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Se subasta un pueblo con 15 habitantes en Alemania

01-01-1970 - Fuente: abc.es
Se subasta un pueblo con 15 habitantes en Alemania
«Dicen que aunque el pueblo cambie de propietario a nosotros no nos afecta», tranquiliza Paul Urbanek, uno de los 15 habitantes que quedan en Alwine. Hace varias semanas, una mañana, Paul encontró un cartel a la entrada del pueblo en el que se anunciaba que la aldea entera salía a subasta por un precio de salida de 125.000 euros. A sus 71 años y habiendo vivido en la misma casa desde 2010, se llevó un buen susto. «Pensábamos que os iban a echar o algo así», explica, pero ahora dicen que por ley se mantienen los contratos de alquiler». Quienes lo dicen son sus vecinos, en total 15 personas, que han sido informados sobre el resultado de la subasta: un grupo inmobiliario ha comprado la aldea entera por 145.000 euros. El conjunto reúne una decena de casas, además de las cabañas, garajes y terrenos de los alrededores; es decir cerca de 16.800 metros cuadrados, vendidos por la sociedad Karhausen de Berlín, a la que han acudido numerosos interesados por el lote. «Es la primera vez que vendemos todo un pueblo», destaca el responsable de la subasta, Matthias Knake, director de Karhausen y con experiencia en venta de inmuebles en zonas despobladas de la antigua Alemania Oriental, de la que los jóvenes desertaron tras la reunificación. Durante la Segunda Guerra Mundial, las juventudes hitlerianas acudían a Alwine a entrenarse por la comodidad que suponía el traslado, a solo una hora en autobús al sur de Berlín. Hasta la reunificación de las dos Alemanias prosperó gracias a una fábrica de briquetas de carbón que cerró en 1991, al igual que el grueso de la industria de la RDA. Desde entonces, las casas abandonadas se han ido deteriorando y la envejecida y escasa población no es capaz de llevar a cabo el necesario mantenimiento de los inmuebles. Y no es un caso aislado. La población de este sufrido territorio se redujo un 15% entre 1990 y 2015, según nos informa Hildegard Schröteler-von Brandt, profesora especializada en demografía de la Universidad de Siegen. En 2000, una empresa encargada de gestionar y reestructurar los bienes heredados de la antigua Alemania Oriental la cedió a inversores privados por un simbólico marco, «pero las supuestas inversiones nunca fueron hechas y ninguno de los jóvenes que se fue al oeste en busca de trabajo regresó jamás», lamenta Peter Kroll, representante de la circunscripción y que vive en la región desde 1945. Tal como explicaba el folleto de venta, Alwine necesita urgentemente una «renovación» y «reconstrucción». Algunos de los habitantes son ocupas, ni siquiera cuentan con un contrato formal de alquiler porque ocupan casas destartaladas que se mantienen en pie solamente gracias a que alguien vive en ellas y porque los propietarios jamás han reclamado nada, una realidad inverosímil a solo 90 kilómetros, en la burbuja inmobiliaria de Berlín. Mientras que Alemania occidental ha ido ganando habitantes, el este sufre una sangría imparable. En 2015, la Oficina Federal de Estadística estimó que, excluyendo Belín, 12,5 millones de personas vivían en la Alemania excomunista, 2,3 millones menos que cuando la nación se reunificó en 1990. Y los expertos temen que esta cifra pueda haber caído hasta los 11 millones en 2030. Mientras ciudades cabecera como Leipzig, Dresde, Magdeburgo o Erfurt están creciendo, las comunidades más pequeñas apenas tienen población suficiente que justifique el acceso a los servicios esenciales. Alwine, por ejemplo, no tiene tiendas y ninguna línea de autobús rural para allí. En un término medio figuran históricas ciudades que pierden progresivamente sus habitantes. El pintoresco pueblo de Adorf, con una población de 5.078 habitantes y situado en el estado de Sajonia, en la frontera con Chequia, era conocido en el pasado por la fabricación de instrumentos musicales, pero entre 2000 y 2015 perdió un 20% de su censo. La ciudad de Wittstock-Dosse, entre Brandenburgo y Mecklenburgo-Pomerania Occidental, con su hermoso centro histórico, ha pasado de tener 18.000 habitantes en 2004 a 15.000 en la actualidad. Los expertos consideran que para salvarse de la despoblación, los núcleos rurales tienen que estar situados a escasa distancia de los grandes centros de población. En estos casos se observa la tendencia contraria, la población está aumentando. De acuerdo con un estudio sobre Brandenburgo recientemente publicado por la Universidad de Leipzig, ciudades de menor tamaño en torno al área de Berlín, como Neuruppin, están atrayendo población gracias a que muchos citadinos desean un modo de vida más pegado a la naturaleza y a las grandes oportunidades de trabajo a distancia que ofrece internet. Internet es la clave también de las inversiones públicas para evitar la despoblación. Todos los grandes partidos alemanes llevaban en su último programa electoral la ampliación de la infraestructura digital y la llegada de la banda ancha hasta el último rincón de Alemania. «Hay nietos a los que les gustaría vivir aquí, se sienten muy bien en vacaciones, pero siempre dicen lo mismo, que mientras no haya buen internet es imposible», patalea Urbanek, con la esperanza de que los nuevos propietarios escuchen su propuesta.