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Noticias de angela merkel

18-06-2018 | Fuente: abc.es
Merkel baraja medidas urgentes y una cumbre extraordinaria de la UE
Después del partido contra México, la canciller Angela Merkel se encerró anoche con varios líderes de su partido (CDU) en sesión de crisis. Además de la secretaria general, Annegret Kramp-Karrenbauer, estaban los presidentes regionales Volker Bouffier de Hesse, Armin Laschet de Renania del Norte-Westfalia y Daniel Günther de Schleswig-Holstein. El objetivo era articular una batería de respuestas para los posibles escenarios que pueden presentarse hoy, después de que el ministro alemán de Interior, Horst Seehofer (CSU), haya anunciado que dará orden a primera hora a la policía alemana de rechazar en la frontera a los refugiados que ya hayan sido registrados previamente en otros países europeos, en contra del criterio de la canciller. Ganar tiempo La reunión continuaba al cierre de esta edición. Tanto la CDU como la CSU se reunirán hoy por separado para dar luz verde a las respectivas estrategias mientras el equipo de Merkel, que defiende una solución común europea, trata de ganar tiempo. Esta tarde recibirá la canciller alemana en Berlín al nuevo primer ministro italiano, Giuseppe Conte, al que espera hacer alguna oferta lo suficientemente atractiva y posiblemente relacionada con el nuevo presupuesto marco de la UE que ablande sus posiciones. El martes se reunirá con Macron y varios de sus ministros, la primera reunión de los dos gabinetes desde la formación de la nueva gran coalición con los socialdemócratas, un encuentro en el que la canciller tiene puestas muchas esperanzas y en el que los franceses pretenden atar, por su parte, varios cabos de la reforma financiera de Europa a modo de intercambio. Merkel ha pedido a Seehofer que espere hasta la cumbre europea de finales de mes antes de traspasar un punto de no retorno que podría llevar a la disolución de la histórica alianza entre sus dos partidos e incluso a una ruptura de la coalición de gobierno. Medios alemanes publicaron incluso ayer la organización de una cumbre extraordinaria previa sobre migración y asilo, quizá el próximo fin de semana, con los países más afectados: Grecia, Italia y Austria, aunque a última hora esta información fue desmentida por la Cancillería. El apoyo de España Junto a los países de los Balcanes, España estaría también en la lista de contactos. La diplomacia alemana da por hecho que el gobierno de Pedro Sánchez apoyará la propuesta franco-alemana, pero el hecho de quedarse fuera de las negociaciones previas supondría quedarse fuera del diseño y de las contraprestaciones que los socios europeos suelen pedirse en ocasiones como esta a cambio de los respaldos clave. «Quizá sí, de momento no hay nada decidido, estamos en fase de planificación. Tampoco está claro cuándo exactamente podría tener lugar esta cumbre extraordinaria», ha comentado un miembro del Gobierno italiano. El contenido de la propuesta de Merkel a sus precipitados interlocutores es todavía un misterio, pero a juzgar por las explicaciones que daba el viernes el portavoz de gobierno Steffen Seibert, requiere un acuerdo europeo que no abandone toda la carga de los refugiados en los países periféricos, a través de cuyos puertos llegan a Europa, y que sirva para reforzar la UE, no para debilitarla. Insistiendo en la pregunta, Seibert deja caer solamente que el gobierno de Berlín sigue considerando el acuerdo con Turquía como un ejemplo a seguir con otros países, de modo que la propuesta podría terminar implicando a terceros. En todo caso, el tiempo juega en contra. Fuentes de la CSU admitían anoche que Seehofer pueda aceptar ese plazo de dos semanas más que pide Merkel, aunque no descarta que al mismo tiempo dé las primeras órdenes para mantener la presión sobre la canciller alemana.
17-06-2018 | Fuente: abc.es
Requiem por el reparto de refugiados
La canciller alemana Ángela Merkel va a incrementar la presión sobre los países del Este de Europa para intentar que acepten una reforma del Reglamento de Dublín que pueda intentar racionalizar la cuestión de la inmigración en Europa. Aunque en el último consejo de ministros de Interior ya se puso de manifiesto la división radical entre los países, las tensiones políticas que se han desencadenado en el seno de la propia mayoría en Alemania le obligan a poner toda su energía en la búsqueda de un acuerdo en la cumbre europea de este mes. La constatación más relevante es que la brecha que divide a los países no disminuye, sino que aumenta y que el hecho de aplazar la discusión no haría sino empeorar el problema. El pasado día 5, los ministros de Interior de la UE constataron en su reunión de Luxemburgo que las discrepancias entre los países sobre aspectos centrales como el reparto de los flujos de refugiados en caso de emergencia alejan cualquier posibilidad de llegar a un acuerdo en las próximas semanas. En palabras de uno de los participantes en la reunión, como el representante belga, el secretario de Estado para el Asilo y la Inmigración, Theo Francken, la reforma del reglamento de Dublín «está muerta». El recién nombrado ministro italiano y vicepresidente del Gobierno, el nacional-populista Matteo Salvini, ni siquiera quiso asistir aduciendo que pensaba que cualquier propuesta empeoraría las cosas para Italia. Ese consejo de ministros debía haber preparado el terreno para la cumbre de jefes de Estado o de Gobierno que tendrá lugar en Bruselas el próximo día 28 en la que se había planificado debatir una reformulación del mecanismo de Dublín para gestionar el asilo y la inmigración ilegal. A pesar de la premura de asuntos que en otros momentos serían extremadamente importantes, como la guerra comercial que ha desencadenado el presidente norteamericano Donald Trump o incluso el bloqueo de las negociaciones sobre el Brexit, la inmigración es el único tema que tiene efectos directos en la vida política interna de casi todos los países y se teme que pueda tenerlos en las elecciones europeas del año que viene. La escenificación de una reconciliación este viernes entre el presidente francés, Emmanuel Macron, y el nuevo primer ministro italiano, Giuseppe Conte, es la única buena noticia que se ha producido en este campo en las últimas horas, teniendo en cuenta las tensiones que el nuevo gobierno de Roma ha contribuido a producir bajo la órbita del canciller austriaco Sebastian Kurz y las consecuencias que estas han tenido en el seno de la coalición alemana. Las amenazas de su ministro del Interior y líder de los cristianosociales bávaros, Horst Seehofer, representan la principal amenaza para la canciller y para la estabilidad política de Alemania, precisamente porque no están hechas a humo de pajas, sino que vienen del socio históricamente más imbricado (CSU) con la democracia cristiana (CDU) y pueden tener efectos dramáticos en Berlín. Para aliviar su incómoda posición frente a los que le exigen una política de más rigor frente a la inmigración ilegal, Merkel necesitaría un acuerdo a escala europea que sirva para repartir la presión entre los distintos socios comunitarios. Pero eso es lo que por ahora se considera imposible, teniendo en cuenta la oposición de los países del grupo de Visegrado (Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría) y de los bálticos (Letonia y Lituania) que suman una minoría de bloqueo. La Comisión Europea ha empezado a incrementar la presión sobre esos países en diversas formas, la más evidente de las cuales es la amenaza de recortar los fondos estructurales, que son la expresión de la solidaridad de los países más ricos pero que según fuentes alemanas «no se corresponde con la falta de solidaridad que han demostrado» estos países en materia de acogida de refugiados. En el caso de Polonia, la Comisión tampoco abandona su investigación sobre las violaciones de los valores fundamentales por parte del actual gobierno de Varsovia. No pasar página El problema para todos es que a falta de un acuerdo, la UE no puede pasar página como ha hecho tradicionalmente cuando era imposible alcanzar el consenso sobre algún asunto concreto, porque la cuestión de la llegada masiva de inmigrantes está teniendo efectos reales sobre la estabilidad política en Europa y no hay síntomas de que estén disminuyendo, sino todo lo contrario. Los altos funcionarios europeos se ufanan en constatar que la unidad se mantiene en asuntos tan peliagudos como el Brexit o como la guerra comercial desencadenada por Estados Unidos. Pero en el campo de la inmigración irregular el desacuerdo puede cavar trincheras muy profundas que desestabilicen todo lo demás.
16-06-2018 | Fuente: abc.es
Merkel lleva meses realizando un intenso trabajo diplomático para ir dando forma a un acuerdo sobre inmigración y asilo en la próxima cumbre europea de finales de junio. Todavía se reunirá con el italiano Giuseppe Conte el día 18 y con Macron y varios de sus ministros el 19, para ir afinando. Ha perdido el apoyo garantizado de Mariano Rajoy, pero oficina tiene indicios en que el gobierno de Sánchez constituirá igualmente un apoyo. Y cuando el fino trabajo de orfebrería de los consensos conseguía ir aislando a los resistentes de Visegrado, el ministro de Interior alemán, Horst Seehofer, le ha hecho un Ikea a Merkel. En Baviera, como en Cataluña, aunque minoritarias, hay tendencias independentistas. Muchos contribuyentes bávaros consideran que Alemania les roba y desde 2015 les fastidia especialmente cómo se maneja desde Berlín la política de refugiados. Pero en enero de 2017, el Tribunal Constitucional alemán dictaminó que los Bundesländer no puede tomar unilateralmente la decisión de separarse de la federación y eliminó de raíz la posibilidad de celebrar un referéndum independentista, esa vía quedó del todo cerrada. Horst Seehofer, sin embargo, parece haber encontrado una estrategia más eficiente para imponer la visión de Baviera: hacerse nombrar ministro y, desde dentro del gobierno y al son del popular anuncio televisivo de la empresa nórdica de muebles, montar en Interior la república independiente de su Ministerio. No quiere esperar a la próxima cumbre europea y se empeña en aplicar por su cuenta y en contra de lo establecido por los acuerdos de la gran coalición nuevas restricciones a la entrada de refugiados en las fronteras alemanas. Incluso amenaza con disolver la sacrosanta alianza entre la CDU de Merkel y la CSU bávara, que ha mantenido unidos a los conservadores alemanes hasta la irrupción del partido anti europeo y anti extranjeros Alternativa para Alemania (AfD) en las últimas elecciones, que se abre camino por el flanco derecho. En la última rueda de prensa del portavoz de gobierno de Berlín, un periodista hizo notar que la página web de una prestigiosa radio alemana se estaba haciendo eco de un mensaje de Seehofer en las redes sociales en la que anunciaba la disolución del grupo parlamentario y la ruptura entre los dos partidos, para desconcierto del equipo de comunicación de la Cancillería. Un rato después se sabía que había sido un fake propagado por una revista satírica, pero todos los presentes en la sala de la rueda de prensa de portavoces dieron esa información cuando menos por plausible, aunque fuera por unos minutos, a este estado de desquicie ha llegado la política en Berlín. Legalmente, las cosas están bastante claras. El artículo 65 de la Constitución alemana establece que, en caso de desacuerdo entre el canciller alemán y sus ministros, se impone el criterio del canciller. De romperse la gran coalición, sin embargo, no está nada claro si Merkel podría seguir gobernando o debería convocar elecciones. No hay precedentes históricos. Según la lógica histórica, la CSU no tendría ni la más mínima posibilidad a escala federal, puesto que desde la fundación de la República Federal de Alemania solo se ha presentado bajo su marca en el interior de las fronteras de Baviera. Pero las encuestas dicen que, en materia de refugiados, los votantes alemanes están mayoritariamente de acuerdo con las tesis de Seehofer. El último sondeo publicado por ARD señala que el 86% está a favor de las deportaciones forzosas y el 62% es partidario de rechazar refugiados directamente en la frontera. Que Seehofer trata de ganar el perfil político perdido en su propia casa, tras la lucha fratricida con el actual presidente de Baviera, Markus Söder, a base de enfrentamientos visibles con Angela Merkel, no es ningún secreto. La cuestión es hasta dónde está dispuesto a llevar su pulso contra la canciller. Sin Merkel se quedaría sin su propia gallina de los huevos de oro. Hay otro par de elementos que terminan de decorar esta «caótica república», como fue denominada ayer en el debate parlamentario sobre inmigración. Uno de ellos es la colorida situación de precampaña electoral en que se encuentra Baviera. Imponerse sobre Merkel en materia de refugiados parece se la única forma de evitar que AfD le dé un importante mordisco a la CSU en las próximas regionales. Y también está, de un estilo bastante más oscuro y sofisticado, la inquina personal entre los dos protagonistas de la disputa, que como todos los desafectos parte de la incomprensión. Merkel, la gran negociadora, que entiende la democracia como el arte de las concesiones en aras del consenso, no entiende a ese tipo rudo e inamovible en sus posiciones, por mucho que uno trate de acercarse. Seehofer, de familia católica y sin más estudios que los dos años de preparación para las oposiciones a funcionario local de la administración de Ingolstadt, se siente incómodo ante esa mujer protestante y sin anclajes en ninguna de las familias conservadoras alemanas. No sería descabellado pensar que le acompleja ver a Merkel, aquella novata que llegaba como cuota de la Alemania comunista, enmendando la plana a Putin y a Trump, igualmente en ruso o en inglés, sobre todo conociendo esa ley no escrita de la política alemana que dice que jamás un bávaro recibirá votos del resto de los alemanes para convertirse en canciller federal. Pero la supervivencia política está a menudo por encima de las inquinas personales y siempre es posible que den a tiempo con la fórmula para presentarse, cada uno por su lado, como ganadores del pulso. O no. En ese caso, veremos movimientos de placas tectónicas en el mapa político alemán. «¿Ruptura o liberación?», se pregunta, optimista, el semanario Der Speigel en su página web.
16-06-2018 | Fuente: abc.es
Desde la reunificación Alemania ha sido la potencia indiscutible en la Europa unida, a la que nadie tosía, la que ponía las reglas en Bruselas y las notas de conducta a los demás. Pero el 4 de septiembre del 2015, cuando Merkel se saltó todas las reglas internas y comunes europeas al abrir unilateralmente las fronteras a la inmigración, algo se rompió en esa relación de autoridad sobre sus aliados. Y aunque la economía es más poderosa, Alemania es hoy políticamente un juguete roto. Tremenda en este sentido ha sido la visita de Sebastian Kurz, en Berlín. El jefe del gobierno de la pequeña Austria se presentaba en la capital alemana y con sus palabras sobre la inmigración y sus ofertas a los rivales de la canciller desataba un conflicto que aun puede acabar con la vida política de Angela Merkel. La alianza anunciada por Kurz con el ministro aleman Horst Seehofer y con el ministro italiano Matteo Salvini, -«el eje de los voluntariosos», dijo con un concepto históricamente complicado-, fue el detonante para que se rebelara contra Merkel la CSU bávara, temerosa de perder en octubre su mayoría ante la AfD. Kurz gobierna en Austria en una coalición del conservador ÖVP con el derechista FPÖ con muchos menos contratiempos de los que creían todos. Y avanza en una legislación liberalizadora en materia económica, dura en cuestiones de seguridad e inmigración y antiizquierdista en sus reformas sociales como la educación. Merkel y los homogeneizados medios alemanes se han permitido las peores impertinencias en sus amenazas al electorado austriaco para impedir un gobierno como el que existe, con participación del FPÖ. Fracasaron en impedirlo. Ahora este gobierno de la derecha funciona. Y la coalición de Merkel no. Para dar más autoridad a Viena, estalla ahora un escándalo al revelarse que el BND alemán espía en Austria tanto o más que los norteamericanos en Alemania. Y se recuerdan hoy las hipócritas protestas de Berlín y todos los medios europeos «por el intolerable espionaje a aliados». Austria puede estar a punto de marcar el rumbo político a Alemania en un Anschluss inverso. O la venganza por Sadova (Königgrätz).
13-06-2018 | Fuente: abc.es
Merkel rechaza el pretendido eje de Alemania, Austria e Italia contra la migración ilegal en la UE
La gran coalición alemana plasmó hoy su división interna con el pulso que mantienen la canciller, Angela Merkel, y su ministro del Interior, Horst Seehofer, defensor de la línea restrictiva en materia migratoria de Austria que rechaza explícitamente su jefa de Gobierno. Seehofer, quien durante toda la anterior legislatura cuestionó la línea de Merkel como líder regional en la próspera Baviera, dejó claro que el disenso continua al presentarse ahora como aliado del primer ministro austríaco, Sebastian Kurz, y ausentarse de la llamada «cumbre de la integración" de la canciller». El propósito de Kurz es formar lo que denominó un «eje de (países) dispuestos» a combatir con determinación la inmigración ilegal, entre los que sitúa, además de Austria, a Alemania e Italia. Merkel, quien el día anterior ya había evidenciado sus diferencias respecto a Viena en una comparecencia conjunta con su homólogo austríaco, se desmarcó hoy de la propuesta formulada por Kurz, al insistir en que debe buscarse una «solución común europea ». «Hay muchos países, como Italia, Grecia y España, especialmente afectados por la llegada de inmigrantes», apuntó la canciller, para añadir que, ante esa situación, más que pensar en «diversas formas de cooperación», hay que trabajar para dar una «respuesta europea común» a los desafíos de la política migratoria. Merkel hizo esta declaración al término de la «cumbre de la integración», un foro consultivo entre el Gobierno alemán y representantes de cincuenta colectivos de inmigrantes, que celebraba su décima sesión, por primera vez sin el ministro del Interior. Seehofer ya había anunciado de antemano su ausencia, que argumentó en la «incomodidad» que le supone compartir sesiones con representante de uno esos colectivos, Ferda Ataman, quien en un artículo reciente había atribuido al ministro posiciones cercanas a la ultraderecha. En medio de estos disensos, Merkel y Seehofer completaron la jornada con una reunión convocada última hora en Cancillería, supuestamente para abordar la situación, con asistencia de varios pesos pesados del bloque conservador, según informaciones de la televisión pública ZDF. La CSU bávara ha agudizado ahora su apuesta por una política migratoria restrictiva de acuerdo al modelo austríaco, a seis meses de las elecciones regionales en ese próspero «Land», donde la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) podría quedar como segunda o tercera fuerza. El pulso entre la línea de Merkel y Seehofer ha cobrado nueva virulencia apenas cuatro meses después de fraguarse la gran coalición de la canciller, tras una trabajosa negociación hasta limar las diferencias dentro del bloque conservador y también con el Partido Socialdemócrata (SPD). Las primeras tensiones graves en la alianza de Gobierno no han procedido del SPD -que dio el sí a la gran coalición tras un largo proceso de debate y varias votaciones internas, sino del socio bávaro, que sigue responsabilizando a Merkel de la llegada al país desde 2015 de 1,3 millones de refugiados. La situación parece haberse inclinado ahora a favor de Seehofer, quien el martes obtuvo un amplio respaldo de todo el grupo conservador del Bundestag al plan maestro para la gestión de la crisis migratoria.
13-06-2018 | Fuente: abc.es
El Aquarius agrava las diferencias sobre inmigración entre europeos
La emergencia migratoria continúa en Italia. De los 629 inmigrantes que fueron rescatados por la nave Aquarius, unos 500 han sido trasladados a un buque de la Marina italiana y a un barco de la Costiera, permaneciendo un centenar en la propia nave de la ONG Sos Mediterranée y Médicos Sin Fronteras. Está previsto que lleguen a Valencia en unos cuatro días. «El caso del Aquarius concluye con la solidaridad de España, pero el problema de la emergencia migratoria permanece», dijo el primer ministro italiano, Giuseppe Conte. En efecto, la mañana del martes ha desembarcado en Catania (Sicilia) la nave Diciotti de la Guardia Costera, con 937 inmigrantes a bordo y dos cadáveres. Todos ellos fueron rescatados en el Mediterráneo frente a las costas libias el pasado domingo, cuando el vicepresidente y ministro del Interior, el ultraderechista Matteo Salvini, líder de la Liga Norte, decidía utilizar la mano dura con la nave Aquarius, cerrando los puertos de Italia. Diversos barcos militares y mercantes que se encontraban en el Mediterráneo central el domingo contribuyeron a realizar el rescate de casi un millar de personas que fue ron trasladado a la nave Diciotti. Así, pues, tras la odisea de la nave Aquarius, el martes queda inaugurada la doble vía que ha impuesto el ministro del Interior Salvini en su estrategia sobre los desembarcos: En los puertos italianos se permitirá atracar a los barcos militares del país o las naves humanitarias con bandera italiana, mientras quedan cerrados para las organizaciones no gubernamentales de otras naciones. Matteo Salvini se pondrá en contacto con sus homólogos de países europeos donde las ONG tienen su sede legal o llevan su bandera para explicarles su iniciativa. A partir de ahora, los gobiernos que autorizan las actividades de naves humanitarias en el Mediterráneo tienen que hacerse cargo de lo que hacen. Es decir, si la nave es alemana, la responsabilidad sobre los inmigrantes será de Berlín. Los analistas italianos comentan que está por ver si la estrategia del ministro Salvini obtiene los resultados esperados y cambia la actitud de los países europeos. Hasta ahora, siempre que hubo alguna tragedia o casos llamativos como el de la nave Aquarius, hubo muchas promesas, pero todo se quedó en buenas palabras e Italia siguió cargando sola con el drama de la inmigración. De momento, Salvini cuenta con amplio apoyo interior, como se demostró en las elecciones locales parciales del domingo pasado, en las que su partido, La Liga, fue el triunfador. En los comicios generales del 4 de marzo obtuvo el 17,5%, mientras que hoy las encuestas le dan aproximadamente un 25% en intención de voto. Tras el resultado obtenido con la nave Aquarius, Salvini ha cantado «victoria», pero muchos consideran que ha sido una victoria pírrica. El hecho de que Matteo Salvini haya entrado en el tema de la inmigración como un elefante en una cacharrería, ha despertado también reacciones muy duras en los medios italianos. En el exterior, solo ha recogido el aplauso de Le Pen y el ultraderechista húngaro Orban, mientras su acción ha creado tensión con Francia. Las palabras del portavoz del partido del presidente Macron, calificando como «cínica y repugnante» la línea del gobierno al decidir cerrar los puertos italianos a la nave Aquarius, ha motivado que el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, esté valorando la posibilidad de anular, de acuerdo con Matteo Salvini, su previsto viaje a París. La réplica de Conte no se hizo esperar: «No aceptamos lecciones hipócritas de París». «Tarea de Hércules» En paralelo, fueron la inmigración y los refugiados los asuntos que mayor tiempo ocuparon en la reunión mantenida el lunes en Berlín por Angela Merkel y el canciller austriaco Sebastian Kurz, a punto de asumir la presidencia por turno de la UE. Kurz mantuvo una línea bastante más dura que la canciller alemana y sostuvo que Frontex debe ser reforzado para que las fronteras exteriores europeas cumplan su papel y que debe intensificarse la lucha contra los traficantes de personas. «Hay total coincidencia en que necesitamos proteger mejor nuestras fronteras exteriores», dijo Merkel por su parte, «así como en dar una respuesta unitaria a nuestros desafíos». La canciller alemana recordaba así la necesidad de consensos y que la idea sobre refugiados que finalmente se imponga en la cumbre europea de finales de junio será aquella que logre un mayor consenso, con lo que declaraba abierto el mercado de contrapartidas a cambio de los respaldos necesarios. Uno de los elementos que envenenó el encuentro con Kurz fue la necesidad de aplazar sin fecha la presentación de la nueva política de refugiados del gobierno alemán, que fue anunciada veinticuatro horas antes de llegar Kuz a Berlín. El motivo del aplazamiento es que Merkel y su nuevo ministro de Interior, el socialcristiano bávaro Horst Seehofer, no logran ponerse de acuerdo al respecto, por lo que Merkel no podía hablar todavía con el canciller austríaco sobre su propia política. Seehofer quiere rechazar a los refugiados sin permiso de asilo en la frontera, una posición más próxima a Kurz. Baviera está en campaña electoral y si cede en esto estará poniendo en bandeja el triunfo a los antieuropeos de Alternativa para Alemania. Merkel insiste en que la respuesta no debe ser articulada sino por el conjunto de la UE y mencionó la «tarea de Hércules» del próximo marco presupuestario, unas negociaciones que sin duda resultarán muy duras y en las que cada país tendrá que intercambiar cartas según sus intereses. En este sentido, por ejemplo, Kurz reconoció que «definitivamente, no vamos a apoyar la propuesta de Macron de un ministro de Finazas europeo».
12-06-2018 | Fuente: abc.es
Merkel: «Ningún país por sí solo puede cambiar las normas europeas de asilo»
Fueron la inmigración y los refugiados los asuntos que mayor tiempo ocuparon en la reunión mantenida ayer en Berlín por Angela Merkel y el canciller austriaco Sebastian Kurz, a punto de asumir la presidencia por turno de la UE. Kurz mantuvo una línea bastante más dura que la canciller alemana y sostuvo que Frontex debe ser reforzado para que las fronteras exteriores europeas cumplan su papel y que debe intensificarse la lucha contra los traficantes de personas. «Hay total coincidencia en que necesitamos proteger mejor nuestras fronteras exteriores», dijo Merkel por su parte, «así como en dar una respuesta unitaria a nuestros desafíos». La canciller alemana recordaba así la necesidad de consensos y que la idea sobre refugiados que finalmente se imponga en la cumbre europea de finales de junio será aquella que logre un mayor consenso, con lo que declaraba abierto el mercado de contrapartidas a cambio de los respaldos necesarios. «Ningún país puede cambiar unilateralmente las reglas de asilo en la UE», añadió Merkel, una advertencia a los socios comunitarios pero también a los miembros de la gran coalición que gobierna con ella en Berlín. Uno de los elementos que envenenó ayer el encuentro con Kurz fue la necesidad de aplazar sin fecha la presentación de la nueva política de refugiados del gobierno alemán, que fue anunciada veinticuatro horas antes de llegar Kuz a Berlín. El motivo del aplazamiento es que Merkel y su nuevo ministro de Interior, el socialcristiano bávaro Horst Seehofer, no logran ponerse de acuerdo al respecto, por lo que Merkel no podía hablar todavía con el canciller austríaco en posesión de su propia política. Seehofer quiere rechazar a los refugiados sin permiso de asilo en la frontera, una posición más próxima a Kurz. Baviera está en campaña electoral y si cede en esto estará poniendo en bandeja el triunfo a los antieuropeos de Alternativa para Alemania. Merkel insiste en que la respuesta no debe ser articulada sino por el conjunto de la UE y mencionó la «tarea de Hércules» del próximo marco presupuestario, unas negociaciones que sin duda resultarán muy duras y en las que cada país tendrá que intercambiar cartas según sus intereses. En este sentido, por ejemplo, Kurz reconoció que «definitivamente, no vamos a apoyar la propuesta de Macron de un ministro de Finazas europeo».
11-06-2018 | Fuente: abc.es
Lo que se esconde detrás de la icónica imagen de Merkel versus Trump en el G7
Charlevoix, en la provincia canadiense de Quebec, se convirtió la semana pasada en el escenario de una de las cumbres más tensas del G-7 (Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Canadá, Japón, Italia y Francia). Horas antes de que arrancase el encuentro entre los presidentes de las siete naciones, el mandatario estadounidense, Donald Trump, se enfrentó a sus homólogos francés y canadiense, Enmanuel Macron y Justin Trudeau, respectivamente; como de costumbre, a través de Twitter. El dirigente galo publicó, amenzante, que es probable que al magnate estadounidense le dé igual «estar aislado», pero que al resto de integrantes del G-7 tampoco les importa «firmar un acuerdo de seis países si es necesario». En respuesta, Trump, indignado, acusó a Trudeau y a Macron de «cobrar aranceles masivos a Estados Unidos» y de «crear barreras monetarias»; además, agregó que el superávit comercial de la Unión Europea con su país «es de 151.000 millones de dólares». Y, como lo que mal empieza peor acaba, las reuniones no sirvieron para suavizar las posturas de los contendientes: Trump volvió a incidir ?en un enérgico discurso? en que tanto Canadá como el bloque europeo debían deshacerse de sus, desde su punto de vista, restrictivas políticas arancelarias y se marchó antes de tiempo para asistir a la histórica cumbre que tiene prevista con el líder norcoreano, Kim Jong-un, sin cerrar ningún acuerdo y dejando una imagen que pasará a la historia. Lo que cuentan los gestos La fotografía, que ya se ha hecho viral, muestra a los mandatarios de los países más poderosos del mundo en diferentes actitudes, pero todos ellos enfocados a un punto de fuga: Donald Trump. Para el experto en comunicación no verbal José Luis Martín Ovejero, «resulta evidente que es la persona (el país) a convencer y que su peso político y económico se hace notar». Explica que «Macron es quien parece estar haciendo un mayor esfuerzo mental y gestual para convencerlo», muestra de ello es su ceño fruncido ?arrugas propias de concentración»? y el gesto de su mano, con la que «parece querer enfatizar lo que está diciendo». Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, «es la que mantiene una postura más activa frente a Trump, inclinada hacia delante, mirada directa y conquistando espacio», expone Martín Ovejero en su página web, y añade: «Es como si quisiera dominarle con su fuerte personalidad». La dirigente germana explicó en declaraciones posteriores lo que había pasado: «Habíamos estado hablando de temas claves, habíamos llegado a un acuerdo, pero luego el presidente retiró su apoyo a través de un tuit; fue como una ducha fría e incluso deprimente». Reiteró que Europa tiene que tomar las riendas de su destino, pactar con Japón y Canadá si hace falta, ante un Trump que tiene una agenda clara. El experto en comunicación no verbal también analiza un curioso detalle: Trump es el único que permanece sentado; una postura que denota que al mandatario no le interesa ponerse a la altura de los demás (que, por otro lado, «tampoco hacen mucho por estar a su nivel»). Además, alejado de la mesa, distante de los otros líderes mundiales, se cruza de brazos: «parece encerrarse y aislarse» dentro de sus propios «muros». Sin embargo, no se muestra «asustado, retraído o avergonzado», apunta Martín Ovejero, quien advierte: «No debemos pasar por alto cómo mantiene sus piernas abiertas, su cuerpo erguido y su barbilla levantada, todos ellos signos de fortaleza y no de debilidad».
09-06-2018 | Fuente: abc.es
Trump avisa a sus socios: «EE.UU. no será más la hucha de la que todos roban»
«Presidente, tiene que llegar a su vuelo», le dijo ayer a Trump su asesor Larry Kudlow, para cortar una rueda de prensa en la cumbre del G-7 en la que su jefe acababa de amenazar a sus socios estratégicos con dejar de comerciar con ellos. El presidente de EE.UU. no iba a perder ningún avión ?el Air Force One presidencial no va a ningún lado sin él?, pero sí corría el riesgo de echar todavía más gasolina al encuentro con otros líderes. En las dos jornadas que ha durado la cumbre en La Malbaie (Canadá), Donald Trump ha querido escenificar dos cosas. Primero, que va por su cuenta: llegó tarde la primera jornada ?lo que le hizo perderse una reunión con el presidente francés, Emmanuel Macron?, llegó tarde al desayuno de la segunda ?dedicado a la igualdad de género?, dio una rueda de prensa en solitario y se marchó antes de tiempo, dejando plantados al resto de líderes, camino de Singapur, donde la semana que viene celebra la histórica cumbre con Kim Jong-un, el dictador norcoreano. Segundo, que sigue fiel a la idea de «EE.UU. primero» y que no le importa aislarse de sus aliados para conseguir ventajas comerciales. Tras haber confirmado nuevos aranceles al acero y al aluminio contra Canadá, México y la Unión Europea a comienzos de mes, ayer volvió a criticar que el mundo se haya aprovechado durante décadas de EE.UU. con políticas comerciales «ridículas e inaceptables». Sin barreras «Tiene que acabar», dijo en rueda de prensa sobre los aranceles y el superávit comercial que otros países mantienen con EE.UU. «O dejaremos de comerciar con ellos», amenazó antes de criticar que «somos como la hucha cerdito de la que todo el mundo roba, y eso se va a acabar». Trump presentó una propuesta inesperada: que todos los países acaben con los aranceles, barreras comerciales y subsidios, y EE.UU. también lo hará. De lo contrario, seguirá con el látigo de aplicar castigos comerciales donde crea que los intereses de EE.UU. no se respetan, una táctica en la que su país siempre saldrá victorioso por su potencia económica. «Esa guerra la ganamos mil veces de mil», proclamó. Trump aseguró a su vez que las relaciones con el resto de líderes del G-7 ?Francia, Alemania, Reino Unido, Canadá, Japón e Italia? «son de diez» y que las conversaciones de los dos últimos días habían producido progresos. La sensación es, sin embargo, la contraria: el desarrollo de la cumbre no ha rebajado las tensiones con las que se inició ni ha significado avances o compromisos para reconducir la guerra comercial desatada por Trump. «La Unión Europea es cruel con EE.UU., y lo saben», dijo Trump, que aseguró que cuando plantea la injusticia comercial que sufre su país a sus homólogos del Viejo Continente, lo que obtiene es «una sonrisa». Durante las reuniones, Trump leyó la cartilla a sus socios europeos con una letanía de quejas sobre aranceles y barreras a sus productos y trató de buscar divisiones en el bloque comunitario ofreciendo condiciones diferentes a los países. Los miembros de la UE han mantenido una posición unitaria respecto a los ataques de Trump y el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, se ofreció a viajar a Washington para acercar posturas y apaciguar la guerra comercial. «Si toman represalias, será un error», dijo Trump ante la posibilidad de que la Unión Europea u otros miembros del G-7 respondan con más tarifas. Presión sobre Canadá Sobre Canadá, el anfitrión, Trump aseguró que buscan renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con este país y México de una forma que contente a EE.UU. «De lo contrario, firmaremos acuerdos separados con cada país», dijo el presidente estadounidense. Al cierre de esta edición no estaba claro que los siete países firmaran un comunicado conjunto, como es tradicional, al final del encuentro. Era algo con lo que se había especulado desde antes de que comenzara la cumbre, con EE.UU. una vez más en el papel díscolo. Los negociadores estadounidenses se negaban a incluir en el texto un lenguaje contundente sobre su compromiso en la lucha contra el cambio climático, una prioridad para algunos de los socios occidentales, especialmente Francia. Trump tampoco quiso acercar posturas sobre su polémica defensa de que Rusia vuelva al G-7. «El G-8 tiene más importancia que el G-7», defendió, y no quiso responder sobre si la anexión de Crimea ?la razón por la que se expulsó a Rusia? no es motivo para que Moscú no forme parte del grupo. La canciller alemana, Angela Merkel, insistió en la cumbre en que Rusia no debería volver hasta que no cambia su política en Ucrania. «Lo que queremos es la paz en el mundo ?reaccionó Trump?. No juegos».
08-06-2018 | Fuente: abc.es
La reunión del G-7 que empieza hoy a la orilla del río San Lorenzo en Quebec se anuncia tormentosa por el rechazo de europeos y canadienses a las medidas proteccionistas e ilegales sobre el aluminio y el acero adoptadas por Donald Trump. Al presidente norteamericano parece que le causa especial placer viajar por el mundo deshaciendo uno a uno los acuerdos firmados por sus predecesores, sean republicanos o demócratas. Le importa muy poco el deterioro de las relaciones económicas multilaterales o de la garantía de la defensa atlántica, la amenaza del cambio climático o el retroceso en la desnuclearización de Irán. No valora que el sistema multilateral de instituciones y reglas puesto en pie después de la Segunda Guerra Mundial, con todos sus problemas y necesidad de reformas, en el fondo favorece una visión del mundo inspirada en valores occidentales. Su prioridad es otra. Saltando de charco en charco en la escena internacional, Trump mantiene movilizada a su base electoral, con una sencilla narrativa de luchar contra los enemigos externos. Es una manera cómoda de explicar por qué su parte de su población pierde con la globalización y no hacer nada al respecto. A pesar de que los europeos ocupan cuatro sillas en el G-7, no siempre hablan con una única voz y solo de vez en cuando defienden intereses comunes y proyectan valores. Esta debería ser una de esas ocasiones en las que la alta capacidad destructiva de Donald Trump sirve de pegamento para unir a los dos líderes europeos principales. Además de exhibir firmeza y tratar de negociar desde la desarrollada capacidad de la UE en temas comerciales, Angela Merkel y Emmanuel Macron tienen la oportunidad de hacer Europa desde el G-7. Es muy posible que en la cumbre de final de junio para reforzar el gobierno del euro no encuentren mucho terreno común y pacten solo pequeños pasos, claramente insuficientes. Pero en la esfera internacional, Estados Unidos ha abandonado el liderazgo por los mercados abiertos y las reglas del juego justas y se abre una oportunidad para que la pareja franco-alemana ocupe este espacio.
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