Infortelecom

Noticias de asia

01-01-1970 | Fuente: abc.es
Obama asegura que habría ganado a Trump en las últimas elecciones
El presidente saliente de Estados Unidos, Barack Obama, cuyo mandato expirará el próximo 20 de enero, se ha mostrado seguro de que habría podido ganar las últimas elecciones al candidato republicano, Donald Trump, que derrotó a la aspirante demócrata, Hillary Clinton. Obama ha concedido una entrevista a su antiguo asesor David Axelrod, producida por la Universidad de Chicago y CNN, en la que afirma que, de haberse podido presentar a los comicios del pasado 8 de noviembre, habría ganado porque su visión sobre la necesidad de un cambio progresivo en la política estadounidense aún cuenta con el apoyo de la mayoría. «Creo que, si me hubiera podido presentar de nuevo, habría movilizado a la mayoría del pueblo estadounidense», ha sostenido. «Lo sé por las conversaciones que he tenido con gente de todo el país, incluso con algunos que no estaban de acuerdo conmigo y que me han dicho: 'el rumbo que has fijado es el correcto'», ha explicado. Fallos de la campaña demócrata Obama ha atribuido la victoria de Trump, no a los méritos del magnate neoyorquino ?«algunos sugerían que era una fantasía» que llegara a la Casa Blanca?, sino a los fallos de la campaña demócrata y a los ataques a Clinton. El todavía líder norteamericano ha criticado que el discurso demócrata dejara fuera a «importantes segmentos» de la población estadounidense, especialmente a los que más han sufrido con la crisis económica y todavía no notan la recuperación. «No hemos comunicado bien que nos preocupamos por esas comunidades, que realmente estamos sufriendo por esas comunidades», y que no nos hemos limitado a presentar «un gran paquete de políticas progresistas al consejo editorial del 'New York Times'», ha reprochado. «Hillary Clinton lo hizo maravillosamente en unas circunstancias realmente difíciles»Barack Obama Sobre Clinton, ha destacado que «lo hizo maravillosamente en unas circunstancias realmente difíciles», aludiendo una vez más a las investigaciones en su contra por el uso del correo electrónico privado para asuntos oficiales del Departamento de Estado. Interrogado sobre su futuro, ha revelado que seguirá viviendo en Washington hasta que su hija pequeña acabe el instituto. Además, planea escribir un libro sobre sus ocho años en la Casa Blanca y participar en la formación de jóvenes líderes demócratas. Obama ha aclarado que permanecerá callado sobre las políticas del Gobierno Trump, salvo que se trate de «cuestiones fundamentales sobre la democracia». «Sigo siendo un ciudadano y eso conlleva derechos y obligaciones», ha remachado.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Abe honra en Pearl Harbor a las víctimas pero no pedirá perdón
El primer ministro de Japón, Shinzo Abe, y su homólogo estadounidense, Barack Obama, buscan cerrar el círculo de la reconciliación tras un trágico pasado militar. El mandatario nipón protagonizará una ceremonia pública en el Memorial USS Arizona, en la bahía de Pearl Harbor (Hawai), el escenario de un ataque sorpresa el 7 de diciembre de 1941 que propició la entrada de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial. El acto se produce meses después de la histórica visita de Obama a Hiroshima, la ciudad sobre la que la aviación de EE.UU. lanzó la primera bomba nuclear el 6 de agosto de 1945 -Nagasaki sufrió la segunda, tres días después-, en un ataque destructivo que causó decenas de miles de muertos y finiquitó la guerra entre ambos países. Obama no pidió perdón a las víctimas ni al Gobierno japonés en esa ocasión. En el relato oficial de la Segunda Guerra Mundial, el ataque nuclear evitó una invasión mucho más dolorosa para ambas partes. Tampoco se espera que lo haga Abe, que, como el presidente estadounidense, homenajeará a las víctimas y reflexionará sobre los efectos negativos de la tragedia para ambas partes. Según el Gobierno japonés, la visita servirá para «sellar definitivamente la reconciliación histórica» en lo que respecta a la Segunda Guerra Mundial. Abe no es el primer ministro nipón que visita Pearl Harbor. Lo hizo en 1951 Shigeru Yoshida en el viaje de regreso hacia Japón después de acudir a San Francisco a firmar un tratado de normalización de relaciones con EE.UU. También lo hicieron Ichiro Hatoyama, en 1956, y Nobusuke Kishii (abuelo materno del propio Abe), en 1957. Pero fueron visitas de perfil bajo, al contrario que la de Abe, sobre todo por la ceremonia conjunta con el presidente de EE.UU. Ayer, el mandatario japonés hizo una ofrenda floral en el Cementerio Nacional del Pacífico -allí también puso su abuelo una corona hace casi seis décadas- y otro homenaje en un memorial al que se considera el primer piloto kamikaze de la Segunda Guerra Mundial. Hoy visitará junto con Obama el Memorial USS Arizona, en el lugar donde sigue sumergido el acorazado del mismo nombre, donde más estadounidenses perdieron la vida en el ataque a Pearl Harbor. De los 2.403 estadounidenses que fallecieron, 1.102 lo hicieron a bordo de ese buque. Obama y Abe pronunciarán discursos tras la visita. También habrá presencia de veteranos de guerra estadounidenses, un colectivo que ha visto con buenos ojos la visita de Abe. «Es un viaje sanador, que demuestra la fortaleza y la importancia de la alianza entre EE.UU. y Japón», dijo Joseph Chennely, director ejecutivo de Amvets, la asociación de veteranos. Para Obama, será su último encuentro con un mandatario extranjero antes de dejar la Casa Blanca, y una muesca más en su ansia por completar su presidencia con momentos históricos. Abe se modera En el caso de Abe, la visita se enmarca dentro de una evolución hacia un tono más conciliador y constructivo en su política internacional, distinto del comienzo de su mandato. El líder conservador, cercano a posiciones nacionalistas, tiene entre sus objetivos la reforma de la constitución pacifista de Japón, lo que permitiría a sus fuerzas armadas involucrarse en conflictos internacionales. En el pasado, ha confrontado episodios oscuros de la historia de Japón durante su expansionismo militar en la década de 1930, como el esclavismo sexual masivo de mujeres coreanas o la masacre de Nankín, en China. En 2013, despertó las críticas de China, Corea del Sur y EE.UU. por visitar el santuario de Yasukuni, que aloja a algunas criminales de guerra japoneses. Pero en los últimos meses, Abe ha pivotado hacia posiciones más reconciliadoras. El pasado diciembre acordó el pago a Corea del Sur de 9 millones de dólares para el establecimiento de una fundación para el apoyo a antiguas esclavas sexuales y firmó un acuerdo con el mismo país colaboración en inteligencia sobre Corea del Norte. La visita a Pearl Harbor es un paso más en esa dirección, y se produce en un momento de incertidumbre sobre las relaciones entre Japón y EE.UU. El próximo presidente estadounidense, Donald Trump, cuestionó durante la campaña el apoyo y financiación militar de EE.UU. a su gran aliado asiático, diciendo que Japón debería pagar más. Llegó a sugerir que Tokio debería desarrollar su propio arsenal nuclear y en la visita de Obama a Hiroshima pasó al ataque desde Twitter: «¿El presidente Obama va siquiera a hablar del ataque sorpresa a Pearl Harbor mientras está en Japón? Se perdieron miles de vidas estadounidenses». La importancia de las relaciones entre ambos países quedó patente a los pocos días de la victoria de Trump en las elecciones: Abe fue el primer jefe de Gobierno en visitar la Torre Trump y felicitarle por su victoria.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Para Trump, la ONU es un «club» donde hablar y «pasárselo bien»
El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, criticó hoy abiertamente a la ONU y dijo que la organización es un «club» de gente que se reúne para hablar y «pasárselo bien». El comentario de Trump, en un mensaje por la red Twitter, deriva de la decisión adoptada el viernes pasado por el Consejo de Seguridad para exigir a Israel el fin de sus asentamientos en territorios palestinos, que fue aprobado gracias a la abstención de Estados Unidos. «Naciones Unidas tiene un gran potencial, pero ahora es sólo un club de gente para reunirse, hablar y pasárselo bien. ¡Qué triste!», tuiteó hoy Trump. The United Nations has such great potential but right now it is just a club for people to get together, talk and have a good time. So sad!? Donald J. Trump (@realDonaldTrump) 26 de diciembre de 2016La crítica de Trump sigue a otro tuit difundido el viernes pasado, después de que fuera aprobada la resolución de la ONU, en el que advirtió que, a partir del 20 de enero, cuando llegue a la Casa Blanca, «las cosas (en la ONU) van a ser diferentes». El presidente electo había pedido que Estados Unidos vetara la resolución que fue aprobada en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre los asentamientos israelíes. La resolución fue aprobada por 14 votos a favor y la abstención de Estados Unidos, que no ejerció el derecho de veto que le confiere su calidad de país con asiento permanente el máximo órgano de decisiones de la ONU. El proyecto de resolución, que recibió fuertes críticas de Israel, fue llevado al consejo por Venezuela, Nueva Zelanda, Malasia y Senegal, después de que se echara para atrás Egipto, país que en un principio llevaba la iniciativa. Un día después de esa votación, Trump calificó la decisión como «una gran pérdida para Israel en la ONU» y consideró que «haría más difícil» negociar la paz entre israelíes y palestinos. El presidente electo, que ha afirmado una lealtad sin fisuras con Israel, ha prometido que trasladará la sede de la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv a Jerusalén, un movimiento al que se se venía oponiendo la Administración de Barack Obama. Trump ya ha designado como futuro embajador en Israel al abogado David Friedman, una figura próxima a la derecha israelí, que ha apoyado la expansión de las colonias israelíes en territorios palestinos y no cree conveniente la solución de dos Estados.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Abe honrará en Pearl Harbor a las víctimas pero no pedirá perdón
El primer ministro de Japón, Shinzo Abe, y su homólogo estadounidense, Barack Obama, buscan cerrar el círculo de la reconciliación tras un trágico pasado militar. El mandatario nipón protagonizará una ceremonia pública en el Memorial USS Arizona, en la bahía de Pearl Harbor (Hawai), el escenario de un ataque sorpresa el 7 de diciembre de 1941 que propició la entrada de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial. El acto se produce meses después de la histórica visita de Obama a Hiroshima, la ciudad sobre la que la aviación de EE.UU. lanzó la primera bomba nuclear el 6 de agosto de 1945 -Nagasaki sufrió la segunda, tres días después-, en un ataque destructivo que causó decenas de miles de muertos y finiquitó la guerra entre ambos países. Obama no pidió perdón a las víctimas ni al Gobierno japonés en esa ocasión. En el relato oficial de la Segunda Guerra Mundial, el ataque nuclear evitó una invasión mucho más dolorosa para ambas partes. Tampoco se espera que lo haga Abe, que, como el presidente estadounidense, homenajeará a las víctimas y reflexionará sobre los efectos negativos de la tragedia para ambas partes. Según el Gobierno japonés, la visita servirá para «sellar definitivamente la reconciliación histórica» en lo que respecta a la Segunda Guerra Mundial. Abe no es el primer ministro nipón que visita Pearl Harbor. Lo hizo en 1951 Shigeru Yoshida en el viaje de regreso hacia Japón después de acudir a San Francisco a firmar un tratado de normalización de relaciones con EE.UU. También lo hicieron Ichiro Hatoyama, en 1956, y Nobusuke Kishii (abuelo materno del propio Abe), en 1957. Pero fueron visitas de perfil bajo, al contrario que la de Abe, sobre todo por la ceremonia conjunta con el presidente de EE.UU. Ayer, el mandatario japonés hizo una ofrenda floral en el Cementerio Nacional del Pacífico -allí también puso su abuelo una corona hace casi seis décadas- y otro homenaje en un memorial al que se considera el primer piloto kamikaze de la Segunda Guerra Mundial. Hoy visitará junto con Obama el Memorial USS Arizona, en el lugar donde sigue sumergido el acorazado del mismo nombre, donde más estadounidenses perdieron la vida en el ataque a Pearl Harbor. De los 2.403 estadounidenses que fallecieron, 1.102 lo hicieron a bordo de ese buque. Obama y Abe pronunciarán discursos tras la visita. También habrá presencia de veteranos de guerra estadounidenses, un colectivo que ha visto con buenos ojos la visita de Abe. «Es un viaje sanador, que demuestra la fortaleza y la importancia de la alianza entre EE.UU. y Japón», dijo Joseph Chennely, director ejecutivo de Amvets, la asociación de veteranos. Para Obama, será su último encuentro con un mandatario extranjero antes de dejar la Casa Blanca, y una muesca más en su ansia por completar su presidencia con momentos históricos. Abe se modera En el caso de Abe, la visita se enmarca dentro de una evolución hacia un tono más conciliador y constructivo en su política internacional, distinto del comienzo de su mandato. El líder conservador, cercano a posiciones nacionalistas, tiene entre sus objetivos la reforma de la constitución pacifista de Japón, lo que permitiría a sus fuerzas armadas involucrarse en conflictos internacionales. En el pasado, ha confrontado episodios oscuros de la historia de Japón durante su expansionismo militar en la década de 1930, como el esclavismo sexual masivo de mujeres coreanas o la masacre de Nankín, en China. En 2013, despertó las críticas de China, Corea del Sur y EE.UU. por visitar el santuario de Yasukuni, que aloja a algunas criminales de guerra japoneses. Pero en los últimos meses, Abe ha pivotado hacia posiciones más reconciliadoras. El pasado diciembre acordó el pago a Corea del Sur de 9 millones de dólares para el establecimiento de una fundación para el apoyo a antiguas esclavas sexuales y firmó un acuerdo con el mismo país colaboración en inteligencia sobre Corea del Norte. La visita a Pearl Harbor es un paso más en esa dirección, y se produce en un momento de incertidumbre sobre las relaciones entre Japón y EE.UU. El próximo presidente estadounidense, Donald Trump, cuestionó durante la campaña el apoyo y financiación militar de EE.UU. a su gran aliado asiático, diciendo que Japón debería pagar más. Llegó a sugerir que Tokio debería desarrollar su propio arsenal nuclear y en la visita de Obama a Hiroshima pasó al ataque desde Twitter: «¿El presidente Obama va siquiera a hablar del ataque sorpresa a Pearl Harbor mientras está en Japón? Se perdieron miles de vidas estadounidenses». La importancia de las relaciones entre ambos países quedó patente a los pocos días de la victoria de Trump en las elecciones: Abe fue el primer jefe de Gobierno en visitar la Torre Trump y felicitarle por su victoria.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Corea del Sur despide al diplomático que acosó a una menor en Chile
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Corea del Sur ha decidido este martes despedir al diplomático que admitió haber acosado sexualmente a una menor en Chile después de que una cadena de televisión del país sudamericano destapara el caso. La decisión la ha tomado un comité disciplinario del Ministerio, según explicó un portavoz de la Cancillería a la agencia Yonhap. El hombre, del que solo se ha dado el apellido (Park), trabajó como agregado cultural para la embajada del país asiático en Chile, de donde retornó la semana pasada. Park ha admitido ante el Ministerio que realizó tocamientos impropios a la joven de 14 años el pasado septiembre en el transcurso de una clase de idioma coreano que le impartió. El caso saltó a la luz después de que un programa de televisión chileno filmara en secreto a Park tratando de besar y arrinconar a otra chica supuestamente menor de edad. El programa de cámara oculta le tendió una trampa usando como cebo a una mujer de 20 años que se hizo pasar por una menor, después de que los padres de la niña de 14 denunciaran al agregado cultural por acoso sexual. La Cancillería surcoreana ha prometido «revisar las medidas jurídicas a aplicar, incluido el enjuiciamiento penal» tras concluir su actual investigación.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Un tribunal de Indonesia ha dado luz verde este martes a continuar el controvertido proceso por blasfemia contra el gobernador de la capital de Indonesia, Yakarta, a quien se acusa de ultrajar al Corán. El panel de jueces ha rechazado las alegaciones de los abogados de Basuki Tjahaja Purnama, conocido como «Ahok» para anular el caso. «La excepción del acusado no es aceptada», aseveró el juez Abdul Rosyad. En los últimas semanas, el país asiático se ha visto salpicado de violentas protestas que exigen la dimisión de «Ahok», quien ha negado que su intención fuera insultar al Islam. Los manifestantes, que caminan bajo el liderazgo del grupo Frente de Defensores Islámicos (FPI), aseguran que el gobernador de Yakarta faltó al respeto al libro sagrado tras criticar a varios de sus oponentes, quienes se refirieron a un verso que advierte de la alianza con cristianos y judíos («Ahok» es de religión cristiana). «Señoras y señores, ustedes no tienen que votar por mí, porque les han mentido quienes utilizan el versículo 51 de la Surah al Maidah (del Corán)», aseguró el político en el polémico discurso, realizado el pasado 27 de septiembre. El FPI ya había intentado, sin éxito, impedir en 2014 la toma del poder de «Ahok» bajo la premisa de la incapacidad de un cristiano para representar a una ciudad de mayoría musulmana. Sin embargo, durante la apertura del juicio el pasado día 13, el gobernador negó los cargos. «Como persona que creció en los círculos islámicos, no es posible para mí insultar al Islam», aseguro «Ahok», quien de ser declarado culpable se enfrenta a una pena de cinco años de cárcel. En este sentido, organizaciones pro derechos humanos han pedido el fin de la investigación por blasfemia contra el político. «Al llevar a cabo una investigación criminal y nombrar a ?Ahok? como sospechoso, las autoridades han mostrado que están más preocupados por grupos religiosos que por respetar y proteger los derechos humanos para todos», aseguraba el pasado noviembre Rafendi Djamin, director de Amnistía Internacional para la región del Sudeste Asiático-Pacífico. Entre los principales rivales de «Ahok» en las elecciones del próximo mes de febrero se encuentran Agus Harimurti, hijo del expresidente Susilo Bambang Yudhoyono, así como el exministro Anies Baswedan.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Luz verde a continuar el proceso por blasfemia contra el gobernador de Yakarta
Un tribunal de Indonesia ha dado luz verde a continuar el controvertido proceso por blasfemia contra el gobernador de la capital de Indonesia, Yakarta, a quien se acusa de ultrajar al Corán. El panel de jueces ha rechazado las alegaciones de los abogados de Basuki Tjahaja Purnama, conocido como «Ahok» para anular el caso. «La excepción del acusado no es aceptada», aseveró el juez Abdul Rosyad. En los últimas semanas, el país asiático se ha visto salpicado de violentas protestas que exigen la dimisión de «Ahok», quien ha negado que su intención fuera insultar al Islam. Los manifestantes, que caminan bajo el liderazgo del grupo Frente de Defensores Islámicos (FPI), aseguran que el gobernador de Yakarta faltó al respeto al libro sagrado tras criticar a varios de sus oponentes, quienes se refirieron a un verso que advierte de la alianza con cristianos y judíos («Ahok» es de religión cristiana). «Señoras y señores, ustedes no tienen que votar por mí, porque les han mentido quienes utilizan el versículo 51 de la Surah al Maidah (del Corán)», aseguró el político en el polémico discurso, realizado el pasado 27 de septiembre. El FPI ya había intentado, sin éxito, impedir en 2014 la toma del poder de «Ahok» bajo la premisa de la incapacidad de un cristiano para representar a una ciudad de mayoría musulmana. Sin embargo, durante la apertura del juicio el pasado día 13, el gobernador negó los cargos. «Como persona que creció en los círculos islámicos, no es posible para mí insultar al Islam», aseguro «Ahok», quien de ser declarado culpable se enfrenta a una pena de cinco años de cárcel. En este sentido, organizaciones pro derechos humanos han pedido el fin de la investigación por blasfemia contra el político. «Al llevar a cabo una investigación criminal y nombrar a ?Ahok? como sospechoso, las autoridades han mostrado que están más preocupados por grupos religiosos que por respetar y proteger los derechos humanos para todos», aseguraba el pasado noviembre Rafendi Djamin, director de Amnistía Internacional para la región del Sudeste Asiático-Pacífico. Entre los principales rivales de «Ahok» en las elecciones del próximo mes de febrero se encuentran Agus Harimurti, hijo del expresidente Susilo Bambang Yudhoyono, así como el exministro Anies Baswedan.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Abe busca en su visita a Pearl Harbor anclar la alianza militar con EE.UU.
Shinzo Abe y Barack Obama han protagonizado una ceremonia histórica que podría significar un punto de inflexión en la relación entre ambos países. Por primera vez, un primer ministro de Japón acudía al Memorial USS Arizona, en la bahía de Pearl Harbor, para homenajear a las víctimas estadounidenses del ataque por sorpresa que precipitó la entrada de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial. Lo hacía de la mano del presidente norteamericano, con quien Abe ha fortalecido una alianza clave para ambos países y que ahora entra en un periodo de incertidumbre: Obama entrega las llaves de la Casa Blanca a Donald Trump el próximo 20 de enero, y la impresivibilidad de la política exterior del presidente electo afecta también a Japón. El acto de ayer se negoció durante meses, aunque no se anunció hasta hace pocas semanas. Supone en cierta manera la contrapartida del Gobierno japonés a la histórica visita de Obama a Hiroshima de hace siete meses. Era el primer presidente de EE.UU. en recorrer el escenario de la primera de las dos bombas nucleares que el país lanzó en agosto de 1945 para cerrar la Segunda Guerra Mundial. Obama no pidió perdón a las víctimas de esa masacre, pero sí las homenajeó y habló de los peligros de las armas nucleares y de la necesidad de avanzar en la no proliferación, en un discurso que fue muy bien recibido en Japón. En su mejor momento La ceremonia de ayer es el colofón a los esfuerzos de Obama y Abe por afianzar la relación entre ambos países, que, según los expertos, vive su mejor momento desde el final de la guerra. Obama y Abe eran aliados improbables para ahondar esta alianza: el presidente estadounidense es un liberal de centro izquierda, defensor del multilateralismo en las relaciones internacionales, mientras que Abe es un líder conservador cercano a posiciones nacionalistas y promilitares que quedaron relegadas en Japón tras la derrota en la II Guerra Mundial. La situación geoestratégica en la región Asia-Pacífico les ha empujado a promover esa alianza. El expansionismo económico y militar de China y la creciente amenaza nuclear de Corea del Norte están detrás de ello. Washington ha presionado para que Japón y Corea del Sur -cuyas heridas de su pasado militar siguen abiertas- mejoren su relación: Japón llegó a un entendimiento para compensar a las mujeres coreanas víctimas de esclavismo sexual durante la guerra y firmaron un acuerdo para compartir inteligencia sobre Corea del Norte. EE.UU. además ha reforzado su papel como paraguas militar de Japón. En una visita a Tokio en 2014, Obama reafirmó que los tratados internacionales entre EE.UU. y Japón obligaban a su Gobierno a defender a su socio asiático en su conflicto por las islas de Senkaku, que China disputa. Era la primera vez que un presidente estadounidense lo decía de forma explícita, en un momento en el que Washington también se enfrentaba a China por su expansionismo en las islas del Mar de China Meridional. Por su parte, Abe amplió el apoyo a las bases militares de EE.UU. en Okinawa, a pesar de la mucha oposición popular contra ellas, y ha participado en la lucha contra Daesh, a través de ayuda no militar. Acuerdo Transpacífico En el plano económico, tanto Obama como Abe han impulsado con fuerza el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), con el objetivo de establecer una región comercial que frene el tsunami económico de China. Ambos se jugaban parte de su capital político en esta apuesta, ya que el TPP -como se pudo ver en las elecciones de EE.UU.- es impopular en ambos países. El gesto de ayer de Abe es también un intento de reforzar su compromiso con EE.UU. ante la inminente llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Como en otros asuntos de política exterior, la incertidumbre reina ante la postura que Trump tomará sobre Japón y Asia. Tanto en la campaña como en sus semanas como presidente electo, Trump ha desplegado agresividad contra China: ha amenazado con gravar con tarifas a sus productos y ha cuestionado la política de «una sola China». Tener a EE.UU. como socio combativo con China podría ser un arma de doble filo para Japón: serviría para contener el expansionismo de Pekín, pero también podría suponer riesgos si China responde con la misma hostilidad y la región se desestabiliza. Además, Trump ha cuestionado la protección militar que EE.UU. da a Japón, sugiriendo que se gasta demasiado en ello y que tanto el Gobierno nipón como Corea del Sur podrían desarrollar su propio arsenal nuclear. Abe ha dejado claro que quiere prolongar una alianza estable bajo la Administración Trump. Fue el primer mandatario en visitarle en la Torre Trump tras su victoria electoral -«es un líder en el que podemos confiar», dijo entonces- y tiene previsto otro encuentro en Washington poco después de su jura como presidente el próximo 20 de enero. Pero los derroteros que tome la política de Trump sobre Japón siguen siendo una incógnita.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
La memoria histórica aviva los nacionalismos en Asia
Estados Unidos y Japón cierran sus heridas de la II Guerra Mundial. con la visita del primer ministro nipón, Shinzo Abe, a Pearl Harbor. Pero Tokio tiene otros frentes abiertos con sus vecinos, sobre todo China y Corea del Sur, por su ocupación de Asia durante la contienda. Arrastrando agravios del pasado y disputas territoriales, tan dolorosa memoria histórica está avivando los nacionalismos en el Lejano Oriente. En China, donde el Ejército imperial japonés aniquiló en solo seis semanas de 1937 a entre 150.000 y 300.000 personas en Nankín, se cuestionan las disculpas de Abe. A esa masacre se suman las atrocidades de la Unidad 731 de Harbin, donde científicos japoneses usaron a prisioneros de guerra y a 3.000 civiles para experimentar con armas químicas y biológicas como si fueran cobayas humanas, y el drama de las «mujeres del consuelo». Así se conoce a las 200.000 mujeres chinas, coreanas, taiwanesas, filipinas e indonesias que el Ejército nipón usó como esclavas sexuales en prostíbulos para la tropa. Los dirigentes japoneses han repetido en sus discursos su «profundo arrepentimiento» por estos hechos, pagando indemnizaciones millonarias a las «mujeres del consuelo» surcoreanas. Pero sus vecinos echan en falta gestos como el del excanciller alemán Willy Brandt cuando hincó sus rodillas ante un mausoleo por las víctimas del nazismo. Loas al imperialismo Tampoco ayudan los museos y libros de texto que justifican el imperialismo nipón ni las peregrinaciones de sus políticos, como Abe en 2013, al santuario de Yasukuni, donde se honran las almas de los caídos en acto de servicio por Japón, entre ellos criminales de guerra. Además, les enfrentan disputas marítimas, ya que Pekín reclama a Tokio las islas Senkaku (Diaoyu en mandarín), y Japón reivindica los islotes de Takeshima, controlados desde 1952 por Corea del Sur bajo el nombre de Dokdo.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Shinzo Abe: «Nunca más debemos repetir los horrores de la guerra»
Shinzo Abe y Barack Obama han protagonizado una ceremonia histórica que podría significar un punto de inflexión en la relación entre ambos países. Por primera vez, un primer ministro de Japón acudía al Memorial USS Arizona, en la bahía de Pearl Harbor, para homenajear a las víctimas estadounidenses del ataque por sorpresa que precipitó la entrada de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial. Lo hacía de la mano del presidente norteamericano, con quien Abe ha fortalecido una alianza clave para ambos países y que ahora entra en un periodo de incertidumbre: Obama entrega las llaves de la Casa Blanca a Donald Trump el próximo 20 de enero, y la impresivibilidad de la política exterior del presidente electo afecta también a Japón. En este aniversario del ataque a la base estadounidense, el primer ministro japonés Shinzo Abe ha lanzado un mensaje de unidad y ha pedido al mundo «no repetir nunca más los horrores de la guerra». El acto de ayer se negoció durante meses, aunque no se anunció hasta hace pocas semanas. Supone en cierta manera la contrapartida del Gobierno japonés a la histórica visita de Obama a Hiroshima de hace siete meses. Era el primer presidente de EE.UU. en recorrer el escenario de la primera de las dos bombas nucleares que el país lanzó en agosto de 1945 para cerrar la Segunda Guerra Mundial. Obama no pidió perdón a las víctimas de esa masacre, pero sí las homenajeó y habló de los peligros de las armas nucleares y de la necesidad de avanzar en la no proliferación, en un discurso que fue muy bien recibido en Japón. «En los buenos momentos y en los malos, estamos ahí para el otro», ha afirmado Obama tras el discurso de Abe, quien ha instado a «resistir la urgencia» de «demonizar» al que es diferente, incluso cuando el «odio es lo que más quema». En su mejor momento La ceremonia de ayer es el colofón a los esfuerzos de Obama y Abe por afianzar la relación entre ambos países, que, según los expertos, vive su mejor momento desde el final de la guerra. Obama y Abe eran aliados improbables para ahondar esta alianza: el presidente estadounidense es un liberal de centro izquierda, defensor del multilateralismo en las relaciones internacionales, mientras que Abe es un líder conservador cercano a posiciones nacionalistas y promilitares que quedaron relegadas en Japón tras la derrota en la II Guerra Mundial. La situación geoestratégica en la región Asia-Pacífico les ha empujado a promover esa alianza. El expansionismo económico y militar de China y la creciente amenaza nuclear de Corea del Norte están detrás de ello. Washington ha presionado para que Japón y Corea del Sur -cuyas heridas de su pasado militar siguen abiertas- mejoren su relación: Japón llegó a un entendimiento para compensar a las mujeres coreanas víctimas de esclavismo sexual durante la guerra y firmaron un acuerdo para compartir inteligencia sobre Corea del Norte. EE.UU. además ha reforzado su papel como paraguas militar de Japón. Galería de imágenes Vea la galería completa (10 imágenes) En una visita a Tokio en 2014, Obama reafirmó que los tratados internacionales entre EE.UU. y Japón obligaban a su Gobierno a defender a su socio asiático en su conflicto por las islas de Senkaku, que China disputa. Era la primera vez que un presidente estadounidense lo decía de forma explícita, en un momento en el que Washington también se enfrentaba a China por su expansionismo en las islas del Mar de China Meridional. Por su parte, Abe amplió el apoyo a las bases militares de EE.UU. en Okinawa, a pesar de la mucha oposición popular contra ellas, y ha participado en la lucha contra Daesh, a través de ayuda no militar. Acuerdo Transpacífico En el plano económico, tanto Obama como Abe han impulsado con fuerza el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), con el objetivo de establecer una región comercial que frene el tsunami económico de China. Ambos se jugaban parte de su capital político en esta apuesta, ya que el TPP -como se pudo ver en las elecciones de EE.UU.- es impopular en ambos países. El gesto de ayer de Abe es también un intento de reforzar su compromiso con EE.UU. ante la inminente llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Como en otros asuntos de política exterior, la incertidumbre reina ante la postura que Trump tomará sobre Japón y Asia. Tanto en la campaña como en sus semanas como presidente electo, Trump ha desplegado agresividad contra China: ha amenazado con gravar con tarifas a sus productos y ha cuestionado la política de «una sola China». Tener a EE.UU. como socio combativo con China podría ser un arma de doble filo para Japón: serviría para contener el expansionismo de Pekín, pero también podría suponer riesgos si China responde con la misma hostilidad y la región se desestabiliza. Además, Trump ha cuestionado la protección militar que EE.UU. da a Japón, sugiriendo que se gasta demasiado en ello y que tanto el Gobierno nipón como Corea del Sur podrían desarrollar su propio arsenal nuclear. Abe ha dejado claro que quiere prolongar una alianza estable bajo la Administración Trump. Fue el primer mandatario en visitarle en la Torre Trump tras su victoria electoral -«es un líder en el que podemos confiar», dijo entonces- y tiene previsto otro encuentro en Washington poco después de su jura como presidente el próximo 20 de enero. Pero los derroteros que tome la política de Trump sobre Japón siguen siendo una incógnita.