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La inmigración y la inseguridad dan alas a la extrema derecha sueca

09-09-2018 - Fuente: abc.es
La inmigración y la inseguridad dan alas a la extrema derecha sueca
«No sé qué más hace falta para que el Gobierno se dé cuenta de que este país se va a la mierda», declaraba un jubilado a la televisión local de Malmö la semana pasada, después de que un joven de 20 años muriese en un tiroteo en la calle, a plena luz del día, en el suburbio sureño de Hermodsdal. La ciudad portuaria de Malmö, en el sur de Suecia, que reconvirtió sus astilleros en centros de alta tecnología y se conectó a principios de este siglo por puente con Dinamarca, era percibida hasta hace poco como el paradigma de multiculturalidad postmoderna que tan feliz se muestra en el catálogo de Ikea. Pero el partido Demócratas de Suecia (DS) ha logrado hacer de la inseguridad el principal asunto de campaña ante las generales de este domingo, en las que algunas encuestas dan a este partido de extrema derecha incluso el puesto de formación más votada. El paradigma de igualdad y bienestar social ha sido derribado por el discurso de su líder, Jimmie Akesson, que culpa del aumento de la delincuencia en Malmö a su componente demográfico extranjero. Aproximadamente el 31% de la población de esta ciudad ha nacido en un país extranjero, el 11% son suecos de padres extranjeros y en el padrón municipal aparecen registradas 179 nacionalidades. «La gente es tiroteada hasta la muerte en pizzerías. Esta es la nueva Suecia, el nuevo, excitante, dinámico y multicultural paraíso que muchos aquí en la asamblea han creado a lo largo de los últimos años», ha dicho Akesson en sede parlamentaria. Carismático y buen orador, este político de 39 años repite en sus mítines que «un país en el que uno de cada cuatro ciudadanos es extranjero es imposible de gobernar» Según las estadísticas, la tasa de criminalidad en Suecia es relativamente baja. El país nórdico, donde residen 10 millones de personas, registró 106 homicidios el último año, pero la televisión ha informado sobre más de 300 tiroteos, en su mayoría por disputas entre bandas vinculadas a redes de narcotráfico o prostitución, una situación que el pasado mes de enero llevó al primer ministro socialista, Kjell Stefan Löfven, a amenazar con sacar los tanques a la calle. «No sería mi primera opción sacar al Ejército, pero estoy preparado para hacer lo que sea necesario para garantizar la eliminación del crimen organizado», dijo después de que la Oficina nacional para la Prevención del Crimen publicase un significativo aumento del número de suecos que desconfía de la Policía y la acción de la Justicia a la hora de frenar la creciente violencia en el país. Su gobierno ha inyectado 7.100 millones de coronas, más de 720 millones de euros, al presupuesto de la Policía, además de endurecer los castigos para delitos cometidos con armas y una mayor libertad a las fuerzas de seguridad para poder vigilar llamadas y correos electrónicos. Más delincuencia «Es cierto que se ha registrado un aumento de la delincuencia violenta en áreas específicas de Malmö y Estocolmo», reconoce Christian Christensen, profesor de la Universidad de Estocolmo, «pero la realidad no se corresponde con imágenes interesadas como las difundidas por Nigel Farage, que ha dicho textualmente que Malmö es la capital de las violaciones de Europa. Se trata de una faz de la realidad de la inmigración que está viviendo Europa y que es poliédrica, no tan simplista como la tratan de presentar algunos». Christensen señala que ese discurso simplista ha multiplicado su efecto por dos factores: los 160.000 refugiados que llegaron al país en 2015 y el auge que gracias a las redes sociales han alcanzado líderes nacionalista como Daniel Friberg, empresario activo en los 90 en grupos neonazis y autor del libro «El regreso de la verdadera derecha, un manual para la auténtica oposición», además de admirador de Richard Spencer, impulsor del movimiento «alt-right» de Estados Unidos. Friberg alimenta a su vez el auge político de SD, a los que las encuestas pronostican para hoy resultados de hasta el 28,5% de los votos. Vínculos nazis Hasta las elecciones de 2010, SD era solamente una minoría ruidosa sin peso político. Ese año entró en el parlamento sueco con un 5,7%, que multiplicó hasta el 12,9% en los comicios de 2014. Fundado en 1988 con claros vínculos neonazis, se beneficia ahora, además, de la decadencia política de los partidos tradicionales y muy especialmente del Partido Socialista, que obtendrá alrededor de un 23% de los votos y confía en poder formar una coalición con varios partidos de izquierda que superen en conjunto a la derecha por apenas cuatro puntos. El actual líder conservador, Ulf Kristersson, ha adelantado que está dispuesto a pactar con DS si eso posibilita ocupar el gobierno a una alianza de derechas. Jimmi Akesson, el rostro de la «nueva derecha» Con solo 39 años de edad y procedente del partido conservador sueco, el líder de DS se ha distanciado públicamente de los neonazis de la formación, llevando a cabo una política de expulsiones desde 2012, aunque muchos lo consideran maquillaje electoral y limpieza de enemigos internos. Carismático, hiperactivo y buen orador, se ha convertido en el rostro de la «nueva derecha». Nunca terminó sus estudios de CC Políticas en la Universidad de Lund, trabajó como diseñador de páginas web y abandonó el Partido Moderado porque no estaba de acuerdo con el apoyo a la UE. No tiene programa más allá del asunto de la inmigración y no especifica qué hará con el 12% de la población, que es extranjera.