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Noticias de angela merkel

11-09-2018 | Fuente: abc.es
Angela Merkel: la férrea líder de la Europa del siglo XXI
Angela Merkel, la mujer destinada a definir el cambio de siglo en Alemania y la Europa de las primeras décadas del XXI, llegó al poder por una suerte de azar político. Derribado su mentor, Helmut Kohl, por un escándalo de financiación ilegal del partido en el que la propia Merkel le propinó el empujón definitivo, sus colegas de la Unión Cristianodemócrata la vieron como un personaje de transición al que enviar a unas elecciones que no esperaban ganar. No se percataron de ciertas características de su figura política que no solo arrebatarían el poder a los socialdemócratas de Gerhard Schröder, sino que además conectarían con el electorado alemán en una especie de relación materno-filial durante cuatro legislaturas seguidas, características marcadas sin duda por la infancia y juventud de la joven procedente de la Alemania del Este. Su formación científica y pragmática, y su recta moral cristiana, digna de una hija de un pastor protestante que creció en el entorno hostil comunista, proporcionarían a los alemanes una sensación de seguridad política incluso en los momentos de mayor incertidumbre. Angela Merkel se presentó a las elecciones de 2005 en sustitución de Helmut Kohl, descartado por un escándalo de financiación ilegal, y las ganó, como recoge ABC en su portada. Desde entonces no ha abandonado la cancillería.Merkel no tenía anclajes en ninguna de las familias conservadoras alemanas, pero forjó desde el principio una complicidad personal, basada en el respeto mutuo, con el que había sido mano derecha de Helmut Kohl, Wolfgang Schäuble. Resultó un matrimonio político estable. Juntos relanzaron la economía alemana, que en otoño de 2005 llevaba tres años incumpliendo el Pacto de Estabilidad europeo y sobrepasando el límite de déficit del 3% del PIB. Hoy Alemania recibe reprimendas del FMI por su excesivo superávit y disfruta de una de las mejores calificaciones de deuda del mundo. En el plano internacional, la debilidad de Francia catapultó a Merkel a un liderazgo europeo que mantuvo con mano férrea las políticas de austeridad y reformas estructurales incluso en los años más duros de la crisis del euro. En un momento en que la UE se jugaba su existencia, Schäuble mantuvo hasta el final el pulso contra el griego Varoufakis en el Eurofin. La del euro y los rescates, con su «no hay alternativa», fue solo una de las crisis superadas por Merkel. En la financiera de 2008 garantizó a los ahorradores: «Su dinero está seguro en el banco». Tras la de Fukushima, legisló el abandono exprés de la energía nuclear en Alemania. Tras el Brexit, que «significa Brexit», llegaron la del diésel, en la que se puso del lado de las empresas alemanas, y la de los refugiados, en la que convenció al país de que «podemos conseguirlo». Su último reto, todavía por resolver, es el ascenso de un partido populista y antieuropeo que ha devuelto al Bundestag a bochornosos momentos. De momento, Merkel opta por ignorarlos. Galería de imágenes Vea la galería completa (10 imágenes)
09-09-2018 | Fuente: abc.es
Sebastian Kurz: «Debe quedar claro que las fronteras de Europa se cierran a la inmigración ilegal»
Sebastian Kurz es un joven político austriaco que sorprendió al mundo el pasado año con una operación política magistral que le catapultó a la cancillería de Austria con 31 años recién cumplidos. Consolidaba entonces su fama de extraordinario talento político que ya precedía esa gesta. Con 26 había sido nombrado, en la gran coalición de SPÖ y ÖVP, el ministro de Exteriores más joven del continente. Ahora con 32 es ya un líder de referencia en una derecha europea que pasa por momentos convulsos y busca nuevos espacios tras décadas de compartir casi todo con una socialdemocracia en profunda crisis. Lo que en Francia organizan en gran operación de Estado para la candidatura de Emmanuel Macron todos los poderes fácticos, con el presidente saliente François Hollande a la cabeza, en Austria se lo organiza este joven político a sí mismo. Logró imponer con su propuesta personalista en una «Lista Kurz» el liderazgo incontestado en el ÖVP, rompió con la inercia del consenso con los socialistas, se apropió de parte del discurso del derechista FPÖ y gobierna con este partido con tranquilidad, excelentes resultados económicos, apoyo popular y una oposición de izquierdas desaparecida. Austria ocupa este semestre la presidencia rotatoria de la UE. Kurz la utiliza para relanzar la idea de una Europa que atienda necesidades y demandas en seguridad, orden, legalidad y libertad. Algunos, dentro y fuera, lo caricaturizan como ultraderechista. Es más bien un demócrata que de momento al menos sabe defender con eficacia sus convicciones. Con suaves maneras, conceptos claros y ningún complejo para rechazar recetas que considera fracasadas, recibe a ABC en la cancillería del Ballhaus, donde el Congreso de Viena reordenaba Europa después de Napoleón, desde donde gobernó el canciller Metternich y en el despacho que ocupó trece años el legendario socialista Bruno Kreisky. Hace ahora un año, su partido estaba tan hundido como el socialista. Ambos muy lejos del derechista FPÖ. Pero el 15 de octubre usted ganó con una lista personal y llevó a su partido al poder con el FPÖ. ¿Cómo se le ocurrió esa operación? ¿Cómo se la aceptaron? Yo propuse esta candidatura al partido sobre bases muy claras. Dije que no asumiría objetivos que consideraba erróneos. Entre otros, esa agotada gran coalición. Y por otra parte abrí el ÖVP a amplios sectores de la sociedad para un movimiento amplio del partido, pero con personalidades de la sociedad civil, de todos los sectores, en un amplio movimiento con una oferta nueva. ¿Una clara ruptura con la política socialdemócrata del Gobierno común, cuya máxima expresión es la Gran coalición? Más que Gobierno común, Gobierno de bloqueo mutuo. No juntos, sino enfrentados dentro del Gobierno, eso era la Gran Coalición. Unos gobiernan para neutralizar a los otros. Así no quedan energías para cambios ni coraje para asumir las reformas necesarias y se genera un conflicto permanente que paraliza el Gobierno. La población ya no quería que siguiera. Con mucha razón. Usted rompió esa lógica, asumió parte del mensaje del FPÖ, le quitó votos y después se alió con él. No solo le quitamos votos al FPÖ. Nos llegaron votos de todos los partidos políticos, de los verdes, de los socialdemócratas, de los nuevos partidos. De todos. Somos un movimiento muy amplio en el que todos pueden participar, pero que es muy claro en sus posiciones. Sus metas son generar seguridad, crear orden y estabilidad. Y bajar la presión fiscal en todos los sectores y ámbitos, garantizar un estado orientado a los servicios al ciudadano, comprometido con su defensa, mientras se avanza en el adelgazamiento consecuente de la Administración y se combate el abuso, entre ellos la burocracia. Son claros valores conservadores. Sin duda, son los valores tradicionales civiles. Que han estado ausentes en el pasado reciente del partido. Yo no generalizaría tanto. Sí creo que el problema en Austria era ya que no se sabía ni qué proyectos ni qué objetivos tenía el Gobierno. Nosotros sí proponemos objetivos muy claros con contenidos muy definidos. Hay gente que los rechaza. Pero afortunadamente hay mucha más gente que los apoya. ¿Como ve el tormentoso desarrollo de la vecina Alemania? Usted ha apoyado a Manfred Weber como presidente de la Comisión Europea y sustituto de Jean-Claude Juncker. Él es bávaro de la CSU, de un partido muy cercano al suyo. Más cercano a usted probablemente que Angela Merkel. Respecto a Manfred Weber, es un buen candidato. Como presidente de la Comisión ayudaría a cerrar las trincheras que se han abierto en Europa. Respecto a Alemania, me preocupan mucho sucesos como los de Chemnitz y creo poder decir aliviado que en Austria hoy no me imagino hechos semejantes. Es evidente que en esta región los europeos han visto peligrar gravemente su seguridad. Primero fue la crisis de Ucrania, que trajo la guerra muy cerca de nuestras fronteras. En 2015 la riada de refugiados destruyó la percepción de orden y estabilidad. De hecho, se entregó la capacidad de decisión sobre quién entra y quién no en nuestros países a los traficantes de seres humanos. Y después los atentados del Estado Islámico llegaron al corazón de Europa y generaron gran alarma. Lo importante es que los políticos no oculten los problemas y afronten con determinación posibles soluciones. Lo malo es que, en cuestión de inmigración, algunos han estado demasiado tiempo mirando a otro lado sin asumir los problemas. ¿Se refiere al célebre «Nosotros lo conseguimos» («Wir schaffen es») de Angela Merkel? Sí. Afortunadamente hemos logrado que en junio de 2018 se produjera un gran giro en las actitudes de los gobernantes respecto a la inmigración. Se ha producido un cambio general en las cabezas de los políticos. Ahora estamos dedicados a conseguir que ese giro pase de las cabezas de los políticos al suelo, a la aplicación práctica. Esto supone un reforzamiento de Frontex y del control de las fronteras exteriores, la lucha contra los traficantes y más ayuda en los países de origen en vez de ayudas sin fin en Europa. Hay problemas con las prácticas en esta lucha? En el Mediterráneo hay que impedir que los barcos salgan de sus puntos de origen. Hace falta reforzar la colaboración con los países de tránsito. En los casos en que no sea posible hay que implantar la práctica de que los salvados en alta mar sean asistidos y devueltos al punto de origen o de partida de la navegación. Tiene que quedar claro que las fronteras de Europa se cierran a la inmigración ilegal. Todos deben cooperar. La UE no tiene alternativa a acabar con el tráfico ilegal de inmigrantes. ¿Y qué va a hacer con todas esas ONG que en parte viven y prosperan de ese tráfico, como los traficantes mismos? Cuando pedí reglas claras para las ONG en este ámbito se me reprochó y atacó masivamente. Hoy aquella posición mía es ya consenso europeo. Tienen que aplicarse reglas claras para impedir que las buenas intenciones de ciertas ONG deriven en una colaboración con esas mafias de traficantes que solo tienen desprecio hacia el ser humano. ¿Y la integración? Soy de los que nunca han engañado al respecto. Eso que la pequeña Austria ha acogido a 160.000 solicitantes de asilo en tres años y tiene el índice más alto de concesión de asilo. Pero siempre he dicho que la integración de estas oleadas va a ser extraordinariamente difícil. Porque son gentes que vienen de entornos culturales radicalmente diferentes a los nuestros y porque su formación por norma es muy mala. Nosotros ya hemos comprobado que hasta en una economía tan dinámica como la nuestra, con un crecimiento del 3,2 y un desempleo muy bajo y a la baja, resulta extremadamente difícil introducir a estos inmigrantes en el mercado laboral. Por otro lado, este flujo incontrolado también ha generado mucha inseguridad. Tardaremos generaciones en gestionarlo. ¿Y el abuso del sistema de bienestar y el consiguiente efecto llamada? No es ya el abuso, es el mero beneficio del sistema de un estado social de bienestar que tenemos en Europa concebido para que se beneficien de él quienes lo financian. Un estado con un sistema de servicios sociales como el nuestro no puede mantenerse con esta dinámica de la inmigración ilegal. Es imposible. ¿Qué le parecen las descalificaciones a opiniones divergentes en Europa? Países como Hungría o Polonia son los señalados ahora. Pero Austria tiene experiencia. Una coalición parecida a la suya dio pie hasta a sanciones en el año 2000. Aquello fue una lección para muchos. Las sanciones contra Austria fueron una equivocación y hoy se reconoce. Por eso hay más respeto a la expresión de la voluntad nacional. Si hay en algún país una iniciativa de algún tipo contra el Estado de Derecho, entonces hay que tomar medidas para corregirlo. Pero la base de nuestras relaciones está en el respeto a la voluntad nacional de cada estado miembro. Usted es de los pocos gobernantes europeos que no ataca o insulta a Trump, que no descalifica a Orban. Y que se lleva bien con Poroshenko y Putin. Hace unos días su ministra de Exteriores se casó con Putin como invitado y fue muy criticada. No tengo costumbre de criticar a otros gobernantes. Creo que tiene más sentido ilusionar por un proyecto propio que perfilarse en el conflicto con otros. Putin vino a la boda porque le invitaron los novios. Eso sí, yo aproveché para una larga conversación muy provechosa con él. Y Poroshenko sabe de nuestro compromiso con Ucrania y el acuerdo de Minsk, por eso aplicamos las sanciones.
08-09-2018 | Fuente: abc.es
El AfD por delante de Merkel en el este de Alemania
Si hoy se celebrasen elecciones, el partido antieuropeo y anti extranjeros Alternativa para Alemania (AfD) quedaría por delante de la CDU de Merkel en el este de Alemania. Según una encuesta de Infratest Dimap pubicada por la televisión pública alemana ARD, los Bundesländer orientales, el territorio de la antigua Alemania comunista RDA, otorgarían a AfD el 27% de los votos, cuatro puntos por delante de la Unión Cristianodemócrata (CDU), con el 23%. La tercera fuerza política en la mitad este de Alemania sería el partido Die Linke, una escisión de los socialdemócratas aliados con los excomunistas, con el 18%, y el Partido Socialdemócrata perdería prácticamente su carácter de partido mayoritario con el 15% de los votos. Este sondeo fue realizado el pasado domingo, en coincidencia con las marchas de la ultraderecha por las calles de Sajonia y en medio de episodios de caza al extranjero en la ciudad de Chemnitz. En este contexto, mientras en el oeste de Alemania AfD perdía en torno a un punto porcentual, quedando en el 16%, en el este se hacía indiscutiblemente con el puesto de partido más votado. El ocaso del SPD Desde principios de 2018 y a escala federal, se repite en las encuestas la posición de AfD como segundo partido más votado gracias a que está recibiendo un goteo de votos del resto de los partidos, pero muy especialmente votos que pierde el Partido Socialdemócrata. En las elecciones celebradas hace un año el SPD ya obtuvo un 20,5 % de apoyos, su peor resultado de la historia en unos comicios federales, y AfD un 12,6%, por lo que logró que por primera vez una fuerza de ultraderecha se sentase en el Bundestag. El bloque conservador de la canciller, Angela Merkel, la Unión Cristianodemócrata y la bávara Unión Socialcristiana (CDU/CSU), siguen sumando el 32 % del respaldo a escala federal. Por detrás, pero aún con representación parlamentaria, estarían Los Verdes, con un 13 % de los sufragios, La Izquierda, con un 11 %, y el Partido Liberal (FDP), con un 9%. Aún así, los conservadores y el SPD no sumarían el número de apoyos necesarios para poder conformar la gran coalición de Gobierno de esta legislatura. La única combinación posible para formar un Gobierno estable, mientras ninguno de los partidos acepte coaligarse con AfD, como ha venido sucediendo hasta ahora, sería un tripartito con conservadores, verdes y liberales, que lograría un 54 % de los votos, la inédita coalición «Jamaica». Subida de la ultraderecha El líder de AfD en el este de Alemania, considerado por muchos hombre clave en la sombra hasta que el partido alcance porcentajes de voto mayoritarios, es Björn Höcke, presidente de la fracción parlamentaria de AfD en el Estado de Turingia y cabeza de Der Flügel, la fracción etnonacionalista y más radical del partido, con claros tintes filonazis. Höcke ha logrado gran número de seguidores con una estrategia muy enfocada a la población más joven del este de Alemania, donde la tasa de paro es más alta que en el resto del país y donde la sociedad se presenta más desestructurada. Con menor densidad de población y una red de vida civil menos tupuda que en los Bundesländer orientales, las organizaciones juveniles cercanas a AfD son a menudo la única opción de los jóvenes de pequeños pueblos y ciudades para asociarse y reunirse, circunstancia que la escena de la ultraderecha aprovecha para un proselitismo al que dedica buena parte de sus recursos. El partido mantiene a Höcke en segundo plano para evitar que se repitan declaraciones en las que queda en evidencia su sensibilidad poco correcta, como cuando dijo en público el año pasado que el monumento a las víctimas del Holocausto, situado en el centro de Berlín, era una «vergüenza» para Alemania, que en su lugar debería levantar monumentos a su pasado histórico más glorioso. Y mientras Höcke y los suyos continúan el imparable ascenso en la intención de voto, las instituciones alemanas se sumergen en un debate sobre si en Chemniz, la pasada semana, hubo o no, propiamente dicha, una «caza al extranjero», como se leyó en las redes sociales. El jefe del servicio de inteligencia interior de Alemania, Hans-Georg Maassen, no ha tenido reparos en contradecir públicamente a la canciller Merkel, que ha reconocido y lamentado la «cacería de extranjeros». Maasen, por su parte, ha declarado que «no hay evidencia de que los vídeos que circulan en Internet sean auténticos».
08-09-2018 | Fuente: abc.es
Guerra en la derecha europea
La socialdemocracia europea de derechas, de izquierdas y de extremo centro ha entrado en pánico absoluto ante la reacción de cada vez mayores sectores de la población europea en contra de su política de inmigración. Esta reacción ya ha impulsado un giro general de la política europea hacia la derecha que causa alarma en Berlín y París. Por eso, descontado el apoyo de la poca izquierda que gobierna en Europa, salvo la anomalía de España y poco más, han sido Angela Merkel y Emmanuel Macron, los dos grandes socialdemócratas que gobiernan con el voto conservador y centrista, los que se reunieron ayer en Marsella para intentar evitar nuevas catástrofes electorales ante la derecha emergente. Hace un año Merkel sufría un desastre con la irrupción del derechista Alternativa por Alemania (AfD) en el Bundestag con 94 diputados. Aunque Merkel formó gobierno con un SPD agónico y practica un acoso constante a la derecha que tacha de «nazi», el AfD sube imparable en todas las encuestas. Ahora Merkel y Macron temen que, ante la precampaña de las elecciones europeas en 2019, el PPE asuma unas tesis de firmeza contra la inmigración que supondrían el rechazo expreso a la política de ambos. Macron tiene tanto miedo a que el PPE se pase en masa a posiciones cercanas al líder húngaro Viktor Orban, de la CSU bávara o del canciller austriaco Sebastian Kurz, que busca la voladura del grupo popular europeo. De ahí que se sume a los intentos de expulsar al húngaro. «No se puede estar al mismo tiempo con Merkel y con Orban» sentenció hace días. Busca refundar una especie de grupo europeo que obedezca a sus tesis centristas, es decir encadenar con Merkel al PPE a la política socialdemócrata. Quiere echar a un Orban que ha entendido que la guerra está abierta. En una cita con Matteo Salvini dijo que su enemigo máximo es Macron. La expulsión del partido Fidesz podría empezar a tramitarse el martes próximo. Ha comenzado ya la batalla ideológica entre esa nueva derecha que sus enemigos llaman ultraderechista y ese centrismo socialdemócrata que sus enemigos llaman la nueva izquierda.
08-09-2018 | Fuente: abc.es
Macron y Merkel buscan una alianza sobre inmigración
Cogidos ambos en una peligrosa «pinza», Emmanuel Macron y Angela Merkel celebraron la tarde del viernes una reunión de trabajo, en Marsella, consagrada a intentar armonizar posiciones sobre inmigración, insistiendo en que Francia y Alemania trabajarán «juntas» para «preparar el futuro común en Europa». El presidente francés recibió a la canciller alemana en el Palacio del Faro, una residencia oficial, emblemática, que tenía por «misión» escenificar una «vocación» de apertura y diálogo hacia el Mediterráneo. Intentando formar una coalición de países europeos abiertos a una «inmigración controlada» Macron insistió en que la «inmigración es una oportunidad para Europa». El presidente francés ha realizado durante las últimas semanas una gira de países potencialmente aliados (de España a Luxemburgo), esperando poder hacer frente «juntos» a los países hostiles a la inmigración, comenzando por Italia, Hungría y buena parte de Europa del Este. Acosada en Alemania y su propio gobierno por personalidades y fuerzas políticas reservadas, hostiles y agresivamente hostiles a la inmigración, la canciller alemana comenzó por intentar servir de «puente», comentando: «Europa debe encontrar posiciones comunes, en todos los terrenos». Macron intentó conseguir de Merkel su posible apoyo, directo o indirecto, cuando Europa, la UE, vuelva a abordar de manera frontal el problema de la inmigración, en el Consejo europeo del próximo día 20. «Soy muy optimista. Creo que Europa será capaz de encontrar una solución a nuestros problemas comunes», declaró Merkel, intentando olvidar los enfrentamientos de inmenso calado que oponen los adversarios frontales de la inmigración y los partidarios de una inmigración «controlada». A juicio de Macron, varios de los gobiernos hostiles a la inmigración, comenzando por la Hungría de Viktor Orban, defienden un modelo político «iliberal», incompatible con las tradiciones liberales europeas. Orban deberán defender sus posiciones ante el Parlamento Europeo, el próximo día 11, acusado de violar el Estado de derecho en Hungría. En Marsella, Angela Merkel confirmó a Macron sus posiciones de principio, sensibles a una visión «humanista» de las cuestiones migratorias, sin poder olvidar, ambos, que en el gobierno alemán y en el seno del Partido Popular Europeo (PPE, primera fuerza política en el PE), existen corrientes muy poderosas sensibles a los argumentos de Orban y Matteo Salvini. Horst Seehofer, ministro del interior alemán, sostiene con Merkel un duro enfrentamiento, apenas subterráneo, y declaró días pasados: «La inmigración es la madre de todos los problemas, hoy, en Europa». En el terreno personal, el encuentro Macron - Merkel de Marsella, la tarde del viernes, volvió a subrayar la «complicidad» y el «techo» de la posible coordinación de posiciones ante la crisis de la inmigración. El presidente francés ha iniciado la campaña de las próximas elecciones europeas, presentándose como el «líder» de una Europa favorable a la inmigración controlada. La canciller alemana está cogida en la «pinza» de su solidaridad personal con la Francia de Macron y la solidaridad de sus aliados gubernamentales con la Europa de la pareja Orban - Salvini .
07-09-2018 | Fuente: abc.es
La apuesta de Merkel
Angela Merkel apoya sin entusiasmo la candidatura del bávaro Manfred Weber a presidir la Comisión. La canciller recela de esta institución y considera que debe ser un órgano de ejecución de las decisiones políticas de los jefes de gobierno. Por eso no le importa que Weber carezca de experiencia en el gobierno federal o en el Bundestag y sea un europarlamentario del montón, a veces muy escorado a la derecha, como demuestra su relación con el húngaro Viktor Orban. Con esta jugada tiene la posibilidad de intercambiar cromos con Emmanuel Macron y con la CSU, muy crítica con Merkel por su generosidad pasada hacia los inmigrantes. Lo que no le gusta a la canciller es el método de elección del presidente de la Comisión, en manos de los partidos políticos europeos. A Emmanuel Macron le gusta todavía menos, pero no tiene fuerza para oponerse. A cambio de respaldar a Weber podrá aupar a un francés a la presidencia del BCE. Es una de las pocas maneras que tiene Merkel de hacer tándem con él y favorecer de forma tácita una política económica no ceñida a las tesis de los halcones alemanes. El BCE hace política monetaria y política fiscal a la vez, en ausencia de instituciones europeas más desarrolladas. Ha sido el verdadero héroe de la crisis del euro, el «Rolls-Royce en el barro» que ha salvado la moneda. Su independencia y prestigio están muy por encima de los de la Comisión, devaluada tras la doble crisis del euro y de los refugiados. Pero el ejecutivo comunitario ocupa aún una posición privilegiada en el entramado institucional. Para que funcione con todo su potencial no basta una profesión sincera de fe europeísta. Cuando Jacques Delors llegó a Bruselas era un burócrata al que François Mitterrand comparaba con Tintín. Pero demostró una capacidad táctica inusitada y aprovechó a fondo un ciclo político favorable. Si el grisaceo Weber aterriza en la Comisión, será con el viento en contra y escaso horizonte temporal para impulsar los pactos esenciales (gobierno económico, inmigración, seguridad) que pueden encender otra vez el motor de la integración.
07-09-2018 | Fuente: abc.es
El austriaco Kurz respalda a Weber para presidir la Comisión Europea
El canciller austriaco, Sebastian Kurtz, ha sido el primero en recibir al líder del grupo parlamentario popular, Manfred Weber, después de que este anunciase su candidatura para aspirar a ser el próximo presidente de la Comisión Europea. En Viena se celebra precisamente una reunión del PPE a la que acudirán todos los líderes europeos de la formación y que a falta de que otros posibles candidatos se hayan manifestado, está siendo un primer gran espaldarazo para Weber. Aunque nadie quiere enseñar todavía sus cartas hasta ver el panorama completo, Weber ha logrado ya un gran objetivo. Que el canciller austriaco haya dicho simplemente que el bávaro «es un excelente candidato » representa un gran avance para él, teniendo en cuenta que no tiene experiencia ejecutiva y aspira a ponerse al frente de la Comisión Europea, donde la tradición era situar a antiguos jefes de Gobierno. Dicho por un jefe de Gobierno joven como el austriaco -que tampoco tenía experiencia antes de serlo- puede entenderse como una confirmación de que esta carencia no va a pesar mucho a la hora de que los líderes populares tomen la decisión definitiva. Queda por ver cuáles son las maniobras de los otros dos posibles candidatos, que aún no han anunciado si se presentan o no. Tanto el negociador del Brexit, el francés Michel Barnier, como el ex primer ministro finlandés Alexander Stubb, han dado a entender que quieren optar también al puesto de «Spitzenkandidate» o «candidato especial» del PPE a la presidencia de la Comisión, pero no lo han formalizado todavía. Tienen tiempo hasta el 17 de octubre, cuando finaliza el plazo para anunciarlo. Después, un congreso del PPE en Helsinki el 6 y el 7 de noviembre, lo decidirá. Según fuentes populares, nadie quisiera una aclamación de Weber a falta de otros candidatos, pero teniendo en cuenta que es alemán y tiene el apoyo de Angela Merkel y del grupo de eurodiputados más numeroso, sería muy difícil derrotarlo en la votación. Y por otro lado, sus potenciales adversarios podrían negociar algún puesto en el organigrama europeo en la próxima legislatura a cambio de participar en el proceso de la forma más decorosa posible. Fricciones con Viktor Orban En todo caso, la reunión del PPE en Viena para reflexionar sobre el futuro de Europa no se centra en la candidatura de Weber. El jefe de la delegación española en el Parlamento Europeo, Esteban González Pons, intervino para pedir a los líderes comunitarios que luchen por «defender los valores europeos» o de lo contrario el proyecto de la UE «se convertirá en un sueño roto». Pons se ha forjado una sólida experiencia en Bruselas y si Weber llegase a ser presidente de la Comisión, él tendría muchas posibilidades de ocupar su puesto como portavoz del grupo popular en el Parlamento de Estrasburgo en la próxima legislatura. En este sentido, Weber había dicho poco antes en una entrevista a la radio austriaca que «los valores fundamentales en la familia del PPE no son negociables», en referencia al debate sobre el comportamiento de Viktor Orban, el primer ministro húngaro, al que se acusa de rozar un comportamiento autoritario o de al menos menospreciar algunos de los principios esenciales de la vida europea. Las relaciones de Orban con el resto del grupo son cada vez más difíciles y en el próximo pleno de la eurocámara la cuestión será sometida a votación. Obviamente, los votos de los diputados del partido de Orban y del primer ministro húngaro mismo serán necesarios para Weber, tanto en la votación de Helsinki como después en el seno del Consejo Europeo.
06-09-2018 | Fuente: abc.es
Manfred Weber se postula como sucesor de Jucker a la Comisión Europea
El líder del Partido Popular Europeo, el alemán Manfred Weber, abrió ayer formalmente la carrera para la designación del próximo presidente de la Comisión Europea, tras las elecciones de la primavera próxima, al proclamarse formalmente como candidato del principal grupo del Parlamento Europeo. Bávaro de 46 años, Weber deberá ganar primero la designación formal por parte del PPE en un congreso que se celebrará en Helsinki este otoño. Es el primer candidato conservador que aspira a dirigir la Comisión Europea sin haber tenido experiencia ejecutiva previa, aunque a cambio puede hacer notar que tiene el apoyo de la canciller alemana Angela Merkel. La candidatura de Weber reforzaría también el nuevo proceso de elección del presidente de la Comisión que no todos los dirigentes de los países miembros ven con buenos ojos. Los tratados señalan claramente que el máximo responsable del ejecutivo comunitario es designado por el Consejo Europeo, es decir por los presidentes y jefes de Gobierno, y después debe obtener la ratificación del Parlamento Europeo. Históricamente, los responsables nacionales escogían a uno de ellos y el Parlamento lo aprobaba mal que bien. En la última legislatura en 2014, una feliz confabulación entre el entonces presidente socialista del Parlamento Europeo, Martin Schulz, y el ex primer ministro conservador de Luxemburgo Jean-Claude Juncker, forzaron a los líderes a aceptar el mecanismo de candidatos de modo que los grupos políticos los presentasen a los votantes en las elecciones al Parlamento Europeo para dotar al cargo de una mayor legitimidad democrática. Se trata de un sistema equivalente al que se utiliza en España para la candidatura a la presidencia del Gobierno con el primer puesto de la lista por Madrid de cada partido. En el Consejo Europeo los líderes aprobaron una declaración en la que confirmaban el mecanismo de los «candidatos especiales» («spitzenkandidat» en alemán) pero subrayando que no aceptaba que la designación posterior del presidente de la Comisión fuera «automática». El incierto resultado electoral puede llevar, en efecto, a que sean necesarias otras combinaciones, pero los grupos políticos en el Parlamento Europeo han dicho claramente que no aceptarían tampoco que los líderes rechacen al candidato del partido que haya ganado las elecciones y que tenga más eurodiputados. El presidente que más problemas había planteado a la figura del «spitzenkandidat» ha sido el francés Emmanuel Macron, que mantiene su ambivalencia y todavía no ha dicho a qué familia política se apuntará. Él quería aprovechar el hueco que dejan los eurodiputados británicos para haber instaurado una «lista europea» votada en todos los países y en la que los partidos pondrían a su candidato a la presidencia de la Comisión. Eso no ha sido posible por razones legales y el anuncio de la candidatura de Weber se interpreta como una indicación de que Macron habría renunciado a este puesto, a cambio de obtener entonces el puesto de presidente del Banco Central Europeo (BCE) al final del mandato del italiano Mario Draghi. Se esperaba que este puesto fuera ocupado por un alemán, pero es evidente que con un alemán en la Comisión, Berlin ha de renunciar al BCE. Hasta ahora se ha hablado de al menos otros dos dirigentes europeos que podrían disputar la candidatura de Weber en el seno del PPE: el negociador europeo para el Brexit, el francés Michel Barnier, y el ex primer ministro finlandés Alex Stubb. Barnier ya lo intentó frente a Juncker hace cinco años pero ahota no se ha pronunciado. En todo caso, algunos eurodiputados españoles no han dejado de apreciar el grado de entusiasmo con el que los eurodiputados franceses del PPE han recibido el anuncio de la candidatura de Weber, cuando en todo caso se supone que habrían preferido a Barnier.
05-09-2018 | Fuente: abc.es
El conservador Manfred Weber se presenta para sustituir a Juncker
El político alemán de centroderecha Manfred Weber (CSU), actual presidente del grupo popular europeo (PPE) en la Eurocámara, ha anunciado este miércoles que se presentará a la terna interna de su familia política, la más numerosa en la Unión Europea, para ser el nuevo presidente de la Comisión Europea (CE). Tras semanas de rumores, y tras explicar sus intenciones a sus colegas de grupo parlamentario del PPE, Weber lo ha anunciado con un mensaje en Twitter «Deseo ser el candidato de PPE en las elecciones europeas de 2019 y convertirme en el próximo presidente de la Comisión Europea. Europa necesita un nuevo comienzo y más de democracia», ha dicho en su red social. El eurodiputado confía en que el PPE, que celebra este noviembre un tipo de primarias para elegir a su cabeza de lista, le de su apoyo. Weber cuenta con el apoyo de su partido, la CSU y espera que Angela Merkel le muestre su respaldo público este lunes. El proceso de presentar las candidaturas a sustituto de Jean-Claude Juncker se inicia oficialmente este jueves y se espera que el ex primer ministro finlandés Alexandre Stubbs, y el francés Michel Barnier, negociador jefe de la UE para el brexit también se postulen como candidatos. La decisión sobre cuál será el candidato del PPE se tomará en el Congreso de la formación el 7 de noviembre en Helsinki. Por su parte, los socialistas europeos pondrán en marcha la selección de candidatos en noviembre y esperan finalizarla en diciembre en Lisboa. Defensor europeísta Weber, europeísta convencido, de 46 años (los 14 últimos en el Parlamento Europeo), es «consciente», de que no cuenta con la experiencia de haber sido presidente o primer ministro, pero se cree «ampliamente preparado» para el cargo, según fuentes cercanas al alemán. Asimismo, dice estar en contacto con otros posibles candidatos a los que podría acabar enfrentándose como Alexander Stubb o Michelle Barnier, y confiar en que se celebre, en su caso, una competición «justa». Weber, tan europeísta como ligado a las raíces democristianas del PPE, dijo a un grupo de periodistas que si gana dejará claro que no quiere contar con euroescépticos en el PPE, lo que podría marcar el camino de salida de Viktor Orbán de la familia conservadora europea, en la que el primer ministro húngaro y su partido son el socio más díscolo
04-09-2018 | Fuente: abc.es
La ultraderecha alemana adelanta al SPD en los sondeos
El partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) figura por delante del Partido Social Demócrata (SPD) en un sondeo publicado este martes, en plena polémica por la ola de protestas desatada en la ciudad de Chemnitz tras la muerte de un hombre a manos presuntamente de inmigrantes. Un sondeo de la firma INSA sitúa la intención de voto de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de la canciller, Angela Merkel, en el 28,5 por ciento. En segundo lugar, sin embargo, no figura su compañero de coalición, el SPD, si no AfD, que aventaja en un punto a los socialdemócratas (17% frente a 16%). El Gobierno ha criticado abiertamente el posicionamiento de la AfD por la cris social abierta en Chemnitz, donde se han sucedido las movilizaciones ultraderechistas tras un apuñalamiento mortal el 26 de agosto. Dos inmigrantes han sido detenidos por este crimen y ahora las autoridades buscan a una tercera persona. «El juzgado de primera instancia de Chemnitz emitió la orden esta mañana», ha explicado el fiscal general de Sajonia, Hans Strobl, que ha identificado a este tercer sospechosos como un solicitante de asilo de Irak. Los dos hombres que ya han sido detenidos tienen origen iraquí y sirio.