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Noticias de aranceles

02-10-2016 | Fuente: abc.es
Theresa May afronta a los 60 años su primer gran examen
Theresa May, la premier de más edad desde Thatcher, cumplió ayer 60 años. Hubo, por supuesto, cena con su marido Philip, de 59, un jovial y avezado banquero de inversiones en la City, su principal consejero, el que la animó en 2002 a denunciar que los tories se habían convertido en un «nasty party». Él le ha dado también su apellido, pues en realidad la primera ministra se llama Theresa Mary Brasier. Pero el grueso de un cumpleaños tan señalado se lo pasó trabajando. Hoy se enfrenta a su primer gran examen tras tres meses en el poder: su discurso inaugural en la conferencia del Partido Conservador, que reunirá a once mil asistentes en Birmingham, la segunda ciudad del país. Tanto los cameronistas, purgados sin contemplaciones por ella, como los hooligans del Brexit de su gabinete la apremian para que aclare sin más dilación la duda que atenaza al país: ¿Camina el Reino Unido hacia un Brexit duro o un Brexit blando? Nada se sabe todavía, pues se ha limitado a salmodiar un mantra vacío: «Brexit significa Brexit». El debate se va volviendo acuciante. La firma japonesa Nissan, el mayor fabricante de coches del país, ha puesto en cuarentena esta semana sus inversiones en su gigantesca planta de Sunderland mientras el Gobierno no defina si continuará habiendo acceso sin aranceles al mercado europeo. Europa, trampa letal para los mandatarios tories, es el campo de minas que dinamitó el liderazgo de los tres últimos: Thatcher, Major y Cameron. Los analistas políticos creen que May podría estar prestando oídos a una ruptura drástica, la que propugna el llamado Trío del Brexit: Boris Johnson, Liam Fox (ministro de Comercio Exterior) y David Davies (ministro de Salida de la UE). Los tres detestan a los posibilistas, que quieren seguir en el mercado único, y a su vez se detestan entre sí. Matices al Brexit El contrapeso realista y moderado lo representa el pausado Philip Hammond, también de 60 años, el nuevo ministro de Economía. Dicen que no influye en May como Osborne influía en Cameron, con quien de hecho cogobernaba, pero su voz será escuchada y pide cautela: «Los controles de inmigración no deberían hacer sufrir a la economía. La gente que apoyó el Brexit no quiere ver un castigo económico ni un empeoramiento de su nivel de vida», advirtió en su primera entrevista, concedida al eurófobo «Telegraph». Hammond quiere salvar a toda costa el pasaporte europeo de los bancos de la City, la primera industria del país, la milla cuadrada que constituye el mayor polo financiero del mundo. El Brexit no es lo único que preocupa a las grandes empresas. «Quiero un país que funcione para todos, no solo los privilegiados», esa es la otra gran máxima programática de May, cuyo conservadurismo es una apelación a las enormes clases medias suburbiales y campestres (con sarcasmo divertido, los cameronistas, de cuna patricia y ADN liberal, lo tachan de «conservadurismo vintage»). La primera ministra cuenta con su particular Rasputín, el influyente asesor Nick Timothy, prototipo de los nuevos tories de origen proletario -de cuello azul-, que han ascendido tras la purga del llamado Clan de Notting Hill de Cameron. Timothy la ha animado a recuperar las viejas escuelas selectivas y a tomar una medida que ha chirriado en las empresas: la inclusión por ley de trabajadores en sus consejos de administración. Toque proletario La agenda social será la otra línea estelar de May en el congreso de Birmingham (casualmente se ha elegido la ciudad de Timothy). Como aperitivo de la cita, el Gobierno ha anunciado la creación de un organismo independiente que velará por la calidad de los derechos laborales de los británicos y revisará las condiciones de autónomos y empleados temporales. Es revelador que al frente haya situado a Matthew Taylor, en su día relevante asesor de Tony Blair. También promete clases de informática gratis para todos los adultos británicos, para acabar con lo que llaman «el analfabetismo digital». Cuentan que en las salas de poder del Número 10 de Downing Street se ha acabado las reuniones de sofá, el tono relajado, los chistes desengrasantes y las botellas de vino en la nevera. También la obsesión por los medios. Adiós al aire distendido del cameronismo y su presencia compulsiva ante las cámaras. May ha impuesto que todas las reuniones se celebran ante una mesa y con tiempo tasado. Además, los asistentes deben entregar en la víspera una memoria de trabajo. Tal y como se esperaba, la hija del reverendo hace gala de sus tics de control-freak: dirige los comités sobre Europa, reformas sociales, política industrial y la seguridad nacional. Poco antes de dejar el poder, Cameron concedió honores de Estado a la asesora de vestuario de su mujer, Samantha (dos años antes había hecho caballero a su peluquero italiano, Lino Carbosiero por sus «servicios a la peluquería»). May, de misa dominical en la Iglesia de Inglaterra, es de otra pasta. Ya no hay asesores de estilo en el Número 10. Ella misma se peina y maquilla y hace unos días apareció con un guardaespaldas de compras en Regent Street y volvió a su residencia con bolsas de Vivienne Westwood, quien de joven uniformó a los Sex Pistols, y de Russell & Bromley, donde compra los zapatos llamativos que son su marca. Mientras, en la campiña más linajuda, Cameron, libre ya de fingir que era un tipo de clase media, ha vuelto a practicar la caza a caballo.
13-07-2016 | Fuente: abc.es
Los republicanos aprueban la construcción de un muro que separe EE.UU de México
El Partido Republicano de EE.UU ha aprobado este martes el borrador de su programa electoral con propuestas como la construcción de un muro en la frontera sur, el rechazo al matrimonio homosexual, una política comercial más proteccionista y curiosidades como una llamada a combatir la «amenaza» de la pornografía. Ayer finalizó un proceso de dos días en Cleveland (Ohio), en el que un comité de 112 miembros de la formación conservadora decide cuáles son las líneas maestras que guiarán la política de Donald Trump, virtual candidato a la Presidencia, y los legisladores republicanos en los próximos cuatro años. Trump no se ha implicado directamente en la redacción del borrador, que debe ser ratificado la próxima semana en la Convención Nacional Republicana de Cleveland, pero algunas de sus propuestas estrellas quedarán marcadas en tinta, pese a suponer un giro frente a la ortodoxia del partido. Entre ellas está la construcción de un «muro» que «cubra toda la frontera sur» con México para contener la inmigración ilegal, así como la negociación de tratados comerciales «que pongan los intereses de Estados Unidos primero», dos de los mantras de Trump durante las elecciones primarias. «Un presidente republicano insistirá en la paridad en asuntos comerciales e implementar aranceles compensatorios si otros países se resisten a cooperar», indica el programa, que, sin embargo, no se opone directamente al Tratado de Cooperación Transpacífico (TPP), cuya ratificación legislativa pide que «no se apresure». Del mismo modo, el programa también incluyó un texto en el que se se pide someter a un «escrutinio especial» a aquellos procedentes de países que «apoyan el terrorismo», una versión diluida de la petición de Trump de prohibir la entrada a inmigrantes provenientes de países con un historial de terrorismo. Más allá de la inmigración El programa mantiene coincidencias con el texto de 2012 como el respeto a la «familia tradicional», pese a que por primera vez en la historia de esta reunión una integrante abiertamente gay, Rachel Hoff, del Distrito de Columbia, intentó añadir una enmienda para que se reconociera a «todo tipo de familias», incluidas las de padres del mismo sexo. Una veintena de miembros del comité que diseña el programa apoyaron la moción de reconocimiento del matrimonio homosexual, algo que muestra un cambio en el Partido Republicano después de que el Tribunal Supremo aprobara este tipo de uniones en todo el país el año pasado. Las discusiones también se centraron en la connotación de palabras como la que llevó a decidir cambiar «inmigrante ilegal» por «extranjero ilegal» para referirse a los indocumentados, o la discusión para inclinarse por «pre-nacido» ante «nonato» porque es una acepción preferida por los «millenials» (generación que llegó a la mayoría edad con el cambio de milenio) contrarios al aborto. En el debate también apoyó la prohibición de que transexuales utilicen baños públicos destinados al sexo con el que se sienten identificados, así como en condenar el aborto y pedir la prohibición de investigación con células madres o con tejidos fetales. El programa insiste en la necesidad de que se respete el derecho a portar armas y no se persigan mayores controles, como piden los demócratas a la luz de los habituales tiroteos en zonas públicas. Por el contrario, el comité del programa republicano añadió una enmienda para considerar la pornografía «una crisis de salud pública», y pide a los estados que «luchen contra esta amenaza» que daña a la juventud. «Este programa es varias cosas: un manual para devolverle el poder a la gente, una guía sobre los principios constitucionales y una hoja de ruta para aumentar las oportunidades económicas a todos, incluidos los que están en los márgenes», concluyó al cierre de la reunión el presidente del comité, el senador John Barrasso.
11-07-2016 | Fuente: abc.es
Trudeau culpa a Rusia de no actuar «de manera positiva» para cumplir el acuerdo de Minsk
El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, ha criticado hoy la postura de Rusia, a la que ha culpado de no actuar «de manera positiva» para cumplir con los acuerdos de paz de Minsk. Trudeau ha hecho esos comentarios desde la capital ucraniana, donde ha viajado para firmar un acuerdo de libre comercio entre su país y Ucrania. «Es obvio que Ucrania ha dado importantes y difíciles pasos para cumplir con sus responsabilidades de acuerdo con lo establecido en los acuerdos de Minsk», ha indicado Trudeau. «Y también resulta evidente que Rusia no ha actuado de manera positiva a la hora de aplicar las medidas de seguridad acordadas». Acuerdo de libre comercio Ucrania y Canadá han firmado hoy un tratado de libre comercio que persigue eliminar los aranceles a los productos principales en un plazo de siete años. El primer ministro canadiense ha anunciado, además, que Canadá enviará a Ucrania unos 13 millones de dólares canadienses (11 millones de euros) en ayuda humanitaria y que aumentará el número de observadores canadienses pertenecientes a la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. El presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, ha agradecido a Trudeau su cooperación y ayuda. El líder ucraniano ha destacado que el acuerdo «abre nuevas posibilidades para ampliar los mercados exportadores» y ha anunciado que el acuerdo «en un plazo de 7 años de eliminará el 99 % de aranceles para el comercio mutuo». Según el Ministerio de Economía de Ucrania, en una primera fase, que se aplicará nada más entre en vigor el tratado, se eliminarán los aranceles para el pescado, cereales, vino, zumos, pan y derivados, textil, productos de metal, componentes y electrónica. En un plazo de entre 3 y 7 años, la eliminación de aranceles se extenderá a los productos agrícolas, materiales de obra y maquinaria. Por otra parte, las empresas de ambos países podrán participar en concursos públicos convocados por las administraciones. El año pasado, las exportaciones ucranianas a Canadá totalizaron 30,2 millones de dólares, mientras que la importaciones sumaron 206,2 millones de dólares.
10-07-2016 | Fuente: abc.es
La sombra liberal del Brexit
La Hansard Society es un centro de pensamiento del Parlamento de Westminster. Hace tres años, una conferenciante valoró así lo que supondría dejar la UE: «Creo que sería un desastre para nuestra economía y que provocaría una década de incertidumbre». La oradora era la diputada conservadora Andrea Leadsom. Ahora es una triunfal adalid del Brexit, que se disputará contra Theresa May, la ministra del Interior, la posibilidad de convertirse en la segunda primera ministra de la historia del Reino Unido, 26 años después de la retirada de su admirada Thatcher. Con buenos reflejos, Andrew Marr, el periodista político más importante de la televisión británica, intentó propinar a Leadsom un golpe de hemeroteca y le sacó los papeles con su declaración pro europea de 2013. Ella no perdió el tono calmado y la sonrisa, los dos atributos que la hicieron brillar en su campaña por el «Out». Andrea se limitó a decir que desde entonces había hecho «un largo viaje», tras haber descubierto en la vida parlamentaria el mucho daño que hace la UE a Gran Bretaña. Ineficiencia patente De 53 años, madre de tres hijos y empleada en la City durante 25 años, Leadsom hace agua por varias vías. En abril de 2013 fue nombrada secretaria de Estado del Tesoro, con la City a su cargo. Duró menos de un año. «Financial Times», la biblia de la prensas económica, ha recogido declaraciones de ejecutivos bancarios que la califican como «la peor secretaria de Estado que hemos tenido». «Le costaba entender las cosas, no tomaba decisiones y al final culpaba de todos los problemas a la UE», añaden. Hay más. La prensa ha probado que Leadsom embelleció su currículo profesional con hipérboles falaces y se ha visto forzada a corregirlo. Alardeaba de haber sido la directora más joven de Barclays y era falso. Decía haber ocupado allí el cargo de directora de instituciones financieras, pero en verdad era subdirectora. Se jactó de haber colaborado con el gobernador del Banco de Inglaterra estrechamente para atajar la crisis del Baring en 1995? En realidad no pasó de hablar por teléfono con algunos de sus ayudantes. Dijo haber manejado grandes fondos de inversión de muchos millones, con enormes plantillas a su cargo. No era cierta ni una cosa ni otra. Ella ha respondido a las acusaciones de haber manipulado su currículo diciendo simplemente que son «ridículas». Leadsom arrastra también una vieja controversia fiscal, porque en los años 90 fundó una firma «offshore» con su marido, también ejecutivo bancario, para esquivar a la Hacienda inglesa. Hasta ahora, y a diferencia de sus rivales, no ha querido publicar su relación de ingresos, aunque promete que lo hará una vez proclamada candidata. Por último, levantó ayer una gran polvareda debido a este titular en una entrevista que ha concedido a «The Times»: «Ser Madre me da una ventaja sobre May». Su rival no ha podido tener hijos, pero utilizar ese dato como argumento de campaña se ha considerado una bajeza. Leadsom alega que el periódico ha manipulado sus palabras, que siente «un enfado indescriptible» por lo sucedido y exige una rectificación. El diario de Murdoch, que se había posicionado frontalmente contra ella como línea editorial, responde que se limitó a transcribir la entrevista. Dos candidatas enfrentadas Con tantos puntos débiles, ¿tiene alguna opción Leadsom frente a la sólida Theresa May? En la última votación entre los diputados tories, previa a los votos decisivos de la militancia, Andrea logró 84 apoyos frente a 199 de su rival. Sin embargo, sería imprudente asegurar que May tiene ya la victoria en su bolso de diseño. Leadson goza de varias fortalezas. De entrada es la candidata que apoya Boris Johnson, quien goza de una enorme corriente de simpatía entre los 150.000 afiliados tories, incrementada tras la manera cruel en que lo masacró su aliado Gove. Dos tercios de los militantes conservadores votaron Brexit en el referéndum, según las encuestas, y Leadsom es la candidata del «Out», la que promete activar de inmediato el artículo 50 y cortar con la denostada UE. Uno de los ejes de su candidatura es que solo está legitimado para suceder a Cameron quien haya hecho campaña contra la UE (May es euroescéptica, pero apoyó nominalmente el «Remain» por lealtad a su primer ministro). ¿May o Leadsom? ¿Canas frente o rubio dorado? ¿Experiencia y rigor o un amable, resultón y telegénico gas? Una de estas dos elegantes cincuentonas será la versión siglo XXI de la Dama de Hierro. Ambos rompen con el estereotipo del niño patricio de Eaton y Oxford, la forja tradicional de los primeros ministros. May es la hija de un vicario rural. Leadsom nació en un hogar de clase media en Aylesbury, una pequeña ciudad de la Inglaterra bucólica, al Noroeste del Gran Londres. Cuando Andrea tenía cuatro años, su madre Judy se divorció de su padre, un oficinista de una constructora. Judy se hizo enfermera para sacar a sus hijos adelante y luego se volvió a casar y abrió una mueblería con su segundo marido. El perfil Leadsom estudió Políticas en una universidad sin fuste, Warwick. Nada de Oxford como Cameron (y Thatcher, Blair, Boris, Osborne, Gove, Miliband?). Luego trabajó 25 años en la City y por fin en 2010 consiguió ser elegida diputada tory tras un primer intento fallido. Anglicana de profundas convicciones, rechazó el matrimonio gay en 2013 y forma parte de un club multipartidario del Parlamento para el estudio de la Biblia. Su libro favorito es de calidad: «La riqueza de las naciones» de Adam Smith, la obra fundacional del liberalismo económico. Aunque Leadsom tal vez lo lleva demasiado lejos: aboga porque en las empresas de tres empleados o menos no exista ningún tipo de derecho laboral (ni salario mínimo, ni indemnización por despido, ni permisos de maternidad; nada). En cine, su obra de cabecera no es tan exquisita. Su película es «Cuatro bodas y un funeral», comedia inglesa de Hugh Grant, que ve siempre una vez al año. Madre de dos hijos de 20 y 18 y de una hija de 12, sufrió una depresión postparto tras el primer embarazo e impulsa una onegé que ayuda a las madres primerizas. Inglesa tradicional, alardea de que le gusta preparar cada domingo el preceptivo asado para su familia, que suele perpetrar en su hermosa vivienda campestre del siglo XVI. Entre semana viven en un piso en Westminster. Sonrisa en rostro como bandera, Andrea se presenta como «la candidata del optimismo» y se ha desmarcado de la política de consolidación fiscal de Osborne: «Prosperidad, no austeridad», proclama con su afición a los eslóganes. Sus detractores la acusan de falta de rigor. Y cuesta no pensar así cuando se la escucha prometiendo al mismo tiempo retirar al Reino Unido del mercado único europeo y garantizar que el país podrá seguir comerciando como hasta ahora con la UE, sin aranceles ni trabas de ningún tipo. A Leadson le gusta el rugby. Es seguidora del Northampton Saints. Hará bien May si no se confía ante ella, porque cualquier cosa puede salir de la bronca melé del Brexit, que ya se ha llevado por delante a Cameron, Boris y Gove (y tiene a Corbyn sudando en el alambre). Astuta, ha prometido volver a autorizar la caza del zorro, un guiño libertario que gustará en esa Inglaterra eterna, conservadora y orgullosa que se lanzó por el tobogán del Brexit.
29-06-2016 | Fuente: abc.es
La vía noruega o por qué Merkel no tiene tanta prisa
El líder del partido independentista británico UKIP, Nigel Farage, acudió ayer al Parlamento Europeo con dos objetivos. El primero era mofarse de los eurodiputados: «Ahora ya no se ríen», dijo. El segundo era tratar de empezar a sentar las bases de la nueva relación de Reino Unido con la Unión Europea y establecer lo que él definió como «un acuerdo sensato sin aranceles». La previsora Merkel, a quien no despeinan ni las mofas ni ninguna otra muestra de emocionalidad, se había adelantado al movimiento de ficha y había aclarado ante el pleno del parlamento alemán que, una vez fuera, la entrada al mercado común pasa por la vía noruega. La cuestión no es baladí. Un 44% de las exportaciones británicas van a países de la Unión Europea y un 53% de sus importaciones provienen de los otros 27 miembros, por lo que el mercado único resulta imprescindible para su economía. Merkel está dispuesta a enfocar este punto en las negociaciones y no permitirá que el sucesor de Cameron despliegue una gran creatividad al respecto. Existen precedentes, países que acceden al mercado único sin pertenecer a la Unión y que la canciller alemana propone como ejemplo. Reino Unido, según la propuesta de Merkel, podría pasar a formar parte del Área Económica Europea, que hoy agrupa a Noruega, al paraíso fiscal Liechestein y a Islandia. Para tener acceso al mercado único, los tres países tienen que contribuir al presupuesto de la Unión y aceptar que los ciudadanos europeos puedan vivir y trabajar libremente en su territorio. A cambio de eso un país como Noruega se libera de la regulación europea en sectores como la agricultura, pesca, justicia, pero no tienen ni voz ni voto en las decisiones de la Unión en otros campos. Si Londres pasase por ese aro, tendría que «respetar y aceptar cuatro libertades europeas fundamentales: el movimiento de personas, de bienes, de servicios y de capital», además de seguir contribuyendo al presupuesto comunitario. La situación no sería muy diferente a la actual. «La contribución per cápita que hace Noruega es la misma que hoy paga el Reino Unido, de modo que no va a ahorrar nada por este camino», señala un diputado del partido de Merkel describiendo la pesadilla de cualquier partidario del Brexit. Es previsible que Londres se resista con todas sus fuerzas y ahí es donde Mekel cuenta con el factor tiempo. Las negociaciones, una vez activado el artículo 50, durarán un máximo de los años. Ese plazo solo sería ampliable si los 27 lo votan con unanimidad, y parece imposible que esto ocurra tras las llamadas a una salida cuanto antes de la Unión. Transcurridos los dos años, sólo quedaría la opción de buscar un acuerdo de libre comercio o simplemente acoplarse a las reglas de la Organización Mundial del Comercio, es decir, convertirse en un país más que comercia con la Unión Europea y tiene que aceptar sus aranceles y restricciones. La relación comercial de Reino Unido con la Unión Europea quedaría en este caso en el mismo nivel que, por ejemplo, la de Camboya. Por eso Merkel, a pesar de que respalda la petición de un proceso de divorcio «rápido y claro», no parece tener tanta, tanta prisa. Cuanto más se acerquen los británicos al escenario Camboya, más dispuestos estarán a aceptar la vía noruega. Solo queda por saber si la estrategia servirá para amputar la gangrena que el paciente inglés amenaza con extender a otros países de la Unión.
29-06-2016 | Fuente: abc.es
Las posibles salidas comerciales de Reino Unido tras el Brexit
El sueño tal vez imposible de los «brexiters» Tras liderar «Leave» con un discurso incendiario contra la inmigración y comparar a la UE con los nazis, Boris Johnson dice ahora que aspira a seguir disfrutando del mercado único comunitario tras el Brexit. Merkel ya le respondió ayer que ese premio es imposible si no se acatan las reglas del club, como la libre circulación de sus ciudadanos y la contribución a su mantenimiento. La solución noruega El país escandinavo disfruta de pleno acceso a la zona económica europea, pero a cambio hace una contribución económica a la UE y acepta la libre circulación de sus trabajadores. La vía suiza La nación helvética goza de acuerdos comerciales con la UE bastante amplios, que ha ido negociando durante mucho tiempo sector a sector. Es una opción que gusta a los brexiters, pero que llevaría mucho tiempo. Además, en la práctica el resultado es que Suiza, con ese modelo, recibe a día de hoy más inmigración comunitaria porcentualmente que el Reino Unido. El acuerdo de Canadá El año pasado firmó un amplio acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, pero requirió cinco años de negociaciones y desde luego no otorgaría al Reino Unido un acceso tan amplio al mercado de 500 millones de personas como el que ahora disfruta. A pelo en la OMC Si el Reino Unido no logra cerrar ninguna fórmula con la UE tendría que incorporarse al régimen regular de la Organización Mundial de Comercio. Ahí empezaría a sufrir aranceles, por ejemplo para la automoción y los productos agrícolas.
24-06-2016 | Fuente: abc.es
Cómo afectará el Brexit a España
El Brexit ha ganado en una batalla muy reñida contra quienes querían que Reino Unido se quedase en la Unión Europea (UE) . Ahora, se abre un futuro incierto ante los británicos así como ante el resto de estados miembros de la institución europea. Pero ¿cómo nos afecta eso a nosotros, a los españoles? Pues aunque pudiera parecernos que esto es cosa de Reino Unido, la verdad es que a los europeos en general, y a los españoles en particular nos afecta, y mucho. De hecho, a medida que se acercaba la temida fecha del referéndum y se vislumbraba la posibilidad del Brexit, las Bolsas europeas y en especial el IBEX empezaron a caer en picado y, por tanto, cualquiera que tuviera acciones, o fondos de inversión o fondos de pensiones, pudo notar ya en su bolsillo la incertidumbre. ¿Y por qué nos afectará tanto? Fundamentalmente porque las relaciones económicas entre ambos países son muy importantes. De hecho, el balance global del intercambio de bienes y servicios con el Reino Unido es favorable para España, que logra un superávit (con datos de 2014) equivalente al 1,1% del PIB español, más de 11.000 millones de euros. Alrededor del 7% de nuestras exportaciones totales de bienes y servicios tienen como destino el Reino Unido, siendo así el quinto mercado más importante. Destacan por su relevancia, dentro de esas exportaciones, las de algunas industrias concretas, como la automovilística, aeronáutica, farmacéutica y alimentaria. ¿Y cómo influirá en esas relaciones comerciales el Brexit? Afectará de dos formas: por un lado, la salida británica del Mercado Único implica la necesidad de negociar un nuevo acuerdo comercial, que podría tardar en firmarse y no ser tan librecambista, es decir, es posible que se fijen aranceles, lo que encarecería nuestros productos allí. Por otro, el Brexit desencadenará una fuerte depreciación de la libra esterlina, que ya ha empezado a producirse y que haría perder competitividad a nuestros productos (con precios denominados en euros) frente a los británicos. Por tanto, lo más probable es que vendamos menos productos españoles en Reino Unido. ¿Y qué ocurrirá con el turismo? Son muchos los británicos que deciden pasar sus vacaciones en España. El año pasado nos visitaron 15,5 millones de turistas británicos, que gastaron unos 14.000 millones de euros (un 20,9% del total de los ingresos turísticos recibidos por España). Esto convierte al Reino Unido en el principal origen de nuestro turismo, de donde provienen alrededor de la cuarta parte de los turistas que nos visitan. De nuevo, el Brexit afectará a estos flujos. La depreciación de la libra encarecerá las vacaciones en España de los británicos, al margen de que puedan surgir dificultades a la libre movilidad de las personas. Los británicos no solo nos visitan, también hay muchos que viven permanentemente entre nosotros Sí, de hecho, son la tercera comunidad más numerosa, tras rumanos y marroquíes. Unos 300.000 tienen residencia permanente en España y otro medio millón reside parte del año. En sentido contrario, el Reino Unido es el primer destino para la emigración española (va allí el 14% del total). Un destino, además, en rápido aumento. Ambas comunidades de emigrantes se verán perjudicadas por el Brexit, al tener que redefinirse asuntos esenciales para ellos, como los permisos de residencia y el acceso al empleo, a las ayudas sociales y al resto de servicios públicos. Y son muchas las empresas españolas que han invertido en Reino Unido, ¿qué pasará ahora que Gran Bretaña ha salido de la UE? El Reino Unido es también un importante destino para la inversión española directa en el exterior. Se estima que la inversión neta acumulada por los grupos españoles en Reino Unido asciende a unos 50.000 millones de euros. Y se concentra en sectores como el financiero, las telecomunicaciones y la energía. En el sector financiero destaca la fuerte presencia del Banco de Santander y del Sabadell. En energía, Iberdrola ha hecho grandes inversiones en Reino Unido, y en infraestructuras, Ferrovial es clave en los aeropuertos, y Telefónica también ha hecho inversiones en el país. Y no olvidemos a Iberia, que forma parte del holding IAG domiciliado en Londres. Pero el Reino Unido es, a su vez, un relevante origen de inversión extranjera directa para España. La inversión británica equivale al 10% del total que recibimos. La incertidumbre generada por el Brexit ya ha dificultado estos flujos mutuos de inversión. Ahora que se ha producido, la resultante depreciación de la libra reducirá los beneficios en euros de las filiales británicas de las empresas españolas. A todo esto, habrá que añadir las consecuencias de los posibles cambios regulatorios que afectasen a cada sector. De hecho, las empresas españolas con intereses en Reino Unido han sufrido con especial virulencia el castigo bursátil en los últimos días.
20-06-2016 | Fuente: abc.es
Margallo dice que la UE debe dar señales de futuro en caso de que triunfe el «brexit»
El ministro español de Exteriores y Cooperación en funciones, José Manuel García-Margallo, opinó hoy que si finalmente los británicos votan a favor del «brexit», es decir, de la salida de Reino Unido de la UE, la Unión debería dar una señal clara de que quiere seguir adelante con el proyecto comunitario. «Lo que se necesita es una señal de que estamos decididos a seguir adelante, de seguir avanzando hacia los Estados Unidos de Europa», dijo hoy el ministro a su llegada a un Consejo de titulares europeos de Exteriores. García-Margallo opinó que «sin la menor duda», fue un error por parte del primer ministro británico, David Cameron, la convocatoria de la consulta sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea (UE). El ministro indicó que se manejan «tres posibles fórmulas» para las futuras relaciones entre el Reino Unido y la UE, en el caso de que los británicos decidan salir del club europeo. La «más probable» sería un acuerdo similar al Acuerdo Global Económico y Comercial (CETA en inglés) que existe entre la UE y Canadá. Ese pacto «es un acuerdo de libre comercio con exoneración de aranceles del 99 % de los productos que se intercambian». Las otras dos opciones que se manejan son «que el Reino Unido se integrase en el Espacio Económico Europeo con Noruega e Islandia», o un acuerdo parecido al que tiene la UE con Suiza. En el acuerdo con el país helvético «se mantiene la libertad de circulación de personas, mercancías, servicios y capitales pero no hay aportación al presupuesto comunitario». Margallo opina que un acuerdo similar al que tiene la Unión con Canadá es el más probable ya que el «brexit» respondería al deseo de controlar las fronteras, es decir, de limitar la libre circulación de personas, pero sin alterar las corrientes de bienes, de capitales o de servicios. Un futuro europeo sin Reino Unido En el caso de que triunfe el «brexit» Margallo dijo que el Gobierno español apuesta por «una federación en el proceso de integración europea, para cortar cualquier contagio (..) cualquier efecto de emulación». Tal propuesta serviría, dijo, «para demostrar» que la salida del Reino Unido «no es el principio del fin» del proceso europeo. «Es la fórmula que España apadrina, profundizar en el proceso de integración europea para cortar de raíz cualquier tentación de renacionalizar competencias o de dar pasos atrás o para que se pudiese interpretar la salida del Reino Unido como un principio del fin». El ministro opinó que la UE «ha hecho todo lo que podía hacer para que el referéndum tenga un resultado satisfactorio para los intereses europeos, para que el Reino Unido permanezca dentro de la Unión». García-Margallo precisó, por otra parte, que el Gobierno español «no desea que se produzca» un «brexit», pero que reconoce que «el riesgo de la salida es real».
06-06-2016 | Fuente: abc.es
EE.UU. y China vuelven a chocar sobre las islas en disputa y la «guerra del acero»
Con la asistencia del presidente Xi Jinping y del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, este lunes ha comenzado en Pekín el Diálogo Económico y Estratégico de Estados Unidos y China, que celebra su octava edición y se ha convertido en el foro diplomático de mayor nivel entre las dos primeras potencias del mundo. La cita de este año viene marcada por la creciente tensión entre ambos países por las disputas territoriales en el Mar del Sur de China, que enfrentan al autoritario régimen de Pekín con buena parte de sus vecinos del Sudeste Asiático, especialmente con Vietnam y Filipinas. Para rebajar dicha tensión, el presidente Xi Jinping ha abogado en su discurso de apertura del foro por «manejar las diferencias» para evitar «problemas mayores». A su juicio, «la clave es no adoptar una actitud de confrontación» ni «convertir al Mar del Sur de China en un escenario para la rivalidad, sino para la cooperación». A pesar de sus bienintencionadas palabras, las espadas vuelven a estar en alto entre Washington y Pekín, que baraja establecer una zona defensiva de identificación aérea sobre el Mar del Sur de China. De esta manera pretende demostrar su soberanía sobre dichas aguas en disputa, lo que ha provocado la reacción inmediata de la Casa Blanca. «Consideraríamos esta zona defensiva de identificación aérea como una provocación y un acto desestabilizador que generaría automáticamente tensiones y pondría en serias dudas el compromiso de China para manejar diplomáticamente dicha cuestión», advirtió Kerry durante el fin de semana a su paso por Mongolia, escala previa a Pekín. Como respuesta, un general de la Comisión Central Militar de China, Sun Jianguo, aprovechó su presencia en el Foro de Seguridad de Singapur para dejar claro que Pekín «no tiene miedo a los problemas» y «no permitirá ninguna injerencia en los intereses de su soberanía y seguridad». En la misma línea, una tribuna de opinión del diario «Global Times», altavoz del Partido Comunista, se hacía eco de sus palabras y denunciaba este lunes «la arrogancia de la Flota de EE.UU. en el Pacífico», al tiempo que recordaba «la debilidad militar de China, que debe ser fortalecida como elemento disuasorio». Una escalada de la tensión similar se vivió en noviembre de 2013, cuando Pekín estableció una zona defensiva de identificación aérea en el Mar Oriental de China que incluía a las islas Senkaku, o Diaoyu en mandarín, bajo el control de Japón. Al margen de esta confrontación, Kerry intentará lograr el apoyo chino para presionar a Corea del Norte con el fin de que abandone su programa nuclear, que este año se ha visto reforzado por un nuevo ensayo atómico y el posterior lanzamiento de un misil de largo alcance. Ambas provocaciones, que violaban las sanciones anteriores impuestas por la ONU, le han valido un endurecimiento de las medidas tomadas unánimemente por el Consejo de Seguridad, pero el régimen estalinista de Pyongyang sigue enrocado en su desafío nuclear. Junto al comercio, la cooperación agrícola y las investigaciones científicas y tecnológicas conjuntas, otro de los asuntos sobre la mesa es la «guerra del acero» entre ambos países. Tras la adopción de aranceles para frenar la entrada del baratísimo acero chino, producido en numerosas ocasiones en empresas estatales o con fondos públicos, el secretario de Estado del Tesoro, Jacob Lew, instó a Pekín a «reducir sustancialmente la producción». Además de pedir una disminución «en sectores como el acero y el aluminio», advirtió de que «la excesiva capacidad de producción tienen un efecto dañino y distorsionador en los mercados globales».
01-05-2016 | Fuente: abc.es
Estados Unidos S.A., la visión empresarial de América de Trump
Nadie se imagina muy bien cómo serían los Estados Unidos con Donald Trump en la Casa Blanca. Con propuestas para algunos revolucionarias, para la mayoría peregrinas, se extiende la convicción de que difícilmente podría cumplir la mayoría de ellas. El control del legislativo al presidente de Estados Unidos, incluso aunque en este caso la mayoría del Congreso siguiera siendo republicana, y la realpolitik que conduce el entramado de relaciones de la primera potencia mundial, construido durante décadas, se presentan como grandes frenos. El magnate pretende dirigir el país como una sociedad anónima, como gestiona su grupo de negocios, pero también ofrece para Estados Unidos un proteccionismo no visto en ochenta años. Es la contradicción de quien presume de hacer negocios con el mundo entero y, sin embargo, propone el aislacionismo, la ruptura de los grandes acuerdos comerciales asentados en la libertad económica, como receta para que «los empleos sean para los americanos». Un mensaje populista que le ha permitido conectar con amplias capas de la población, la mayoría (aunque no solo) blancos de clase media y baja perjudicados por la crisis, y que le puede abrir las puertas de la elección presidencial. Aunque su probable rival, la demócrata Hillary Clinton, le aventaja con claridad en las encuestas, es precisamente en la gestión de la economía donde Trump genera más confianza, tanta como la exsecretaria de Estado. Es su aura de personaje de éxito, de ganador (winner) frente a perdedor (loser), auténtico mantra del millonario, el que le está aupando en el proceso electoral. John Hudak, de la Brooking Institution, responde así a ese futuro imaginario con Trump como presidente: «Con unas ideas tan grandiosas como su retórica, descifrar la que sería su política económica es una tarea demasiado compleja». Si nos atenemos a las propuestas, las más difíciles de aplicar, por onerosas o idealistas, son las medidas antiinmigración, coherentes con su neonacionalismo americano y motor de su campaña: la construcción de un muro a lo largo de toda la frontera con México (3.185 kilómetros) y la deportación de los más de once millones de ilegales que viven en Estados Unidos, la gran mayoría mexicanos. El coste de la primera medida, no fácilmente calculable pero que la mayoría eleva a trillones de dólares (billones de euros), lo ventila Trump obligando a México a pagar la obra. En su deriva, un memorándum de campaña que maneja el magnate, filtrado a la prensa pero que él no ha corroborado, prevé medidas de presión para forzar al vecino del sur. Entre ellas, el corte de las remesas, el dinero que los mexicanos envían a sus familias desde Estados Unidos, algo que recientemente provocó la hilaridad en el presidente Obama: «Buena suerte con Western Union», le retó entre bromas, ante la dificultad de supervisar uno a uno estos envíos. Rupturismo Los expertos creen que las deportaciones masivas supondrían un gran perjuicio económico para Estados Unidos. La American Action Forum, un instituto de inspiración conservadora, calcula que el Estado Federal tendría que asumir un coste de gestión de entre 400.000 y 600.000 millones de dólares, a lo que habría que añadir una caída del PIB del país de 1,6 billones. Por no hablar de los veinte años que a su juicio llevaría el proceso, frente a los 18 meses prometidos por Trump. De acuerdo con su medida estrella, el magnate también ha prometido la ruptura, o, al menos, revisión, de los grandes acuerdos comerciales transnacionales. Abiertamente contrario al TransPacífico, recién impulsado y firmado (pendiente de la ratificación del Congreso) por el presidente Obama con 11 países, y con las negociaciones abiertas para que Estados Unidos y Europa formalicen otro, Trump ha arremetido contra el NAFTA. Suscrito con Canadá y México en 1988, el millonario lo liquidaría o renegociaría. Su peculiar filosofía es que en todos estos grandes acuerdos hay ganadores y perdedores, y que Estados Unidos está entre los segundos. Su plan proteccionista se completaría con la aplicación de una tarifa general del 20% a todos los productos importados, que en el caso de China podría ascender hasta el 45%. En este caso, el gravamen serviría de medida de presión frente a la competencia desleal que protagoniza el gigante asiático, para lo que utiliza el cambio de moneda y el espionaje industrial a las grandes corporaciones estadounidenses, según denuncia el millonario. A estas últimas tampoco les ha ahorrado amenazas: a la Ford, avisándoles de que si se lleva su planta de Detroit a México, le aplicaría una tarifa de entrada a sus vehículos; a Apple, cuya línea de fabricación se encuentra en China, le ha advertido que le obligará a implantarse en Estados Unidos. El primer precedente proteccionista se remonta a la Ley de Aranceles Smoot-Hawley de 1930, con la que Estados Unidos intentó hacer frente, con poco éxito, al impacto de la Gran Recesión. La reforma fiscal es otra de sus promesas que Trump plantea también con un afán de premio y castigo. Para las empresas que contraten trabajadores no americanos, implantaría un recargo de tarifa de otro 20%. En cambio, para aquellos que creen empleo estadounidense, propone exenciones fiscales de hasta el 100%. Pese a la previsible bajada de la recaudación fiscal, Trump anunció esta semana un fuerte aumento de los gastos de Defensa, para «reconstruir el Ejército y hacer fuerte al país otra vez». En un previsible agujero contable que soluciona prometiendo «no derrochar ni un solo dólar», también ha garantizado que mantendrá el gasto social. Suprimirá y reemplazará el llamado Obamacare, extensión de la cobertura sanitaria a otros 18 millones de ciudadanos que ha impulsado el actual presidente. Y promete que mantendrá la pensión de jubilación y sanidad pública para los mayores de 65 años, y que el Estado no permitirá que nadie muera en la calle por falta de cobertura.