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Rumanía, el más europeísta y el que menos rendimiento obtiene de los fondos de la UE

28-06-2018 - Fuente: abc.es
Rumanía, el más europeísta y el que menos rendimiento obtiene de los fondos de la UE
Restan aún seis meses, pero Rumanía se prepara ya para hacer frente a su primera presidencia europea. Será el 1 de enero de 2019 cuando comience el semestre en el que deberá impulsar las tareas del club comunitario al que se incorporó doce años antes, junto con Bulgaria. El país ha cambiado bastante desde entonces, aunque seguramente mucho menos de lo que los rumanos y sus socios europeos hubieran deseado, porque sigue habiendo frenos que impiden un desarrollo más rápido y avanzar en la deseada convergencia. La primera vez que tuve ocasión de viajar a Rumanía fue en 1986 con motivo de una visita de Estado de los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía a un país entonces bajo la dictadura comunista de Nicolás Ceaucescu. Cuando regresé en 1990, un par de meses después de la caída del dictador, la tristeza que había percibido en la población en aquel viaje se había convertido en el entusiasmo que acompaña a la recuperación de la libertad. Llegó después la adhesión a la Unión Europea, si bien con una vigilancia obligada porque quedaban todavía muchas cosas por resolver en materia de seguridad, justicia, etc. Un año más tarde, Bucarest acogía una cumbre de la OTAN, mientras sus habitantes veían cómo se transformaba la capital, gracias a la llegada de los primeros fondos estructurales. Hoy, Bucarest, tras una acertada recuperación de su casco histórico, trata de hacer lo mismo con las bellas casas de sus paseos que tanto recuerdan a algunas zonas de París y que la desidia de años de comunismo había ido deteriorando. Pero Rumanía no es sólo Bucarest, sino un importante número de atractivos turísticos que van desde las joyas de Transilvania, con el famoso castillo de Bran, asociado a la figura del Conde Drácula, y que recibe casi un millón de visitantes cada año hasta el espectacular Lago Balea en los Cárpatos, pasando por los increíbles monasterios de Bucovina, por citar sólo unos cuantos lugares. Rumanía es consciente de que tiene un gran potencial turístico, pero sus autoridades saben también que les va a resultar difícil superar la exigua cantidad de tres millones de turistas que reciben anualmente de otros países, si no consiguen una sustancial mejora en sus infraestructuras -todavía muy deficientes y hay muy pocas autopistas-, en sus alojamientos hoteleros y en las garantías de seguridad de todo tipo para lios turistas. Para logar ese objetivo, la llegada de los fondos europeos es fundamental, pero también la capacidad para gestionarlo. España tiene una gran experiencia en ese terreno y otros países centroeuropeos que precedieron a Rumanía en su ingreso en la UE, han logrado, posiblemente un mejor aprovechamiento de esas ayudas. Rumanía recibió desde su ingreso y hasta 2014 cerca de 20.000 millones de euros en fondos comunitarios y la previsión es que hasta 2020 reciba otros 43.000, pero no parece que esté adecuada respuesta desde la Administración rumana. Hace pocas fechas, una rumana, la comisaria europea de política regional, Corina Cretu, ponía de relieve que las facturas recibidas sólo cubrían el 77 por ciento del total del dinero asignado, lo que representaba el rendimiento más reducido de todos los Estados de la UE. Quizás en esta parálisis de actuación influya el enfrentamiento que vive el país entre el presidente, el conservador Klaus Iohannis, y el lider del partido en el Gobierno, Liviu Dragnea, que acaba de ser condenado a tres años y medio de cárcel por un delito de abuso del poder al haber cobrado subvenciones por la creación de empleos inexistentes. El aumento de las actuaciones judiciales contra una corrupción que se encuentra no sólo en la política sino todavía -pese a las mejoras registradas en los últimos años-, en bastantes niveles de la sociedad rumana, está provocando que muchos funcionarios antes de tomar decisiones. Muchos se escudan en que las condiciones burocráticas son muy complejas para no dar luz verde a algunos proyectos por el temor a verse acusados de corrupción. Sin duda, estas situaciones frenan la marcha de la economía rumana y hacen que los casi cuatro millones de rumanos que salieron del país desde la caída del comunismo, vean pocas expectativas de regreso. Sólo en España hay un millón de rumanos que prefieren seguir en nuestro país a volver al suyo, donde los salarios son mucho menores y las condiciones de vida todavía manifiestamente mejorables. A pesar del crecimiento de la economía, cinco regiones de Rumanía se encuentran hoy entre las 20 más pobres de la UE. Pese a todo la población rumana se muestra confiada en que su país pueda un día ser un miembro de la Unión Europea que no tenga nada que envidiar al resto. De hecho, un 80 por ciento sigue mostrándose a favor de la UE, pese a la oleada de euroescepticismo que vive el Viejo Continente. Por ahora, sin embargo, Rumanía ni forma parte del euro, ni está en el espacio Schengen de libre circulación de personas. El Gobierno rumano, como explica su ministro de Asuntos Europeos, Víctor Negrescu, se plantea con ilusión esta primera presidencia de la Unión Europea, en la que se ha marcado cuatro objetivos: la convergencia europea, a través del crecimiento, la cohesión, la competitividad y la conectividad; lograr una Europa más segura; favorecer que la UE sea un actor global más fuerte; y fomentar la Europa de los Valores Comunes (solidaridad, igualdad de oportunidades, democracia, respeto por la dignidad humana, lucha contra el racismo , la xenofobia y la intolerancia, etc). Sin embargo, como sucede siempre, la actualidad será la que marque los temas a los que habrá que hacer frente en el semestre de Presidencia rumana. Y es muy posible que, para entonces, el espinoso asunto de la inmigración esté aún sobre la mesa.