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Noticias de asaltos

18-11-2020 | Fuente: abc.es
Francia prepara su nueva ley para combatir el islam político, la gangrena islamista
El proyecto de Ley concebido para combatir la gangrena islamista se ha transformado en proyecto de Ley para reforzar los principios republicanos, creando nuevos delitos por amenazar la vida de terceros a través de la propagación del odio y castigando con más severidad los comportamientos familiares, en la escuela, las asociaciones y la vida pública. Éric Dupond-Moretti, ministro de Justicia, y Gérald Darmanin, ministro del Interior, han transmitido ese proyecto de Ley al Consejo de Estado y los presidentes de la Asamblea Nacional (AN) y el Senado, para poder iniciar su discusión parlamentaria a partir del 9 de diciembre. El Consejo de Estado deberá examinar, aprobar, rechazar o matizar la redacción del proyecto de Ley. Los presidentes de las dos cámaras del Parlamento francés deberán preparar unos debates llamados a culminar con una evolución mayor de la legislación nacional destinada a combatir la gangrena islamista. Fue Emmanuel Macron quien comenzó a denunciar el separatismo cultural, el separatismo religioso, a finales del 2019 y principios de este año. La sucesión de crímenes yihadistas, entre finales de septiembre y mediados del mes de octubre pasado, hizo evolucionar esa terminología. El separatismo religioso comenzó a ser definido como separatismo integrista, separatismo yihadista. La redacción final del proyecto de Ley original abandona definitivamente el calificativo «separatismo». Los legisladores han preferido reafirmar la matriz institucional de la Nación: Ley para reforzar los principios republicanos. A través de 57 artículos, se trata de un escudo político, jurídico y policial contra el islam político. Los nuevos delitos El proyecto de Ley comienza por definir nuevos delitos: Amenazar la vida de terceros a través de la difusión de informaciones sobre la vida privada y profesional que pudieran amenazar la vida de personas y familias; intimidación de terceros por motivos religiosos y propagación de incitaciones al odio. Definidos los nuevos delitos, la futura Ley creará un nuevo marco de persecución judicial contra asociaciones de carácter cultural, filantrópico o religioso, persiguiendo y castigando a sus dirigentes y afiliados «que no respeten los valores del Estado, la República». La defensa de la escuela, pública, privada o concertada, estará cubierta con nuevos resortes jurídicos y policiales, con el fin de perseguir y castigar a los padres que no llevan a sus hijos a la escuela y a los directores de escuelas privadas (clandestinas, las más de las veces) consagradas a la propagación de doctrinas incompatibles con el respeto de las instituciones. La nueva Ley deberá proteger la institución familiar contra las «amenazas y asaltos del comunitarismo» y la gangrena multicultural que considera las leyes de su religión (musulmana) superiores a las leyes del Estado. Se proyecta perseguir y castigar a padres y familias convencidos de tal superioridad. Se luchará contra las discriminaciones sexuales, culturales y familiares, en el seno de cualquier religión. En Francia, la única religión que es fuente inagotable de tales problemas es la religión musulmana. Durante los dos últimos años, las fuerzas de seguridad del Estado han cerrado 380 lugares de culto, sospechosos de propagación del radicalismo islamista. Desde finales de septiembre se ha procedido a millares de controles. La futura Ley ha sido concebida para rearmar al Estado contra la gangrena del islam político, en la vidriosa frontera del yihadismo subversivo.
17-11-2020 | Fuente: abc.es
Grandes expectativas de la izquierda iberoamericana con Biden
La tensión norte-sur en América adoptará nuevas formas en los próximos cuatro años de Joe Biden en la Casa Blanca. Las relaciones, previsiblemente, serán más suaves en las formas aunque, en el fondo, quizás, poco o casi nada cambie. Otra cosa, es lo que pasará de puertas adentro en el resto del continente. «Aunque no hubiera un giro radical, cambiarán las formas y el discurso será menos divisivo», observa Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano. «Da la casualidad -recuerda- de que el año próximo se celebra en Estados Unidos la VIII Cumbre de las Américas». Será entonces, «la ocasión ideal para medir en su totalidad la dirección y la estrategia de la política latinoamericana de la nueva Administración». El México de López Obrador se entendió con Trump y previsiblemente, lo hará con Biden. En el ínterin, las fichas (los gobiernos) buscan acomodo en el nuevo tablero estadounidense. Perú, con los disturbios violentos, tras la proclamación y renuncia de Manuel Merino y el choque de trenes con Martín Vizcarra, entra en una crisis de desenlace incierto, pese a tener elecciones convocadas en abril. Cuba sueña con un retorno a políticas de apertura como con Obama y Venezuela repite el mantra de «diálogo» mientras el régimen digiere las sanciones que, difícilmente, se levantarán a sus caciques. El sur está revuelto y Chile afronta un futuro incierto con las elecciones a constituyentes para redactar una nueva Constitución. Los países bolivarianos recuperan bríos con la idea de cambiar a Trump por Biden, pero conservadores, como la Colombia de Iván Duque, entienden que el demócrata seguirá, en los asuntos de Estado, la estela del republicano. La investidura en Bolivia de Luis Arce y el regreso del exilio voluntario de Evo Morales, en modo Cid Campeador andino, generaron ilusión entre los nostálgicos del socialismo siglo XXI que siguen hablando del «imperio» para referirse a EE.UU. El presidente que recuperó para la banda presidencial los símbolos de los pueblos originarios (wipala) garantizó a los que dudan: «Este, será mi Gobierno». Economista y exministro en la etapa dorada de las materias primas del cono sur, Arce administró las finanzas con austeridad y tino. Demostró tener claro que una cosa es el discursos político para contentar a las masas y otra jugar con las cosas de comer. Su victoria se interpretó como un triunfo para los integrantes del grupo de Puebla, iniciativa de Alberto Fernández o refugio de políticos trasnochados y expresidentes de una izquierda que quiere recuperar protagonismo. Entre otros, de Rafael Correa, Fernando Lugo, Ernesto Samper, Dilma Roussef o Lula Da Silva. Por parte de España, sus máximos representantes son José Luis Rodríguez Zapatero y la ministra Irene Montero. Corrupción sistemática Durante su vicepresidencia con Obama, Joe Biden visitó en trece ocasiones Iberoamérica. Conoce quién es quién y actuará con conocimiento de causa. A Argentina le urge cerrar un acuerdo con el FMI y necesita de su apoyo. La retórica de los «Fernández», previsiblemente, bajará de tono pero la corrupción sistemática, estímulos de toma de tierras, estampida de empresas y asaltos al Poder Judicial del Gobierno, no son una buena carta de negociación. Jair Bolsonaro puede considerar la derrota de Trump como propia. Carlos Malamud se pregunta: «¿Qué margen habrá para una plena normalización de la relación bilateral? ¿Habrá algún gesto de Bolsonaro para rectificar un rumbo que ya carece de futuro? ¿O, desde la Casa Blanca se enviará alguna señal de tregua?». El tiempo dirá pero pero el estadounidense, sin duda, no perdonará su desprecio por el cambio climático y la ausencia de una agenda verde para el pulmón del planeta.
17-11-2020 | Fuente: abc.es
Grandes expectativas de la izquierda por la victoria de Biden
La tensión norte sur en América adoptará nuevas formas en los próximos cuatro años de Joe Biden en la Casa Blanca. Las relaciones, previsiblemente, serán más suaves en las formas aunque, en el fondo, quizás, poco o casi nada cambie. Otra cosa, es lo que pasará de puertas adentro en el resto del continente. «Aunque no hubiera un giro radical, cambiarán las formas y el discurso será menos divisivo», observa Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano. «Da la casualidad ?recuerda- que el año próximo se celebra en Estados Unidos la VIII Cumbre de las Américas». Será entonces, «la ocasión ideal para medir en su totalidad la dirección y la estrategia de la política latinoamericana de la nueva Administración». El México de López Obrador se entendió con Trump y previsiblemente, lo hará con Biden. En el interin, las fichas (los gobiernos) buscan acomodo en el nuevo tablero estadounidense. Perú, con los disturbios violentos, tras la proclamación y renuncia de Manuel Merino y el choque de trenes con Martín Vizcarra, entra en una crisis de desenlace incierto, pese a tener elecciones convocadas en abril. Cuba sueña con un retorno a políticas de apertura como con Obama y Venezuela repite el mantra de «diálogo» mientras el régimen digiere las sanciones que, difícilmente, se levantarán a sus caciques. El sur está revuelto y Chile afronta un futuro incierto con las elecciones a constituyentes para redactar una nueva Constitución. Los países bolivarianos recuperan bríos con la idea de cambiar a Trump por Biden pero conservadores, como la Colombia de Iván Duque, entienden que, de un modo u otro, el demócrata seguirá, en los asuntos de Estado, la estela del republicano. La investidura en Bolivia de Luis Arce y el regreso del exilio voluntario de Evo Morales, en modo Cid Campeador andino, generaron ilusión entre los nostálgicos del socialismo siglo XXI que siguen hablando del «imperio» para referirse a EE.UU. El presidente que recuperó para la banda presidencial los símbolos de los pueblos originarios (wipala) garantizó a los que dudan: «Este, será mi Gobierno». Economista y exministro en la etapa dorada de las materias primas del cono sur, Arce administró las finanzas con austeridad y tino. Demostró tener claro que una cosa es el discursos político para contentar a las masas y otra jugar con las cosas de comer. Su victoria se interpretó como un triunfo para los integrantes del grupo de Puebla, iniciativa de Alberto Fernández o refugio de políticos trasnochados y expresidentes de una izquierda que quiere recuperar protagonismo. Entre otros, de Rafael Correa, Fernando Lugo, Ernesto Samper, Dilma Roussef o Lula Da Silva. Por parte de España, sus máximos representantes son José Luis Rodríguez Zapatero y la ministra Irene Montero. Corrupción sistemática Durante su vicepresidencia con Obama, Joe Biden visitó, en trece ocasiones, Latinoamérica. Conoce quién es quién y actuará con conocimiento de causa. A Argentina le urge cerrar un acuerdo con el FMI y necesita de su apoyo. La retórica de los «Fernández», previsiblemente, bajará de tono pero la corrupción sistemática, estímulos de toma de tierras, estampida de empresas y asaltos al Poder Judicial del Gobierno, no son una buena carta de negociación. Jair Bolsonaro puede considerar la derrota de Trump como propia. Carlos Malamud se pregunta: «¿Qué margen habrá para una plena normalización de la relación bilateral? ¿Habrá algún gesto de Bolsonaro para rectificar un rumbo que ya carece de futuro? ¿O, desde la Casa Blanca se enviará alguna señal de tregua?». El tiempo dirá pero pero el estadounidense, sin duda, no perdonará su desprecio por el cambio climático y la ausencia de una agenda verde para el pulmón del planeta.
04-11-2020 | Fuente: abc.es
Trump sigue desde la Casa Blanca los resultados de las elecciones en EE.UU.
La suerte está echada. Tras una campaña maratoniana, Donald Trump está ya en la que ha sido su residencia los pasados cuatro años, a la espera del recuento. El presidente y su familia se encuentran en sus dependencias, en las partes más altas de la Casa Blanca. En la planta baja, en la solemne Sala Este, los operarios colocaban al caer la noche banderas y un cartel electoral con los nombres de él y el vicepresidente, Pence. Ante las banderas y el cartel, Trump cantará victoria, admitirá derrota o cualquier escenario que un largo recuento pueda dejar en medio. Por la pandemia, y por las protestas, el ambiente en la Casa Blanca es tenso. Desde dentro, se oyen cánticos, gritos, tambores, como una especie de marabunta lejana, ansiosa por ver al presidente caer. Una valla de seguridad a prueba de asaltos rodea desde ayer la residencia del presidente y sus parques y jardines aledaños. Los manifestantes la han cubierto de carteles en contra de Trump, que piden la marcha de Trump, que maldicen a Trump. Dentro, el presidente llega a la reelección en un búnker, parapetado por las vallas y por los suyos. En cierto sentido, así ha estado Trump estos pasados cuatro años. Washington es una ciudad que vota 90% demócrata, que ha declarado a su inquilino más famoso y poderoso «persona non grata». Ahora la capital se rebela de nuevo contra él, en las horas en que puede sufrir su derrota más humillante o su triunfo más contundente, con el que callar a sus vecinos. No es común que un presidente, ante la reelección, dé un discurso de victoria o derrota desde la Casa Blanca. Las noches electorales se suelen pasar en otros sitios. Bill Clinton estuvo en Arkansas en 1996. George Bush, en un centro de convenciones en Washington en 2004. Barack Obama, en Chicago en 2012. Pero la pandemia ha limitado la capacidad de movimiento de este presidente, que en un principio sopesó dirigirse a la nación desde su hotel, que está al cabo de la calle, en la avenida Pensilvania, a mitad de camino del Capitolio. Pero la alcaldesa ha prohibido reuniones de más de 50 personas, por lo que cualquier fiesta en ese hotel hubiera sido una fiesta bastante desangelada, o pasto de denuncias. Trump, es cierto, ha usado la Casa Blanca como no la han usado otros presidentes. Ha dado discursos de campaña, ha organizado parte del congreso político de su partido, ha hecho desde ella publicidad de productos cuyos empresarios le han apoyado. El evento que Trump ha organizado en la Sala Este, donde cuenta con mayor autonomía, pues está en terreno federal, iba a contar con 400 invitados. Después el aforo ha sido reducido a 200, ya que la última vez en que hubo aquí un acto multitudinario, durante la presentación de la jueza del Supremo Amy Coney Barrett, la Casa Blanca se convirtió en un foco de contagio del coronavirus, y el propio presidente acabó infectado.
02-11-2020 | Fuente: abc.es
Trump convierte la Casa Blanca en un búnker a horas de las elecciones
A primera hora de este lunes, una nueva valla ha comenzado a rodear la Casa Blanca, en caso de disturbios y tumulto durante el recuento electoral. No se recuerdan aquí en Washington unos preparativos para las elecciones como los de este año: vallas, muros, rejas, y no sólo alrededor de la residencia del presidente. Este fin de semana tiendas, restaurantes, oficinas y hoteles en el centro de la capital federal han comenzado a tapar con maderas sus ventanales y puertas, ante el temor a saqueos. El fantasma de la violencia recorre Estados Unidos en unas elecciones insólitas, tras un verano caliente de protesta racial y disturbios en todo el país por la muerte de varias personas de raza negra a manos de la policía. Ya hubo en junio medidas de excepción en Washington, con el ejército desplegado, toque de queda y un perímetro de seguridad ampliado en torno a la Casa Blanca. Nunca antes estas medidas excepcionales se habían tomado a días de unas elecciones, la celebración de la democracia. El 31 de mayo, Trump fue conducido por el Servicio Secreto hasta el búnker subterráneo de la Casa Blanca, ante el temor a un asalto. El presidente pidió salir de él en seguida, y después dijo que había descendido a él sólo para inspeccionarlo. Este pasado fin de semana, cientos de personas se han concentrado en el centro de Washington y han marchado puño en alto gritando el lema «las vidas negras importan», que ya entonaron durante la protesta racial del verano. La policía local les ha seguido de cerca, pero estos grupos a menudo se reúnen sin avisar a las autoridades, cortando calles y marchando de forma improvisada, como han hecho en semanas pasadas ante la propia Casa Blanca o el hotel Trump, que está entre ésta y el Capitolio. Unos grandes almacenes en la Quinta Avenida, en Nueva York, han protegido sus escaparates con planchas de madera - AFP El presidente seguirá el recuento desde Washington. Hay una fiesta preparada en el hotel Trump, al cabo de la avenida Pensilvania, pero su equipo de momento no ha confirmado si acudirá. De momento, la construcción de la nueva valla, a prueba de asaltos, parece indicar que Trump estará en su residencia, dadas las dificultades que podría tener para recorrer en coche el corto trayecto hasta el hotel que gestiona su empresa familiar. Esa calle ha sido cortada repetidamente por los manifestantes en meses recientes. Ya en verano, una turba intentó derribar la estatua ecuestre del presidente Andrew Jackson, justo enfrente de la Casa Blanca, algo que la policía impidió. Por eso, el presidente ordenó construir un perímetro de seguridad alrededor de las calles aledañas a su residencia. Unos vándalos también intentaron quemar una iglesia, prendiendo fuego a su sótano, donde estaba la sacristía. El 2 de junio, Trump ordenó desalojar las calles y se hizo acompañar de varios generales hasta esa misma iglesia, donde posó con una Biblia, prometiendo algo que se ha convertido en uno de los eslóganes de su campaña: ley y orden.
27-10-2020 | Fuente: abc.es
Revuelta y devastación en Turín, mientras crece la tensión en toda Italia contra las medidas anticovid
Crece la rabia en las calles de Italia, desde el norte al sur. Anoche se vivieron horas de tensión en algunas ciudades, con manifestaciones que acabaron en violencia, en protesta por las medidas del gobierno para contener la epidemia. Después de la guerrilla urbana de Nápoles, seguida de otras en Roma y Catania, anoche en Turín se produjo una revuelta con graves incidentes. Via Roma fue devastada por encapuchados con saqueos y asaltos a tiendas, algunas de famosas firmas, desde Gucci a Apple. En la plaza Castello, principal de Turín, en el corazón de su centro histórico, cientos de manifestantes se congregaron frente al palacio sede del gobierno regional, con un grito común: «Libertad, libertad, queremos ser libres para trabajar». Algunos lanzaron petardos, cartas bomba y botellas, registrándose enfrentamientos con las fuerzas del orden. Fueron detenidas 11 personas. El periódico turinés «La Stampa» destaca que el centro de la capital de Piamonte quedó devastado: «La ciudad fue transformada en un campo de batalla de bandas y de ultras, algo nunca visto en Turín». En Milán hubo también una doble manifestación y se lanzaron cócteles molotov. Acabaron en comisaría 28 personas. Protestan comerciantes, taxistas, y trabajadores de los sectores más golpeados por la crisis, como bares y restaurantes, empleados del comercio, turismo y servicios. Con el comienzo de la pandemia, el gobierno temió que se desencadenara la tensión social. Así lo expresaron la ministra del Interior, Luciana Lamorgese, el jefe de la policía, Franco Gabrielli y dirigentes políticos. Se habló de la posibilidad de un otoño caliente si no se daban soluciones adecuadas a la crisis. Ahora estalla la temida tensión social, después del decreto que entró ayer en vigor, con el cierre de numerosas actividades. Angustiados por la crisis, muchos se echan a la calle para protestar pacíficamente, pero hay grupos radicales y ultras que se aprovechan de esa protesta legítima de los trabajadores para desencadenar la violencia y enfrentamientos con la policía. El ministerio del Interior ha puesto en alerta a delegados del gobierno en las regiones y jefes de policía para que controlen las manifestaciones, porque «se corre el riesgo de que degeneren por la infiltración de profesionales de la violencia», en referencia a grupos radicales de extrema izquierda y extrema derecha. Semiconfinamiento Con la suspensión de las actividades no indispensables y cierre de restaurantes y bares a las 18:00, hasta el 24 de noviembre, a la caída de la noche parece que Italia está en confinamiento. En el centro histórico de Roma y otros lugares tradicionales de la «movida» en la capital italiana, el escenario recuerda a lo que se vivió en los primeros meses de la pandemia. Pero ahora hay una diferencia fundamental: Entonces había preocupación e incertidumbre, pero la gente se sacrificaba y tenía cierta esperanza en las ayudas prometidas. Hoy la situación es más dramática: Hay rabia y desesperación. Lo reconoció el propio jefe de gobierno el domingo: «El cansancio, la ansiedad, la ira, la frustración, el sufrimiento son naturales en estas horas entre los ciudadanos». A las 18.00, en la céntrica plaza Campo de Fiori, uno de los más concurridos de Roma, el escenario es fantasmal: Cierran bares y restaurantes, no hay ni luces en la plaza. La trattoria Virgilio, frente a la estatua del monje dominico Giordano Bruno, quemado en la hoguera por orden de la Inquisición hace 420 años, ha colocado ante las mesas de la terraza un cartel firmado por la Confesercenti, la asociación de que representa las empresas del comercio, turismo, servicios, artesanos y de la pequeña industria. Valeria, empleada e hija del restaurador, acaba de cerrar y comenta a ABC la angustia que se vive en el restaurante: «Muchas promesas del gobierno, pero se las llevó el viento. Yo estoy en la ?Caja integración? ?un sistema similar a los ERTE en España-, pero solo percibí el 30 por 100 en marzo y otro tanto en abril; desde entonces, nada; se nos impuso el cierre a medianoche y ya vimos muy rebajados los ingresos; teníamos cifras de ingresos con cuatro cifras y pasamos a ingresar no más de 200 euros; antes pagábamos por el alquiler 20.000 euros, nos rebajaron por el Covid a 6.000 euros». La protesta se extiende El padre, Roberto, que acaba de asistir a una manifestación de Confesercenti en la plaza Trilussa, lugar neurálgico en el barrio romano de Trastevere, nos muestra un video con las imágenes de la protesta: Cientos de personas exteriorizan su rabia abriendo botellas de cerveza con la que riegan la calle, mientras gritan «pedimos dignidad». «Mi negocio del restaurante ?nos dice Roberto- no es sostenible, teniendo que cerrar a las 18:00. Debo plantearme si puedo y vale la pena mantenerlo abierto. Acabo de cerrar un restaurante aquí al lado. Nos seguiremos manifestando para protestar. Mañana lo haremos en otra plaza. Para el dos de noviembre habrá una gran concentración de protesta en Roma». Numerosas manifestaciones hay también previstas en muchas ciudades italianas para los próximos días. Otro lugar muy concurrido de Roma es la céntrica plaza Navona y sus alrededores, llenos de bares y restaurantes. Todo se cierra a las 18:00. Minutos más tarde, ni un alma contempla la belleza de la barroca fuente de los Cuatro Ríos en el centro de la plaza. Llamamiento a un pacto Estado-ciudadanos El gobierno, presidentes regionales y los alcaldes observan con gran preocupación esta tensión y creciente ola de protesta en la calle contra las medidas para controlar la pandemia. Algunos presidentes regionales apoyan las protestas, algunos que muchos alcaldes. El de Nápoles, Luigi De Magistris, exmagistrado de izquierdas, ha anunciado su presencia junto a los manifestantes. El alcalde de Bari y presidente de la Asociación Nacional de Municipios Italianos (ANCI), Antonio Decaro, ha hecho un llamamiento para que se produzca un pacto entre el Estado y los ciudadanos: «En las próximas semanas corremos el riesgo de ver un crecimiento de la fractura social de la que ya se vislumbran los primeros indicios. Los alcaldes lo tienen en cuenta y harán todo lo posible para mantener unidas a las comunidades y extinguir posibles reacciones violentas ante una situación tan difícil», dijo Antonio Decaro. La lista de regidores que se unen al llamamiento del alcalde se hace más larga cada hora, señal de que hay gran coincidencia en su grito por un pacto entre Estados y ciudadanos, para que el gobierno ofrezca certezas a cambio de los sacrificios exigidos. «Unidos o fracasará todo», es el lema del alcalde de Bari. La preocupación la ha expresado también el presidente de la República, Sergio Mattarella: «Basta ya de irresponsables. El verdadero enemigo es el virus». Hoy el gobierno aprobará en Consejo de ministros un paquete de ayudas por valor de 5.000 millones de euros para los sectores más afectados por las últimas medidas restrictivas del gobierno, en particular para bares, restaurantes, turismo, cines y teatros. El objetivo fundamental del gobierno es contener la ira que se extiende en el país y evitar un otoño caliente.