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Noticias de aranceles

09-06-2018 | Fuente: abc.es
China «contraprograma» al G-7 reuniendo a las potencias orientales
Mientras las tensiones comerciales por los aranceles de Trump empañan la cumbre en Canadá del G-7, que congrega a los países occidentales más industrializados, la parte oriental del mundo hace piña bajo el liderazgo de China. Durante este fin de semana, se reúnen en la ciudad china de Qingdao las potencias emergentes de la Organización de Shanghái para la Cooperación (OSC), que incluye a China, Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán y, como nuevos miembros tras su ampliación el año pasado, a la India y Pakistán. En total, estos ocho países cubren el 60 por ciento de Eurasia, representan casi la mitad de la población mundial y suman el 20% del PIB global. Frente a la división que reina en el G-7 por los aranceles lanzados por Estados Unidos, los países de la OSC tienen previsto firmar una docena de acuerdos comerciales y de seguridad, lo que da buena cuenta de las distintas frecuencias que emiten Occidente y Oriente. Al frente de la iniciativa se halla el autoritario régimen de Pekín, que alumbró este foro allá por 2001 para aglutinar a los países de Asia Central y lo está expandiendo por el resto del continente. Buena prueba de ello es la reciente incorporación de dos Estados tan antagónicos como India y Pakistán, enfrentados por su rivalidad histórica, y la presencia como observador de Irán, cuya admisión como miembro de pleno derecho está paralizada por las sanciones de la ONU y la pugna nuclear con EE.UU., reabierta por Trump tras retirarse del acuerdo alcanzado por Obama en 2015. Las Nuevas Rutas de la Seda Demostrando de nuevo su auge como superpotencia mundial, China está utilizando este foro para fomentar las Nuevas Rutas de la Seda. Con dicha iniciativa, bautizada oficialmente como La Franja y la Ruta, Pekín intenta expandir sus redes comerciales por todo el mundo y, al mismo tiempo, efectuar inversiones multimillonarias en infraestructuras a cargo de sus bancos y empresas. A cambio, persigue aprovechar los recursos naturales y materias primas de los países por donde discurre este proyecto, lanzado en 2013 por el presidente Xi Jinping. Con la asistencia del presidente de Rusia, Vladimir Putin, y del primer ministro indio, Narendra Modi, Xi vuelve a lucirse como anfitrión de grandes eventos tras su participación en abril en el Foro de Boao, donde anunció una serie de reformas para seguir abriendo la economía china. En honor de los mandatorios presentes, el presidente chino ofreció este sábado un banquete de bienvenida donde destacó los proyectos comunes que unen a los países de la OSC. A esta cumbre de Qingdao seguirán este año el Foro de Cooperación África-China, para extender las Nuevas Rutas de la Seda por ese continente, y la Feria Internacional de Importación y Exportación, con la que Pekín quiere seguir expandiendo su comercio por todo el mundo.
09-06-2018 | Fuente: abc.es
Trump añade suspense en la cumbre del G-7 al llegar tarde al desayuno de trabajo
Fiel a su estilo el presidente estadounidense, Donald Trump, ha proporcionado una pequeña dosis de suspense en la apertura de la segunda y última jornada de la Cumbre del G-7 en Canadá cuando ha aparecido tarde a la primera reunión del día. Trump ha hecho acto de presencia en el desayuno de trabajo del G-7, el último, cuando el anfitrión de la reunión, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, ya había casi concluido su alocución de bienvenida y presentación. El retraso de Trump a la sesión en que los líderes del G-7 están tratando sobre la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, ha causado cierta preocupación ante el temor a que pudiese significar la ausencia del presidente estadounidense durante el resto de la jornada. Antes de iniciarse ayer la Cumbre del G-7 en la localidad de La Malbaie, a unos 140 kilómetros al noreste de Quebec, Trump había expresado su descontento por tener que acudir a la reunión, en la que se ha enfrentado a sus aliados por su política de aranceles. Trump se irá antes para viajar a Singapur Trump también ha obligado a modificar la agenda de la reunión por su decisión de abandonar la cumbre antes de que termine para viajar a Singapur, donde el 12 de junio se reunirá con el líder norcoreano, Kim Jong-un. Aunque en las horas antes del inicio de la cumbre, Trump mantuvo duros duelos dialécticos a través de Twitter con el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, el ambiente se ha relajado una vez que todos los líderes se han juntado a conversar. E
09-06-2018 | Fuente: abc.es
La gran bronca en la 44. Cumbre del G-7 ya había estallado antes de comenzar. Y ya volaban las amenazas de unos europeos furiosos por las anunciadas medidas arancelarias de Washington. En medio del enfado general con seis en contra uno, ese uno, Donald Trump, se permitió hasta cuestionar la composición de la cumbre. Y dijo que el G-7 debía ser de nuevo G-8 con la reincorporación de Rusia, expulsada tras su invasión de Ucrania y anexión del territorio de Crimea. Además anunció que él abandonará hoy la cumbre antes de tiempo. Y se va a Singapur a preparar su encuentro con el norcoreano Kim Jung-un. El inmenso lío ha convertido ya el ambiente de la cumbre en La Malbaie, en Quebec, Canadá, en el peor que se recuerda. Lo cierto es que todo se debe a algo perfectamente previsible como lo es todo lo anunciado por Trump en su campaña electoral en 2016. Entonces anunció aranceles contra productos de Europa, Canadá, de Japón y China en caso de no llegar a un acuerdo con estos países. Y aunque los europeos siguen albergando las esperanzas de que el presidente Trump se arregle con ellos y olvide sus promesas electorales, la realidad vuelve a desmentirles. Porque Trump considera que son estos países los que desde hace décadas castigan a los productos norteamericanos y que sus aranceles solo intentan equilibrar un poco la balanza. Por eso ayer, Trump advirtió que o se llega a un acuerdo para «el trato justo a los productos norteamericanos» o habrá aun mayores consecuencias, también aranceles por parte de EE.UU. Trump recordó que Canadá impone un 270% a los productos lácteos norteamericanos. Hay ejemplos a puñados. Todos los socios comerciales de EE.UU., menos China que tiene una aproximación más serena, dicen estar indignados y en shock y claman contra «la destrucción del orden internacional» por parte de Trump. Lo cierto es que Trump cumple sus promesas electorales y defiende los intereses de quienes lo votaron por ello y para ello. Que hagan todos lo mismo y busquen nuevos acuerdos. La hipocresía de los europeos y canadienses, proteccionistas en tanto frente a tantos, solo conmueve a los desavisados.
08-06-2018 | Fuente: abc.es
Trump propone que Rusia vuelva a estar invitada a las reuniones del G-7
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado este viernes que Rusia debería estar invitada a las reuniones del G-7, un foro del que Moscú fue expulsado en 2014 --entonces G-8-- a raíz de la anexión de la península de Crimea y que llega precedido en esta ocasión por las críticas contra Washington. Trump, que se define a sí mismo como «la peor pesadilla de Rusia», ha afirmado antes de partir rumbo a Quebec (Canadá) que Rusia debería poder participar en la reunión de las grandes economías del mundo. «¿Por qué nos reunimos sin Rusia?», ha planteado el mandatario estadounidense ante los periodistas. «Guste o no, y podría no ser políticamente correcto, tenemos un mundo que gobernar», ha añadido Trump, partidario de tener a Rusia "en la mesa de negociación" de nuevo. Sin embargo, el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, ha advertido de que por ahora la recuperación del G8 no es prioritaria para Moscú. «Nos centramos en otros formatos», ha zanjado en declaraciones a la agencia de noticias rusa Sputnik. La propuesta de Trump por ahora ya ha recibido el visto bueno del primer ministro italiano, Giuseppe Conte, quien se ha mostrado «de acuerdo». «Rusia debería reingresar en el G8. Va en interés de todos», ha afirmado Conte en un mensaje de Twitter. La imposición de aranceles al acero y el aluminio por parte de Trump ha reavivado los temores a una guerra comercial y ha terminado de tensar las relaciones entre el inquilino de la Casa Blanca y el resto de líderes del G-7. Trump, de hecho, abandonará la cumbre antes de que concluya para preparar la reunión del 12 de junio con el dirigente norcoreano, Kim Jong Un. El presidente de Estados Unidos, además, no solo no ha esquivado la polémica sino que la ha reavivado en las últimas horas, con una batería de mensajes en las redes sociales en las que ha dejado claro que no revisará ninguna de sus posturas y en los que ha criticado los «injustos» acuerdos comerciales suscritos entre los países del G-7. Looking forward to straightening out unfair Trade Deals with the G-7 countries. If it doesn?t happen, we come out even better!? Donald J. Trump (@realDonaldTrump) 8 de junio de 2018
08-06-2018 | Fuente: abc.es
Trump propone que Rusia vuelva como invitada a las cumbres del G-7 y amplía la brecha con sus socios
Donald Trump tiene previsto abandonar este sábado la cumbre del G-7 en Canadá varias horas antes de que concluya y poner rumbo a Singapur, donde celebrará la semana que viene su histórico encuentro con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. El plantón del presidente de EE.UU. al resto de líderes de las grandes potencias occidentales, un cambio de agenda anunciado a última hora por sorpresa, es una señal más de la brecha entre Trump y los que hasta ahora han sido los grandes socios de EE.UU. La cumbre arrancó este viernes, calentada por la escalada dialéctica entre Trump y otros líderes y por propuestas polémicas del presidente estadounidense. Tras la adopción de tarifas a principios de mes por parte de Washington contra el acero y el aluminio de Canadá, la Unión Europea y México, el comercio está en el centro de la batalla. El anfitrión y primer ministro canadiense, Justin Trudeau, calificó hace unos días de «insultante» que Trump justificara los nuevos aranceles por seguridad nacional. Ambos mantuvieron una tensa llamada telefónica la semana pasada y los ánimos no parecían apaciguados en la víspera de la cumbre. «Nosotros, como aliados, no podemos declararnos la guerra comercial los unos a los otros. Nuestros soldados pelean hombro con hombro para defender nuestros valores», escribió el presidente francés, Emmanuel Macron, en Twitter. On ne peut pas se faire la guerre commerciale entre alliés. Nos soldats se battent côte à côte pour défendre nos valeurs.? Emmanuel Macron (@EmmanuelMacron) June 7, 2018Trump respondió con el látigo, en la misma red social. «Por favor, decidle al primer ministro Trudeau y al presidente Macron que ellos imponen a EE.UU. tarifas masivas», dijo en un mensaje. «Acabad con vuestros aranceles y barreras comerciales o haremos algo más que igualarlos», amenazó en otro. Please tell Prime Minister Trudeau and President Macron that they are charging the U.S. massive tariffs and create non-monetary barriers. The EU trade surplus with the U.S. is $151 Billion, and Canada keeps our farmers and others out. Look forward to seeing them tomorrow.? Donald J. Trump (@realDonaldTrump) June 7, 2018Este viernes, en Washington, antes de subir al Air Force One rumbo al vecino del norte, dejaba claro su ánimo de confrontación: «Vamos a ocuparnos de políticas comerciales injustas. Lo vamos a cambiar, y ellos van a comprender que va a ocurrir», dijo sobre sus socios occidentales a los reporteros, a quienes también aseguró su intención de acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que le une a México y Canadá si no logra un mejor acuerdo. Por si las turbulencias comerciales no fueran suficientes, Trump agitó la cumbre con una petición inesperada: «Rusia debería estar en esta reunión», dijo todavía en suelo estadounidense. «Te guste o no, y esto quizá no es políticamente correcto, pero tenemos un mundo que liderar. Deberían dejar que Rusia regresara», añadió. Rusia fue expulsada del grupo de las grandes potencias occidentales tras la anexión de Crimea en 2014. Donald Trump, Justin Trudeau y Emmanuel Macron - Efe El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, no tardó en rechazar la propuesta: «Dejemos el G-7 como está ahora. El siete es un número de la suerte, al menos en nuestra cultura», bromeó. Pero la idea de Trump abrió una grieta en el bloque europeo. El nuevo primer ministro italiano, Giuseppe Conte, se mostró partidario de readmitir al Gobierno de Vladimir Putin. La propuesta de Trump se antojaba incluso más inoportuna cuando uno de los puntos de la cumbre del G-7 es cómo proteger a las democracias de interferencias extranjeras en sus procesos políticos. Precisamente, la interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales que llevaron a Trump a la Casa Blanca, probada por la inteligencia de EE.UU. y las comisiones legislativas, ha marcado el primer año y medio de su presidencia, con una investigación que afecta a su propia campaña. En EE.UU., representantes de los dos grandes partidos reaccionaron con críticas a la idea de invitar a Rusia a este foro. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, aseguró que el presidente «está convirtiendo nuestra política exterior en un chiste internacional». En la bancada republicana de la cámara alta, John McCain aseguró que «Putin ha hecho que Rusia no merezca estar en el G-8» y Ben Sasse también lo rechazó: «Putin no es nuestro amigo y no es el colega del presidente». El encuentro en Canadá, un polvorín La batalla comercial y la aparición de Rusia convirtieron el encuentro entre líderes en un polvorín. «Las tensiones aumentan por todos lados. Este G-7 será muy exigente», advertía Macron antes del comienzo. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, anticipaba la cumbre «más difícil» en años y aseguraba que Europa no cedería ante Trump. Con la llegada de los mandatarios a La Malbaie, la pequeña localidad que acoge la cumbre, los gestos fueron afables, pero los roces no se podían ocultar. La reunión bilateral prevista entre Macron y Trump se suspendió. La versión oficial fue que el presidente de EE.UU. salió de Washington con una hora de retraso. Poco después, Macron publicaba un vídeo charlando con Trump de forma amistosa, sentados en un sofá. «Manteniendo el diálogo abierto», aseguraba. La primera ministra de Reino Unido, Theresa May, trataba de no echar más leña al fuego sobre los aranceles de Trump, pero los calificaba de «injustificados». Las diferencias entre EE.UU. y el resto de socios podrían materializarse este sábado en un gesto simbólico, pero de gran significado: Trump podría no firmar el comunicado con el que tradicionalmente se cierra la cumbre. Sería la primera vez que ocurre en la historia de estos encuentros y Macron lo tomaba el jueves por la noche como una posibilidad cierta. «La voluntad de tener un texto firmado por los siete países no debe ser más fuerte que el contenido de ese texto. Por principios, no debemos descartar un acuerdo 6+1», aseguró. Sería la materialización más clara del aislamiento de EE.UU. de sus socios tradicionales, alimentado por otras señales: mientras Trump da la batalla comercial con las potencias occidentales, permite al gigante tecnológico chino ZTE ?considerado una amenaza a la seguridad nacional por los legisladores estadounidenses? volver a operar en EE.UU. con el pago de una multa de mil millones de dólares, lo que se entiende como una contraprestación en sus negociaciones comerciales con Pekín; y mientras exige que regrese Rusia, da plantón a sus socios cuando toca hablar de asuntos clave para otros países, como el cambio climático. Si los gestos no lo arreglan, el G-7 saldrá de esta cumbre con su principal miembro en rebeldía.
08-06-2018 | Fuente: abc.es
Los desafíos de EE.UU. en la cumbre: Irán, el cambio climático y los aranceles
Las diferencias de EE.UU. con sus aliados en asuntos como el pacto nuclear con Irán, el cambio climático o la política arancelaria amenazan con convertir la reunión del G7 que hoy comienza en Canadá en una inédita cumbre del G6+1. La estrategia internacional adoptada por Washington desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de ese país, hace año y medio, le ha distanciado cada vez más del resto de países del G7: Canadá, Alemania, Japón, Reino Unido, Italia y Francia. A pesar de los esfuerzos encabezados por el presidente francés, Emmanuel Macron, por reconducir la relación, ésta pasa un mal momento. A Trump «puede que no le importe estar aislado, pero a nosotros tampoco nos importa firmar un acuerdo con seis países si es necesario», que »representan valores y un mercado económico que tiene el respaldo del peso de la historia y que ahora es una verdadera fuerza internacional», dijo ayer Macron en Twitter, sobre un posible acuerdo final en la cumbre del G7 en Canadá. Los principales escollos son: Pacto nuclear con Irán El 14 de julio de 2015, y tras arduas negociaciones, Irán y 5+1 (EE.UU., Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania) alcanzaron un histórico acuerdo, el Plan de Acción Conjunto y Completo (JCPOA), por el que Teherán se comprometió a no fabricar armas nucleares y a cambio se le reducían las sanciones paulatinamente. Considerado un hito por la comunidad internacional, el pacto permitió el regreso a Irán de multinacionales como Total, Airbus, Fincantieri o Siemens, con contratos millonarios, junto a numerosas empresas europeas de menor tamaño. Pero el pasado 8 de mayo, Trump, cuyo Gobierno ha vuelto a colocar a Irán como uno de los mayores enemigos de EE.UU., anunció que su país se retiraba del JCPOA y que se volvían a imponer sanciones a diversos sectores, entre ellos el energético, en el que numerosas empresas extranjeras tienen intereses. Los países europeos, que aún trabajan en una posición común, han intentado interceder ante EE.UU. para proteger los intereses de sus empresas, que sin embargo dudan de su efectividad. Los firmantes del JCPOA, a excepción de EE.UU., se reunieron ayer por primera vez en Teherán para estudiar fórmulas que garanticen el futuro del pacto, mientras el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, convertido en el gran aliado Trump, lleva a cabo una gira por Europa para convencer a los gobiernos de que es necesario terminar con el acuerdo. Cambio climático Antes de dejar el pacto con Irán, Trump ya había abandonado otro acuerdo considerado histórico por la comunidad internacional, el del París, el primero global contra el cambio climático, firmado en 2016 con el objetivo de «mantener la temperatura media mundial por debajo de dos grados centígrados respecto a los niveles preindustriales». Su fuerza reside en el mecanismo con el que periódicamente deben revisarse los compromisos de cada país, que está obligado a rendir cuentas y a renovar sus contribuciones al alza cada cinco años. Los estados que quieran pueden usar mecanismos de mercado (compraventa de emisiones) para cumplir los objetivos de emisión. En un principio, EE.UU. quiso «liderar» la lucha contra el cambio climático y, bajo la presidencia de Barack Obama, se comprometió a recortar los gases invernadero entre un 26 y un 28% respecto a los niveles de 2005, pero la llegada de Trump lo cambió todo: el 1 de junio de 2017 anunció su retirada, aunque no se producirá oficialmente hasta pasados cuatro años. Guerra comercial La última de las «guerras» desatadas por Trump con sus aliados tradicionales es comercial y afecta a la política arancelaria, después de que el 1 de marzo pasado el mandatario anunciase la imposición de aranceles del 25% a las importaciones de acero y del 10% a las de aluminio de algunos países «por un largo periodo de tiempo», porque era el momento de que «el mundo deje de aprovecharse de EE.UU.». Tras varios anuncios y contraanuncios, el 23 de marzo entran en vigor los aranceles del 10 % y el 25 % a las importaciones de aluminio y acero, que finalmente afectan especialmente a China al dejar, así como Australia, Corea del Sur, Brasil y Argentina. El 31 de mayo, Trump suspende la exención a la UE, Canadá y México, que anuncian represalias. La Comisión Europea aprobó hace dos días la imposición de aranceles adicionales a productos estadounidenses, una medida que entrará en vigor en julio.
08-06-2018 | Fuente: abc.es
Trump se enfrenta a Macron y Trudeau por Twitter horas antes de la cumbre de G-7
Horas antes del encuentro que tendrán los presidentes de siete naciones en la Cumbre del G-7 en Charlevoix, Canadá, Donald Trump se enfrentó por Twitter a su homólogo francés, Enmanuel Macron y al Primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, desatando una ola de mensajes con respecto a la guerra comercial que sotiene con su país y la Unión Europea. Trump ha utilizado su cuenta en la red social para tomar represalias en contra de un tuit enérgico de Macrón: «Puede que al presidente estadounidense no le importe estar aislado, pero tampoco nos importa firmar un acuerdo de 6 países si es necesario. Como estos 6 países representan valores, representan un mercado económico que tiene el peso de la historia y que ahora es una verdadera fuerza internacional». The American President may not mind being isolated, but neither do we mind signing a 6 country agreement if need be. Because these 6 countries represent values, they represent an economic market which has the weight of history behind it and which is now a true international force https://t.co/UA86fcjozs? Emmanuel Macron (@EmmanuelMacron) 7 de junio de 2018El presidente norteamericano ha aprovechado la oportunidad para dirigirse a los dos líderes: «Díganle al primer ministro Trudeau y al presidente Macron que están cobrando aranceles masivos a los Estados Unidos y crean barreras monetarias. El superávit comercial de la UE con Estados Unidos es de 151,000 millones de dólares (..) Espero verlos mañana». Please tell Prime Minister Trudeau and President Macron that they are charging the U.S. massive tariffs and create non-monetary barriers. The EU trade surplus with the U.S. is $151 Billion, and Canada keeps our farmers and others out. Look forward to seeing them tomorrow.? Donald J. Trump (@realDonaldTrump) June 7, 2018Asimismo, Trump ha señalado: «¿Por qué la Unión Europea y Canadá no están informando al público que durante años han utilizado aranceles masivos y barreras comerciales no monetarias contra Estados Unidos totalmente injustas para nuestros agricultores, trabajadores y empresas? ¡Quiten sus aranceles y barreras o haremos más para igualarlos!». Why isn?t the European Union and Canada informing the public that for years they have used massive Trade Tariffs and non-monetary Trade Barriers against the U.S. Totally unfair to our farmers, workers & companies. Take down your tariffs & barriers or we will more than match you!? Donald J. Trump (@realDonaldTrump) June 8, 2018
08-06-2018 | Fuente: abc.es
El ministro del Brexit amenazó con dimitir si May no aceptaba su plan
La lucha interna en el Gobierno británico por el Brexit vivió ayer un nuevo episodio. El protagonista fue esta vez el ministro para el proceso de salida de la UE, David Davis, que, según varios medios ingleses, amenazó incluso con dimitir si la primera ministra, Theresa May, no accedía a sus peticiones sobre el «plan de contingencia» del Ejecutivo y que tiene como objetivo no volver a una frontera dura entre Irlanda e Irlanda del Norte. En él Reino Unido admite seguir en la unión aduanera más allá del periodo de transición que acaba en 2020. Davis, confeso euroescéptico, consiguió finalmente su objetivo al incluirse en el documento que ayer difundía el Gobierno una fecha límite para ese plan, diciembre de 2021. Algo que en un principio May no quería plasmar por considerarlo precipitado y porque desde la UE han insistido en varias ocasiones en que el tiempo no debe estar limitado. Tras varias reuniones entre la «premier» y su reacio ministro en las que mantuvieron una «charla constructiva», según Downing Street, parece que las aguas se calmaron y May se prestó a la idea de Davis. Una victoria moral para el jefe negociador británico y un tanto para los más «brexiters» del Ejecutivo que no habrá gustado en Bruselas. Los británicos acudirán a las próximas reuniones con Bruselas con esta nueva idea en la que se comprometen a que Reino Unido establezca los mismos aranceles que la UE «de manera temporal», hasta que finalmente ambas partes lleguen a un acuerdo quemantenga una frontera «invisible».
07-06-2018 | Fuente: abc.es
Estados Unidos califica la guerra comercial con la UE de mera «disputa familiar»
Hoy está previsto que Donald Trump llegue a Charlevoix, en Canadá, para asistir a la cumbre del G-7. Él preferiría estar en otro lugar. Sin duda, en Washington o Mar-a-Lago, su residencia en Florida. No solo porque el presidente de EE.UU. odia dormir fuera de casa. También porque, para Trump, el encuentro con el resto de líderes occidentales es un incordio y una distracción. La semana que viene estará en Singapur para la cumbre con Kim Jong-un, el dictador de Corea del Norte, con quien busca alcanzar un acuerdo para la desnuclearización del régimen comunista. Será una ocasión histórica, un encuentro repleto de pompa y circunstancia, al gusto de Trump, donde tendrá una oportunidad para realzar su éxito: él consigue lo que a otros se les resiste. En cambio, en Canadá no se le festejará ni se le dedicarán homenajes. Al contrario: en medio de fuertes tensiones comerciales y diplomáticas, sus socios le leerán la cartilla. Se ha llegado a especular con que Trump no acudiría a la cumbre y enviaría a su vicepresidente, Mike Pence. Ya lo hizo en abril en la Cumbre de las Américas de Lima. Esa opción ahora parece descartada y su presencia podría ser explosiva. Con la imprevisibilidad que caracteriza al multimillonario estadounidense, hay incluso temor en su equipo a que se niegue a firmar el comunicado conjunto final del G-7, según ha revelado «The Washington Post». La principal fuente de problemas es la guerra de tarifas que Trump ha emprendido con muchos de sus principales socios. Después de idas y venidas, la semana pasada impuso aranceles a las importaciones de acero y aluminio, del 25% y del 10%, respectivamente. Las víctimas: Canadá, México y la UE. «Decepción unánime» La reacción ha sido furibunda. México ha respondido con tarifas a productos estadounidenses ?cerdo, manzanas, patatas y bourbon, entre otros? y los países occidentales se han conjurado para meter presión a Washington. El ensayo de lo que pasará Trump se vio la semana pasada en una reunión de ministros de finanzas del G-7 en Whistler (Canadá). Los seis países que comparten el grupo con EE.UU. mostraron al secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin, su «preocupación y decepción unánime» ante la política comercial de Trump y se alistaron para tomar una «acción decidida». En Washington se ve de otra forma. «Puede haber desacuerdos. No veo guerra comercial, yo lo veo más bien como una pelea familiar», aseguró Larry Kudlow, asesor económico principal de la Casa Blanca. Será difícil que cualquier presión sobre Trump en este ámbito consiga resultados. El presidente de EE.UU. ha demostrado, antes y después de llegar a la Casa Blanca, que cree en las tarifas como forma de obtener ventajas comerciales para su país, del que considera han abusado en el pasado con balanzas negativas. El comercio, sin embargo, no será el único punto de roce. Trump no goza de afinidad personal con la canciller alemana, Angela Merkel, ni la «premier» británica, Theresa May, a pesar de que esta no tardó en visitarle en la Casa Blanca poco después de su investidura. Quienes han tratado de cortejar al presidente estadounidense tampoco han sacado mucho a cambio. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha buscado la química con Trump, le ha regalado una espectacular marcha militar en París y el presidente de EE.UU. le ha bañado en elogios. Sin embargo, sus presiones para que no rompiera el acuerdo nuclear con Irán o regresara al acuerdo de París sobre cambio climático han sido infructuosas. La misma suerte ha corrido Shinzo Abe, primer ministro de Japón. Fue el primero en visitar a Trump en Nueva York, con la victoria electoral fresca. Ha volado con él en el Air Force One, han compartido hoyos de golf, cenado juntos en Mar-a-Lago? Pero eso no ha hecho cambiar de opinión a Trump sobre la oportunidad de una cumbre con Corea del Norte ?Japón está en contra? o su agresividad comercial. El forcejeo más duro hasta el momento sobre la guerra comercial ha sido con su vecino del Norte y hoy anfitrión. Su homólogo canadiense, Justin Trudeau, mantuvo una llamada telefónica con Trump esta semana, después de que el primero calificara de «ridículo» que EE.UU. justificara las tarifas por una cuestión de «una amenaza a la seguridad nacional». El presidente estadounidense reaccionó de manera sorprendente: «¿Y vosotros no quemasteis la Casa Blanca?», le espetó, en relación a un episodio de la guerra de 1812. Da igual que la referencia histórica fuera errónea ?Canadá era entonces colonia de Reino Unido?. La respuesta deja claro que no rehuirá la pelea en el G-7.
07-06-2018 | Fuente: abc.es
Estados Unidos llega a la cumbre del G-7 en plena guerra comercial con Europa y Canadá
Hoy está previsto que Donald Trump llegue a Charlevoix, en Canadá, para asistir a la cumbre del G-7. Él preferiría estar en otro lugar. Sin duda, en Washington o Mar-a-Lago, su residencia en Florida. No solo porque el presidente de EE.UU. odia dormir fuera de casa. También porque, para Trump, el encuentro con el resto de líderes occidentales es un incordio y una distracción. La semana que viene estará en Singapur para la cumbre con Kim Jong-un, el dictador de Corea del Norte, con quien busca alcanzar un acuerdo para la desnuclearización del régimen comunista. Será una ocasión histórica, un encuentro repleto de pompa y circunstancia, al gusto de Trump, donde tendrá una oportunidad para realzar su éxito: él consigue lo que a otros se les resiste. En cambio, en Canadá no se le festejará ni se le dedicarán homenajes. Al contrario: en medio de fuertes tensiones comerciales y diplomáticas, sus socios le leerán la cartilla. Se ha llegado a especular con que Trump no acudiría a la cumbre y enviaría a su vicepresidente, Mike Pence. Ya lo hizo en abril en la Cumbre de las Américas de Lima. Esa opción ahora parece descartada y su presencia podría ser explosiva. Con la imprevisibilidad que caracteriza al multimillonario estadounidense, hay incluso temor en su equipo a que se niegue a firmar el comunicado conjunto final del G-7, según ha revelado «The Washington Post». La principal fuente de problemas es la guerra de tarifas que Trump ha emprendido con muchos de sus principales socios. Después de idas y venidas, la semana pasada impuso aranceles a las importaciones de acero y aluminio, del 25% y del 10%, respectivamente. Las víctimas: Canadá, México y la UE. «Decepción unánime» La reacción ha sido furibunda. México ha respondido con tarifas a productos estadounidenses ?cerdo, manzanas, patatas y bourbon, entre otros? y los países occidentales se han conjurado para meter presión a Washington. El ensayo de lo que pasará Trump se vio la semana pasada en una reunión de ministros de finanzas del G-7 en Whistler (Canadá). Los seis países que comparten el grupo con EE.UU. mostraron al secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin, su «preocupación y decepción unánime» ante la política comercial de Trump y se alistaron para tomar una «acción decidida». En Washington se ve de otra forma. «Puede haber desacuerdos. No veo guerra comercial, yo lo veo más bien como una pelea familiar», aseguró Larry Kudlow, asesor económico principal de la Casa Blanca. Será difícil que cualquier presión sobre Trump en este ámbito consiga resultados. El presidente de EE.UU. ha demostrado, antes y después de llegar a la Casa Blanca, que cree en las tarifas como forma de obtener ventajas comerciales para su país, del que considera han abusado en el pasado con balanzas negativas. El comercio, sin embargo, no será el único punto de roce. Trump no goza de afinidad personal con la canciller alemana, Angela Merkel, ni la «premier» británica, Theresa May, a pesar de que esta no tardó en visitarle en la Casa Blanca poco después de su investidura. Quienes han tratado de cortejar al presidente estadounidense tampoco han sacado mucho a cambio. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha buscado la química con Trump, le ha regalado una espectacular marcha militar en París y el presidente de EE.UU. le ha bañado en elogios. Sin embargo, sus presiones para que no rompiera el acuerdo nuclear con Irán o regresara al acuerdo de París sobre cambio climático han sido infructuosas. La misma suerte ha corrido Shinzo Abe, primer ministro de Japón. Fue el primero en visitar a Trump en Nueva York, con la victoria electoral fresca. Ha volado con él en el Air Force One, han compartido hoyos de golf, cenado juntos en Mar-a-Lago? Pero eso no ha hecho cambiar de opinión a Trump sobre la oportunidad de una cumbre con Corea del Norte ?Japón está en contra? o su agresividad comercial. El forcejeo más duro hasta el momento sobre la guerra comercial ha sido con su vecino del Norte y hoy anfitrión. Su homólogo canadiense, Justin Trudeau, mantuvo una llamada telefónica con Trump esta semana, después de que el primero calificara de «ridículo» que EE.UU. justificara las tarifas por una cuestión de «una amenaza a la seguridad nacional». El presidente estadounidense reaccionó de manera sorprendente: «¿Y vosotros no quemasteis la Casa Blanca?», le espetó, en relación a un episodio de la guerra de 1812. Da igual que la referencia histórica fuera errónea ?Canadá era entonces colonia de Reino Unido?. La respuesta deja claro que no rehuirá la pelea en el G-7.
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