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20-09-2020 | Fuente: abc.es
La muerte de la juez Ginsburg sacude la reelección de Trump
Las banderas amanecieron ayer a media asta en EE.UU. y las espadas de la política, en todo lo alto. El fallecimiento de Ruth Bader Ginsburg, una de las jueces progresistas del Tribunal Supremo, ha dejado al país entre el luto por una figura venerada y el olor a pólvora de una batalla entre republicanos y demócratas que afectará a la reelección de Donald Trump, a la renovación del Congreso y a la línea ideológica del sistema legal estadounidense. El viernes por la tarde, la campaña electoral por la presidencia tenía una hoja de ruta clara: mandaba Joe Biden sobre Trump, gracias en buena parte a la pandemia de coronavirus; el presidente, por su parte, centrado en su éxito económico hasta el virus y en un mensaje de «ley y orden» tras las protestas del verano. Ese armazón saltó por los aires con la noticia de la muerte de Ginsburg, de 87 años, integrante de la minoría progresista del alto tribunal. Hasta ahora, los jueces nombrados por presidentes republicanos gozaban de ventaja por la mínima (5-4), a pesar de que uno de ellos, John Roberts, se ha alineado con los progresistas en asuntos como inmigración, derechos LGBT y sanidad. Trump ?que tiene la potestad de nominar a un nuevo juez? y los republicanos ?que controlan el Senado, el órgano que lo confirmará en su puesto? tienen una oportunidad histórica para reforzar una mayoría conservadora (6-3) en el tribunal que podría alargarse varias generaciones. El cargo de juez del Supremo es vitalicio y el magistrado de más edad es uno elegido también por los demócratas, Stephen Breyer, de 82 años. El juez conservador de mayor edad es Clarence Thomas, de 72 años. Ideología dominante Con la renovación del Supremo, los republicanos se asegurarían una línea ideológica dominante en el Supremo durante muchos años, que podría afectar a temas como el aborto, el acceso a las armas o la discriminación por orientación sexual. Pero también se juegan su impacto en la reelección de Trump y en su mayoría en el Senado, ambos amenazados en las elecciones del 3 de noviembre. La principal cuestión es cómo afectaría el proceso de reemplazo de Ginsburg en los votantes. La posibilidad de un tribunal más conservador podría movilizar al voto progresista ?para quien Ginsburg ha sido un tótem?, conseguir el voto de mujeres de estados bisagra ?clave en las elecciones? y disparar las donaciones a la campaña de Biden. La posibilidad de un tribunal más conservador podría movilizar al voto progresista ?para quien Ginsburg ha sido un tótem? Trump, sin embargo, también podría jugar sus cartas. Al presidente le conviene que el debate político se aleje de su gestión de la pandemia y de los casi 200.000 muertos que acumula EE.UU. La composición del Supremo, de hecho, fue una de las claves de su ascenso al poder. Trump, un urbanita mujeriego, no es un conservador de misa dominical. Pero es un excelente muñidor de acuerdos: en la campaña de 2016, ofreció a los conservadores lo que más desean, más poder en el tribunal. En los mítines, insistió hasta la saciedad que llenaría el tribunal de jueces conservadores. Y cumplió: ya ha colocado a dos y ahora podría ser el tercero. La experiencia de 2018 demuestra que la elección de un juez conservador también excita a la contra al electorado demócrata. Parte de su avance en las elecciones legislativas de aquel año tuvo que ver con el proceso de confirmación del juez Brett Kavanaugh, que había sido acusado de agredir sexualmente a una joven en su juventud. Pero, sin duda, es un asunto que entusiasma más al votante conservador. En 2016, el 21% de los votantes dijo que su prioridad número uno era la composición del Supremo. El 56% de ellos votó a Trump y solo el 41% a Hillary Clinton. Hipocresía Antes de ir a las urnas en noviembre, habrá batalla en el Senado. El líder republicano en la cámara alta, Mitch McConnell, no tardó en anunciar que se llevará a votación al nominado que elija Trump, que ayer animó a impulsar la renovación «sin retraso». Los demócratas han estallado con acusaciones de hipocresía, después de que McConnell retrasara durante ocho meses en 2016 la votación de un juez elegido por Barack Obama, hasta que Trump ganó las elecciones. Varios senadores republicanos ya se han desdicho de su defensa a ultranza hace cuatro años de no confirmar a jueces en años de elección presidencial. El líder republicano en la cámara alta, Mitch McConnell, no tardó en anunciar que se llevará a votación al nominado que elija Trump, que ayer animó a impulsar la renovación «sin retraso» Los demócratas necesitan cuatro defecciones de republicanos en el Senado para impedir que se vote o se confirme al nominado. Algún republicano moderado ?Lisa Murkowski? ya ha dicho que no votará. Para alguno dispuesto a sumarse, como Susan Collins, hacerlo podría dañarle, porque se juegan su elección en noviembre. La batalla será cruenta. RBG, tótem judicial e icono pop «progre» Una tienda de regalos de la avenida Flatbush, en esas zonas gentrificadas de Brooklyn con jóvenes profesionales blancos, ha estado desde hace años llena de baratijas con el rostro de una juez del Supremo. Tazas, camisetas, imanes para el frigorífico. En ellas, la cara arrugada y cubierta de la montura de sus gafas de Ruth Bader Ginsburg. Pocas figuras han conseguido abarcar tanto respeto institucional e idolatría pop como ella. Jueces, ninguno. Acabó por ser rebautizada como «Notorious RBG», una referencia al rapero Notorious BIG. Ginsburg creció no demasiado lejos de esa tienda, en el Brooklyn de la inmigración judía de clase media tras la Segunda Guerra Mundial. En su barrio también jugaron Bernie Sanders y Woody Allen. Ginsburg creció entre el dolor y la ambición. Su hermana murió de meningitis a los 8 años. Su madre, de cáncer, un día antes de su graduación en el instituto. Fue pionera en la universidad y en el Derecho, azote contra la discriminación de género, la encarnación legal del movimiento para la igualdad de las mujeres. Y un referente desde su desembarco en el Supremo en 1993, la segunda mujer en conseguirlo. Diminuta, de aspecto frágil, su figura no paró de crecer como referente de la igualdad. Donald Trump la calificó tras su fallecimiento de «titán de la ley». En los últimos años, con la bancada progresista en minoría en el Supremo, fue un símbolo de resistencia y un icono progresista, una anciana octogenaria que levantaba pesas en el mismo despacho en el que escribía opiniones jurídicas.
20-09-2020 | Fuente: abc.es
Tres décadas después de la reunificación alemana, persiste el déficit democrático en los estados orientales
«Claro que se cometieron errores», reconoce hoy Wolfgang Schäuble, que como ministro de Interior de Helmut Kohl redactó y rubricó con su firma el Tratado de Reunificación que dio lugar a la Alemania que hoy conocemos. «No estábamos preparados. No podíamos estarlo. Solo unos días antes de la caída del Muro hubiera sido un escándalo, un conflicto internacional, que la República Federal tuviese planes de reunificación», recuerda los sucesos de hace 30 años, «pero, como dijo Bismarck, la política cambia de un momento a otro. Kohl actuó instintivamente y correctamente, actuó con cuidado en Europa y dio mucha esperanza a la gente aquí». «Hoy se podría decir que les dio demasiadas esperanzas», bromeaba Schäuble el pasado viernes, durante la fiesta de su 78º cumpleaños. Tres décadas después de aquella redención histórica de Alemania y como presidente, ahora, del Bundestag, ha vuelto a ver ondear banderas con la cruz gamada en la escalinata de la fachada del Reichstag, durante una manifestación contra las restricciones de la pandemia, este mismo mes. «Despreciable. No vamos a permitir algo así», sentencia. No es capaz de identificar un error concreto que haya conducido a semejante «vergüenza», pero reconoce que en la reaparición de formaciones de extrema derecha, que tienen sus fuertes en los Bundesländer orientales, subyacen asuntos políticos y sociales no resueltos en la Alemania reunificada, en su papel en Europa y en el mundo, «que han de aclararse cuanto antes». «El bienestar económico, claro, pero la segunda mayor diferencia que yo veo entre la sociedad de 1990 y la de ahora tiene que ver con la política». «Nos movilizamos entonces contra el sistema comunista y por la libertad, en dirección a la democracia, mientras que ahora quienes se manifiestan contra el sistema democrático lo hacen desde posiciones de extrema derecha». Así ve el principal cambio de los Bundesländer orientales alemanes, los que pertenecieron a la RDA, el profesor Matthias Kluge, que creció en Crimmitschau, Sajonia, y fue uno de los fundadores en Königswalde de Nuevo Forum, la plataforma ciudadana de resistencia pacífica que organizó las manifestaciones populares, el movimiento que terminó derribando el Muro de Berlín. Apenas reconoce el país en el que creció, en el que el PIB per cápita era el 37% del de la Alemania occidental. Hoy es del 79,1%. «No obstante, la brecha sigue siendo notable en densidad de población y en la ausencia de grandes empresas», señala el comisario para los Nuevos Länder, Marco Wanderwitz, que apunta como principal diferencia el «déficit democrático» que observa en el este. «La tasa de aprobación del sistema democrático y de sus instituciones, que en los estados del oeste se ubica en el 91%, en el este toca techo es el 78%», justifica. Si en la Alemania del oeste el 40% se declara satisfecho con la democracia, en el este el porcentaje es solo el 22%. El 91% de los alemanes occidentales piensa que la democracia es el mejor de los sistemas políticos, pero solo apenas un 78% de los orientales suscribe esa premisa. Las actitudes hostiles hacia los extranjeros son abiertamente declaradas por más de un 20% de la población oriental y el antieuropeismo se eleva por encima del 30%. Equiparación económica «La experiencia democrática lleva su tiempo, la construcción de una sociedad civil sólida cuesta décadas», trata de explicar Wolfgang Thierse, que considera zanjada la equiparación económica, «el este tenía mayores expectativas y ha tenido menos tiempo, los occidentales tienen más cayo democrático, por así decirlo, y en el este se percibe una pérdida cultural, de identidad, si lo prefiere, que a falta de otro área de expresión le está pasando la factura al sistema político». Thierse fue elegido en las primeras elecciones democráticas de la RDA y pocos meses después pasó a formar parte del Bundestag, que presidiría años más tarde. Cree que hubieran sido necesarias iniciativas de educación política democrática que ocupasen un vacío en el que se ha enseñoreando el partido antieuropeo y antiextranjeros Alternativa para Alemania (AfD). «La reunificación no es solamente un proceso económico y social, como se ha visto a menudo, sino también un proceso político y cultural», subraya, pero recuerda que AfD está también presente, aunque con menos fuerza, en todos los parlamentos regionales occidentales. «Abordar esto como un problema del este es un error, todos nosotros tenemos un problema, lo que ocurre es que allí donde la incertidumbre y la inseguridad son mayores, se manifiesta con más fuerza, esos ciudadanos son más fácilmente presas del populismo y luchar contra eso es una tarea pendiente, no solo para Alemania, sino para muchas otras democracias occidentales». Steffen Mau, sociólogo y profesor de la Universidad Humboldt de Berlín, es considerado uno de los mejores conocedores de la mentalidad de Alemania del Este. «En su mayoría están satisfechos», dice, «al fin y al cabo, ellos conocían mejor que nadie la vida en la RDA». Mau ha constatado, sin embargo, que la mayoría de los alemanes orientales son más estatistas y menos liberales que los occidentales. «También son menos solidarios, con tendencia más pronunciada a preservar los derechos adquiridos y tienen mayor dificultad para relacionarse con los extranjeros». «Sigue habiendo Ossis y Wessis», reconoce, «todavía hay una identidad del este, incluso entre los menores de 30 años, una quinta parte se considera más alemán orientales que alemán». «Y eso», insiste, «tiene un precio».
20-09-2020 | Fuente: abc.es
El déficit democrático en los estados orientales de Alemania persiste tras 30 años de reunificación
«Claro que se cometieron errores», reconoce hoy Wolfgang Schäuble, que como ministro de Interior de Helmut Kohl redactó y rubricó con su firma el Tratado de Reunificación que dio lugar a la Alemania que hoy conocemos. «No estábamos preparados. No podíamos estarlo. Solo unos días antes de la caída del Muro hubiera sido un escándalo, un conflicto internacional, que la República Federal tuviese planes de reunificación», recuerda los sucesos de hace 30 años, «pero, como dijo Bismarck, la política cambia de un momento a otro. Kohl actuó instintivamente y correctamente, actuó con cuidado en Europa y dio mucha esperanza a la gente aquí». «Hoy se podría decir que les dio demasiadas esperanzas», bromeaba Schäuble el pasado viernes, durante la fiesta de su 78º cumpleaños. Tres décadas después de aquella redención histórica de Alemania y como presidente, ahora, del Bundestag, ha vuelto a ver ondear banderas con la cruz gamada en la escalinata de la fachada del Reichstag, durante una manifestación contra las restricciones de la pandemia, este mismo mes. «Despreciable. No vamos a permitir algo así», sentencia. No es capaz de identificar un error concreto que haya conducido a semejante «vergüenza», pero reconoce que en la reaparición de formaciones de extrema derecha, que tienen sus fuertes en los Bundesländer orientales, subyacen asuntos políticos y sociales no resueltos en la Alemania reunificada, en su papel en Europa y en el mundo, «que han de aclararse cuanto antes». «El bienestar económico, claro, pero la segunda mayor diferencia que yo veo entre la sociedad de 1990 y la de ahora tiene que ver con la política». «Nos movilizamos entonces contra el sistema comunista y por la libertad, en dirección a la democracia, mientras que ahora quienes se manifiestan contra el sistema democrático lo hacen desde posiciones de extrema derecha». Así ve el principal cambio de los Bundesländer orientales alemanes, los que pertenecieron a la RDA, el profesor Matthias Kluge, que creció en Crimmitschau, Sajonia, y fue uno de los fundadores en Königswalde de Nuevo Forum, la plataforma ciudadana de resistencia pacífica que organizó las manifestaciones populares, el movimiento que terminó derribando el Muro de Berlín. Apenas reconoce el país en el que creció, en el que el PIB per cápita era el 37% del de la Alemania occidental. Hoy es del 79,1%. «No obstante, la brecha sigue siendo notable en densidad de población y en la ausencia de grandes empresas», señala el comisario para los Nuevos Länder, Marco Wanderwitz, que apunta como principal diferencia el «déficit democrático» que observa en el este. «La tasa de aprobación del sistema democrático y de sus instituciones, que en los estados del oeste se ubica en el 91%, en el este toca techo es el 78%», justifica. Si en la Alemania del oeste el 40% se declara satisfecho con la democracia, en el este el porcentaje es solo el 22%. El 91% de los alemanes occidentales piensa que la democracia es el mejor de los sistemas políticos, pero solo apenas un 78% de los orientales suscribe esa premisa. Las actitudes hostiles hacia los extranjeros son abiertamente declaradas por más de un 20% de la población oriental y el antieuropeismo se eleva por encima del 30%. Equiparación económica «La experiencia democrática lleva su tiempo, la construcción de una sociedad civil sólida cuesta décadas», trata de explicar Wolfgang Thierse, que considera zanjada la equiparación económica, «el este tenía mayores expectativas y ha tenido menos tiempo, los occidentales tienen más callo democrático, por así decirlo, y en el este se percibe una pérdida cultural, de identidad, si lo prefiere, que a falta de otro área de expresión le está pasando la factura al sistema político». Thierse fue elegido en las primeras elecciones democráticas de la RDA y pocos meses después pasó a formar parte del Bundestag, que presidiría años más tarde. Cree que hubieran sido necesarias iniciativas de educación política democrática que ocupasen un vacío en el que se ha enseñoreando el partido antieuropeo y antiextranjeros Alternativa para Alemania (AfD). «La reunificación no es solamente un proceso económico y social, como se ha visto a menudo, sino también un proceso político y cultural», subraya, pero recuerda que AfD está también presente, aunque con menos fuerza, en todos los parlamentos regionales occidentales. «Abordar esto como un problema del este es un error, todos nosotros tenemos un problema, lo que ocurre es que allí donde la incertidumbre y la inseguridad son mayores, se manifiesta con más fuerza, esos ciudadanos son más fácilmente presas del populismo y luchar contra eso es una tarea pendiente, no solo para Alemania, sino para muchas otras democracias occidentales». Steffen Mau, sociólogo y profesor de la Universidad Humboldt de Berlín, es considerado uno de los mejores conocedores de la mentalidad de Alemania del Este. «En su mayoría están satisfechos», dice, «al fin y al cabo, ellos conocían mejor que nadie la vida en la RDA». Mau ha constatado, sin embargo, que la mayoría de los alemanes orientales son más estatistas y menos liberales que los occidentales. «También son menos solidarios, con tendencia más pronunciada a preservar los derechos adquiridos y tienen mayor dificultad para relacionarse con los extranjeros». «Sigue habiendo Ossis y Wessis», reconoce, «todavía hay una identidad del este, incluso entre los menores de 30 años, una quinta parte se considera más alemán orientales que alemán». «Y eso», insiste, «tiene un precio».
19-09-2020 | Fuente: abc.es
Trump aviva la guerra tecnológica con China con el cierre de WeChat y TikTok
Desde la madrugada del lunes, TikTok y WeChat, la red social de moda en EE.UU. y el llamado «facebook chino», desaparecerán de las tiendas de aplicaciones ?las llamadas «app stores»? desde las que los usuarios estadounidenses las descargan en sus dispositivos. Es el último embate de la Administración Trump en la guerra tecnológica con China, tras una escalada de tensiones este verano entre las dos grandes potencias económicas, con sanciones a compañías y autoriades del gigante asiático y vetos a su presencia en EE.UU. Las dos grandes «app stores» las manejan Apple y Google. La decisión la anunció ayer el Departamento de Comercio, que explicó que TikTok y WeChat no podrán ser descargadas ni actualizadas a partir de este momento. La directiva es todavía más estricta con WeChat: EE.UU. prohibirá la provisión de servicios por parte de compañías locales que permiten a la red social las transferencias de dinero y los pagos móviles. También se vetará la provisión de cualquier servicio ?redes móviles, acceso a Internet? que permiten el funcionamiento de la aplicación en EE.UU. WeChat es la principal red social china, dentro y fuera del gigante asiático. Es una vertebradora de las comunidades chinas repartidas por el mundo y, también, un canal del Gobierno comunista para diseminar propaganda y controlar a disidentes. En EE.UU., millones de chinos y chino-americanos la utilizan para comunicarse con sus familiares en Asia o para mandar dinero. «A efectos prácticos, quedará cerrada en EE,UU., pero solo en EE.UU. y a partir de la madrugada del lunes», dijo sobre WeChat el secretario de Comercio, Wilbur Ross, en una entrevista en Fox News. Lo mismo ocurrirá con TikTok, pero con un plazo más largo: el 12 de noviembre, pocos días después de las elecciones en las que Donald Trump se juega las llaves de la Casa Blanca. El plazo hasta el 12 de noviembre de TikTok tiene que ver con el proceso de venta en el que está inmerso la red social. Este año se ha convertido en la favorita de los adolescentes estadounidenses, donde comparten vídeos de baile, reflexiones existenciales, interpretaciones en «playback» de canciones de éxito o sus experimentos culinarios. Pero también se ha convertido en un arma política, una plataforma donde diseminar mensajes políticos o atacar a candidatos (un grupo de usuarios de TitTok alardearon de haber provocado el fiasco del mitin de Trump en Oklahoma en junio). Vender la compañía Trump firmó el mes pasado una orden ejecutiva con la que obligaba a TikTok a venderse a una compañía estadounidense o echar el cierre. Todo apuntaba a que la favorita era Microsoft, pero en los últimos días parecía que Oracle podría quedarse con la red social, que es propiedad de la compañía china ByteDance. Esa operación deberá cerrarse de forma satisfactoria para la Administración Trump en mes y medio, o TikTok correrá la misma suerte que WeChat. «El presidente ha dado hasta el 12 de noviembre para que se resuelvan los problemas de seguridad nacional que supone TikTok. Si lo hacen, estas prohibiciones podrían eliminarse», dijo Ross en un comunicado. TikTok y WeChat, como cualquier otra red social, almacenan datos de sus usuarios, lo que para el Gobierno de EE.UU. es una amenaza por estar bajo propiedad china. Según el Departamento de Comercio, están obligadas por ley a cooperar con los servicios de inteligencia chinos. TikTok ha insistido en que almacena los datos de usuarios estadounidenses en EE.UU. y que ni ha compartido ni compartirá esa información con el Gobierno de China. Algo que no convence a la Administración Trump. «Las acciones de hoy muestran que el presidente Trump hará todo lo que está en su poder para garantizar nuestra seguridad nacional y proteger a los estadounidenses de las amenazas del Partido Comunista chino», dijo Ross. «Hemos tomado una actuación significativa para combatir la recolección maliciosa de datos personales de estadounidenses, a la vez que promocionamos nuestros valores nacionales». El Departamento de Comercio explicó que el Gobierno de EE.UU. no tratará de impedir que los particulares utilicen las aplicaciones, pero la imposibilidad de descargarlas, actualizarlas o tener mantenimiento las acabará por hacer obsoletas. La prohibición de la Administración Trump también afecta a los códigos informáticos sobre los que están armadas estas redes sociales, para evitar que las compañías las pongan en macha con otro nombre. La decisión será combatida en tribunales por algunas organizaciones de derechos civiles, como la Unión por las Libertades Civiles Americanas (ACLU), que argumenta que el veto afecta a la libertad de expresión de los usuarios. En China, la prohibición y limitación de aplicaciones y redes sociales occidentales es rutinaria. Este mismo verano, obligó a Apple a eliminar de su «app store» una aplicación que permitía a los manifestantes de Hong Kong hacer seguimientos de los movimientos de la policía durante las protestas contras las nuevas leyes autoritarias impuestas por Pekín.
18-09-2020 | Fuente: as.com
"¡No puede ser! Mirad el gol que hace, está 'enfermo": el golazo de un lateral que tiene loca a toda Sudamérica
Así definía el tuitero @gimnasiaarg el tanto que el carrileño diestro de Independiente del Valle, Ángelo Preciado, le hizo a Flamengo.
18-09-2020 | Fuente: as.com
Masiá lidera con récord antes de recibir una sanción
El valenciano ha batido con un tiempazo el registro de Martín de 2018 lo que minimizará algo su ausencia en los últimos 15 minutos del FP3.
18-09-2020 | Fuente: as.com
"Es demasiado tarde, hay que confinar Madrid entero"
César Carballo, facultativo de Urgencias, hizo balance en Telemadrid para valorar las medidas que anunciará este viernes el Gobierno autonómico.
18-09-2020 | Fuente: marca.com
"Ya es demasiado tarde, hay que confinar Madrid entero"
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18-09-2020 | Fuente: abc.es
Con el lirio en la mano
la ley de plazos como principio ético es un camino errado. En una antológica Tercera de ABC, Julián Marías se refirió a ella al escribir de la legislación que permite el aborto en las primeras catorce semanas del embarazo. «Es exactamente como si se dijera que es lícito disparar contra una persona que se acerca a nosotros, siempre que esté a más de veinte metros; si está a menos de diez, hay que pensarlo un poco más; si ha llegado a sentarse a nuestra mesa, es sumamente enojoso». Mutatis mutandis, ese mismo argumento es el que propone el inefable Alto Representante de la Unión Europea Josep Borrell para salvar la piel al régimen chavista de Nicolás Maduro: no vamos a aprobar sus elecciones del 6 de diciembre porque sus rasgos totalitarios son demasiado evidentes para todos; pero aléjelas usted unos meses y estaremos encantados de hacerlo. ¿Qué avances pudo presentar ayer al Grupo de Contacto al mefistofélico exministro socialista para otorgar esa medida de gracia al régimen de Maduro? Un supuesto diálogo entre el chavismo y cierta oposición, materializado en las críticas de María Corina y Henrique Capriles a Juan Guaidó a quien la mayoría de los países de la UE reconocen como presidente encargado. La maniobra de los dos políticos venezolanos ?que en su día prometieron lealtad al presidente Guaidó? ha quedado aún más estigmatizada por el informe de la comisión de derechos humanos de la ONU, no del departamento de Borrell, que demuestra crímenes de Estado cometidos estos últimos años contra centenares de opositores venezolanos. Más que subrayar los altamente dudosos avances en el diálogo venezolano, o de vendernos que un retraso de la fecha electoral obrará como un sortilegio para legitimar los comicios, el señor Borrell haría bien en explicar qué papel están jugando entre bastidores países como Irán o Turquía, que afirman estar mediando en nombre de Europa. Hace falta exigir garantías democráticas, no nuevos plazos, aunque la señora del lirio en la mano, la ministra española González Laya, considere que esa tarea no nos corresponde.
17-09-2020 | Fuente: as.com
"Es demasiado tarde, hay que confinar Madrid entero"
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