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Noticias de asia

01-01-1970 | Fuente: abc.es
La policía de Malasia busca un dispositivo radiactivo extraviado
La Policía malasia busca un dispositivo industrial con material radiactivo extraviado a principios de mes que podría suponer un peligro de contaminación si es desmantelado de manera inadecuada, han informado este martes medios locales. El artefacto, de 23 kilogramos y utilizado para hacer radiografías industriales, desapareció el pasado día 10 cuando era trasladado en furgoneta hasta la ciudad de Shah Alam, a las afueras de Kuala Lumpur. Los oficiales han tomado declaración a las dos personas relacionadas con este suceso, aunque ninguno ha sido detenido, según informa la agencia Bernama. El inspector general de la Policía, Mohamad Fuzi, señaló el lunes en una rueda de prensa que el año pasado también se perdió otro aparato con material radiactivo y que continúa sin localizarse. Las autoridades temen que el dispositivo, cuya carga contiene el isótopo radiactivo del iridio-192 -comúnmente usado como fuente de rayos gamma en la radiografía industrial-, pueda ser contaminante al ser manipulado. Una fuente no identificada además ha declarado al diario local New Straits Times que el material podría llegar a ser ensamblado en un artefacto explosivo de fabricación casera.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Mao Tse-Tung: el «emperador rojo» de China
Mao Tse-Tung, el «Gran Timonel» que fundó la China comunista en 1949 y dirigió el país hasta su muerte en 1976, es uno de los personajes más relevantes del siglo XX y hasta un icono cultural. Pero sigue siendo un desconocido por el celo con que el régimen de Pekín protege su figura. El motivo es sencillo: aunque el país se abrió al capitalismo hace ya cuatro décadas, la legitimidad de su autoritario sistema político sigue descansando en la herencia que dejó el «padre» de la «nueva China», cuya gestión fue valorada como «positiva en un 70 % y negativa en un 30 %». Con esta solución de compromiso, el Partido Comunista salvaba la cara al «Gran Timonel» y se aseguraba su supervivencia tras causar dos de las mayores catástrofes de China: el «Gran Salto Adelante» (1958-1961) y la «Revolución Cultural» (1966-76), que costaron millones de vidas. Biografías oficiales aparte, libros como «La vida privada de Mao», escrito por su médico personal Li Zhishui, o «Mao: la historia desconocida», de Jung Chang y Jon Halliday, lo retratan como un ególatra cruel y sádico. 1976: el «Gran timonel» falleció el 9 de septiembre de este año y ABC llevó al día siguiente a su portada algunas de las imágenes que marcaron la vida del dictador chinoNacido el 26 de diciembre de 1893 en el seno de una familia campesina de Shaoshan, en la provincia de Hunan, Mao participó siendo adolescente en el movimiento revolucionario que, liderado por el doctor Sun Yat-sen, derrocó la dinastía Qing e instauró la Primera República en China en 1911. Desde la Primera Guerra del Opio en 1840, el gigante asiático sufría la ocupación de las potencias coloniales, que expoliaban el dividido país y conquistaban ciudades como Hong Kong y Macao o barrios enteros como la Concesión Francesa de Shanghái. Tras acabar sus estudios y convertirse en profesor de escuela, Mao abrazó el marxismo mientras trabajaba en la Biblioteca de la Universidad de Pekín, por lo que fue uno de los fundadores del Partido Comunista de China en 1921 en Shanghái. Pero su verdadero ascenso al poder no llegó hasta que, después de más de una década dirigiendo las «guerrillas» rurales de las provincias de Hunan y Jiangxi, encabezó la «Larga Marcha» (1934), que solo terminaron 10.000 de los 80.000 hombres que la habían empezado. A pesar de la brutalidad de dicho sacrificio, la «Larga Marcha» cimentó el prestigio militar de Mao y difundió el comunismo por todo el país. Fundó la República Popular China el 1 de octubre de 1949 en la plaza de Tiananmen. Aunque Mao luchó contra el pasado feudal de China, acabó viviendo como un nuevo «emperador rojo», purgando a sus colaboradores y muriendo en el palacio de Zhongnanhai. Tras su muerte, China se abrió al capitalismo y ha vivido la mayor transformación de su historia. Galería de imágenes Vea la galería completa (10 imágenes)
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Ronald Reagan: el líder que ganó la Guerra Fría
Si Abraham Lincoln fue el presidente que salvó a Estados Unidos de romperse en dos en el siglo XIX, Ronald Reagan fue el gran vencedor de la Guerra Fría, el héroe que enterró a la URSS y el Pacto de Varsovia. La llamada Doctrina Reagan, la estrategia de apoyo a la lucha contra regímenes prosoviéticos en Latinoamérica, África y Asia, acompañada de un poderoso arsenal impulsado por el programa conocido como Guerra de las Galaxias, minaron el poderío geoestratégico del bloque comunista. El envíó de marines a Líbano, la invasión de la isla de Granada y su enfrentamiento con el mandatario libio Muamar el Gadafi jalonaron su política exterior. Mientras, entabló relaciones con el líder soviético Mijaíl Gorbachov, al que desafió a derribar el Muro de Berlín. Esa barrera acabó sucumbiendo en 1989, como la propia URSS y su esfera de influencia. El capitalismo había ganado. Galería de imágenes Vea la galería completa (10 imágenes) 1980: la tierna felicitación de Nancy Reagan a su marido ilustraba el 6 de noviembre de 1980 el cambio de época en la Casa Blanca, como publicó ABC. Tras la presidencia de Jimmy Carter, el antiguo actor abría una nueva era conservadora.Reagan ha pasado a la historia como la quintaesencia del conservadurismo en Estados Unidos y es una referencia para los republicanos clásicos frente a la deriva populista de Donald Trump. Su discurso inaugural el 20 de enero de 1981 resume una filosofía política basada en el adelgazamiento de la Administración federal. Hablando de la crisis económica, proclamó que «el gobierno no es la solución a nuestro problema; el gobierno es el problema». Antes de llegar a la Casa Blanca, Ronald Reagan había tenido una prolífica carrera como actor en Hollywood, donde conoció a sus dos esposas, Jane Wyman y Nancy Davis. Aunque inicialmente alineado con los democrátas, fue virando hacia el republicanismo. Entró en la escena política como gobernador de California y, tras un par de intentos por alzarse con la candidatura republicana a la presidencia, finalmente lo logró para la elección de 1980, en la que derrotó a Jimmy Carter. Su trayectoria pudo quedar truncada antes de tiempo. El 30 de marzo de 1981 un joven desequilibrado, John Warnock Hinkley, le disparó a la salida del hotel Washington Hilton, donde acababa de dar una conferencia. Fue herido en un pulmón, pero sobrevivió. Su gestión quedó ensombrecida en su segundo mandato por el escándalo Irán-Contra, una oscura operación de venta de armas al régimen de Teherán para financiar a la guerrilla nicaragüense, al tiempo que buscaba liberar estadounidenses secuestrados por proiraníes en Líbano. Tan solo un lunar para quienes hoy reivindican su legado como uno de los grandes presidentes de la historia de Estados Unidos. Galería de imágenes Vea la galería completa (10 imágenes)
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Austria niega asilo político a un refugiado iraquí por sus maneras «demasiado de chica»
Las autoridades austríacas han rechazado la solicitud de asilo de un refugiado iraquí por considerar que sus maneras son «demasiado de chica» y «no auténticas», ha informado la agencia austríaca APA. El caso se da a conocer poco después de desatarse un escándalo por otra negativa oficial a conceder asilo a un refugiado homosexual en base a una estimación de su apariencia y forma de actuar claramente determinada por estereotipos. Los funcionarios de la Oficina Federal de Extranjería y Asilo de Austria (BFA) que interrogaron a Firas, de 27 años, consideraron que el demandante de asilo tenía un «comportamiento de niña excesivo», según el documento al que tuvo acceso el diario vienés Kurier. Por eso, los agentes concluyeron que su homosexualidad «no es auténtica» ni «creíble». Según el rotativo, Firas huyó en 2015 de Irak y solicitó asilo en Austria. Dice ser homosexual desde los 16 años y recuerda que ese hecho, que tuvo que esconder incluso de su familia, es un motivo por el que puede ser asesinado en su país. Si para algunos funcionarios ser «demasiado» afeminado es prueba de que el refugiado miente, y razón suficiente para rechazar su solicitud, otros hacen lo mismo si la apariencia de la persona les resulta demasiado masculina. «La manera de caminar de usted, su actitud y su forma de vestir no dejan entrever en absoluto que usted pueda ser homosexual. Al no serlo, usted no tiene nada que temer si regresa a Afganistán», argumentó un agente austríaco en un documento a un joven afgano. No es el primer caso Hace pocos días, las detalladas descripciones del aspecto «no suficientemente gay» del afgano de 18 años que llegó solo a Austria cuando era menor de edad, causaron sorpresa y titulares irónicos tanto en la prensa austríaca como en la alemana. Entre los «indicios» aducidos estaban que el joven había tenido peleas con otros chicos, es decir, que «tiene un potencial de agresión que no cabe esperar en un homosexual». El funcionario responsable de la decisión contra el afgano fue cesado en el cargo. En ambos casos las respectivas decisiones no son firmes. El joven afgano ha recurrido la sentencia y el iraquí hará lo mismo, según el Kurier. «¿Cuán gay debería uno comportarse como solicitante de asilo homosexual en el interrogatorio con los funcionarios de la BFA? ¿Cómo te vistes, qué postura y qué modo de andar se adapta a un homosexual?»
01-01-1970 | Fuente: abc.es
«La Policía nos da fotos de los yonquis a eliminar»
Con el mentón apretado, la mirada gélida y el pelo a cepillo estilo militar, la primera impresión que da es justo de lo que es: un asesino. Como oculta su identidad por obvios motivos «profesionales», le bautizaremos con el nombre de la gorra de béisbol que cubre su cabeza: «Raider». La combina con una camiseta de baloncesto sin tirantes que revela sus trabajados músculos y sus aspiraciones en la vida. «Quería ser soldado, pero he acabado como guardia jurado», se presenta este joven del arrabal de chabolas de Aroma, junto al puerto de Manila, que guarda un inconfesable secreto además de su identidad. Desde al año pasado, «Raider» forma parte de los «escuadrones de la muerte» que, a base de tiros, limpian Filipinas de yonquis y camellos dentro de la guerra contra la droga ordenada por su presidente, Rodrigo Duterte, tras ganar las elecciones en 2016. A sus 29 años, pertenece a la asociación Confederate Sentinel Group (Grupo Confederado de Centinelas o CSG, en sus siglas en inglés). Fundada tras la victoria de Duterte, tiene en teoría como misión ayudar a los más necesitados pero, según «Raider», se dedica a labores nada humanitarias. «A los tres meses, el comandante del grupo me dijo que era un pistolero al servicio de la Policía» «Me apunté para contribuir en tareas sociales porque nuestro ?barangay? (barrio) está destrozado por las drogas, cuyas bandas lo controlan todo y atemorizan a la gente. Pero, a los tres meses, el comandante del grupo me dijo que era un pistolero al servicio de la Policía», explica en el reservado de un karaoke, lejos de su zona, para hablar con tranquilidad. Aunque al principio se sorprendió y se mostró reacio a colaborar, acabó formando parte de las ejecuciones extrajudiciales porque, según cuenta, «creo en la causa de erradicar el ?shabú?, que dejó mal de la cabeza a uno de mis primos». En tagalo, así se denomina a una potente metanfetamina que se calcula tiene enganchados a cuatro millones de filipinos. Conocida como la «cocaína de la pobres» porque una placa cuesta 500 pesos (8 euros), se fuma al quemarla sobre papel de aluminio durante unos 20 minutos. Muy popular entre los jóvenes, el «shabú» hace estragos en los suburbios que han proliferado en Metro Manila, la infernal área urbana que engloba a la capital y otras 15 ciudades y donde viven más de 13 millones de personas entre rascacielos y chabolas. Unos niños juegan sobre montañas de basura en el arrabal de chabolas de Smokey Mountain, en Manila - P. M. DÍEZ Quince «operaciones» Desde que su jefe le asignó su primera misión, «Raider» ha participado en quince «operaciones», el eufemismo con el que llama a los asesinatos de esta guerra sucia contra la droga. En su grupo hay treinta sicarios, entre los que hay desde muchachos de apenas 20 años hasta duros hombretones que pasan la cincuentena. «Nos reunimos en una de nuestras sedes que está próxima a una comisaría, de donde vienen cuatro policías uniformados que nos dan fotos de los camellos y yonquis a eliminar», revela «Raider». Sus objetivos son delincuentes a los que el Gobierno ha puesto precio a sus cabezas, como los narcotraficantes «Toyo»y «Joshua». Sus recompensas eran, respectivamente, de 500.000 y 300.000 pesos (8.064 y 4.838 euros) porque la Policía no podía entrar en sus barrios para atraparlos, ya que siempre los avisaba alguien y lograban escabullirse entre las chabolas con la ayuda (voluntaria o no) de los vecinos. «Mi primera operación fue contra ?C Toy?, lugarteniente de ?Toyo? Mendoza, el verano pasado. Como era un tipo peligroso que incluso llevaba una granada de mano para protegerse, lo vigilamos y lo localizamos en un ?pagpagan? comiendo», cuenta refiriéndose a los puestos donde se sirven las sobras que los restaurantes tiran a la basura. En un nauseabundo reciclaje que revuelve las tripas, dichos restos de comida son lavados y fritos de nuevo para que los más pobres entre los pobres puedan echarse algo al estómago por unos pocos pesos. «Pidió por su vida, pero el jefe le metió tres balas en la cabeza y una en el ojo», rememora «Raider» «Pidió por su vida, pero el jefe le metió tres balas en la cabeza y una en el ojo», rememora «Raider» con frialdad el asesinato de «C Toy». ¿Cómo se siente uno al quitarle la vida a un hombre? «Me dio pena, pero comprendí que teníamos que matarlo y que habíamos hecho lo correcto porque, si lo hubiéramos dejado libre, habría vuelto a dañar a la gente con las drogas», responde sin revelar emoción en su voz. Armado con su revólver del calibre 45 , «Raider» tenía cada semana una «cuota de dos o tres objetivos porque el jefe nos presionaba». Con ciertos remordimientos, que intenta ocultar bajo su dura apariencia, reconoce que «hemos hecho cosas horribles, como matar al hijo de 21 años de un camello para obligarlo a salir de su escondite, o tirar al mar en un saco de arroz a un pervertido de 15 porque manoseaba a las chicas». Pero insiste en que no cobra por las ejecuciones ni percibe ningún salario de la CSG. «Aunque pensaba que nos iban a dar algo de dinero, las recompensas se las reparten el jefe del grupo y la Policía. A nosotros solo nos invitan a comer y a beber y nos dan algún regalo», señala contrariado. Corrupción rampante Su decepción con las ejecuciones de los «vigilantes», como los llaman aquí en Filipinas, no viene por motivos económicos, sino morales. «He visto al comandante de nuestro grupo ir a un puesto de venta de droga para recoger su soborno y la Policía ha ignorado a veces mis avisos porque también están pringados», denuncia «Raider», frustrado con la corrupción reinante. «En lugar de perseguir a los traficantes, algunos compañeros se han cambiado de bando y ahora les ayudan», asegura antes de resumir la situación desengañado: «Si los narcos tienen dinero, pagan por su protección. Solo nos cargamos a los pobres». Desde que Duterte declaró la guerra a las drogas nada más ser investido presidente, hace dos años, la Policía reconoce haber matado a más de 4.400 sospechosos que, según la versión oficial, se resistieron a ser detenidos. Además, han sido arrestadas 152.000 personas en 105.000 redadas, en las que la Policía se ha incautado de 2.757 kilos de «shabú» que en la calle habrían alcanzado los 14.790 millones de pesos (238 millones de euros). Para la magnitud y duración de las operaciones policiales, se trata de unas cifras no demasiado altas que revelan cuál ha sido su objetivo: los camellos de poca monta y no los grandes narcotraficantes. Otro dato oficial que llama la atención son los 23.500 homicidios sin resolver de los dos últimos años, de los que la Policía calcula que el 11,34% (casi 2.700) están relacionados con las drogas. Aunque algunos grupos de derechos humanos creen que estas cifras podrían ser mayores, ahí se encuadrarían las ejecuciones extrajudiciales de los «escuadrones de la muerte». Muy crítico con Duterte, a quien califica de «inútil por el que ha muerto mucha gente», «Raider» dice llevar desde enero sin intervenir en ninguna «operación». Dándole largas a sus compañeros, ahora «trabaja» como «informante» de la Policía para resolver el asesinato del hermano de su novia, que acaba de descubrir su oscuro pasado. En el punto de mira Además de liquidar directamente a dos personas en las ejecuciones extrajudiciales de su grupo, mató a un atracador que intentó robarle Además de liquidar directamente a dos personas en las ejecuciones extrajudiciales de su grupo, mató a un atracador que intentó robarle cuando tenía 23 años y trabajaba con su primo en un «jeepney», los peculiares coche-autobuses que colapsan las congestionadas carreteras de Filipinas. Por eso, y porque sabe que la Policía no haría nada, no puede denunciar públicamente esta «guerra sucia» contra la droga. Temiendo que sus antiguos compañeros le pongan en el punto de mira al pensar que los ha traicionado, le gustaría marcharse de Manila y empezar una nueva vida. Pero no puede hacerlo. Como está esperando la renovación de su licencia de guardia de seguridad, tiene que seguir colaborando con la Policía y hacer lo que le digan. Aunque sea matar a otro yonqui.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Filipinas olvida el «No matarás»
En la católica, apostólica y romana Filipinas, donde la fe se vive con tanta devoción que los villancicos empiezan a sonar en septiembre, parecen haberse olvidado del quinto mandamiento: No matarás. Desde hace dos años, cuando el presidente Rodrigo Duterte ganó las elecciones con la promesa de acabar con la delincuencia, el país está sumido en una sangrienta guerra contra la droga que oficialmente ha dejado más de 4.400 muertos. En realidad son muchos más porque ha habido 23.500 crímenes no resueltos, entre los que figuran los cometidos por «escuadrones de la muerte» al servicio de las autoridades, como revelaba ayer en estas mismas páginas uno de sus sicarios. Aunque el Gobierno de Gloria Macapagal Arroyo abolió en 2006 la pena capital, en buena parte por la presión de España para que no fuera ejecutado el preso hispano-filipino Paco Larrañaga, la Policía la aplica en la práctica sin pasar siquiera por los tribunales. Una salvajada ante la que la sociedad filipina no solo no protesta, sino que apoya con la esperanza de que sirva para combatir la criminalidad que sufre el país, la más alta de Asia. «No es solo una cuestión de vida, sino una burla al imperio de la ley», critica el padre Flavie Villanueva, quien ayuda a los drogadictos en el Centro Arnold Jansen Kalinga Als de Manila. Cada día, por aquí pasan decenas de toxicómanos y mendigos para comer y asearse antes de volver a la calle, donde a muchos les espera una muerte segura por la cruenta campaña contra las drogas. En los dos últimos meses, el padre Villanueva ha perdido a tres de sus feligreses, abatidos por la Policía o asesinados por «escuadrones de la muerte». «A Roberto Manaligán, que se había inscrito en el registro de drogadictos para desintoxicarse y lo único que podía ?meterse? ocasionalmente era disolvente, lo secuestraron el 19 de julio y su cuerpo fue hallado el 1 de agosto, torturado», cuenta el sacerdote tras darle la bendición al cadáver. Días antes, a Fátima «Mayumi» Milagros, de 39 años, le pegaron tres tiros en la cabeza. «Vendía basura para el reciclaje, pero ese día solo se había sacado para darle a sus seis hijos y su marido unas patas de gallina», detalla el padre Villanueva, quien la define como «consumidora esporádica» y cree que su muerte fue «por un error de identificación o para cumplir la cuota». Por último, a un chico llamado Alex, que conducía un motocarro y no tomaba drogas, «la Policía le pegó seis tiros». Horror sistemático Con más de 50 muertes similares en los dos últimos años, el sacerdote asegura que «hasta ahora no se había llegado a este nivel de horror sistemático y de competencia para cobrar las recompensas» que ofrece el Gobierno, que oscilan entre 5.000 y 25.000 pesos (entre 80 y 400 euros) dependiendo de la importancia del objetivo. «¿Cómo puede ocurrir algo así y estar callado, sobre todo siendo católico?», se pregunta enojado. «Duterte ha sido muy listo creando un clima de miedo con las drogas. Además, se está adoctrinando a la gente propugnando que es por el bien del país. Pero lo cierto es que se está matando a muchas personas sin interrogarlas ni juzgarlas. Es una tragedia que una sociedad católica haya perdido su sensibilidad hasta el punto de no importarle estos crímenes», analiza con lucidez. Adicto él mismo desde los quince años y ya rehabilitado, el padre Villanueva se ha erigido en una de las voces más críticas con Duterte, ya que conoce de primera mano los problemas que sufren los toxicómanos. Por si no tuvieran bastante con su enfermedad, ahora están amenazados de muerte. Conciencia adormecida Para ayudar a las familias de las víctimas de la «guerra sucia» contra la droga, el padre Villanueva organiza unos cursos de teatro en los que se plasman sus traumas y le dan visibilidad. Pero el sacerdote no es el único que intenta remover las conciencias en la adormecida sociedad filipina, a la que no le importa en absoluto la desaparición de unos cuantos camellos y yonquis. La senadora Risa Hontiveros lidera una propuesta para instaurar el 16 de agosto como día nacional para las víctimas inocentes que ha dejado la guerra contra la droga de Duterte. «No permitiremos que nuestros compatriotas caigan en una profunda amnesia», clamaba la semana pasada la senadora en un homenaje a Kian de los Santos, abatido con solo 17 años por la Policía. Su muerte desató el año pasado un gran escándalo al descubrirse gracias a unas cámaras de seguridad que los agentes no le habían disparado en defensa propia, como sostenían. Mientras Kian les suplicaba por su vida diciéndoles que tenía un examen al día siguiente, se lo llevaron indefenso a un callejón, donde le pegaron un tiro. Para honrar su memoria, se colocó una placa en la catedral de Caloocan, donde el obispo emérito, Deograzias Yniguez, lanzó un duro ataque contra Duterte. A pesar de la enorme influencia de la Iglesia católica en Filipinas, la mayoría de la sociedad sigue apoyando la «guerra sucia» contra la droga. Hasta las madres de algunas víctimas, como Rosita Opiasa, siguen perteneciendo a grupos leales a Duterte, como la Unión de Guardianes de Makabangsan, pese a que su hijo, Jason Ribera, fue asesinado el año pasado por unos pistoleros. Y es que Filipinas tiene una memoria tan frágil que incluso ha olvidado el No matarás.