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La apertura de Rusia a Italia puede romper el equilibrio de la Unión Europea

07-06-2018 - Fuente: abc.es
La apertura de Rusia a Italia puede romper el equilibrio de la Unión Europea
Con su apertura a la Rusia de Putin, el nuevo gobierno populista italiano puede crear un terremoto en las relaciones exteriores, no solo de Italia, sino también en la europeas. Para todos los analistas extranjeros y las cancillerías europeas, la parte más significativa del primer discurso del jefe del gobierno italiano, Giuseppe Conte, en el Parlamento, ha sido su neta apertura a Rusia. Una apertura que conlleva la idea de levantar las sanciones económicas que en el 2014 la Unión Europa impuso, con el apoyo de Estados Unidos, a Moscú después de la ocupación militar rusa de Crimea, lo que supuso un atentado a la soberanía e integridad territorial de Ucrania. Fue muy pobre la explicación del profesor Giuseppe Conte sobre política exterior, sin explicar con precisión la colocación internacional de Italia. Como no podía ser menos, mostró su adhesión a la Alianza Atlántica, pero dedicó más espacio y con más énfasis a precisar que Italia está también con Rusia: «Tenemos la intención de reiterar la convencida pertenencia de nuestro país a la Alianza Atlántica, con los Estados Unidos de América como aliado privilegiado», dijo. A continuación, añadió un párrafo importante para confirmar con fundamento una línea pro-rusa de Italia que nunca fue tan clara y explícita: «Seremos autores de una apertura a Rusia, que ha consolidado en los últimos años su papel internacional en varias crisis geopolíticas. Nos haremos promotores de una revisión del sistema de sanciones, a partir de las que corren el riesgo de mortificar a la sociedad civil rusa». Italia se distancia de sus aliados Obviamente, con este nuevo enfoque en la política exterior, el nuevo gobierno populista italiano se separa de la línea de una acción común europea frente a la Rusia de Putin. Nadie considera que es un tema baladí, porque Italia es la tercera economía de la eurozona y juega un papel fundamental en el Mediterráneo por su posición estratégica. El gran inspirador de este cambio es el ministro del Interior, Matteo Salvini, en su condición de secretario de la Liga Norte, de extrema derecha. Se sabe que el profesor Conte actúa como portavoz del programa de gobierno ?él mismo se definió «garante del contrato»? firmado por el líder del antisistema Movimiento 5 Estrellas (M5E) y el propio Salvini, ambos vicepresidentes del gobierno. Factor ruso El factor Rusia está desde hace tiempo en la política interna italiana, con la mirada de Moscú puesta en los movimientos antisistema y populistas. Ante las elecciones italianas del 4 de marzo, Europa y Estados Unidos tenían interés en una victoria de los partidos tradicionales, ya fueran de izquierda o de derecha, mientras sentían gran temor por que ganaran los populistas y antisistema. La posición de Moscú era diametralmente opuesta: ansiaba la victoria de la Liga Norte de Matteo Salvini y del M5E. Ya durante la campaña, actores rusos ejercitaron influencia a través de las redes sociales para favorecer un resultado que creara un terremoto político e inestabilidad interna y externa. Esa «influencia perversa» rusa en la web se evidenció en las elecciones presidenciales de Estados Unidos y de Francia, en los comicios generales de Alemania e incluso en el Brexit de Reino Unido. Cabe añadir otro factor decisivo para explicar el interés y la presencia de Rusia en la política italiana: La Liga Norte tiene una especial relación con el partido Rusia Unida, el principal partido político ruso del que es líder indiscutible Vladímir Putin. Esa relación de la Liga y Rusia Unida se concretó con la firma de un acuerdo en Moscú entre Salvini y el partido de Putin el 6 de marzo 2017. Salvini se comprometió entonces a «facilitar» la cooperación multilateral entre la Federación Rusa y la República italiana con un «acuerdo histórico». No puede sorprender ahora el discurso del nuevo primer ministro italiano, a la luz de lo que revela ese acuerdo entre la Liga y Rusia Unida: «Se consultarán y se intercambiarán informaciones sobre temas de actualidad, sobre las relaciones internacionales y desarrollo económico». Fue un acuerdo suscrito con la esperanza de convertirse en poco tiempo en «una relación entre dos fuerzas políticas de gobierno», sobre la base del común denominador de todos los movimientos nacional-populistas: «La soberanía estatal». Salvini precisó entonces en su página de Facebook los temas que trató con sus interlocutores rusos en Moscú: «Lucha a la inmigración clandestina y al terrorismo islámico, pacificación de Libia y final de las sanciones contra Rusia, que han costado a Italia 5.000 millones de euros y miles de puestos de trabajo perdidos». Precisamente, este punto, el levantamiento de las sanciones, es clave y central para el gobierno ruso, hasta el punto de constituir una cuestión fundamental en todos los encuentros que Rusia Unida ha tenido con todos los partidos populistas europeos. No pasó desapercibido aquel acuerdo Liga-Rusia Unida para algunos medios, en particular para el prestigioso diario «Financial Times»: «Ese acuerdo es un tentativo más del Kremlin para desarrollar relaciones formales con grupos populistas con vistas a las elecciones que se desarrollarán en los próximos meses y en las que los grupos de extrema derecha aumentarán su consenso». Hasta entonces, solo el Partido de la Libertad austriaco de Heinz-Cristian Strache, con un pasado de neonazi, actualmente vicecanciller, había hecho algo parecido, llegando incluso a «hermanarse» con Moscú en el 2016. El aliado de Putin en Viena Seguramente no fue casual que, en coincidencia con el discurso de Giuseppe Conte en el parlamento italiano, apareciera en Viena Vladimir Putin. El presidente ruso se entrevistó con el canciller Sebastian Kurz, desde siempre muy partidario de la necesidad de aproximarse a Rusia, como su vicecanciller, el populista Heinz-Christian Strache, de extrema derecha. Oficialmente, Putin visitó Viena en coincidencia con el 50º aniversario del acuerdo todavía en vigor entre Austria y la entonces Unión Soviética sobre suministro de gas natural. Esto solo era una justificación. El verdadero motivo del viaje de Putin a Viena residió en que Austria inicia el próximo mes el semestre de presidencia de la Unión Europea. Austria, al contrario que la mayor parte de los gobiernos europeos y occidentales que han decidido distanciarse de Moscú, prefiere estar abierta al diálogo con el Kremlin. El canciller Kurz ha subrayado que Viena quiere ser «un puente entre este y oeste». Pero Vladimir Putin va más allá: abre dos puertas en la Unión Europea con dos gobiernos filorusos, pero sobre todo su interés está en Italia, un aliado estratégico en el Mediterráneo. Plan desestabilizador «Por su parte, el gobierno de Roma tiene a alguien que le cubre las espaldas en su confrontación/choque que se perfila con la Unión Europea», escribe el diario «La República», preguntándose si Matteo Salvini es consciente de «cuánto puede ser desestabilizador su modo de proceder, aunque quizás sea el resultado que pretende Salvini». El líder de la Liga cuenta además con las simpatías de los países nacionalistas del Grupo de Visogrado (Hungría, polonia, la República Checha y Eslovaquia). Preocupa la nueva orientación del gobierno italiano, que podría liderar el grupo de países pro-rusos, en un contexto de tensión internacional y de guerra comercial que podría agravarse. La Comisión Europea aprobó ayer aranceles aduaneros a una lista de productos estadounidenses, en represalia por los aranceles del presidente Donald Trump al aluminio y el acero europeos. La inminente cumbre del G7 y la próxima de la OTAN, a mitad de julio en Bruselas, despiertan hoy la atención mundial. Y los ojos de los líderes presentes observarán sobre todo a Italia.