficacia de sus estructuras, una crisis económica que afecta directamente medicamentos, alimentos, combustibles y artículos de primera necesidad, los cubanos temen que con el aumento de las temperaturas -propicio para el dengue- se complique el panorama bajo la pandemia del Covid-19. «Aunque un poco tarde, las fronteras se cerraron y se declaró la emergencia nacional, pero lo peor está por llegar y honestamente el Gobierno tiene que reconocer que no está preparado para enfrentar ninguna pandemia, y mucho menos la del coronavirus»; declaró una doctora que se negó a participar de las brigadas médicas que el régimen ha enviado a países extranjeros para enfrentar el Covid-19. «La falta de alimentos hace que las personas tengan que estar constantemente en las calles y aglomerados en colas. Las pesquisas para detectar sospechosos de contagio de coronavirus, realizadas por los estudiantes de medicina son ineficaces; las condiciones higiénico-sanitarias del país son deplorables y hay déficit de artículos de aseo personal. En ese cuadro, es muy difícil saber a ciencia cierta cuán extendido puede estar el coronavirus en el país»; añadió la doctora, quien además coincidió con un grupo de médicos cubanos que sugirieron que las cifras de Covid-19 en la Isla no son confiables. Quejas sobre los albergues La pasada semana el Dr. Manrique Uriarte, radicado en los Estados Unidos, opinó que las medidas tomadas en los últimos días por el Gobierno cubano llegaron tarde debido a una aplicación de los protocolos sanitarios que se utilizan para mitigar el impacto de la pandemia. Consideró este doctor un error relacionar las medidas tomadas para evitar la propagación del Covid-19 con el concepto de «transmisión comunitaria». «El concepto de lo que en epidemiología se llama transmisión comunitaria es válido al inicio de una potencial epidemia. Ante el nivel de pandemia existente, el hecho que exista transmisión comunitaria en Cuba es algo obvio, y la vía de transmisión es irrelevante»; declaró Uriarte a Radio Martí, quien también concordó en que haber esperado a confirmar contagios de cubano a cubano para intensificar las medidas puede considerarse una pérdida de tiempo. Tanto cubanos como extranjeros aislados en centros acondicionados para controlar a los pacientes sospechosos de Covid-19 en Cuba han reportado quejas sobre el estado de estos albergues. El propio ministro de Salud Pública, José Ángel Portal, admitió el pasado domingo que, «estas instituciones se han acondicionado con condiciones mínimas gracias al apoyo de un conjunto de instituciones, pues una epidemia así Cuba nunca la había enfrentado». Hasta este jueves, las cifras estatales en la Isla habían totalizado un total de 233 contagiados por Covid-19, y que solo las provincias Isla de la Juventud y Mayabeque no han reportado contagios hasta el momento.
02-04-2020 | Fuente: abc.es
Petróleo venezolano rumbo a Cuba
El pasado 29 de marzo, cuatro buques petroleros partieron desde el Complejo Refinador de Amuay, ubicado en la península de Paraguaná, Estado Falcón, y se dirigieron hacia tres puertos en Cuba: La Habana, Cienfuegos y Santiago de Cuba. Llevaban combustibles de distinto tipo, especialmente gasoil. De acuerdo a los documentos del despacho, que se filtraron desde Petróleos de Venezuela, la cifra de carga fue de 380.000 barriles. Existe una alta probabilidad de que, en realidad, el volumen de lo exportado sobrepase los 500.000 barriles. Las prácticas de subfacturación permiten a funcionarios de los dos países hacerse de unas ganancias destinadas directamente a sus bolsillos. También aquí, como en absolutamente todos los ámbitos de actuación de los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, la corrupción opera en contra de intereses esenciales de la sociedad venezolana y, también en este caso, de la sociedad cubana. La información, que no ha recibido la atención que merece, abrumada por el torrente informativo causado por la pandemia, ha causado un legítimo escándalo. Muchos nos preguntamos cómo es posible que un país atravesado por los más extremos padecimientos, muchos de ellos generados por la falta de combustible, pueda exportarlo a otro país. Este hecho recuerda las políticas de Stalin entre los años 1932 y 1933: mientras millones de campesinos, especialmente de la región ucraniana, morían de hambre, los comunistas exportaban cereales y gastaban fortunas en campañas de propagandísticas, que hablaban, por ejemplo, del trigo «más nutritivo del mundo». Aunque no tenemos información del posible contenido económico de la transacción -si el combustible fue donado o vendido a un precio irrisorio, en relación a su valor del mercado-, lo que sí sabemos es que esos combustibles no aliviarán a los ciudadanos o a las familias cubanas: servirán para enriquecer más al poder que aplasta a los cubanos, para hacer crecer la brecha entre los que tienen acceso al sistema de prebendas comunistas y los que no, y, sobre todo, alimentará los vehículos y las plantas eléctricas de los funcionarios y los policías que viven en sus feudos de privilegio. El envío no es un gesto de solidaridad, ni tampoco su finalidad es política -aunque constituya un desafío al bloqueo-. Se trata no más que de un negocio entre dos poderes corruptos y mafiosos, que se asisten mutuamente. La cuestión se sintetiza en esto: una banda criminal que le envía armas a otra. Porque ese es el propósito del envío: entregar al castrismo un recurso, un arma de dominación sobre la totalidad de la sociedad cubana. En dos décadas, los subsidios por la venta/entrega de combustibles a Cuba han sumado entre 46.000 y 54.000 millones de dólares, de acuerdo a distintas estimaciones. A ello habría que añadir otros 12.000 millones de dólares que han sido entregados al castrismo a través de otros mecanismos como donaciones, convenios sin contraprestación real, partidas extraordinarias, gastos por viajes (boletos aéreos, viáticos, gastos de alimentación), contratos por supuestos servicios, pagos por productos agrícolas que nunca llegaron a Venezuela, y más. Al régimen cubano le pagaron por productos alimentarios que no producía en su país, que compraba en el mercado internacional, y que luego llegaban a Venezuela a precios inconcebibles. Muchas veces se ha denunciado la operación realizada con el petróleo venezolano: el castrismo lo recibía a precios 40 o 50% por debajo de su costo y lo revendía a precios internacionales. De hecho, muchos barcos de «petróleo para Cuba» partían desde Venezuela directamente a puertos en otros países, que los habían adquirido en negociaciones igualmente opacas. ¿Cuál ha sido el destino de esos recursos que Chávez y Maduro entregaron al castrismo? ¿En qué proyectos han sido invertidos? ¿Han beneficiado, de algún modo, a la sociedad cubana? No: la pobreza extendida y cronificada no ha cambiado en absoluto. Las condiciones de hambre sistemática, de carestía sin remedio, de permanente e irreversible deterioro de todas las infraestructuras, de precariedad en todos los planos de la vida privada y la vida pública, se han mantenido e intensificado. De hecho, la noticia de los cuatros cargueros enviados a Cuba debe servirnos para poner de bulto el trasfondo de esta cuestión: el petróleo no solo ha sido una gran herramienta para consolidar al régimen de Chávez y Maduro, y aplastar a la sociedad venezolana: ha sido también el arma con que se ha galvanizado y endurecido el siniestro poderío del castrismo sobre cada resquicio de la nación cubana, el arsenal con el que se ha financiado el aplastamiento de la oposición democrática nicaragüense, la chequera con que se han comprado los votos de pequeños países para impedir los pronunciamientos de la Organización de Estados Americanos en contra de las violaciones de los Derechos Humanos, la fuente que ha provisto de millones y millones de dólares con que se han lucrado los Kirchner, los Lula da Silva, los Evo Morales, los Rafael Correa, los Petro y los Vásquez, pero también los Iglesias y los Monedero, los Samper y los Rodríguez Zapatero, y tantos otros que aparecen como luchadores de causas sociales o promotores del diálogo, cuando no son más que feroces usuarios de la cada vez más exigua renta petrolera venezolana.
30-03-2020 | Fuente: as.com
Los incombustibles de Europa
En los grandes campeonatos de Europa hay futbolistas de renombre que han disputado todos los minutos ligueros de su equipo. En LaLiga, hay cinco; y en LaLiga Smartbank, otros cuatro.
26-03-2020 | Fuente: abc.es
El fin de la Venezuela petrolera
Dos procesos están ocurriendo, de forma simultánea, en relación al estatuto de Venezuela como nación petrolera. Uno, de orden coyuntural, que consiste en la grotesca y estrepitosa caída de la producción en nuestro país, resultado de la corrupción y la destrucción sistemática a la que Chávez y Maduro han sometido a Petróleos de Venezuela -PDVSA- y al conjunto de la industria. Otro, de carácter estructural, que deriva del agotamiento, a escala planetaria, del modelo energético basado en las energías fósiles. Una primera expresión de esta tendencia, es el auge de las energías renovables que se está produciendo en más de 90 países: ingenieros, investigadores y centros científicos están buscando la solución a la pregunta, quizás la más acuciante para el futuro de la Tierra y la especie humana: cómo producir la energía que la civilización requiere, en los grandes volúmenes necesarios, reduciendo al mínimo o, todavía más, eliminando para siempre la utilización de petróleo, gas y carbón, y basándose, de forma exclusiva, en las energías renovables. Aunque voceros de la industria petrolera mundial -también sus lobistas y comunicadores-, a menudo descalifican el potencial de las energías renovables para atender la enormidad de la demanda, lo cierto es que hay una búsqueda que no se detiene, que es constante el surgimiento de nuevas líneas de investigación y que, en muchos lugares del mundo, todavía en una pequeña escala, se están ensayando soluciones de distinta índole. El cambio de vehículos impulsados por combustibles a vehículos eléctricos es solo una, el más visible e inmediato, de las novedades en curso. Ya están en funcionamiento tecnologías que hacen uso de la luz solar, la almacenan y tienen capacidad para atender a miles de hogares simultáneamente. Cada vez son más frecuentes los anuncios que hablan de inversiones y obras públicas en ámbitos como la energía eólica; las energías provenientes del sol, en sus distintas variantes: térmica, fotovoltaica y concentrada; las energías de origen hidroeléctrica; las de origen biocombustible; las provenientes del movimiento de las aguas del mar -la llaman ?energía mareomotriz?-; las geotérmicas; los biocombustibles; las que provienen de la captura del calor ambiental; las que se originan en ?tecnologías pasivas?, por ejemplo, causadas por las pisadas de los usuarios en estaciones y vagones de un metro. La investigación sobre las baterías capaces de almacenar y distribuir energía se ha convertido en campo insólitamente habitado: decenas de grupos están trabajando para mejorar su capacidad de almacenaje, reducir las pérdidas y aumentar su durabilidad. Las preguntas a las que están intentando responder los tecnólogos son este calibre: baterías para que un avión con 500 pasajeros pueda volar durante quince o dieciséis horas, o para que un barco de carga pueda navegar diez mil kilómetros con miles de toneladas de peso encima, o para impulsar un cohete que ponga en órbita un satélite alrededor de la luna, o todavía de mayor significación, para que un sistema de baterías que almacena energía solar durante el verano pueda responder a la demanda, durante los meses de invierno, de ciudades de dos y tres millones de habitantes. A estos factores, hay que añadir tres muy destacados. El primero de ellos, los acuerdos a escala global (el de París del 2015 y los distintos protocolos ambientales que han sido aprobados): aunque su eficacia no ha sido la que esperaba, apuntan a objetivos que tienen la calificación de lo indiscutible y necesario. El segundo, el aumento de las regulaciones (como las decisiones que la Unión Europea ha tomado para descarbonizar la generación de energía, la producción industrial y la locomoción). Y el tercero, que tiene especial relevancia política y social, la expansión, en la opinión pública y los líderes sociales del mundo, de la preocupación por la crisis climática. Hasta hace unos cinco años, era frecuente leer o escuchar los pronósticos de expertos y futurólogos: estimaban que la era del petróleo, que se puso en marcha en 1859, cuando Edwin Drake perforó el primer pozo en Pensilvania, entraría en declive alrededor del 2050. Las realidades han sido estrechando esos pronósticos: ya hay quienes hablan del 2030. Más inmediata todavía, en la propia industria petrolera se han generado estimaciones que sostienen que, entre 2024 y 2025 se producirá el punto máximo de la demanda mundial y que, a partir de ese momento, comenzará a producirse un paulatino declive. Mientras la civilización avanza sin titubeos hacia la era digital y de las energías renovables, Venezuela no ha avanzado ni un milímetro, en las últimas dos décadas, en la diversificación de su economía. Hemos perdido años fundamentales, que tendrán un costo nefasto, ahora mismo incalculable, en las vidas de las próximas generaciones. No solo no se diversificó, sino que se destruyó lo que había de industria y de potencial exportador. La que fue una próspera nación petrolera es ahora un país empobrecido, cuya existencia depende de las remesas, de la seudo legalidad del arco minero, del contrabando de oro y otros minerales, y de los beneficios que genera la alianza del régimen con el narcotráfico. El fin de la Venezuela petrolera está cada vez más próximo. De ello se desprende una urgencia: hay que diseñar un nuevo país, una forma distinta de producir y generar riqueza. Esto no puede seguir esperando. Venezuela no tiene tiempo. En lo inmediato hay que hacer ambas cosas: recuperar la industria petrolera y alcanzar un rápido y duradero acuerdo político, social y económico, sobre cuáles podrían ser los fundamentos de la nación post petrolera.
31-01-2020 | Fuente: elpais.com
Lisboa cierra el centro histórico a los coches de combustibles fósiles
La medida, en vigor desde junio, reducirá un 40% los vehículos y un 60% la contaminación
28-01-2020 | Fuente: as.com
"Sin la 'era híbrida', la F1 estaría hoy en una situación peligrosa"
Jean Todt remarca la importancia de cumplir la hoja de ruta ideada por la FIA para eliminar las emisiones de CO2 en 2030, comenzando por los biocombustibles.
19-01-2020 | Fuente: finanzas.com
La compañía ha vendido hasta la fecha cerca de 150.500 toneladas de fueloil bajo en azufre en España, donde realiza suministros de 'bunker' ( abastecimiento de combustibles marinos) en los puertos de Algeciras, Barcelona y Valencia
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