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Lenin: el camarada dictador

12-07-2018 - Fuente: abc.es
Lenin: el camarada dictador
De los múltiples alias que tuvo que adoptar durante su carrera como conspirador y agitador, Lenin sería el que todo el mundo terminó utilizando para referirse a Vladímir Ilich Uliánov. El hijo más pequeño de un noble y funcionario del régimen zarista disfrutaba de los libros, el ajedrez y aspiraba a convertirse en abogado. Nada durante los primeros años de este muchacho estudioso, devoto y obediente podría hacer sospechar que se convertiría en uno de los revolucionarios más letales del siglo XX. Galería de imágenes Vea la galería completa (11 imágenes) El ABC republicano, que se editaba en Madrid durante la Guerra Civil, recordaba el décimocuarto aniversario de su muerte - ABC Se puede decir que la forja de este subversivo empezó con su hermano mayor, Alexander, fervorosamente convencido que Rusia podría alcanzar modernidad, justicia y libertad haciendo saltar por los aires al zar Alejandro III. Durante el juicio, argumentó que las leyes de la evolución y la ciencia hacían inevitable la violencia política. Además de exagerar su implicación en la trama fallida y declararse sin miedo a morir. El tribunal en cierta manera le dio la razón condenándole a la horca. Tras la ejecución de Alexander, Lenin comenzó a reinventarse con ayuda de los libros prohibidos de su hermano. Cuando comenzó Derecho en la Universidad de Kazan, ya era un joven auto-radicalizado que tardó tres meses en ser expulsado por participar en las protestas estudiantiles. De vuelta a casa, en 1889 leyó por primera vez «Das Kapital». Ese mismo año tradujo al ruso el Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Como explica Daniel Kalder en «Dictator Literature», Lenin fue el arquetipo de radical de salón, invirtiendo buena parte de su vida sentado leyendo, discutiendo y escribiendo sobre revoluciones. Con la ventaja de tener mucha más inteligencia, convicción, liderazgo que todos sus camaradas juntos. Eventualmente, este sedentario intelectual pasaría a la acción en San Petersburgo encontrándose con la cárcel y el exilio. Refugiado en Suiza durante la I Guerra Mundial, Lenin terminó por convertirse en una especie de arma secreta para Alemania. El plan, asumido con reticencia por un Berlín más preocupado por concentrarse solo en el frente occidental, consistió en meterle en un tren y facilitar su llegada a Petrogrado un mes después de la forzada abdicación del último Romanov. La confabulación funcionó. Tras la revolución de octubre, el nuevo régimen soviético firmó la paz por separado con los alemanes. Durante este periodo de revolución y guerra civil, Lenin demostró un aterrador menosprecio por el sufrimiento de sus compatriotas y una despiadada obsesión por erradicar cualquier foco opositor. Crueldad que tuvo que combinar con cierto pragmatismo para evitar el colapso económico de Rusia. Temeroso por el futuro de la revolución y el futuro comunista con líderes tan dispares como Stalin o Trotsky, falleció en 1924.
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