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Los ucranianos protestan frente a la embajada rusa en Madrid: «El déspota de Putin se ha quitado la máscara»

24-02-2022 - Fuente: abc.es
Los ucranianos protestan frente a la embajada rusa en Madrid: «El déspota de Putin se ha quitado la máscara»
Mientras las tropas rusas avanzaban este jueves por Ucrania, Yuriy Chopyk marchaba hacia la embajada del Kremlin en Madrid. Este ingeniero ucraniano de 57 años, vecino de la capital durante dos décadas, ha seguido de madrugada las noticias del estallido de la guerra. «Nosotros ya lo sabíamos, el maníaco y déspota de Putin [el presidente de la Federación Rusa] se ha quitado la máscara», dice Chopyk, fundador de la Comunidad Ucraniana en España. Por ahora, su forma de protesta es plantarse frente a la embajada rusa en la calle de Velázquez, junto a varias decenas de compatriotas, para «condenar» la escalada bélica que asola su tierra desde hace unas horas. Las banderas amarillas y azules acompañan los gritos de indignación a las puertas del edificio blanco y con aire imperial de la embajada rusa. «¡Putin, asesino! ¡Queremos la paz! ¡Ucrania libre y soberana!», corean. Iryna Pavlyuk, de 49 años, se envuelve con una bandera firmada por voluntarios ucranianos en las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, las mismas que este lunes fueron reconocidas como independientes por el Kremlin. «Yo sabía que esto iba a pasar, llevábamos estos días pendientes y me he enterado a las 5 de la mañana por redes sociales», comenta esta profesora de física y matemáticas, que en Madrid ha trabajado como limpiadora del hogar en los últimos 16 años. Pavlyuk ha amanecido con «rabia» y ha decidido plantarse ante la embajada, «aunque fuese la única». Pero muchos han tenido la misma idea. Yuriy Chopyk ha acudido esta mañana a la Delegación del Gobierno en Madrid para solicitar el permiso de la concentración. Como otros compatriotas, no descarta regresar a su país, ayudar a defenderlo, reunirse con sus allegados. «Putin creía que iba a estallar el pánico cuando empezara a bombardear, pero Ucrania estaba preparada moralmente y espiritualmente. Los medios ucranianos dicen que han caído aviones rusos», cuenta. Chopyk tiene familia allí, en la provincia de Lviv, a más de 500 kilómetros al oeste de Kiev y, hasta hace unas horas, lejos del frente. Rusia ha bombardeado puntos estratégicos por toda Ucrania y por todos los flancos. Al mediodía, los ucranianos madrileños sacudían las banderas en la calle de Velázquez y, a 3.600 kilómetros de distancia, los tanques rusos traspasaban sus fronteras. «Hoy cuesta hablar, cuesta pensar? es un día triste», asiente Iryna Pavlyuk. También tiene familia en Lviv; la mayoría de ucranianos que salen del país pertenecen a esa región, fronteriza con Polonia y la más cercana a Europa occidental. En España viven 112.034 ciudadanos ucranianos, de los que 23.352 residen en la Comunidad de Madrid, la mayoría en la capital, según datos del año pasado del Instituto Nacional de Estadística (INE). Y la información del transcurso de la guerra les llega «a trocitos», dice Pavlyuk, «tres civiles muertos, un niño muerto en un pueblo bombardeado? así me voy enterando». A su lado, Natalya Shostak, de 46 años, ya tiene planeado volver a Lviv, con sus padres e hijos, y abandonar el piso que se ha comprado en Madrid con su marido. «Allí tenemos a nuestras familias, ¿de qué nos sirve tener dinero aquí?», escenifica. También lanza una petición al Gobierno de España: «Que corte las relaciones económicas con Rusia». El conflicto no es nuevo. Durante ocho años los ucranianos han sufrido los enfrentamientos en las regiones separatistas, que se han cobrado 14.000 muertos. «No eran rebeldes prorrusos de Donetsk y Lugansk, eran tropas rusas y el ejército ruso que estaba dando armas. Esto lo ha confirmado», sostiene Pavlyuk. Poco después, los manifestantes rezan unos minutos, comandados por el padre Konstantin, quien fuera sacerdote en las tierras ahora ocupadas por el Kremlin. Chopyk toma el relevo y clama por el altavoz: «¡Putin y Rusia van a pagar por sus actos!». Al otro lado de la calle, la imponente embajada se mantiene en silencio.