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17-11-2019 | Fuente: abc.es
¿A quién le duele otro libro contra Trump?
Detenerse en la sección de política de cualquier librería estadounidense es como meterse en un caleidoscopio «trumpiano»: el rostro del presidente de EE.UU. lo llena todo, mirando desde la portada de las decenas de libros que le han dedicado desde su ascenso al poder en 2016. Este martes desembarca uno nuevo, quizá el más esperado de este otoño: «A Warning» (algo así como «Una advertencia»), otro relato más sobre una Casa Blanca caótica y un presidente desatado y peligroso. La particularidad es que su autor es un infiltrado, un alto cargo anónimo que conoce la gravedad de la situación y justifica la publicación de las interioridades de la Casa Blanca para evitar la reelección de Trump el año que viene, lo que sería, en su opinión, desastroso para EE.UU. El éxito editorial está garantizado. Desde que se anunció su publicación hace más de tres semanas, «A Warning» está en el «top diez» de los libros más vendidos en Amazon gracias a los pedidos anticipados. Según la editorial, Hachette, se han vendido ya más de cien mil copias, y planean imprimir al menos medio millón para responder a la demanda. Lo que no está tan claro es qué impacto puede tener el nuevo relato en una opinión pública que ha perdido la capacidad de sorpresa sobre Trump, ahogada en el sitio mediático al presidente, abrumada por filtraciones constantes, tanto en prensa como en el sector editorial. ¿Cambia algo otro libro sobre Trump? Más allá de los bolsillos de los autores y los editores, es difícil saberlo. Nikki Haley: un libro para ascender hacia la Casa Blanca Dentro del género literario de los libros sobre Donald Trump, hay un subgénero -minoritario- en el que las obras van a favor del presidente de EE.UU. «Let Trump Be Trump», de Corey Lewandowski -que fue su director de campaña-; «Trump?s America», de Newt Gingrich; o «Liars, Leakers and Liberals», de Jeanine Pirro, son ejemplos de ello. La novedad editorial más interesante de los últimos días en este ámbito es el libro de Nikki Haley, la que fuera gobernadora de Carolina del Sur y embajadora ante la ONU de la Administración Trump. Haley se está demostrando como una estratega política de gran habilidad: dejó el Gobierno de Trump en buenos términos con el multimillonario neoyorquino, no ha dicho una palabra en su contra y se ha llegado a rumorear que podría sustituir a Mike Pence como candidata a vicepresidenta en la reelección de Trump. Su mira, sin embargo, parece más puesta en las elecciones de 2024, cuando Trump haya cumplido sus dos mandatos. Una forma de apuntalar sus posibilidades para la presidencia y congraciarse con el electorado «trumpista» ha sido su libro, en el que no descarga contra Trump, sino contra sus «traidores». En él, revela que Rex Tillerson y John Kelly -secretario de Estado y jefe de Gabinete- trataron de reclutarla en los esfuerzos internos contra Trump. El origen de «A Warning» tiene fecha exacta: el 5 de septiembre del año pasado. Aquella mañana, «The New York Times» publicó una columna de opinión poco habitual: su autoría era anónima. Llevaba el atractivo título de «Yo soy parte de la resistencia dentro de la Administración Trump». En ella, el autor se definía como un alto cargo del Gobierno de EE.UU. dedicado, junto a otros, a evitar o controlar «los peores instintos» de Trump desde dentro. La columna corroboraba la existencia de los llamados «adultos en la sala», el grupo de miembros de la Administración que buscan meter a Trump en cintura y evitar crisis internas o internacionales. Sobre todo después de que algunos de estos adultos, meses después de la publicación del anónimo, dejaran el Gobierno quemados en el volcán «trumpiano». Rex Tillerson, su primer secretario de Estado, contó cómo no cumplía órdenes de Trump que le parecían que atentaban contra la ley. El director legal de la Casa Blanca, Don McGahn, rechazó las instrucciones de despedir a Robert Mueller, el investigador especial de la «trama rusa». Y Gary Cohn, el principal asesor económico del presidente, le llegó a robar acuerdos comerciales de la mesa de su despacho para que no los firmara. Fe ciega en el presidente Ahora, el anónimo regresa con este libro, que es una versión ampliada de aquella columna. Y esa es una de las críticas que estos días se hace del libro: no cuenta nada demasiado nuevo (lo cual es todavía más flagrante para un anónimo, que se supone que utiliza esa condición para contarlo todo). El autor insiste en el retrato de un presidente «sin principios», «insensato», intempestivo, sin capacidad de atención, «intelectualmente vago», inclinado a la misoginia y a las conspiraciones, abusón con sus subordinados y que entiende cualquier crítica como una traición. Hay revelaciones adicionales en el libro -la supuesta intención de Trump de prescindir del vicepresidente, Mike Pence, para la reelección; el plan de un grupo de altos cargos de dimitir conjuntamente, una «masacre de medianoche» que nunca se produjo; la promesa del presidente a sus subalternos de darles el perdón presidencial si hacían algo ilegal por él; o su propuesta de enviar a inmigrantes ilegales a Guantánamo-, pero en el fondo no cambia el relato de otros libros y se centra en descripciones creativas de un presidente desquiciado: trabajar para Trump es como «llegar al hogar de ancianos por la mañana y ver a tu tío viejo corriendo sin pantalones por el patio y maldiciendo la comida de la cafetería, mientras los asistentes tratan de atraparlo». Es el mismo tono de la mayoría del género literario «trumpiano»: el de «Fuego y furia», el libro de Michael Wolff publicado a principios de 2018 que detallaba las intimidades de la Casa Blanca. O de «Miedo», del célebre Bob Woodward, uno de los periodistas clave en la investigación del caso «Watergate»; o el «Unhinged» de Omarosa Manigault, la que fuera su colaboradora (y, antes, concursante de su programa de telerrealidad); o de «Trumpocracy», del conservador David Frum. O de tantos otros La presidencia de Trump está envuelta en el escándalo desde antes de llegar a la Casa Blanca y los medios lo han utilizado en su favor. El presidente monopoliza el ciclo informativo y algo similar ha ocurrido en los libros. Se suceden las filtraciones explosivas, los exabruptos de Trump cacareados por los medios, las crisis y los abusos de poder del presidente. Lo que no cambia apenas es la posición de Trump ante el electorado. El presidente tiene un índice de aprobación que oscila por encima del 40% y apenas ha cambiado en meses. «A Warning» soliviantará todavía más al votante «anti Trump» y será despreciado por el fan del presidente. Si el éxito del libro está en cambiar la percepción de los votantes sobre Trump, apunta a fracaso.
16-11-2019 | Fuente: elpais.com
Smart packaging, los superenvases ya están aquí
Tazas de café o platos preparados que se calientan, cervezas que se enfrían al abrirlas, botellas que se iluminan al brindar o al ritmo de la música que pone el DJ..
15-11-2019 | Fuente: elpais.com
Smart packaging, los superenvases ya están aquí
Tazas de café o platos preparados que se calientan, cervezas que se enfrían al abrirlas, botellas que se iluminan al brindar o al ritmo de la música que pone el DJ..
12-11-2019 | Fuente: elmundo.es
Muere a los 13 años la actriz Laurel Griggs por un ataque de asma, una joven promesa de Broadway
Trabajó en el musical 'Once' y se hizo con un papel en 'Café Society' a las órdenes de Woody Allen 
11-11-2019 | Fuente: elpais.com
Muere con 13 años la actriz Laurel Griggs de un ataque de asma
La joven intérprete participó en obras de Broadway y en 'Café society', de Woody Allen
11-11-2019 | Fuente: abc.es
El «Chapito» Guzmán despierta a Sinaloa de su narcoutopía
Seis desconocidos durmieron sobre el frío suelo de la cafetería de Ana Bertha el jueves 17 de octubre. Era un día apacible en Culiacán hasta que grupos de hombres armados, ráfagas de balas, explosiones y vehículos incendiados súbitamente transformaron en una zona de guerra a la capital del mexicano estado de Sinaloa. Eran las 14.50 y el narcotráfico desató toda su furia contra la ciudad para que el Ejército liberara a Ovidio Guzmán, hijo del criminal Joaquín «El chapo» Guzmán. Ovidio acababa de ser detenido y el cártel estaba dispuesto a todo por lograr su libertad. «Nunca nos habíamos sentido atacados por el narco», dice Ana Bertha sobre ese traumático día, denominado «jueves negro», en el que la relación de Culiacán con el crimen organizado por primera vez se resquebrajó. Tres civiles muertos, las calles bloqueadas y los negocios se convirtieron en improvisados refugios donde se imploraba que terminara el horror. La ciudad era rehén del Cártel de Sinaloa y el mensaje al gobierno era claro: liberar al Chapito o las acciones contra la ciudadanía irían en aumento. Doblegado por el narcotráfico, el Gobierno mexicano optó por soltar a Ovidio. La polémica liberación de Ovidio ha sido la primera gran crisis que sufre el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador desde que tomó las riendas del país en diciembre de 2018. El músculo exhibido por el cártel ha puesto contra las cuerdas al Ejército y a un gobierno que se vieron superados por la rápida y quirúrgica operación del narco. El hijo del Chapo había sido capturado a las 14.30 y veinte minutos después la ciudad era un infierno. Y es que, además, desestabilizaron varias estructuras clave: unos 50 presos se fugaron de una cárcel, mientras que los sicarios rodearon una base donde viven familiares de militares destinados a Sinaloa. Así, el Ejército mexicano también se convirtió en un rehén del narco. La arriesgada jugada «Sí, el gobierno perdió con ese operativo; pero el narco perdió mucho más porque ha dañado su relación con la sociedad culiacanense. Jamás puedes darle la espalda a tu aliado que, en este caso, es gran parte de la sociedad», explica Tomás Guevara, sociólogo de la Universidad Autónoma de Sinaloa, para quién aquél 17 de octubre, o «jueves negro», marca un punto de inflexión en la relación de Culiacán con el Cártel de Sinaloa. «Hay una fisura que podría ocasionar una ruptura mayor». «Se matan entre ellos, si tú no te metes no pasa nada». Ese es el utópico mantra con el que los culiacanenses, y gran parte de México, se protegen mentalmente para pensar que el crimen organizado no les hará nada mientras ellos se mantengan alejados. El «jueves negro» mostró a Culiacán que ese ilusorio pensamiento es falso. «Pensábamos que el narco cuidaba de nosotros, pero ese día vimos que si tienen que atacarnos para protegerse, lo harán», dice José, taxista. Precisamente, Sinaloa vivía desde mediados de 2017 un importante descenso de la inseguridad. Mientras que la criminalidad no ha parado de crecer en todo México, el estado del que es originario el famoso Cártel de Sinaloa ha reducido su tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes de 53 en 2017 a 26,1 en 2019 hasta octubre. «Se contrataron 1.200 nuevos policías y ahora hay unos 7.000 elementos», dice Ricardo Jenny del Rincón, coordinador de la organización ciudadana Consejo Estatal de Seguridad Pública, para explicar por qué mejoró la seguridad en Sinaloa. También hay otros factores. «El Chapo» fue arrestado por tercera vez en enero de 2016. Su captura abrió una batalla entre los hijos del narcotraficante y una facción liderada por Dámaso López, alias «El Licenciado», quien fue capturado en mayo de 2017. El fin de la guerra por el control del cártel es otro factor que ha producido ese periodo de paz relativa en Sinaloa. Y es que la existencia de un solo cártel que controla todo el negocio genera un cierto mayor nivel de seguridad que en lugares donde hay una batalla abierta entre dos o tres grupos por el territorio o la plaza. «En teoría nos ?protegen? de que lleguen otros grupos y se arme desmadre, pero siento que ha sido una manera de ganar nuestra confianza y, así, poder usarnos cuando sea necesario», concluye José. Rehenes de la ciudad Culiacán es la cuna de la narcocultura mexicana. Además de «El Chapo», varios narcotraficantes míticos de México son de Sinaloa como Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero, Marcos Arturo Beltrán-Leyva, o Ismael «El Mayo» Zambada. Todos son personas de orígenes humildes que encontraron en el contrabando de estupefacientes una vía para amasar una inmensa fortuna. Es por eso que el relato sigue atrayendo a jóvenes de los barrios más pobres, quienes ven el narco como la única manera de prosperar en un país de enormes desigualdades. «Más vale vivir cinco años de rey y no 50 de buey», es el lema que convence a muchos a tomar este peligroso camino. El «jueves negro», sin embargo, ha sido un detonante para que miles de culiacanenses salieran el 27 de octubre a marchar en una manifestación contra la violencia y la mitificación de la narcocultura. La manifestación organizada por Culiacán Valiente congregó a más de 2.000 personas en el Parque de las Riberas, la zona por la que ocurrió todo el enfrentamiento entre los narcos y el Ejército. «Fuimos rehenes en nuestra propia ciudad: cerraron el aeropuerto, bloquearon puentes y calles. El miedo colectivo nos unió», dice Jorge, uno de los miembros de Culiacán Valiente, un movimiento que al estilo del 15-M no tiene líderes y aglutina a grupos de diferentes tendencias políticas para, en este caso, protestar contra la violencia y la cultura de devoción al narco. «El ?jueves negro? se desmitificó esa imagen del narco como ?el salvador?. La gente no dimensionaba el tamaño del monstruo y es un punto de inflexión para que Culiacán se levante», concluye Majo, quien también pertenece al movimiento. México va camino de cerrar 2019 como su año más sangriento desde que comenzó a recolectar cifras en 1997. Entre enero y septiembre, el país sufrió unos 29.000 homicidios dolosos, cifra que probablemente supere los 36.685 asesinatos registrados en 2018. «El mensaje que dejó el gobierno con lo de Ovidio fue el de un estado doblegado por la violencia», denuncia José Antonio Ortega Sánchez, presidente del Consejo Ciudadano.
10-11-2019 | Fuente: abc.es
Alonso Álvarez de Toledo: «Honecker era muy listo, pero le superaron los acontecimientos»
Mientras hacía alguna pausa y sonreía todavía admirado, el exdiplomático Alonso Álvarez de Toledo (Madrid, 1931), último embajador de España en la República Democrática Alemana (RDA), recordaba la salida que tuvo Joachim Meissner, el que fuera arzobispo de Berlín parte de la década de los 80, cuando se atrevió a hacerle una pregunta con la que pretendía poner a prueba su ingenio: que qué prefería, si la mitad oriental, comunista, de la ciudad, o la occidental, adscrita al desarrollo e iluminada por escaparates repletos y exuberantes. «Supongo -empezó el ''príncipe de la Iglesia'', tras una pausa- que en Berlín Oriental, porque.. ¡Hay menos tentaciones!». Con esa floritura vaticana, quedaba resumido el padecimiento de los alemanes de ese lado del Muro, sujetos a las escaseces de la economía socialista. La anécdota, recogida en «Notas a pie de página» (Marcial Pons, 2013), es una de las muchas que Álvarez de Toledo vivió en Berlín. Otras figuran en «En el país que nunca existió» (Editorial Cuadernos del Laberinto, 2018), sus diarios, donde narra cómo descorrió el telón de acero la noche del 9 de noviembre de 1989, cuando cruzó el Muro acompañado por las cámaras de TVE. «Un Estado reconocido internacionalmente -sostiene en esa obra- no llegó a crear un país diferenciado». El abanico de personajes que desfilan por las páginas de los diarios de Álvarez de Toledo dan testimonio de la naturaleza a menudo enloquecida de la RDA. El 14 de noviembre de 1989, por ejemplo, el diplomático menciona la dimisión de Horst Gienke, el obispo de Greifswald, ciudad del noreste de Alemania. Poco después de su marcha, se descubrió que Geinke había colaborado con la Stasi, la siniestra policía secreta encargada de aplastar a la disidencia. No menos sorprendente es la referencia a Gerald Götting, anotada el 2 de noviembre de 1989. El líder de los democristianos de la Alemania Oriental -su partido estaba legalizado, pero siempre ocupaba un pequeño número de escaños en la Cámara del Pueblo, controlada por los comunistas- había manifestado su apoyo a China tras la represión de las protestas en la plaza de Tiananmen, probando de nuevo su servilismo ante la ideología de las élites que dirigían el país. Durante esta conversación, mantenida en una cafetería donde se admiraba el cielo revuelto del otoño de Madrid, Álvarez de Toledo rememora los últimos días de la Alemania Oriental y el talante de sus dos principales últimos dirigentes, Erich Honecker y Egon Krenz, además de la noche en la que cayó el Muro, que él cruzó por el paso de Bornholmer. Sus notas comienzan en septiembre del 89 y finalizan en marzo del 90, con las elecciones libres en la RDA. ¿Por qué decidió empezarlo en esa fecha? ¿Apreciaba ya que el régimen iba a desaparecer? No puedo decir que algo me hiciera pensar que eso iba a pasar. Cada semana, los acontecimientos se sucedían con más rapidez y se acumulaban. Sentía que podía ocurrir cualquier cosa. Antes de llegar a Alemania, estuve en el Gabinete del ministro de Asuntos Exteriores, donde fui testigo de muchísimas cosas que pasaron en España, como la muerte de Franco. Me arrepentí de no haber escrito un diario entonces. Un día, cuando estábamos reunidos en Berlín Este los embajadores de los países occidentales, un hombre abrió la puerta y dijo que Honecker había muerto. Aquello era exactamente lo mismo que había ocurrido en Madrid, cuando en una reunión con diplomáticos alguien dijo que Franco había muerto, aunque luego resultó que era mentira. En ese momento, decidí escribir el diario. Tuve la suficiente visión como para que tres meses después cayera el Muro y luego desapareciera la Alemania Oriental. Establece paralelismos con España. Por ejemplo, es divertido cuando comenta que Egon Krenz fue el Arias Navarro de la RDA. Sí. Como ocurrió en España, el hecho de que Arias Navarro continuara después de la muerte de Franco no significaba que todo fuera a seguir igual. Lo mismo ocurrió con Krenz en la RDA. En su diario, describe el declive de Honecker y sus problemas con Gorbachov. Hay una fecha clave, el 7 de octubre de 1989. El 7 de octubre, cada año, se celebraba el aniversario de la fundación de la RDA. Aquel año era el 40º aniversario, muy importante. Las cosas iban mal en el país, porque había manifestaciones todos los días. Honecker quería demostrar ante el mundo, sobre todo ante la Unión Soviética, que controlaba el país. Era mentira. Ese día se convocó una protesta, y tanto Gorbachov como otros jefes de Estado, que estaban ena una cena oficial, decidieron marcharse rápidamente. También habla de la grave crisis económica que atravesaba la RDA y del éxodo de alemanes orientales a través de Hungría, aprovechando las vacaciones. Sí. Pero hubo otras circunstancias en al caída de la RDA, que a veces no se veían desde fuera. Por ejemplo, que a Honecker le sucediera Krenz. Krenz era tonto. Como era tonto, tenía miedo, y lo primero que hizo fue a irse a Moscú. Pero por entonces todo se movía ya de acuerdo al objetivo final de la historia, que era terminar con el telón de acero, con el Muro, con la división de Alemania y de Europa. Ya no se podía hacer nada. Honecker era muy listo, pero estaba muy mayor, y superado por los acontecimientos. La noche del 9 de noviembre del 89, cuando cayó el Muro, usted lo cruzó con un equipo de TVE, junto a Rosa María Artal, por el puente de Bornholmer. Artal siempre sostuvo que los policías decidieron abrir el paso cuando vieron llegar a la televisión española. Por allí ya había gente, porque ya se había dicho que el Muro se iba a abrir. Los policías, que vieron que estaban saliendo en la televisión, temieron que los occidentales les grabaran a bofetadas con los ciudadanos, así que, antes de que eso ocurriera, prefirieron dejar que se cruzara el Muro. Hace unos días tomé un café con el oficial que dio la orden. Él sostiene que el hecho de que yo estuviera allí también influyó. Schabowski, uno de los altos cargos del PSUA, anunció que el Muro se podía cruzar. Dicen que se equivocó.. Schabowski era el ministro portavoz. Cada vez que había una una reunión del gobierno, daba una rueda de prensa. Era tonto. Esa noche, le habían dado un papel donde figuraba la orden para abrir el Muro al día siguiente. La Policía necesitaba tiempo para controlar que en todas partes se hiciera a la vez. Pero cuando un corresponsal italiano le preguntó a partir de cuándo podría atravesarse, contestó: «Ab sofort!». Es decir, «¡De inmediato!». Media hora después, los pasos del Muro, sobre todo los de cerca de mi casa, estaban llenos de gente curiosa. A partir de ese momento, comienza el contacto intenso de los alemanes de la RDA con la RFA. La fascinación por el desarrollo en la vecina occidental influyó mucho en el deseo de reunificación, parece. Claro, claro. Al principio no, porque el principal objetivo de los líderes de la RDA era convencer a sus alemanes de que estaban ahí muy bien, y de que no se fueran al otro lado. Una vez le pregunté a uno que por qué no se había pasado, y me dijo que en la RFA había paro y mucha gente sin casa. En el Este, se sentían muy protegidos. Pero también cuenta que había obreros que pedían cobrar en función del rendimiento, y que la gente tenía muchísimo dinero ahorrado, por no tener cómo gastarlo. Sí, eso parece, pero tenían dinero ahorrado porque eran alemanes. El dinero no les servía porque en las tiendas no había más que patatas y coliflores. A la vez, veían en la televisión los escaparates del Oeste, que eran una maravilla. Alemania del Este, que era el mejor y más apetitoso de todos los países comunistas, era mucho peor que el islote que tenían dentro, Berlín Oeste. Y eso que los comunistas de Berlín Este tenían el nivel de vida más alto de todo el bloque soviético. Un mercadillo navideño en Berlín Oriental - ABC Cuando la dictadura de Franco entabló relaciones con un régimen comunista Aunque el régimen de Franco se significó por su carácter anticomunista, la dictadura entabló en 1973 relaciones con la República Democrática Alemana (RDA), un trato que se prolongó hasta la desaparición de la mitad comunista de Alemania, con la reunificación de octubre de 1990. «Las relaciones se establecieron en el 73, en un momento en el que la España de Franco estaba ampliando su trato con la Europa del Este. Primero, se crearon oficinas comerciales. Luego, a esas oficinas se les dio un contenido más político», explica Carlos Sanz Díaz, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, al otro lado del teléfono. «El caso de la Alemania Oriental era delicado. Alemania Occidental no la reconocía. Hasta que ambos países no se reconocieron mutuamente, con el Tratado interalemán de 1972, no se dio el paso. Es decir, España esperó a que la República Federal de Alemania (RFA) fuera la primera en intercambiar embajadores», añade. El fondo de las relaciones tuvo siempre una dimensión esencialmente económica. «Había productos industriales que se importaban de la Alemania Oriental. Por ejemplo, las lentes de las cámaras fotográficas», explica el historiador.
08-11-2019 | Fuente: elpais.com
El Banco de Desarrollo de América Latina analiza las claves para prevenir la corrupción en la región
La conferencia organizada por CAF en Quito debate sobre los desafíos que afrontan las instituciones y la sociedad para promover el desarrollo
07-11-2019 | Fuente: elpais.com
El Banco de Desarrollo de América Latina analiza la gobernanza como clave para el desarrollo de la región
La conferencia organizada por la CAF en Quito debate sobre la necesidad de unas instituciones sólidas y combatir la corrupción
06-11-2019 | Fuente: as.com
Más lío en el Madrid: Colombia convoca a James, lesionado
El colombiano sigue al margen aunque no hay parte médico. Queiroz, seleccionador cafetero, alimenta la polémica: "Si no estuviera bien no lo habría convocado".
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