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Noticias de animales

13-04-2020 | Fuente: as.com
Los animales siguen campando por Madrid: miren lo que se coló en Francos Rodríguez
Este jabalí ha sido el último animal salvaje en hacerse viral por "colarse" en el centro de una gran ciudad. Fue visto y grabado por una usuaria en la glorieta de Francos Rodríguez.
12-04-2020 | Fuente: as.com
Tiene a la ciudad en shock: un corzo cruzando Valladolid a toda velocidad
Se está volviendo muy viral en redes sociales la imagen de este animales atravesando las calles de la ciudad como si fuera un peatón cualquiera.
07-04-2020 | Fuente: as.com
Los animales contagiados por el COVID-19: dos perros, un gato y una tigresa
Los cuatro casos positivos tuvieron contacto con personas infectadas. En Bélgica hay un otro gato sospechoso de haber contraído la enfermedad
07-04-2020 | Fuente: abc.es
El coronavirus, una pandemia que amenaza a las democracias liberales
Son las crisis las que miden la talla de los mandatarios, abocados a tomar decisiones cuando el pulso tiembla y la dimensión de las consecuencias de sus actos se cuenta en millones de vidas. En diciembre, en la ciudad china de Wuhan, una megalópolis poblada de rascacielos que crece en las orillas del río Yangtsé, un virus saltó de un animal a un ser humano, demostrando que el azar de un episodio mínimo puede cambiar el mundo para siempre. Meses después, cuando el régimen presume de haber controlado la pandemia, la cifra oficial de muertos ha quedado envuelta en una bruma de preguntas sin responder y la gestión de la emergencia sanitaria acumula críticas, tras conocerse que los médicos y periodistas que se atrevieron a denunciarla fueron silenciados, según reveló recientemente Reporteros sin Fronteras (RSF). Desde hace semanas, la organización alerta sobre el peligro que acecha a la libertad de prensa bajo la bandera de la lucha contra el Covid-19, denunciando su continuo deterioro en países como Hungría, Rusia o Turkmenistán. En un giro propio del guion de una distopía absurda, las autoridades de la república exsoviética han decidido prohibir que la palabra coronavirus aparezca en los folletos médicos, como si negar la realidad fuera lo mismo que ponerle remedio. En Bielorrusia, su poco democrático presidente, Alexander Lukashenko, ha aconsejado a los ciudadanos que jueguen al hockey, convirtiendo el hielo en un anticuerpo. En todos los casos, la ausencia de medios críticos y la bota de la censura son la tónica común. Una sombra autoritaria Ante ese esbozo de la realidad, la tentación de arrojar una mirada pesimista sobre el futuro parece irresistible. Numerosos analistas temen que la pandemia se traduzca en un auge del autoritarismo, sirviendo como excusa para normalizar el uso de la geolocalización o el reconocimiento facial, tecnologías que en malas manos pueden achicar las libertades de los ciudadanos, convirtiendo el mundo en una enorme Xinjiang, la provincia china donde las autoridades comunistas vigilan estrechamente a la minoría uigur. Para otros, el riesgo se sitúa en el aumento de la xenofobia. En enero, se registraron varios ataques contra ciudadanos chinos en numerosos países, reacciones violentas que conjugaban el racismo con el temor a que las víctimas fueran portadoras del virus. El pasado marzo, con la epidemia disparándose en los países europeos, la alcaldesa de Guayaquil impidió el aterrizaje de un avión con tripulantes españoles, poniendo camionetas en la pista del aeropuerto para frenar la maniobra. Por suerte, su decisión no provocó un terrible accidente, pero sirvió para recordar que el miedo suele estar detrás del extremismo y la falta de empatía más elemental. ¿Otra Guerra Fría? A través de Twitter, su red social favorita, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, escribió el pasado marzo un mensaje donde calificaba de «virus chino» al coronavirus, despertando una polémica donde se escucharon acusaciones de xenofobia. Dejando ese aspecto momentáneamente al margen, el comentario del mandatario se enmarca en la tensa relación que Washington ha establecido con Pekín desde el comienzo de su Administración, una batalla librada en el campo de la economía, mediante el establecimiento de aranceles a productos chinos, y en el de la tecnología, con la Justicia estadounidense acusando al gigante Huawei de crimen organizado y robo de secretos. En ese sentido, la pandemia ha inaugurado un nuevo capítulo, que ha incluido teorías de la conspiración sobre el origen de una tragedia sanitaria que amenaza con desencadenar una grave recesión económica. Sin ir más lejos, como explicó en este diario el corresponsal en Shanghái, Pablo M. Díez, algún periódico chino no ha dudado en dar crédito a la presunta fabricación del virus en un laboratorio estadounidense, historia expuesta desde Global Research, un medio canadiense dispuesto a esparcir cualquier explicación sobre la realidad enrevesada y poco probable. Después, según esa misma fuente, la infección se habría expandido en Wuhan, tras la celebración de unos Juegos Olímpicos Militares. En medio de esas historias fantásticas, el otro gran juego geopolítico se está librando con la venta y donaciones de material sanitario. Dispuesto a sacudirse las críticas por su opaca gestión de la pandemia, Pekín suministra a varios países occidentales -y también africanos- mascarillas, guantes o respiradores, productos indispensables en los hospitales de Madrid, Milán o Adís Abeba. En esa pugna, Estados Unidos se está mostrando más discreto. Aunque Washington ha accedido a enviar respiradores a España, después de una conversación entre Trump y el Rey Felipe VI, el presidente se no se ha mostrado especialmente prolijo, afirmando que su prioridad consiste en cubrir las necesidades de su país, que no parecen del todo garantizadas; según The Guardian, el mandatario habría pedido a algunos socios europeos y asiáticos, incluido China, productos de los que carece. A largo plazo, las consecuencias de estas políticas desiguales son todavía indescifrables. Como antídoto a una posible dependencia, cabe mencionar que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se ha curado en salud, expresando su deseo de que el país se suministre de su propio material, fortaleciendo la industria con el objetivo de que la «soberanía nacional» quede intacta. Desde luego, es improbable que la expansión de la influencia China, un país donde conviven el autoritarismo comunista y el escaso respeto de los derechos humanos con una economía potente y nada respetuosa con la naturaleza, alumbre un futuro esperanzador. Si la democracia liberal retrocede, también lo harán las libertades básicas -la libertad de prensa, a manifestarse-, el respeto al individuo o el multipartidismo, por citar solo algunos de los pilares que sustentan el sistema que ha proporcionado bienestar durante décadas a nuestras sociedades. Caos político Como equilibristas entre el miedo y el deseo de lograr un desenlace tan feliz como sea posible, los mandatarios luchan por superar esta crisis sin arruinar su futuro político. En Iberoamérica, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y el de Brasil, Jair Bolsonaro, han negado durante semanas la gravedad de la pandemia, animando a la gente a salir a la calle. En Italia, el presidente del Partido Democrático, Nicola Zingaretti, recomendaba a los milaneses disfrutar del aperitivo, poco antes de que el número de casos saltara por los aires. En España, el Gobierno autorizó la celebración de la manifestación feminista del 8 de marzo, advirtiendo un día más tarde de que el virus iba a hacer estragos, con la población atónita ante el cambio de discurso. Desde el Elíseo, se permitió la celebración de la primera vuelta de las municipales francesas, a pesar de que los casos se estaban disparando y el panorama no era halagüeño. Queriendo atajar la epidemia sin frenar las infecciones, con la idea de crear un gran grupo de inmunidad, el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, tuvo que abandonar sus planes ante el riesgo de que dos millones de británicos perdieran la vida. En Estados Unidos, el presidente, Donald Trump, se burlaba del coronavirus, lamentando que no podía tocarse la cara, antes de que los hechos le obligaran a admitir la gravedad del trance. Con los hospitales de Nueva York colapsados, la Casa Blanca calcula que pueden fallecer 100.000 personas. Serán las urnas, en los países donde se puede votar o celebren elecciones limpias, las que midan el favor o descontento de la población ante la gestión de sus líderes. El debate sobre el cambio climático Sería injusto, en medio de este panorama triste, no encontrar un pequeño espacio para la esperanza. Sorprendidos ante el golpe de la naturaleza, hay voces que señalan que la tragedia provocada por el coronavirus servirá para concienciar sobre el cambio climático, ahora que en los cielos de las ciudades vuelven a lucir las estrellas y los animales se aventuran a recuperar los espacios abandonados por el ser humano. En las redes sociales, los ciudadanos comparten fotografías de la ciudad de Madrid libre de contaminación, con la silueta de las torres de Chamartín recortando un horizonte limpio. Repletos de agua cristalina, los canales de Venecia parecen reivindicar la antigua gloria de la Serenísima. Según el medio CarbonBrief, las emisiones de CO2 en China se redujeron un 25 por ciento tras las restricciones impuestas para frenar la pandemia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lamenta que «entre 2030 y 2050, el cambio climático causará unas 250.000 defunciones adicionales cada año». No obstante, hay que ser prudente. El parón puede reverdecer los campos, pero también desembocar en una brutal crisis económica, que sin duda dañará las condiciones de vida de millones de personas. Difícil conclusión Con la crisis sin terminar, resulta arriesgado resolver de manera contundente qué repercusiones tendrá el coronavirus a nivel geopolítico. Si atendemos a la Historia, parece innegable afirmar que sus consecuencias definirán las próximas décadas, aunque resulta difícil establecer cómo. Por primera vez, el hombre se encara con una pandemia en un mundo globalizado, observando su desarrollo casi en directo a través de las redes sociales y sorprendido de que el avance tecnológico no haya conseguido doblegar la naturaleza. Con fronteras cerradas y la reducción al mínimo del tráfico aéreo, el movimiento de personas se ha visto súbitamente detenido, como también el turismo. Sin aventurar una conclusión, sí parece evidente que 2020 ha inaugurado un nuevo punto de inflexión en el siglo XXI.
06-04-2020 | Fuente: as.com
La naturaleza se sigue abriendo camino: el Acueducto de Segovia el sábado noche
Siguen apareciendo animales en las ciudades españolas vaciadas por el coronavirus. En este caso fue en Segovia donde una cámara de seguridad capto a estos corzos.
29-03-2020 | Fuente: elpais.com
Rafael Cabrera, aficionado, una voz crítica y reconocida de la tauromaquia
"El antitaurinismo ha evolucionado de la salvación del alma a la defensa de los animales"
29-03-2020 | Fuente: abc.es
China lanza la «diplomacia de las máscarillas» para mejorar su imagen
Hasta que se descubra una vacuna contra el coronavirus, no podremos volver a movernos alegremente por el mundo como antes. En ese planeta globalizado, que ahora se está parando con un tercio de su población encerrada en sus casas, China rivalizaba con Estados Unidos por la hegemonía mundial y ofrecía a los países emergentes una alternativa de desarrollo muy diferente a las democracias occidentales. Pero su imagen ha quedado muy dañada por el estallido de la epidemia en Wuhan, que las autoridades intentaron ocultar silenciando a los médicos que alertaron de la nueva enfermedad, y su supuesto origen en un mercado donde se vendía y comía todo tipo de animales. Aunque todavía está bajo investigación porque algunos primeros casos no están relacionados con dicho mercado, se sospecha que allí mutó el coronavirus, procedente de los murciélagos, y pasó a otra especie antes de infectar al ser humano. A la espera de encontrar cuál fue el animal intermedio, eso es lo que ocurrió hace casi dos décadas con el SARS, que también se originó en un mercado de animales de China y provocó otra epidemia global. Pero esta, ya convertida en pandemia, es muchísimo más grave y amenaza con provocar la mayor catástrofe sanitaria y económica de nuestra generación. Un daño del que muchos culpan al autoritario régimen chino por su opacidad habitual y por no haber sido un socio fiable en la comunidad internacional. Si bien es cierto que el cierre de la provincia de Hubei y la paralización total del país ralentizó la propagación del coronavirus por todo el mundo, la duda está en saber si la pandemia se podría haber evitado si la Policía de Wuhan hubiera escuchado, en lugar de reprendido, a los médicos que avisaban de la enfermedad, como el difunto doctor Li Wenliang. Tampoco ayudó, por supuesto, la inacción de Occidente, que minimizó la peligrosidad del coronavirus comparándolo con una «simple gripe» para no dañar la economía. Una irresponsabilidad que ya están pagando Italia y España y que ha pillado con el paso cambiado a la UE, donde Alemania, que envió ayuda a China al estallar la epidemia, se apresuró a prohibir la exportación de sus mascarillas y ventiladores de respiración asistida cuando llegó al Viejo Continente. Aplicando bien el doble significado del caracter «crisis» en mandarín, peligro y oportunidad, el siempre habilidoso régimen chino está aprovechando el control del coronavirus en su territorio para enviar ayuda médica a otros países en apuros. En las dos últimas semanas, ha mandado toneladas de máscaras, guantes, trajes de protección y máquinas respiradoras y hasta equipos médicos a países como Italia, la República Checa, Grecia, Francia y España. Solo una pequeña parte son donaciones, porque en la mayoría de los casos se trata de ventas. Pero en estos momentos, y con los gobiernos y hasta regiones de un mismo país pugnando por comprar material sanitario en la «fábrica global», hasta eso es ya un auténtico lujo. Cuando la ministra de Exteriores española, Arancha González Laya, llamó a mediados de mes a su homólogo chino, Wang Yi, este le prometió «urgentemente un lote de asistencia (de suministros médicos) basado en las necesidades de España y abrir los canales comerciales para que España importe el equipamiento de protección personal que necesita y material sanitario», informaba Xinhua. Tras la posterior conversación telefónica entre Xi Jinping y Pedro Sánchez, la donación china llegó a España el domingo: 834 kits de diagnóstico para 20.000 personas, 50.000 mascarillas, 10.000 batas, 10.000 gafas de protección, 10.000 pares de guantes y 10.000 pares de cubrezapatos. Así lo anunciaba en Twitter la Embajada china en España con la bandera de ambos países, el estribillo de una famosa canción y un viejo proverbio: «El sol siempre aflora tras el viento y la lluvia. Las dificultades hacen aflorar los verdaderos sentimientos». A esta donación estatal se suman otras particulares de multinacionales chinas como Alibaba, que ya ha enviado 500.000 mascarillas y mandará también kits para detectar la enfermedad Covid-19, y Huawei, que ha regalado un millón de máscaras. Con toda esta «diplomacia de las máscaras», China vuelve a cultivar su «poder blando» y será difícil que las naciones a las que está ayudando ahora se resistan a sus demandas en el futuro. Además, mejora su imagen frente a EE.UU., donde los bandazos de Trump amenazan con desatar una catástrofe, e incluso la UE, de nuevo criticada por no coordinar una respuesta conjunta a la pandemia. Intentando reescribir la historia, Pekín ya está diciendo que el coronavirus pudo haberse originado en otro país y da pábulo a las teorías de la conspiración que culpan al Ejército estadounidense. «Militares encubiertos» ¿Servirán todos estos esfuerzos para que China limpie su imagen tras la debacle global que causará la pandemia? Para Jean-Pierre Cabestan, profesor de Política de la Universidad Baptista de Hong Kong, «China está tratando de limpiar su imagen proporcionando equipamiento y asistencia a Europa y otros países con necesidades o poco preparados para hacer frente a la epidemia. Lo hace para mejorar su imagen y aislar a EE.UU. y, además, para intentar obtener toda la información posible sobre el virus, ya que en algunos equipos médicos hay doctores encubiertos del Ejército para ganar la carrera internacional por la vacuna. Pero esta competición convencerá a más gente en todo el mundo de que China solo está interesada en el poder político y en debilitar a Occidente en general y a EE.UU. en particular». A pesar de esta «diplomacia médica», Cabestan cree que China saldrá más debilitada de la crisis porque «el Gobierno permitió que siguiera el mercado de animales salvajes de Wuhan y otros lugares, facilitando la transmisión de virus de murciélagos a los humanos, y luego encubrió la epidemia, dejando que cinco millones de personas salieran de Wuhan e infectaran a mucha gente por todo el mundo». A su juicio, China también perderá poder porque «su economía ya está seriamente afectada y no se recuperará en algún tiempo. Además, el país se prepara para otra ola de contagios, esta vez procedente del extranjero». Hasta que se descubra una vacuna, este será el mundo poscoronavirus.
23-03-2020 | Fuente: abc.es
Las claves del decreto que «cierra Italia»
La emergencia sanitaria ha hecho saltar todas las alarmas, con reglas que limitan duramente derechos constitucionales de los ciudadanos. Pero se debe dar prioridad a la tutela de la salud: «Estamos en guerra y es necesario responder con todas las armas que tenemos», dice el profesor Giannza Rezza, director del departamento de enfermedades infecciosas del Instituto Superior de sanidad, uno de los científicos más escuchados por el Gobierno en la lucha contra el coronavirus. En el último decreto que firmó el domingo el primer ministro, Giuseppe Conte, se cerraron, en principio hasta el 3 de abril, «todas las actividades productivas no estrictamente necesarias», pero una de las normas que más impacto ha tenido hoy entre los ciudadanos es la evitar los desplazamientos para frenar la epidemia. El gobierno ha garantizado que no faltarán los productos de primera necesidad, ni habrá reducción en los horarios de los supermercados. Se quiere evitar así la preocupación o las inmensas colas que a veces se han formado por temor a que se agoten los productos o que se cierren los supermercados durante el fin de semana. En este sentido, se ha convertido en viral una fotografía con una larguísima cola, increíblemente ordenada esperando a entrar el pasado sábado en un supermercado de Prato (Toscana), una foto que se ha convertido también en símbolo de esta época del coronavirus. La foto, obtenida por un aficionado, muestra casi una «performance». El escritor Sandro Veronesi le ha dedicado un artículo: «Se trata de la foto del día, quizás del año, la imagen que mejor de todas hasta ahora resume la surrealista, perturbadora , violenta alteridad de este momento histórico». Esta es la nueva situación que desde hoy afrontan los italianos: 1. Prohibición de desplazamientos «Se prohíbe a todas las personas físicas el transferirse o desplazarse con medios de transporte público o privado a un municipio diverso del que se encuentran, salvo que por comprobadas exigencias de trabajo, de absoluta urgencia o por motivos de salud». Con esta medida, el gobierno responde sobre todo a las peticiones de los presidentes de las regiones del sur, que siguen temiendo los desplazamientos de ciudadanos del norte, donde se encuentran los mayores focos de la epidemia. De hecho, cuando se hizo pública la noticia de la prohibición de los desplazamientos, en menos de media hora había unas 200 personas en la Estación Central de Milán para partir hacia el sur. Pero esta vez, el bloqueo fue total. El gobierno había avisado con anterioridad a las comisarías y la policía ferroviaria para impedir la fuga de estudiantes y trabajadores que deseaban regresar a sus lugares de origen en el sur, comprendidos los empleados cuyas fábricas han sido cerradas por decreto. Se evitó así el pasado error cuando, con un decreto anterior, se cerraron las escuelas y se transformó Lombardía en «zona roja». La gente tuvo conocimiento del borrador del decreto, antes de la firma del primer ministro, y miles de ciudadanos escaparon de Lombardía hacia el sur, con el grave riesgo de difundir el coronavirus. 2. Cierre de empresas Se cierran las fabricas de automóviles, la industria del tabaco, las de ropa, muebles y ordenadores. Igualmente se paralizan las actividades inmobiliarias, las empresas de alquiler de coches y de leasing, las agencias de viajes, aunque se les permite proseguir su actividad en forma de smart working. Obviamente, al estar abiertas las tiendas de alimentación, supermercados, las farmacias, parafarmacias, y quioscos, pueden permanecer abiertas las fábricas que han de surtir productos a esos servicios esenciales de primera necesidad, como las industrias farmacéuticas y alimentarias. Se consiente también la actividad a los servicios que están relacionados con la vigilancia privada, así como los de limpieza y desinfección, los call center, las agencias de distribución de libros, periódicos y revistas. Se permitirán las obras relacionadas con hospitales o sanidad, y obviamente se autorizan los trabajos de instalaciones eléctricas o de fontanería. El decreto del gobierno hace un elenco muy preciso de las actividades que permanecen abiertas. 3. Normas sobre farmacias, comercios, bares y museos Permanecerán abiertas las farmacias y las parafarmacias, tiendas de alimentación, los supermercados, los mercados que venden fruta, verdura y otros alimentos, herboristerías, los estancos, los kioscos y las tiendas de ordenadores o las ferreterías. Sigue la actividad en gasolineras y lavanderías. Igualmente siguen abiertas las tiendas que venden productos para higiene personal, y productos y alimentos para animales de compañía. Están cerrados bares y restaurantes, que podrán efectuar entrega de comida a domicilio. En las autopistas se permite que en los bares de las gasolineras se vendan productos para consumarse fuera de los locales. Se cierran tiendas de ropa y joyerías. Tampoco podrán trabajar los concesionarios de automóviles, autoescuelas o floristerías. Ninguna actividad se permite en centros de estética, peluquerías o gimnasios. Los museos y librerías están cerrados. 4. Oficinas y transportes públicos Permanecen abiertas las oficinas públicas y privadas. En el decreto se especifica que «las actividades profesionales no quedan suspendidas», lo que significa que pueden trabajar los bufetes y notaría, aunque se recomienda que se realice el teletrabajo. Es posible ir a Correos y las oficinas de los bancos, aunque en general se exige cita previa. Se han cerrado los locales con máquinas tragaperras y los que venden diversas loterías. Ni siquiera se permite el juego online. Funcionan, aunque se ven prácticamente vacíos, los transportes públicos: Autobús y metro. Trenes y aviones mantienen muy reducidos los servicios. Los cruceros se han prohibido, al igual que los vuelos privados salvo que se demuestren «fundadas exigencias laborales o de salud». 5. Actividades al abierto Está prohibido el acceso a los parques y jardines públicos. El decreto especifica que no se pueden realizar actividades lúdicas o recreativas al abierto. Se permite el footing individualmente en proximidad del domicilio. Es posible pasear al perro, pero se debe hacer también cerca de la propia casa y por tiempo limitado. Se exige mantener la distancia de un metro, incluso en la fila, a la entrada de supermercados o en las farmacias, y se recomienda, siempre que sea posible, utilizar guantes y mascarilla.
23-03-2020 | Fuente: as.com
En Madrid salieron pavos a la calle, pero lo que se ha visto en Asturias realmente intimida...
Durante el encierro hay animales que están aprovechando a aparecer en sitios en los que no acostumbraban. Es el caso de este ejemplar en el norte del país..
23-03-2020 | Fuente: as.com
China prueba ya en humanos su vacuna contra el coronavirus
108 voluntarios de Wuhan, primer foco del coronavirus, se han sometido a este estudio. EE.UU. también hace pruebas en humanos y Rusia, testa su prototipo en animales.
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