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Noticias de ciencia

12-05-2020 | Fuente: abc.es
Detenido un disidente chino por pedir reformas políticas antes de la Asamblea Nacional
«Por desgracia, la actual "Constitución" de nuestro país es falsa» y «Diputados, podéis elegir entre aprobar las mociones como en el pasado, y ser máquinas de alzar manos, o enfrentaros a los problemas y crisis de nuestro país para llevar a cabo una importante responsabilidad histórica: introducir un nuevo escenario político para darnos un futuro mejor. Si lo hacéis, vuestro nombre quedará para la Historia por introducir un Gobierno chino constitucional y seréis recordados durante generaciones. La gente que venga después de nosotros os agradecerá vuestros logros». El fin de semana, el académico chino Zhang Xuezhong publicaba una carta abierta con estos comentarios «políticamente incorrectos» en la red social WeChat. El domingo, el documento ya había sido borrado por la censura y la Policía se presentaba en su casa de Shanghái para detenerlo e interrogarlo. Según informa el periódico ?South China Morning Post?, fue puesto en libertad el lunes por la noche, cuando colgó otro mensaje en WeChat. «He visto a muchos amigos preocupados por mi situación. Muchas gracias. Ya estoy en casa y todo va bien. Buenas noches a todos. Necesito dormir un poco primero. Mis disculpas por no poder responder vuestros mensajes», escribió este antiguo profesor de Derecho en la Universidad del Este de China de Ciencias Políticas y Leyes. Despedido en 2013 por su activismo político, Zhang se ha convertido a sus 43 años en uno de los intelectuales más críticos con el autoritario régimen chino. Desposeído también de la licencia de abogado que utilizaba para defender a otros disidentes, lo único que le queda es desahogarse en las redes sociales hasta que la censura y la Policía lo silencian. En esta ocasión, su protesta ha sido cortada de raíz por el momento especialmente sensible que vive China, que prepara para el día 22 de mayo la reunión anual de su Parlamento orgánico tras dar por controlada la epidemia del coronavirus. Precisamente, otra de las quejas del profesor Zhang era sobre la respuesta del régimen a la enfermedad Covid-19, que a su juicio era «una buena ilustración del gobierno involucionista de China y el resultado de la falta de una constitución moderna». Rindiendo homenaje a los médicos que dieron las primeras voces de alarma y fueron silenciados por la Policía, escribió en su carta que «veintidós días antes del cierre de Wuhan, se estaba investigando y castigando a los ciudadanos que habían descubierto la epidemia, incluyendo al doctor Li Wenliang, lo que demuestra lo arbitraria y férrea que es la represión gubernamental de la sociedad». Por ese motivo, instaba a los 3.000 diputados de la Asamblea Nacional Popular, como se denomina el Parlamento del régimen chino, a rebelarse contra su autoritarismo con el fin de liderar «una autoridad de transición» para crear un comité más ampliamente representativo que redactara una constitución conforme a los «modernos principios políticos». A pesar de su rápida detención, Zhang Xuezhong puede considerarse afortunado por haber podido volver a su casa al día siguiente y no haber «desaparecido» más tiempo como otros disidentes chinos.
12-05-2020 | Fuente: as.com
La letalidad del coronavirus: en España ya ha matado más que otras enfermedades en un año
El cáncer pulmonar, el Alzheimer o las insuficiencias cardíacas causaron menos muertes todos los años en el periodo comprendido entre 2014 y 2018.
11-05-2020 | Fuente: abc.es
Mueren 19 militares iraníes después de que un buque disparara por error a otro en unas maniobras
Al menos 19 efectivos de la Marina iraní han muerto y 15 han resultado heridos en un incidente registrado este lunes durante un ejercicio naval en aguas del puerto de Jask, en el sur de Irán. Según el comunicado publicado por el Ejército iraní, los heridos se encuentran en «buen estado» y el incidente afectó al buque de apoyo ligero Konarak. El suceso, que se produjo cuando varias embarcaciones realizaban maniobras navales en esa zona del golfo de Omán, está «bajo investigación», apuntó el Ejército. La nota de las Fuerzas Armadas no ofreció detalles del incidente, limitándose a informar de que para proceder a la investigación Konarak ha sido trasladado a la dársena. Además, el Ejército urgió a evitar especulaciones después de que varios medios locales señalaran que el barco fue atacado por error con un misil por el buque Jamaran durante los ejercicios navales. Los equipos de rescate se presentaron con rapidez en el lugar de los hechos, entre Jask y el importante puerto de Chabahar, y trasladaron a las víctimas a centros médicos. El director de la Universidad de Ciencias Médicas de la ciudad de Iranshahr, Mehran Aminí Fard, precisó que se enviaron una decena de ambulancias y que los heridos fueron ingresados en el hospital Imán Alí, algunos en cuidados intensivos. La zona del suceso es muy próxima al estratégico estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20 % del petróleo del mundo. Esta región ha sido escenario en el último año de una escalada de la tensión entre Irán y Estados Unidos después de que se registraran ataques y sabotajes a barcos y derribo de drones, entre otros incidentes.
11-05-2020 | Fuente: as.com
Towns da a conocer mensaje de su madre, fallecida por coronavirus
Karl-Anthon Towns ha sido abierto con la experiencia de su familia con el virus para crear conciencia sobre la amenaza que representa para el público.
10-05-2020 | Fuente: abc.es
Miles de alemanes, con casa en Mallorca, presionan para que Merkel abra la frontera
Alemania ha entrado ya en lo que Merkel denomina «normalidad responsable» y las manifestaciones de este fin de semana han visibilizado resistencia a las pocas restricciones que quedan en pie. Entre ellas destaca una que cosecha ya críticas en todos los partidos políticos: el cierre de fronteras. Merkel decretó el pasado 15 de marzo el cierre de los pasos terrestres con Francia, Austria, Suiza, Dinamarca y Luxemburgo, hecho inédito desde la caída del Muro de Berlín, y prácticamente todos los vuelos siguen cancelados, de modo que sólo se puede entrar y salir de Alemania «si hay un motivo válido para viajar», según precisó el ministro de Interior, Horst Seehofer. La restricción no afecta al transporte de mercancías ni a la circulación de capital, pero el tercero de los pilares sobre los que se asienta la UE, la libertad de movimiento de las personas, sigue desde entonces en suspenso y la oposición a esta medida crece incluso dentro del partido de Merkel. «Después de más de siete semanas, hay que poner fin a las barreras y los controles en el corazón de Europa», clama una carta abierta firmada por doce diputados y eurodiputados de la Unión Cristianodemócrata (CDU). «¡Una prolongación de esta medida significa que hay familias separadas, personas que viajan diariamente a trabajar a otro país impedidas e incluso viajes escolares bloqueados!», se quejan. Entre los promotores de la protesta hay nombres tan reconocidos en el partido como uno de los barones más cercanos a Merkel, Volker Kauder, y el vicepresidente del grupo parlamentario, Andreas Jung. Su principal argumento es que «se están implementando medidas consistentes para combatir la propagación de la pandemia en todas partes» y apelan a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, recordando que el cierre fronterizo es contrario a la ley europea si el resto de las medidas contra el coronavirus ya han sido levantadas. Pero el ministro de Interior, Seehofer, se mantiene en que «el cierre fronterizo ha marcado la diferencia y es parte de nuestro éxito hasta ahora en contener la infección». «No estamos actuando de manera unilateral y nacional sin coordinación», responde el Ministerio de Interior, que confirma que España es uno de los países vetados. Las consecuencias para el sector turístico español pueden ser muy graves y sobre la pregunta de si se permitirán los viajes a lo largo del verano, el Gobierno alemán emite mensajes contradictorios. Mientras el ministro de Exteriores Heiko Maas insiste en que este año «las vacaciones serán en Alemania», el delegado del gobierno para Turismo, Thomas Bareiss, se ha mostrado bastante más abierto al declarar a Taggespiegel que «las vacaciones en el extranjero serán posibles pronto» y «yo no descartaría Mallorca». La resistencia al cerrojazo de fronteras se deja sentir también en los socios socialdemócratas (SPD) de Merkel. El presidente del SPD, Walter Norbert Walter-Borjans, considera las fronteras europeas cerradas como un «símbolo particularmente estresante» e insiste en «buscar una solución europea rápida para el fin de los controles fronterizos». «La recaída en los viejos tiempos con la división de las fronteras debe ser superada lo antes posible. Necesitamos coordinación transfronteriza en Europa», defiende. «Puedo entender la impaciencia de tantas y tantas personas, sobre todo en las zonas fronterizas, donde la vida de los países europeos está muy entrelazada, y creo que las restricciones por el coronavirus solo están justificadas si cuentan con un amplísimo consenso social», admite el ministro de Estado para Europa, el también socialdemócrata Michael Roth, aunque añade un capote: «siempre que la situación sanitaria lo permita». También el vicepresidente del Partido Liberal (FDP), Wolfgang Kubicki, subraya que «si se aplica la libre circulación dentro de Alemania, la libertad de movimiento europea debe otorgarse por razones legales. Los tratados de la UE obligan a Alemania a garantizar la libertad de movimiento europea. Seehofer también debe sentirse obligado por la situación legal», ha criticado. En cuanto al partido Los Verdes, también están pidiendo la eliminación de los controles. «La política arbitraria de Seehofer debe terminar», declara la portavoz del grupo parlamentario Franziska Brantner. «Necesitamos para ya una hoja de ruta para abrir las fronteras internas europeas. La libre circulación de personas es esencial para la UE y su futuro. Los europeos no son solo trabajadores, sino personas que viven y aman a otros europeos, especialmente en las regiones fronterizas. Es por eso que existe una necesidad urgente de abrir las fronteras». Incluso Merkel, al anunciar la restricción, reconoció el 15 de marzo que «los países de Europa no deberían aislarse unos de otros», y que «los cierres de fronteras no son al respuesta apropiada a este desafío».
10-05-2020 | Fuente: abc.es
Del fin de una guerra... ¿a otra?
El 8 de mayo de 2020 estaba llamado a ser una gran efeméride mundial. Nada menos que el 75 aniversario de la rendición oficial de las fuerzas armadas alemanas ante los Aliados, en una firma improvisada en un cuartel de la Juventud Hitleriana reutilizado por los soviéticos en el distrito berlinés de Karlshorst. Un día antes se había rendido el general Jodl en el cuartel general aliado de Reims, pero los soviéticos exigían su cuota de protagonismo: habían pagado el precio más alto, y habían conquistado Berlín. La guerra concluía oficialmente en Europa, aunque por algunas semanas persistirían los enfrentamientos entre unidades alemanas, soviéticas, partisanos de distinto color y otras milicias en distintos puntos de Europa centro-oriental y balcánica. Y, mientras tanto, los combates seguían en el Pacífico, hasta la rendición incondicional de Japón el 15 de agosto. Los Aliados eran heterogéneos. Un dictador comunista y despiadado, Stalin, aliado circunstancial de Hitler en 1939-41, se sentaba a la mesa de negociación con dos líderes elegidos democráticamente, Roosevelt (y después Truman), y Churchill (después Atlee), y un general de regusto bonapartista, De Gaulle. Les unía el antifascismo, la derrota de una Alemania que había puesto en marcha un plan de exterminio racial sin precedentes. También olvidaban: Churchill había tenido una buena opinión de Mussolini años atrás, y había especulado con utilizar a Hitler como dique de contención de la temida expansión soviética. Todo eso ahora pertenecía al pasado; pero los vencedores sabían que, en poco tiempo, su coalición se dividiría. A un lado, el comunismo soviético. Del otro, el «mundo libre», donde una nueva potencia hegemónica, Estados Unidos, que impondría progresivamente su prevalencia a dos potencias coloniales en progresiva retirada, Gran Bretaña y Francia, y que no veía con buenos ojos la resurrección de los imperios ultramarinos en Asia. Una Europa en ruinas La salida de la guerra fue traumática. Buena parte de Europa estaba en ruinas, su capacidad industrial devastada. Privaciones y penurias: a principios de los cincuenta aún había racionamientos en Gran Bretaña. Millones de personas sin hogar, desplazadas, desaparecidas. Prisioneros de guerra, víctimas de limpiezas étnicas que no encontraban solidaridad entre sus depauperados connacionales, en Alemania o Italia. Mujeres que recogían escombros con sus hijos: la «Germania, anno Zero», de Rossellini (1948). Persistían rencores y divisiones soterradas: el antifascismo como matriz ético-política fundadora de las nuevas democracias occidentales hacía «tabula rasa» del pasado, y pasaba por alto que los resistentes activos a la ocupación nazi o fascista eran una relativa minoría. Los judíos supervivientes del Holocausto hallaban a menudo frialdad y hostilidad entre sus antiguos convecinos. Reconstrucción Tras la II Guerra Mundial fue preciso un plan que permitiese a Europa crecer y consumir los excedentes de EE.UU. Fue preciso un Plan de Reconstrucción Económica procedente de la única potencia que no había sufrido destrucciones en su territorio, los Estados Unidos. Un ingente programa de créditos a bajo interés, con perspectiva estratégica: había que reconstruir una Europa que pudiese crecer y consumir los excedentes norteamericanos, de la Coca-Cola al pato Donald; pero también había que crear clase media, consolidar la pequeña propiedad y el consumo, para evitar que la miseria favoreciese la expansión del comunismo, reforzado por el prestigio militar y el sacrificio soviético. De la necesidad de redistribuir y coordinar los fondos recibidos del amigo americano nacieron las primeras instituciones de cooperación supraestatal, que serían los precedentes de la Comunidad Económica Europea constituida en 1957 en Roma. Los antiguos aliados se dividieron; los antiguos enemigos, Francia y Alemania en primer lugar, se reconciliaron. Paradójicamente, los líderes políticos que habían exigido de sus poblaciones sangre, sudor y lágrimas no gestionaron la inmediata posguerra, salvo Stalin. Pero del mismo modo que aquellos habían colaborado durante los duros años bélicos, ahora buena parte de los nuevos líderes cooperaban en Europa occidental para dar paso a una etapa de reconstrucción. Las sociedades europeas miraron hacia adelante, y durante treinta años apenas quisieron saber de sus sufrimientos pasados y de las víctimas; disfrutaron de las nuevas oportunidades y del creciente bienestar. Algo aprendieron: para maximizar las expectativas individuales, era mejor ajuntar esfuerzos, relativizar fronteras. Populismo Trump y Bolsonaro eluden su pésima gestión y culpan a laboratorios chinos y agresiones externas La amenaza del virus Tres cuartos de siglo después, el mundo se enfrenta a una amenaza inusitada. Un virus de morbilidad baja, pero muy contagioso, que ha provocado una crisis sanitaria y un parón económico sin precedentes en tiempos de paz. Los distintos gobiernos estatales han recurrido a menudo a retóricas de tinte bélico, equiparando el Covid-19 a una invasión silenciosa. Algunos, recurriendo a un burdo populismo, desde Trump a Bolsonaro, han intentado externalizar las responsabilidades de su pésima gestión en un agente foráneo: laboratorios chinos, agresiones externas. Otros, aun adoptando medidas de contención recomendadas por expertos, no dejan de apelar al patriotismo, a la solidaridad con los más vulnerables frente a la pandemia -ancianos, personas con patologías previas, pero también sectores sociales desfavorecidos-, y parecen inspirarse en los lemas utilizados en tiempos de guerra para movilizar a la retaguardia. Todos saben que, como todas las guerras, también esta pasará, y piensan en el mundo de mañana, en el que se dirimirán hegemonías, se confrontarán modelos económicos y el cataclismo dejará huellas sociales impredecibles. Lección En 1945 nos enseñaron que las sociedades del último siglo superaron catástrofes mucho más destructivas A diferencia del mundo de 1945-47, el dilema ya no es entre «mundo libre» y «comunismo», sino entre libertad y democracia versus seguridad y autoritarismo. Qué sistema político demostrará ser más eficaz para derrotar a un enemigo difuso, pero corrosivo. Algunos argumentarán que la globalización favorece el contagio, y propugnarán una vuelta a los límites conocidos: el confinamiento como metáfora de un mundo más pequeño, mediocre, pero manejable. Otros ven en esta crisis una antesala de la gran catástrofe climática futura y esperan que la Humanidad aprenda una lección: es vulnerable. Un mundo más sostenible y solidario será garantía de salud y bienestar, aunque se consuma menos. También a diferencia del mundo de hace 75 años, la colaboración internacional cede paso frente a las soluciones estatales. Las recetas varían de Estado a Estado, de región a región. El confinamiento favorece la ilusión de la autosuficiencia, y el miedo fomenta la insolidaridad. Si la ruina de posguerra espoleó la cooperación europea, los costes económicos de la pandemia amenazan con provocar la quiebra de la frágil unidad continental. Hay estrellas solitarias, desde Angela Merkel a António Costa; pero no se divisan liderazgos nuevos, capaces de gestionar el mundo posterior a la pandemia: ningún De Gasperi, ningún Brandt. Un río revuelto para populismos o autoritarismos diversos, en el peor de los casos. Empero, si los europeos de 1945 algo nos enseñaron a sus nietos y bisnietos, es que las sociedades del último siglo superaron catástrofes mucho más destructivas. También lo habían demostrado las sociedades posteriores a la I Guerra Mundial, en 1918-19, cuando también tuvieron lugar guerras civiles, revoluciones, enfrentamientos armados, deportaciones.. y una pandemia de gripe que la historiografía casi olvidó se llevó, mientras tanto, a más del uno por cien de la población. Los europeos de 1918/19 querían vivir y olvidar; también los de 1945/46. Los de 2020/21, sin duda, también, aunque pagarán un precio. Por alto que sea, será muy inferior al que pagaron nuestros abuelos y bisabuelos. Algo hemos avanzado. Xosé M. Núñez Seixas es catedrático de historia contemporánea de la Universidad de Santiago y premio nacional de Ensayo 2019
10-05-2020 | Fuente: abc.es
El cataclismo que alumbró la nueva Europa
Se cumplen ahora 75 años del término de la II Guerra Mundial. El escaso interés por conmemorar la efeméride que están mostrando las potencias europeas implicadas no se debe solo a las contingencias del coronavirus. También influye el hecho de que, con la perspectiva de la distancia, incluso los vencedores tienen conciencia de que todos perdieron la guerra, no solo Alemania. Alemania quedó destrozada por los bombardeos y acaso también traumatizada por la terrible experiencia de haber secundado las locuras de Hitler, pero los otros supuestos vencedores, el Reino Unido y Francia, quedaron en la bancarrota y agobiadas por crecientes problemas sociales que el estado de guerra había aplazado. Podría decirse que esa guerra solo la ganó Stalin. El tirano rojo jugó sus cartas con astucia y puso sobre la mesa de negociaciones los 22 millones de muertos que la guerra había costado a su país, así como el hecho de que la URSS hubiese sido la potencia decisiva en la derrota alemana. El Reino Unido y Estados Unidos todavía enzarzados en la guerra contra Japón no supieron o no pudieron reaccionar ante el hecho de que Stalin había corrido un telón de acero entre sus conquistas y el resto de Europa. Como consecuencia de esta contienda, Europa perdió el dominio del mundo. Las dos Guerras Mundiales, que vienen a ser la misma guerra con un descanso intermedio, supusieron el suicidio político de una pujante Europa que había dominado el globo terráqueo durante medio milenio. De las cenizas del cataclismo bélico emergían ahora dos grandes potencias extraeuropeas, la URSS y Estados Unidos que competían por ese dominio y se repartían el mundo en sus respectivas esferas de influencia. Para las potencias europeas, al descalabro de la guerra seguía el descalabro de la paz: supuestamente vencedoras perderían pronto sus respectivos imperios coloniales, en parte por el lógico despertar de los pueblos sometidos y en parte por la insidiosa influencia de los nuevos gendarmes territoriales que buscaban mercados libres y estados satélites. Stalin, el verdadero vencedor de la contienda había adelantado sus fronteras hasta el corazón de Europa. En la penosa situación en que había quedado los países contendientes, con la economía estragada, aún era presumible que el comunismo se impusiera en las urnas tan democráticamente como años antes se había impuesto el nazismo. La potencia de los partidos comunistas de Italia y Francia lo hacían factible. En tal caso toda Europa podía someterse al imperio de la URSS, o al menos a su esfera de influencia. La nueva gran potencia hegemónica occidental, Estados Unidos, no podía consentirlo. Acudió en auxilio de sus empobrecidos aliados europeos con el Plan Marshall, la lluvia de un maná vivificador en forma de dólares e inversiones en el que también se integró la estragada Alemania. Los países occidentales fueron conscientes (con ciertas reticencias de De Gaulle) de que en lugar de reducir a Alemania a un estatus de potencia de tercer orden (como había propuesto el Plan Morgenthau) convenía ayudarla en su recuperación para que pudiera ejercer como estado tapón frente a la potencia soviética. ¿Restituir su fuerza a Alemania? Para ello hubo que olvidar y perdonar cuando las heridas aún sangraban. Tras una leve desnazificación los aliados repusieron en sus antiguos puestos a los mismos funcionarios que habían servido fielmente a Hitler y lo habían secundado en sus delitos. Con esa maravillosa disciplina y sentido de obediencia al Estado que caracteriza al pueblo alemán los nazis de antaño se transformaron en los demócratas de hogaño bajo la nueva gerencia. Algo positivo acarreó la pérdida del rango de las potencias europeas. Desde hacía un siglo la sociedad europea se había escindido en dos clases antagónicas, los explotadores y los explotados, fruto de la imposición del capitalismo salvaje que siguió a la revolución industrial. Tras la guerra, y ante la amenaza del comunismo revolucionario, cobró fuerza el camino intermedio socialdemócrata que alumbró el Estado del bienestar, una especie de pacto entre los dos bandos sociales antes enfrentados que ha devuelto a Europa unos niveles de prosperidad y paz como nunca había conocido. Las ganancias de la guerra Otra consecuencia de la inmediata posguerra fue el consenso de las grandes potencias antes enemigas para buscar un provecho común: el Mercado Común que una vez desarrollado se transformaría en la Unión Europea, una empresa no exenta de autorizados detractores que pueden señalar que, a través de ella, Alemania va camino de ganar su tercera guerra, esta vez no con panzers sino con euros. Finalmente deberíamos celebrar otra consecuencia indirecta de las Guerras Mundiales: la emancipación (todavía en curso, lo sé) de la mujer. Históricamente relegada la mujer a ser un menor de edad en el ámbito familiar y un ciudadano de segunda en el nacional, después de la guerra resultó imposible devolverla al ámbito privado cuando ya había demostrado en el público que podía desenvolverse tan bien como el hombre y en ocasiones hasta mejor. Confortémonos pensando que si mucho perdimos los europeos en aquella guerra de nuestros abuelos cuyo final hoy conmemoramos, también tenemos motivos para consolarnos con sus ganancias. Juan Eslava Galán es autor de «La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos»
10-05-2020 | Fuente: as.com
El Zaragoza que fue y hoy vuelve a ser
En un niño nacido en Madrid, aunque de firmes raíces aragonesas, la parábola de Nayim solo hizo que reafirmar la mejor decisión que, en su inconsciencia infantil, pudo tomar.
08-05-2020 | Fuente: elmundo.es
Diario desde la UCI (22): "Es llamativo lo que cuesta sacar adelante a los pacientes de Covid-19"
Cristina Salazar, intensivista: "Desconocemos a ciencia cierta por qué tarda tanto tiempo en recuperarse el pulmón y por qué siguen con disnea acusada cuando los visitamos en planta" 
07-05-2020 | Fuente: abc.es
Rusia adelanta en contagios a Alemania y Francia tras 11.123 infectados en un día
Después de que el neumólogo ruso, Alexánder Chuchalin, asegurase en declaraciones a este periódico que «la actual epidemia -de COVID-19- desaparecerá hacia junio» y que «algo así no volverá hasta dentro de una década» otro célebre médico del país eslavo, Guennadi Oníshenko, que ocupó diversos cargos oficiales en el área de la Sanidad, fue hasta hace poco director del órgano de control Rospotrebnadzor y es actualmente vicepresidente del comité parlamentario de la Duma de Educación y Ciencia, cree que el coronavirus «agoniza, está asfixiándose». Oníshenko hizo estas declaraciones anoche en una entrevista a la radio rusa Servicio Nacional de Noticias (NSN en sus siglas en ruso). Según sus palabras, «el virus se está quedando sin aliento porque en todos aquellos países en donde hubo brotes fuertes su propagación está bajo control y no vemos otros en donde aseguren no estar en condiciones de dominar la situación». A juicio del médico ruso, el coronavirus «agoniza, está asfixiándose» si bien no señaló cuándo aproximadamente podremos librarnos de la pandemia. Oníshenko se ha mostrado también partidario de acelerar el desconfinamiento para que «no se pare la economía». Ayer miércoles, el presidente Vladímir Putin escuchó las propuestas de ministros y responsables locales sobre un plan de desescalada en tres fases a aplicar a partir del 11 de mayo. Récord con 11.231 nuevos casos Hoy, por quinta vez consecutiva, el aumento diario de casos de COVID-19 en Rusia superó los 10.000. En las últimas 24 horas se ha registrado la cantidad récord hasta el momento de 11.231 nuevos contagios, lo que eleva el total a 177.160 infectados. Sigue siendo el país del continente europeo en donde con mayor velocidad está progresando la pandemia y, tras adelantar a Alemania y Francia, ocupa ya el quinto lugar mundial en la lista de países afectados por la pandemia. Por detrás del Reino Unido que registra 201.101 contagios. El ministro de Sanidad ruso, Mijaíl Murashko, reconoció ayer que «no hemos alcanzado todavía la meseta», aunque señala que la gravedad de los nuevos pacientes es cada vez menor. También es menor el número de decesos en comparación con otros países de Europa. Según los datos dados hoy a conocer, la cifra total de muertos en Rusia desde el comienzo de la pandemia asciende a 1.625. En Moscú también se ha elevado el número de infectados con respecto a ayer, hoy se han detectado 6.703 nuevos contagios cuando el miércoles fueron 5.858. El número de infectados en la capital rusa alcanza ya la cifra de 92.676 y el de fallecidos 905.
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