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Noticias de angela merkel

08-06-2018 | Fuente: abc.es
PESCO, el gran proyecto europeo de Defensa que marca el camino de Margarita Robles
La «bella durmiente» de los tratados -según la llamó el propio presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker- se va levantando poco a poco de su lecho. La Política de Seguridad y Defensa europea ha despegado por fin mediante la firma de la Coordinación Estructurada Permanente de Defensa (PESCO, por sus siglas en inglés) impulsada por la victoria en Estados Unidos de Donald Trump, la amenaza del «oso ruso» y especialmente por la próxima consumación del Brexit. De momento, PESCO ha lanzado 17 proyectos para mejorar la Defensa común europea sin revelar muchos detalles. Pese a los avances hacia una mayor cooperación en una materia tan peliaguda y apegada a la soberanía nacional, de los veinticinco países firmantes, algunos como Polonia no parecen muy interesados en que el proyecto funcione. Según sus críticos, más que contribuir al impulso liderado por Alemania, Francia, Italia y España, Varsovia está boicoteando su futuro éxito desde dentro. La victoria en Francia de Emmanuel Macron, con un profundo afán de liderazgo europeísta, y la continuidad de la canciller Angela Merkel en otra gran coalición alemana abonan un terreno propicio como hace tiempo que no se daba para acelerar en la integración en Defensa, según viene recogido en el Tratado de Lisboa. En esta construcción rivalizan dos modelos: el francés, del «pequeño club de vanguardia» y quizá motivado por la idea francesa de enrolarse en operaciones ofensivas en el extranjero, y el alemán, más integrador para no crear un muro invisible con respecto al «rebelde» y nacionalista este de Europa, también teniendo en cuenta las propias limitaciones de su Ejército y de sus complejos por cuestiones de sensibilidad histórica. «Creo que una demostración de que PESCO no va a volar como se planteaba al principio es que se habla ya de PESCO Plus: más avanzada y reducida para unos cuantos Estados. Pasa como con la «ampliación», que se hizo deprisa y corriendo y luego se han visto los problemas de hacerlo así», señala Andrés Ortega, investigador asociado sobre Europa del ?think tank? Real Instituto Elcano. Según los datos que arroja el Eurobarómetro, el país donde hay mayor oposición popular hacia una política de seguridad y defensa común en la UE es Austria, donde los ultraderechistas de la FPÖ (Partido de la Libertad de Austria) sostienen al conservador canciller Sebastian Kurz. En tercer lugar se encuentra Italia, donde dos formaciones populistas como el Movimiento 5 Estrellas y sobre todo la xenófoba Liga Norte han generado una profunda desconfianza inicial en las Instituciones comunitarias. «En estos momentos, con Italia en esta situación, se pueden dificultar los avances no solo en PESCO, sino en todo lo que se refiere a la integración europea. De todas formas PESCO en Defensa es un proceso que va a tardar, que ha empezado, pero que no dejará frutos pasado el año 2025. Hay tiempo para gestionarlo», agrega Ortega. Con PESCO, la Unión busca prepararse mejor para las nuevas amenazas -híbridas, cibernéticas, yihadistas, etc- pero también avanzar hacia una mayor operatividad de sus fuerzas y la convergencia de las industrias en Defensa. «Europa gasta en Defensa más que China y Rusia juntas, pero no tiene ejército. Qué sentido tiene tener 13 tipos de tanque cuando EE.UU. solo tiene uno», dijo en una entrevista a este periódico César Molinas, economista y coautor del libro ?La crisis existencial de Europa?. Para Ortega, los europeos gastamos la mitad de lo que gasta EE UU pero en operatividad solo tenemos un 15% de la de EE UU en soldados y unidades. «En Alemania todo el debate de Defensa europea empezó cuando se dieron cuenta que la mitad de la fuerza aérea estaba inoperativa porque no funcionaba. Necesitamos arreglarlo y de manera urgente», incide. ¿Repetirá la coordinación en Defensa los errores de la Eurozona? «La Eurozona ha abolido su propia moneda y los países se han unido financieramente, PESCO van a un proyecto juntos pero no consiste en desarmar al Ejército francés o alemán. Solo sería comparable si Europa disolviese los ejércitos nacionales para implantar un Ejército europeo, pero estamos muy lejos de eso», considera Ulrike Esther Franke, investigadora del think tank European Council on Foreign Relations (ECFR). «PESCO nace un poco cojo» Los más escépticos como Polonia, cuyo gobierno del ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS) ha dado un volantazo a las políticas europeístas del anterior Ejecutivo, creen que los peces grandes se comerán a los pequeños y finalmente serán las gigantes del sector, como Airbus y Thales, entre otras, quienes se lleven la mayor parte del pastel. Con la amenaza rusa cada vez más imponente, el Gobierno polaco ha aumentado de media un 4,6% su gasto en Defensa los últimos años hasta convertir a su Ejército en uno de los más poderosos del Este, «Lo que piensa Polonia no es del todo falso. PESCO va a favorecer las capacidades industriales que existen ya, sobre todo en Francia, Alemania o en España . Si tus compañías no son tan buenas como otras perderán la licitación, es la realidad económica y PESCO no puede escapar de esto», incide la investigadora alemana del ECFR. Fiel a la retórica «trumpiana», la embajadora estadounidense en la OTAN, Kay Bailey Hutchison, advirtió de que Washington no quería que PESCO y el Fondo Europeo de Defensa sirvieran de vehículos proteccionistas de la UE en alusión a los intereses europeos de compañías como Lockheed Martin, pese a que desde Europa se insiste que ambas estructuras serán perfectamente compatibles. «Han sido varios gobiernos de EE UU los que han llamado a los europeos a gastar más en defensa y a asumir más responsabilidad por su seguridad. PESCO y EDF (Fondo Europeo de Defensa) son una respuesta europea a esta convocatoria», señala Daniel Fiott, analista de Defensa del Instituto de Estudios de Seguridad de la UE. Como señala un informe de Bruegel, la industria de defensa europea emplea a alrededor de 500.000 personas directa y genera indirectamente 1.200.000 puestos de trabajo (en 2014). Mientras que Francia lidera la venta de armas, Alemania, recelosa de todo militarismo desde la Segunda Guerra Mundial, no tiene tan desarrollada su industria y aspira a que sus compañías y ejércitos se beneficien del éxito de PESCO. «No va a fracasar porque ya ha despertado, pero nace un poco cojo. Le falta concretar el fondo para la defensa europea, un concepto compartido de cuáles son las amenazas, riesgos y necesidades que debe afrontar la defensa europea. PESCO nace sin ese concepto de amenazas compartido», concluye el investigador de Elcano. La UE solo avanza en la integración cuando se acerca al abismo. «Nunca desperdicie una buena crisis, como dice el refrán», señala Fiott. Crisis que van desde las turbulencias en los países del sur y del este hasta el Brexit y las dudas sobre la nueva relación de las instituciones europeas con los EE.UU. de Trump que han dado a los Estados miembros aún más razones para planificar su defensa juntos. España liderará uno de los 17 proyectos De los primeros 17 proyectos de PESCO de formación, desarrollo de capacidades y preparación para el despliegue operativo, España participará en doce y liderará el destinado a mejorar la capacidad de mando y control en las operaciones y misiones de Política de Defensa y Seguridad de la UE, acompañado por Alemania Italia y Portugal, recoge Europa Press de la lista definitiva de proyectos y países participantes. Los Veintiocho han propuesto contribuir 500 millones en 2019 y 2020 para cofinanciar prototipos industriales a través del Fondo Europeo de Defensa y 1.000 millones al año a partir de 2021,así como otros 90 millones para investigación en los próximos tres años y 500 millones anuales a partir de 2021.
07-06-2018 | Fuente: abc.es
Estados Unidos califica la guerra comercial con la UE de mera «disputa familiar»
Hoy está previsto que Donald Trump llegue a Charlevoix, en Canadá, para asistir a la cumbre del G-7. Él preferiría estar en otro lugar. Sin duda, en Washington o Mar-a-Lago, su residencia en Florida. No solo porque el presidente de EE.UU. odia dormir fuera de casa. También porque, para Trump, el encuentro con el resto de líderes occidentales es un incordio y una distracción. La semana que viene estará en Singapur para la cumbre con Kim Jong-un, el dictador de Corea del Norte, con quien busca alcanzar un acuerdo para la desnuclearización del régimen comunista. Será una ocasión histórica, un encuentro repleto de pompa y circunstancia, al gusto de Trump, donde tendrá una oportunidad para realzar su éxito: él consigue lo que a otros se les resiste. En cambio, en Canadá no se le festejará ni se le dedicarán homenajes. Al contrario: en medio de fuertes tensiones comerciales y diplomáticas, sus socios le leerán la cartilla. Se ha llegado a especular con que Trump no acudiría a la cumbre y enviaría a su vicepresidente, Mike Pence. Ya lo hizo en abril en la Cumbre de las Américas de Lima. Esa opción ahora parece descartada y su presencia podría ser explosiva. Con la imprevisibilidad que caracteriza al multimillonario estadounidense, hay incluso temor en su equipo a que se niegue a firmar el comunicado conjunto final del G-7, según ha revelado «The Washington Post». La principal fuente de problemas es la guerra de tarifas que Trump ha emprendido con muchos de sus principales socios. Después de idas y venidas, la semana pasada impuso aranceles a las importaciones de acero y aluminio, del 25% y del 10%, respectivamente. Las víctimas: Canadá, México y la UE. «Decepción unánime» La reacción ha sido furibunda. México ha respondido con tarifas a productos estadounidenses ?cerdo, manzanas, patatas y bourbon, entre otros? y los países occidentales se han conjurado para meter presión a Washington. El ensayo de lo que pasará Trump se vio la semana pasada en una reunión de ministros de finanzas del G-7 en Whistler (Canadá). Los seis países que comparten el grupo con EE.UU. mostraron al secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin, su «preocupación y decepción unánime» ante la política comercial de Trump y se alistaron para tomar una «acción decidida». En Washington se ve de otra forma. «Puede haber desacuerdos. No veo guerra comercial, yo lo veo más bien como una pelea familiar», aseguró Larry Kudlow, asesor económico principal de la Casa Blanca. Será difícil que cualquier presión sobre Trump en este ámbito consiga resultados. El presidente de EE.UU. ha demostrado, antes y después de llegar a la Casa Blanca, que cree en las tarifas como forma de obtener ventajas comerciales para su país, del que considera han abusado en el pasado con balanzas negativas. El comercio, sin embargo, no será el único punto de roce. Trump no goza de afinidad personal con la canciller alemana, Angela Merkel, ni la «premier» británica, Theresa May, a pesar de que esta no tardó en visitarle en la Casa Blanca poco después de su investidura. Quienes han tratado de cortejar al presidente estadounidense tampoco han sacado mucho a cambio. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha buscado la química con Trump, le ha regalado una espectacular marcha militar en París y el presidente de EE.UU. le ha bañado en elogios. Sin embargo, sus presiones para que no rompiera el acuerdo nuclear con Irán o regresara al acuerdo de París sobre cambio climático han sido infructuosas. La misma suerte ha corrido Shinzo Abe, primer ministro de Japón. Fue el primero en visitar a Trump en Nueva York, con la victoria electoral fresca. Ha volado con él en el Air Force One, han compartido hoyos de golf, cenado juntos en Mar-a-Lago? Pero eso no ha hecho cambiar de opinión a Trump sobre la oportunidad de una cumbre con Corea del Norte ?Japón está en contra? o su agresividad comercial. El forcejeo más duro hasta el momento sobre la guerra comercial ha sido con su vecino del Norte y hoy anfitrión. Su homólogo canadiense, Justin Trudeau, mantuvo una llamada telefónica con Trump esta semana, después de que el primero calificara de «ridículo» que EE.UU. justificara las tarifas por una cuestión de «una amenaza a la seguridad nacional». El presidente estadounidense reaccionó de manera sorprendente: «¿Y vosotros no quemasteis la Casa Blanca?», le espetó, en relación a un episodio de la guerra de 1812. Da igual que la referencia histórica fuera errónea ?Canadá era entonces colonia de Reino Unido?. La respuesta deja claro que no rehuirá la pelea en el G-7.
07-06-2018 | Fuente: abc.es
Estados Unidos llega a la cumbre del G-7 en plena guerra comercial con Europa y Canadá
Hoy está previsto que Donald Trump llegue a Charlevoix, en Canadá, para asistir a la cumbre del G-7. Él preferiría estar en otro lugar. Sin duda, en Washington o Mar-a-Lago, su residencia en Florida. No solo porque el presidente de EE.UU. odia dormir fuera de casa. También porque, para Trump, el encuentro con el resto de líderes occidentales es un incordio y una distracción. La semana que viene estará en Singapur para la cumbre con Kim Jong-un, el dictador de Corea del Norte, con quien busca alcanzar un acuerdo para la desnuclearización del régimen comunista. Será una ocasión histórica, un encuentro repleto de pompa y circunstancia, al gusto de Trump, donde tendrá una oportunidad para realzar su éxito: él consigue lo que a otros se les resiste. En cambio, en Canadá no se le festejará ni se le dedicarán homenajes. Al contrario: en medio de fuertes tensiones comerciales y diplomáticas, sus socios le leerán la cartilla. Se ha llegado a especular con que Trump no acudiría a la cumbre y enviaría a su vicepresidente, Mike Pence. Ya lo hizo en abril en la Cumbre de las Américas de Lima. Esa opción ahora parece descartada y su presencia podría ser explosiva. Con la imprevisibilidad que caracteriza al multimillonario estadounidense, hay incluso temor en su equipo a que se niegue a firmar el comunicado conjunto final del G-7, según ha revelado «The Washington Post». La principal fuente de problemas es la guerra de tarifas que Trump ha emprendido con muchos de sus principales socios. Después de idas y venidas, la semana pasada impuso aranceles a las importaciones de acero y aluminio, del 25% y del 10%, respectivamente. Las víctimas: Canadá, México y la UE. «Decepción unánime» La reacción ha sido furibunda. México ha respondido con tarifas a productos estadounidenses ?cerdo, manzanas, patatas y bourbon, entre otros? y los países occidentales se han conjurado para meter presión a Washington. El ensayo de lo que pasará Trump se vio la semana pasada en una reunión de ministros de finanzas del G-7 en Whistler (Canadá). Los seis países que comparten el grupo con EE.UU. mostraron al secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin, su «preocupación y decepción unánime» ante la política comercial de Trump y se alistaron para tomar una «acción decidida». En Washington se ve de otra forma. «Puede haber desacuerdos. No veo guerra comercial, yo lo veo más bien como una pelea familiar», aseguró Larry Kudlow, asesor económico principal de la Casa Blanca. Será difícil que cualquier presión sobre Trump en este ámbito consiga resultados. El presidente de EE.UU. ha demostrado, antes y después de llegar a la Casa Blanca, que cree en las tarifas como forma de obtener ventajas comerciales para su país, del que considera han abusado en el pasado con balanzas negativas. El comercio, sin embargo, no será el único punto de roce. Trump no goza de afinidad personal con la canciller alemana, Angela Merkel, ni la «premier» británica, Theresa May, a pesar de que esta no tardó en visitarle en la Casa Blanca poco después de su investidura. Quienes han tratado de cortejar al presidente estadounidense tampoco han sacado mucho a cambio. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha buscado la química con Trump, le ha regalado una espectacular marcha militar en París y el presidente de EE.UU. le ha bañado en elogios. Sin embargo, sus presiones para que no rompiera el acuerdo nuclear con Irán o regresara al acuerdo de París sobre cambio climático han sido infructuosas. La misma suerte ha corrido Shinzo Abe, primer ministro de Japón. Fue el primero en visitar a Trump en Nueva York, con la victoria electoral fresca. Ha volado con él en el Air Force One, han compartido hoyos de golf, cenado juntos en Mar-a-Lago? Pero eso no ha hecho cambiar de opinión a Trump sobre la oportunidad de una cumbre con Corea del Norte ?Japón está en contra? o su agresividad comercial. El forcejeo más duro hasta el momento sobre la guerra comercial ha sido con su vecino del Norte y hoy anfitrión. Su homólogo canadiense, Justin Trudeau, mantuvo una llamada telefónica con Trump esta semana, después de que el primero calificara de «ridículo» que EE.UU. justificara las tarifas por una cuestión de «una amenaza a la seguridad nacional». El presidente estadounidense reaccionó de manera sorprendente: «¿Y vosotros no quemasteis la Casa Blanca?», le espetó, en relación a un episodio de la guerra de 1812. Da igual que la referencia histórica fuera errónea ?Canadá era entonces colonia de Reino Unido?. La respuesta deja claro que no rehuirá la pelea en el G-7.
07-06-2018 | Fuente: elpais.com
El PPE busca vías para frenar su declive sin caer en el populismo
"El PP debe desempeñar un nuevo papel en el siglo XXI", ha dicho la canciller alemana, Angela Merkel
06-06-2018 | Fuente: elpais.com
Los populares europeos buscan vías para frenar su declive sin caer en el populismo
"El PP debe desempeñar un nuevo papel en el siglo XXI", ha dicho la canciller alemana, Angela Merkel
06-06-2018 | Fuente: abc.es
May dice a Netanyahu que Reino Unido seguirá apoyando el pacto con Irán
La primera ministra británica, Theresa May, ha declarado este miércoles a su homólogo israelí, Benjamin Netanyahu, que el Reino Unido sigue apoyando el acuerdo nuclear con Irán de 2015 como «mejor ruta» para prevenir que el país desarrolle un arsenal nuclear. «Junto con Alemania y Francia, el Reino Unido sigue creyendo que es la mejor ruta para prevenir que Irán adquiera un arma nuclear», ha afirmado May tras recibir al líder israelí en su residencia oficial del número 10 de Downing Street. May ha dicho que su Gobierno seguirá «comprometido» con el pacto multilateral, del que se ha desmarcado Estados Unidos, «mientras Irán cumpla sus obligaciones», lo que por el momento hace, según ha certificado el Organismo Internacional de Energía Atómica. Con todo, la dirigente conservadora ha reconocido que «hay otros asuntos que deben ser abordados en relación con Irán, su actividad desestabilizadora en países como Siria y el Yemen y la proliferación de misiles balísticos». May también ha expresado a Netanyahu la «preocupación» de su Gobierno «por la pérdida de vidas palestinas» durante las recientes protestas en la Franja de Gaza, en las que en manifestaciones violentas murieron 110 palestinos entre el 30 de marzo y el 15 de mayo por fuego israelí. Por su parte, el primer ministro de Israel ha dicho que su prioridad es que Teherán no consiga armas nucleares y «cómo revertir la agresión de Irán en la región» de Oriente Medio. «Creo que podemos trabajar juntos para conseguir estos objetivos», ha asegurado Netanyahu, quien ha insistido en que los palestinos fallecidos estaban «pagados y empujados por (el grupo islamista) Hamás», que controla la Franja. Netanyahu concluye en Londres una gira por Europa que le ha llevado previamente a Alemania y Francia, donde se reunió con la canciller alemana, Angela Merkel, y con el presidente francés, Emmanuel Macron. El lunes en Berlín, Merkel ratificó que su país seguirá vinculado al acuerdo nuclear internacional con Teherán de 2015, aunque mostró comprensión por la «preocupación» de Israel sobre las actividades iraníes en Oriente Medio. Macron mantuvo el martes una postura similar, al señalar que el pacto con Teherán es necesario aunque sea mejorable.
04-06-2018 | Fuente: abc.es
Salvini, a los inmigrantes: «Se acabó la buena vida; empiecen a hacer las maletas»
«Se acabó la buena vida para los inmigrantes. Qué empiecen a hacer las maletas». Con esta impactantes palabras para la opinión pública, el ministro del Interior, Matteo Salvini, de la Liga Norte, quiso mostrar ayer que el nuevo Gobierno comienza a adoptar las medidas prometidas en campaña. Después de meses de anuncios, Salvini, el ministro más populista y antieuropeo, incidió en que su primer viaje como vicepresidente y titular de Interior, estuviera cargado de simbolismo. Ayer el flamannte ministro de Interior visitó Sicilia, territorio que llama la «frontera del sur» entre Europa y África. Salvini se mostró en contra una vez más de la actuación de las ONG que operan en el Mediterráneo y que han ayudado en las acciones de salvamento en los últimos años. Su rechazo a esos operadores humanitarios y sus naves fue inequívoco, al señalar que «no deben atracar en los puertos italianos». «Sicilia, el campo de refugiados de Europa» «Basta ya de que Sicilia sea el campo de refugiados de Europa. No me quedaré sin hacer nada viendo cómo se producen continuos desembarcos. Son necesarios los centros de expulsión», dijo Salvini, explicando también que la línea a seguir es la de evitar las salidas de los inmigrantes de sus países de origen. Apoyándose en el último naufragio ocurrido ayer frente a las costas de Túnez que costó la vida de 47 personas, el flamante ministro del Interior defendió su discurso antiinmigración como remedio necesario con el que el Mediterráneo siga siendo «un cementerio». «Como ministro -continuó Salvini- trabajaré con esos gobiernos para evitar la salida de personas desesperadas que piensan que hay oro en Italia, cuando, por el contrario, no hay trabajo siquiera para los italianos». Salvini ha lanzado además estocadas a modo de advertencias contra Bruselas, Francia y España en el delicado problema de la inmigración. «Bruselas está lejos y desde allí llegan novedades dañinas para Italia, nos darán más inmigrantes. España y Francia dejan las cargas a Italia». Italia recibió ayer la solidaridad de Alemania y Francia, en un día en el que Matteo Salvini reiteró su política de «menos llegadas de inmigrantes a Italia y más repatriaciones». La canciller alemana Angela Merkel ha reconocido que Italia ha estado muy sola: «Parte de la inseguridad en Italia tiene su origen en el hecho de que los italianos, después del colapso de Libia, han sentido que fueron abandonados en la tarea de acoger a muchos inmigrantes». La canciller Merkel ha asegurado también que la inmigración es un tema crucial para Europa: «La seguridad de las fronteras la política de asilo común y la lucha para ir a las razones del éxodo de los emigrantes son la verdadera cuestión existencial para Europa». Por su parte, el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, ha planteado la necesidad de una acción europea: «Hace falta una respuesta común a la cuestión de la inmigración; debemos construir una solución acogedora, humana, humanista». Salvini se muestra escéptico ante esas buenas palabras que le llegan de Europa: «Esperamos que pasen de las palabras a los hechos». Difícil la extradición masiva Del dicho al hecho hay gran trecho, debió pensar Salvini al conocer las palabras de Merkel y Moscovici, y sin duda ese refrán se lo habrá aplicado así mismo. En efecto, en la reunión que mantuvo Matteo Salvini, tras tomar posesión de su cargo, con los altos mandos de Interior, estos le explicaron claramente que será imposible poner en práctica los anuncios de las pasadas semanas sobre la expatriación en masa de inmigrantes (Salvini dijo que expulsaría a 500.000 inmigrantes irregulares), así como el bloqueo de las naves en el Mediterráneo para impedir los desembarcos en puertos italianos. «Sin la luz verde de los países de origen no podemos expatriar a ningún inmigrante», le explicaron a Salvini los altos dirigentes de Interior. De ahí que el ministro se haya visto obligado a precisar: «Quiero mejorar los acuerdos con los países de los que parten miles de desesperados, por el bien nuestro y suyo. Es necesario ir a Túnez, país del que procede ahora la mayor parte de las personas, a Marruecos, a Egipto y a Libia, a acordar con ellos que las salidas deben disminuir. Estamos dispuestos a ayudar económicamente para que crezcan allí las familias y empresas, evitando que la gente suba en cualquier barcaza». Obviamente, las miradas del vicepresidente Salvini y de ministros clave del gobierno se dirigen a Europa y no solo por el tema de la inmigración. En dos artículos publicados en marzo, en la revista «Le Sfide» (los desafíos), editada por la Fundación Craxi, el actual ministro de Economía, Giovanni Tria, y el eurófobo Paolo Savona, ahora jefe de la cartera de Asuntos Europeos tras vetar el presidente Mattarella su nombramiento en Economía, plantean que la enfermedad del euro está causada por los alemanes y para curarla proponen, entre otras, estas medidas: frenar a la Comisión, dar un nuevo mandato al banco Central Europeo y establecer las reglas para compartir las cargas sobre los flujos migratorios.
24-05-2018 | Fuente: abc.es
Merkel acuerda con China mantener el pacto nuclear con Irán
Angela Merkel aseguró este jueves que China y Alemania apoyan el actual acuerdo nuclear con Irán, a pesar del abandono de Estados Unidos. «Quizá no es un acuerdo perfecto, pero las alternativas son bastante más inquietantes», defendió durante la rueda de prensa conjunta con el primer ministro chino, Li Keqiang, en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín. Su interlocutor se mostró algo más reservado al respecto, pero asintió ante el cortejo de la canciller alemana, una de cuyas metas en este viaje era ganar a China para apuntalar el acuerdo internacional con Irán. A cambio de este compromiso, Merkel parece haber hecho concesiones en materia de mercados financieros y dejado en un segundo plano ciertas reivindicaciones en materia de Derechos Humanos. Li criticó que Berlín esté dificultando los esfuerzos del sector financiero chino de consolidarse en su mercado con una regulación excesiva y la canciller alemana se avino a facilitar un acceso recíproco y en igualdad de condiciones a los mercados, aunque exigió como condición al Gobierno chino que revise la ley de ciberseguridad a fin de garantizar a las empresas la protección de sus datos. «Para las empresas es muy importante que existan condiciones fiables, porque los datos son la materia prima del futuro, no se ven, pero hay que protegerlos igualmente», dijo Merkel. «Los datos deben estar a disposición de las empresas y ser seguros, deben ser transportables. Y a este nivel aparentemente queda todavía mucho por hacer» aseguró. Merkel ya había realizado diez visitas oficiales a China, pero la número once se ha convertido en la más complicada de todas. La canciller alemana llegaba a Pekín tras dos recientes viajes a EE.UU. y Rusia para reunirse con sus presidentes, con la agenda plena de asuntos internacionales en los que requiere a China para lograr que prevalezcan los equilibrios geopolíticos. Corea del Norte y aranceles de EE.UU. Durante la entrevista, abordaron en primer lugar la desnuclearización de Corea del Norte, y el primer ministro chino volvió a llamar a todas las partes a realizar esfuerzos para promover el diálogo. El segundo punto en el orden del día era el acuerdo nuclear con Irán, que «tanto China como Alemania desean proteger». Sin referirse directamente a las medidas proteccionistas de EE.UU., ambos líderes defendieron los principios del libre comercio y las ventajas del enfoque internacional para la resolución de los conflictos, desmarcándose de nuevo de las iniciativas de Washington.
24-05-2018 | Fuente: abc.es
Macron viaja a Rusia para intentar que Putin entre en razón
El presidente francés, Emmanuel Macron, llega hoy a la antigua capital imperial rusa en compañía de su esposa Brigitte para reunirse con su homólogo ruso, Vladímir Putin, y participar en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo. Los dos jefes de Estado mantuvieron su primer encuentro hace justo un año en Versalles y después se vieron también durante la cumbre del G20 de Hamburgo, en julio de 2017. Han hablado además muchas veces por teléfono, sobre todo de Siria, de la utilización de armas químicas por parte del régimen de Bashar al Assad y de los bombardeos aliados del pasado 14 de abril. Al dossier sirio se une ahora el iraní, después de la decisión del presidente norteamericano, Donald Trump, de abandonar el acuerdo nuclear con Teherán. Esta postura de Washington no es compartida por Rusia, Francia, Alemania, Reino Unido y la mayor parte de los países de la Unión Europea, que abogan por preservar el acuerdo. Pero hay diferencias de matiz. Mientras Moscú cree que el tratado hay que dejarlo como está, ya que opina que Teherán no aceptará su revisión, París, Berlín y Londres consideran que la única forma de convencer a Trump de que recapacite es ampliando el acuerdo de forma que Israel obtenga total garantía de que Irán no podrá nunca hacerse con el arma atómica. La canciller alamana, Angela Merkel, ya estuvo la semana pasada con Putin en Sochi y su planteamiento fue en esa dirección. El consejero de política exterior de Putin, Yuri Ushakov, dijo ayer miércoles que en las conversaciones con Macron se tocará, además de Siria e Irán, «la situación en Oriente Próximo en su conjunto y el conflicto en Libia». Ushakov, no obstante, señaló como cuestión fundamental en el diálogo entre Moscú y París «la crisis en el este de Ucrania». Y este aspecto es el que realmente envenena las relaciones entre Rusia y Occidente. A Macron, igual que a Merkel, les preocupa especialmente porque tanto Francia como Alemania forman parte, junto con Rusia y Ucrania, del «cuarteto de Normandía», grupo creado en junio de 2014 con el objetivo de buscar una salida al enfrentamiento entre Moscú y Kiev. Gracias a las presiones de Alemania y Francia se logró firmar en Minsk, en febrero de 2015, un acuerdo para poner fin a la guerra en las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk y restablecer la integridad territorial de Ucrania. Pero lo acordado en Minsk no se cumple, el goteo de muertos continúa, Moscú sigue ayudando a los separatistas y Kiev se niega a sentarse a negociar con los cabecillas rebeldes, a quienes considera «terroristas». La solución serían unas elecciones en esas dos provincias del este de ucrania (Donbass), pero Ucrania exige que se celebren según su legislación mientras los separatistas, con el beneplácito del Kremlin, rechazan tal posibilidad. De ahí que Macron trate de arrancar a Putin alguna concesión en la cuestión ucraniana para hacer avanzar las relaciones en los demás aspectos. Necesita que su anfitrión ruso entre en razón. El ministro galo de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, dijo ayer miércoles en declaraciones a la radio France Inter que, pese a los asuntos problemáticos en las relaciones con Moscú tales como «injerencias», «intimidaciones», complicidad en los ataques químicos en Siria, «Rusia es un gran país con el que tenemos intereses comunes». Al mismo tiempo, Macron aseguró en una entrevista concedida a la cadena estadounidense Fox News en la víspera de su viaje a Washington que «nunca deberíamos mostrarnos débiles ante el presidente Putin. Cuando uno es débil, él lo aprovecha». Antes, en declaraciones al semanario francés Le Point, publicadas en agosto del año pasado, el líder galo advirtió que el jefe del Kremlin «no se saldrá con la suya» en su actual política con respecto a Ucrania.
21-05-2018 | Fuente: abc.es
Europa mantendrá la línea dura de negociación con Trump
«Con amigos como Trump, ¿quién necesita enemigos?», ha resumido recientemente el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Hasta el pasado sábado, la estrategia de la UE era mantenerse al margen, no decantarse por un bando ni por otro en la disputa comercial entre EE.UU. y China y centrarse en prolongar la exención temporal de los aranceles a la importación del acero y del aluminio desde Europa decidida por Washington. «Escoger un bando significaría que entramos en el clima de confrontación y esa no es la forma de manejar las cosas. Ciertamente hay desequilibrios que deben ser tratados y problemas que deben ser resueltos, pero no a través de la confrontación», había declarado el comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, señalando que «esto significa encontrar primero un camino entre Estados Unidos y la UE». La canciller Merkel había ido un paso más allá, organizando un viaje a China que tendrá lugar esta semana y anunciando sus intenciones de promover que «China y Alemania refuercen juntas el multilateralismo», contra la tendencia Trump. Ahora, el acuerdo entre China y EE.UU., no solamente ha sorprendido a Bruselas con el pie cambiado, sino que además amenaza con convertir al PIB europeo en su principal víctima. La canciller alemana, Angela Merkel, viajará a China el jueves para reunirse en Pekín con el primer ministro chino, Li Kequiang, el presidente del país, Xi Jinping, así como el de la Asamblea Popular Nacional. Merkel ha reconocido que tratará en estas reuniones «temas controvertidos» en el ámbito internacional, como el del comercio, y, acompañada de una delegación de empresarios, se trasladará a Shenzhen, «donde comenzó la apertura», para entrevistarse allí con las autoridades locales, participar en la inauguración del hub de innovación de la Cámara de Comercio Exterior alemana y visitar una planta de la empresa alemana Siemens y una start-up china, además de asistir a una sesión de la Comisión Económica Asesora Germano-China (DCBWA). Fuentes de la delegación alemana confirmaban ayer «repasos de última hora» en los papeles del viaje y la valoración generalizada, por parte de la economía alemana, era que el acuerdo China-EE.UU. somete a la UE a una presión más elevada en su propia negociación con Trump, a pesar de lo cual los directivos son partidarios de una línea dura de negociación. El presidente de la Cámara Alemania de comercio e Industria (DIHK), Eric Schweitzer, ha pedido «un curso decidido» en las negociaciones y, aunque admite que no deben llegar a romperse, advierte también que «no nos estaremos moviendo en la dirección correcta si respondamos automáticamente a las nuevas demandas con concesiones». «La UE también debe sacar sus propias conclusiones correctas en interés de las empresas locales», sugería, de cara al plazo que termina el 1 de junio y en el que termina la exención de tasas estadounidenses a las materias europeas. También se perciben deseos de firmeza por parte francesa, aunque en un tono bastante más alarmante. «Europa podría ser la víctima de un posible acuerdo comercial entre Estados Unidos y China, tras la aparente resolución de sus diferencias», advirtió ayer el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, «Estados Unidos y China podrían ponerse de acuerdo a espaldas de Europa si Europa no es capaz de mostrar firmeza». «Estados Unidos quiere hacer pagar a Europa y a los países europeos el mal comportamiento de China. Todo ello es aberrante e incomprensible para los aliados», agregó. Según Le Maire, el presidente francés Emmanuel Macron «ha sido muy claro: nada es posible mientras no haya una exención definitiva y total de los aranceles estadounidenses». Antes de apurar el plazo, Bruselas se aviene a negociar con EE.UU. cuatro capítulos, entre ellos una mejora en el acceso de los coches estadounidenses al mercado europeo y aumentar el volumen de gas natural licuado que Estados Unidos exporta gracias al desarrollo del fracking, que permitiría reducir la dependencia de suministradores como Rusia, que provee casi el 40% del gas que importa la UE. A cambio, reclama que las empresas del club comunitario puedan optar a la contratación pública en EE UU., una condición que ni siquiera pudo lograrse en la negociación del ambicioso tratado comercial que Bruselas ensayó con la Administración de Barack Obama, el denominado TTIP. Trump, por su parte, tiene la vista puesta en otras metas adicionales, como ha dejado claro tras entrevistarse con el secretario general de la OTAN Stoltenberg y quejarse del escaso presupuesto alemán para la compra de armamento. Y por supuesto Washington pide rebajar el arancel que la UE aplica a los coches estadounidenses del 10% actual al 2,5%. De esa forma, la penalización se equipararía a la que soportan los vehículos europeos que se venden al otro lado del Atlántico. Alguien hace mal las cuentas En promedio, las exportaciones de bienes y servicios estadounidenses a Europa tienen aranceles del 2,4%, según la Comisión Europea. EE.UU. impone un arancel promedio mínimo de 3,48% contra 5,16% de la UE, según la OMC. Los coches estadounidenses enfrentan aranceles de 10% mientras que los europeos tienen un gravamen de 2,5% en Estados Unidos. Sin embargo, dentro del sector del automóvil, Estados Unidos aplica un arancel de 25% a las importaciones de camiones y pick-ups, significativamente más elevado que el 14% que cobra la UE a los mismos vehículos.