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El invierno de los refugiados

31-01-2016 - Fuente: abc.es
El invierno de los refugiados
Las previsiones eran malas y se han cumplido. Los rigores del invierno no han frenado el impulso de miles de refugiados y emigrantes que escapan de zonas en conflicto y buscan una vida mejor en Europa. La ruta que va desde Turquía a Centroeuropa sigue siendo transitada cada día por miles de personas y algunos lugares se han convertido en puntos negros por la falta de atención. Las barcas que salen de la costa turca hacia las islas griegas del mar Egeo afrontan una travesía de apenas un puñado de millas pero el viento del norte, las olas, las bajas temperaturas y el hecho de que sean botes casi para el desguace multiplican los riesgos. Algunas personas han muerto incluso por hipotermia sin necesidad de haber naufragado, según los testimonios recogidos de dos organizaciones con equipos de rescate en la isla de Lesbos, Médicos Sin Fronteras (MSF) y ProactivaOpen Arms. «Hoy se han descongelado las tuberías de casa después de tres días. En Navidad llegamos a los cuatro grados bajo cero y varios días ha nevado a nivel del mar». Así explica Gerard Canals, coordinador de la organización española Proactiva la situación que se vive. «Nosotros vamos equipados, pero ellos, no», añade Canals a través del teléfono desde Lesbos. «Hay gente que se moja en la barca, no va preparada, están enfermos o mal alimentados y no lo soportan. Los más débiles son los niños, los enfermos o las personas mayores. En los últimos días han muerto por hipotermia al menos dos personas en una misma jornada. Fue el domingo 24 o el lunes 25». Varias organizaciones coinciden en que Lesbos, la isla griega que más llegadas recibe, no cuenta con las condiciones mínimas. Es el primero de esos puntos negros de la ruta, según explica Constance Theisen, de MSF. Allí «las condiciones no son aceptables». Las autoridades, además, bloquean o no autorizan con frecuencia el trabajo de MSF para mejorar la acogida de las miles de personas que llegan, según Theisen. FUENTE: ACNUR / MSF Solo en los 30 primeros días de enero han llegado a través del mar más de 55.000 refugiados y emigrantes, lo que supone unas 30 veces más que en enero del año pasado, y 283 han muerto o desaparecido, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la agencia de la ONU para los refugiados (Acnur). El año 2015 se ha cerrado con la llegada de más de un millón, lo que supone el mayor movimiento migratorio en el Viejo Continente desde la Segunda Guerra Mundial, hace siete décadas. Los muertos alcanzaron casi los 4.000. Las cifras de esta crisis migratoria demuestran la «incapacidad» europea de «aportar soluciones coherentes y humanas a las necesidades de personas desesperadas que buscan protección», según un informe de MSF de la semana pasada. Nacionalidades elegidas A los rigores propios del invierno y las dificultades del viaje se une que, desde finales de 2015, Macedonia, Serbia y Croacia impiden el paso de emigrantes que no sean de Siria, Irak y Afganistán. El 90 por ciento de los llegados en 2015 vinieron de estos tres países. La ONU reconoce que asentar la política en filtros por nacionalidades sin identificar los motivos que llevan a cada persona a salir de su país va contra lo establecido por la Convención de Ginebra de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados. La decisión de estos tres países eleva la «vulnerabilidad de estas personas ante los traficantes y las mafias», añaden desde el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur). Así ocurre en el siguiente punto de esta carrera de obstáculos, que es Idomeni, entre Grecia y Macedonia. La presión policial ha llevado al cierre del campo de acogida de este paso fronterizo. Una gasolinera situada a una veintena de kilómetros se ha convertido en un improvisado punto de encuentro de cientos de emigrantes y refugiados. «Hemos comprobado un incremento de las actividades de los traficantes desde que se impuso la restricción de movimientos para salir de Grecia a los que no sean sirios, afganos o iraquíes», añade MSF. Todo ello complica el viaje a miles de personas que han de pagar a los mafiosos, moverse por caminos alternativos y cruzar los países a menudo sin derecho a emplear transportes como el tren o el autobús. Las caminatas se alargan a menudo más de una semana con temperaturas de hasta quince grados bajo cero casi sin comida, ni agua ni lugar en el que descansar o ser atendidos en Macedonia. «Duermen en los bosques porque se mueven como ilegales», señala Francisca Silva, del equipo de MSF en Belgrado. Familiares abandonados Los robos y asaltos se multiplican entre Tabanovce (Macedonia) y Miratovac (Serbia). Los que logran seguir avanzando hacia Presevo han de cruzar en medio de bajísimas temperaturas una pista de tres kilómetros entre el barro y la nieve por la que a veces no pueden ni siquiera acceder los vehículos todoterreno. El agotamiento ha llevado a que incluso alguna persona en silla de ruedas haya sido abandonada por sus familiares, según Francisca Silva, de MSF, que añade que al menos dos ancianos han muerto. Otros llegan a Serbia a través de las montañas desde Bulgaria, hasta llegar a las localidades de Negotin o Zajecar, tras varios días perdidos. Otro millón en 2016 En la capital serbia, cada vez se acumulan más personas de las nacionalidades «no elegidas» y «no existen las condiciones mínimas» para su subsistencia, comenta Silva. No hay tantos problemas como con las autoridades griegas, pero sí echan de menos más colaboración del Gobierno serbio. «En general la falta de cooperación de las autoridades de los países de tránsito es un problema porque están más pendientes del control de las fronteras que de la ayuda humanitaria». «Pese al mal tiempo, están llegando a diario entre 2.000 y 3.000 personas a Grecia. No podemos hacernos ilusiones. Mientras sigan las muertes en Siria, seguirán llegando refugiados», apunta el jefe de la agencia europea de fronteras (Frontex), Fabrice Leggeri, en declaraciones que al semanario alemán «Der Spiegel», informa Efe. La ONG Human Rights Watch (HRW) afirma en su informe anual que «los solicitantes de asilo e inmigrantes en Grecia y en la ruta de los Balcanes occidentales han pagado el precio de una UE dividida». «Alemania y Suecia sí respondieron con generosidad», añade.
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