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Quedan demasiados «Mugabes» en África

23-11-2017 - Fuente: abc.es
Quedan demasiados «Mugabes» en África
El expresidente Robert Mugabe dijo una vez que solo la muerte le apartaría de la presidencia. Se equivocaba. Él ya forma parte de la historia de Zimbabue, pero en África todavía hay más de una decena de dictadores, ávidos de poder, que llevan décadas arrasando sus países, llevando a su gente a sangrientas guerras civiles, ahogándoles económicamente, vulnerando sus derechos humanos. Países, que tiene muy muy poca esperanza de cambio debido a la inexistencia de límites de mandatos, a la corrupción y a la falta de transparencia en los comicios ?democráticos?. Esto no se cumple en todos los países africanos. En 2016, 17 de los 54 países del continente africano celebraron elecciones presidenciales y de éstas el 60% se llevaron a cabo pacíficamente y con total transparencia. La victoria de Akufo-Addoen en Ghana es un ejemplo de éxito de la democracia en este continente. Sin embargo, este año, las elecciones presidenciales en Angola, Liberia y Kenia se han visto manchadas por la sombra del fraude electoral, la justicia ha llegado a anular comicios por irregularidades. Son tiempos difíciles para la democracia. En pleno siglo XXI, todavía son demasiados los regímenes autoritarios en el continente africano. Un caso que merece especial mención es el de Paul Kagame, presidente de Ruanda desde marzo de 2000, después de que Bizimungu fuera destituido. Se le conoce por su papel durante la campaña que le puso fin al genocidio del país en 1994 y por su intervención en la Segunda Guerra del Congo. El odio tribal estalló entre abril y junio de 1994, cobrándose la vida de 800.000 personas y obligando a dos millones de ruandeses a huir del país. Las irregularidades en los comicios y acoso a la oposición, le preceden. En 2003, Kagame arrasó en las primeras elecciones democráticas disputadas desde que su gobierno tomara el poder (1994). Siete años después fue reelegido en condiciones similares. El 2015, se celebró un referéndum para que éste pudiera permanecer en el poder hasta 2024 y ganó el sí con un 98% de los votos. Mismo resultado que le valió la reelección a Kagame en 2017. Por su parte, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, 74, lleva la friolera de 37 años al frente de Guinea Ecuatorial (antigua colonia española). Se alistó en el Ejército español y, en 1963 se desplazó a la Academia Militar de Zaragoza, donde se graduó como segundo teniente en 1965. Accedió al poder el 3 de agosto de 1979 tras derrocar y ejecutar a su tío Francisco Macías (con fama de sanguinario y admirador de Hitler) en un golpe militar que se denominó «Golpe de la Libertad». Poco antes de las elecciones legislativas de 1993, 10 de los 14 partidos fueron ilegalizados lo que se tradujo en una abstención entorno al 80% y una nueva victoria de Obiang. Diez años después, el presidente fue votado por el 93,7% del electorado con una participación del 93%, lo que despertó sospechas de fraude electoral por parte de la oposición y grupos de los derechos humanos. Según organizaciones internacionales de Derechos Humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, el gobierno de Obiang es uno de los más represores del mundo por sus reiteradas violaciones los derechos humanos y la represión contra opositores políticos, que le han valido la solicitud de detención por genocidio en numerosas ocasiones. Otro de los veteranos de la política africana es Omar H.A. Al-Bashir, presidente de Sudán (norte) desde el 30 de junio de 1989. El líder, que proviene de un entorno rural y de clase trabajadora, luchó contra la rebelión en el sur del país. En junio de 1989, organizó un golpe de estado contra el gobierno de la Coalición electo de Sadiq Al-Mahdi. Ha sido acusado de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional. Sin embargo, nunca se le procesó ya que la Justicia local, la Liga Árabe, Rusia y China se mostraron contrarias al procesamiento del presidente sudanés. Al-Bashir respondió a su intento de procesamiento internacional con la expulsión de 13 ONG?s, cuya consecuencia fue la desatención de más de 1 millón de refugiados. A día de hoy, sigue sin saldar cuentas con la justicia por estos crímenes que se le atribuyen. Su política de islamización del Sudán y la aplicación de la Ley Islámica han alimentado la guerra con Sudan del sur, quien se independizó en 2011. Una de las naciones más empobrecidas del continente africano desde los años 90 es el Chad. Las sequías y una serie de gobiernos corruptos han debilitado la economía del país que se ha vuelta dependiente de ayuda externa. Al frente de su gobierno se encuentra Idriss Deby, quién fuera general en la Guerra Civil del Chad. En 1990, sus tropas se enfrentaron con a las del ex presidente Hissène Habré, hasta que el 2 de diciembre ocuparon la capital del país, haciéndose del gobierno. La instalación de Déby en el poder mejoró las relaciones con el antiguo enemigo del norte (liberó 2.500 presos de Libia) y con su líder Muammar Gaddafi. Se considera que llevó la democracia al país. Al asumir el cargo, prometió instaurar un gobierno democrático, y los partidos políticos fueron reconocidos en 1991. También estableció una comisión para investigar los abusos contra los derechos humanos durante el régimen de Habré, que finalmente acusó al exlíder de 40,000 asesinatos políticos. Superó tres intentos de golpes de estado entre 1991 y 1992. Tras una serie de reformas políticas que condujeron a la elección libre de 1996 en la Déby salió reelegido como presidente por un período de cinco años, algo que repetiría en 2001. Según Amnistía internacional, hay un creciente abuso de leyes represivas contra sus críticos y opositores. A este grupo de longevos presidentes de dudosa reputación, se unen Paul Biya, que con 83 años lleva 34 años ejerciendo como máximo mandatario de Camerún; el presidente de la república del Congo, Denis Sassou-Nguesso, de 73 años (38 años no consecutivos en el poder); el líder guerrillero y ex ministro de Defensa, Yoweri Museveni, que derrocó a un régimen militar en enero de 1986 en Uganda y fue presidente durante 10 años antes de ser elegido en las primeras elecciones presidenciales directas del país (1996). De esta lista cabe destacar también el caso del Rey Mswati III de Swazilandia, la última monarquía absoluta que queda en África (el país tiene un Parlamento electo y Mswati elige un primer ministro de entre los miembros elegidos). Fue proclamado rey con tan solo 18 años y lleva 30 en el poder. La renuncia de Robert Jacob se suma a la de otros dictadores que en los últimos meses han dejado el poder como José Eduardo Dos Santos, presidente de Angola en los últimos 38 años o Yahya Jammeh que, tras cinco mandatos y 22 años en la presidencia de Gambia, fue apartado del poder y exiliado gracias a un ejercicio de delicada diplomacia y amenaza militar, sin violencia, que recuerda a la reciente dimisión del expresidente de Zimababue. Son dos casos inéditos en la historia reciente de África.