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Noticias de aeropuertos

06-12-2019 | Fuente: elpais.com
Los aeropuertos europeos baten su récord con más de 1.100 millones de pasajeros
Madrid-Barajas (56 millones) y Barcelona-El Prat (50 millones) fueron el quinto y sexto más transitados en 2018
04-12-2019 | Fuente: elpais.com
Aena firma una alianza con la mayor agencia ?online? china
El acuerdo con Ctrip.com pretende que los turistas chinos usen los aeropuertos españoles
04-12-2019 | Fuente: abc.es
Francia, a las puertas de la parálisis nacional contra Macron
Entre el 60 y el 70 % de los franceses dicen «comprender» y «aprobar» las huelgas, manifestaciones y jornada de protestas que proyectan «paralizar» y «bloquear» Francia, este jueves, día 5, durante una jornada que será una imprevisible encrucijada para la presidencia de Emmanuel Macron. Los sindicatos protestan contra el proyecto de reforma del sistema nacional de pensiones y han convocado una jornada de huelgas, «prorrogable», que se propone reducir al mínimo la circulación ferroviaria nacional, el tráfico aéreos en los grandes aeropuertos, la prestación de servicios públicos. Las empesas del transporte público anuncian «grandes perturbaciones». Médicos, enfermeras y el conjunto del personal de los hospitales públicos continúan protestando contra la crisis de la sanidad nacional. Los agricultores protestaron días pasados, denunciando la degradación de su situación económica y social. Muchos de ellos sentirán la tentación de participar de alguna manera en la jornada de protesta. En Francia se suicida un agricultor cada tres días. Los policías protestaron hace semanas, denunciando la crisis «laboral» en el escalón más modesto de la seguridad nacional, culminando con un rosario de suicidios. Estudiantes y profesores llevan varios meses protestando en un tono muy agrio. Se han sucedido varios suicidios. La franquicia de los chalecos amarillos, donde «cohabitan» muy distintas familias sociales (de la extrema izquierda a la extrema derecha, pasando por la Francia «precaria») estará presente de manera imprevisible en la jornada de crisis, manifestaciones y huelgas. Todas esas crisis y problemas tienen muy distintos orígenes. Y no siempre son «comparables» ni «compatibles». Tienen en común una angustia social compartida por franceses de muy distinta condición: funcionarios del sector público menos favorecido, obreros en sectores precarios, pequeños empresarios y profesiones liberales que se consideran víctimas de una «precariedad creciente». Si la jornada de huelgas y manifestaciones se prolongase, los próximos días, la presidencia de Emmanuel Macron entraría en un fase de imprevisibles turbulencias.
30-11-2019 | Fuente: as.com
"He pasado de no ser nadie a que me reconozcan en aeropuertos"
Tras convertirse en uno de los protagonistas de MotoGP, Quartararo califica su primer año: "Me pongo un ocho, los puntos que faltan son por mis errores".
22-11-2019 | Fuente: abc.es
Un cacerolazo nocturno mantiene la protesta en Colombia contra Iván Duque
El cierre de las protestas en Colombia sorprendió tanto como el desarrollo de la huelga nacional que se realizó ayer y que convocó a miles de colombianos. Anoche, en un caso jamás visto en Bogotá y otras ciudades del país, se dio un cacerolazo. La huelga, así, pasó de la calle al ámbito privado, con lo cual los ciudadanos hicieron sentir nuevamente su descontento con el Gobierno del presidente Iván Duque. Lo que fue un día de protesta pacífica, con algunos desmanes en puntos específicos de las grandes ciudades, en especial en Cali, Medellín y Bogotá, donde al final de la tarde grupos de vándalos muy jóvenes se animaron a pintar y destruir estaciones de transporte público, edificios y cajeros bancarios. No dejaron por fuera la quema de contenedores de basura, ruptura de escaparates y abusos contra la propiedad privada. Como sucede en ese escenario, el Gobierno colombiano despejó a las fuerzas de seguridad a las calles del centro y la Plaza Bolívar, que a lo largo del día recibió a miles de personas, a pesar de la lluvia, y los rumores de que sería una jornada caótica. Porque esa fue la característica de la actividad convocado: ciudadanos marchando en paz, acompañados por grupos de música, baile de colectivos de todo tono y tema, pero unidos con el propósito de protestar contra la institucionalidad. Eso sí, con arengas y carteles agresivos, pero en todo caso haciendo del jueves un día más cercano a un domingo de fiesta. La ciudad más afectada fue Cali. Además de una jornada marcada por vándalos que trataron de frenar las marchas pacíficas, en horas de la noche la ciudad se vio acosada por delincuentes armados de machetes que amenazaban con tomar las residencias, a pesar del toque de queda que al final de la tarde decretó el alcalde. En esta ciudad, la tercera más importante del país, estas acciones lograron que algunos ciudadanos respondieran con armas de fuego, agregando así otro ingrediente violento y de difícil control para las autoridades de esa ciudad. La economía colombiana crece La jornada culminó con un fuerte cacerolazo. La gran huelga nacional trascendió sin problemas. Los temores de la víspera parecían disipados a plena luz del día, aunque algunos puntos del metro de Medellín fueron cerrados preventivamente, otros del transporte público bogotano también estuvieron restringidos y así sucesivamente en las grandes ciudades, cuyos alcaldes tomaron medidas para atajar cualquier acto vandálico. Se dieron, pero proporcionalmente insignificantes para lo esperado. La noche del miércoles, el presidente Iván Duque se dirigió al país para enviar un mensaje de respeto al derecho constitucional a protestar, pero sin desmanes ni violencia. 12.000 miembros del ejército fueron desplegados en Bogotá y más fuerza pública fue apostada por todo el país. Los colombianos se lanzaron a las calles básicamente para protestar contra las medidas económicas (pensiones, salarios, fiscales), el asesinado continuo de indígenas y líderes sociales, la lenta implementación del Acuerdo de Paz y de control de la seguridad y el territorio nacional, la campante corrupción y la crisis de la política nacional. El presidente llegó a esta jornada que marca a su gobierno, con una imagen desfavorable del 69%, apenas año y medio después de llegar a la Casa de Nariño. Así, ayer Colombia se sumó al cauce de protestas mundiales, a la dura tendencia regional de exigirle al gobierno y al Estado beneficios y garantías, independientemente del tinte político que tenga. Paradójicamente, el paro de ayer se dio tras el anuncio de que la economía nacional creció un 3,3% en el tercer trimestre del año, de los mejores registros de la región. Sin embargo, hay una creciente insatisfacción contra el gobierno. A estas protestas se vincularon colombianos en diferentes ciudades del mundo, mientras en Colombia las autoridades deportaban a 15 extranjeros acusados de llegar al país con el propósito de generar violencia. Ese fue uno de los flancos más cubiertos por las autoridades, que cerraron todas las fronteras hoy a la madrugada local, e implementaron mecanismos de contingencia en los principales puertos y aeropuertos del país. Colombia, que no ha logrado consolidar la paz en su territorio y sigue cruzada por la violencia, parecía ayer lograrlo en las calles, con un paro contundente pero mayoritariamente en paz. Ahora falta que el gobierno escuche, si no las cacerolas, lo que el pueblo colombiano le ha dicho con claridad al marchar por las calles del país.
21-11-2019 | Fuente: abc.es
Las protestas sociales llegan ahora a Colombia: comienza la gran marcha contra Iván Duque
Colombia pasó una noche tensa y amanece este jueves con gran expectación ante el desarrollo de las marchas de protesta previstas para hoy jueves en todo el país, que antes de empezar ya han tenido gran impacto. Anoche el propio presidente Iván Duque, procurando enviar un mensaje de firmeza y a la vez garantista de los derechos ciudadanos, hizo una alocución a todo el país en la cual afirmó que está «tomando las medidas necesarias para garantizar el orden público» durante el paro. Y recordó que está actuando coordinadamente con alcaldes y gobernadores para evitar excesos y violencia en todo el país. A la protesta nacional el presidente dijo que responderá «con humildad», dispuesto a «escuchar y atender» a todos los sectores sociales, que es precisamente una de las quejas que hay contra su Gobierno, calificado por muchos como refractarios al diálogo, poco dispuesto a dialogar con los sectores sociales, algo ensimismado. También afirmó que está dispuesto a apoyar «propósitos comunes» de todos los colombianos, arguyendo que el suyo es «construir una Colombia más justa, con un Gobierno sintonizado con los anhelos del país», dispuesto a «corregir algunos problemas». Y concluyó, en una entrevista posterior, que «como país y como Estado tenemos que garantizar el derecho a marchar, pero también aplicar todo el peso de la ley cuando unos quieren afectar los derechos de los demás y la institucionalidad». Horas previas Desde inicios de la semana, aunque con especial énfasis ayer miércoles, algunas de las principales ciudades impusieron controles locales, como la declaración de ley seca (prohibición de vender licor), la suspensión de clases en colegios y universidades, presencia de miembros del Ejército en las calles, como los 12.000 desplegados en Bogotá, a pesar de que el ministro de Defensa ha insistido en que no hay militarización y solo habrá presencia de Policía, y otras restricciones encaminadas a controlar o disuadir los desmanes que puedan surgir a lo largo de la mañana y en horas de la tarde, cuando finalizará el gran paro nacional, como ha sido también denominadas estas marchas de protesta. Durante la noche, precisamente, la Catedral Primada de Bogotá fue recubierta con malla y vallas para protegerla, mientras otros edificios del patrimonio arquitectónico y el comercio del centro de la ciudad ?que siempre paga los platos y vidrieras rotas de las protestas? recurrieron a rejas, tablas y cobertores que eviten el impacto de acciones de vandalismo. Pareciera como si un gran huracán se aproximara al país. La Policía anunció, por su parte, que estrena en la jornada un sistema de reconocimiento facial para poder identificar a los vándalos encapuchados, mensaje disuasivo destinado a los interesados en intensificar los actos de violencia contra la fuerza pública o los ciudadanos que marchen pacíficamente. También ha habido un reiterado llamamiento a todos los ciudadanos para que ayuden a evitar desmanes y que procuren sofocar las provocaciones de los violentos. Un caso se presentó precisamente ayer en Medellín, donde unos 50 encapuchados iniciaron acciones violentas como antesala de las marchas, pero fueron controlados por estudiantes de la Universidad de Antioquia, donde estaban agitando. En la ciudad de Pasto, al sur del país, la Universidad de Nariño también empezó a padecer los rigores de vándalos camuflados de protesta estudiantil. El país entero empieza el día entre expectante y temeroso. Algunos esperanzados de que sea una protesta pacífica y ejemplar. Como sea, Colombia está en modo marcha y antes de haber dado el primer paso, los colombianos han sentido ya el impacto de esta convocatoria nacional a que se espera concurran miles de ciudadanos. Algunos, inclusive, auguran más de los cuatro millones que marcharon en el famoso 4 de febrero de 2008 en contra de las FARC, hito que recoge el pronunciamiento ciudadano más contundente en la historia reciente del país. Voces internacionales, como la de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, enviaron un mensaje claro reiterando que «la protesta pacífica es un derecho humano cuyo ejercicio fortalece la democracia» y compartió su preocupación por allanamientos a medios de comunicación, el despliegue deL ejército, la estigmatización de la protesta social tanto en las redes como por parte de algunos medios de comunicación. Deportación de infiltrados y cierre de fronteras Precedida por marchas estudiantiles locales, pero ante todo por las violentas protestas en otros países del mundo, especialmente en los de la región, entre ellos Chile, Perú, Bolivia y hasta Venezuela, esta marcha o paro, como se le dice en Colombia también, llega con un inusitado impulso de las redes sociales y de la polarización que sigue afectando al país. Además, acuñada por encuestas recientes que indican un creciente rechazo al Gobierno del presidente Duque, frente al cual el 69% de los encuestados dice tener una opinión negativa de su gestión en estos 15 meses de Gobierno. También hay quienes afirman que la marcha de hoy tiene apoyo del llamado castrochavismo, en referencia a los países que siguen el modelo del Socialismo del siglo XXI, hoy liderados por Venezuela y Cuba. Así, una de las medidas tempranas que tomó el Gobierno fue fortalecer las labores de inteligencia para deportar a potenciales infiltrados extranjeros, por lo cual fueron expulsadas 15 foráneos en la última semana, así como cerrar las fronteras del país hasta el viernes en la madrugada. Christian Krüger, director de la oficina de Migración Colombia, señaló que el cierre es efectivo «en todos los pasos fronterizos, terrestres y fluviales con Ecuador, Perú, Brasil y Venezuela». Los aeropuertos, vías de acceso a las ciudades, terminales de transporte y similares están bajo cercana vigilancia. Garantizar la movilización de quienes no marchan y las actividades de entidades públicas, empresariales o bancarias es una prioridad. Por su parte, la ministra del Interior, Nancy Gutiérrez, dio plenos poderes a alcaldes y gobernadores para que tomen las medidas necesarias que garanticen el orden público en sus ciudades o regiones. Esto es motivo de tensión pues, si bien las marchas se han planteado como pacíficas y se ha hecho un esfuerzo de todos los frentes ciudadanos para que así transcurran, se da por descontado que hoy habrá vándalos dispuestos a generar caos, algunos de ellos pertenecientes a las milicias urbanas del ELN, guerrilla que sigue en pie de lucha y con la cual este gobierno cerró toda posibilidad de diálogo tras los atentados de enero de este año. Agenda de la protesta En todo el país se han organizado las marchas con agenda pública de puntos de encuentro y cierre del recorrido en la plaza principal de cada ciudad, lo que supone un reto de manejo del orden público para los mandatarios locales que deben garantizar la protesta ciudadana, amparada por la Constitución colombiana. El Gobierno también llamó a acuartelamiento de primer grado a las fuerzas militares, y ha hecho presencia con fuerza pública en ciertos puntos que se saben serán ejes de la concentración. No se ha llegado a la militarización de ciudades, pero sí se siente presión en el ambiente. En vísperas de la marcha la policía realizó allanamientos, algunos en los que encontraron explosivos y posibles elementos incendiarios, pero otros muy cuestionados, como el de la sede de una revista de la reconocida Universidad de los Andes y a colectivos de artistas y periodistas o medios alternativos. La presión de la marcha no es de hoy, viene creciendo en la última semana, a pesar de la estrategia mediática desplegada por el Gobierno Duque, en la que el mandatario ha acudido a todos los grandes medios de comunicación para explicar que no existen políticas o decretos en borrador que afecten la inversión en educación superior o cambien los parámetros de jubilación y pensión, reduzcan el salario mínimo o profundicen políticas económicas en detrimento de los trabajadores, lo que algunos esgrimen como motivo de protesta. El otro punto de rechazo gira en torno a la reforma tributaria propuesta por el gobierno, rechazada ya por el Congreso, motivo de fuerte polémica a lo largo del año y que el ministro de Hacienda insiste en presentar sin mayores cambios. Paradójicamente, las cifras de crecimiento del país están entre las más altas de la región y arrojan un parte positivo con un 3,3% de crecimiento en el tercer trimestre del año. Muchos otros marchan en rechazo al continuo asesinato de líderes sociales, con especial ensañamiento contra líderes indígenas, que en lo corrido del año suman 284 víctimas. El deterioro de seguridad en los territorios, la débil respuesta del Estado a los cárteles de narcotráfico y las bandas delincuenciales de grupos paramilitares o disidencias de las FARC también convocan a muchos, que ven en esto una lenta acción del gobierno ante los compromisos derivados del Acuerdo de Paz. Por ese motivo, precisamente, ayer se sumó la Cumbre Agraria, que recoge a los campesinos y grupos étnicos de las zonas más apartadas del país, que hoy viven en carne propia la violencia contra sus líderes. Marchan en defensa de la vida de líderes sociales y reclamando acciones de protección colectivas para sus comunidades. Hoy marcará un antes y después para el gobierno de Iván Duque y para el país. Si a esta cita del 21N llegan los colectivos clásicos de toda marcha (sindicatos estatales, de la industria, de maestros y de la salud) y a ellos se suman estudiantes universitarios, líderes sociales territoriales, trabajadores de empresas privadas, del transporte y otros sectores, así como la clase media colombiana, será un parteaguas para este gobierno, que en todo caso, a partir del viernes, se verá obligado a atender de manera más efectiva y menos reactiva las demandas que le hace el país, más que a responder a las quejas y requerimientos del propio partido de gobierno, donde también hoy, en medio de las lluvias y otras tormentas nacionales, también se cuecen habas.
21-11-2019 | Fuente: abc.es
Las protestas llegan a Colombia: grandes marchas contra Iván Duque colapsan Bogotá y otras ciudades
Colombia estaba este mediodía alegremente colapsada por las marchas que avanzaban hacia las plazas principales de las ciudades. El términos generales, el gran paro nacional convocado para este jueves contra el Gobierno de Iván Duque transcurrió en paz a lo largo de la mañana. Eso sí, con música, arengas y una gran multitud que hizo del tráfico un caos y dio al jueves un color más de domingo. Los temores a grandes incidentes de la víspera parecían disipados: algunos puntos del metro de Medellín cerrados preventivamente, otros del transporte público bogotano también restringidos y asi sucesivamente en las grandes ciudades, cuyos alcaldes tomaron medidas para atajar cualquier acto vandálico. Se dieron, pero relativamente insignificantes para lo esperado. Colombia había pasado una noche tensa y amaneció con gran expectación ante el desarrollo de las marchas de protestas previstas para hoy jueves en todo el país, que antes de empezar ya tuvieron gran impacto. Anoche el propio presidente Iván Duque, procurando enviar un mensaje de firmeza y a la vez garantista de los derechos ciudadanos, hizo una alocución a todo el país en la cual afirmó que está «tomando las medidas necesarias para garantizar el orden público» durante el paro. Y recordó que está actuando coordinadamente con alcaldes y gobernadores para evitar excesos y violencia en todo el país. A la protesta nacional el presidente dijo que responderá «con humildad», dispuesto a «escuchar y atender» a todos los sectores sociales, que es precisamente una de las quejas que hay contra su Gobierno, calificado por muchos como refractarios al diálogo, poco dispuesto a dialogar con los sectores sociales, algo ensimismado. También afirmó que está dispuesto a apoyar «propósitos comunes» de todos los colombianos, arguyendo que el suyo es «construir una Colombia más justa, con un Gobierno sintonizado con los anhelos del país», dispuesto a «corregir algunos problemas». Y concluyó, en una entrevista posterior, que «como país y como Estado tenemos que garantizar el derecho a marchar, pero también aplicar todo el peso de la ley cuando unos quieren afectar los derechos de los demás y la institucionalidad». Horas previas Desde inicios de la semana, aunque con especial énfasis ayer miércoles, algunas de las principales ciudades impusieron controles locales, como la declaración de ley seca (prohibición de vender licor), la suspensión de clases en colegios y universidades, presencia de miembros del Ejército en las calles, como los 12.000 desplegados en Bogotá, a pesar de que el ministro de Defensa ha insistido en que no hay militarización y solo habrá presencia de Policía, y otras restricciones encaminadas a controlar o disuadir los desmanes que puedan surgir a lo largo de la mañana y en horas de la tarde, cuando finalizará el gran paro nacional, como ha sido también denominadas estas marchas de protesta. Durante la noche, precisamente, la Catedral Primada de Bogotá fue recubierta con malla y vallas para protegerla, mientras otros edificios del patrimonio arquitectónico y el comercio del centro de la ciudad ?que siempre paga los platos y vidrieras rotas de las protestas? recurrieron a rejas, tablas y cobertores que eviten el impacto de acciones de vandalismo. Pareciera como si un gran huracán se aproximara al país. La Policía anunció, por su parte, que estrena en la jornada un sistema de reconocimiento facial para poder identificar a los vándalos encapuchados, mensaje disuasivo destinado a los interesados en intensificar los actos de violencia contra la fuerza pública o los ciudadanos que marchen pacíficamente. También ha habido un reiterado llamamiento a todos los ciudadanos para que ayuden a evitar desmanes y que procuren sofocar las provocaciones de los violentos. Un caso se presentó precisamente ayer en Medellín, donde unos 50 encapuchados iniciaron acciones violentas como antesala de las marchas, pero fueron controlados por estudiantes de la Universidad de Antioquia, donde estaban agitando. En la ciudad de Pasto, al sur del país, la Universidad de Nariño también empezó a padecer los rigores de vándalos camuflados de protesta estudiantil. El país entero empieza el día entre expectante y temeroso. Algunos esperanzados de que sea una protesta pacífica y ejemplar. Como sea, Colombia está en modo marcha y antes de haber dado el primer paso, los colombianos han sentido ya el impacto de esta convocatoria nacional a que se espera concurran miles de ciudadanos. Algunos, inclusive, auguran más de los cuatro millones que marcharon en el famoso 4 de febrero de 2008 en contra de las FARC, hito que recoge el pronunciamiento ciudadano más contundente en la historia reciente del país. Voces internacionales, como la de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, enviaron un mensaje claro reiterando que «la protesta pacífica es un derecho humano cuyo ejercicio fortalece la democracia» y compartió su preocupación por allanamientos a medios de comunicación, el despliegue deL ejército, la estigmatización de la protesta social tanto en las redes como por parte de algunos medios de comunicación. Deportación de infiltrados y cierre de fronteras Precedida por marchas estudiantiles locales, pero ante todo por las violentas protestas en otros países del mundo, especialmente en los de la región, entre ellos Chile, Perú, Bolivia y hasta Venezuela, esta marcha o paro, como se le dice en Colombia también, llega con un inusitado impulso de las redes sociales y de la polarización que sigue afectando al país. Además, acuñada por encuestas recientes que indican un creciente rechazo al Gobierno del presidente Duque, frente al cual el 69% de los encuestados dice tener una opinión negativa de su gestión en estos 15 meses de Gobierno. También hay quienes afirman que la marcha de hoy tiene apoyo del llamado castrochavismo, en referencia a los países que siguen el modelo del Socialismo del siglo XXI, hoy liderados por Venezuela y Cuba. Así, una de las medidas tempranas que tomó el Gobierno fue fortalecer las labores de inteligencia para deportar a potenciales infiltrados extranjeros, por lo cual fueron expulsadas 15 foráneos en la última semana, así como cerrar las fronteras del país hasta el viernes en la madrugada. Christian Krüger, director de la oficina de Migración Colombia, señaló que el cierre es efectivo «en todos los pasos fronterizos, terrestres y fluviales con Ecuador, Perú, Brasil y Venezuela». Los aeropuertos, vías de acceso a las ciudades, terminales de transporte y similares están bajo cercana vigilancia. Garantizar la movilización de quienes no marchan y las actividades de entidades públicas, empresariales o bancarias es una prioridad. Por su parte, la ministra del Interior, Nancy Gutiérrez, dio plenos poderes a alcaldes y gobernadores para que tomen las medidas necesarias que garanticen el orden público en sus ciudades o regiones. Esto es motivo de tensión pues, si bien las marchas se han planteado como pacíficas y se ha hecho un esfuerzo de todos los frentes ciudadanos para que así transcurran, se da por descontado que hoy habrá vándalos dispuestos a generar caos, algunos de ellos pertenecientes a las milicias urbanas del ELN, guerrilla que sigue en pie de lucha y con la cual este gobierno cerró toda posibilidad de diálogo tras los atentados de enero de este año. Agenda de la protesta En todo el país se han organizado las marchas con agenda pública de puntos de encuentro y cierre del recorrido en la plaza principal de cada ciudad, lo que supone un reto de manejo del orden público para los mandatarios locales que deben garantizar la protesta ciudadana, amparada por la Constitución colombiana. El Gobierno también llamó a acuartelamiento de primer grado a las fuerzas militares, y ha hecho presencia con fuerza pública en ciertos puntos que se saben serán ejes de la concentración. No se ha llegado a la militarización de ciudades, pero sí se siente presión en el ambiente. En vísperas de la marcha la policía realizó allanamientos, algunos en los que encontraron explosivos y posibles elementos incendiarios, pero otros muy cuestionados, como el de la sede de una revista de la reconocida Universidad de los Andes y a colectivos de artistas y periodistas o medios alternativos. La presión de la marcha no es de hoy, viene creciendo en la última semana, a pesar de la estrategia mediática desplegada por el Gobierno Duque, en la que el mandatario ha acudido a todos los grandes medios de comunicación para explicar que no existen políticas o decretos en borrador que afecten la inversión en educación superior o cambien los parámetros de jubilación y pensión, reduzcan el salario mínimo o profundicen políticas económicas en detrimento de los trabajadores, lo que algunos esgrimen como motivo de protesta. El otro punto de rechazo gira en torno a la reforma tributaria propuesta por el gobierno, rechazada ya por el Congreso, motivo de fuerte polémica a lo largo del año y que el ministro de Hacienda insiste en presentar sin mayores cambios. Paradójicamente, las cifras de crecimiento del país están entre las más altas de la región y arrojan un parte positivo con un 3,3% de crecimiento en el tercer trimestre del año. Muchos otros marchan en rechazo al continuo asesinato de líderes sociales, con especial ensañamiento contra líderes indígenas, que en lo corrido del año suman 284 víctimas. El deterioro de seguridad en los territorios, la débil respuesta del Estado a los cárteles de narcotráfico y las bandas delincuenciales de grupos paramilitares o disidencias de las FARC también convocan a muchos, que ven en esto una lenta acción del gobierno ante los compromisos derivados del Acuerdo de Paz. Por ese motivo, precisamente, ayer se sumó la Cumbre Agraria, que recoge a los campesinos y grupos étnicos de las zonas más apartadas del país, que hoy viven en carne propia la violencia contra sus líderes. Marchan en defensa de la vida de líderes sociales y reclamando acciones de protección colectivas para sus comunidades. Hoy marcará un antes y después para el gobierno de Iván Duque y para el país. Si a esta cita del 21N llegan los colectivos clásicos de toda marcha (sindicatos estatales, de la industria, de maestros y de la salud) y a ellos se suman estudiantes universitarios, líderes sociales territoriales, trabajadores de empresas privadas, del transporte y otros sectores, así como la clase media colombiana, será un parteaguas para este gobierno, que en todo caso, a partir del viernes, se verá obligado a atender de manera más efectiva y menos reactiva las demandas que le hace el país, más que a responder a las quejas y requerimientos del propio partido de gobierno, donde también hoy, en medio de las lluvias y otras tormentas nacionales, también se cuecen habas.
12-11-2019 | Fuente: elpais.com
Vuelos sin billetes físicos, colas ni controles de pasaportes
Aerolíneas y aeropuertos apuestan por la tecnología para hacer frente al imparable aumento de pasajeros
04-11-2019 | Fuente: elpais.com
Guía práctica para el viajero: en qué le afecta la compra de Air Europa por Iberia
La operación influirá en el precio de los billetes, la tarjeta de puntos, las rutas y los terminales de los aeropuertos donde opera
30-10-2019 | Fuente: abc.es
El islam subversivo logró introducir a sus «peones» en la Policía de Francia
Los servicios de seguridad del Estado han «neutralizado» y «desarmado» a siete policías próximos al yihadismo terrorista en los últimos veinte días, confirmando las sospechas más graves desde la matanza del día 3 de este mismo mes de octubre, cuando un funcionario convertido al islam mató a cuchilladas a tres policías y una funcionaria en la Prefectura de París, el corazón policial de Francia. Francia descubría, espantada, que un islamista subversivo, asesino, trabajaba en las oficinas de los servicios de seguridad del Estado, con acceso personal a los ordenadores donde se archivan informaciones confidenciales y «sensibles». El asesino trabajaba en la Prefectura de París desde hacía más de diez años. Y su conversión a un islam radical había pasado desapercibida por los servicios se seguridad. Por vez primera, en la historia nacional, un musulmán radicalizado cometía un crimen de sangre en el corazón policial de Francia. Tras la conmoción, el presidente de la República, Emmanuel Macron, ordenó investigaciones de urgencia, con un resultado inquietante: siete policías han sido desarmados y neutralizados, sospechosos de la más inquietante radicalización, en tres semanas cortas. La investigación sigue su curso. Hay otros cuarenta y ocho policías sospechosos de posible conversión a un islam radical. Numéricamente, se trata de cifras «irrisorias», sin duda. En Francia (67 millones de habitantes) hay 149.700 policías. Numéricamente, un asesino, siete radicalizados, cincuenta sospechosos? son una «gota de agua», podrida. Pero significativa y grave, cuando el islam francés (entre 5 y 6 millones de musulmanes practicantes) se ha convertido en un problema de inmenso calado. Respuesta ambigua La semana pasada, Emmanuel Macron pidió socorro a la jerarquía musulmana frente al islamismo radical, esperando alguna forma de «ayuda». El Consejo francés de culto musulmán (Conseil français du culte musulman, CFCM), instancia «representativa» de los franceses musulmanes, bajo la tutela administrativa del Ministerio del Interior, prometió una «respuesta fuerte». Respuesta finalmente ambigua. La jerarquía religiosa considera indispensable defender «pacíficamente» las convicciones religiosas propias? «Pacifismo» aleatorio. Esa cuestión se transforma en pólvora incendiaria cuando los musulmanes piadosos son policías, armados, con acceso a los ordenadores de los servicios de seguridad, «armados», así mismo, de una fe ciega, temible. El asesino que mató a tres policías y una funcionaria en la Prefectura de París, hace tres semanas, estaba considerado como un funcionario «ejemplar, sin problemas», desde hacía muchos años. Hasta que sus convicciones religiosas íntimas lo incitaron a consumar una matanza. Veinte días cortos de investigación han permitido detectar a siete policías, que han sido desarmados y neutralizados. Todos ellos estaban considerados funcionarios ejemplares. Nadie sospechó de ellos. No se desconocía su sensibilidad religiosa. Pero la jerarquía policial consideraba compatible la piedad musulmana con el cumplimiento de las tareas básicas para la seguridad del estado. Otros cuarenta y ocho policías, a muy diversos niveles de la jerarquía, están siendo investigados. Se trata, por ahora, de la primera «ronda» de controles tras la matanza del funcionario radicalizado mientras trabajaba en la Prefectura de París, en la región parisina. ¿Hasta donde llega la gangrena de la radicalización en la policía y otros servicios de seguridad? ¿Afecta la radicalización a otros servicios públicos? Continuos controles No es un secreto que, desde hace años, los aeropuertos de París detectan regularmente «signos de posible radicalización» entre empleados de muy diversos servicios. Se ha procedido, siempre, a sucesivas «limpiezas». Empresas públicas y seguridad prefieren tratar esas noticias con la máxima «prudencia» con el fin de no provocar «alarmas injustificadas». Sin embargo, todos los estudios confirman, sistemáticamente, que la opinión pública francesa vive con incertidumbre e inquietud todos los síntomas de crisis multiculturales graves, atizando tensiones mal contenidas, con frecuencia. El velo islámico continúa suscitando incontables polémicas. El «absentismo» de Macron, intentando evitar un choque frontal con el islam francés (importante, en términos electorales), atiza mucha incertidumbre. Se trata de un problema «multicultural» que viene de lejos. La aparición de policías musulmanes, radicales, hubiese parecido absurda hace poco años. La matanza de la Prefectura de París, el tiroteo contra la mezquita de Bayona, recuerdan que las pústulas podridas pueden estallar de manera tan imprevisible como inquietante. Más allá de las cifras, en estado bruto, se trata de la revelación de un proceso canceroso: el islam radical y subversivo ha conseguido introducir algunos «peones», podridos y radicalizados, en los servicios de seguridad del Estado.
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