Infortelecom

Noticias de asia

10-05-2020 | Fuente: abc.es
Del fin de una guerra... ¿a otra?
El 8 de mayo de 2020 estaba llamado a ser una gran efeméride mundial. Nada menos que el 75 aniversario de la rendición oficial de las fuerzas armadas alemanas ante los Aliados, en una firma improvisada en un cuartel de la Juventud Hitleriana reutilizado por los soviéticos en el distrito berlinés de Karlshorst. Un día antes se había rendido el general Jodl en el cuartel general aliado de Reims, pero los soviéticos exigían su cuota de protagonismo: habían pagado el precio más alto, y habían conquistado Berlín. La guerra concluía oficialmente en Europa, aunque por algunas semanas persistirían los enfrentamientos entre unidades alemanas, soviéticas, partisanos de distinto color y otras milicias en distintos puntos de Europa centro-oriental y balcánica. Y, mientras tanto, los combates seguían en el Pacífico, hasta la rendición incondicional de Japón el 15 de agosto. Los Aliados eran heterogéneos. Un dictador comunista y despiadado, Stalin, aliado circunstancial de Hitler en 1939-41, se sentaba a la mesa de negociación con dos líderes elegidos democráticamente, Roosevelt (y después Truman), y Churchill (después Atlee), y un general de regusto bonapartista, De Gaulle. Les unía el antifascismo, la derrota de una Alemania que había puesto en marcha un plan de exterminio racial sin precedentes. También olvidaban: Churchill había tenido una buena opinión de Mussolini años atrás, y había especulado con utilizar a Hitler como dique de contención de la temida expansión soviética. Todo eso ahora pertenecía al pasado; pero los vencedores sabían que, en poco tiempo, su coalición se dividiría. A un lado, el comunismo soviético. Del otro, el «mundo libre», donde una nueva potencia hegemónica, Estados Unidos, que impondría progresivamente su prevalencia a dos potencias coloniales en progresiva retirada, Gran Bretaña y Francia, y que no veía con buenos ojos la resurrección de los imperios ultramarinos en Asia. Una Europa en ruinas La salida de la guerra fue traumática. Buena parte de Europa estaba en ruinas, su capacidad industrial devastada. Privaciones y penurias: a principios de los cincuenta aún había racionamientos en Gran Bretaña. Millones de personas sin hogar, desplazadas, desaparecidas. Prisioneros de guerra, víctimas de limpiezas étnicas que no encontraban solidaridad entre sus depauperados connacionales, en Alemania o Italia. Mujeres que recogían escombros con sus hijos: la «Germania, anno Zero», de Rossellini (1948). Persistían rencores y divisiones soterradas: el antifascismo como matriz ético-política fundadora de las nuevas democracias occidentales hacía «tabula rasa» del pasado, y pasaba por alto que los resistentes activos a la ocupación nazi o fascista eran una relativa minoría. Los judíos supervivientes del Holocausto hallaban a menudo frialdad y hostilidad entre sus antiguos convecinos. Reconstrucción Tras la II Guerra Mundial fue preciso un plan que permitiese a Europa crecer y consumir los excedentes de EE.UU. Fue preciso un Plan de Reconstrucción Económica procedente de la única potencia que no había sufrido destrucciones en su territorio, los Estados Unidos. Un ingente programa de créditos a bajo interés, con perspectiva estratégica: había que reconstruir una Europa que pudiese crecer y consumir los excedentes norteamericanos, de la Coca-Cola al pato Donald; pero también había que crear clase media, consolidar la pequeña propiedad y el consumo, para evitar que la miseria favoreciese la expansión del comunismo, reforzado por el prestigio militar y el sacrificio soviético. De la necesidad de redistribuir y coordinar los fondos recibidos del amigo americano nacieron las primeras instituciones de cooperación supraestatal, que serían los precedentes de la Comunidad Económica Europea constituida en 1957 en Roma. Los antiguos aliados se dividieron; los antiguos enemigos, Francia y Alemania en primer lugar, se reconciliaron. Paradójicamente, los líderes políticos que habían exigido de sus poblaciones sangre, sudor y lágrimas no gestionaron la inmediata posguerra, salvo Stalin. Pero del mismo modo que aquellos habían colaborado durante los duros años bélicos, ahora buena parte de los nuevos líderes cooperaban en Europa occidental para dar paso a una etapa de reconstrucción. Las sociedades europeas miraron hacia adelante, y durante treinta años apenas quisieron saber de sus sufrimientos pasados y de las víctimas; disfrutaron de las nuevas oportunidades y del creciente bienestar. Algo aprendieron: para maximizar las expectativas individuales, era mejor ajuntar esfuerzos, relativizar fronteras. Populismo Trump y Bolsonaro eluden su pésima gestión y culpan a laboratorios chinos y agresiones externas La amenaza del virus Tres cuartos de siglo después, el mundo se enfrenta a una amenaza inusitada. Un virus de morbilidad baja, pero muy contagioso, que ha provocado una crisis sanitaria y un parón económico sin precedentes en tiempos de paz. Los distintos gobiernos estatales han recurrido a menudo a retóricas de tinte bélico, equiparando el Covid-19 a una invasión silenciosa. Algunos, recurriendo a un burdo populismo, desde Trump a Bolsonaro, han intentado externalizar las responsabilidades de su pésima gestión en un agente foráneo: laboratorios chinos, agresiones externas. Otros, aun adoptando medidas de contención recomendadas por expertos, no dejan de apelar al patriotismo, a la solidaridad con los más vulnerables frente a la pandemia -ancianos, personas con patologías previas, pero también sectores sociales desfavorecidos-, y parecen inspirarse en los lemas utilizados en tiempos de guerra para movilizar a la retaguardia. Todos saben que, como todas las guerras, también esta pasará, y piensan en el mundo de mañana, en el que se dirimirán hegemonías, se confrontarán modelos económicos y el cataclismo dejará huellas sociales impredecibles. Lección En 1945 nos enseñaron que las sociedades del último siglo superaron catástrofes mucho más destructivas A diferencia del mundo de 1945-47, el dilema ya no es entre «mundo libre» y «comunismo», sino entre libertad y democracia versus seguridad y autoritarismo. Qué sistema político demostrará ser más eficaz para derrotar a un enemigo difuso, pero corrosivo. Algunos argumentarán que la globalización favorece el contagio, y propugnarán una vuelta a los límites conocidos: el confinamiento como metáfora de un mundo más pequeño, mediocre, pero manejable. Otros ven en esta crisis una antesala de la gran catástrofe climática futura y esperan que la Humanidad aprenda una lección: es vulnerable. Un mundo más sostenible y solidario será garantía de salud y bienestar, aunque se consuma menos. También a diferencia del mundo de hace 75 años, la colaboración internacional cede paso frente a las soluciones estatales. Las recetas varían de Estado a Estado, de región a región. El confinamiento favorece la ilusión de la autosuficiencia, y el miedo fomenta la insolidaridad. Si la ruina de posguerra espoleó la cooperación europea, los costes económicos de la pandemia amenazan con provocar la quiebra de la frágil unidad continental. Hay estrellas solitarias, desde Angela Merkel a António Costa; pero no se divisan liderazgos nuevos, capaces de gestionar el mundo posterior a la pandemia: ningún De Gasperi, ningún Brandt. Un río revuelto para populismos o autoritarismos diversos, en el peor de los casos. Empero, si los europeos de 1945 algo nos enseñaron a sus nietos y bisnietos, es que las sociedades del último siglo superaron catástrofes mucho más destructivas. También lo habían demostrado las sociedades posteriores a la I Guerra Mundial, en 1918-19, cuando también tuvieron lugar guerras civiles, revoluciones, enfrentamientos armados, deportaciones.. y una pandemia de gripe que la historiografía casi olvidó se llevó, mientras tanto, a más del uno por cien de la población. Los europeos de 1918/19 querían vivir y olvidar; también los de 1945/46. Los de 2020/21, sin duda, también, aunque pagarán un precio. Por alto que sea, será muy inferior al que pagaron nuestros abuelos y bisabuelos. Algo hemos avanzado. Xosé M. Núñez Seixas es catedrático de historia contemporánea de la Universidad de Santiago y premio nacional de Ensayo 2019
10-05-2020 | Fuente: abc.es
El coronavirus recrudece la Guerra Fría entre EE.UU. y China
A la misma velocidad con que se propaga, el coronavirus está deteriorando las siempre difíciles relaciones entre Estados Unidos y China por su disputa sobre el origen de la pandemia y la catástrofe que ha desatado paralizando todos los países. Con cuatro millones de contagiados y más de 273.000 fallecidos, la enfermedad Covid-19 ha reventado la globalización y está recrudeciendo la «Guerra Fría» comercial y tecnológica que ya libraban en los últimos años las dos mayores economías del planeta, amenazando con volver a un mundo bipolar como en los tiempos de la extinta Unión Soviética. En un giro inesperado, y tras unas durísimas negociaciones, el presidente de EE.UU. dijo el viernes que se plantea anular el acuerdo comercial con China cuya primera fase firmó él mismo en enero. «Estoy decidiendo qué hacer», desveló Donald Trump en una llamada telefónica a la cadena Fox News. «Pero sin duda es algo sobre lo que debo tomar una decisión», añadió el presidente estadounidense. Apenas doce horas antes, el propio Gobierno de Washington había difundido un comunicado en el que anunciaba que negociaba ya la segunda fase de ese acuerdo comercial para levantar aranceles. El jueves, el secretario del Tesoro (ministro de Economía), Steven Mnuchin, y el jefe de la oficina comercial de la Casa Blanca, Robert Lighthizer, hablaron por teléfono con el viceprimer ministro Liu He, responsable de la política económica china, y los tres acordaron seguir negociando en plena pandemia para que pueda entrar en vigor la fase segunda del acuerdo comercial entre ambos países. Negociaciones en el aire «Las partes negociaron cumplir con los compromisos adquiridos dentro de los plazos establecidos», rezaba el comunicado que difundió la Casa Blanca. La primera fase del acuerdo entró en vigor a mediados del mes de febrero. Ahora, Trump amenaza con hacer saltar esas negociaciones por los aires. De hecho, una creciente desconfianza ha ido complicando las posibilidades de un acuerdo que ponga fin a la guerra arancelaria que sembró el temor a una recesión mundial el año pasado. Trump se jactó de haber obligado a China a comprar productos agrícolas de EE.UU. por valor de 200.000 millones adicionales a los niveles registrados en 2017, un objetivo hoy imposible por el colapso económico del coronavirus. Según datos del Gobierno estadounidense, en los tres primeros meses de 2020 las exportaciones agrícolas a China están 7.000 millones de dólares por debajo de los niveles de 2017. Sí hay productos que China está comprando más, como la carne de cerdo ante la escasez en su mercado nacional por la fiebre porcina, pero otras adquisiciones se han desplomado, como las de soja. Según Scott Kennedy, experto en China en el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de Washington, «no existe la posibilidad de que China cumpla con esos compromisos». Después de haberse enfrentado a las acusaciones de que ganó las elecciones presidenciales de 2016 por la ayuda de la inteligencia rusa, Donald Trump ha decidido relacionar a los demócratas con China: primero denunciando que el Gobierno de Barack Obama fue excesivamente blando con Pekín al no poner trabas al libre comercio, y después acusando a la familia del exvicepresidente y candidato «de facto» Joe Biden de negocios oscuros y cobros millonarios en el gigante asiático. La Casa Blanca ha filtrado a los medios que Trump prepara una respuesta formal a China por negligencia en la gestión de la crisis del coronavirus con medidas insólitas: retirarle a sus autoridades la inmunidad diplomática y denunciarlas por daños y perjuicios, aplicar más aranceles e incluso el impago de la deuda. Se trata de una verdadera afrenta, dado que Pekín tiene deuda estadounidense por valor de 1,3 billones de dólares. El «virus chino» En numerosas ocasiones, el presidente estadounidense se ha referido a la enfermedad Covid-19 como el «virus chino», y ha expresado dudas sobre si su origen está en un laboratorio de la ciudad de Wuhan -primer foco conocido de la epidemia-, algo que niegan sus propias agencias de inteligencia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la mayoría de la comunidad científica internacional. Un reciente informe del Departamento de Seguridad Nacional norteamericano acusa a China de haber mentido sobre el coronavirus a principios de año para hacer acopio de material sanitario como mascarillas y reducir sus exportaciones de forma irregular.En enero, Trump firmó el acuerdo para poner fin a la guerra comercial con China, pero mantiene aranceles de un 25 por ciento sobre bienes por valor de 370.000 millones de dólares (340.000 millones de euros) fabricados en ese país asiático. Varios economistas han advertido a la Casa Blanca de que este momento, con los mayores índices de desempleo desde la Gran Depresión, es el peor para reanudar una guerra comercial con China. «Es una locura, justo lo último que necesita ahora la economía de EE.UU.», dice Joe Brusuelas, economista jefe de la consultora RSM. Presión internacional Con EE.UU., el Reino Unido, Alemania y otros países pidiéndole una investigación internacional sobre el confuso origen del coronavirus, el autoritario régimen de Pekín sabe que se enfrenta a la mayor hostilidad desde la matanza de Tiananmen en 1989 y basa su respuesta en dos claras estrategias. La primera de ellas es su «diplomacia de las mascarillas», que consiste en donar, pero sobre todo vender, material sanitario y de protección a los países en apuros, que en ocasiones reciben productos defectuosos que dañan todavía más el sello «Made in China». La segunda, liderada por sus diplomáticos más agresivos, ataca directamente a Trump por su nefasta gestión de la crisis, que ha dejado ya en EE.UU. más de 1,2 millones de contagiados y 76.000 fallecidos. «Los políticos americanos han ignorado repetidamente la verdad y siguen diciendo mentiras descaradas. Su único objetivo es eludir su responsabilidad de sus pobres medidas de prevención y control de la epidemia y desviar la atención pública», critica en sus comparecencias uno de los portavoces del Ministerio de Exteriores chino, Geng Shuang. Dando pábulo a «teorías de la conspiración» que sitúan el origen del coronavirus en un laboratorio del Ejército estadounidense o con vídeos de la propaganda que ridiculizan los bandazos de Trump con una moribunda Estatua de la Libertad, Pekín ha pasado a la confrontación directa para torpedear su reelección en noviembre. Dejando atrás su habitual perfil bajo, esta virulencia de China sugiere una radicalización del «ala dura» del Partido Comunista para proteger al presidente Xi Jinping de las críticas internas por los problemas que se le acumulan por su autoritarismo. Entre ellos destacan la guerra comercial, la revuelta de Hong Kong y ahora la pandemia, que intentó ocultar al principio silenciando a los médicos que dieron las primeras voces de alerta y demorando una respuesta que podría haber evitado el desastre. «La relación entre China y el resto del mundo va a cambiar de forma fundamental. Realmente, empezó antes con Trump. Pero esto ha sido un punto de inflexión. No importa cómo se recupere Occidente ni si Trump es reelegido o no; va a haber un cambio», analiza para ABC Xu Bin, profesor de Economía y Finanzas de la Escuela Internacional de Negocios Chino-Europea de Shanghái (CEIBS). A juicio de este experto, «China va a ser desplazada del escenario internacional y ahora tiene que explotar su mercado doméstico para no depender tanto del extranjero, pero cuenta con la ventaja de haber aprendido mucho de Occidente con la globalización y haber creado su propia tecnología e internet». Aunque el profesor Xu cree que «nos enfrentamos a un mundo bipolar», aventura que «en el siglo XXI será una competición económica, más que ideológica o política». Por ese motivo, no espera «un desacoplamiento total, sino una reducción de la dependencia de China, que es una parte importante de la cadena global de suministros y un gran mercado para las empresas occidentales», explica. Un «prestigio herido» Con él coincide Jean-Pierre Cabestan, profesor de Políticas de la Universidad de Hong Kong, quien cree que «el Gobierno chino ha intentado aprovecharse de una crisis sanitaria sin precedentes no solo para demostrar su capacidad para superarla rápidamente, sino también para ampliar su influencia diplomática, mejorar su imagen y desafiar el estatus hegemónico de EE.UU.». Pero «la agresividad de Pekín y la incoherencia de su relato» ha hecho, en opinión de Cabestan, que la crisis del coronavirus «ponga de manifiesto lo mucho que el mundo depende de los productos médicos y farmacéuticos de China, llevando a EE.UU. y sus aliados, si no a desacoplarse completamente, a reducir dicha dependencia». Para este especialista, «más que mitigar la competencia económica y geoestratégica entre EE.UU. y China, esta crisis sanitaria planetaria ha intensificado la ?nueva Guerra Fría? entre ambas potencias. Al mismo tiempo que ha herido el prestigio de EE.UU., no ha demostrado la capacidad de liderazgo de China».
09-05-2020 | Fuente: marca.com
Avispa asiática asesina: la nueva amenaza que nos llega
  Leer
09-05-2020 | Fuente: abc.es
La provincia de Alto Adigio, al norte de Italia, se rebela abriendo los negocios
Hay muchas prisas en algunas regiones italianas por una apertura total de las actividades. La que más ha pisado el acelerador ha sido la provincia autónoma de Alto Adigio/ Bolzano-Tirol del Sur, en el norte de Italia, en la frontera con Suiza y Austria, con 531.000 habitantes, que ha abierto ya los negocios este viernes. Se adelantó así al grito de muchas regiones: hay que reabrir todo, ya. De esta forma presionan al gobierno para anticipar el reinicio de numerosas actividades a partir del próximo lunes. Pero la inmediata apertura de negocios, no se negocia, responde el Ejecutivo. La discusión entre el gobierno y las regiones es diaria, y la confusión es también cotidiana. El último ejemplo lo ha dado la citada provincia de autónoma de la región Trentino - Alto Adigio/ Tirol del Sur, que tiene un estatuto especial de autonomía. «Después de que Roma no escuchó durante semanas nuestra solicitud para una diferenciación regional de las medidas por el coronavirus, decidimos emprender nuestro camino legislativo marcado por la aplicación de la autonomía», explicó el presidente Arno Kompatscher, tras aprobar en el consejo provincial una ley con 28 votos favorables, 4 abstenciones y un solo voto contrario. Alto Adigio ha permitido desde este viernes la apertura de todas las tiendas al por menor, las actividades productivas, industriales y comerciales. El lunes, además de los museos, las peluquerías y centros de estética abrirán bares y restaurantes. A partir del 18 de mayo se dará otro paso significativo con la apertura de guarderías y escuelas de educación primaria. Finalmente, el 25 de mayo, se reabrirán todos los alojamientos en el territorio provincial y los teleféricos. Riesgo para la salud El Gobierno de Giuseppe Conte ha tenido que intervenir para impugnar la ley de la provincia de Alto Adigio. «Unos pocos días de espera no pueden justificar un riesgo para la salud pública, todos queremos reiniciar la actividad, con seguridad, pero sirve prudencia y analizar los últimos datos del ministerio de Sanidad», manifestó el ministro para Asuntos Regionales, Francesco Boccia. Solo entonces, a partir del 18, llegarán las reaperturas anticipadas de bares, restaurantes y centros de estética. Pero hay más que regiones que quieren abrir de inmediato como Friuli Venezia Giulia, Génova y Véneto. Con el inicio el lunes pasado de la fase 2 se buscan artimañas para sortear las prohibiciones. Por ejemplo, se permitió la apertura de los bares a partir del 4, con la condición de no tomar nada en el interior y llevar los alimentos a casa. Pero los italianos acuden a los bares para degustar un café expreso y se lo toman, aunque sea en un vaso de plástico, a la puerta del bar. Mientras, en Milán ha vuelto incluso la «movida». Los jóvenes, muchos sin mascarilla, acuden en masa a los bares del barrio de los canales, los Navigli. El alcalde Beppe Sala, indignado, ha amenazado con un ultimátum: «Son imágenes vergonzosas, o se cambia hoy mismo, o cierro». Le da la razón el profesor Massimo Galli, jefe del departamento de enfermedades infecciosas del hospital Sacco de la capital lombarda: «Milán es una bomba, demasiados infectados ya al salir de casa».
08-05-2020 | Fuente: as.com
Corea del Sur emplea aplicaciones y escáneres térmicos para evitar rebrotes
El país asiático ha dejado atrás las estrictas medidas de distanciamiento social que había implantado y ya se encuentra inmerso en la etapa poscoronavirus.
08-05-2020 | Fuente: abc.es
Reino Unido podría extender el confinamiento hasta junio y el plan de desescalada, hasta octubre
Boris Johnson ha sido claro con sus ministros: procederá con «máxima precaución», con solo cambios «modestos e incrementales» durante este mes, a las restricciones impuestas a la población para hacer frente a la pandemia de coronavirus, que podrían extenderse como mínimo hasta junio. Así lo ha revelado el periódico «The Times», citando a una fuente del gobierno que aclaró que en las próximas fases del desconfinamiento, que serán comunicadas a la ciudadanía por el primer ministro el próximo domingo, se tomarán solo «pequeños pasos» y únicamente cuando esté claro que es seguro hacerlo. Y aunque según las autoridades, el pico del brote ya ha pasado y la curva de contagios y fallecidos van en descenso, el equipo científico que asesora al Ejecutivo advirtió que una apertura significativa del bloqueo en el que se encuentra la nación sería «muy peligroso» y llamó la atención sobre los contagios que aún se mantienen altos en las residencias. Y es que los casos diarios podrían ser muy superiores a los 5.000 oficiales que reportan las autoridades, y estar más cerca de los 20.000, con casi medio millón de infectados en total desde el inicio del brote, según datos preliminares de la Oficina Nacional de Estadística. El Gobierno de Johnson había establecido cinco requisitos necesarios para suavizar el confinamiento, y uno de los más importantes es que el conocido como «factor R», la tasa de contagios provocados por una persona afectada, se mantenga por debajo de 1. El ministro de Exteriores, Dominic Raab, dijo ayer que la tasa actual entre la población en general es de entre 0.5 y 0.9, pero en las residencias de ancianos podría estar por encima de 1, lo que sindica que los contagios están aún creciendo de forma exponencial. Johnson está en una encrucijada, entre evitar una segunda oleada que ponga en riesgo a la población y al sistema nacional de salud, entre reactivar la economía después de que el Banco de Inglaterra advirtiera sobre la grave recesión en la que se traducirá el bloqueo y las presiones de algunos sectores económicos que quieren abrir ya y en un momento en que el virus se ha cobrado la vida de más de 30.000 personas en la nación. A esto se suma su propia experiencia con la enfermedad, que lo hizo pensar, en sus propias palabras, en su propia muerte, y la dificultad de gestionar a cuatro países con gobiernos y visiones distintas. La ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, ha manifestado por ejemplo su intención de desvincularse de las decisiones de Johnson si levanta demasiado rápido el bloqueo y es partidaria de seguir transmitiendo el mensaje de que la gente debe quedarse en su casa. El tabloide «The Mirror» ha desvelado además que aunque el confinamiento tal cual está ahora, aunque con pequeños cambios, podría mantenerse hasta junio, la desescalada sería gradual al menos hasta octubre, cuando, sin embargo, estaría sobre la mesa la posibilidad de otro encierro ante el riesgo de que una nueva ola de coronavirus se mezcle con el inicio de la temporada de la gripe estacional.
08-05-2020 | Fuente: elpais.com
Fantasía española
?Babelia? propone a los fotógrafos que escojan una imagen de la que guardan un recuerdo especial. Inaugura esta nueva serie Alberto García-Alix con una foto tomada en el Prado
07-05-2020 | Fuente: as.com
Akram Afif, graduado de Aspire, ejemplo del jugador exitoso para la federación asiática
El jugador de Al-Sadd fue premiado junto a Wu Lee (Espanyol), Son (Tottenham), Azmon (Zenit), Omar Khreibin (Helal Saudita cedido al Pirámides) y Samantha Kerr (Chelsea).
07-05-2020 | Fuente: as.com
El United 'pesca' en la Masia: ficha al cadete Marc Jurado
Según Sport, el jugador del Cadete A no renovará con el Barcelona y se incorporará al equipo inglés. Los azulgrana recibirán 1,5 millones de euros en derechos de formación.
07-05-2020 | Fuente: abc.es
Reino Unido se prepara para una desescalada por fases y con más tiempo al aire libre
Boris Johnson adelantó ayer durante la sesión de preguntas y respuestas al primer ministro en el Parlamento que el domingo enviará un mensaje a la nación en el que explicará como se producirá el desconfinamiento, vigente desde el pasado 23 de marzo. Medios locales han adelantado algunas de las supuestas medidas que serán suavizadas y las recomendaciones que tendrá que seguir la población para las siguientes fases. El «premier» incluso aseguró que algunas de las nuevas medidas podrían empezar a funcionar tan pronto como el lunes. Entre ellas, se cree que el Gobierno autorizará más tiempo de salidas al aire libre, así como la creación de las llamadas «burbujas», una práctica que se utilizó en países como Nueva Zelanda, y que consiste en reuniones en espacios abiertos de un máximo de dos grupos familiares que, eso sí, no deben mezclarse con otros durante esta fase. «El mensaje cambiará de quedarse en casa, a t ener cuidado cuando estás fuera», dice el diario The Telegraph citando a un ministro del Ejecutivo, con más libertad para salir de casa pero siguiendo las recomendaciones vigentes sobre el distanciamiento social. Lo mismo aplica para los trabajos. Mientras que la recomendación general será que quienes puedan continúen con el teletrabajo, se instará a las empresas a promover la distancia de seguridad en sus instalaciones, a que el personal utilice las escaleras en lugar de los ascensores y a tener disponible gel desinfectante en las instalaciones. Es posible que también se propongan horarios de entrada y salida por grupos y que se fomente el uso de la bicicleta en lugar del transporte público, que también tendrá que proveer gel de manos. Se cree que las medidas se irán escalonando de forma gradual para que sus efectos puedan ser monitoreados por el equipo científico. Dudas sobre las clases Una de las dudas más importantes es si los colegios abrirán. Algunos ayuntamientos y colegios han informado a las familias de que es posible que las clases empiecen de nuevo en la primera semana de junio, pero el ministro de Salud, Matt Hancock, dijo esta semana que aún es «demasiado pronto» para esto y que «no haría promesas» de que los menores regresarán a las aulas antes de septiembre. En todo caso, según una encuesta de Mumsnet, más de la mitad de las familias prefieren que sus hijos se queden en casa aunque los colegios abran. Según otra encuesta, también la mitad de los usuarios de transporte público aseguran que prefieren que sea obligatorio el uso de mascarillas. Además, durante esta fase, es probable que comercios permanezcan cerrados pero se permita la venta de comida para llevar, tal y como funcionaba la semana antes de que empezara el confinamiento. Las próximas acciones del Gobierno se basarán en la información preparada por el Grupo Asesor Científico para Emergencias (Sage), que había establecido varios puntos indispensables para suavizar el bloqueo. El más importante de ellos es que el conocido como «factor R», la tasa de contagios provocados por una persona afectada, se mantenga por debajo de 1 (actualmente en Reino Unido los expertos calculan que puede estar entre 0.6 y 0.7) para evitar un segundo pico de la infección, que se ha cobrado hasta el momento la vida de más de 30.000 personas.