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Ese doble rasero en vigor

02-02-2020 - Fuente: abc.es
Ese doble rasero en vigor
Hoy se clausura la decimoquinta edición del Hay Festival en Cartagena de Indias. Una cita en la que se han encontrado, una vez más, docenas de escritores y pensadores de múltiples nacionalidades. Y una cita en la que puede haberse puesto de manifiesto un doble rasero a la hora de seleccionar a qué políticos se puede convocar a hablar de cuestiones de actualidad. Dos expresidentes ocuparon las principales tribunas: el colombiano Juan Manuel Santos y la brasileña Dilma Rousseff. Santos es un expresidente que obtuvo un cuestionado premio Nobel de la Paz en 2016 por un acuerdo con las guerrillas de su país que rechazó la mayoría de los colombianos que se manifestaron en el plebiscito que debía ratificar el pacto. Pero las reticencias populares ya se habían puesto de manifiesto en las urnas con anterioridad. En plena negociación con las FARC en 2014 Santos se presentó a la reelección y perdió en primera vuelta. La cosa no iba bien y la campaña santista estaba apurada de dinero: ¿quién aportó fondos? Odebrecht, la compañía que ha generado los mayores casos de corrupción en toda Iberoamérica, que se ha llevado por delante presidentes y ministros de diferentes países. Resultado de ello es que el tesorero de la campaña de Santos, Roberto Prieto, fue condenado a cinco años y dos meses de prisión. Pero Santos se niega a contestar preguntas sobre la financiación de su campaña y a pesar de los muchos encuentros suyos con dirigentes de Odebrecht, documentados incluso con fotografías, él niega ningún conocimiento de esa financiación. En su presencia en el Hay, el asunto no apareció en la conversación. Sólo hubo una referencia a los dineros «mal habidos» en campañas electorales del mundo entero con candidatos de todo signo. Era pertinente. Santos tiene una notable singularidad política. En las elecciones de 2010 ganó la Presidencia con el apoyo de la derecha y contra un candidato de izquierda, Antanas Mockus. Y en las de 2014 ganó con el apoyo de la izquierda contra uno de derecha, Óscar Iván Zuloaga. Iguales honores disfrutó Dilma Rousseff sobre la que no hay sospechas, no. Hay la certeza de su apartamiento del poder por un caso de corrupción en el que hubo violación a la ley presupuestaria y a la ley de probidad administrativa en relación con actos de corrupción en la petrolera estatal, Petrobras, en el ámbito de la operación Lava Jato. Esta operación llevó a la cárcel a su predecesor y padrino político, Luiz Inácio Lula da Silva. Rousseff, durante una hora, respondió a apenas seis preguntas, como queriendo limitar el número de cuestiones y al borde de la campana el moderador recomendó la visión del documental sobre la destitución de la presidenta elaborado por Petra Costa. Huelga decir que ese documental roza la categoría de hagiografía. Resultaba más interesante dedicar buena parte de la intervención a explicar cómo el centro derecha y la derecha brasileños se han disuelto en una extrema derecha, culpándoles a ellos de haber llegado a esa ubicación política. No hubo ni un segundo para reflexionar sobre qué responsabilidad en la llegada al poder de Jair Bolsonaro pueden haber tenido los dos presidentes militantes del Partido de los Trabajadores que han ocupado el poder durante trece años consecutivos, entre enero de 2003 y agosto de 2016. ¿No tuvieron su gestión ni sus casos de corrupción ninguna influencia en el resultado de las elecciones que dieron la victoria a la «ultra derecha» brasileña? La cuestión que me pasaba por la cabeza escuchando a Santos y a Rousseff es si foros como el Hay invitarían con igual liberalidad a expresidentes conservadores afectados por casos de corrupción flagrantes como los de estos dos oradores. Me temo que no. El doble rasero que se aplica es evidente.
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