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Noticias de armamento

24-09-2018 | Fuente: abc.es
Tres años de la intervención «clave» de Rusia en la guerra civil siria
El próximo domingo se cumplirán tres años desde que el presidente Vladímir Putin decidiese intervenir en Siria en ayuda de Bashar al Assad, que estaba entonces totalmente contra las cuerdas. Queda sólo por liberar el bastión rebelde de Idlib, situado al noroeste del país y fronterizo con Turquía, pero su recuperación se hará esperar tras el acuerdo alcanzado la semana pasada en Sochi entre Putin y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan. Putin aceptó suspender el asalto final al Idlib debido a las presiones de la comunidad internacional y, sobre todo, de Turquía. Pero Moscú espera que Ankara actúe ahora con mayor resolución contra los grupos yihadistas y modere a sus milicias aliadas para lograr que el enclave no sea un peligro ni para Assad ni para las dos bases militares que Rusia tiene en Latakia, la naval de Tartús y la aérea de Jmeimim. De que se consiga o no este objetivo depende que continúe el actual entente entre Rusia y Turquía, condición fundamental para la buena marcha de la operación hacia la victoria final en Siria y hacia la apertura definitiva de un proceso político en el que Assad, como desea el Kremlin, juegue un papel central. Un nuevo elemento inquietante e inesperado, aunque no por eso totalmente imprevisible, ha sido la enrarecida atmósfera que ha generado entre Rusia e Israel el derribo, el pasado martes frente a las costas de Latakia, de un avión de reconocimiento ruso Iliushin-20 por misiles sirios S-200. El Ministerio de Defensa ruso volvió ayer a culpar a Israel del incidente , ya que, según el portavoz castrense, Ígor Konashénkov, uno de los cuatro cazas F-6 israelíes que participaban en un bombardeo contra instalaciones del Ejército sirio en Latakia «se parapetó detrás de nuestro Il-20 y el sistema antiaéreo lo detectó como enemigo». Negligencia criminal «Los datos objetivos presentados hablan de falta de profesionalismo o, como mínimo, de negligencia criminal de los pilotos de los cazas israelíes, cuya acción produjo la muerte a 15 militares rusos», aseguró Konashénkov el domingo. A su juicio, Israel «incurrió en una clara violación del acuerdo ruso-israelí del 2015 para la prevención de este tipo de situaciones en Siria». El portavoz de Defensa cree además que Israel puso en peligro el tráfico en la zona de aviones comerciales. Israel declinó ayer comentar las palabras de Konashénkov, pero sigue negando su culpabilidad. Pese a los evidentes vínculos existentes entre Moscú y Damasco, ya desde la época soviética, y a la existencia de indiscutibles intereses rusos en Siria, Putin estuvo mirando para otro lado durante cuatro años. La guerra civil en el país árabe comenzó en 2011 y en 2015, cuando Assad estaba completamente acorralado y había perdido el control sobre más de dos tercios de su territorio, Rusia de repente decidió intervenir. Rusia, gran potencia Los analistas coincidieron entonces en señalar que debido a que la anexión de Crimea y la ayuda militar a los separatistas del este de Ucrania había dañado la imagen internacional de Rusia, además de provocar un rosario interminable de sanciones, la mejor forma de desviar la atención y tratar de recuperar el prestigio perdido era demostrando que Moscú colabora en primera línea para erradicar a grupos terroristas tan atroces como el Daesh y el Frente al Nusra (filial local de Al Qaida). Corrían por las televisiones mundiales terribles escenas de decapitaciones y torturas de verdugos del autoproclamado Estado Islámico. Putin retomaba así la iniciativa, reafirmaba el papel de Rusia como gran potencia y evitaba la caída de un nuevo dictador, algo que parece producirle alergia después de lo visto en Irak con Saddam Hussein y en Libia con Muammar Gaddafi. Tras una fase preparatoria que había comenzado en agosto, el 30 de septiembre de 2015, Rusia lanzaba sus primeros bombardeos contra posiciones yihadistas, aunque después quedó patente que los ataques masacraban también a muchos grupos de la oposición a Assad considerados moderados. Y es que Putin nunca ocultó que su objetivo en Siria, además de la cacareada lucha contra el terrorismo, era «estabilizar» el régimen «legítimo» de Assad. Tres años más tarde, Rusia tiene más cerca que nunca culminar con éxito su intervención militar. El mes pasado, el Ministerio de Defensa ruso distribuyó mediante un vídeo el primer documento pormenorizado sobre la participación de las Fuerzas Armadas rusas en el conflicto sirio y el número total de efectivos que han estado destinados en el país árabe desde el 30 de septiembre de 2015, que asciende a un total de 63.012. Esa cifra de militares rusos «han tenido experiencia de combate en Siria», subraya el informe, que eleva el número de generales a 434 y a 25.738 el de oficiales. Retirada no cumplida Putin ha anunciado hasta tres veces la retirada de sus tropas de Siria, pero en los tres casos han sido gestos propagandísticos dirigidos más bien a intentar tranquilizar a sus compatriotas, preocupados con el excesivo gasto militar cuando hay otras urgencias en el país. Al final, el presidente ruso tuvo que reconocer que sus soldados permanecerán en Siria «mientras su presencia resulte beneficiosa» y no ha vuelto a concretar ninguna nueva fecha para su repatriación. El Ministerio de Defensa ruso sostiene que sus aviones llevaron a cabo más de 39.000 incursiones contra objetivos en territorio sirio, aniquilando a más de 86.000 terroristas y destruyendo cerca de 121.466 instalaciones pertenecientes a los insurgentes. El conflicto ha permitido experimentar al Ejército ruso 231 tipos diferentes de armamentos. Los aparatos más utilizados en las operaciones contra los extremistas en Siria están siendo los Sujói, el Su-24M y el Su-25SM, capaces de transportar una cantidad significativa de municiones, principalmente bombas aéreas. Los aviones Su-30,  Su-34 y Su-35 también realizan operaciones de combate destruyendo puestos de mando, campamentos y grupos de terroristas. El logro más indudable del Ejército ruso fue el despliegue de la base aérea de Jmeimim, en Latakia, en tan solo un mes. En la base fueron construidos todos los dispositivos de apoyo material y de ingeniería para el grupo aéreo ruso. Los complejos de defensa aérea S-400, Pantsir-S1, Buk-M2, junto a otros sistemas, son empleados para la defensa de la base, mientras que los drones monitorean su territorio. También los helicópteros de ataque Mi-28, Mi-35 y Ka-52 se utilizaron ampliamente en Siria. Ensayo de material militar Por otro lado, las Fuerzas Armadas rusas han ensayado en Siria misiles Iskander y Kalibr, capaces de portar armas nucleares tácticas, también cohetes para  equipar aviones de combate, los X-101, lanzaderas navales Bastión para golpear objetivos en la costa enemiga y casi todos los tipos de aeronaves que Rusia tiene en su arsenal. Han sido probados también los nuevos dispositivos de guerra electrónica, blindados de la última generación como el Taifún-K, robots de combate y para desminado, muy útiles sobre todo en Palmira. Lo que se desconoce a ciencia cierta es el número de bajas que han sufrido las fuerzas rusas en estos tres años. Putin promulgó en mayo de 2015, en la víspera del comienzo de la intervención armada en el país árabe, una ley que prohíbe facilitar cifras de militares muertos en «tiempos de paz». Los datos que se manejan ahora mismo se refieren a los casos de muertes más sonados, de altos mandos o los dos pilotos abatidos. También el de los 15 tripulantes del Il-20 derribado la semana pasada. Algún otro caso se ha traslucido gracias a las declaraciones de sus familiares. Todos ellos suponen en torno a un centenar de bajas. Contando también los más de 200 mercenarios rusos del grupo Wagner, aniquilados el pasado febrero en Deir ez Zor, al noreste de Siria, en un ataque de la coalición internacional que lidera Estados Unidos, salen más de 300 muertos. Algunas ONGs elevan la cifra a 400 y otras creen que solamente en Deir ez Zor hubo 600. Otro enigma es el costo real de la guerra en Siria para las arcas rusas. La editora británica IHS Jane's calculó el año pasado que Rusia gastaba cada día en Siria entre 2 y 3,5 millones de euros. La única vez que Putin habló de cifras al respecto fue en marzo de 2016 y declaró que, hasta ese momento, se habían gastado 33.000 millones de rublos (más de 500 millones de euros según el cambio de entonces). Hace justo un año, el diario económico ruso RBK publicaba su propio estudio, en el que elevaba la cantidad a 140.000 millones de rublos (2.050 millones de euros). El último cálculo lo hizo el partido opositor ruso «Yábloko» el pasado marzo y arrojaba una suma que podría oscilar entre los 172.300 millones y los 245.100 millones de rublos (de 2.300 a 3.270 millones de euros). Esto en mitad de una situación económica muy adversa para Rusia a causa de las numerosas tandas de sanciones impuestas por EE.UU. y la UE. Mercenarios, instrumento de la guerra de Rusia en Siria Rusia ayuda al régimen sirio con bombardeos de su aviación y de su fuerza naval. El personal miliar adscrito a la operación, por tanto, pertenece a la Fuerza Aérea y a la Armada. Rusia incluye en su dispositivo desplegado en Siria tropas para defender sus bases de Tartús y Jmeimim y mantiene unidades de la Policía Militar que actúan, según los casos, para ayudar en tareas de orden público en las localidades recuperados por el Ejército sirio o, como sucede en los Altos del Golán o Idlib, en misiones de observación y mantenimiento de la paz. Oficialmente, Moscú no tiene fuerzas de infantería combatiendo en Siria, ya que las unidades de mercenarios de la llamada Compañía Militar Privada (ChVK en sus siglas en ruso) Wagner, según se ha venido repitiendo en los ministerios de Defensa y Exteriores, «actúan bajo intereses privados» y «no están vinculadas al dispositivo militar ruso» en Siria. Se sabía de su existencia por las fotos colgadas por sus propios combatientes en las redes sociales, pero lo que les puso realmente a la luz fue el encontronazo que tuvieron con fuerzas estadounidenses el pasado mes de febrero en Deir ezzor, en donde sufrieron cuantiosas bajas. Este grupo lo creó el empresario conocido como el «chef de Putin», Evgueni Prigozhin, sancionado la semana pasada por Washington, junto con otras 33 personas y compañías, por sus vinculaciones con el Kremlin. Tres periodistas rusos fueron este verano asesinados en la República Centroafricana cuando intentaban investigar la presencia en este país del grupo Wagner.
24-09-2018 | Fuente: abc.es
Estalla la «guerra comercial» total entre EE.UU. y China
Hoy era la Fiesta del Medio Otoño en China y, más que un lunes, parecía un plácido domingo de avenidas sin atascos, paseos por los parques y reuniones familiares para tomar los tradicionales «pasteles de la luna». Pero, a las doce del mediodía (doce de la noche en Estados Unidos), estalló una nueva andanada de la guerra comercial con Estados Unidos: la imposición de aranceles sobre importaciones chinas por valor de 200.000 millones de dólares (170.000 millones de euros). No por esperada, pues la medida se anunció la semana pasada, dolió menos al régimen chino, que ya tenía preparada su respuesta. Además de gravar con tasas de entre un 5 y un 10 por ciento importaciones de artículos estadounidenses que suman 60.000 millones de dólares, Pekín publicó solo una hora después un «Libro Blanco» sobre la guerra comercial. Difundido por la agencia estatal de noticias Xinhua y titulado «Hechos sobre la disputa comercial entre China y EE.UU. y la posición de China», el régimen intenta ganar la batalla de la opinión pública con los 36.000 caracteres de dicho documento. «Desde que la nueva administración tomó el poder en 2017, bajo el eslogan de ?América primero? ha predicado sin pudor el unilateralismo, el proteccionismo y la hegemonía económica, intimidando a otros países con aranceles», denuncia dicho «Libro Blanco», que acusa a EE.UU. de ser un «matón comercial». Cancelación del viaje a EE.UU. Al tiempo que el documento critica con dureza la política del «América primero» del presidente Trump por «dañar considerablemente» las relaciones bilaterales y amenazar al sistema multilateral de comercio, China se muestra dialogante para dejar en evidencia la cerrazón de la Casa Blanca. «La cooperación es la única opción y solo una cooperación mutuamente beneficiosa puede llevarnos a un futuro mejor», asegura el «Libro Blanco», que será explicado mañana martes en una rueda de prensa en Pekín por siete viceministros que participan en las negociaciones con Washington. El sábado, justo después de que EE.UU. le impusiera sanciones por comprar armamento a Rusia, China suspendió el viaje que el viceprimer ministro Liu He tenía previsto efectuar esta semana a Washington para retomar el diálogo. Dentro de la guerra de la propaganda, Pekín también compró el domingo cuatro páginas en el principal periódico del Estado de Iowa, granero electoral de Trump, para explicar el impacto de la guerra comercial a sus agricultores, sobre todo a los productores de soja cuyas exportaciones a China se ven encarecidas con aranceles. Publicado por el «Des Moines Register», dicho suplemento especial había sido elaborado por el periódico oficial «China Daily« y aseguraba que el conflicto era «fruto del sinsentido» del presidente Trump. Mientras uno de estos «publirreportajes» contaba que China se veía ahora obligada a importar soja de Latinoamérica en lugar de comprársela a EE.UU., otro recordaba el cariño del presidente Xi Jinping por Iowa. En 1985, cuando China aprendía lo que era el capitalismo y Xi empezaba a ascender en el Partido Comunista, allí se pasó dos semanas haciendo un curso sobre modernización agrícola y alojado con una familia del pueblo de Muscatine. Tan lejanos aquellos días como los de la visita de Trump a Pekín en noviembre, donde alardeó de su amistad con Xi Jinping, las espadas están en alto entre las dos principales potencias económicas del mundo. Con aranceles del 10 por ciento, que subirán al 25 por ciento el 1 de enero si la «guerra comercial» persiste, la nueva lista que entró en vigor ayer afecta a una amplia gama de importaciones chinas, desde carne hasta artículos electrónicos pasando por muebles y ropa. La respuesta de China Por su parte, Pekín aplicará tasas del 5 por ciento a 1.600 importaciones estadounidenses, incluyendo ordenadores y ropa de marca, y del 10 por ciento a otros 3.500 artículos, como carne, trigo, vino, productos químicos y gas natural licuado. Desde que Trump desató esta guerra en julio para equilibrar su balanza comercial, que sufre un déficit de 375.000 millones de dólares (318.000 millones de euros), los aranceles estadounidenses han gravado ya importaciones chinas por valor de 50.000 millones de dólares (42.500 millones de euros). Tras esta segunda ronda de hoy, Trump ha amenazado con más tasas si China responde, como así ha ocurrido. Para su siguiente «fase tres», promete gravar importaciones chinas que suman 267.000 millones de dólares (227.000 millones de euros), lo que incluiría casi todas las compras que EE.UU. hace a la «fábrica global».
22-09-2018 | Fuente: elpais.com
China convoca al embajador de EE UU tras las sanciones por la compra de armamento ruso
Washington había asegurado que "el objetivo final de estas medidas" era en realidad Moscú, pero Pekín advirtió de que habría consecuencias si no se producía una rectificación
22-09-2018 | Fuente: abc.es
Sobreactuaciones
Desde que llegó vemos el mismo patrón de comportamiento en todos los actores internacionales cuando el constructor de Queens, sentado en el Despacho Oval, toma una de esas decisiones que sus antecesores procuraban no tomar. Las sobreactuaciones, ahora de Pekín y Moscú, ayer de Bruselas, NAFTA o Teherán parecen orquestadas por el propio Donald Trump al que tanto gusta dramatizar. Washington ha impuesto una considerable batería de sanciones a China por su compra de armamento a Rusia. Porque Moscú está sometido a embargo occidental por su anexión de Crimea y otro norteamericano por sus injerencias en las elecciones presidenciales de 2016. Pekín y Moscú pretenden estar horrorizados por esta espantosa noticia que quieren hacer creer es poco menos que una declaración de guerra. Y conminan al presidente Donald Trump a rectificar. Si no, dicen, habrá graves represalias. Ni tanto ni tan calvo. China y Rusia sabían bien que las grandes compras de armamento ruso que acaba de hacer Pekín violan el embargo impuesto. Trump es previsible. Quien rompe los embargos de EE.UU. comete un acto hostil a EE.UU. que enfada a EE.UU. y sentirá el enfado de EE.UU. En Washington ya no está aquel presidente que siempre cobardeaba y que no cumplía ni sus promesas ni sus amenazas. Lo sabe Volkswagen, que no es china ni rusa, y ha abandonado Irán para cumplir con el embargo de Trump. La izquierdista y filoiraní Federica Mogherini se ha tragado su baladronada de que los europeos ignorarían el embargo de EE.UU. a Irán. Los chinos y los rusos podrán buscar formas represalias. Quizás las tomen. Probablemente no muchas. Lo que no podrán es decir que le han doblado el pulso al presidente norteamericano. Ni con la guerra comercial que alarma más a los periodistas y académicos que a comerciantes e inversores a la vista de cómo va Wall Street. Ni con maniobras militares conjuntas chino-rusas que tampoco impresionan demasiado. China y Rusia tienen que escenificar la ofensa. Pero ellos sí entienden, parece que mejor que los europeos, que Trump ejerce como el negociador de Queens que siempre tiene al final consideración para los intereses ajenos. Cuando los suyos están amarrados.
22-09-2018 | Fuente: abc.es
La batería de sanciones de Estados Unidos contra Rusia salpica a China
Estados Unidos apunta a Rusia pero el disparo impacta en China. Eso es lo que se puede concluir del anuncio que realizó el jueves el Departamento de Estado, que dirige Mike Pompeo, sobre la imposición de nuevas sanciones, que afectan a 33 ciudadanos y empresas rusas, pero también al Departamento de Desarrollo de Equipos (EDD, en sus siglas en inglés), órgano dependiente del Ministerio de Defensa chino, que fue creado hace un par de años por el presidente Xi Jinping con el objetivo de mejorar la tecnología disponible para el ejército. La administración Trump sanciona a China por la compra de diez cazas rusos Sukhoi Su-35 en 2017 y de misiles tierra-aire S-400 en 2018 a Rosoboronexport, el principal exportador ruso de armas, en aplicación de la Ley para Contrarrestar a Adversarios de Estados Unidos mediante Sanciones (CAATSA, en sus siglas en inglés). Una de sus consecuencias es que afecta a terceros países, en este caso a China por hacer negocios con empresas rusas que forman parte de una lista negra de empresas relacionadas con el Kremlin. El Departamento de Estado anunció de esta forma que sanciona al EDD y a su director, Li Shangfu, al que prohíbe la entrada en el país, por su compra de aviones y armamento a la citada empresa rusa. La sanción implica que no podrán exportar productos a Estados Unidos o realizar operaciones dentro de su sistema financiero, y además se les embargarán las propiedades que puedan tener en el país. La ley que ampara estas sanciones fue firmada por el presidente Donald Trump en agosto de 2017, después de que el Congreso aprobara por amplia mayoría una iniciativa destinada a sancionar a Irán, Corea del Norte y Rusia. Trump aprovechó la firma de la ley para arremeter contra ella por considerarla «significativamente defectuosa». De lo que en el fondo se lamentaba el presidente es de que la ley le resta poderes para levantar algunas de las sanciones a Rusia aprobadas por su predecesor, Barack Obama. «Las acciones no tienen como propósito socavar las capacidades militares o la preparación para el combate de ningún país», explicó el Departamento de Estado en un comunicado, «sino imponer costes a Rusia en respuesta por su interferencia en el proceso electoral de Estados Unidos, su inaceptable comportamiento en el este de Ucrania y otras actividades malignas». «Habrá consecuencias» Estas sanciones abren un nuevo frente entre Estados Unidos y China. El autoritario régimen de Pekín ha respondido airadamente a Washington. El portavoz de Exteriores chino, Geng Shuang, instó ayer a la Casa Blanca a retirar dichas sanciones o, de lo contario, habrá consecuencias. «China está fuertemente indignada con el movimiento ilógico por parte de EE.UU.», aseguró Geng Shuang en su comparecencia diaria ante la prensa, según informa la agencia Xinhua. A su juicio, «EE.UU. ha violado seriamente las normas básicas de las relaciones internacionales y dañado severamente los lazos entre los dos países y sus ejércitos». Por ese motivo, instó a Washington a «corregir inmediatamente su error y retirar las llamadas sanciones. De lo contrario, tendrá que atenerse a las consecuencias». Aunque el portavoz no quiso indicar cuáles serían, esta amenaza empeora aún más las relaciones entre Pekín y Washington, enfrentados por la guerra comercial que han desatado los aranceles del presidente Trump. Este es el último capítulo de la nueva guerra fría que enfrenta a Pekín y Washington, junto al agravamiento de su guerra comercial con nuevos aranceles cruzados que entrarán en vigor el lunes y su disputa en el Mar del Sur de China. Impuestas desde 2014 sin el apoyo de China, estas sanciones de EE.UU. y sus aliados occidentales se dirigen fundamentalmente contra la economía rusa y su firma estatal de venta de armas, Rosoboronexport. Pero han salpicado al régimen de Pekín en el momento más tenso de sus relaciones con Washington de los últimos años. De hecho, no parece casual que el Departamento de Estado haya anunciado las sanciones en plena guerra comercial con China, que ha reforzado su alianza con Rusia frente a la hegemonía estadounidense. Así lo demuestra la participación del Ejército chino en las gigantescas maniobras que Moscú llevó a cabo a principios de este mes en Vostok, donde ambos países lucieron músculo militar de forma conjunta. Con dichos juegos de guerra, China y Rusia trasladan al campo militar el multilateralismo que vienen propugnando para minar la menguante presencia internacional de EE.UU., cada vez más cuestionada por los altibajos del presidente Trump. Imputados por Mueller Junto a Li Shangfu y su Departamento de Desarrollo de Equipamiento de la Comisión Militar de Central, en la lista negra fueron incorporadas 33 ciudadanos -entre los que se encuentra Yevgeny Prigozhin, oligarga ruso conocido como «el cocinero de Putin»- y empresas rusas. Entre ellos, los 25 rusos que ya fueron imputados con anterioridad por el fiscal especial Robert Mueller, encargado de la investigación de la supuesta injerencia rusa en las elecciones de 2016. La lista suma ahora 72 personas y empresas que, según Estados Unidos, tiene relación con la inteligencia rusa. Estar en ella no implica necesariamente la imposición de una sanción para los afectados, pero sí para aquellos que realicen tratos con ellos.
21-09-2018 | Fuente: elpais.com
China amenaza a EE UU con represalias por las sanciones a la compra de armamento ruso
Washington asegura que "el objetivo final de estas medidas" es en realidad Moscú
21-09-2018 | Fuente: elpais.com
EE UU sanciona a China por la compra de aviones militares rusos
Washington podría considerar imponer medidas similares contra otros países que reciban armamento de Moscú
19-09-2018 | Fuente: abc.es
La provincia siria de Latakia alberga dos bases militares rusas
Tras la llegada a Siria de un régimen de corte socialista con Hafez al Assad, padre de Bashar al Assad, Damasco y Moscú estrecharon lazos. La cooperación militar llevó a que la Unión Soviética se dotara, a partir de 1971, de una base naval en el Mediterráneo, la de Tartús (Latakia), que sirvió para pertrechar, reparar y abastecer a la flota soviética en sus singladuras frente a la norteamericana. Pero, tras la desintegración de la URSS, la base quedó prácticamente en desuso hasta que el actual presidente Vladímir Putin decidió recuperarla. El nuevo desembarco se produjo en 2013 y, a 30 de septiembre de 2015, cuando Rusia comenzó la actual intervención militar en Siria, ya contaba con 1.700 efectivos para dar servicio in situ a los navíos rusos. Un año después, en octubre de 2016, Moscú decidió convertir Tartús en una base permanente. Para su defensa, se desplegaron varias lanzaderas de misiles S-300. El antiguo jefe del Estado Mayor de la Marina rusa, el almirante Víctor Krávchenko, aseguró entonces que «se trata de crear una infraestructura completa. No son sólo barcos y muelles, sino un sistema de mando, medios de vigilancia y defensa, sistemas de defensa antiaérea y costera. También implica desplegar un importante contingente terrestre para proteger las instalaciones», recalcó. La base naval cuenta ahora también con misiles S-400 y puede albergar simultáneamente hasta once buques, incluidos los de propulsión atómica. Contra los insurgentes La otra base que Rusia tiene en la zona, la de Jmeimim, también en Latakia pero más al norte, se empezó a construir deprisa y corriendo nada más comenzar los bombardeos rusos en Siria de hace tres años. Las operaciones aéreas rusas contra los insurgentes sirios se lanzan fundamentalmente desde Jmeimim, aunque en ocasiones toman parte aparatos emplazados en portaaviones. Según sendos acuerdos firmados entre Moscú y Damasco, Rusia podrá seguir utilizando ambas bases durante los próximos 50 años, independientemente de cuánto dure la actual guerra. En diciembre del año pasado, cuando fue ratificado el acuerdo de utilización de Tartús y Jmeimim, Putin manifestó que «las dos bases rusas que permanecen en el suelo sirio constituyen un factor importante para la defensa de nuestros intereses nacionales y la seguridad de nuestro país». Pero la presencia rusa en Latakia ha hecho que la provincia se convierta en un lugar aparentemente seguro para arsenales y fábricas de armamentos del Ejército sirio, como la que fue atacada el lunes por la aviación israelí. No obstante, las dos bases rusas han sido atacadas numerosas veces por las milicias rebeldes. Rusia es el principal aliado de Assad, gracias al que ha logrado recuperar el control del territorio sirio casi en su totalidad, a excepción de la provincia de Idlib, objeto de un acuerdo alcanzado el lunes entre Moscú y Ankara.
18-09-2018 | Fuente: abc.es
Un acuerdo nada sencillo de ejecutar para Siria
Rusia y Turquía volvieron a demostrar que las decisiones importantes en esta nueva Siria se adoptan a miles de kilómetros de Damasco y que Estados Unidos carece de peso en los despachos donde se debate el futuro de esta guerra. Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan anunciaron que, de momento, no habrá una ofensiva a gran escala contra Idlib, última provincia fuera del control del Ejército y bastión del brazo sirio de Al Qaeda. Ese es el único punto claro y tangible tras una cumbre en la que le memorándum final no parece nada sencillo de ejecutar. El 15 de octubre es la fecha acordada para la entrada en vigor de la zona de desmilitarización que patrullarán rusos y turcos, pero es también el día para el que los grupos opositores deberán haber entregado sur armamento pesado y, lo que parece aun más complicado de lograr, para que los combatientes del brazo sirio de Al Qaeda abandonen la zona. Esta es la exigencia número uno de Moscú y ahora Erdogan deberá conseguir que los grupos a los que apadrina y arma desde 2011 consigan separarse y expulsar a los combatientes leales a AQ, que podrían ser unos 10.000, según las cifras que baraja Naciones Unidas. ¿Cuál será su destino? El aspecto esperanzador del acuerdo es que los firmantes son países con peso real en una guerra en la que tienen desplegados a sus ejércitos. Tanto Rusia como Turquía están metidos de lleno en este conflicto y defienden sus propios intereses. No se trata de una serie de medidas abstractas adoptadas por Naciones Unidas en Ginebra, sino de puntos muy concretos negociados por Putin y Erdogan, patrocinadores del Gobierno de Damasco y de la oposición armada y política respectivamente. Moscú y Ankara tienen sus propias agendas. Putin necesita asegurar sus bases militares en Latakia y para ello debe eliminar cualquier amenaza de la vecina Idlib. El líder ruso también quiere ganarse el respaldo de Erdogan en su pulso personal con Donald Trump y lo consigue ya que al suspender la ofensiva el presidente turco gana tiempo para seguir reforzando las milicias sirias con las que pretende frenar la amenaza de los kurdos, que son los grandes aliados de Estados Unidos. Todo esto y mucho más está sobre la mesa en la que se debate el futuro de Siria, un país que se limita a poner el tablero donde se disputan estas grandes partidas, la destrucción y los muertos.
18-09-2018 | Fuente: abc.es
Estados Unidos utiliza los mismos argumentos que Pedro Sánchez para vender armas a Arabia Saudí
Bajo el titular «Made in America» («Hecho en América») y la fotografía de un niño con el rostro ensangrentado, «CNN» publica este martes varias informaciones donde detalla los estragos que la venta de armamento de Estados Unidos a Arabia Saudí está causando en la guerra de Yemen. Los argumentos que esgrime Washington para llevar a cabo esas transacciones son similares a los que emplea Madrid, que en estas últimas semanas ha tenido que enfrentarse a las acusaciones del daño que causa con la venta de armas a Riad. Gracias a a los datos proporcionados por Mwatana, una asociación en defensa de los Derechos Humanos, «CNN» explica que aunque «Estados Unidos dice que no toma decisiones sobre los objetivos que elige la coalición» ?en referencia a los lugares que Riad decide atacar con las armas vendidas por Estados Unidos?, Washington «apoya sus operaciones a través de miles de millones en venta de armas» o «la recarga de combustible para aviones militares saudíes». «Hay una responsabilidad moral y legal en vender armas a la coalición de Arabia Saudí», explica Radhya al-Mutawakel, directora de Mwatana, en el medio estadounidense. El pasado agosto, 29 niños yemeníes, todos menores de 15 años, murieron cuando el autobús escolar en el que viajaban fue atacado. Las armas habían sido vendidas por Waghinton a Riad, según revela «CNN». «En medio del cruce de acusaciones, llegaron las imágenes terribles en los hospitales de Sada donde los servicios médicos atendían a decenas de niños heridos que llegan ensangrentados y con las mochilas a la espalda. La morgue quedó colapsada y se tuvieron que repartir los cuerpos en el suelo metidos en bolsas de plástico. En el exterior del hospital, se podían ver los efectos de las explosiones en una zona comercial arrasada», explicó Mikel Ayestaran, corresponsal de ABC en Jerusalén, sobre ese ataque. Polémica en España La exclusiva de la «CNN» llega cuando la polémica sobre la venta de armas de España a Arabia Saudí sacude a la Moncloa. Hace unos días, la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, aseguró que las armas que Madrid vende a Riad «son de alta precisión», por lo que «no se van a equivocar matando a yemeníes». La información del medio estadounidense, que recuerda que el expresidente Barack Obama pidió en 2016 que se detuviera la venta de municiones guiadas de precisión a Arabia Saudí, plantea que esa «eficacia» es cuestionable. La llegada de Trump a la Casa Blanca levantó esa prohibición de la Administración Obama en 2017. Tras la tormenta causada por la declaraciones de Celaá, el presidente Pedro Sánchez intentó justificar la venta de armas el pasado domingo, durante su entrevista en «La Sexta». Sánchez afirmó: «La responsabilidad que tiene este Gobierno llega hasta nuestras fronteras». Un argumento similar al de la portavoz del Pentágono, Rebecca Rebarich, en la «CNN»: «La decisión final de las operaciones es tomada por los miembros de la coalición de Arabia Saudí, no por Estados Unidos». En ambos casos, se evita asumir responsabilidades afirmando que el país que vende el armamento no tiene capacidad para decidir lo que los receptores van a hacer con él.