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Las intrigas (y venganzas) en los Saud, la dinastía saudí de los siete mil príncipes

15-03-2020 - Fuente: abc.es
Las intrigas (y venganzas) en los Saud, la dinastía saudí de los siete mil príncipes
Cuando el prolífico fundador del actual reino de Arabia Saudí, Abdulaziz bin Saud, dejó este mundo en 1953 no calculó bien el inmenso galimatías sucesorio que dejaba tras sí. Durante décadas, la llegada al Trono de varios de sus 34 hijos fue compleja, fruto de duras negociaciones internas en la familia real. Pero más traumático está siendo el salto a la nueva generación de la dinastía ante la que parece inminente sucesión del rey Salman. El monarca, de 84 años, lleva tiempo aquejado de diversas dolencias y taras (posiblemente Alzheimer), y ha puesto todo el peso del gobierno en su hijo pequeño y favorito, Mohamed bin Salman, de 34 años, príncipe heredero desde el golpe palaciego de 2017. La sucesión está dejando muchos cadáveres en el camino. Antes, cuando se trataba de un hijo del fundador, la rivalidadse ventilaba entre un puñado de aspirantes. Cuando se es nieto en cambio la lucha por el poder requiere neutralizar o asegurar la lealtad de centenares de hermanos, hermanastros y primos. O al menos así lo cree Mohamed bin Salman, que lleva tres años poniendo manos a la obra. La detención esta semana de cuatro príncipes ?presuntamente acusados de conspiración, aunque no existe información oficial al respecto? ha sido un golpe certero contra quienes tendrían más reparos para que Bin Salman acceda al trono. En primer lugar su tío Ahmed, el más hostil dentro del Consejo de Leales hacia la política de un príncipe heredero que lleva más de dos años gobernando de facto Arabia Sauí. Con él ha sido también detenido el primo Mohamed bin Nayef, 61 años, exministro del Interior y a quien el rey Salman nombró en su día heredero, hasta que tras un confuso episodio palaciego le retiró el título para dárselo a su hijo en 2017. Todas las operaciones de castigo de Bin Salman contra la elite saudí llevan la misma marca: nocturnidad, secretismo y carácter de aviso para el resto de la familia real. Nadie. en el llamado «reino de los 7.000 príncipes», puede osar interponerse en su camino al trono. La de esta semana fue la purga más audaz por la notoriedad de los rivales. La más espectacular de las llevadas a cabo por un Mohamed bin Salman intuitivo e implacable fue la protagonizada a finales de 2017, cuando llevaba apenas seis meses como heredero. En un solo golpe detuvo a once príncipes, cuatro ministros y decenas de exministros y hombres de negocios, a los que tuvo varios días retenidos en el hotel Ritz-Carlton de Riad, con acusaciones de soborno y lavado de dinero. Fueron liberados solo después de pagar como multa un porcentaje de sus fortunas. A falta de información oficial, los medios anglosajones rebuscan en sus fuentes diplomáticas para obtener claves de los nuevos equilibrios de poder en la superpotencia petrolera. El Wall Street Journal y el New York Times fueron los primeros en anunciar las detenciones de Ahmed y BinNayef. The Guardian informó de pinchazos telefónicos de los servicios secretos, controlados por el heredero, que demostrarían una conspiración contra el rey Salman y su hijo. Reuters cita fuentes de la familia del príncipe Ahmed, que relatan un detalle doméstico: el hermano pequeño del rey habría pedido días antes de su detención la vestimenta de gala, supuestamente para hacer un «gran anuncio en público». Bin Salman se habría adelantado a los acontecimientos, enviando de noche a sus agentes a los domicilios de los «conspiradores», en otro más de sus golpes preventivos para doblar la cerviz de la rama indómita de los Saud. Un edificio en la capital de Yemen atacado por la aviación saudí - AFP Derechos de la mujer y guerra en Yemen, pólvora para muchos descontentos En tres años de poder «de facto» en Arabia Saudí, el príncipe heredero ha acumulado un récord de anuncios revolucionarios y polémicos, tanto en asuntos internos como de política exterior. Nadie duda de su sintonía personal con el presidente Trump, al que habría dedicado algunas de sus medidas más liberales. Entre ellas la promesa de privatización parcial de algunas empresas públicas, empezando por la petrolera Aramco. O las vistosas medidas contra la discriminación de la mujer ?rampante en Arabia Saudí?: permiso para conducir o acceso a los campos de fútbol, entre otras. Ninguna de las disposiciones amables para Occidente afecta al núcleo mismo de la subordinación de la mujer al hombre, clave del patriarcado saudí; pero son suficiente argumento para que muchos dentro del clero suní wahabí ?el más radical del islam? se sientan muy incómodos con el próximo monarca, y quieran contagiar el descontento a los miembros de la realeza más integristas. Bin Salman, a tenor de su comportamiento, es intuitivo y visceral en muchas materias, entre otras la política exterior. Cuando se trata de la rivalidad con el Irán chií esa animadversión viene como de molde para la política norteamericana en Oriente Próximo. Pero no tanto cuando la tentación es la injerencia en el conflicto bélico en Yemen. El príncipe heredero ha metido de lleno a su país en aquella guerra civil, en la que se mezclan rivalidades de religión y de etnia, y de la que Riad solo saca gasto e hileras de ataúdes de militares. Es un callejón sin salida, criticado dentro y fuera del país, En Arabia Saudí el primero en denunciar el aventurerismo de Bin Salman fue su tío el príncipe Ahmed, y desde ese día ?hasta su detención esta semana? sus pasos fueron controlados por los servicios secretos. Otra de las políticas, entre genial e iluminada, del hombre fuerte de Riad es lo que el príncipe heredero denomina «Visión 2030», un ambicioso proyecto dirigido a diversificar la economía de un país que vive solo de los recursos y la cultura del petróleo.