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Noticias de carolina del sur

18-09-2018 | Fuente: abc.es
El «hackeo» amenaza de nuevo las elecciones de EE.UU.
A pesar del presidente, hay verdadero miedo en Washington a que, de nuevo, unas elecciones, en este caso las legislativas que se celebrarán el seis de noviembre, sean vulnerables a injerencias extranjeras, especialmente procedentes de Rusia. Por ese motivo, Donald Trump se ha visto obligado a firmar un decreto mediante el cual aplicará sanciones automáticas contra cualquier «persona, entidad extranjera o país que autorice, conduzca o apoye cualquier injerencia extranjera en unas elecciones de EE.UU.». No se trata de un problema menor, porque 30 millones de estadounidenses residen en Estados que disponen de forma mayoritaria de sistemas de votación electrónicos que no dejan rastro alguno en papel y por tanto son extremadamente vulnerables a operaciones de «hackeo». Trump, reticente a aceptar cualquier prueba de interferencia extranjera en las presidenciales de 2016, emitió el decreto el 12 de septiembre sin pompa ni ruido. No hizo mención a él en Twitter y dejó que fuera el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, quien diera los detalles. Este explicó en una conversación con periodistas que el decreto es «sólo un esfuerzo más de los muchos que ha hecho esta Administración en contra de las injerencias extranjeras en las elecciones y en cualquier proceso de decisión política». Por lo demás, Bolton se negó a aclarar si la orden partía directamente del presidente o era obra de los jefes de las agencias de inteligencia, que tendrán un periodo de 45 días después de las elecciones de noviembre para analizar e informar a la Casa Blanca de posibles manipulaciones de la votación. La principal preocupación del Gobierno norteamericano es asegurar los centros donde se permite la votación por vías exclusivamente electrónicas, algo que en total afecta a 35.000 urnas de las 350.000 que funcionan en todo el país. Aunque en 31 de los 50 Estados se puede votar de forma digital, este método ha sido adoptado de forma generalizada y sin que deje rastro de papel en Georgia, Nueva Jersey, Carolina del Sur, Luisiana y Delaware, que suman una población de 30,7 millones de habitantes y deciden 40 de los 435 escaños de la Cámara de Representantes, en la que las encuestas prevén una ventaja de los demócratas de sólo 16 votos. El sistema de votación electrónica Tal es la inquietud en estas elecciones que a apenas cuatro semanas de que comience el voto por adelantado, una juez federal ha alertado de que Georgia, con 10 millones de habitantes y 14 escaños, es vulnerable a injerencias durante el voto. Un grupo de activistas demandó a las autoridades de Georgia tras detectar fallos de seguridad en sus servidores electorales. Le pedían a la juez que anulara el voto electrónico y obligara a usar papeletas físicas, algo que rechazó el lunes por la cercanía de la jornada electoral. En 2017 el Gobierno federal notificó a 21 Estados de que habían sido objeto de intentos de «hackeo» procedentes de Rusia en 2016. En julio, el fiscal especial Robert Mueller presentó cargos contra 12 funcionarios rusos por infiltración en los sistemas electorales de varios condados en Georgia, Florida e Iowa. La implantación de sistemas de votación electrónica en EE.UU. comenzó después del agónico recuento de las presidenciales de 2001 en Florida, donde la perforación de las papeletas físicas demoró 36 días la proclamación de George W. Bush como ganador. En teoría esas modernas urnas electrónicas, que no tienen conexión a Internet, están diseñadas a prueba de injerencias. Pero son vulnerables por su método de transmisión de datos: las máquinas contienen unos módems que se conectan a líneas telefónicas para transmitir los resultados electorales a la junta electoral. Esas conexiones se producen con «routers» que pueden ser y de hecho han sido «hackeados» en el pasado. Según Andrew Appel, profesor de ingeniería informática en la universidad de Princeton y experto en procesos de votación, «si la seguridad de quien ofrece esa conexión telefónica no es perfecta ?y no existen las conexiones perfectas? hay un riesgo de vulnerabilidad en esa transmisión». La supuesta manipulación de las elecciones de 2016 por parte de Rusia, que investiga el fiscal Mueller, ha creado dos bandos enfrentados: el presidente y los republicanos que le apoyan creen que no es necesario alterar el sistema de votación, mientras los demócratas demandan una vuelta a las papeletas tradicionales que les costaron la presidencia en 2001. Los críticos con el presidente creen que el decreto firmado la semana pasada, que no menciona a Rusia, es completamente insuficiente. «Debemos asegurarnos de que Vladimir Putin, Rusia y otros agentes extranjeros entienden que responderemos de forma decisiva, con duras consecuencias, a los que interfieran en nuestras elecciones», dijeron el senador demócrata Chris Van Hollen y republicano Marco Rubio en un comunicado crítico con Trump. La preocupación de estos senadores y de una gran cantidad de legisladores, sobre todo demócratas, es que una serie de medidas quirúrgicas, como la inutilización de las máquinas o la anulación de votos, acaben sembrando el caos la jornada electoral o, peor, decanten el resultado a favor de los candidatos más extremistas.
18-09-2018 | Fuente: elpais.com
Florence deja 32 muertos y graves inundaciones en el sureste de EE UU
El presidente Trump declara el estado de emergencia en Carolina del Sur ante la devastación y las fuertes inundaciones causadas por la depresión tropical
16-09-2018 | Fuente: elpais.com
EN VIVO | Florence se debilita y pasa de tormenta a depresión tropical
Ascienden a 13 los muertos por el paso del fenómeno mientras 760.000 clientes siguen sin luz en Carolina del Corte y 36.000 en Carolina del Sur
16-09-2018 | Fuente: abc.es
La América que quiere a Trump
Sólo 475 kilómetros separan la capital de Estados Unidos del pequeño condado de Buchanan, en el suroeste del estado de Virginia, pero bien podría mediar entre ambos un abismo. Mientras en Washington en las elecciones de 2016 Donald Trump obtuvo un magro 4% de los votos, en este enclave minero rozó el 80%. Ambos son las dos caras de un país donde una parte se niega ni siquiera a reconocer la existencia de la otra, una América que se acerca dividida a las elecciones legislativas del 6 de noviembre, en las que los demócratas esperan recuperar una mayoría en la Cámara de Representantes que les permitiría iniciar un proceso de «impeachment» o recusación por, como marca la ley, «traición, soborno o graves delitos y faltas». El viaje de Washington a las faldas de los Apalaches es un estudio en incomunicación política. A lo largo de la autopista interestatal 81 van quedando atrás los suburbios de una capital marcadamente globalista, que ha decidido vivir ajena al actual inquilino de la Casa Blanca, y los centros de población se van haciendo más escasos, más rurales y más pobres. Hasta llegar al que en los días de apogeo del carbón fue uno de los mayores centros mineros de la costa este del país. Se trata de una región que acusó intensamente las regulaciones medioambientales de Barack Obama, que cuando Trump llegó al poder tenía un desempleo del 12,5% y cuya población ha envejecido y se ha reducido a la mitad, de 40.000 a 20.000 habitantes, en los pasados 40 años. Seguidores de Trump en la América interior le muestran su apoyo - Reuters A los habitantes de Grundy, la principal población del condado, los escándalos de Trump que están en boca de todo el mundo les importan más bien poco. Se toman, es cierto, la molestia de aclarar que no les gusta nada su estilo personal y que ven con malos ojos los excesos de su carácter. «Pero eso es su vida privada», asegura Bobby May, hijo y padre de mineros y que hasta hace unas semanas presidía la oficina regional del Partido Republicano. «Trump ni siquiera era mi primera opción en las primarias, pero cuando al final todo quedó entre él o Hillary Clinton, no dudé. Y he de admitir que ha superado todas mis expectativas», añade. Los logros que citan May y otros vecinos son principalmente económicos, sobre todo la reapertura de cinco explotaciones en la zona y la creación de 5.000 puestos de trabajo en la minería de carbón de EE.UU. en los pasados dos años. Dirk Hall vive en una finca de 10 hectáreas al lado de las vías por las que unos ennegrecidos vagones siguen transportando el carbón a diario. «Hace tres años, al anochecer, había días en que ni siquiera veías un solo tren. Era muy deprimente. Hoy hay días en que contamos cinco y seis, cargados de carbón hasta los topes. Trump ha ayudado muchísimo a esta comunidad», cuenta. Hall presenta cada mañana un programa de radio en una cadena local en el que mezcla llamadas de vecinos del condado con música country. La totalidad de los mensajes, cuando tratan de política, son para defender a Trump y a los republicanos que le apoyan en Washington. La fuerza del voto rural La parte del país que representa este condado, rural y conservadora, pierde población a marchas forzadas. El reparto territorial, sin embargo, les da a estos votantes una fuerza desmedida comparada con la de los habitantes de las grandes metrópolis de ambas costas del país, que favorecen de forma mayoritaria a los demócratas. La prueba es que Trump ganó las elecciones a pesar de obtener casi tres millones de papeletas menos que Clinton. Los datos económicos son sin duda buenos: el desempleo en agosto cayó al 3,9%; el índice de pobreza ha descendido del 12,7 al 12,3% en apenas dos años; la tasa de inflación se acerca al 2% que se marcó como objetivo la Reserva Federal, y la media de ingresos familiares por año está de nuevo en 61.400 dólares (52.700 euros), nivel previo a la crisis económica que comenzó en 2008. Trump, que tiende a exagerar, proclamó el lunes que «la tasa de crecimiento del PIB (4,2%) es mayor que la de desempleo (3,9%) por primera vez en 100 años». Y aunque sus cifras eran correctas, una situación así, que es sintomática de la robustez de la economía, en realidad se dio por última vez en 2006. Da igual: la gran recesión quedó atrás y Wall Street rebosa de optimismo. Estos números son indiferentes en Washington, que vive ignorando a Trump activamente. El presidente y su familia son invitados no deseados en una capital que, no sin una buena dosis de ironía, se ha convertido en un centro de resistencia política. A diario hay charlas, coloquios, debates, eventos y protestas pequeñas y grandes en contra del presidente y de lo que representa para las élites liberales: la mayor profanación de la santidad del Despacho Oval desde que Elvis Presley fuera recibido con todos los honores por Richard Nixon en 1970. No es de extrañar que a apenas un kilómetro de la Casa Blanca las cafeterías, salones y terrazas del hotel Trump, abierto en la antigua sede nacional de correos en 2016, languidezcan vacías la mayor parte de los días. «Somos pocos», admite en una de las barras del hotel Stephanie Jones, una abogada mercantil que en 2016 votó a Trump en el Distrito de Columbia. Aunque lo niegue, en su expresión se nota cierta aprensión cuando se le recuerdan los escándalos de Trump: los comentarios denigrantes sobre las mujeres, los supuestos pagos de campaña a una actriz porno, la sospecha de la injerencia rusa. «Ningún ruso me hizo votar a Trump. Y si hablamos de respeto a las mujeres, entonces comencemos por Bill Clinton», dice. El bufete le va bien, cada vez tiene más clientes y al menos en el sector empresarial nota un optimismo que no se deja ver en público. Esa reserva es en realidad la razón de la gran sorpresa que dio Trump al ganar en 2016, la razón por la cual las encuestas fallaron de forma tan estrepitosa y por la cual es prudente no dar al actual presidente por amortizado. Donald Trump, durante un mitin en Virginia Occidental el pasado 22 de agosto - Efe Popularidad a prueba Las encuestas prevén una holgada ventaja demócrata en las legislativas de noviembre: un 8,3% más de votos que los republicanos y una mayoría en la Cámara de Representantes de la que no gozan desde 2010. Esta se renueva íntegramente, junto con un tercio del Senado, más dividido. Las primarias acabaron el jueves y en ellas Trump ha demostrado gozar de buena salud política al menos en su partido, impulsando a aquellos candidatos a los que ha apoyado, como Katie Arrington en Carolina del Sur o Jeff Johnson en Minnesota. «Ha demostrado claramente que sabe cómo ganar y hacer ganar elecciones», según Eric Beach, presidente de la organización Great Again. Trump ha logrado confirmar como candidatos a ocho de los diez políticos a los que ha respaldado. Con ellos no sólo se decide la composición del Capitolio, sino la popularidad real del presidente a los dos años de su victoria.
12-09-2018 | Fuente: elpais.com
La costa este de Estados Unidos se prepara para la llegada del huracán ?Florence?
Carolina del Norte, Carolina del Sur y Virginia se preparan el impacto del huracán en sus playas
12-09-2018 | Fuente: elpais.com
La costa este de Estados Unidos se prepara para la llegada de ?Florence?
Carolina del Norte, Carolina del Sur y Virginia se preparan el impacto del huracán en sus playas
11-09-2018 | Fuente: elpais.com
La costa este de Estados Unidos se prepara para la llegada de ?Florence?
Carolina del Norte, Carolina del Sur y Virginia se preparan el impacto del huracán en sus playas
20-07-2018 | Fuente: abc.es
Merkel marca una línea roja a Seehofer
En ningún momento de las durísimas semanas que Merkel tiene a sus espaldas, en las que la gran coalición desde la que gobierna Alemania ha estado al borde de la ruptura, se ha siquiera planteado dimitir la canciller alemana. «Para mí lo importante es que hemos llegado a un compromiso. No hemos solucionado todo lo referente a la inmigración, eso está claro, pero hemos logrado un acuerdo que nos permite seguir avanzando», ha resaltado el lado positivo del enfrentamiento abierto con su ministro de Interior, el socialcristiano bávaro Horst Seehofer. Pero también ha mostrado su disposición a no volver a tolerar una escena como la a superada, en la que el ministro amenazaba con romper los lazos entre los dos partidos conservadores, que concurren conjuntamente a las elecciones desde la fundación de la República Federal de Alemania, si no se tomaban las medidas fronterizas que estaba exigiendo. «Formar parte de un gobierno significa estar en disposición de llegar a compromisos, los miembros de un gobierno deben ser capaces de hablar entre sí y de llegar a soluciones con las que todos estén de acuerdo. Y si eso no es posible para alguno de los miembros del gobierno, es un claro síntoma de que su lugar no está ya dentro de ese gobierno». Con estas palabra ha sugerido la canciller alemana a Seehofer que en la próxima ocasión en que su postura sea así de intransigente, debe tomar la puerta y largarse. «Dentro de un gobierno se puede hablar de todo y se puede negociar sobre todos los asuntos, pero creo que en cuanto al tono que hemos visto en las últimas semanas, es francamente mejorable», ha seguido criticando el ultimátum del bávaro. A pesar de su serenidad y su buen humor, Merkel ha dejado entrever lo harta que está de su ministro cuando, en la tradicional rueda de prensa de verano, la última del curso y siempre en un tono más distendido, le han preguntado a quién preferiría llevarse de vacaciones: a Trump, a Putin o a Seehofer. «Vacaciones son vacaciones», se ha limitado a responder no sin cierta ironía. Sobre Trump y Putin Trump ha sido otro de los protagonistas de la rueda de prensa. Merkel ha celebrado la invitación del presidente estadounidense al jefe de Estado ruso, Vladimir Putin, a celebrar una nueva cumbre en unos meses en Washington. «Tenemos que acostumbrarnos al hecho de que los encuentros entre el presidente de Estados Unidos y el de Rusia se convertirán en algo normal», ha sostenido, «cada vez que se habla es bueno para todos y muy especialmente si hablan estos dos países». Espera que Putin y Trump aborden el desarme nuclear porque, ha recordado, estos dos países poseen juntos el 90% de las armas nucleares del mundo. Por lo demás, y a pesar de la insistencia de las preguntas en las desavenecias con Trump, Merkel ha repetido la importancia de las relaciones entre su país y Estados Unidos. Sigue siendo un socio «central para nosotros». La canciller alemana no ha entrado a juzgar las motivaciones de los reiterados y explícitos ataques verbales de Trump a Alemania en los últimos meses. «No me centro en su motivación sino en la contra argumentación. Deseo insistir en hechos como que la mayor fábrica de BMW no está en Alemania, sino en Carolina del Sur, y apoyo a la UE en los pasos que está dando para tratar de acercar posturas». Inmigración y OTAN En materia de inmigración, Merkel ha apoyado a las organizaciones internacionales que están salvando vidas en el Mediterráneo, pero ha recordado que deben respetar las leyes y que Italia no debe cargar sola con el peso que supone su frontera exterior. Ha justificado los pasos hacia una unión de la defensa en el seno de la UE como forma más eficiente del gasto militar y ha subrayado la necesidad de que Europa tome un lugar más destacado en la geopolítica global y en la resolución de conflictos, «no al margen de la OTAN, pero sí ganando independencia en su capacidad de reacción». A pesar de que está terminando un curso agotador para políticos y periodistas en Alemania, Merkel insiste en que «yo no me quejo». A sus 64 años recién cumplidos asegura que «me alegro de disfrutar ahora de un par de días de vacaciones y poder dormir un poco más, pero no me quejo, al contrario, estoy emocionada. El orden global está bajo una gran presión, la digitalización nos plantea enormes retos. Todo eso nos obliga a trabajar mucho, claro está, pero es muy interesante e incluso emocionante».
11-07-2018 | Fuente: abc.es
¿Por qué Trump está obsesionado con la regla del 2% de la OTAN?
Los ecos del «America First» atenazan ahora al principal garante de la seguridad occidental: la Alianza Atlántica (OTAN). Entre los focos y la polémica sobre la tímida afluencia de simpatizantes a la toma de posesión del 45º presidente de EE.UU. en comparación con la de su predecesor, Barack Obama, Trump insistió en su anuncio de aislar del mundo a la superpotencia para priorizar sus esfuerzos en «hacer a Estados Unidos grande otra vez». A partir de entonces, el presidente de EE.UU. empezó a pedir a sus tradicionales socios europeos, especialmente a Alemania, que «pagaran las facturas» (una coletilla que ha repetido varias veces) de la Alianza Atlántica, epítome (a juicio de Trump) de la «histórica injusticia» del resto de Occidente con Washington: proteger al mundo a cambio de casi nada. La última polémica llegó ayer con el cruce de declaraciones entre el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el propio Trump ante el inicio de la cumbre en Bruselas. «Estados Unidos no tiene demasiados aliados y debería de apreciar los que tiene», afirmó el dirigente polaco. Como era de esperar, Trump no se amilanó y respondió vía Twitter y con su peculiar estilo: «Los países de la OTAN deben pagar más, los Estados Unidos deben pagar menos. ¡Muy injusto!». Many countries in NATO, which we are expected to defend, are not only short of their current commitment of 2% (which is low), but are also delinquent for many years in payments that have not been made. Will they reimburse the U.S.?? Donald J. Trump (@realDonaldTrump) 10 de julio de 2018En la Cumbre de Praga de 2002, la OTAN acordó que sería una buena idea que todos los aliados gastaran aproximadamente el 2% de su PIB nacional en sus capacidades de defensa. «¿Por qué 2%? No hay una razón en particular: sonaba bien, y no estaba demasiado lejos del gasto real aunque era más bajo que los gastos de la Guerra Fría», resume en un interesante hilo en Twitter la investigadora del think tank European Council on Foreign Relations (ECFR) Ulrike Esther Franke. Muchos en Bruselas ahora están preocupados de que la OTAN, la alianza que ha preservado la estabilidad mundial desde 1949, sea la próxima pieza maestra de Trump con la que intente resquebrajar el orden liberal post Segunda Guerra Mundial. «No sería menos que un desastre», ha reconocido en el último número de la revista «Time» el secretario general de la OTAN entre 2009 y 2014, Anders Fogh Rasmussen. [Leer: Nuevos datos OTAN: Ocho países cumplirán con el 2% este año (España, 0,93%)] Entre otros cometidos, la OTAN se concibió para proteger y defender los territorios europeos y poblaciones ante un eventual ataque, según el Artículo 5 del Tratado de Washington. Entre 1985 y 1989, los aliados europeos de la Alianza gastaron de media un 3,1 por ciento del PIB en defensa, según recuerda la consultora estratégica estadounidense McKinsey & Company. Con la caída del Muro de Berlín en 1989, los países de Europa occidental ya no sintieron una amenaza inminente de los países del Pacto de Varsovia reduciendo el gasto hasta el 2.5 por ciento en 1990-1994, al 2 por ciento en 1995-1999 y 1,9 por ciento en 2000-2004. «Cinco años más tarde, el promedio volvió a caer, hasta el 1,7 por ciento, hasta el suelo de 1,4 de 2015», continúa el documento. En esta línea, salió de la Cumbre de Gales de 2014 el conocido como Plan de Acción de Preparación, que pretendía adaptar la Alianza a las amenazas características del siglo XXI, «articulando una respuesta flexible y proporcional para aumentar el grado de preparación y capacitación de la OTAN que muchos entendieron como un mensaje a Rusia», escribe el Coronel de Infantería de Marina Francisco J. Ayuela Azcárate en la revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). En el texto oficial de la Cumbre, los aliados acordaron que los países miembros que no habían alcanzado el 2% debían avanzar hacia este porcentaje de cara a 2024. «La preocupación que tengo es que [el 2 por ciento] se haya convertido en solo una medida fácil de entender que represente las ventajas y desventajas de la cooperación de EE.UU. con el mundo. Y nunca fue planteado de esa manera», dice a «The Washington Post» Douglas Lute, general retirado del Ejército de tres estrellas y embajador de Estados Unidos en la OTAN con Obama. Al obligar a los europeos a aumentar su inversión, considera el analista Nicolas Gros-Verheyde en el portal especializado Bruxelles 2, los conduce a comprar «estadounidense» en el mayor mercado de Defensa del mundo. La llegada de Trump y la desconfianza que ha generado entre sus socios europeos llevó incluso a la canciller alemana Angela Merkel a afirmar que «los tiempos en los que podemos contar con los demás han terminado» y que los europeos deben «tomar su destino en sus manos». La líder alemana se había entrevistado en una cumbre de la OTAN y del G7 con el presidente de Estados Unidos quien le exigió «pagar las facturas» de la Alianza. Para Trump «la OTAN es injusta económicamente para Estados Unidos porque ayuda sobre todo al resto de países miembros mientras que EE.UU. paga una parte desproporcionada». En consonancia con su narrativa «America First», Trump arremetió contra las contribuciones de los aliados de la OTAN durante un discurso el 25 de junio en Carolina del Sur al afirmar falsamente que Estados Unidos era responsable del 90% de los gastos, cuando no pasa del 22 por ciento del presupuesto, seguido de Alemania (14,65 por ciento), Francia (10,63 por ciento) y Gran Bretaña (9,84 por ciento). Sin embargo, hasta trece aliados pagan menos del uno por ciento, en su mayoría pequeños países comunistas que se unieron a la Alianza tras el colapso de la Unión Soviética y la desintegración de Yugoslavia. Aquella Cumbre de Gales marcó el camino de la flamante Cooperación Estructurada Permanente (PESCO) al fijar en el 2% del PIB en gasto en Defensa, que hasta ese momento no se había estipulado de forma oficial. Además, marcó el objetivo de emplear el 20% del presupuesto de Defensa en la investigación y el desarrollo de equipamiento, como luego establecería la propia Unión Europea en los criterios de convergencia para los Estados miembros que se quieran integrar en la PESCO.
01-03-2018 | Fuente: elpais.com
Carolina del Sur se plantea una ley para prohibir los pantalones caídos, una medida considerada racista
La norma contempla multas económicas y horas de trabajo comunitario para los infractores
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