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Noticias de casa blanca

26-01-2020 | Fuente: abc.es
El Congreso de EE.UU. se aburre durante el «impeachment»
Son días extraños en el Capitolio. Todo, incluidas las primarias para las elecciones de noviembre, ha quedado paralizado por el tercer juicio político a un presidente de la historia. Y se le nota a la mayoría de senadores que no están cómodos en el papel de tribunal. Dados a sentenciosos discursos y acostumbrados a ser escuchados sin interrupción, ahora deben permanecer en silencio durante los largos seis días en que la fiscalía y la defensa, que comenzó su turno ayer, detallan sus alegaciones en contra y a favor de Donald Trump. El viernes, un día singular en este proceso, la fiscalía, que ejerce un grupo de demócratas, acusó directamente al presidente de ser ni más ni menos que una marioneta del Kremlin. Se trata de una acusación extraordinaria, que proferida contra un republicano hace apenas una década hubiera incendiado Washington. Aun así, el viernes, en el momento en que el diputado demócrata Adam Schiff, que lidera a los fiscales, le daba la enhorabuena a Rusia por una soberbia infiltración en la Casa Blanca, uno de los senadores dormitaba ante sus notas; otros dos jugaban con esos pequeños trompos planos y de colores que los niños popularizaron hace unos tres años, y un cuarto sorbía un vaso de leche, única bebida, junto al agua, permitida dentro de la sala, porque hace años un senador defendió que era buena para tratar su úlcera. En el cajón de un pupitre, en el flanco derecho de la sala, los senadores tienen caramelos a su disposición. De pocas cosas más disponen, pues dentro de esta sala están prohibidos los teléfonos, las tabletas y los ordenadores, sean de mesa o portátiles. Y, claro, los senadores se aburren. Porque este juicio, celebrado con gran pompa, es, sobre todo, anticlimático. No hay pruebas nuevas o testigos sorpresa. Todo lo que la fiscalía ha detallado en su largo turno de tres días ya se sabía porque lo expuso antes con detalle no en una sino en varias comisiones de la Cámara de Representantes, en unas vistas retransmitidas hasta la extenuación por televisión y redes sociales. Las partes sin embargo, no adolecen de energía. El viernes mismo uno de los fiscales, el también diputado Jerrold Nadler, llamó al presidente «dictador». Ni por esas. Nadie puede acusar a la acusación y a la defensa de falta de esfuerzo. Durante el debate del miércoles para pactar las reglas que gobiernan este juicio, en una vista que duró hasta las dos de la madrugada, se cruzaron unos reproches tan agrios, que el miércoles, en la apertura de la primera vista, les cayó una reprimenda del circunspecto presidente del Tribunal Supremo, que desde un púlpito elevado vela por que el juicio al menos parezca equitativo. «Debo recordarles a las partes que se hallan ante la cámara legislativa más prestigiosa del mundo. Y una de las razones por las que se ha ganado ese título es porque sus miembros evitan dirigirse de un modo, y empleando un lenguaje, que no se ajuste a las normas más básicas de civismo», dijo el magistrado John Roberts. De ahí la artificiosa singularidad de todo este proceso. Las normas son muy estrictas. Tanto, que si los senadores quieren hacer preguntas, las deben entregar por escrito. Los plazos son férreos. Las dos partes en liza están agotando hasta la extenuación las 24 horas de las que disponen, repartidas en bloques de tres días. Las vistas se alargan porque los fiscales y abogados no quieren dejarse nada fuera. Pero todos ellos saben que el veredicto está ya cantado. En el hemiciclo hay 45 demócratas, dos independientes y 53 republicanos. Entre estos últimos, muchos admiten abiertamente que no son neutrales: están juzgando a un presidente de su partido, muy popular entre las bases, en año electoral. De los 33 escaños del Senado que se renuevan en noviembre, 23 los ocupan republicanos. Ya lo dijo el líder de ese partido del Senado, Mitch McConnel, antes de que comenzara este juicio: «No se me puede pedir que sea imparcial». El tedio de muchos senadores lo manifestó claramente uno de los pocos republicanos que se ha permitido ser tímidamente crítico con el presidente por sus presiones sobre Ucrania, que son lo que ha abierto este proceso de impeachment. En uno de los pocos descansos que se les permiten, Mitt Romney, candidato perdedor a la presidencia en 2012, fue sorprendido en un momento de honestidad por un micro furtivo: «Nos quedan seis horas, y nadie está viendo esto, Dios mío». Era viernes, habían pasado ya las cinco de la tarde, ya era de noche en Washington y la fiscalía aún tenía ocho horas por delante. El desliz de Romney evidencia que en la era Trump mandan los índices de audiencia, también en algo tan grave como un juicio para destituir a un presidente. De hecho el mismo Trump lo admitió. Molesto por que el estreno de su equipo de abogados llegara en sábado, el presidente lamentó en la red social Twitter: «Nos han relegado a una franja que en televisión se conoce como el valle de la muerte». Su abogado, Jack Sekulow, le respondió después: «El sábado enseñaremos el trailer, y el lunes estrenaremos la película». Justo cuando Romney cometía esa indiscreción, en la Casa Blanca, la asesora de Trump Kellyanne Conway pasaba por la sala de prensa, veía una retransmisión del juicio en una de las pantallas y se preguntaba en voz alta: «¿Hay alguien que todavía esté viendo esto?». El presidente contraprogramó. El viernes se convirtió en el primer inquilino de la Casa Blanca en dirigirse a una multitudinaria marcha pro-vida que cada año desciende sobre Washington. Por la tarde invitó a su residencia a 170 alcaldes de todo el país con los que habló de programas de inversión económica. En ninguno de esos dos actos habló del impeachment. Versado en el arte de amasar audiencias Trump sabe que no hay nada mejor para su supervivencia que una nación completamente aburrida por un juicio de veredicto previsible.
25-01-2020 | Fuente: elpais.com
Los abogados de Trump defienden las maniobras sobre Ucrania y acusan a los demócratas de interferencia electoral
Los letrados de la Casa Blanca advierten contra la destitución del mandatario: "Les están pidiendo algo muy peligroso"
25-01-2020 | Fuente: abc.es
Unas elecciones furiosas
El juicio político a Donald Trump no servirá para destituirlo y ahondará la división del país en dos bloques irreconciliables. Las elecciones presidenciales de noviembre serán un choque frontal entre un presidente furioso y un candidato demócrata por decidir. El camino a la reelección de Trump se basa en la buena situación la economía, gracias a la desregulación y la bajada de impuestos, los nombramientos judiciales que satisfacen al sector más conservador y la atención a los trabajadores blancos que pierden con la globalización y rechazan la inmigración. Realmente el partido se juega solo en los siete u ocho estados en los que puede variar la mayoría, unos cientos de miles de votos. Es muy posible que el presidente gane un nuevo mandato repitiendo la carambola de perder en sufragios pero ganar en compromisarios en el colegio electoral. Luego, por descontado, afirmaría que los votos están mal contados y que ha habido fraude, como ya hizo en 2016. El partido republicano saldrá más unido del impeachment que ha comenzado esta semana con máxima confrontación en la Cámara alta. Los demócratas, sin embargo, todavía se debaten en sus primarias entre dos opciones contrapuestas. La primera sería presentar a un candidato escorado a la izquierda, un populista como Bernie Sanders, que movilice a sus militantes, e imite la táctica de Trump de agitar y fidelizar a la base. La segunda posibilidad, moverse hacia el centro, con Joe Biden o incluso Michael Bloomberg de aspirante a la Casa Blanca. Ninguno de los tres ancianos conecta bien con una idea atractiva de futuro. Al menos Biden tiene buen cartel entre los trabajadores blancos y los votantes independientes, a pesar de su propensión a cometer errores en sus intervenciones. Mientras tanto, Trump agita a los suyos con un record esta semana de tuits incendiarios, desprecia la labor de las instituciones democráticas y elige no representar los valores que sustentan la Constitución. La seguridad global depende en exceso de su deriva temperamental, que va a peor. Actúa cada vez con menos inhibiciones y ya no hay adultos en la habitación capaces de frenar sus impulsos.
24-01-2020 | Fuente: abc.es
Las calles de Bagdad piden a Trump que saque a sus tropas del país
Las calles de Bagdad gritaron eslóganes como «¡fuera, fuera, ocupantes!», «¡sí a nuestra soberanía!» o «Trump destruye América y el mundo» durante la marcha convocada por el clérigo Muqtada Al Sadr para pedir la salida de las tropas de Estados Unidos del país. «Decenas de miles» de manifestantes, según la agencia Reuters, tomaron parte en una movilización bautizada como «la marcha del millón de personas», que discurrió sin incidentes y no se acercó ni a la Embajada estadounidense, situada en la Zona Verde, ni a la plaza de Tahrir, ocupada desde el 1 de octubre por iraquíes que protestan contra la corrupción y piden un cambio de gobierno. El clérigo chií leyó un comunicado ante la multitud en el que señaló que «nuestro primer objetivo, nuestra primera demanda, pasa por poner una fecha a la salida física de las fuerzas de ocupación norteamericanas, y para ello tenemos que agotar todos los métodos pacíficos, políticos, económicos, sociales, culturales y populares». Tras conocer la noticia del asesinato del general iraní Qassem Suleimani en Bagdad el 3 de enero, en una operación organizada por el Pentágono y ordenada por Donald Trump, Al Sadr decidió reactivar a la milicia del Ejército del Mahdi y convocar esta gran marcha con el objetivo de mostrar al presidente estadounidense el rechazo a la presencia de sus 5.200 hombres en Irak. Un intento de presión social paralelo al movimiento político por parte del Parlamento, que dos días después del asesinato de Suleimani votó a favor de la salida de las tropas extranjeras. El partido de Al Sadr es la principal fuerza en una cámara donde todos los partidos chiíes se unieron con el objetivo de pedir al gobierno que moviera ficha para pedir el final de la presencia de Estados Unidos. El acuerdo entre Washington y Bagdad estaba enmarcado en el apoyo militar en la guerra contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) y la operación contra Suleimani supuso una violación de este pacto y la eliminación de una figura clave para las milicias chiíes. El general iraní, líder de la Fuerza Quds, brazo exterior de la Guardia Revolucionaria, murió junto al 'número dos' de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), la coalición de milicias chiíes leales a Teherán, Abú Mahdi al Muhandis, y por ello estas facciones respondieron también al llamamiento de Al Sadr, con quien la relación no era muy estrecha hasta ahora. Uno de sus líderes, Qais al-Jazali, escribió en Twitter que "el mensaje del pueblo a Trump ha sido claro: o se van voluntariamente o serán expulsados". Un mensaje que la Casa Blanca no ha captado hasta ahora y se resiste a plantear una nueva retirada del país árabe. La gran marcha recorrió los aledaños de la Universidad de Bagdad, lejos de una plaza de Tahrir donde los iraquíes que protestan contra el gobierno mantienen una acampada desde el 1 de octubre. Esta semana al menos doce personas han perdido la vida en las movilizaciones contra el gobierno y la corrupción, que tienen a Bagdad y a las ciudades del sur como sedes principales, y ya son casi 500 los muertos desde que comenzaron. Estos manifestantes temen que sus reivindicaciones queden eclipsadas por el gran pulso que Estados Unidos e Irán libran en Irak.
24-01-2020 | Fuente: elpais.com
Trump irrumpe con su polémico plan de paz en plena campaña electoral de Israel
Netanyahu y su rival Gantz son convocados en la Casa Blanca para presentarles el ?acuerdo del siglo?
24-01-2020 | Fuente: abc.es
Los demócratas piden a los republicanos que se les sumen para destituir a Trump en el impeachment
Los demócratas han empleado el segundo de los tres días de los que disponen en detallar los cargos contra Donald Trump e intentar convencer a al menos una parte de los senadores republicanos de que, primero, permitan llamar a testigos y solicitar pruebas en este juicio político, y segundo y más importante, que finalmente destituyan al presidente en el proceso de impeachment. Este jueves, la fiscalía, que ejerce en parte un grupo de diputados demócratas, detalló las razones por las que acusa a Trump de abuso de poder en sus presiones a Ucrania para que investigara al demócrata Joe Biden. «La conducta del presidente es equívoca, es ilegal, y es peligrosa», declaró este jueves ante el Senado en pleno el diputado demócrata y abogado de la acusación Jerrold Nadler. No es tarea fácil, y los demócratas saben que destituir a Trump no va a ser una tarea ni mucho menos fácil. A pesar de los alegatos de la fiscalía, que comenzaron el miércoles, ni un solo senador republicano ha roto filas con el presidente. Los republicanos ni siquiera se han comprometido a permitir que haya testigos o pruebas en este juicio, algo que se decidirá en una votación la semana que viene para la que se requiere mayoría simple. Los demócratas disponen de 47 votos de 100, y necesitan que al menos cuatro republicanos les permitan prolongar el juicio político con esos interrogatorios. Condenar y destituir a Trump será todavía una labor más ardua: el veredicto de culpabilidad sólo se puede aprobar por mayoría de dos tercios impensable para los demócratas. Testigos y pruebas Según dijo este jueves el diputado demócrata Nadler, en su turno como fiscal, «si el presidente tuviera un testigo que le exonerara, uno solo, estaría insistiendo en que debería testificar cuanto antes. Pero en lugar de eso, el presidente lo que les exige es que no escuchen a más testigos». Lo cierto es que Trump ha cambiado frecuentemente de parecer sobre la necesidad de llamar a testigos en este juicio político, a tenor de sus comentarios en la red social Twitter. En unas ocasiones ha pedido una absolución rápida y en otras ha instado a los republicanos a llamar a Joe Biden y hasta a su hijo Hunter. La investigación del impeachment la abrió una llamada de Trump a su homólogo ucraniano en julio durante la que le pidió que indagara en un supuesto caso de corrupción de una empresa energética, Burisma, en la que trabajaba Biden hijo. La Casa Blanca no niega que existieran esas presiones, pero defiende que son legítimas, porque el presidente tiene la obligación de combatir la corrupción.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">The Democrats don?t want a Witness Trade because Shifty Schiff, the Biden?s, the fake Whistleblower(&amp; his lawyer), the second Whistleblower (who vanished after I released the Transcripts), the so-called ?informer?, &amp; many other Democrat disasters, would be a BIG problem for them!</p>&mdash; Donald J. Trump (@realDonaldTrump) <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1220410391668371457?ref_src=twsrc%5Etfw">January 23, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Este jueves, de nuevo en Twitter, Trump dijo que son los demócratas los que no quieren llamar a testigos que dejarían en evidencia la corrupción de Biden cuando era vicepresidente. El presidente circuló de hecho la idea de que testifiquen Biden y su hijo a cambio de autorizar otros interrogatorios, como el del ex consejero de Seguridad Nacional John Bolton, que fue despedido de la Casa Blanca en septiembre. «Un acuerdo sobre testigos sería un grave problema para ellos», dijo Trump. Biden, que es candidato en las primarias demócratas y lidera una buena parte de las encuestas, ha dicho que no quiere testificar en este juicio político. De momento, ni uno solo de los senadores republicanos ha indicado que las alegaciones de la fiscalía les haya cambiado de parecer. «No es que estén cambiando nuestra opinión. Creo que estamos todos esperando que se nos enseñen las pruebas que demuestren sus argumentos de forma irrefutable, y entonces puede ser que decidamos que necesitamos más información. Pero de momento, esas pruebas no se nos han enseñado», dijo este jueves en los pasillos del Capitolio la senadora republicana Joni Ernst. Duras reglas Las reglas del juicio político son muy estrictas. Mientras dure el juicio los senadores no pueden hablar, ni siquiera para hacer preguntas. Dentro de la sala no puede haber teléfonos móviles, tabletas u ordenadores. Ni siquiera se pueden introducir alimentos y a los senadores sólo se les permite beber agua o leche. Los tres senadores demócratas que se presentan a las primarias de su partido de cara a las elecciones de noviembre no pueden hacer campaña porque han jurado estar presentes para dictar un veredicto honesto, algo que les perjudica a menos de dos semanas de la primera votación en los llamados caucus de Iowa. Una de ellas, Elizabeth Warren, dijo este jueves que este es un momento que justifica suspender la campaña: «Está en juego nuestra Constitución, creo que todo lo demás puede esperar». Sea destituido o no, Trump se presenta a la reelección y podría ganarla. Si es destituido, nada le impediría presentarse de nuevo, algo que sólo tendría prohibido si el Senado vuelve a votar, por mayoría simple, para inhabilitarlo de forma permanente impidiéndole ejercer de nuevo en el futuro cualquier cargo público.
23-01-2020 | Fuente: abc.es
¿De qué va el impeachment?
Ante lo que puede parecer a simple vista como una espectacular pérdida de tiempo, conviene recordar que el impeachment en Estados Unidos es un «corta y pega» de la antiquísima tradición inglesa para lograr algo tan importante en una democracia como depurar responsabilidades políticas sin necesidad de violencia. Con el tiempo, y la extrema polarización cíclica que sufre la gran república atlántica, el juicio político ha evolucionado para convertirse en algo más que una respuesta constitucional contra el abuso de poder. Los casos de Andrew Johnson en el siglo XIX y los más recientes de Clinton y Trump ?Nixon dimitió antes de la formulación de cargos en la Cámara de Representantes? confirman que el juicio político americano tiende a funcionar como un espejo más bien indiscreto. En esa superficie, tan coyuntural como política, no hace más que reflejarse la imagen de lo que resulta aceptable, o inaceptable, a la opinión pública de Estados Unidos. El proceso contra Bill Clinton estuvo basado en cuestiones esencialmente personales pero envueltas por los republicanos en acusaciones de perjurio y obstrucción a la justicia. Y aunque no es desdeñable el peso que los ingredientes moralistas y puritanos tienen en la idea e la idea de América, la principal conclusión del impeachment de 1995 no fue otra que cometer perjurio para tapar un adulterio no era causa suficiente para inhabilitar a un presidente de Estados Unidos. En el caso de Donald Trump, su impeachment debería interpretarse como parte del ajuste de cuentas populista iniciado en las elecciones de 2016 contra las élites, el establishment o la casta. A pesar de que los hechos ocurridos entre la Casa Blanca y Ucrania no se discuten, no parece viable que una veintena de senadores republicanos hagan posible la destitución del presidente. Trump tiene suficiente impunidad para hablar a líderes internacionales como quiera, utilizar a los Soprano como inspiración de la política exterior de Estados Unidos y seguir haciendo las cosas a su manera
22-01-2020 | Fuente: abc.es
Primera jornada del «impeachment»: los republicanos cierran filas con Trump
Una tras otra, los republicanos rechazaron ayer todas las enmiendas que presentaron los demócratas en el Senado de Estados Unidos para alargar el juicio político a Donald Trump presentando pruebas y llamando a testigos. Si algo quedó claro en la larga jornada inaugural del tercer ?impeachment? de la historia del país, es que el Presidente cuenta con el respaldo de su partido, lo que complica mucho su destitución. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, presentó mociones para pedir documentos a la Casa Blanca, al Departamento de Estado y al Pentágono, entre otros. Todas fueron rechazadas por los republicanos, que se opusieron en bloque. <blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">I just demanded a vote on calling as a witness Mick Mulvaney, President Trump?s Acting White House Chief of Staff<br><br>Will Senate Republicans vote with us for a fair trial?<br><br>Or will they keep enabling a cover-up like they?ve done all day by voting against our requests for documents?</p>&mdash; Chuck Schumer (@SenSchumer) <a href="https://twitter.com/SenSchumer/status/1219789566908997633?ref_src=twsrc%5Etfw">January 22, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Una tras otra, las enmiendas del Partido Demócrata obtuvieron sólo 47 votos a favor, los suyos propios, y 53 en contra, los de los republicanos. Según dijo Schumer en el Capitolio ya al filo de la madrugada, «estamos convencidos de que presentar documentos e interrogar a testigos es muy importante a la hora de proceder en juicio de esta naturaleza, por eso creemos que ha valido la pena someter a votación cada una de estas enmiendas». Un juicio rápido Los republicanos, sin embargo, le han dado a Trump lo que este pedía: un juicio rápido, y con una absolución casi garantizada. Según las reglas aprobadas ayer por los republicanos, la defensa y la acusación tendrán cada una 24 horas para presentar sus hallazgos sobre los dos cargos de los que se acusa a Donald Trump: abuso de poder y obstrucción de las investigaciones. En total, cada parte no podrá extenderse más de tres días, y no habrá interrogatorios en esa fase de alegaciones. Es cierto que los senadores dispondrán de un plazo posterior para votar si necesitan más pruebas y llamar a más testigos. Los republicanos, sin embargo, pueden volver a hacer valer su mayoría en el Senado como hicieron ayer. Es más, para destituir al Presidente, los demócratas necesitarían una mayoría de dos tercios, es decir, que 28 republicanos le dieran la espalda a Trump, algo inconcebible en este momento.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">READ THE TRANSCRIPTS!</p>&mdash; Donald J. Trump (@realDonaldTrump) <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1219698190129225728?ref_src=twsrc%5Etfw">January 21, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> La única concesión de los republicanos fue alargar el plazo de alegaciones de la acusación y la defensa de dos a tres días, para que este juicio político se rija por las mismas reglas que el de Bill Clinton en 1998. De ese modo, los senadores se ahorran en teoría jornadas maratonianas como la de ayer. Este miércoles debe comenzar realmente el juicio, con las primeras acusaciones del equipo de fiscales, que encabeza el diputado demócrata Adam Schiff. Este dijo ayer que «este juicio no debería ser distinto a ningún otro juicio. Debe tener pruebas y testigos, como todos los demás». Por primera vez desde que el proceso de ?impeachment? comenzó a andar en septiembre, los abogados del Presidente podrán responder en el Capitolio a los cargos presentados en contra de este. Según avanzó ayer el procurador de la Casa Blanca, Pat Cipollone, la estrategia de la defensa será demostrar que el ?impeachment? es una «farsa ridícula».
22-01-2020 | Fuente: abc.es
Hillary Clinton acusa de sexismo y ataca con dureza a Bernie Sanders: «No le gusta a nadie»
Las heridas que la campaña presidencial de 2016 dejó abiertas entre Hillary Clinton y Bernie Sanders están lejos de cerrarse. El veterano senador por Vermont protagonizó entonces unas primarias demócratas sorprendentes, en las que, con un discurso populista de izquierdas, estuvo cerca de dar la campanada y derrotar a Clinton, la favorita del «establishment» del partido y nominada inevitable. Es difícil saber si la «revolución» de Sanders, que enamoró a buena parte del electorado de clase media demócrata, tuvo un impacto en la derrota posterior de Clinton ante Donald Trump en la elección definitiva, pero la ex secretaria de Estado perdió por poco en algunos estados industriales deteriorados donde su rival en las primarias era popular. Cuatro años después, Sanders vuelve a la carga con una nueva carrera presidencial, en la que es incluso mas favorito que en 2016. Clinton, que ha evitado los focos en las actuales primarias -se empieza a votar el próximo 3 de febrero en Iowa-, se ha descolgado, sin embargo, con ataques furibundos a Sanders. Lo ha hecho en una serie documental que desembarcará en marzo en la plataforma Hulu y que se estrena este viernes en el festival de cine de Sundance. Son cuatro capítulos de una hora, con el título de «Hillary», en los que se repasa la larga vida política y personal de Clinton, incluidos el escándalo de Monica Lewinsky, sus años como secretaria de Estado y sus intentos fracasados de llegar a la Casa Blanca. Sus palabras sobre Sanders son de una agresividad sorprendente: «Ha pasado años en el Congreso. Ha tenido el apoyo de un senador. No le gusta a nadie, nadie quiere trabajar con él, no ha sacado nada adelante», asegura en el documental sobre su antiguo rival. «Es un político de carrera. Era todo un embuste y me da mucha pena que la gente se lo tragara». La revista «Hollywood Reporter» entrevistó a Clinton sobre el documental, y ella aseguró que no le quitaba una coma a esa opinión sobre Sanders. Además, optó por no responder cuando se le preguntó si apoyaría al senador por Vermont y si haría campaña con él frente a Trump en caso de que ganara la nominación. En su lugar, prefirió volver con un nuevo ataque a Sanders: «No es solo él, es la cultura que le rodea. Es su equipo. Son sus principales apoyos», dijo sobre su campaña, que ataca sin descanso a sus rivales, «en especial, a las mujeres», especificó en una acusación de sexismo. «Debería ser preocupante que él permita esa cultura. No solo que la permite, sino que parece que la apoya», siguió, y deslizó que hace la vista gorda a ataques a rivales femeninas, como Elizabeth Warren, una de sus principales contrincantes, o Kamala Harris (ya fuera de la carrera presidencial). La mención a Warren se produce una semana después de que la también senadora acusara a Sanders de haberle dicho hace un año que una mujer no podría ganar la presidencia de EE.UU. (Sanders lo ha negado, en un episodio que ha sacudido el ala izquierdista demócrata, a la que ambos pertenecen). Según Clinton, esa supuesta opinión de Sanders «forma parte de un patrón. Si hubiera sido la primera vez, podrías decir "bueno, vale". Pero de me dijo que no estaba preparada. Y tenía mucha más experiencia que él y había conseguido mucho más que él, pero me atacó». Las declaraciones de Clinton provocaron una oleada de reacciones de condena en parte del partido demócrata, sobre todo por no confirmar que apoyaría a Sanders si gana las primarias. La ex secretaria de Estado tuvo que dar marcha atrás y admitió en un mensaje en Twitter que «la prioridad número uno para nuestro partido y nuestro país es retirar a Trump» y que hará «todo lo posible para ayudar a nuestro nominado». Mientras los seguidores de Sanders reaccionaban con mensajes de #MeGustaBernie en redes sociales, el candidato demócrata reaccionó con jocosidad: «En un buen día, le gusto a mi mujer».
22-01-2020 | Fuente: abc.es
El juicio a la heredera de Huawei tensa el triángulo Canadá-China-EE.UU.
En China, Huawei es mucho más que una empresa y en el juicio en Canadá a su directora financiera, Meng Wanzhou, se juega mucho más que su extradición a EE.UU. Meng es hija de del multimillonario Ren Zhengfei, fundador de Huawei, una compañía en la vanguardia de los esfuerzos de China por ganar dominio tecnológico global y que avanza en el desarrollo de la nueva generación de redes 5G en muchos mercados del mundo. Entre los amenazados por el ímpetu de Huawei está EE.UU., que busca defender su liderazgo económico mundial y que lleva más de un año en guerra comercial con China. El juicio ha arrancado esta semana y, con él, las tensiones entre los tres países implicados se han renovado. Meng compareció ayer por segundo día consecutivo en el juzgado de Vancouver donde se dirime la extradición que persigue EE.UU. La justicia estadounidense acusa a la ejecutiva de engañar a cuatro grandes bancos para que procesaran transacciones financieras por «millones de dólares» con Irán, que está sujeto a sanciones económicas por parte de EE.UU. En los cargos que EE.UU. presentó contra Meng y Huawei en enero del año pasado, se asegura que la compañía utilizó a una subsidiaria en Hong Kong para operar en Irán. Según dijo el entonces fiscal general interino, Matthew Whitaker, Meng y la compañía aseguraron que Huawei había vendido la compañía que operaba en Irán, pero que, sin embargo, mantuvieron el control y la propiedad. Por ello, cuatro bancos establecieron transacciones financieras que, sin saberlo, violaban las sanciones. Esta bomba de intereses políticos, comerciales y empresariales le estalló a Canadá en su territorio el 1 de diciembre de 2018. Meng viajaba de Hong Kong a México, e hizo escala en el aeropuerto de Vancouver. La policía canadiense la detuvo por una solicitud de extradición de EE.UU., donde un tribunal de Nueva York había interpuesto una orden de arresto contra ella. China presionó para que Meng fuera puesta en libertad de inmediato y mostró su músculo diplomático de la forma más agresiva: dos ciudadanos canadienses fueron detenidos en territorio chino poco después, y llevan encarcelados desde entonces. Todavía están en espera de su juicio. «Nuestro gobierno ha dejado claro que somos un estado de Derecho y que respetaremos los compromisos de nuestros tratados de extradición», ha asegurado la ministra de Exteriores canadiense, Chrystia Freeland. «Es lo que necesitamos hacer y es lo que haremos». «Doble criminalidad» El principal punto de contención entre la defensa de Meng y la fiscalía es si los delitos de los que se acusa a la ejecutiva china existen en ambos sistemas legales, una condición necesaria para que aplique el tratado de extradición. El abogado de Meng, Richard Peck, aseguró el lunes ante el tribunal que no se produce la «doble criminalidad», ya que el asunto central del caso es la violación de la ley de sanciones contra Irán, que sí existían en EE.UU. cuando arrancó el proceso de extradición, pero no en Canadá, que no las había impuesto a la república islámica. «En un caso normal, la doble criminalidad no es algo contencioso. Este caso, sin embargo, está fundado en la alegación de violación de sanciones de EE.UU., sanciones que Canadá ha repudiado expresamente», defendió. Los cargos sobre fraude y engaño a entidades financieras son, en su opinión, un ?artificio? y lo que realmente persigue EE.UU. es aplicar las sanciones. El comienzo del juicio se produce pocos días después de la firma entre EE.UU. y China de una primera fase de su acuerdo comercial, que Donald Trump celebró con boato en la Casa Blanca. El acuerdo, sin embargo, es preliminar y no elimina de momento la mayoría de los masivos aranceles impuestos a las importaciones chinas. Ni afecta a la guerra abierta con Huawei, a la que la Administración Trump considera un peligro para la seguridad del país. EE.UU. prohibido que Huawei tenga negocios con compañías estadounidenses -de las que depende para buena parte de su software y componentes- y ha presionado a sus aliados para que no permitan al gigante chino instalar sus redes de 5G. «Confiamos en el sistema judicial canadiense, que demostrará la inocencia de EE.UU.», dijo Huawei en un comunicado en el arranque del juicio. Cualquier decisión al respecto podría tardar años en producirse, por los muchos niveles de apelación en Canadá. De momento, la primera fase del juicio tardará unos cinco días y la siguiente fase, prevista para junio, determinará si el FBI y la policía canadiense violaron los derechos de Meng por recolectar pruebas antes de su arresto, sin ser informada de sus cargos. Las conclusiones finales de las partes no se esperan hasta, al menos, finales de septiembre.
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