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Noticias de aranceles

07-06-2018 | Fuente: abc.es
Trump atribuye por error a Canadá el incendio de la Casa Blanca en 1814
Donald Trump sacó a relucir la Guerra de 1812 entre Estados Unidos y Gran Bretaña en una conversación telefónica, cargada de tensión, con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. «¿Acaso no incendiasteis vosotros la Casa Blanca, tíos?», espetó el presidente estadounidense a su interlocutor en el diálogo que mantuvieron el pasado 25 de mayo a propósito de la guerra comercial abierta por la imposición de aranceles, según ha revelado la CNN. El conflicto que estalló en 1812 entre unos Estados Unidos aún jóvenes (había logrado su independencia en 1783) y su antigua metrópoli, el Reino Unido, se conoce a menudo como una segunda guerra de la independencia y uno de los motivos que la desencadenó fue, precisamente, por las trabas comerciales que imponían los británicos a los productos estadounidenses, en concreto al imponer un bloqueo en los intercambios con Francia. El incendio de la Casa Blanca al que se refirió Trump en su conversación con Trudeau se produjo efectivamente en el transcurso de aquella guerra, concretamente el 24 de agosto de 1814. Pero no fueron exactamente los canadienses sus autores, sino tropas de Gran Bretaña, que era el país contra el que EE.UU. estaba enfrentado. En aquella época Canadá era todavía una colonia británica. Durante el incendio de la capital estadounidense, la entonces primera dama, Dolley Madison, rescató un retrato de George Washington antes de salir huyendo de la residencia presidencial. Durante el conflicto, los estadounidenses intentaron invadir el territorio canadiense, algo que, a pesar de algunas victorias parciales, no llegaron a conseguir. En este sentido, el incendio de la Casa Blanca habría sido en represalia por el ataque estadounidense a York, la actual Toronto. El incendio de la Casa Blanca en 1814, por Tom Freeman - White House Historical Association Aunque la Guerra de 1812 no es tan conocida por el gran público como otras en las que ha participado EE.UU., en ella hubo miles de muertos y en su momento permitió al nuevo país consolidarse como nación independiente, a pesar de que más bien concluyó en un empate. De ese enfrentamiento surgió uno de los grandes símbolos patrióticos de EE.UU.: su himno nacional. Francis Scott Key, autor de la letra de la «Star Spangled Banner» (Bandera tachonada de estrellas) que los estadounidenses siguen cantando con fervor en la actualidad, se inspiró en el ataque británico al fuerte McHenry a la entrada del puerto de Baltimore, al observar emocionado cómo ondeaba la enseña nacional tras un implacable bombardeo. Incluso los orígenes de la figura del Tío Sam, con la que se identifica a Estados Unidos, se sitúa también en esta guerra. Por otra parte, uno de los presidentes más admirados por Trump, Andrew Jackson, protagonizó al final de este conflicto, en 1815, la defensa de Nueva Orleáns frente a los británicos, una de sus gestas más recordadas y con la que se convirtió en héroe nacional. «El impacto de los aranceles no es asunto de risa» Según las fuentes citadas por la CNN, Trudeau conminó a Trump para que le explicara cómo podía justificar los nuevos aranceles para las importaciones del acero y el aluminio canadienses en una cuestión de «seguridad nacional». La respuesta de Trump fue la alusión señalada a la Guerra de 1812: «¿Acaso no incendiasteis vosotros la Casa Blanca?». Al preguntar si el comentario fue recibido como una broma, una de las fuentes sobre la llamada responde: «Hasta el grado en que uno puede tomar lo que se dice como una broma. El impacto en Canadá, y en último término en los trabajadores de EE.UU., no será un asunto de risa». La Casa Blanca ha declinado hacer comentarios y el Consejo de Seguridad Nacional no respondió de forma inmediata la solicitud de la CNN de dar su versión.
07-06-2018 | Fuente: abc.es
La apertura de Rusia a Italia puede romper el equilibrio de la Unión Europea
Con su apertura a la Rusia de Putin, el nuevo gobierno populista italiano puede crear un terremoto en las relaciones exteriores, no solo de Italia, sino también en la europeas. Para todos los analistas extranjeros y las cancillerías europeas, la parte más significativa del primer discurso del jefe del gobierno italiano, Giuseppe Conte, en el Parlamento, ha sido su neta apertura a Rusia. Una apertura que conlleva la idea de levantar las sanciones económicas que en el 2014 la Unión Europa impuso, con el apoyo de Estados Unidos, a Moscú después de la ocupación militar rusa de Crimea, lo que supuso un atentado a la soberanía e integridad territorial de Ucrania. Fue muy pobre la explicación del profesor Giuseppe Conte sobre política exterior, sin explicar con precisión la colocación internacional de Italia. Como no podía ser menos, mostró su adhesión a la Alianza Atlántica, pero dedicó más espacio y con más énfasis a precisar que Italia está también con Rusia: «Tenemos la intención de reiterar la convencida pertenencia de nuestro país a la Alianza Atlántica, con los Estados Unidos de América como aliado privilegiado», dijo. A continuación, añadió un párrafo importante para confirmar con fundamento una línea pro-rusa de Italia que nunca fue tan clara y explícita: «Seremos autores de una apertura a Rusia, que ha consolidado en los últimos años su papel internacional en varias crisis geopolíticas. Nos haremos promotores de una revisión del sistema de sanciones, a partir de las que corren el riesgo de mortificar a la sociedad civil rusa». Italia se distancia de sus aliados Obviamente, con este nuevo enfoque en la política exterior, el nuevo gobierno populista italiano se separa de la línea de una acción común europea frente a la Rusia de Putin. Nadie considera que es un tema baladí, porque Italia es la tercera economía de la eurozona y juega un papel fundamental en el Mediterráneo por su posición estratégica. El gran inspirador de este cambio es el ministro del Interior, Matteo Salvini, en su condición de secretario de la Liga Norte, de extrema derecha. Se sabe que el profesor Conte actúa como portavoz del programa de gobierno ?él mismo se definió «garante del contrato»? firmado por el líder del antisistema Movimiento 5 Estrellas (M5E) y el propio Salvini, ambos vicepresidentes del gobierno. Factor ruso El factor Rusia está desde hace tiempo en la política interna italiana, con la mirada de Moscú puesta en los movimientos antisistema y populistas. Ante las elecciones italianas del 4 de marzo, Europa y Estados Unidos tenían interés en una victoria de los partidos tradicionales, ya fueran de izquierda o de derecha, mientras sentían gran temor por que ganaran los populistas y antisistema. La posición de Moscú era diametralmente opuesta: ansiaba la victoria de la Liga Norte de Matteo Salvini y del M5E. Ya durante la campaña, actores rusos ejercitaron influencia a través de las redes sociales para favorecer un resultado que creara un terremoto político e inestabilidad interna y externa. Esa «influencia perversa» rusa en la web se evidenció en las elecciones presidenciales de Estados Unidos y de Francia, en los comicios generales de Alemania e incluso en el Brexit de Reino Unido. Cabe añadir otro factor decisivo para explicar el interés y la presencia de Rusia en la política italiana: La Liga Norte tiene una especial relación con el partido Rusia Unida, el principal partido político ruso del que es líder indiscutible Vladímir Putin. Esa relación de la Liga y Rusia Unida se concretó con la firma de un acuerdo en Moscú entre Salvini y el partido de Putin el 6 de marzo 2017. Salvini se comprometió entonces a «facilitar» la cooperación multilateral entre la Federación Rusa y la República italiana con un «acuerdo histórico». No puede sorprender ahora el discurso del nuevo primer ministro italiano, a la luz de lo que revela ese acuerdo entre la Liga y Rusia Unida: «Se consultarán y se intercambiarán informaciones sobre temas de actualidad, sobre las relaciones internacionales y desarrollo económico». Fue un acuerdo suscrito con la esperanza de convertirse en poco tiempo en «una relación entre dos fuerzas políticas de gobierno», sobre la base del común denominador de todos los movimientos nacional-populistas: «La soberanía estatal». Salvini precisó entonces en su página de Facebook los temas que trató con sus interlocutores rusos en Moscú: «Lucha a la inmigración clandestina y al terrorismo islámico, pacificación de Libia y final de las sanciones contra Rusia, que han costado a Italia 5.000 millones de euros y miles de puestos de trabajo perdidos». Precisamente, este punto, el levantamiento de las sanciones, es clave y central para el gobierno ruso, hasta el punto de constituir una cuestión fundamental en todos los encuentros que Rusia Unida ha tenido con todos los partidos populistas europeos. No pasó desapercibido aquel acuerdo Liga-Rusia Unida para algunos medios, en particular para el prestigioso diario «Financial Times»: «Ese acuerdo es un tentativo más del Kremlin para desarrollar relaciones formales con grupos populistas con vistas a las elecciones que se desarrollarán en los próximos meses y en las que los grupos de extrema derecha aumentarán su consenso». Hasta entonces, solo el Partido de la Libertad austriaco de Heinz-Cristian Strache, con un pasado de neonazi, actualmente vicecanciller, había hecho algo parecido, llegando incluso a «hermanarse» con Moscú en el 2016. El aliado de Putin en Viena Seguramente no fue casual que, en coincidencia con el discurso de Giuseppe Conte en el parlamento italiano, apareciera en Viena Vladimir Putin. El presidente ruso se entrevistó con el canciller Sebastian Kurz, desde siempre muy partidario de la necesidad de aproximarse a Rusia, como su vicecanciller, el populista Heinz-Christian Strache, de extrema derecha. Oficialmente, Putin visitó Viena en coincidencia con el 50º aniversario del acuerdo todavía en vigor entre Austria y la entonces Unión Soviética sobre suministro de gas natural. Esto solo era una justificación. El verdadero motivo del viaje de Putin a Viena residió en que Austria inicia el próximo mes el semestre de presidencia de la Unión Europea. Austria, al contrario que la mayor parte de los gobiernos europeos y occidentales que han decidido distanciarse de Moscú, prefiere estar abierta al diálogo con el Kremlin. El canciller Kurz ha subrayado que Viena quiere ser «un puente entre este y oeste». Pero Vladimir Putin va más allá: abre dos puertas en la Unión Europea con dos gobiernos filorusos, pero sobre todo su interés está en Italia, un aliado estratégico en el Mediterráneo. Plan desestabilizador «Por su parte, el gobierno de Roma tiene a alguien que le cubre las espaldas en su confrontación/choque que se perfila con la Unión Europea», escribe el diario «La República», preguntándose si Matteo Salvini es consciente de «cuánto puede ser desestabilizador su modo de proceder, aunque quizás sea el resultado que pretende Salvini». El líder de la Liga cuenta además con las simpatías de los países nacionalistas del Grupo de Visogrado (Hungría, polonia, la República Checha y Eslovaquia). Preocupa la nueva orientación del gobierno italiano, que podría liderar el grupo de países pro-rusos, en un contexto de tensión internacional y de guerra comercial que podría agravarse. La Comisión Europea aprobó ayer aranceles aduaneros a una lista de productos estadounidenses, en represalia por los aranceles del presidente Donald Trump al aluminio y el acero europeos. La inminente cumbre del G7 y la próxima de la OTAN, a mitad de julio en Bruselas, despiertan hoy la atención mundial. Y los ojos de los líderes presentes observarán sobre todo a Italia.
07-06-2018 | Fuente: elpais.com
?Hemos escuchado cosas desde la Casa Blanca que no son apropiadas?
El máximo responsable de la negociación del TLC con Estados Unidos y Canadá subraya que "el acuerdo perfecto nunca va a llegar" y opina, tras los aranceles de Trump, que la mejor forma de "mantener la paz comercial es tener capacidad de respuesta"
06-06-2018 | Fuente: elpais.com
?Hemos escuchado cosas que no son apropiadas desde la Casa Blanca?
El máximo responsable de la negociación del TLC con Estados Unidos y Canadá subraya que "el acuerdo perfecto nunca va a llegar" y opina, tras los aranceles de Trump, que la mejor forma de "mantener la paz comercial es tener capacidad de respuesta"
06-06-2018 | Fuente: abc.es
Bruselas decide la imposición de aranceles a EE.UU. a partir de julio
La Comisión Europea (CE) ha aprobado este miércoles la imposición de aranceles adicionales a productos estadounidenses, una medida que entrará en vigor en julio en respuesta a la decisión del Gobierno de Estados Unidos de gravar las importaciones de aluminio y acero de la Unión Europea (UE). «La CE espera concluir el proceso de coordinación con los Estados miembros antes del final de junio para que los nuevos aranceles puedan entrar en vigor a partir de julio», anunció la CE en un comunicado. El Ejecutivo comunitario recordó que la lista con todos los productos estadounidenses que estarán sujetos a nuevos aranceles fue «previamente notificada a la Organización Mundial del Comercio (OMC)» el pasado 18 de mayo, por lo que su aplicación estaría en línea con la legislación comercial internacional. «Es una respuesta proporcional a la decisión ilegal y unilateral de Estados Unidos de imponer tarifas a las importaciones de acero y aluminio de la UE», aseguró la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, quien destacó que la respuesta de la CE «está en línea con las normas de la OMC». Por su parte, el vicepresidente de la CE para la Competitividad y el Empleo, Jyrki Katainen, señaló durante una rueda de prensa que «la comisaria Malmström ofreció a EEUU tanto un acercamiento constructivo a la cuestión de los aranceles como la posibilidad de unirse para reformar la OMC». «Se negaron a aceptar estas ofertas, pero siguen en pie y, si los americanos quieren mejorar el entorno comercial internacional, siempre encontrarán un amigo al otro lado del Atlántico», aseguró Katainen, quien entiende que en la actual disputa comercial «no hay ningún ganador». Acuerdo de Salvaguardias El Acuerdo de Salvaguardias de la OMC permite utilizar medidas de reequilibrio correspondientes al daño causado, que, según las estimaciones de la Comisión Europea, ascenderían hasta los 6.400 millones de euros. Los aranceles adicionales aprobados hoy suponen que la UE puede ejercer sus derechos sobre productos estadounidenses por valor de 2.800 millones de euros, mientras que el reequilibrio restante, de 3.600 millones, tendrá lugar más adelante, en un plazo de tres años o, si llegase antes, tras una resolución positiva de la OMC en la disputa lanzada por el bloque europeo. En la lista notificada a la OMC figuran productos como maíz dulce, zumo de naranja, arándanos, maquillaje y tabaco, y materiales de construcción como tuberías y planchas de acero. La imposición de nuevos gravámenes a productos estadounidenses forma parte de la triple respuesta planteada por la Comisión Europea, que incluye también la denuncia a EE.UU. presentada el 1 de junio ante la OMC y la posible activación de medidas para proteger al mercado europeo de los efectos de los aranceles estadounidenses. En este sentido, la CE inició el 26 de marzo una investigación sobre los efectos para la industria del acero de estos nuevos gravámenes y tiene un plazo de nueve meses para decidir si aplica estas medidas de salvaguardia que, en caso de ser necesarias, podrían entrar en vigor antes de que concluya ese periodo. La Comisión Europea tomó la decisión de imponer estos nuevos aranceles en la reunión semanal del colegio de comisarios y ahora tendrá que coordinar los detalles de su aplicación con los Estados miembros.
02-06-2018 | Fuente: elpais.com
Canadá denuncia a Estados Unidos ante la OMC
La ministra canadiense de Asuntos Exteriores, Chrystia Freeland, asegura que los aranceles de Trump sobre el acero y el aluminio no respetan las reglas de la organización ni del TLC
01-06-2018 | Fuente: elpais.com
EE UU se lanza a la guerra comercial contra la UE, México y Canadá
Washington confirma que los nuevos aranceles al acero y al aluminio entrarán en vigor esta medianoche. Bruselas y el Gobierno de Peña Nieto ya han anunciado represalias.
01-06-2018 | Fuente: abc.es
Trump ve la guerra comercial como «necesaria» para lograr concesiones
Aunque parezca una ruptura, la decisión de Trump de aplicar los aranceles al acero y el aluminio a la Unión Europea, Canadá y México es más bien otra vuelta de tuerca. Es un hecho que la guerra comercial ya se ha iniciado, pero también que las medidas que la provocan podrían parar en cualquier momento. Es el «modus operandi» de Donald Trump, el magnate de regate en corto que sólo contempla un objetivo: sacar tajada en la negociación. No importa que al otro lado de la mesa estén los aliados de EE.UU. ni que sus maniobras pongan boca arriba los mercados. Cuando el controvertido inquilino de la Casa Blanca compruebe que no puede obtener más beneficio, cesarán las hostilidades. El anuncio de la entrada en vigor de los aranceles confirma que la Administración estadounidense va a seguir con la estrategia del palo y la zanahoria. Wilbur Ross aseguró que continuarán las negociaciones con la UE y con canadienses y mexicanos, con quienes se encuentra en pleno proceso renegociador del TCLAN (Tratado de Libre Comercio para América del Norte). Y justificó su negativa a la excepcionalidad permanente que reclamaba Bruselas con esta ambigua declaración: «No estamos preparados para prolongar tal condición». Una forma de reconocer que EE.UU. necesita presionar más para obtener lo que busca. El presidente proteccionista lanzó su primera advertencia de levantar barreras arancelarias en marzo. En abril, China recibió la primera batería de imposiciones a sus exportaciones de metal y aluminio, mientras se aplicaba una prórroga de un mes a los aliados. El aplazamiento se repetiría hasta el 31 de mayo. Maniobras de tanteo con las que Trump estaba emprendiendo su particular proceso de negociación. Con el argumento reiterado, y real, de que EE.UU. arrastra un déficit comercial con casi todos los países, es decir, que vende menos de lo que compra, Trump daba continuidad a lo prometido en campaña electoral. Entonces prometió a los trabajadores de los estados industriales, de tradicional voto demócrata, que no consentiría que fueran por más tiempo «víctimas» la mala gestión de sus antecesores. Perjuicio a empresas exportadoras Aunque son mayoría los expertos que discrepan de este argumento. A su juicio, el simplista ejercicio de Trump de aplicar la cuenta general de ingresos y gastos a la política comercial se deja por el camino muchos ángulos. En especial, el perjuicio que sufrirán las empresas exportadoras, y sus empleados, con la aplicación de aranceles a sus bienes para acceder a los mercados de los países afectados. También, el de los consumidores estadounidenses, que verán cómo aumentan los precios de los productos cargados por Trump con más imposición. De momento, el principal sector afectado por los aranceles es el de la construcción de equipamiento militar, que incluye los tanques, armas y vehículos acorazados. Una industria que ha elegido para vincular su discurso al de la seguridad, el otro gran mensaje de cabecera de un presidente que asegura que el desequilibrio comercial ha debilitado la capacidad de defensa de EE.UU. Ross lo resumió así: «Defendemos el principio de que sin una economía fuerte, no puedes tener una seguridad nacional fuerte». Pero las amenazas no cesan. Mientras se negocia, la Administración Trump prepara hacer efectiva una segunda remesa de aranceles a productos importados. Ésta de aplicación al sector del automóvil, tanto a los vehículos ya fabricados como a las piezas para su construcción en EE.UU.
01-06-2018 | Fuente: elpais.com
Trudeau: ?No veo señales de sentido común en EE UU; los aranceles son inaceptables?
Canadá grava productos estadounidenses por valor de 16.600 millones de dólares en respuesta al proteccionismo de Washington
31-05-2018 | Fuente: abc.es
Bruselas anuncia represalias tras la reanudación de aranceles en EE.UU.
Hasta hace poco más de un año, Estados Unidos y la UE negociaban con buen ritmo el contenido del llamado TTIP, el que habría sido el tratado de libre comercio más importante del planeta. De la decepción por el fracaso de ese intento de alianza se ha pasado sin apenas transición a una guerra comercial abierta provocada por el anuncio por parte de la administración norteamericana de que impondrá aranceles suplementarios al acero y el aluminio europeos . Bruselas ha lamentado esta decisión, pero ha respondido ya con un procedimiento ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la puesta en marcha de medidas de respuesta (aranceles) contra productos norteamericanos. La política del presidente Donald Trump ha abierto la puerta de un conflicto cuyas repercusiones pueden llegar muy lejos. Y no para bien. Estados Unidos ha decidido anular la exención provisional que afectaba a Europa, Mexico y Canadá y activar de forma permanente la imposición de un impuesto de aduana extraordinario del 25% a las importaciones de acero y un 10% a las de aluminio. Nada más conocerse la noticia, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, dijo que «Estados Unidos no nos deja otra opción que proceder con un mecanismo de disputa ante la OMC y con la imposición de aranceles adicionales a una serie de importaciones procedentes de Estados Unidos. Defenderemos los intereses de la UE cumpliendo totalmente con la legislación comercial internacional». Las medidas de represalia las tomará la Comisión Europea hoy mismo, puesto que es algo que ya estaba preparado ante la insistencia de Estados Unidos de mantener la amenaza de elevar sus aranceles. «Durante los últimos meses hemos hablado con EE.UU. a todos los niveles posibles para atajar de forma conjunta el problema de la sobrecapacidad en el sector del acero, que sigue estando en el corazón del problema» dijo Juncker al recordar que «la UE no es la fuente del problema de sobrecapacidad, sino que, por el contrario, está igualmente afectada por este». A su juicio, lo que ha hecho Trump «es proteccionismo puro y simple». Amigos, pero menos La medida ha sido recibida con estupor y contrariedad por parte de la práctica totalidad de los agentes económicos europeos e incluso por la cámara de comercio euro-norteamericana. La Comisión Europea tiene las competencias exclusivas en materia de comercio exterior, por lo que ha sido el colegio de comisarios el que ha aprobado la lista de medidas de respuesta, aunque los gobiernos de los países miembros fueron informados. Las medidas que entran en vigor se han centrado en una lista de productos sobre todo simbólicos como zumo de naranja, whisky, tabaco y vaqueros, a los que se les añadirá un impuesto de aduanas del 25%. La comisaria de Comercio, Cecilia Malmstrom, declaró por su parte que «es un mal día para el comercio mundial». A su juicio, la UE ha hecho «todo lo posible» para evitar que se produjese este enfrentamiento y ha criticado la actitud de Washington de usar esta posibilidad como un medio de chantaje cuando «esa no es la manera en la que negocia la UE» y menos cuando se trata de «socios, amigos y aliados duraderos». También la patronal europea ha criticado la actitud norteamericana y ha exigido que se implanten cuanto antes las medidas de represalia. «La UE debería tener una reacción proporcionada para defender efectivamente sus derechos en conformidad con la OMC», dijo en un comunicado su director general, el austriaco Markus J.Beyrer. Sin embargo, la reacción más hostil ha sido la de la propia industria europea del acero, que ve no solamente perjudicadas sus exportaciones directas a Estados Unidos, sino que estima que los productos que no podrán entrar en el mercado norteamericano se desviarán hacia Europa e inundarán el mercado con el consiguiente perjuicio para la industria local. El director general de «Eurofer», Axel Eggert ha pedido que «la UE actúe rápidamente en su propio interés para defender el mercado interior del impacto del acero desviado desde la frontera con EE.UU. hacia el mercado abierto de acero más grande del mundo que es Europa». Según esta patronal, en los primeros cuatro meses de este año las importaciones ya han aumentado un 8,4 %, en una tendencia que se atribuye al hecho de que el mercado norteamericano se ha cerrado. La cuestión de la sobreproducción mundial de acero tiene una causa que no es ni Estados Unidos ni la UE, sino China, pero el presidente Trump ha accedido a negociar con el gigante asiático y ha preferido apretar las tuercas a los aliados tradicionales, para contentar a sus votantes de la industria siderúrgica norteamericana. El problema puede circunscribirse a la esfera comercial, o puede pudrir las relaciones políticas en el seno de la OTAN. Del carácter imprevisible del presidente Trump puede surgir cualquier cosa.
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