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01-01-1970 | Fuente: abc.es
Por evitar males mayores
Otra vez habrá, salvo sorpresa de última hora, una Gran Coalición en el gobierno de Alemania. Otra vez vuelve lo que, antes y después de las elecciones del 24 de septiembre, se descartó con rotundidad en los dos grandes partidos, el democristiano CDU/CSU y el socialdemócrata SPD. Es difícil recordar una alianza más forzada y desde un principio menos apetecida, menos ilusionante, menos prometedora. Se unen los que no se quieren unir, porque no hay más remedio, con unos líderes cuyas carreras agonizan -Angela Merkel, Martin Schulz- y bajo el lema con el que titulaba ayer tarde el diario «Sueddeutsche Zeitung»: «Todo lo demás sería peor». En realidad, todo está dominado por un partido ausente de estas negociaciones como de las anteriores. La Gran Coalición, su programa inicial -sin subida de impuestos y con topes a la inmigración-, la angustia por lograr un acuerdo sin aliciente alguno y el miedo cerval a unas elecciones, todo se debe a la radical novedad que produjeron las elecciones de septiembre: la irrupción en el Bundestag con 93 escaños del partido derechista «Alternative für Deutschland» (AfD). Su triunfal entrada al parlamento con el voto de la derecha abandonado por Merkel ha cambiado radicalmente todo. Demonizada y tachada de ultraderechista por todos los demás, la AfD ha roto el consenso alemán cuya máxima expresión es la gran coalición. Su existencia disuadía de la gran coalición porque con ella la AfD es la principal fuerza de la oposición en el Bundestag. Pero también obligaba a la gran coalición porque se teme que en nuevas elecciones el AfD siga creciendo. Merkel había intentado formar un gobierno con los Liberales (FDP) y los Verdes. Aquel intento con dos partidos antitéticos fracasó estrepitosamente. Después solo quedaban dos opciones, la gran coalición o nuevas elecciones. El pánico a la segunda obligaba a la primera. Su principal, quizás única virtud, será acabar con el gobierno en funciones y transmitir en Europa la sensación de que se desatasca la crisis alemana. Pero no se sabe hasta qué punto. Ni hasta cuándo.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Revuelta de las juventudes del SPD contra la Gran Coalición
La primera crisis de la Gran Coalición alemana estalló ayer, antes de que hayan empezado las negociaciones oficiales. Las juventudes del Partido Socialdemócrata (SPD) advirtieron ayer que cuentan con apoyo suficiente para votar en contra del preacuerdo de negociación en el congreso extraordinario que se celebrará en Bonn el domingo. «El rechazo está muy extendido dentro del partido», amenazó el jefe de los ruidosos «Jusos», Kevin Kühnert, que lidera una campaña de agitación que los medios alemanes bautizaron como la «revolución de los enanos», expresión popularizada por el socialcristiano bávaro Alexander Dobrindt. Kühnert argumentó que «un no del SPD a la Gran coalición no supondría repetir elecciones, sino que Merkel gobierne en minoría con apoyos puntuales del SPD». Los Jusos son 70.000 de un total de 450.000 militantes, pero su campaña #nogroko arrasa en las redes sociales y en Sajonia-Anhalt han ganado una votación regional. El presidente del SPD, Martin Schulz, peregrina por las sedes regionales subrayando que las negociaciones permiten un margen de «mejora» y que un gobierno débil en Berlín perjudicaría a Alemania y a Europa, sin mencionar que acabaría con su carrera política. «Todo es mejorable», añadía ayer el vicepresidente del SPD, Ralf Stegner, argumento que no convenció a los Jusos pero que sí puso en pie de guerra a sus presocios conservadores. «Lo que hemos presentado conjuntamente como un consenso a la ciudadanía es así y punto», respondió Volker Kauder, presidente del grupo parlamentario de la CDU. En el seno del SPD surgieron también voces defendiendo el preacuerdo, como la de la presidenta regional de Mecklemburgo-Antepomerania, Manuela Schwesig. «Habrá más dinero para las guarderías, para las familias con hijos, para los colegios de jornada completa y para la formación digital. El que esté en contra de todo esto que lo diga en voz alta», retó, dando a entender que hay intereses internos de sucesión en el partido tras la revuelta de las juventudes. «No nos engañemos, solo están contra la Gran Coalición y critican el preacuerdo aquellos a quienes les da exactamente igual lo que contenga», dijo en el mismo sentido la todavía ministra de Trabajo Andrea Nahles.
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