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El avance del populismo agrieta la convivencia en EE.UU.

07-01-2021 - Fuente: abc.es
El avance del populismo agrieta la convivencia en EE.UU.
Tras uno de los días más deshonrosos en la historia de la democracia estadounidense, demócratas y republicanos se unieron en repulsa del presidente Donald Trump, que retuvo a su lado al final solo a un último reducto de fieles motivados estos por claros cálculos electoralistas. Con una mayoría lo suficientemente clara y contundente, las dos cámaras del Capitolio, que horas antes había sido tomado por una turba violenta, validó la victoria de Joe Biden y Kamala Harris en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. Eran las 03.45 de la madrugada del jueves, y a partir de aquel momento, ya nada podrá impedir el relevo de poderes. El presidente, recluido en la Casa Blanca, no tenía forma de comunicarse con el mundo, porque las principales redes sociales le habían vetado por incitar al odio, al instar a la multitud a que rodeara el Capitolio para impedir que Biden se proclamara ganador. Así que, minutos después, a las 03.49, a través de un portavoz, su coordinador de redes sociales Dan Scavino, el presidente prometió un traspaso pacífico y ordenador de poderes, sin admitir la derrota. «Aunque estoy en desacuerdo con el resultado de estas elecciones, y no acepto los hechos, habrá un traspaso de poderes ordenados el día 20 de enero», dijo el presidente. Ya era tarde, de todos modos. Su partido estaba indignado con lo que llegaba de la Casa Blanca. El presidente acaba de invitar a decenas de miles de partidarios, a los que él había llamado personalmente a Washington, a rodear la sede del poder legislativo. Cuando la turba rompió cristales y lo asaltó a la fuerza, se resistió a autorizar el envío de los reservistas de la Guardia Nacional. Y al pronunciarse después sobre ese asalto violento, lo hizo para decir, sobre todo, que entendía la rabia que había propiciado semejante ataque. Desde entonces, demócratas y republicanos comenzaron a debatir opciones de echar a Trump del poder aunque solo le quedaran dos semanas de presidencia, por los estragos que pueda seguir causando desde la Casa Blanca. Nuevo «impeachment» Dos son las principales opciones: un juicio político o «impeachment» por la vía rápida, que además le impediría presentarse a unas nuevas elecciones, o que una mayoría del consejo de ministros lo declare incapaz y lo inhabilite. En ambos casos, le sucedería el vicepresidente, Mike Pence, hasta que le correspondiera a Biden asumir la presidencia. Fue precisamente Pence quien se negó el miércoles a ceder ante las presiones de Trump y aceptó, en calidad de su otro cargo honorario de presidente del Senado, los resultados de las elecciones. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el líder demócrata en el Senado, Charles E. Schumer, le pidieron este jueves directamente a Pence que invoque la enmienda número 25 de la Constitución, la que le permite a los ministros destituir a Trump por incapacidad. «Al incitar a la sedición como lo hizo ayer, debe ser destituido de su cargo. Si bien solo quedan 13 días, cualquier día podría ser un espectáculo terrorífico para EE.UU.», dijo Pelosi en una conferencia de prensa en el Capitolio. Además la líder demócrata pidió la dimisión de la cúpula policial del Capitolio por los fallos de seguridad que propiciaron el asalto del miércoles. Por si caso los republicanos arrastran los pies, algunos demócratas ya han comenzado a redactar los artículos del «impeachment», los que permitirían iniciar un juicio político como el que ya pasó Trump hace un año, saliendo indemne por decisión de los republicanos. Una de ellas es Ilhan Omar, la diputada de Minnesota que dijo el miércoles de madrugada: «No podemos permitir que permanezca en el cargo, es una cuestión de preservar nuestra República y tenemos que cumplir con nuestros juramentos». Paralelamente a estos debates, se sucedieron desde la noche del miércoles varias dimisiones en el Gobierno, más de segundo nivel que otra cosa. Primero la jefa de gabinete de Melania Trump, Stephanie Grisham; después el enviado especial para Irlanda del Norte, Mil Mulvaney, y la secretaria de Transporte, Elaine Chao, entre otros. Los principales exministros de la Administración Trump salieron además a criticar duramente al que fue su jefe. El exfiscal general William Barr le acusó de «traicionar el cargo y a sus partidarios». James Mattis, que fue su ministro de Defensa, le acusó de «tratar de subyugar la democracia estadounidense mediante actitudes mafiosas». Al amanecer de este jueves, a Trump le quedaba alrededor solo su guardia pretoriana, su familia más cercana, su abogado personal Rudy Giuliani, y poco más. En los medios norteamericanos, varios colaboradores desencantados lamentaban de forma anónima que se ha convertido en «un monstruo», alguien «desconectado de la realidad», «incapaz de razonar», «totalmente amargado por su derrota». Eran las últimas filtraciones anónimas de una Casa Blanca que ha vivido completamente sumida en ellas, para desazón del propio Trump. La ira del presidente El presidente, mientras, dirigía sus últimos estertores de ira contra su vicepresidente, después de que este se negara a ceder a sus presiones y certificara la victoria de Biden, anunciándolo además en una carta publicada en redes sociales. «Es mi decisión, meditada, que mi juramento de apoyar y defender la Constitución me impide reclamar una autoridad unilateral para determinar qué votos electorales deben contarse y cuáles no», dijo Pence. Horas después, como represalia, Trump le impedía la entrada al recinto al jefe de gabinete de la vicepresidenta, Mike Short, víctima colateral de una guerra civil en el gobierno que se precipitaba mientras la turba asaltaba el Capitolio de forma violenta. El ya ganador oficial de las elecciones, aclamado en la madrugada del jueves, acusó a Trump de haber desatado toda una insurrección con sus actos. «Provocó un asalto total contra las instituciones de nuestra democracia desde el principio, y ayer fue la culminación de ese ataque implacable», dijo en un discurso desde Delaware. Tras el ataque del miércoles, la toma de posesión, que ya va a ser excepcional por las medidas sanitarias de la pandemia, va a contar un dispositivo de seguridad antológico, por si la masa enfurecida del miércoles vuelve a descender sobre la capital. Biden además cuenta desde el miércoles con una mayoría demócrata en ambas cámaras del Capitolio, pues su partido ganó la segunda vuelta en los dos escaños de Georgia al Senado. Ahora el presidente electo tiene un mayor margen de maniobra para nombrar a su gabinete y para aprobar sus primeros proyectos. Este jueves, tras el violento asalto al Capitolio, presentó en un acto público a su nuevo fiscal general. Se trata del juez Merrick Garland, que fue el último candidato de Barack Obama a la corte Suprema, boicoteado por los republicanos cuando todavía tenían la mayoría en el Senado que acaban de perder. Trump, por su parte, se mantuvo este jueves alejado de los focos. Tuvo una ceremonia en la Casa Blanca para conceder unas medallas honoríficas, pero fue a puerta cerrada, sin cámaras y sin declaraciones. Tampoco pudo comunicarse con sus seguidores en Twitter al tener restringido el acceso por incitar a las manifestaciones.